¡Hola queridísimos compañeros canon! Les traigo el segundo capítulo de esta historia, no tan rápido como quisiera, pero lo más pronto que pude. Mi intención era subirlo la semana pasada con el cumpleaños de nuestra querida Orihime (ya verán por qué), pero no me fue posible u.u. Aun así espero que lo disfruten mucho y puedan pensar aunque sea un poquito que así pasó en el manga */*

Les agradezco con todo mi amor a los que me dejaron un review, pusieron alerta o favorito, ¡de verdad no pensé que les gustaría tanto! Desde el fondo, la superficie y desde todo mi corazón se los agradezco, todos ustedes me motivaron a continuar lo más pronto posible. ¡Espero contar con su apoyo hasta el final!

Quiero dedicar y agradecer especialmente a mi amiga Aiko1991 quien me apoyó y motivó a escribirla en cuanto supo que éramos canon.

Disclaimer ya aplicado.

¡Disfruten!

XoXoXoXo

NUESTRA PRIMERA CITA

Lunes por la mañana.

La claridad del día que se iba colando por la ventana, sumada al sonido similar al piar de pollitos del despertador, lograron hacer que un par de ojos plateados se abrieran con pereza. Después de apagar el dispositivo y asegurarse que era temprano, Inoue Orihime se removió en las sábanas un par de veces y luego se sentó, estirando su torso y sus brazos hacia el techo bostezando. A medio camino de su despertar, se detuvo en seco dejando los brazos en el aire y los ojos muy abiertos por una fracción de segundo; luego se dejó caer de nuevo y se cubrió la cara con la almohada.

Esta sería la primera vez que vería a Ichigo después de su confesión y la presunta correspondencia del chico. Decía presunta porque a pesar de que la había invitado a ver una película a su casa, una emergencia en la clínica de Kurosaki-san lo había obligado a cancelar el recién nacido plan y desde entonces no había hablado con él. Por esta razón, Orihime se planteó muy seriamente que lo que había pasado o fue un sueño muy real, pero sueño al fin, o Ichigo se había dejado llevar por el momento y sólo había dicho aquello para no hacerla sentir mal. En cualquiera de los dos casos, no se sentía preparada mentalmente para hacerle frente a tal situación. Sin embargo, una parte de ella, una muy pequeñita en comparación a las dudas y malos pensamientos que la inundaban, le decía que creyera, que por fin sus sentimientos habían alcanzado al hombre que amaba y que él de verdad la había correspondido. Con eso en mente y un enorme sonrojo inseguro, tomó sus cosas y se metió a bañar.

Pasados 20 minutos, la joven salió de su habitación lista y con el uniforme puesto, sólo conservaba una toalla enrollando su largo cabello para que terminara de secarse. Cuando se dirigía a la cocina para tomar su desayuno, vio que algo o mejor dicho alguien se movía fuera de su ventana. Hoy no había quedado con Tatsuki-chan, así que eso lo hizo más extraño aún. Acercándose con cautela, movió apenas la cortina para ver al misterioso visitante y casi le da un infarto al reconocer cierta cabellera naranja en punta. En ese preciso momento su corazón se aceleró como si hubiera corrido un maratón y miles de mariposas se desataron en su estómago. ¿Qué hago! ¡Qué hago? Se preguntó mentalmente. ¡Abre rápido, tonta! Le contestó una vocecilla que pareció reconocer como Tsubaki. Con las manos sudándole y temblando por los nervios, se acercó a la puerta y abrió de un tirón.

—¡Ku-kurosaki-kun! ¿Qué haces aquí?

—Hola, extraña.—Fue su simple respuesta mientras le sonreía ligeramente, acción que se extendió hasta sus ojos. —Vine por ti para ir juntos a la escuela. No voy a permitir que mi… que… tú andes sola por la calle.—Sin poder decir la palabra novia, terminó su explicación con un ligero rubor en las orejas.

—¡N-no te hubieras molestado!—Dijo emocionada por el gesto tan amable de Ichigo.—Las veces que voy sola nunca me ha ocurrido nada.—Continuó inocentemente, ignorando la implicación de las palabras del pelinaranja.

—Pero ahora es diferente. Mientras yo esté aquí, no volverás a andar sola. —Sentenció con el ceño fruncido, desviando la mirada aún con las orejas rojas. Orihime estaba segura que todo el vecindario podía oír su corazón. Apenas pudo contener el impulso de saltar y rodar de felicidad por toda su casa.

—¡Oye!—La llamó Ichigo tocándole la frente con la yema de su dedo índice.—¿No me vas a dejar entrar?

—¡Cla-claro! Adelante, Kurosaki-kun. Pasa. ¡Pero qué grosera soy!—Dijo haciéndose a un lado para que su invitado pudiera entrar.—¿Quieres acompañarme a desayunar?

—P-por supuesto.— Respondió mientras una gotita de sudor frío le caía por la nuca. Siempre había oído a Tatsuki decir, e incluso le pareció escuchar alguna vez a Toushiro, que la comida de Orihime era bastante peculiar, por no decir mala. A él siempre le pareció una locura, pero ahora que estaba por descubrir si los rumores eran ciertos, no podía dejar de sentirse nervioso. —¿Ese es tu nuevo look?—Preguntó para relajarse.

—¿Eh?— Sin entender, la chica, que ya estaba preparando el desayuno y obentos, se palpó el cuello, el abdomen y luego la cabeza para descubrir a qué se refería Ichigo. Fue entonces cuando notó que aún llevaba la toalla en el cabello.—Lo siento, jejeje. Uso esto para que se seque mi cabello, pero ya está.

Acto seguido, desenrolló la toalla dejando libre su largo y hermoso cabello, que cayó con gracia en su hombro izquierdo. Al ver esto, Ichigo se quedó mirándola como embobado mientras el sonrojo se volvía a instalar en sus orejas. Al ver lo hermosa que se veía, sintió un impulso desde el fondo de su corazón, pero se contuvo. Luego recordó que estaba en toda posición para hacerlo y sin más rodeos se acercó a Orihime y le besó la frente, llenando sus pulmones con el delicioso aroma que emanaba de su presencia.

—Buenos días, Orihime.

La muchacha se quedó estática y muy sorprendida por el acto, no porque no lo hubiera disfrutado, sino que aún no creía que fuera real. Con las manos un poco temblorosas, se aferró al suéter de Ichigo para impedir que se alejara de ella. Luego, recargó su frente en el pecho del joven y sin mirarlo a los ojos le preguntó:

—¿Es real? ¿Todo esto es cierto? ¿De verdad quieres estar conmigo?

—Haces muchas preguntas, ¿no crees?—Dijo para intentar bajar la tensión del momento. No podía culpar a Orihime de sentirse insegura luego de todo ese tiempo en que fue ignorante de sus sentimientos.—Y sí, todo es cierto. Por eso estoy aquí, porque quiero compartir todo contigo y descubrir sensaciones nuevas a tu lado, ¿recuerdas?— Continuó tomándola por el mentón para que lo mirara a los ojos. Sin soltarla y por segunda vez en menos de 5 minutos volvió a seguir sus deseos y la besó en los labios. Un tierno beso que los dos necesitaban; una para estar segura de que todo era real y el otro porque desde el día en que conoció ese sabor por primera vez, no había dejado de añorarlo y desearlo.

—Espero que lo disfrutes, Kurosaki-kun.— Dijo Orihime unos minutos después cuando puso el desayuno frente a Ichigo, más relajada pero no menos nerviosa. Estaba a punto de probar su comida.

—¡Gracias por la comida!—Respondió igualmente nervioso. Estaba por degustar la malamente famosa comida de Orihime. Por lo menos todo se veía normal: la sopa olía bien y el huevo frito sobre el arroz con verduras no tenía mal aspecto. Tampoco lo tenía el pequeño filete de pescado que acompañaba lo anterior. Al notar que la chica lo miraba un tanto insistente y que ella misma no había probado bocado, sumado a que ya tenían poco tiempo antes de partir a la escuela, se decidió a empezar.

La sopa realmente había estado buena, así que eso le dio más confianza para continuar. Se llevó una grata sorpresa al degustar el arroz y el huevo. En ese momento Orihime salió disparada a la cocina.

—¡Pero que torpe! Lo siento, Kurosaki-kun. Había olvidado mi salsa teriyaki especial. Espero que te guste.—Expectante, le entregó un frasquito que contenía un líquido un tanto espeso de color café. Confiado como estaba y viendo la expresión de Orihime, no dudó en usar una gran cantidad sobre su platillo. Gran error.

Cuando la porción elegida, bañada en la salsa especial teriyaki llegó a su boca, Ichigo supo que los rumores eran ciertos. Claro, no es que toda su comida fuera mala, es que les daba su "toque especial" con salsas o acompañamientos diversos, como estaba por descubrir después.

—¿Te gustó?—Preguntó la chica con emoción, misma que fue disminuyendo de a poco cuando vio la mueca que hizo Ichigo al tragar un nuevo bocado.

—¡Pero claro! ¿Por qué lo dudas?—Respondió nervioso y con sudor en la frente por el esfuerzo de tragar. Estaba seguro que esa cosa tenía, por lo menos, chocolate, pasta de judías o algo parecido, jarabe dulce y salsa picante.—¡Pero mira nada más! Si no nos damos prisa no llegaremos a tiempo.—Exclamó después de terminarse de un sorbo el té que le quedaba.

Luego de eso, ambos jóvenes salieron con rumbo a la escuela. La mayor parte del camino se mantuvieron callados. Aún no se sentían lo suficientemente desinhibidos el uno con el otro y los nervios que sentían todavía eran muchos. Sin embargo, un par de cuadras antes de llegar a la escuela, Orihime rompió el silencio.

—…Kurosaki-kun besa tan bien…—Dijo con una risita boba, totalmente inconsciente de que había hablado en voz alta.

—Eso no se dice en voz alta, tonta.—La reprendió Ichigo ruborizado a más no poder y con el ceño profundamente fruncido.

—¡Ehhhhhh!—Gritó la chica escandalizada.—¡Ay! Lo siento, Kurosaki-kun. Yo… yo me olvidé… es que yo recordé lo de esta mañana… no pude evitarlo… ¡Lo siento!—Dijo moviéndose nerviosa de un lado a otro con una graciosa expresión, igualmente ruborizada. Luego se detuvo en seco y con una reverencia se disculpó.

Todavía serio y muy rojo, Ichigo tocó levemente la cabeza de Orihime y siguió andando, no sin antes admitir:

—Tú también lo haces muy bien.

Sin dar crédito a lo que acababa de escuchar, aunque muy en el fondo se sintiera muy feliz y halagada, la chica corrió para alcanzar a Ichigo, quien no parecía tener intenciones de esperarla.

—Por cierto.—Le dijo él cuando lo alcanzó.—¿De nuevo soy Kurosaki-kun?—Aunque había preguntado más para desviar la atención de lo anterior, realmente se sentía curioso al respecto.

—Bu-bueno, es que yo… A-aún no me… Es un poco difícil acostumbrarme.—Admitió mirándolo nuevamente ruborizada.

—Ya veo. Tranquila, cuando te sientas lista, puedes llamarme como gustes.—Terminó sonriéndole de lado para darle confianza.

Luego de eso, ambos continuaron caminando el poco trecho que les faltaba hasta el instituto. Una vez que llegaron, se vieron realmente sorprendidos de que no hubiera nadie en el salón de clases, aun cuando habían tardado bastante en el desayuno. Sin que ninguno lo admitiera, se sentían realmente aliviados, pues no estaban seguros de querer hacer pública su relación todavía; ni siquiera se habían planteado decírselo a sus amigos. Por ello cuando su grupo de amistades se fue poco a poco completando, ambos pelinaranjas actuaron con la mayor normalidad que les fue posible, aunque para Ichigo fuera difícil no dedicarle una mirada más dulce de lo normal cada vez que sus ojos se cruzaban con los de Orihime y para ella lo era aún más no devolverle una sonrisa ruborizada. Todo esto no pasó desapercibido para Tatsuki, Chad y los otros que intercambiaron miradas sospechosas pero no dijeron nada.

A la hora del almuerzo, por "casualidad" todos sus amigos encontraron algo que hacer: Tatsuki fue a una reunión del club de Judo; Uryuu a una del club de manualidades y costura, pues tenían una obra de teatro en puerta; Chad fue a pedir informes para un nuevo club de boxeo que estaba por abrirse y que le había parecido interesante. Finalmente, Keigo y Mizuiro se fueron a "dar la bienvenida" a las chicas de secundaria que pedían informes de inscripción.

Creyendo que Orihime asistiría a la misma reunión que Ishida, Ichigo se planteó acompañar a Chad a pedir informes, pero cuando estaba a punto de salir, sintió un tirón en su suéter.

—Orihime, ¿qué pasa?

—Yo... bueno… me preguntaba si… ¿te gustaría almorzar conmigo? Fue algo apresurado, pero hice un bento para ti también, Kurosaki-kun.

Conmovido por la hermosa expresión de Orihime, Ichigo no dudó en aceptar de inmediato. Después de haber ido a buscar unas bebidas y algo de pan dulce como postre, juntaron unas bancas para quedar de frente y poder platicar más a gusto. El pobre tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para comer ese bento. Orihime había puesto mucho esfuerzo en hacerlo lucir tierno, pero por más que quiso, Ichigo no pudo con el extravagante sabor del relleno de los onigiris y menos con el arroz que estaba bañado en salsa especial teriyaki.

—Muchas gracias, Orihime. Estuvo delicioso.—Ante este último comentario, Ichigo cruzó los dedos detrás de su espalda un tanto arrepentido, pero ya que se había tomado la molestia de llevarle almuerzo, no podía hacerla sentir mal. Sin embargo, había tomado una decisión: a partir de ahora le pagaría a Yuzu, de ser necesario, por preparar el almuerzo de ambos o lo prepararía él mismo antes de permitir que su Orihime volviera a alimentarlo.

—Me dio mucho gusto poder almorzar contigo, I..Ichi..Ichigo-kun—Dijo Orihime haciendo un esfuerzo casi sobrehumano para decir el nombre de pila de su amor. No es que no quisiera, pero todavía le daba algo de vergüenza llamarlo con tanta naturalidad. Pero ya iba siendo hora de hacerlo.

Dominando sus todavía muchos nervios, lentamente estiró un poco su brazo para alcanzar los dedos de Ichigo, que descansaban tranquilos sobre el pupitre. Al sentir el tímido contacto, el pelinaranja atrapó la mano completa de su novia acariciando el dorso con sus propios dedos.

—A mí también, Orihime.

—Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí?—Dijo Tatsuki parada en la puerta, de brazos cruzados y con una enorme sonrisa y una ceja levantada.

—¡Tatsuki-chan! ¡Chicos! ¿Qué hacen a…?—Rápidamente y antes de verse interrumpida, Orihime quitó su mano de entre la de Ichigo.

—¿Ichigo-kun?—Dijo Keigo en tono de burla.

—¿Orihime?—Continuó Uryuu para molestar a Ichigo, aunque realmente estaba feliz de que al fin los sentimientos de Orihime lo hubieran alcanzado.

—¿Desde cuándo ustedes dos están juntos?—Cuestionó Mizuiro apartando por un segundo la vista de su teléfono móvil. Definitivamente esa noticia lo valía.

Chad fue el único que, como de costumbre, no dijo nada. Simplemente se limitó a levantar ambos pulgares en dirección de los pelinaranjas con una leve sonrisa, sin duda muy feliz de que estuvieran juntos.

Después de eso, la relación de Ichigo y Orihime comenzó a ser más relajada y la confianza entre ambos creció aún más. Cada vez se hablaban con más naturalidad y estar juntos ya no suponía un ataque de nervios para ninguno, o al menos en un grado muy leve. Ichigo continuó yendo por Orihime todas las mañanas y en las tardes la acompañaba, cuando le era posible, a la pastelería donde trabajaba y sin falta a las 8 estaba esperándola afuera para llevarla de vuelta a casa. Como se lo había prometido, a partir de aquel día se encargó de llevar él mismo los obentos para ambos o de comprar el almuerzo en la cafetería, superándose cada día en inventar excusas para que su querida novia no notara que lo hacía porque su comida, literalmente, lo enfermaba. Las raras veces que algún Hollow atacaba la ciudad o sus alrededores, era frecuente verlos juntos en batalla, sino es que Ichigo sólo iba de espectador pues las habilidades de Orihime le permitían lidiar con el problema y así no tenía que salir de su cuerpo para enfrentarlos. Sus amigos eran los más felices por verlos al fin juntos, sobre todo porque la mayoría, sino es que todos, sabían de los profundos sentimientos de la pelinaranja hacia el shinigami y aunque preferían no meterse, a veces la ignorancia de Ichigo les fastidiaba.

Luego de casi tres meses juntos, Ichigo creía firmemente que su vida estaba al fin tomando rumbo y él sabía que en gran parte se lo debía a Orihime. Ella lo hacía sentirse tranquilo y con los pies en la tierra, lo calmaba cuando sentía que quería golpear a alguien, que era muy seguido; lo escuchaba cuando necesitaba desahogarse y siempre tenía un consejo que darle. Lo hacía reír con sus ocurrencias y sobre todo, lo llenaba de mimos y atenciones que nunca creyó necesitar pero que ahora no podía parar de disfrutar.

Asimismo, su instinto protector para con ella se incrementó casi hasta niveles exagerados. Le encantaba escuchar sus historias del trabajo y también las que a veces se inventaba; descubrió también que no sólo adoraba recibir sus cariños y muestras de afecto físicas, sino que le encantaba abrazarla, acariciarla, olerla, tomarla de la mano y besarla. Pensando en todo esto y burlándose de sí mismo por el cambio tan drástico, de punk peleonero e insensible a novio embobado, sobreprotector y casi cursi, que había sufrido, una plática llamo su atención mientras recogía sus cosas en el casillero luego de quedarse a práctica de soccer.

—¿Ya escuchaste? Ese suertudo Kurosaki sale con la idol Inoue-san.

—Sí, ya lo supe.—Contestó otro chico, al parecer de cursos inferiores, con algo de resentimiento.— Pues han sido muy discretos, la verdad. No esperaba menos del simplón de Kurosaki. ¿Cuántas citas habrán tenido?

—¿Y qué habrán hecho?—Dijo el otro con tono pervertido.

Aunque pudo haberlos machacado a golpes ahí mismo por haberlo llamado simplón y por estar hablando de su Orihime, una palabra captó toda su atención y lo hizo realmente dudar de sus capacidades para un noviazgo: cita. Estaba casi seguro que llevaban tres meses juntos y ni una vez habían tenido una cita formal. ¿Qué clase de novio no tiene una cita con la chica de la que está enamorado? ¡Eso debe ser básico, Kurosaki! Se reprendió mentalmente.

—Definitivamente soy un simplón.—Se dijo enojado y con el ceño muy fruncido mientras sacaba su teléfono celular, caminando hacia la salida del instituto.

—¿Hola? ¿Ichigo?

—Oye Tatsuki, necesito tu ayuda.

—¡¿Qué no han tenido ni una cita?! Y yo que pensé que Orihime no me contaba porque era tímida. ¡Vaya que eres un inútil!.

—¡Maldita! ¿Cómo te atreves a llamarme in…?

—Como sea, de no ser porque el sábado saldrán, ya te habría molido a golpes y no quiero que vayas con el ojo morado.

—¿El sábado? ¿Quién te crees que eres para decirme cuándo salir?

—Inútil y lento… ¡El sábado es el cumpleaños de Orihime!

—¿Qué? Eso no es cierto. Su cumpleaños es en septiembre, estoy seguro.

—¿Y en qué mes vives? El sábado es 3 de septiembre, genio.

—¡Tienes razón!—Dijo golpeándose la frente con la palma. Sí era un simplón y despistado.

—Ya, ya calmado. Mañana yo me haré cargo de Orihime y tú podrás hacer los preparativos pertinentes. Hazlo bien porque mi madre se sentirá muy triste de no poder festejarla, ¿eh?

—Lo intentaré. Gracias.

Luego de hablar con Tatsuki, se había pasado el viernes entero planeando su cita con Orihime. Y no sería cualquier cita: era la primera y además en su cumpleaños. Cuando no sabía qué hacer, se preguntaba si Orihime no lo detestaría por no haberla invitado a salir nunca, a lo mejor ya ni siquiera quería ser su novia. Después recordaba la personalidad de su chica y su sonrisa y esas dudas lo dejaban y en su lugar le surgía una idea nueva. Cuando ya tenía todo planeado, la parte desinteresada y "delincuente" de su "dignidad masculina pre noviazgo" que todavía intentaba mantener, se vio malamente sorprendida al descubrir todo lo que había pensado y lo cursi que se estaba volviendo. Ignorando eso, fue a pedirle ayuda a sus hermanas, parte fundamental del plan.

El sábado por la mañana se despertó muy temprano; se bañó, se vistió con un pantalón de mezclilla azul marino, una camisa de vestir igualmente azul con un par de botones abiertos y unas botas estilo minero negras con una cintilla roja. Bajó a desayunar algo con una caja de regalo de tamaño grande, lo suficiente para necesitar ambas manos para transportarla. Mientras desayunaba sus huevos fritos con arroz, Yuzu se encargó de meter el detalle final en la caja, para luego cerrarla y ponerle un moño azul cielo. Cuando terminó su almuerzo, metió la caja junto con otras cosas en una de esas bolsas que su hermana utilizaba para hacer las compras; así sería más fácil transportarla y evitar la curiosidad de la gente.

—¡Deséale un muy feliz cumpleaños a Orihime-chan por nosotras!

—¡Dile que estamos muy ansiosas por verla!—Le gritaron las chicas cuando ya iba de salida. Él les hizo saber que lo haría con una sonrisa y un gesto con la mano.

Cuando al fin llegó a la casa de Orihime, tocó un par de veces la puerta y mientras esperaba, sacó algo de lo que traía en la bolsa. Dentro del departamento, la chica estaba terminando su almuerzo aún con la pijama puesta, por lo que se vio muy sorprendida de que alguien llamara a su puerta tan temprano. Cuando se asomó por la ventana para ver quién era, una sonrisa emocionada se dibujó en su rostro y un millón de mariposas comenzaron a revolotear en su estómago. Un pequeño leoncito de peluche (en nada parecido al maleducado Kon), con un sombrero de cono de celebración, una caja de chocolates entre sus patitas que decía "¡Feliz cumpleaños!" y una rosa la miraba desde la ventana. Cuando quitó los seguros, la esperaba ahora en la puerta.

—Feliz cumpleaños.—Dijo Ichigo fingiendo ser el león.

—Muchas gracias León-kun.— Respondió todavía muy emocionada.—Creí que no te acordarías.—Agregó en voz baja ruborizándose.

—Como podría olvidar el cumpleaños de la chica más linda del universo.—Dijo Ichigo apareciendo frente a ella y abrazándola con la mano libre, para luego besar su sien.

—¡Qué cosas dices, I...Ichigo-kun!—Todavía muy sonrojada, se hizo a un lado para dejarlo pasar.

—Sólo digo la verdad.—Le contestó él con un aire de superioridad y una sonrisa de lado.

—Gra-gracias por esto, Ichigo-kun.—Dijo ella abrazándolo por la espalda, escondiendo su rostro ahí mismo.

—No agradezcas. Esto apenas comienza, así que ve a cambiarte. Aquí te espero. —Dijo luego de unos segundos, acariciando su cabeza antes de que desapareciera de su vista. Mientras esperaba, acomodó la caja de regalo en la mesa de la sala y se sentó frente a la televisión para esperarla.

Cuando al fin estuvo lista, dejó boquiabierto a Ichigo por lo bonita que se veía: había elegido un vestido color blanco con puntos azules, sin mangas y con cuello como de camisa y tres botones al frente; la parte de la falda le llegaba justo a la rodilla y tenía algunas tablas. Se puso unas flats azules y se recogió el cabello en una coleta baja de lado. Finalmente, había utilizado un poco de maquillaje en los ojos, rubor en las mejillas y brillo labial rosado.

—Listo. ¿Qué tal me veo?—Dijo apareciendo frente a él con las manos entrelazadas frente a ella.

—Te ves preciosa.—Respondió de inmediato mirándola de arriba a abajo sin poder evitarlo.

—Muchas gracias. ¿Qué es eso?—Dijo con mucha curiosidad al ver la gran caja de regalo en su mesa.

—Alto ahí señorita curiosa. Eso es para después.—La reprendió Ichigo mientras la abrazaba por la cintura para evitar que abriera la caja. Luego de forcejear un momento, la chica se quedó quieta entre sus brazos.

—Está bien, me rindo.—Le dijo sonriendo y levantando los brazos.

—Excelente. Ahora vámonos que se hace tarde.—Dijo Ichigo palmeando suavemente el abdomen de la chica.

Luego de un rato de camino en el que se la pasaron riendo y platicando, los pelinaranjas llegaron al centro de Tokio. Ahí, se dirigieron a un enorme complejo de cines, en el que después de un rato se decidieron por ver una cinta de acción con algo de romance entre un ex militar cuya misión era salvar al planeta y una hermosa chica que resultaba ser el arma secreta para acabar con el mal. Antes de entrar, compraron un enorme combo de palomitas y refrescos que les duró aproximadamente la mitad de la película. Con la otra mitad, Ichigo no estuvo tan atento, pues prefirió dirigir su curiosidad a Orihime y sus peculiares expresiones. Cada vez que se cubría la boca con las manos por la sorpresa, o se removía en su asiento intentando indicarles el camino correcto a los protagonistas, él disfrutaba de mirarla más que a nada en el mundo. Cuando parecía que todo había acabado para mal y Orihime no pudo contener un par de lágrimas en la confesión final, Ichigo, como no queriendo y aprovechando la oscuridad del lugar, la abrazó por los hombros y la atrajo hacia él.

—¿Te gustó la película?—Preguntó cuando iban saliendo del cine.

—¡Me encantó! El final fue de lo más romántico y el malo tuvo su merecido. Gracias, Ichigo-kun.—Le agradeció con una sonrisa mientras lo tomaba del brazo emocionada.

—Bueno, ¿lista para la siguiente parada?

—¿Hay más?—Preguntó sorprendida y emocionada.

—Por supuesto, todavía nos quedan muchas cosas por hacer.—Respondió Ichigo como si fuera lo más obvio del mundo tocándole la punta de la nariz mientras seguían avanzando.

Orihime no recordaba cuándo fue la última vez que se sintió así de feliz. Cuando era pequeña, Sora siempre se esmeraba por hacerla sentir como toda una princesa el día de su cumpleaños; cuando podía, la invitaba a comer fuera o le compraba algo, sino, la llevaba a jugar al parque y le compraba un pequeño pastel que ambos disfrutaban. Esos eran de los recuerdos más bellos que conservaba de su hermano, por eso cada vez que era su cumpleaños se mantenía muy optimista y le emocionaba mucho. Aunque quizá fuera una tontería, se sentía una princesa por un día. Y justamente así la hacía sentir Ichigo en ese momento.

Luego de caminar en silencio por un rato, llegaron a un llamativo edificio en cuya entrada había una enorme tortuga que daba la bienvenida al acuario "Sea world".

—¡Waaaa! ¿Podemos entrar, Ichigo-kun? ¡Hace siglos que no vengo a un acuario! Y menos uno tan bonito.—Le dijo mirándolo con los ojos brillantes de emoción y una traviesa sonrisa.

—¡Claro! Vamos.—Dijo Ichigo contagiado de su alegría aunque visiblemente más calmado que ella. Incluso tuvo que caminar más rápido para alcanzarla después de comprar las entradas.

Al parecer, el acuario había sido inaugurado recientemente, por lo que contaba con muchas innovaciones y atracciones con tecnología de punta. Había muchas especies de peces y mamíferos marinos y Orihime se sorprendía más cada vez que cambiaban de piscina. Lo que sin duda les gustó más fue el túnel de cristal en el que parecía que atravesaban el océano; pudieron ver miles de peces coloridos, algas, corales y hasta estrellas y caballitos de mar. Sin poder evitarlo, Ichigo se dedicó a tomarle fotos a Orihime junto a todas las atracciones posibles; en algunas les pidieron ayuda a otros asistentes para salir los dos. Al final tenía como 50 fotos de la chica, en la mayoría posaba muy sonriente y feliz a la cámara, pero en otras varias había sido captada sin que ella lo supiera. Para Ichigo, serían como una especie de tesoro. Después de visitar una sala en la que había proyecciones 3D del mundo marino en la prehistoria, el recorrido terminó y ambos salieron muy satisfechos y felices, sobre todo Orihime.

—¡Estuvo increíble, Ichigo-kun! Muchas gracias.— Era tanta su emoción, que se olvidó que estaban rodeados de gente y sin pensarlo se lanzó a los brazos de Ichigo y le plantó un rápido beso en los labios.

—De… de nada, Orihime. ¿No tienes hambre? Conozco un buen lugar cerca de aquí.

—Mmmm. Sí, creo que ya tengo algo de hambre. —Dijo un poco avergonzada. Nuevamente lo tomó del brazo sin importarle las miradas curiosas o reprobatorias de algunos de los transeúntes que pasaban a su lado, y así se dirigieron a su siguiente destino.

El restaurante era un lugar tradicional japonés, bastante tranquilo y espacioso. Cada uno pidió un plato de ramen, la especialidad del lugar, unos rollos de anguila y unos panes hervidos de diversos sabores. Durante la comida, se la pasaron recordando lo que más les había llamado la atención del acuario, sobre todo Orihime, y riendo con algunas anécdotas graciosas. Asimismo, la chica le contó un poco sobre cómo había pasado sus anteriores 18 cumpleaños -o los que recordaba-, junto a su hermano y más tarde junto a Tatsuki. Sin ser realmente consciente de ello, una nueva promesa para consigo mismo se formó en el interior de Ichigo: mientras él estuviera con vida, su Orihime jamás pasaría otro cumpleaños sola.

Para cuando terminaron de comer, ya estaba oscureciendo y decidieron que lo mejor sería volver a casa. Como ya había menos gente en la calle, esta vez fueron tomados de la mano, disfrutando del calor mutuo y las sensaciones que les provocaba. Cerca de la estación del tren que los llevaría de regreso, se encontraron con el festival de un templo en el que un simpático monje les avisó que dentro de 20 minutos iniciaría un espectáculo de fuegos artificiales. Ichigo pensó que ese sería el final perfecto para su cita, así que después de consultarlo con una sonriente Orihime, decidieron quedarse a esperar. Luego de comprar una bebida, buscaron un buen lugar para disfrutar el espectáculo. Con la primera explosión de color, los ojos de la chica se llenaron de felicidad y emoción, haciéndola lucir aún más hermosa ante Ichigo, quien no dudó en abrazarla muy fuerte. Como respuesta, ella se recargó en su hombro y juntos disfrutaron de los miles de colores y formas en el cielo. Dejándose llevar por la calidez del momento, el joven susurró en su oído con los últimos resplandores:

—Feliz cumpleaños, mi tierna Orihime. Gracias por permitirme pasar este día contigo.

—Gracias a ti, Ichigo-kun.—Conmovida casi hasta las lágrimas, la chica cerró los ojos esperando el cálido roce de los labios de Ichigo, que no tardó en llegar. En el cielo, una enorme flor de miles de puntos luminosos, anunciaba el final del espectáculo.

Cuando volvieron a la casa de Orihime, eran casi las 10. Sin embargo, aún quedaban algunas sorpresas por descubrir.

—¿Lista para abrir tu regalo?

—¿Regalo? Ichigo-kun, no debiste molestarte. Ya hiciste mucho por mí hoy.

—Nada de eso.—La interrumpió con el ceño fruncido.—Ahora, necesito que te quedes quietecita y con los ojos cerrados, ¿está bien?

Sin decir más, la chica obedeció y cerró los ojos hincada frente a su mesa. Aunque en verdad sentía que Ichigo se había tomado muchas molestias por ella, no podía negar que le emocionaba mucho descubrir que había dentro de la caja. Unos pocos minutos después, escuchó:

—Listo, ya puedes abrirlos.

Una vez más, sus ojos se iluminaron con la vista ante ella: un pequeño pastel justo para los dos estaba frente a ella. Tenía dos pisos y estaba cubierto con fondant rosado y líneas blancas y en la cima, una tarjeta que decía: Feliz cumpleaños, Orihime, escrita con chocolate blanco junto a una vela. Junto al pastel, leoncito-kun descansaba ya sin la rosa y los chocolates, pero sí con una pequeña cajita rosa con un moño rojo que de inmediato llamó la atención de la chica.

—¿Puedo?—Dijo a punto de explotar de la emoción mirando a Ichigo.

—Adelante.

Cuando la abrió, un nudo involuntario se formó en su garganta; un hermoso y brillante dije de corazón resplandecía en el interior. De verdad que nunca creyó que sería así de feliz luego de todo el sufrimiento individual y compartido con el chico que amaba. Con delicadeza, Ichigo le quitó la caja de las manos para sacar el dije y poder colocárselo. Una vez que relucía colgado a su cuello, el joven no pudo evitar besarle suavemente uno de sus hombros.

—¿Lista para apagar la vela y pedir un deseo?

Mirándolo a los ojos con unas cuántas lágrimas de felicidad y asintiendo, cerró los ojos y apagó la vela de un soplido.

—Feliz cumpleaños, Orihime.—Repitió una vez más para luego besarla en los labios, casi hasta que la media noche llegó. Para Orihime, no podía haber mejor final para su cumpleaños que ese.

"Deseo pasar todos mis cumpleaños a partir de ahora y los que tenga en cinco vidas al lado de Ichigo-kun"

XoXoXoXo

¡Waaaaa! ¿Qué les pareció? *o* Intenté una vez más mantener la personalidad, sobre todo de Ichigo apegada al manga. Sin embargo, creo que los chicos por más rudos que sean tienen su lado "cursi" que sólo muestran con las personas que aman y eso también quise reflejarlo.

Sé que en el manga los ojos de Orihime son café igual que los de Ichigo, pero me tomé la libertad de utilizar el color del anime porque, además de que me gustan, sería más fácil a la hora de narrar y para no confundirme jejeje, espero no les moleste.

Les agradezco infinitamente que hayan leído y como siempre, les ruego me hagan saber su opinión, dudas, comentarios o sugerencias sobre los momentos que les gustaría que considere para este fic a través de un review. Así puedo conocer sus pensamientos sobre mi historia y si les gusta, me motiva a continuar. ¡Los amo!

En teoría, sigue actualización de APRENDIENDO A SER FELIZ CON LA MAESTRA ORIHIME, pero las ideas para este no paran de llegarme y no quiero desperdiciarlas! Es que somos tan canon *O*

Muchísimas, muchísimas gracias por leer, queridos compañeros canon. Espero ansiosa sus reviews, por favor!

ICHIHIME 4 EVER CANON!