Los personajes no me pertenecen. Pertenecen a la grandiosa Sthepanie Meyer.
Esta es solo una de las ideas de mi loca cabeza.
Miraba con algo de nostalgia la lluvia a través de la ventana. Parecía que la lluvia presagiaba algo.
Yo vivía en una ratonera, un lugar bastante pequeño y sucio, pero tenia lo que necesitaba.
Mi pequeño remanso de tranquilidad y paz, donde nadie podía encontrarme, estaba en la magnifica ciudad de New York. Me instalé aquí hace 3 años, en el barrio mas bajo que pude encontrar. Pero vine aquí por el glamour, como la mayoría de la gente, sino por la cantidad de personas que viven aquí.
Con cientos de personas que vivían aquí les era más difícil a los Rastreadores encontrarme. Llevaba 8 años viviendo sola, mudándome de un lado para otro, para que así les sea más difícil localizarme.
Mi vida nunca fue fácil, pero fue gracias a mi padre, con quien crecí hasta los 7 años, antes de que División lo asesinara, que aprendí varios trucos de escondite. Todo eso era necesario, pero yo nunca lo pude comprender hasta que vi como lo asesinaban ante mis ojos.
-División – escupí el nombre con asco.
Todo empezó en 1945, cuando los nazis buscaban nuevas formas de armas, que nos descubrieron. Normalmente pasábamos inadvertidos por la gente, para ellos éramos solo gente normal, pero no era así. Somos especiales.
Los nazis buscaron a gente con habilidades psicológicas especiales y al encontrarnos nos encerraron, hicieron muchos experimentos, pero todos salíamos igual: muertos.
La guerra terminó pero los experimentos continuaron. Aunque todos con el mismo final.
La gente empezó a sospechar de las muertes así que decidieron ocultarlo. Llamados Divisiones, su finalidad era convertirnos en armas mortales para su nación.
Nos separan, evalúan y clasifican. Yo soy lo que dicen: controladora. Con tan solo una mirada puedo hacerte creer en la más absurda mentira. Mi nombre es Isabella "Bella" Swan.
Y mi misión en la vida es terminar con División.
Como había dicho antes, desde que nací estábamos solo mi padre y yo. Mi madre nos había muerto en mi parto. Mis recuerdos que tengo de él siempre involucraban escapadas y huidas. Sé que mi padre me amaba porque cada vez que tenía la oportunidad me lo repetía una y otra vez, yo nunca lo culpe por la vida que tuve.
Mi infancia fue un infierno. Era demasiado pequeña para entender porque esos "hombres malos" nos perseguían siempre. No fue hasta ese día que lo descubrí.
Yo tenía 7 años, y con mi padre nos estábamos escondiendo en un motel en Connecticut. Habíamos estado perseguidos por esos hombre por varios días. Estaba cansada y tenía hambre, pero no le decía nada a mi padre. Siempre fue una niña comprensiva y protectora, mi padre estaba demasiado alterado por las persecuciones para preocuparme por mi misma.
Entramos a un cuarto y el me dio un maletín, me dijo que lo abriera cuando estuviera muy lejos, que me amaba mas que a nada en este mundo y que lo comprendería todo cuando sea mayor. Tenia la horrible sensación de que pasaría algo malo, sentía escalofríos.
Él me miro a los ojos. Me dijo que me escondiera, que no hiciera ruido y que no los dejara atraparme. Yo solo pude asentir. Me escondí debajo de la cama.
Se escucho estruendos en el pasillo y de pronto la puerta se partió en dos, entraron dos hombres. Me causaban escalofríos, uno era tan alto como mi padre con la piel blanca como porcelana y el pelo negro le llegaba hasta los hombros, tenía unos ojos azules que miraban a mi padre con frialdad. El otro era rubio de pelo corto y ojos grises, pero este se quedo atrás, como vigilando.
Hasta ahora no puedo sacar sus rostros de mi cabeza como un terrible recordatorio de ese día.
Entonces mi padre empezó a gritar de la nada, sin que nadie lo estuviera tocando. Era un grito desgarrador como si le estuvieran aplastando el corazón. Me causaba tanto miedo ver a mi padre sufrir que quise salir a rescatarlo, a decirle que pasara el dolor pero no podía. Intente gritar y decirle que se detuvieran pero el ruido no me salía. Simplemente no podía.
Derrepente dejo de gritar de pronto. Y mi padre cayó desplomado al piso con una mirada perdida hacia mí. Lo supe. Mi padre estaba muerto.
Entonces el hombre habló.
-Que perdida de tiempo - hablo el de ojos azules, supuse que el era el jefe entre los dos. -Sácalo de aquí. Ya no nos sirve. Yo buscare a la niña.-dijo con una voz fuerte y áspera.
Se escucharon pasos y fueron hacia mi padre y se lo llevaron. De pronto se escucho otra vez esa espantosa voz.
-Sal niñita. Tengo dulces - dijo finalizando con una risa cruel.
Ahora sentía que me podía mover y gritar pero ya no era el control de los ojos de mi padre, que evitaba que me moviera. Sino el miedo. Estaba paralizada del miedo debajo de esa cama.
Una parte de mi se negaba a creer que el ser que me cuido y me amo los primeros siete años de vida haya muerto, esperaba que mi padre saliera de un salto y riendo me alzara diciendo que era una broma. Pero sabía que eso no pasaría.
El me agarro de los tobillos y me arrastro fuera de debajo de la cama. Me sonrió y me miro a los ojos como antes lo había hecho mi padre.
-Ahora, pequeña, te vas a quedar tranquila y callada ¿verdad?-otra vez solo pude asentir.
Me cargó y salió hacia la puerta del motel. La recepcionista nos saludo y nos deseo un "buen día" sin sospechar que esos hombres habían matado a mi padre y ahora me estaban secuestrando.
Después de eso llegamos a una sede donde me mantuvieron drogada por lo que pudieron ser días. Me quitaban las drogas por 1 semana para hacerme análisis y luego me drogaban tanto que no era capaz de levantar un vaso de agua. Me alimentaban por tubos.
Pero siempre me enorgullecí de decir que en todo el tiempo que estuve ahí, a pesar de ser una niña de 7 años, jamás solté ni siquiera una lágrima, nunca mostré ninguna debilidad antes ellos. Con el tiempo, mi sistema aprendió a hacerse más fuerte que las drogas. Cada vez las drogas que me enviaban me mantenían inconsciente por días, por culpa de la fuerza. Pero también me hize mas fuerte que eso.
Habían pasado años y los recuerdos de mi padre me atormentaban. Yo seguía sin saber porque estaba ahí, porque habían matado a mi padre o que es lo que me hacia tan importante para mantenerme cautiva todos estos años. Jamás me habían tocado, ni gritado, solo me mantenían ahí; como quien espera algo. Ni siquiera sabia donde estaba.
Solo sabía que yo era la única que había sobrevivido de estar ahí. Los demás simplemente morían por la fuerza de las drogas o un día se los llevaban y jamás volvían.
Estaba sola.
Con los años no solo me hize fuerte de los medicamentos sino también psicológicamente. Solía hacerme amiga mi compañero de al lado. Siempre que el o ella lloraban yo los calmaba, contándole historias o anécdotas de los pocos años que pase con mi padre. Los momentos felices. Pero ellos se iban y yo me quedaba sola otra vez.
Pero apareció él.
Edward.
Boté una lágrima en la oscuridad al recordarlo.
Edward era un telekinetico. Él fue mi luz en toda esa oscuridad. Era mi mejor amigo. Nos consolábamos mutuamente cada vez que alguno sufría.
Cuando el llego yo tenia puesta mi coraza. Pero el supo romperla.
Teníamos planes que sabíamos que nunca se cumplirían, pero igual soñábamos. Él era lo suficientemente optimista por los dos. Era mi alma gemela.
Había estado escapando desde los 13 años. Era huérfano. Yo en ese tiempo tenía 11 y él 13 años. Pero era lo suficientemente madura mental. Cada uno conocía todo del otro.
AL principio no creía en él. Me negaba a encariñarme con alguien que me sería arrebatado después. Pero el era terco y siguió insistiendo. Me contaba chistes para hacerme reír y muchas veces lo conseguía.
El también fue el que me explico que era este lugar. Se hacía llamar División, el jefe era Aro y su compañero Cayo. Los mismos que habían matado a mi padre.
División era una sede donde cazaban a los "talentos" y los clasificaban. Me conto que habían sanadores, desangradores, bloqueadores, rastreadores, cambiadores, videntes, borradores, telekineticos, los controladores y la lista seguía. El era un telekinetico, podía mover cosas con su mente; pero estaba muy débil y solo podía mover cosas pequeñas.
Nos tenían aquí para hacer experimentos, nos drogaban para fortalecer nuestro sistema pero la mayoría moría. A los que sobrevivían los llevaban a un laboratorio donde le inyectaban una droga mucha más poderosa. Pero la droga los mataba. Nadie nunca había sobrevivido.
El fue quien me dijo que a mi padre lo habían asesinado por ser el más poderosos controlador que existía; pero se negaba a hacerse experimentos. Yo era su hija.
Recién ahí comprendí porque el día que mataron a mi padre él me había mirado a los ojos y yo había caído en su control por eso no podía moverme ni gritar. O cuando Aro me vio a los ojos yo caí otra vez. Aro también era controlador.
Eso no podía ser bueno.
Edward me hizo practicar con el mi poder. Cosas simples como: tócate la nariz o levántate y tócate el cabello. Con el tiempo aprendí a controlar sin usar palabras, atravez de reflejos. Era muy útil pero jamás lo había utilizado con otro que no sea Edward. El siempre insistía en que me iba a ser muy útil y me incitaba a practicar una y otra vez.
Un día moví las camas para quedar justos. Había fortalecido lo suficiente como para corre y moverme pero nadie se tenia que enterar de eso.
Yo tenía que parecer débil y tierna frente a ellos.
Sentí una paz que no había sentido desde que mataron a mi padre. Con nuestras manos unidas sentí una emoción tan fuerte, pero yo era demasiado chica para saber que eso era amor
Y en ese instante él dijo las palabras que yo estaba pensando "Te quiero, Bella".
Nunca había sido testigo del amor ya que mi madre no estaba con mi padre cuando yo naci. Pero yo sentía amor hacia él, un amor que era inocente y puro.
El mejor de los amores- dicen.
Y me lo arrebataron.
Sabía que pasaría algún día pero cada vez que pensaba en eso me entraban ganas de echarme a llorar. Yo no podía llorar. Llorar es debilidad. Y jamás mostraría debilidad frente a ellos.
Él de alguna manera sabía que se lo llevarían ese día.
-Bella, sabias que este día llegaría- me había dicho con voz impasible.
-No. No lo digas. No dices más que tonterías.- no iba a dejar que se lo llevasen- No dejare que te apartes de mi lado.
-Bella, yo huiré. Lo prometo. – estaba delirando pero había una gota de determinación en su voz – Y cuando tenga un lugar para estar a salvo, volveré por ti. Lo juro.
-¿Lo prometes?
-Lo prometo. Encontraré un lugar para estar juntos. Iremos a un parque y miraremos el cielo.
Solo sonreí con nostalgia, sabiendo que eso no se cumpliría.
Después de eso se lo llevaron. Se lo llevaron mientras dormíamos.
Recuerdo que desperté y no sentí los ronquidos de Edward. Voltee la cabeza hacia su cama. Esta estaba con las sabanas bien tendidas y los aparatos que lo monitoreaban ya no estaban.
Empeze a gritar y por primera vez desde que estuve ahí lloré.
Lloré por horas pero nadie vino a verme. Después tome la decisión más importante en mi vida. Iba a escapar.
Iba a irme de ese lugar.
Iba a huir, a ver el cielo. Encontrar un bonito parque y a recordar a Edward. Por Edward iba a escapar, porque el me lo prometió y a pesar de que el estuviera muerte siempre estaría en mi corazón.
Después de terminar unos guardias llegaron a hacerme la revisión semanal. Yo me había fortalecido increíblemente, pero no se los iba a decir.
A sus ojos yo tenía que parecer débil, incapaz de mantenerme en pie.
Pero en vez de llevarme hacia la puerta. Me llevaron a la puerta de al lado. Me sentaron y acercaron una aguja de color negro y metálica.
Algo en mi mente empezó a gritar ¡YA! Es ahora o nunca, Bella.
Yo sabía que los guardias no estaban enterados de que yo conocía mis poderes. Mire al hombre frente a mi a los ojos y en mi mente dije.
-Mata a todos los hombres que hay en esta sala.
Por supuesto, solo había hombres en esa sala. El asintió y empezó a gritar, causando que todos se retorcieran.
Genial - había pensado.
Ese hombre era un desangrador. Su poder consistía en lanzar un grito tan potente y agudo que te destruía y desangraba por dentro. Te explotaba por dentro, empezando con tu corazón.
Por supuesto no pensé que era tan genial cuando me afecto a mí.
En medio de los gritos de todos los atacados logre parame y salir.
Sin siquiera pensarlo agarre la inyección con la que me iban a inyectar, la guardé en el bolsillo de mi rara bata y corrí.
El grito también había roto todos los vidrios, así que no había la necesidad de abrirlas ya que estaban todas rotas.
Corrí con todas mis fuerzas. Escuche como sonaban las campanas de emergencia que indicaban que alguien había escapado. Yo había escapado.
Cuando llegue a la ultima puerta y salí, después de 4 años de estar encerrada por fin volví a respirar el aire libre.
La sede se encontraba en medio de una isla.
Salte al agua sin más. Escuche muchas pisadas y solo pensaba.
Que no me encuentren, que no me encuentren…
Luego perdí la conciencia.
Desperté en un muelle, al lado de un señor que me sonreía.
El no hablo. Me dio la inyección que había robado.
-Felicidades, lograste escapar. Ten, guárdalo con tu vida. – me entrego la inyección y me palmeo la cabezo. Se dio la vuelta y empezó a caminar aun sonriendo.
Salí caminando y busque a cualquier persona.
-Disculpe señorita – una chica como de 21 me vio y me sonrió. Perfecta, parecía alguien fácil de controlar.
-Hola, nena.
-Hola, tía. Soy Bella. ¿Dónde estabas? Dijiste que me ibas a esperar recuerdas – la chica se vio confundida y la vi a los ojos. – ¿Lo recuerdas tía? Soy tu sobrina a quien vas a cuidar.
Ella despertó de su aturdimiento y me sonrió deslumbrantemente.
-Ah si, pequeña Bella. Lo siento me retrase. Ven vamos a cambiarte de ropa e ir al apartamento.
Así me pase engañando a personas por años hasta que aprendí el arte de la vida: La estafa.
Estafaba a los estafadores. Y así conseguía dinero para residencias en los lugares bajos y pobres para que no me rastreen.
Ellos me seguían buscando. Primero enviando de uno a uno, pero yo les hacia creer que eran campesinos y los hacia olvidar todo sobre División.
Era divertido crear nuevas vidas para ellos.
Luego los mandaban en grupos, pero yo para ese entonces era capaz de dominar a 20 a la vez así que no era problema. Me escondía y así estaba bien para mí.
Cumplí nuestra promesa.
Un día fui hacia Central Park, el parque más bonito de New York. Me recosté en el pasto y mire al cielo, recordando a Edward.
Ahora ese se me hacia costumbre.
Cada semana por la tarde iba hacia el parque, me sentaba y recordaba.
Llegue a la conclusión de que tenia una hambre y un vacio en el pecho que se hacia mas grande con cada día. Y ya no se iba simplemente llegando al parque a recordarlo.
Yo había sufrido por su perdida y quería que todos lo de Divsion sufrieran como yo.
Lo juro.
Me quitaron las personas mas preciadas para mí.
A mi padre y a Edward.
Sufrirían mi ira.
Hola!
Y a pedido del publico CHAN CHAN CHANNNN...! Empiezo con esta historia! Voy a pausar la otra :8
Pero solo sera temporal.. No preocuparse *w*
NOOOOO! Antes de que se lo pregunten NO! Edward NO esta muerto.
Y si! ¿Si que? Pues nada. ñ.ñ
lalalalalalalalalalala.! aAHHHHHHHHHHHHHH.. Ya conocieron a los personajes. No es Edward un amor? 3
Hasta pronto mis lectoras fantasmas!
DEJEN REVIEW!
Porfi? *ojitos de Alice*
