Capítulo 2: Mi corazón nunca fue puro.
Hace 1 año
La noche siguiente, Yuuri se presentó en punto de las ocho de la noche en la casa de Benjamin para amenizar la velada que organizó, después de un par de semanas fuera por "viaje de negocios". Debía seguir su cubierta, actuar como beta, tocar el piano, y sonreír al recibir las míseras propinas de la basura de Manhattan.
Entró por la puerta de servicio como le habían indicado, y de inmediato, un olor hizo que se frenara en seco. Dirigió sus pasos al cuarto de servicio, donde el olor a vainilla y canela se hacía más fuerte. Al abrir la puerta, encontró al omega más hermoso que haya visto jamás (sí, el mismo de la noche anterior).
Yuuri se detuvo a admirarlo, sintiendo la boca seca ante tal imagen. Victor, recargado contra la pared, luciendo un vestido negro largo de seda. Una tajada en la falta le permitía admirar sus bien torneadas piernas, adornadas con unos tacones negros de en sueño, y su cintura estaba acentuada por una cintilla roja, mientras que del hombro derecho en dirección a su costado opuesto, bajaba una hilera de diamantes. Sus finos cabellos estaban peinados en una fina coleta, y un par de mechones enmarcaban sus mejillas.
—¿No vas a decir que luzco hermoso?—la voz fría de Victor lo llamó de regreso. Sí, Victor era un omega bello, y qué decir de su olor. Pero verlo así, era ver a un ser diferente, era como ver a cualquier otro omega, y Victor no era como los otros, él era especial.
—Se ve bien —, contestó Yuuri, retomando un poco de prudencia —, pero se vería mejor con algo que lo haba sentir cómodo. No se ve muy cómodo con ese vestido.
Algo en la expresión de Victor cambió en una fracción de segundo, casi imperceptible, si no fuese porque Yuuri lo estaba observando, tal vez no lo hubiera notado. Victor se llevó la mano a la mejilla izquierda, como tratando de ocultar algo, gesto que hizo que Yuuri enfocara la vista justo en ese lado de la cara, notando una marca rojiza en su rostro, y una pequeña cortada en su labio inferior.
—¿Qué te pasó? —Yuuri preguntó exaltado, ignorando el hecho que lo había tuteado, y sin tratar de contener su enojo. No necesitaba ser un genio para entender qué había sucedido.
—Odio usar vestidos, pero Benjamin ama exhibirme como una puta fina. Me negué y… —Victor se encogió de hombros, como tratando de restarle importancia a lo sucedido.
Yuuri soltó el maletín con las partituras que cargaba con él, y se acercó a Victor despacio. Cuando estuvo frente a Victor, alzó su mano, y con sus nudillos, acarició la parte dañada. Victor hizo una mueca, como esperando un golpe de su parte, pero al sentir el suave movimiento de sus dedos, se relajó de a poco.
—Hiciste un mal trabajo cubriéndolo—murmuró Yuuri, y Victor no pudo evitar soltar una risita sarcástica.
—¿También eres maquillador?
—No, pero mi mejor amigo lo es, y he aprendido un par de cosas de él. Vamos, saca tu maquillaje y te ayudo.
Extrañado, Victor le dio su estuche de maquillaje a Yuuri, y este observó el contenido de la misma. Con un poco de base, corrector, y polvo traslúcido, hizo maravillas en su rostro. Si Yuuri no hubiese elegido ser agente del F.B.I., seguro que tendría cabida en el mundo artístico.
Victor observó su reflejo en el espejo compacto que siempre cargaba. Sí, su maquillaje se veía un poco más cargado que de costumbre, pero Yuuri había hecho un muy buen trabajo ocultando el golpe de su mejilla.
—Me sorprenden tus habilidades, Ken, considerando qué eres.
—¿Qué soy?
—Sí, un…
—¡Vitya! —la voz de Yakov los interrumpió, y Yuuri brincó del susto —. Benjamin pregunta por ti. Sabes que no le gusta que lo hagan esperar.
Victor suspiró, despidiéndose de Yuuri con un guiño de ojos. Yakov se quedó atrás, mirando con desaprobación al pianista. Aclaró su garganta, y dijo:
—No se qué pretendes acercándote a Victor, pero sea lo que sea, olvídalo. Él ya está comprometido, y no te conviene que el jefe se entere de que tan siquiera miras a su omega —. Yuuri tragó saliva, y se limitó a apretar sus puños en los costados. Tendría que investigar más de cerca a Yakov Feltsman.
Yuuri recogió su maletín y salió del cuarto seguido de Yakov. Se dirigió al salón principal en donde la pequeña reunión se llevaría a cabo.
Miró a los invitados. Algunos betas, muchos alfas, y pocos omegas. De reojo, encontró a Benjamin sentado en un sofá, y Victor sentado en sus piernas. Su expresión era suficiente para denotar su incomodidad; su mirada baja, sus hombros rígidos y espalda recta, la forma en que sujetaba su bolsa de mano, haciendo notar lo tenso de sus manos, y la manera en que mordía su labio inferior, como si así lograra contener todo lo que corría por su cabeza.
No sabría explicarlo, pero algo en él quería alejar a Victor de ese alfa mal nacido. Quería protegerlo y mimarlo. Un omega como Victor merecía sólo lo mejor.
Sacudió la cabeza. Tener esos pensamientos era inútil, Yuuri se encontraba en el medio de una misión, y no podía confundir su objetivo por sentimientos no correspondidos.
Sus manos se movieron sobre las teclas del piano, uno de mejor calidad y más nuevo que el del bar. Había canciones que se sabía de memoria, y sólo necesitaba cerrar los ojos y dejarse llevar para que sus manos crearan música. Yuuri tenía talento para componer su propia música, pero en público, prefería tocar composiciones famosas, así que su selección musical era mayoritariamente jazz y blues.
Con los ojos cerrados, empezó a tocar las notas de Bye Bye, Blackbird. Sin notarlo, un figura se paró a lado del piano, recargándose contra un costado.
"Pack up all my care and woe
Here I go, singing low
Bye bye blackbird"
Sin perder el ritmo, abrió los ojos, y encontró a Victor, acompañando su melodía con su voz. Tal vez, Victor no tenía el mejor tono de voz, definitivamente no era dulce y suave como el de un omega, pero el sentimiento estaba presente.
"No one here can love and understand me
Oh, what hard luck stories they all hand me."
Sus ojos se conectaron, causando que una chispa se encendiera en su interior. Victor quería estirar su mano, y tocar los negros cabellos del pianista, mientras que Yuuri quería atraerlo a si, y nunca dejarlo ir. Sin embargo, ninguno de los dos se movió.
"Make my bed and light the light
I'll arrive late tonight
Blackbird, bye bye."
La canción finalizó, y ambos permanecieron quietos. Tan absortos estaban, que no notaron como las miradas de los presentes se posaban en ellos. Un chiflido se escuchó, y el cuarto se llenó de aplausos, dedicados al pianista y al omega de Thompson.
—Buen trabajo, muchacho —Benjamin dijo al acercarse, sujetando a Victor de la cintura, plantándole un sonoro beso en la mejilla, y palmeando a Yuuri en la espalda —. Mi omega es algo tímido. Me alegra ver que tu música logre distraerlo un poco.
Victor hizo una mueca de desaprobación, al tiempo que cruzaba los brazos y miraba hacia el piso. En ese momento, algo dentro de Yuuri le exigía que separara a ese remedo de alfa de Victor. Pero no lo hizo. En su lugar, sonrío algo fingido, agradeciendo el cumplido.
Ooo
Yuuri tocó por casi dos horas. Al fluir el alcohol libremente, varios alfas ya estaban borrachos. Decidió que ese era el momento adecuado para retirarse. Tomó sus partituras y las guardó con cuidado en su maletín.
Se dirigió a la puerta de servicio. Aún era temprano, y podía regresar a casa caminando o tomando el transporte público. Ya en la calle, el olor tan característico de Victor lo llamaba, y alzando la vista, lo encontró cruzando la acera, recargado en un coche negro.
Victor se había cambiado. Vestía un conjunto más sencillo. Una playera de mangas largas marrón y unos jeans, junto con unos tenis. Sin duda, este atuendo le sentaba mucho mejor.
Yuuri se acercó después de que Victor le hiciera una seña. Sonriéndole, Victor abrió la puerta.
—Vamos, Ken, te llevo a casa.
—No creo que sea buena idea.
—Yo tampoco —refunfuñó Yakov desde el asiento del conductor, con una cara de pocos amigos.
—Ya, ya. Tómalo como parte de tu pago. Tenía mucho que no veía un buen entretenimiento durante la cena, así que te lo debo.
—Pero señor, yo…
—Ken, no tienes pretextos válidos. Vamos, súbete que hace frío.
Definitivamente, Yuuri no podía decirle que no a esos ojos azules.
