°Chapter 2: Presagios de un corazón roto
Un presagio es un fenómeno que se cree que sirve para adivinar el futuro, y que a menudo hace referencia al advenimiento de un cambio. También es llamado augurio, como los realizados por los augures en la Antigua Roma.
-Sintiéndose decaída, presa de sus fallos, camino adentrándose en Otagakure, sin esperanza alguna camino por el inmenso laberinto que conocia a la perfección, tratando de idear una forma de enmendar su error, de ser necesario buscaría por cielo y tierra al Uchiha con tal de llenar las espectativas de su maestro, cuando por fin llego a estar frente a la puerta que la separaba de su maestro se mentalizo para ingresar, pero antes de tocar a la puerta, logro discernir una conversacion dentro de la habitación que le esperaba
-Kabuto, ya preparaste la habitación para nuestro invidado-
-Por supuesto que si Orochimaru-sama, Uchiha Sasuke esta esperando por ti en la habitación contigua a esta- comentó presentando cierto cinismo en su voz
-Y digame Orochimaru-sama, que haremos con los cuatro de las puertas, si es que alguno regresa- replicó con cierto gusto retorcido
-Si llegara a volver alguno desaste del que sea, ya no me sirven de nada, han cumplido su objetivo y gracias a ellos, estoy más cerca de poseer el sharingan, no tiene nada más porque vivir ahora-
-Escuchaste eso Tayuya- espetó Kabuto, mostrando una áspera y macabra sonrisa
-El cuerpo de la chica se heló por un instante, ya habían notado su presencia, y aquello que había escuchado no era para nada alentador, pero ella le demostraría a Lord Orochimaru, que aun tenía muchísima utilidad para él, que aun podría ser una herramienta que le sirviese más que él niñato Uchiha ese
-Ingresó a la habitación, con precaución en cada paso, y al estar frente a su maestro se arrodillo sin pensárselo ni un segundo
-Orochimaru-sama, lamento muchísimo haberle fallado, pero aún puedo serle de utilidad, permítame servirle! - expresó con temor aquellas palabras sin alzar la mirada
-Oh Tayuya, no lo entiendes, ya no te necesito, no me sirves de nada y no portas más siquiera el obsequió que te entregue- una risa se deslizó por el rostro de su amo
-Sintiendo como iba a ser desechada, intentó procesar las palabras de su amo, y era cierto, no lo había notado, pero ya no portaba más el sello de maldición en su cuello, en un vano intento de salvar su pellejo se dirigió a su maestro con esperanzas de ver en sus ojos, un rastro mínimo de algun deseo de conservarla
-Le juro maestro, que yo puedo serle útil, que yo realmente le puedo servir más que ese endeble mocos... - No alcanzo a terminar su frase cuando sintió un cálido liquido recorrer su mejilla para terminar goteando desde su barbilla al suelo, una shuriken había rozado su rostro, agachó su rostro anhelando el perdon de su amo, no queria volver a estar sola, no soportaría perder el hogar que después de tanto dolor logro conseguir
-No lo entiendes verdad- Río Kabuto ante la perpleja chica de cabellos rojizos
-Ustedes estaban destinados a morir, antes de terminar su misión, no fueron más que conejillos de indias para perfeccionar el sello de maldición, que albergaría el nuevo contenedor de Orochimaru-sama - comentó Kabuto con un brillo oscuro en sus ojos
-No sé como lograste liberarte del sello, pero ya no importa, nos has evitado tener que ir por ti- replico Kabuto sediento de sangre, para que ahora una shuriken se dirigiese al rostro de la aun confundida chica, que con un arduo esfuerzo, consiguió apartarce de su trayectoria, siendo levemente rosada, dejando en su cuerso un hilo de sangre
-Te agradezco que me trajieras los cadáveres de todos, aún puedo experimentar en ellos, solo falta añadir el tuyo a la pila- espetó Kabuto
-Tayuya sintió como su ya de por si lastimado corazón terminaba de quebrarse ante la traición de su amo y su mano derecha, y en un arrebato de deseperacion salió corriendo, escapando de ese lugar, tratando de salvar su patética vida, sin saber para que lo hacia, sin rumbo alguno, otra vez pérdida, otra vez sola, una pequeña y escurridiza lágrima se asomaba por el rabillo de su ojo, amenzandola con derrumbarla si dejaba de correr, con todas sus fuerzas
-¿La debo seguir?- cuestionó Kabuto
-No será necesario, sin su flauta y el sello maldito, no es más que una kunoichi inútil, pronto morirá a manos de alguién más, en su lugar, vayamos a saludar a nuestro invitado especial- Comento Orochimaru con deseos casi apunto de explotar fuera de él.
-Tayuya corrió sin parar, saliendo de Otogakure, tan deprisa que ni ella misma podía creer, que había perdido a Kabuto y a su maestro "Su maestro, él, él la traicionó ¿porqué? ella no había hecho más que servirle con una lealtad indiscutible, había hecho cada cosa que se le pidió sin rechistar, incluso fue por ese mocoso Uchiha, un engreído chico que no llegaba ni a la mitad de lo que sus ego le hacia creer que era, a quién si hubiese deseado en cualquier instante lo podría haber asesinado, pero aún así si su amo la habia cambiado a favor de ese mocoso, de ese débil niñato"
-Después de unos minutos sin cesar en su intento de huida su cuerpo comenzaba a amenazar con fallar en cualquier segundo, su estomago, gruñia hambriento, exigiendo cualquier cosa, sus pulmones no daban más, sintiendo como se escapaba el aire a cada segundo de su pulmones, como su mirada se difuminaba cada vez más, volviendose borrosa, pero aún así no pensaba parar, no queria morir, no aún, por más que sus piernas rogaran un descanso, anhelaba fervientemente escapar de la muerte, aún sin tener motivo alguno para vivir
-Cuando su estamina llego a su fin, y las fuerzas le abandonaron callo rendida en medio de un bosque que no conocía, perdiendo la consciencia en el instante en que su cabellera rojiza toco el húmedo pasto a sus pies.
-La pareja de shinobis que portaban aquellas distintivas capas negras con sus características nubes rojas, caminaban rumbo a Amegakure, para reunirse con su líder, en busca de la proxima misión, y reportar todo lo acontesido en los días pasados, cuando tuvieron que escapar de konohagakure sin haber capturado al nueve colas, por la intervención de uno de los legendarios Sannin de konoha
-Sabes que pudimos matarles a todo con simpleza, el nivel de esos Jōnin era patético, y aún ese famoso Sannin, no era más que una pequeña plaga, no entiendo porque hemos estado huyendo de nimiedades como esas- replico el peliazul, mostrando su feroz grupo de dientes con algo de rabia y risa al mismo tiempo
-Porque aún no es el momento, solo debíamos reunir información primero, el resto vendra después- respondio el Uchiha algo molesto por lo insistente que podía llegar a ser su compañero, pero sin presentar su molestia de ninguna manera, siempre manteniendo su rostro carente de expresión alguna
-Al cabo de unos minutos, intrigado por la pasada ausencia de su compañero, y motivado por averiguar más de él, Kisame decidio dar rienda a sus dudas
-Ahora si me diras ¿dónde fuiste el tiempo que nos separamos? Quiero decir no es normal que pierdas tantísimo chakra y te aparezcas ileso- comento el Hoshigaki
-Perpetuando el silencio característico de su propia personalidad, no hubo lugar a alguna respuesta del Uchiha, aún después de haber creado cierto intento de camaderia y lealtad, Kisame no conseguía que su compañero hablase con la soltura que le gustaría
-Salve a alguién- espetó el Uchiha,
después de un tenue silencio
-Flashback-
-Luego de su huída junto a Kisame, al salir de Konohagakure, se vieron forzados a separarse momentaneamente, no es que le molestase realmente, el silenció y la paz reinaban cuando Kisame no instigaba con saber acerca de él, con la excusa de que con ello mejorarían su rendimiento en equipo, y la verdad no es que no confiará en su compañero, era más que hacia mucho se habia resignado a cargar cada uno de sus pecados y dolores, sin el sustendo de nadie, seria su expiación hasta el día en que muriese a manos de su pequeño otōto
-Caminando aún sumido unicamente en sus pensamientos, logro divisar a lo largo, lo que parecia ser un campo de batalla, con varios kilómetros de bosque devastado, por lo que parecía había sido un huracán, pero lo que llamo su atención fue la figura de un pequeña chica aplastada por los escombros, con un par paralelo de hilos de sangre saliendo e su boca, siempre le dolia ver las consecuencia de el oscuro mundo en el que los shinobis vivian, le aquejaba que ahora sufrirían todos aquellos que apreciaran a esa kunoichi, y motivado por su pena, se acerco a ella con ánimos de al menos darle un descanzo desente, cuando estuvo apundo de tomar de ella, sintió un pequeño pulso, un delicado y débil pulso en ella, se apresuro a quitar los escombros que la hacian prisionera, alejando cada tronco encima de ella, y aun sin ser un especialista en ello comenzo a aplicar ninjutso medico, recordar cada lectura, cada ápice y recuerdo de ninjutso medico que poseía, conforme lo aplicaba a la chica, consiguiendo así que esta se estabilizará
-Brindándole su compañia hasta que despertase, más que nada por asegurarse de que no le fuese a ocurrir nada, esperando así hasta que recuperase la conciencia
-Fin del Flashback-
-¿Salvaste a alguien, y tú de todos porque harías eso? Acaso no fuiste el ejecutor de una de las peores masacres conocidas- Bufo casi en burla el peliazul
-Tomándose su tiempo para responder, pero más que eso pensando en ello "Porque le había salvado" después de todo no era más que una kunoichi desconocida de una muy reciente aldea, no había motivo, no había actuado como su naturaleza analítica solia hacerlo actuar, aquello pudo haber sido inclusive una trampa, quizás solo el dolor que le inundaba por haber visto a su pequeño otōto después de tantísimo tiempo, lo había impulsado a cometer un acto sin pensar, pero ya no importaba, nunca volveria a ver a la chica, no era algo por lo cual preocuparse
-Ó al menos eso creía el pelinegro
-No lo sé, quizás solo lastima- revelo el Uchiha a su compañero
-¿Lástima? el asesino de su clan, el genio de su generación ¿Sintiendo lastima por un extraño? ¡Aja! eso si es algo de que reir- comento risueño el peliazul.
-Cuando habían recorrido unos cuánto kilometros en absoluto silencio, el cuerpo del Uchiha se desvaneció, dejando solo nuevamente al peliazul en su lugar
-Agh siempre hace lo mismo, maldita costumbre de desparecer sin motivo- bramó molesto el peliazul, siendo conciente de que al final siempre regresaba al cabo de unos días.
-El Uchiha alcanzo a sentir una presencia conocida en medio de su conversación junto a su compañero, después de haber avanzado lo suficiente, decidio esfumarse sin dejar posibilidad de ser rastreado por su compañero
-No podia ser, porque hacia eso, porque corría urgido, sintiendo un nudo en su garganta, preocupado del estado que su sharingan le revelava de la kunoichi desconocida, con la que se habia encontrado hace unos pocos días, que diablos estaba haciendo, no tenía idea, no comprendía porque actuaba así, y sin perder de vista su objetivo freno en seco, erigiéndose frente a la chica, que llacia acurrucada en el pasto en medio de esos inmensos árboles
-No parecía estar herida, ni mucho menos, aunque su rostro denotava marcas muy pronunciadas de cansancio y deshidratación
-Aún confuso, acerca de lo que hacia, tomo a la chica del suelo, la cargo en sus brazos, a un pequeño claro que habia divisado camino hacia acá, al llegar la posó delicadamente contra la corteza del árbol más suave que encontró, para cubrirla con su capa, evitando el frío aire que avisaba la caída de la noche, al asegurar de que la chica estaba abrigada planeaba retirarse, pero antes de lograr irse se percató del como comenzaba a temblar por el frío la frágil criatura detrás de él y hizo algo que sabía era absurdo, y un riesgo, pero ignorado lo que su mente le decia,se dio media vuelta dispuesto a encender una fogata en ese claro, revelenadole su posición a cualquier posible enemigo que pudiese rondar las cercanías, cuando la chica seso de temblar, se dispuso a buscar algo con que alimentarla e ir por un poco de agua a un ahorroyo no muy lejos de ahí.
-Una cómoda Tayuya, ligeramente parpadeó, sintiendo un acogedor calor, se sentía desorientada, no recordaba bien como había llegado ahí, tenía la sensación de haber flotado entre los árboles, bostezo, sintiendo como su debilitado cuerpo agradecía el descanso forzoso que había tenido, cuando sus sentidos hicieron acto de presencia, brinco ligeramente al recordar que estaba escapando, para intregarse a su situación, consiguiendo ver la espalda de un hombre, sentado frente a ella, con una cacerola al fuego, meciendo delicadamente su contenido
-Veo que despertaste- replicó delicamente el joven frente a ella, dejando su rostro cubierto de una homogénea mezcla de sorpresa y confusión al conseguir ver el rostro de ese hombre otra vez...
