DESDE LEJOS

CAPÍTULO II

Aquella noche celebraban el cumpleaños de Mizuno.

En la fiesta se encontraban sus más cercanas amistades. Un círculo íntimo y reducido, en el que, por razones obvias para todos excepto Taiki, ella, con la sutileza que la caracterizaba, los había incluido, extendido la invitación a éste y a sus hermanos.

El ambiente estaba en su apogeo, con Mina instalada en el karaoke, acompañada de Seiya, cantando "Tonight" de Big Bang. Sus voces se acoplaban bastante bien a la melodía, para deleite de los asistentes.

En una mesa un tanto alejada del bullicio general, Rei juraría que podía palpar la melancolía de Seiya al cantar el "Espero por ti" de los coros.

¿Cómo es que Serena no se daba cuenta de que él esperaba por ella? ¿Que quizás siempre lo haría?

"No es Seiya el único que espera"
Le dijo una molesta voz en su cabeza. La cual pretendió ignorar, sin mucho éxito, pues a la distancia alcanzó a vislumbrar al causante de esos inquietantes pensamientos.

Tan inmersa estaba en sus elucubraciones, que no se percató de que al terminar la canción, el Kou de ojos oscuros se había sentado a su lado.

Ustedes dos sí que son un caso.

Seiya, por favor, no empieces otra vez.

Alguien tiene que hacerlo, o continuarán así hasta la ancianidad.

Rei sonrió, ante el comentario tan desenfadado y cargado de verdad.

De haber seguido juntos, es probable que viviéramos en guerra indefinidamente. Y alguno iba a terminar herido de muerte tarde o temprano.

¿Y no lo están ahora?

Él no necesitó que los labios de su amiga pronunciaran una respuesta.
Podía leerla en el dolor de su mirada. La reconocía muy bien, pues era exactamente la misma expresión que se reflejaba en el rostro de su hermano cuando intentaba hacerlo entrar en razón. Un acto kamikaze, pues la necedad era un rasgo de familia.

Y tú, ¿es que no lo estás también?

Cuestionó ella, dirigiendo su atención a la pareja de enamorados que sobresalía en el centro de la pista de baile.

Serena y Darien parecían el romance personificado, absortos el uno en el otro. Poco importaba que ella errara el paso cada dos de tres, y él simplemente sonreía, sin quejarse, con cada pisotón recibido. Se miraban como si nadie más existiera en el mundo.

Dicha imagen para Seiya tenía el efecto de un golpe contundente.

¿Cuándo vas a rendirte?
Inquirió la sacerdotisa, con la preocupación y el cariño, dada su amistad de años, tiñéndole la voz.

Eso no cambiaría lo que siento. Y sé que puedes entenderlo, ¿no es así?

Rei lo comprendía perfectamente, pues aunque había sido su decisión, una cuidadosamente analizada y basada en firmes argumentos, el alejarse de Yaten, a su corazón aún seguía pareciéndole una locura contra la que se rebelaba. Con igual intensidad se había resistido en antaño a ése amor, y acabó cediendo, así que, esperaba que con el tiempo sucediera lo mismo con el olvido autoimpuesto.

Los amigos bebieron silenciosos de sus copas sintiendo el sabor de la pérdida impregnado en el vino, por el amor que nunca fue, y por el amor que había sido.

Pero no nos pongamos tan serios, ven, hagamos que muera de envidia, ¡bailemos!

El cantante, con rapidez le quitó la copa que sostenía y tomó su mano, llevándola consigo hacia la pista, donde ambos hicieron gala de sus dotes al ritmo de la música, y se olvidaron, al menos por un instante, de su congoja.

Imaginó cómo su hermano se retorcería al ver a su Diosa Hino feliz entre sus brazos.

Al dar un giro, no tuvo que esforzarse más, pues pudo ver el manifiesto desagrado de Yaten ante lo que, seguramente, consideraba un atrevimiento de su parte.

No acababa de entender cómo es que él no iba hasta ahí a apartarla de su lado llevándosela consigo hasta aclarar todo entre ellos, cómo no luchaba por un amor que sabía muy bien seguía latente, que aguardaba por una señal que le diera la libertad de expresarse plenamente.

"Sí que eres tonto, Yaten. Y orgulloso, además."

El platinado abandonó el salón con algo muy parecido a la angustia oprimiéndole el pecho.

La sonrisa de Hino solía ser ambrosía para su espíritu.

Pero no ésta vez.

Había algo diferente.

Algo que se sentía como abrazar una rosa con espinas: No era él quien provocaba su alegría.

Sí, era Seiya con quien bailaba. Nada alarmante ahí.

Pero, un día sería alguien más, y él no podría evitarlo.

El escalofrío más intenso y horrible que lo asaltara jamás ante la idea, fue la sacudida que necesitaba para tomar, finalmente, una determinación.
Ya habían sido suficientes los años manteniendo el orgullo intacto y el corazón roto.

Era tiempo de romper con el orgullo y pelear por el amor.
Aunque ésa lucha tuviera que librarla con la mismísima dueña de su corazón.

Yaten pelearía infatigable hasta salir victorioso, con la certeza de que ambos ganarían, pues las llamas del amor y la pasión que compartían ardían en los dos con la misma fuerza abrasadora del primer día, del primer beso, del roce primero de sus cuerpos uniendo sus almas salvajes.

Toda batalla requería una estrategia, y en éste caso, también de una alianza.

"Para situaciones desesperadas, medidas desesperadas", se justificó a sí mismo a la mañana siguiente, antes de tomar su celular y marcar el número que deliberadamente había pretendido olvidar durante tanto tiempo.
Poco tenía en común con ésa persona, de hecho, el detalle crucial aquí era que casi lo único que los unía era Hino, y por alguna razón, ella era algo así como la "Kriptonita" y los rayos del sol a la vez para el grupo de amigas.

Sonrío ante su disparatada analogía mientras esperaba que la llamada fuese atendida. Y dicha sonrisa se mantuvo hasta el instante en que escuchó esa voz que recordaba casi infantil, saludándolo con la incredulidad que provoca la indiferencia prolongada.

¿Yaten? ¿Eres tú, en verdad?

Sí, Tsukino, soy yo. Comprendo que te sorprenda mi llamada. Disculpa que te moleste, no lo haría si no se tratara de algo sumamente importante.

Es sobre Rei, ¿no es así? Me preguntaba cuándo reaccionarías. Has tardado demasiado, ¿sabes?

No hacía falta ser un genio para estar consciente de ello, pero, que fuera precisamente Tsukino quien se lo echara en cara, no fue para nada agradable.

Sin embargo, se abstuvo de responder como deseaba y se enfocó en el objetivo.

¿Me permites invitarte un café? Necesito hablar contigo.

Está bien, dime en dónde, y ahí estaré.

Eso, sin duda, había sido más sencillo de lo esperado. Pensó Yaten al apenas colgar.
Claro que, tenía muy presente desde el inicio que ésa era la parte simple de su plan, y sería la única, a decir verdad.

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¡Vamos, Rei! ¡Acompáñame, por favor! ¡Di que sí, anda, ¿sí?!

Era como retroceder en el tiempo cuando Serena se ponía así de insistente.

Ante sus ojos, volvía a ser aquella chiquilla a la que difícilmente podía negarle algo. Pero, ella jamás cedía sin antes agotar el último recurso.

¿No te parece que es Mina la indicada para ayudarte? Después de todo, ella es modelo y está mejor informada en cuanto a las tendencias de la moda.

No busco algo "a la moda", quiero algo sofisticado y elegante, para que Darien se sienta orgulloso de llevarme del brazo en su reunión anual del hospital. Y por eso, tú eres mi elegida.

La miró como quien contempla a su salvación en medio de un caos apocalíptico. ¡Aaah, por todos los cielos! ¿Cuándo dejarían de salirse con la suya, ella y sus enormes y adorables pupilas azules?

Tras un suspiro resignado, accedió a pasar una tarde de shopping con su amiga, en pos del vestido perfecto.

Debo llevar algunos documentos al Ministerio justo ahora, pero te alcanzaré en seguida, en la Boutique de Madame Sophie. La llamaré para decirle que irás.

Serena resplandecía, sonriente. Como si ella fuera el genio de la lámpara y acabara de concederle uno de sus deseos.

Debió ser ése el indicio que despertara sus sospechas, mas no encontró nada raro en el burbujeante entusiasmo de la rubia por un vestido. Sin importar los años que pasaran, ella seguiría conservando ése aire tan fresco y espontáneo, tan suyo ante la vida.

Lo cual admiraba, y a veces, sólo a veces, sentía que envidiaba.

Rei era mujer de planes, metas, decisiones objetivas.

Y decidir implica renunciar a aquello que no elijes. Por eso la lógica se hacía cargo, y no el corazón.

Porque el corazón no entiende de razones, es necio.

Y ésa lección la había aprendido muy bien, aunque sus sentimientos seguían ahí, causando estragos en silencio.

Cuando inesperadamente vio a Yaten entrar a la Boutique, supo que no podría callar por mucho tiempo más las voces en su interior que le gritaban ir a su encuentro y fundirse en un abrazo.

"Houston, tenemos un problema."

Uno muy grande, con larga cabellera plateada y verdes ojos que hacen palidecer a las esmeraldas con su intensidad.

Sí, definitivamente, cuando le brotaba la vena poética, Rei sabía que no era el cerebro el que estaba al mando, sino el corazón.
Y eso, lo complicaba todo.


¡Saludos!
He estado algo ausente debido al trabajo, pero, necesitaba con carácter de "Urgente" el relax que me da el escribir, así que, aquí está el resultado de una que otra noche en vela.
¿Qué les parece?
Agradezco de antemano sus comentarios, su espera, Y si gustan hacer alguna pregunta o agregarme a sus contactos, en mi perfil están los links.

P.D: Sol, me puse a escuchar Big Bang sólo por causa tuya, my dear.