Notas: Un saludo muy grande a todos los lectores de este fic. Espero que de verdad os guste o que hago. Muchas gracias por los reviews, follow y fav.
No hay advertencias especificas. Espero les agrade.
Segundo: De cuándo las tutorías demoniacas comienzan y son impartidas por el ángel representante de la belleza; Entonces bien y mal se sientan a tomar un café cerca del trono de Hades y Perséfone.
-Levi-san, Levi-san… ¡Ah! L-Levi-san, uhm… -Si, ese era yo, practicando mis gemidos para cuando mi delicioso tutor decidiera, por fin, hacerse cargo de mi joven virginidad.
Claro que tuve que ver unos cuantos animes, dramas y películas de temática homosexual y otros, no tan homosexuales.
Había presenciado como una magnitud incremente de adrenalina recorrer mi cuerpo entero a tan solo un recuerdo de distancia. No era necesario más que evocar los opacos ojos de mi querido Levi-san para hacer un descontrol hormonal coaccionar en todo mi organismo.
Existía entorno a Levi-san un aura de seducción y superioridad que no hacia más que aumentar mi libido. La primera vez que sentía ese tipo de deseos en toda mi corta edad de 16 -casi 17- años de vida. Si debía de ser sincero, existía una especie de atmosfera o campo electromagnético que me atraía constantemente hacia mi tutor, como un cuerpo celeste a otros cuerpos más pequeños. Mirar sus inexpresivos ojos fue similar a un choque de dos átomos de carbono a velocidades colosales, causando tal calor en mí que sentí como reacciones nucleares generaban toxinas que inundaron mi cerebro, nublando mi capacidad de ver.
Ante la impasible mirada de ese hombre, pude poner en práctica las leyes físicas de Newton, esas (hasta ahora) aburridas leyes cargadas de ecuaciones que los maestros de la escuela siempre se mataban explicando y yo tomaba como una clara invitación para dormir. Había empezado a comparar mi estado mental con un simple objeto X. La primera ley del hombre-manzana menciona que un objeto se encuentra en inercia hasta recibir una fuerza externa, en ese caso comenzaría a actuar conforme a las condiciones primarias: Fuerza, masa, ángulo de colisión… Mi mente, en este caso el objeto X, no conocía otro estado aparte de la inercia; y se debía a la falta de una fuerza externa lo suficientemente fuerte para hacer al interés resurgir por mi mente en todo su esplendor. Levi representaba una fuerza Y que colisiona con un objeto X en completo estado de inercia, con una fuerza tan potente y una velocidad con un número de más de 6 cifras más decimales, que fue capaz de lograr un desgarre espacio-temporal irreversible.
De alguna forma, esa era exactamente la función que tenían los ojos de Levi-san en mí; eran la fuerza necesaria para sacarme de una fase de insensibilidad, de un profundo sin sentido. Era el motor necesario para sentirme humano.
La tercera ley del movimiento, se basa en la contraparte de una fuerza: la llamada acción-reacción. Cuando a un objeto se le aplica una determinada fuerza, el objeto tiende a emitir una fuerza similar en sentido contrario. En dado caso la fuerza Y de Levi ejercida sobre mi, objeto X, fue de proporciones casi incalculables, pero siguiendo los dictámenes físicos yo, o sea el objeto X, debía expulsar una fuerza contraría o puede que explotara, y era Levi quien debía de hacerse cargo de mi fuerza contenida, por 17 (16) añitos.
Era ahí cuando las leyes uno y tres se funcionaban para entender la ley número dos. Dinámica.
Ahora mis días se asemejaban a diagrama de cuerpo libre; cada acción de Levi-san implicaba una fuerza que actuaba sobre mi, algunas con su debida reacción pero todas, absolutamente todas, actuado sobre mí.
Por citar simples ejemplos; podría en concordancia el día que mi querido Levi-san por fin hizo acto de presencia en mi vida, sus bonitos ojos grises, su brillante cabello negro, su inmaculada piel blanca, ese candente cuerpo cubierto por una ropa casual pero elegante y esa sexy mirada de superioridad. El aspecto de Levi había sido suficiente para darme valores numéricos, pero eran sus acciones quienes realmente comenzaban a efectuarse en mí de forma maniáticas.
Después de abierta la puerta, dure unos breves minutos en reaccionar. Solo había sido capaz de mirar con dilección al hombre frente a la puerta de mi casa. Fue él quien había dado el primer paso en nuestra relación. La primera mueca, además del fastidio, que vi en Levi fue como frunció ligeramente el ceño.
-Supongo que tu debes ser Eren ¿me equivoco? –Había dicho.
Y mi corazón había latido con tal fervor que por momentos pensé que me encontraba al borde de una taquicardia. Eren, Eren, Eren, Eren… ¿mi nombre solía sonar tan bonito? La voz de esa persona era profunda y casi ronca, bañada por marcado acento francés que le daba un toque de sensualidad capaz de arrasar con todo redtube con solo un par de audios.
No supe en que momento me había sonrojado. Pero había logra asentir.
Nuevamente evoque a los dioses egipcios -si, en algunas ocasiones me deleitaba con el politeísmo- que me ayudaran a encontrar mi voz. Aunque hubiese preferido no hacerlo, la primera silaba que Levi-san escucho de mi, había sonado como una agudo pitido; me había avergonzado de nuevo, mientras aclaraba mi garganta y hacia imitación de una voz gruesa y sensual, que en realidad no había salido tan bien. Esa fue mi llamada acción-reacción ante las primeras palabras que me dedico Levi.
-Si, lo soy. –Intentaba hacer uso de mis inexistentes dotes actorales. –Usted debe ser el nuevo tutor. –Dije.
La penetrante mirada del hombre me miro un poco desde abajo, cabe mencionar que yo era un poco más alto que él cosa me atraía aun más, como un pedazo de metal frente al imán más grande del mundo. Me miraba con algo parecido a la curiosidad y levemente lo afirmo:
-Levi Rivaille,-se presentó.- me gustaría hablar con tu padre un par de cosas, Eren. ¿Hay algún problema con eso?
Volvía a sentir como cantidades increíbles de dopamina golpeaban con fuerza en mi cara. Intensos puñetazos casi dolorosos. Su voz profunda, su elegante figura y refinado léxico, me habían demostrado su parte más profesional y yo me pregunte si ese hombre sería así todo el tiempo o era la cotidianidad un campo más del cual debía de explorar.
De nuevo fui torpe, le deje un tiempo más que largo esperando por una respuesta de mi parte. Finalmente le había mirado pidiendo clemencia ante esos estoicos ojos grises.
-¡Ah, claro! –Me corrí hacia mi lado derecho, permitiéndole la entrada a mi casa.-Siga, Rivaille-san, llamaré a mi padre.
Supuse que había sido una pedazo de caca a la hora de pronunciar su glácil nombre, pero el no había dicho nada en ese momento. Solo entro lentamente, limpiándose la suela de sus zapatos con la fea alfombra café con un estampado navideño que le había regalado la abuela a Carla hace un par de años. Mi tutor había echado una discreta mirada a su alrededor, volviéndola a posar en mí.
-Solo llámame Levi. –Menciono con voz neutral.
-Uhm, bien… ¿Levi-san? –Al momento que aquellas palabras salieron de mi boca una dulce sensación reino en mi paladar, un sabor similar a los chocolates suizos que Hades daba como tributo a Carla. El cosquilleo decidió extenderse, bajando por mi laringe y haciendo nuevos desastres en mí estomago. Me encontré con los incontrolables deseos de repetir su nombre, más y más veces, y que a su vez, el también dijera el mío.
Él había seguido a la sala de estar y yo le mire hasta el momento en el cual se sentó en el cómodo sofá central a petición mía, luego corrí hasta casi perder el aliento hasta el cuarto de mis padres, donde ambos se disponían a alcanzar el segundo círculo.
-¡Papá! –Grite apenas entrar, aun jadeante y si haber golpeado a la puerta.
Grisha se había alejado con rapidez de Carla, dando un salto casi olímpico, mientras ella seguía un poco recostada sobre la cama, con ropajes intactos, gracias a los dioses. Grisha había musitado un agitado "¿qué pasa, hijo?" Mientras que Perséfone pego un agudo y no tal alto grito de "No es mucha molestia que toques a la puerta entes de entrar". La ignore, casi sin intención, para posar toda mi atención en Grisha.
-¡Papá! –Volví a decir casi en un chillido emocionado. –Levi-san te esta esperando en la sala. –Vale, por fin sentía de nuevo ese placer de decir su nombre.
-Oh, el tutor. –Y Grisha había salido del cuarto seguido de Carla. Yo había vuelto a correr para llegar primero a por Levi.
La charla había transcurrido con monótona formalidad. Gricha hablaba acerca de lo que era conveniente para mí mientras Levi se limitaba a asentir. Hablaron del clima, el juego de futbol de anoche, sobre el delicioso té negro de Carla… Fueron breves los segundos en los que se toco el tema acerca de la vida de Levi; pero este, casi en todo momento agrio y cortante, había sido hasta algo brusco al hablar de si mismo. Cosa que tanto Carla y Grisha tomaron desapercibido.
Había llegado el momento que yo tanto había esperado escondido detrás de un muro mirando constantemente a mi futuro tutor. Los padres infernales, pensaron que era mucho más prudente que él y yo nos conociéramos antes de comenzar con las clases. Cuando Hades llamo por mí para postrarme ante su trono, mi corazón latió de forma alocada. Me recargue contra la pared para evitar caer al suelo, tuve que respirar repetidas veces con la intención de calmar mis reacciones. Finalmente salí de mi escondite para darles cara a mis padres y su invitado.
-¿Pasa algo, papá? –Pregunte fingiendo desinterés, actuando natural.
-Si, hijo. Creo que ustedes ya se conocen ¿no? –Yo asentí levemente –Pues bien Eren, el joven Levi será tu tutor de ahora en adelante. Por lo que vi conveniente que mantuvieras una charla con él antes de comenzar las tutorías.
-Bien. –Dije.
Y Hades se levantó cediéndome su puesto frente a él.
Mi padre se había retirado y mi madre había vuelto con una par de tazas de delicioso café en leche. Él bebió de su taza mientras yo le veía algo cohibido.
Ante el potente silencio mordí mi labio, y mis manos jugaron nerviosamente sobre mi regazo.
-¿Y bien…? –Dije forzando conversación.
-Tus padres comentaron que estas a punto de repetir grado. –Dijo él dejando el café a un lado.
Ah, claro, los estudios, pude haberlo olvidado por un momento. Solía olvidar que Levi no era más que mi tutor, desde el primer día. ¿Cómo se suponía que debía responder a eso?
-No tengo demasiado interés en los estudios. –Mencione a la par que desviaba un poco mi rostro. Escuche un resoplido salir de sus delgados labios seguido de un cortante comentario de reprobación. Me había molestado, un poco, con Levi. Él no sabía mucho sobre mí o sobre el inquietante estado de inercia en el cual había estado sumido todo este tiempo, siendo todo culpa de él al no haber aparecido desde mucho antes. Yo solía ser bastante imprudente y hasta algo impulsivo, pero me había contenido, no podría echarle en cara a Levi no haber aparecido desde mucho antes. Por lo menos no por ahora.
-Usted no lo entiende - Me queje. –Ni mis padres ni mis maestros llegan a captar lo suficiente mi interés, mis padres lo saben y aun así se empeñan en que yo continúe asistiendo a clases. No es lo mío; no espero que usted me entienda, nadie lo hace, ni siquiera mi hermana que convive conmigo desde hace ya varios años, no tengo un lugar exacto al cual pertenecer.
Yo le había confesado todos los ideales que rondaron mi cabeza por un tiempo lo suficientemente extenso, casi desde que tengo memoria, pero mi querido Levi-san solo se había limitado a verme con sus inescrutables ojos llenos de reprobación, haciéndome poner algo nervioso, por momentos sentí miedo de esa persona. Luego había relajado su semblante para mostrar ante mi un cara de desinterés propia de quien esta a punto de soltar una ofensa con un marcado tono cínico.
-Lo único que entiendo es que eres un mocoso malcriado y desagradecido.
Tuve que hacer una mueca compungida, con mis manos en constante movimiento sobre mis muslos.
-Eso fue cruel, Levi-san.
Él había hecho de nuevo un gesto de desinterés, pude leer en su semblante un sarcástico "¿A, sí? Pues te jodes" Pero de igual manera no hizo ningún comentario fuera de llevarse la taza blanca de café de Carla a los labios. Por unos momentos yo estuve tentado a discutirle, pedirle que se largara e irme al internado; pero algo en sus palabras había colado mucho más a fondo de lo que debió. No es que yo fuera mal agradecido… no, se supone que el incomprendido soy yo ¿no?
Poco a poco él y yo nos sumimos en un silencio casi gris, como la tarde que reinaba en el palacio terrenal de la real familia infernal. Sentía una especie de malestar mezclado con incertidumbre, aun después de las palabras de mi tutor, no me pareció lo suficientemente ofensivo como ganarse mi odio o rencor. Levi había vuelto a hablar.
-Dijiste que tenías una hermana, ¿no vive contigo? –Me pregunto. Nuevamente yo le había visto, conectando nuestros ojos, por lo menos compartiendo un café y una, casi, extraña platica.
-Tiene mi edad. –Aclare. –Según supe esta en casa de unos amigos estudiando para un examen. –Nuevamente no agrego ningún comentario, solo se limitaba a observarme de manera demasiado profunda, no iba a negar que eso me hacia sentir bastante nervioso. –Ella es buena persona pero su personalidad es algo compleja. –Le dije hablando con excesiva rapidez. –Es la personificación de Cerberus, siempre cuidado de todo.
-¿Cerberus? –Repitió el con algo de incredulidad.
-Ya sabe, el perro encargado de cuidar las puertas del infierno. –Le explique.
-Si de quien se trata, mocoso. –Me dijo fastidiado. –Te pregunto por qué le dices así a tu hermana.
Me alce de hombros.
-Lo hago desde hace mucho –Le respondí. –Al igual que mis padres representan a Hades y Perséfone. O el vecino de unas calles a Poseidón.
-¿El gordo exhibicionista? –Le sonreí un poco, aguantándome una carcajada. El pareció mirarme con incredulidad.
-Eso… está bien, supongo. –A Levi no parecía importarle demasiado. Pareció meditar un poco en mis palabras en silencio antes de continuar. –Si… si se supone que tus padres son un pareja mitológica y tu hermana el guardián del tártaro, ¿Quién se supone que eres tú? Hades jamás tuvo descendencia.
Volvía a encogerme de hombros.
-Aun no lo sé; llevo pensando en eso por más de diez años. –Yo no solía hablar de la extraña analogía en la que envolvía a mi propia familia, pero Levi era diferente, era alguien que ejercía demasiada fuerza como para hacerme pensar con claridad. –Pero se quien es usted. –El pareció confundido por un par de momentos, yo le devolví una grata sonrisa. –Usted es un halo de luz en el reino de las tinieblas.
Ahora si que me miraba con asombro. Parpadeo un par de veces y hasta puedo jurar que estuvo a punto de dejar caer su mandíbula. Aun mirándome con los ojos levemente más abiertos, respondió:
-Eres una persona extraña.
Y yo le había sonreído.
-¿Y eso es algo malo, Levi-san?
Yo estaba expectante a su respuesta, el volvió a tomar entre sus manos la taza de café, de esa forma tan elegante y glácil que solo había visto en él.
-No, -Respondió al fin, después de algunos minutos. –No es algo malo.
Con sus ojos grises aun puestos en mi, lo vi esconder una sonrisa detrás de la taza del delicioso café de Carla.
