Sonreí, se alejo y se recostó nuevamente…
-Lo deje- Le conteste…
-Entonces la armónica funciono-
-Algo así- Toque mi bolsillo izquierdo, siempre la llevaba conmigo y la más mínima oportunidad disfrutaba de su música…
-Si…yo tampoco fumo, solo quería decirte que te he extrañado-
-¿Desde cuándo te volviste tan atrevida?-
-No lo sé, ya no soy esa niña inmadura de ayer- Seguro que no pensé…
-Albert se preocupara- Murmuro sin dejar de mirar al frente.
-Disculpa si te causo problemas-
-Para nada…Me estoy divirtiendo- La vi cómoda y me tranquilizo…
-Quizá debamos irnos, creo que comenzara a llover-
-Terry…-
-¿Qué sucede?-
-¿Aun me quieres?- Pregunto mirándome, entonces la mire en silencio cuando un relámpago cruzo el cielo seguido de un sonoro trueno…La lluvia comenzó a caer y enseguida me puse de pie.
-¡Corre!-Ella me detuvo jalándome el pantalón y dijo:
-Mejor disfrutemos- Cerro los ojos y sonrió…Esta loca, pero esa era la candy de siempre…Mire sus pecosas mejillas sonrojadas por las frías gotas de lluvia cerré mis ojos también por un momento y aspire el dulzoso sabor a tierra mojada.
-¿Hermoso no?- Dijo levantándose.
-Muy hermosa- Conteste atontado por sus bellas esmeraldas que me miraban, que tonto… comenzó a reír rompiendo así el silencio, un estornudo por parte de ella apareció y entonces le dije:
-Te resfriaras, vamos- La tome pues de la mano y la encamine a la cabaña rápidamente…
La cabaña era pequeña, pero acogedora… La sala contaba con una chimenea y un sofá, la cocina tenia lo indispensable y en medio de esta una mesa redonda con dos sillas todo de madera.
Le di una toalla, una camiseta mía y prendí la chimenea, la noche estaba por llegar…
-Lo siento, te daría alguna bata o algo pero ninguna mujer ha venido aquí, por lo menos no desde que yo la comprara- Explique apenado.
-No te preocupes por eso- Se sentó en la alfombra y comenzó a secar su rizado cabello…
-¿Prefieres café o té?- Pregunte dirigiéndome a la cocina…
-Café…aun no me contestas Terry…-
-¿El qué?-
-Si aun me quieres o no- Me recordó acercándose a la cocina, entonces la taza que tenía en mis manos resbalo y comencé a recoger los pedazos cuando uno atravesó la palma de mi mano.
-¡Maldición!- Murmure, la sangre comenzaba a manchar el piso.
-¿Tienes un botiquín de primeros auxilios?- Pregunto examinándome la herida.
-No- Conteste avergonzado, yo era un adulto y me apenaba el hecho de aceptar que mi madre me lo había advertido…Coloco mi mano debajo del chorro de agua del fregadero y arrancando un trozo de la falda de su vestido me vendo la mano.
-No debiste hacer eso- Me sonrió
-No te preocupes, detestaba este vestido, y no me has contestado…- Insistió sin soltar mi mano aun, cerré los ojos, suspire y respondí:
-Jamás deje de pensar en ti, si, aun te quiero- Abrí los ojos entonces con miedo y vi en sus esmeraldas comprensión.
-Terry…yo…ayúdame- suspiro, me preocupe…-La tía abuela quiere casarme con un tal Patrick Socransky- La lleve a la sala y tomamos asiento aun sin soltar sus manos, vi como derramo una lagrima e inmediatamente la había secado de su mejilla.
-¿Albert lo sabe?-
-No, yo no quiero ocasionarle problemas…-
-Candy- susurre.
-Terry yo no quiero casarme con él, yo aun te quiero…- Entonces no me importo y la abrase, sentí como las lagrimas inundaban mi camisa, ella siempre preocupándose por los demás sin importarle que fuera de ella…Su llanto se aminoro y se aparto un poco de mi. Deslice mis dedos por sus mejillas y la sentí arder, la levante con dulzura y le pedí que se cambiara, entro pues a mi habitación y pocos segundos después abrió la puerta, que bien se le veía mi ropa…
-Recuéstate- Le hable mientras la acompañaba a la cama, el arrope y cuando estaba por salir me hablo:
-Terry no me dejes- Regrese y me acosté a su lado.
-Te ayudare Candy, ahora descansa- Intente tranquilizarla mientras acariciaba su frente, su olor a rosas me invadía, era hermosa, y me necesitaba…Entonces estaba seguro que en algún momento me sentiría tal como un príncipe defendiendo a su princesa del horrible dragón. –Yo te cuidare Candy- susurre finalmente…
Desperté a mitad de la noche y me levante silenciosamente, llegue a la cocina y prendí un foco que estaba por agotarse, levante con más cuidado los trozos de porcelana y limpie la sangre… Recordé entonces en vendaje, se había visto muy tranquila, seguro era gran enfermera… Termine por prepararme un té, me sentía intranquilo, preocupado y con muchas dudas en mente.
Regrese a la habitación y toque su frente nuevamente, ya no tenía fiebre, abrí las cortinas y tome asiento, mire entonces como su pecho subía y bajaba al ritmo de su respiración, sus rizos alborotados por toda la almohada y los gestos que hacía con la boca… Bebí mi te lentamente, esperando encontrar respuestas, pero la única que venía a mi mente era que la amaba, que la amaba como a nadie en mi estúpida vida, me levante y busque mi saco, saque la armónica y tomando asiento otra vez comenzaron a salir las notas de aquel instrumento, notas que salían no solo de la armónica si no desde lo más profundo de mi corazón…
