He de aclarar antes de cualquier otra cosa que no pretendía publicar tan tarde, lo que pasa es que tuve problemas médicos, pero bueno ya estoy bien (:P)
Diva: Sin más que agregar, más que agradecer a quienes leyeron el prólogo, esperamos que este capítulo les agrade y vamos haya

Deseo

Lejos en el norte, en una tierra amurallada, un gran rey construyó un magnifico reino, Drangleic le llamó.

Las historias fluían en el aire, cantadas de voz en voz, las magníficas hazañas del recientemente coronado rey de Drangleic, esos cuentos le trajeron de vuelta a estas tierras malditas. Solo un hombre con ese poder, un hombre que había conseguido las cuatro grandes almas y había ascendido al trono por méritos propios, solo un hombre así era digno de él.

Conseguir una audiencia en aquel naciente reino fue complicado, incluso para él. El gobernante estaba demasiado ocupado cimentando e erigiendo su reino. Aunque pudo buscarse tiempo en su ajetreada agenda para recibirle.

Estaban en un campamento militar, soldados corrían de aquí para allá, entre las enormes carpas de terciopelo rojo. Seguía al canciller Wellager, el mismo hombre que le había conseguido la audiencia. El hombre apenas entrado en años seguía luciendo jovial y rozagante, vestido con una armadura negra, más telas y pieles que acero o hierro, preparado para el crudo clima frío del nuevo reino.

Había una carpa que resaltaba de entre todas, en el centro del sitio elegido, visible incluso antes de atisbar el resto del campamento. El lugar hacía el que el canciller le guiaba. El que sin lugar a dudas hacia las harás de castillo provisional, hasta que la construcción del mismo fuese concluida.

El hombre le pidió que esperase afuera mientras que él le anunciaba debidamente. Su única respuesta fue una sonrisa y un leve asentimiento con la cabeza, hechos que le causaban jaqueca. Fingir dulzura y empatía era agotador.

El canciller atravesó las telas rojas dejándole solo, afuera. Miro con disimulo a los guardias que flanquean las "puertas" de tela, sus armaduras doradas, lustrosas y luminosas como reflejos mismos del sol. Asqueado por sus pensamientos, forzándose a ocultar una mueca de desagrado volvió a mirar hacia el frente.

Unos minutos más tarde, molesto por la tardanza decidió ocupar sus manos, en nada mejor que reacomodarse la túnica, que estaba perfecta. El exterior era de terciopelo blanco, el forro de piel calientita (*), perfecta para el clima frío, no es que a él le afectase algo tan minio como eso pero debía fingir incluso en los factores más pequeños. Incluso reacomodo el broche de plata que había puesto en su túnica, era la exquisitamente trabajada figura de una flor, de la que ni siquiera se había molestado en conocer su nombre. Al finalizar, por fin el canciller, salió solo para reingresar indicándole que le siguiera.

Dentro de la carpa había aún más soldados, algunas mesas preparadas con aperitivos, otras tantas llenas de papeles. Los guardias estaban flanqueando el imaginario camino hasta el trono (al fondo del lugar), donde él rey aguardaba.

Otabek rey de Drangleic le miraba desde su sitio, sus espesos ojos negros encima de la figurita delicada que caminaba detrás del canciller. Su cabello negro recortado a media melena, su corona de plata resaltando en aquella negrura, su armadura hacia una reminiscencia a la del canciller, pieles y telas oscuras, solo que él sí llevaba un peto sobre las capas de ropa y una capa propia de un rey (**). Su piel pálida, no perdía color, solo denotaba que el monarca era originario de aquellas tierras frías.

Era demasiado notorio que el hombre había abrazado la oscuridad y se había alejado de la falsedad de la luz (***), aquel conocimiento casi le hizo sonreír.

- Majestad- El canciller hizo una reverencia delante del gobernante- Le presento a Yuri, un hábil hechicero de tierras lejanas, quién tanto a buscado una audiencia con usted mi rey.

El rey le hizo una seña con la mano a su hombre. El canciller se apartó del camino de inmediato, dejando al Yuri solo delante del rey. El rubio, de pomposo peinado, hizo una reverencia delante del rey, al tiempo que inspiraba, llenando sus pulmones de aire listo para hablar, cuando una voz socarrona le increpo.

- ¿Qué te trae ante la presencia del rey? Y ¿Por qué tanta insistencia en verle?- Yuri alzo la vista, notando que al lado del trono se encontraba otro hombre, que por supuesto no había notado, quién podría notar a seres tan mediocres como aquel que había hablado o a los dos soldados de alto rango que se encontraban tras el trono, cuando el aura radiante del rey estaba presente.

Yuri tuvo que, literalmente, morderse la lengua para no soltar ningún insulto contra aquel, que curiosamente se parecía al rey, rasgos que solo podían pertenecer a parientes sanguíneos estrechamente emparentados. Solo que este hombre llevaba el cabello más largo, la piel bronceada y los ojos azules. Pudo ver la ironía en sus ojos, y en su sínica sonrisa que le mostraba sus dientes, mientras más reparaba en el sujeto ese sus ganas de golpearlo incrementaban.

Otabek miró con desaprobación a su hermano, más no intervino, volvió a centrar su mirada en el rubio que tenía delante, como si apoyase la noción de su hermano. Después de todo esta reunión era para conocer las intenciones del extranjero.

- Su reino es joven y para otras naciones esto los convierte en un blanco fácil- Casi vuelve a perder su autocontrol y sonríe ante la turbación y furia que causo en aquel hombre- Vengo del otro lado del mar y allá los gigantes se preparan para atacarles.

- ¿Es eso cierto?- Se escuchó una voz femenina de fondo.

- Podría ser información falsa

- Y si es cierto ¿Qué haremos?

Los soldados detrás del trono compartieron una mirada preocupada sin decir nada, el canciller compartió una mirada rápida con el hermano del rey, antes de que ambos mirasen a este, esperando su resolución. El gobernante seguía mirando directamente a los ojos del hechicero, negro con verde, un abismo sin final y un mar de veneno líquido encontrándose por primera vez.

- Si me permite la osadía majestad, de sugerir en actos bélicos de los que no sé nada- La voz tranquila del extranjero silencio el incesable cuchicheo de los soldados, todas las miradas recayeron de nuevo sobre del rubio.

- Hazlo- Acepto de inmediato el monarca.

Era la primera vez que le escuchaba y le gusto la fuerza de esa voz grave.

- Acaban de concluir una guerra, están más preparados para un combate que los gigantes. Aprovechen esto y tómenlos por sorpresa, atáquenlos en sus tierras antes de que ellos puedan terminar de alistarse e invadirlos.

El silencio reino apenas termino de hablar, todos y cada uno de los presentes sopesando sus palabras, el infame acto de guerra que significaban, pero si los gigantes estaban decididos a atacar era mejor devastar las tierras enemigas que las propias ¿Cierto?

- ¿Pero y si este indicio resulta falso?- Inquirió a viva voz el hermano del rey.

- Lord Jean- Le increpo con suavidad y respeto el canciller- El joven Yuri nos ha venido a advertir de una calamidad, ¿Qué podría ganar mintiendo? Ha realizado un gran acto de nobleza.

JJ como gustaba ser llamado guardo un momento de silencio, comprendiendo las palabras del canciller, realmente que ganaría con mentir- ¿Puedes asegurar tus acusaciones…? ¿Puedes asegurar que los gigantes vienen a atacarnos?

- Por supuesto- Contesto al instante con falsa solemnidad- Los vi con mis propios ojos.

- Entonces así será- La poderosa voz del rey resonó como un trueno en la quietud mortal que prosiguió a la aseveración del forastero. Todos se sobresaltaron al escucharle y verle levantarse con todo su poderío real- Mila, Victor- Apenas y giro la cabeza para ver a los soldados detrás de él, quienes cuadraron los hombros y se pararon correctamente en sus posiciones- Preparen a los soldados- El dúo asintió y sin hacer esperar a su rey salieron de la carpa, cumpliendo sus órdenes- Canciller prepare los navíos- El hombre asintió con solemnidad- Hermano necesito que me ayudes a planear una estrategia para el combate.

JJ aun en shock por la reacción de su hermano, apenas atino a mirarlo ante su directo llamado, sintiendo la mano del otro sobre su hombro, sonrió de manera taimada, no podía ser de otra forma.

- Oh donde estarías sin mí- Suspiró con fingido cansancio, haciéndose el importante.

- Gracias- Otabek sonrió acostumbrado al tono altanero del más alto- Gracias también a usted por la advertencia- Su voz se suavizo apenas imperceptiblemente al dirigirse al rubio, un hecho inconsciente que él mismo no noto, pero tanto el extranjero como su hermano sí.

- No fue nada alteza- Respondió con aire casual, restándole importancia, como si cualquier persona en su lugar hubiese hecho lo mismo. El extranjero se despidió con una reverencia.

El canciller le espero y con una mirada le indico que lo siguiera, Yuri así lo hizo, dándole la espalda a los hermanos, avanzando hasta abandonar aquella carpa.

Ambos le observaron hasta que su fina figura desapareció tras los cortinajes rojos- ¿Te gusto he?- Más que una pregunta, aquel tono jocoso del de ojos azules le pareció una aseveración al monarca.

- ¿Qué dices?- Bufó con aire ofendido-Apenas si lo conocimos. Lo vimos unos cinco minutos.

- Eso mismo, yo también lo vi- Entonó con una sonrisa sínica el más alto, como si estuviese revelando la verdad absoluta del mundo.

Otabek le miro con los ojos entrecerrados, como si quisiera entrar a la cabeza de su hermano, para poder comprender lo que ocurría en aquella estrambótica mente.

- ¡Vamos Beka!- Le grito indignado, con tono infantil- Tenemos que admitir que es la persona más hermosa que jamás hayamos visto. Ya me lo había dicho Wellager "Un ser de belleza sin par".

El rey guardo silencio aceptando las palabras de su hermano. De verdad que el hechicero era hermoso.

- Oh- la voz dulzona de su hermano despertó al rey de sus pensamientos, bastante perturbado- Yo que creí que nunca encontrarías a nadie que te gustara- Fingió limpiarse algunas lágrimas imaginarias con un dramatismo tal que causo que el rey entonara los ojos- Pero me sorprende tu sangre fría hermano- Otabek volvió a mirarle, sin comprender sus palabras. JJ suspiro hacia dentro, lamentándose lo lento que a veces podía sr su hermano- Es un hechicero errante, probablemente nunca vuelvas a verlo.

La realidad de las palabras de su hermano le vino encima como una avalancha. Comprendió entonces la magnitud de la revelación, lo mucho que le había gustado el foráneo, lo horrible que le sonaba no volver a verle nunca. Tanto así que el pensamiento casi se volvía sólido, pesaba a su alrededor, le sofocaba. N dijo nada, tan solo salió corriendo ante la atenta mirada de su hermano, que sonrió como si le sonriese a un niño pequeño.

- ¡Vamos que tú puedes campeón!- Le animo con un tanto de orgullo y otro poco de burla, antes de que el otro saliese de la carpa, dejándole solo con la planificación del ataque.

0o0o0o0o0o0o0o0o0o0

- Podría habérmelo dicho- Recriminó con suavidad el canciller al hechicero- Podría haber acelerado la reunión.

- Le informe de mi urgencia canciller- Musito distraídamente, mirando el frenesí de los soldados que estaban desmontando el campamento- Y usted se apresuró todo lo que pudo, el rey no podría haberme recibo antes, usted mismo lo dijo.

- Uh… oh- Murmuró palabras inconexas, debía decirle algo más al forastero, pero las órdenes del rey le urgían a dejarlo cuanto antes- Gracias por la advertencia, no sé cómo podríamos pagárselo.

- No hace ninguna falta. Sería una pena que un reino como este, con el magnífico futuro que les espera, fuera destruido antes de su verdadero amanecer.

El canciller solo pudo sonreír ante las palabras. Le dio una reverencia y nuevamente las gracias antes de partir velozmente a cumplir el encargo de su rey.

Yuri continuó andando con parsimonia, saliendo de los cada vez más reducidos terrenos del campamento, preguntándose cuál sería su siguiente movimiento. Estuvo a punto de adentrarse al bosque cuando sintió una mano enorme ciñéndose entorno a su muñeca, deteniendo su marcha. El hechicero quedó en shock ante el sorpresivo acto, no había escuchado la carrera, ni sentido la magnífica presencia del monarca hasta que este ya le había dado alcance.

Se giró lentamente, con las extremidades agarrotadas por la sorpresa, en parte también indignado consigo mismo por no haber notado al rey acercarse.

Otabek le miraba a los ojos, su mirada oscura era como un hoyo negro que destrozaba y engullía todo a su paso, incluso a él, su cabalidad, conciencia y fuerza fueron devoradas por aquella mirada oscura.

- Ma… majestad- Tartamudeo nervioso, a partes iguales por la inesperada presencia del rey como por su falta de previsión.

Hasta entonces el gobernante pareció notar sus acciones, soltando lentamente, sin querer hacerlo, el brazo delicado del rubio.

- He… tú… no puedes irte- Soltó con torpeza, sin mediar consecuencias, dándose un golpe imaginario en la cabeza por su osadía. Sus palabras fueron guiadas por sus deseos, sin una razón coherente, y sin una mentira creíble para ocultar sus verdaderos deseos.

Yuri pudo recuperar su cabalidad en esos momentos de duda del pelinegro. Miró con una ceja elegantemente alzada al rey, sin decir nada, cruzó los brazos contra su pecho inflexiblemente, esperando una justificación para aquellas palabras.

Otabek casi se desmaya ahí mismo, estaba acalorado, aun y a pesar del frío ambiente que les rodeaba, avergonzado consigo mismo por sus acciones sin sentido, y nervioso por esa mirada verde que parecía que taladraba hasta su alma. Tardo un minuto entero en armar una historia creíble, que impediría que el hechicero se fuese para siempre.

- Aún tenemos que comprobar que lo que dices es cierto, así que nos vas a acompañar- Ordenó con cierta duda y timidez, pero su tono autoritario y poderoso volvió, haciendo que el hechicero se estremeciera placenteramente al escucharle hablar así, apenas a un paso de distancia.

- Vaya forma de agradecerme- Murmuró de manera resentida- Les advierto de un inminente ataque, ponen en duda mis palabras y ahora quieren arrastrarme a una tierra que pronto se convertirá en un campo de batalla.

Ciertamente había verdad en las palabras dolidas del hechicero, pero Otabek decidió pasarlo por alto deliberadamente, su necesidad de no alejarse del rubio resultaba increíblemente fuerte (a la vez que incomprensible), mucho más ahora que estaban tan cerca.

- Como sea, vendrás con nosotros- Ordenó con el tono frío, demandante y orgulloso del rey que era, molestando en demasía a Yuri.

- Ha… no eres mi rey, no puedes ordenarme nada, solo voy de paso por tus tierras y pronto ya no estaré bajo tu jurisdicción- Indignado y molesto se dio media vuelta dispuesto a marcharse- ¡AAAAA!- Lo que no se esperaba es que aquel descarado rey se lo echara sobre el hombro, como si fuese un costal- ¡Bájame imbécil!- Chilló comenzando a patalear, dándole con las rodillas en el abdomen, claro que el único que se hizo daño fue el mismo al golpear el peto de su armadura- ¡Maldito!

El hechicero continuó gritando y pataleando, retorciéndose inútilmente ante la fuerza del rey que andaba con paso firme y relajado, como si no llevase en el hombro a un furioso rubio que se hacía daño a sí mismo al golpearlo en el pecho y la espalda, estrellando sus finos miembros contra el metal de su armadura.

Continuará.

*- El atuendo de Yuri es una copia calca del atuendo que uso Daenerys para viajar al norte, al otro lado de la muralla

**- Si les interesa conocer a cabalidad la armadura de Otabek pueden ir a Google imágenes y escribir "King's Vendrik armour set"

***- En el universo de "Dark Souls" la oscuridad no es un sinónimo de maldad. Las eras del mundo se dividen por épocas de luz y oscuridad, mientras que la época de luz es el tiempo en el que los dioses gobiernan sobre la tierra, las épocas de oscuridad competen a la raza humana, en épocas de oscuridad los humanos gobiernan la tierra. Aunque claro la información fue tergiversada en conveniencia de los poderosos (o sea los dioses)

Y bueno eso es todo, les agradecemos su preferencia. Y ya saben si han llegado hasta aquí valen mil (;D). Hasta la próxima
Diva: ciao