Pasado (2/5)
Parejas Seto/Joey
Disclaimer Los personajes de esta historia son propiedad de sus respectivos autores. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.
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Capítulo II. Plan en marcha
Preparar aquella empresa no fue tan fácil como había anticipado y no fue sino hasta después de un mes que Seto Kaiba pensó que ya todo estaba listo. No le había sencillo averiguar lo que estaban haciendo Yugi y sus amigos en el tiempo que había elegido para aparecer, pero al final lo logró. No le había dicho a Mokuba lo que estaba planeando porque sabía que trataría de detenerlo. De hecho, a él tampoco le agradaba en lo absoluto lo que tenía que hacer, pero si todo salía tal y como quería, no sólo lograría que Yugi estuviera completamente solo sino que también le daría una lección que jamás olvidaría a cierto chico rubio que lo exasperaba en grado sumo.
Debido a que ya no podía dormir debido a la emoción, Seto salió de su mansión todavía con la madrugada en pleno y despachó a su chofer que lo dejó frente a un céntrico hotel de cinco estrellas. Sacó su cartera y constató que llevaba dinero y todas sus tarjetas. No le fue fácil obtener una copia de las que utilizaba en aquel entonces, pero al final lo logró y eso le aseguraba que no pasaría penurias. Volvió a meterla dentro de su abrigo al tiempo que rogaba que éste no desapareciera cuando viajara en el tiempo, pero se tranquilizó al recordar que cuando aquel anciano lo llevó al pasado, su atuendo y su silla habían viajado con él. De un bolsillo de su pantalón sacó el extraño collar y dudó sólo un instante antes de colgárselo al cuello. Respiró hondamente antes de pensar una fecha. No estaba seguro de sí eso era lo que debía hacer, pero al ver que todo a su alrededor se desvanecía, supo que hizo lo correcto. No sintió aquel vértigo que experimentó la primera vez, sólo un pequeño mareo que se detuvo abruptamente cuando el pequeño viaje concluyó.
Seto miró a su alrededor y sonrió complacido al percatarse que todo a su alrededor había cambiado. Los autos que se encontraban aparcados eran diferentes a los que había visto cuando llegó y eso le confirmó que ese viejo chiflado no lo había engañado. ¡Había viajado en el tiempo! Con el corazón latiéndole muy aprisa por la emoción, traspasó las puertas del hotel y observó su reflejó en un gran espejo que había en el vestíbulo. El abrigo y toda su ropa estaban en su lugar para su total alivio. Se quedó un momento admirando su imagen y sonrió al ver lo joven que lucía. Ya se le había olvidado lo apuesto que era cuando estaba en la adolescencia y no porque su belleza se hubiera esfumado, sino más bien porque las arrugas de tensión habían desaparecido por completo. Con pasos seguros se acercó al hombre que estaba en la recepción y pidió una habitación. Entregó una de sus tarjetas y rogó porque no fuera rechazada.
-¿Tus padres están de acuerdo en que la utilices? –cuestionó el hombre con el ceño fruncido.
-Por supuesto –le contestó Seto con seguridad.
El hombre deslizó la tarjeta por el aparato que comunicaba con la central bancaria y la autorización apareció de inmediato.
-Firma el pagaré y también aquí –el hombre le indicó una línea en un grueso libro–. ¿Cuánto tiempo te quedarás?
-Una semana –le contestó sin titubear.
-El pago que acabas de hacer incluye el seguro y el hospedaje de un día. Mañana deberás hacer el siguiente depósito.
-Hágalo de una vez –volvió a entregarle la tarjeta–. No quiero estar aquí todas las mañanas.
Una vez que todos los trámites concluyeron, el hombre le entregó a Seto su llave y el joven se fue a su habitación sintiéndose feliz. Se metió a la cama diciéndose que todo estaba marchando a pedir de boca.
'Muy pronto te venceré, Yugi' –se dijo contento–. 'Muy pronto volveré a hacer el mejor duelista del mundo y tu nombre no lo conocerá nadie más que tu abuelo'
Y con estos dulces pensamientos dejó que el sueño lo envolviera.
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Joey se estiró en su cama y se dijo que no tenía ganas de levantarse, pero debía hacerlo. Ya llevaba algunos minutos retrasado y si no quería tener a Serenity tocando a su puerta como loca, debía abandonar la cama y comenzar sus labores diarias. Aún no sabía cómo iba a organizarse para seguir trabajando mientras estudiaba, pero alguna solución debía encontrar porque simplemente no podía dejar de aportar dinero. Además, también debía tener en cuenta que estaba ahorrando lo más que podía para pagar la operación de su hermana. La enfermedad de la chica se aceleraba aterradoramente y debían practicársela lo más pronto posible si quería evitar que quedara ciega para siempre.
-¡Joey! ¡Ya es hora! ¡Levántate! –escuchó que le gritaba su hermana.
-¡Ya me levanté! –le gritó a su vez mientras hacía a un lado las sábanas.
Se estremeció de frío cuando sus descalzos pies tocaron el helado piso y se apresuró a vestirse. Miró por la ventana y verificó que aún era de noche. Se embutó una desgastada, pero gruesa chamarra y salió de su habitación. El departamento donde vivía con su hermana no era demasiado grande y en tres zancadas llegó al comedor donde Serenity ya tenía servido un sencillo desayuno.
-Creí que tardarías más en pararte –comentó la chica sonriente.
-Me desperté hace unos minutos, pero no quería levantarme –le contestó de igual forma.
-Hay leche, un par de huevos y un poco de cereal –le explicó ella mientras colocaba sobre la mesa una caja de cartón.
-Hmmm… huele riquísimo –dijo sin querer decirle que a los huevos les faltó cocción.
Debido a su falta de vista, la chica generalmente dejaba la comida cruda, pero él no iba a ser tan cruel para decírselo… suficiente esfuerzo hacia al atenderlo.
-¿Y ya te inscribiste en la escuela? –le preguntó la chica a su hermano cuando ya los dos estaban sentados a la mesa.
-Ajá –contestó Joey con la boca llena–. El director accedió a darme una beca para no tener que pagar la colegiatura en su totalidad y sólo tengo que mantener un promedio mínimo de ocho para no perderla.
-¿Y lo lograrás? –preguntó preocupada.
-¡Oye! ¿Con quién crees que estás hablando? –le preguntó riendo–. Aunque me veas tontito, no lo soy, ¿eh?
-No quise decir eso –se sonrojó un poco–. Es sólo que dicen que en esa escuela son muy exigentes y además… pues… los libros son caros.
-Para eso existen las bibliotecas, hermanita –le pellizcó una mejilla con suavidad–. Los libros que no pueda conseguir, los saco en préstamo y asunto resuelto –se levantó de la mesa–. Ya tengo que irme a trabajar. Nos vemos en la noche –le dio un fraternal beso en la frente.
-Cuídate mucho, Joey –le dijo Serenity antes de que su hermano saliera de su casa.
-Lo haré. Hasta luego –le contestó el rubio antes de cerrar la puerta.
Una vez en la calle, Joey se estremeció al sentir la fría brisa y subió el cierre de su chamarra hasta la barbilla antes de comenzar a caminar con prisas y atravesó sin ningún temor las oscuras calles. Aún cuando ese rumbo era considerado peligroso, él no le temía a los malvivientes que en ocasiones se encontraba. Ya hacía algunos años se había ganado su respeto a base de duras peleas, pero eso había servido para que tampoco molestaran a su hermana. Como no tenía dinero para tomar transporte, le tomó casi media hora llegar a su destino que era una panadería en la que trabajaba en el turno de la mañana. Saludó a sus compañeros con una amplia sonrisa antes de desprenderse de su vieja chamarra y ponerse su ropa de trabajo. A él le correspondía preparar la pesada masa y como ya llevaba en esa labor más de tres años, el rudo ejercicio le había proporcionado unos duros músculos que eran la admiración de todas las chicas del lugar y la envidia de los hombres. Trabajó sin descanso hasta que el reloj dio las once de la mañana y que era la hora en que tomaba su descanso. Se desprendió del sucio mandil y volvió a ponerse su chamarra antes de salir de ese caluroso lugar para tomar aire fresco. Generalmente caminaba hasta un parque cercano y se tumbaba en una banca para dormitar un rato antes de volver a trabajar. Esa mañana no cambió su rutina y sus pasos lo llevaron hasta el jardín y se sentó para disfrutar del sol.
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Los ojos azules de Seto Kaiba lo siguieron desde el momento en que puso un pie en el parque y ya no se le despegaron. Al parecer de Seto, el rubio no había cambiado absolutamente nada con el pasar de los años. Tenía su rebelde cabello rubio tan despeinado como acostumbraba y del mismo largo de siempre. Su blanca piel seguía igual de inmaculada y tampoco tenía esas arrugas que ya adornaban el suyo. Lo recorrió de arriba abajo en un parpadeo y se preguntó si sería cierto que el joven jamás había hecho ningún tipo de ejercicio en toda su vida. La fortaleza de sus piernas se alcanzaba a distinguir través de los ajustados jeans y aunque la chamarra no le dejaba ver su torso, la forma en que la tela se estiraba sobre los anchos hombros, le indicaban que el chico tenía músculos sobre los músculos. A regañadientes tuvo que admitir que el rubio no estaba mal del todo.
'Al menos eso me ayudará a no vomitar por lo que tengo que hacer' –se dijo antes de caminar con decisión hacia un Joey que ya comenzaba a recostarse sobre la banca.
Joey decidió en ese momento que el sol calentaba lo suficiente como para prescindir de la chamarra y bajó el cierre para dejar que el astro lo tocara con su calidez. A Seto esto lo tomó desprevenido y se detuvo a sólo dos pasos del rubio que ronroneó de felicidad. El muchacho de ojos azules sintió como ese suave sonido entraba por sus oídos y corría a la velocidad del rayo por todo su cuerpo logrando que todos los vellos se le erizaran. Su vista se perdió en la deliciosa imagen de ver como la delgada camiseta se amoldaba a la perfección sobre un estómago totalmente plano. El brusco cambio de calor hizo que las tetillas de Joey se endurecieran y resaltaron perfectamente sobre la tela. A Seto eso le pareció lo más erótico que jamás había visto, pero enseguida se regañó.
'No cabe duda que la adolescencia es la peor época' –se dijo asqueado por haber siquiera pensado que Joseph Wheeler era increíblemente apetecible–. 'Mis hormonas me están jugando una mala pasada' –y trató de despegar la vista del rubio, pero fue inútil y siguió devorándolo con la mirada–. 'La verdad es que no está nada mal' –no pudo dejar de pensar y se mojó los labios al imaginar el sabor de la piel de Joey.
Los dedos le hormiguearon porque de pronto sintió una loca, pero innegable necesidad de recorrer con las manos ese apetitoso manjar en que de pronto se había convertido el cuerpo del rubio.
Joey sintió la ardiente mirada de Seto y abrió los ojos. Su mirada café se enlazó con la azul de Seto y la respiración se le fue. Jamás había visto a nadie más atractivo que el chico que ahora se encontraba frente a él mirándolo como nadie lo había hecho. Se sonrojó violentamente al verlo mojarse los labios con deseo y se sentó abruptamente en la banca.
'¡Guau! El perro sabe sonrojarse' –pensó Seto cínicamente, pero en realidad eso le pareció de lo más adorable, aunque jamás lo admitiría.
-Disculpa. Ocupé toda la banca –se disculpó Joey deprisa–. ¿Querías sentarte?
-Gracias –le contestó al tiempo que se colocaba junto a él–. ¿Cómo te llamas? –le preguntó sonriente.
-Joey… Joseph Wheeler en realidad –corrigió todavía cohibido.
-Mucho gusto, Joey –le tendió la mano–. Yo soy Seto Kaiba –y sujetó con suavidad, pero a la vez con firmeza, la endurecida mano del rubio.
-¿¡Kaiba!? –preguntó alucinado–. ¿¡Eres pariente de Gozaburo Kaiba!?
-Soy su hijastro –le contestó algo sorprendido porque conociera algo sobre su padre adoptivo, pero casi enseguida se dijo que era un tonto–. '¡Pero por supuesto que sabe quién es Gozaburo! Él es prácticamente el dueño de la ciudad'
-¿Y qué haces por aquí?
Joey trató de rescatar su mano que había quedado olvidada en la de Seto, pero el joven de ojos azules no le permitió retirarla.
-Salí a dar una vuelta… como tú –le contestó Seto con una sonrisa que muy a su pesar brotó sola de sus labios.
-Qué bien –intentó una vez más rescatar su mano, pero luego la dejó ahí… ¡se sentía tan increíblemente bien!
-¿Quieres ir a tomar un café conmigo? –lo invitó.
-¿Un… café? –musitó alucinado.
¿Qué era lo que pasaba ahí? Se preguntó Joey. ¿Por qué el hijo del mayor magnate de la ciudad invitaba a un perfecto extraño a tomar un café?
-Sí. Es un líquido caliente al que le pones azúcar y puedes acompañarlo con panecillos –le informó Seto en tono divertido.
-Sé lo que es un café –Joey volvió a sonrojarse–. Es sólo que… –se interrumpió al no saber cómo continuar para no parecer grosero.
-¿Quieres saber por qué te estoy invitando? –el rubio movió afirmativamente la cabeza–. Bueno, te vi venir y me pareciste… muy atractivo –le dijo en tono sensual
Seto había viajado en el tiempo exclusivamente con el propósito de conquistar y enamorar a Joey Wheeler y así evitar que hiciera amistad con Tristán, Yugi y Tea. Su instinto le decía que el rubio era el pilar de esa alianza y sin él, los otros no tendrían la misma fuerza. Y si en el proceso lograba destrozar su corazón, lo consideraría un bono extra. Por un momento consideró que estaba yendo demasiado aprisa, pero al ver la innegable turbación del rubio ante su invitación supo que iba por buen camino. Estaba totalmente seguro de que Joey jamás había tenido novia o novio y que alguien de su categoría se rebajara a mirarlo con deseo, sería más que suficiente para tenerlo comiendo de su mano en un par de días a lo sumo.
-¿A-atractivo? –musitó Joey todavía sin creer lo que sus oídos habían escuchado.
-Muy, muy atractivo –Seto volvió a mojarse los labios, pero ahora intencionalmente y se felicitó al sentir como un temblor recorrió por completo el cuerpo del chico–. ¿Entonces me acompañas?
-C-l-a-r-o –aceptó el rubio sintiendo que acababan de lanzarlo a la nube más alta.
Permitió que Seto entrelazara sus dedos con los de él y se dejó conducir a la cafetería más cercana. Entró al lugar caminando en medio de algodones y se sentó frente al chico de ojos azules que no dejaba de mirarlo con admiración. Joey estaba que no se creía lo que estaba sucediendo y pensó que eso era un sueño… un sueño del que no quería despertar. Aprovechando que Seto se dirigía a la mesera para pedirle el café, se pellizcó discretamente una pierna para verificar que estaba despierto y sonrió feliz cuando sintió un moderado dolor.
-Y dime, Joseph Wheeler… ¿qué haces cuando no estás caminando por las calles deslumbrando a todos con tu belleza? –preguntó Seto melosamente cuando la mesera se alejó con la orden.
-No digas eso –el rubio volvió a sonrojarse y Seto apenas se aguantó las ganas de reír.
'¡El muy imbécil se lo creyó! ¡No puede ser!' –pensó cínicamente.
-Estoy en mi descanso y salí a tomar algo de sol –le contestó el rubio todavía cohibido.
-¿Y en qué trabajas? –volvió a capturar las manos del chico y las apretó afectuosamente.
-En una panadería y en una vidriería. Por eso tengo las manos tan maltratadas –trató de retirarlas, pero Seto las sujetó con más firmeza.
-Estas manos no deberían hacer ese tipo de cosas –las acercó a su labios y depositó un beso en ellas que provocó un nuevo estremecimiento en Joey–. Están hechas para el amor y no deberías utilizarlas más que para eso –volvió a besarlas, pero ahora con más intensidad.
-Seto –susurró Joey en un ahogado gemido y los ojos azules de inmediato se clavaron en los cafés que lo miraban arrobados.
Por increíble que pareciera, la forma en que el rubio pronunció su nombre bastó para que su corazón latiera como nunca lo había hecho. Le parecía totalmente estúpida su reacción, pero nuevamente se dijo que no era culpa suya, sino de sus hormonas que estaban totalmente trastornadas.
-Su café, jóvenes –les dijo la mesera con extrema diversión al verlos tomados de las manos.
Joey dejó que Seto lo liberará a pesar de que le habría gustado permanecer así por toda la eternidad. No sabía qué era lo que le pasaba, pero jamás había sentido algo semejante en toda su vida. El muchacho que estaba frente a él era increíblemente apuesto y sus ojos azules simplemente eran hermosos. Seto tenía una boca que se curvaba deliciosamente cuando sonreía y las cosas que le decía estaban enloqueciéndolo. Sabía que se estaba comportando tontamente porque no era ninguna virginal colegiala que se creía todo lo que le decían, pero su razonamiento estaba siendo opacado por su tonto corazón. Ese corazón que rebosaba de sueños románticos y cursis. Sueños en los que encontraba a un maravilloso chico con el cual viviría feliz por el resto de su vida. Desde siempre supo que le gustaban los de su mismo sexo, pero jamás se lo había dicho a nadie, ni siquiera a Serenity y por eso ahora estaba que no se creía lo que estaba pasando. Estaba consciente de que no era ningún galán y que de pronto apareciera un niño rico y se lo dijera, hacía que sus defensas saltaran de inmediato.
'¡Al diablo con las precauciones!' –se dijo Joey cuando Seto le envió un beso por encima de su taza de café–. 'Sé que esto no durará más allá de un buen revolcón, pero no me importa. Seto es increíblemente guapo y no me voy a quedar con las ganas de tenerlo aunque sea sólo una vez' –y le devolvió el beso.
'¡Maldita sea! ¡Maldita!' –se dijo Seto cuando su corazón volvió a acelerarse por el gesto del rubio–. '¿¡Por qué demonios el perro luce tan sensual cuando hace eso!?' –se preguntó enojado.
-¿Qué pasa? ¿Hice algo malo? –preguntó Joey asustado porque logró captar el enojo en las profundidades azules.
-Por supuesto que no –le dijo deprisa pues no quería perder el terreno que ya había ganado–. Es sólo que de pronto sentí coraje porque tus manos están tan maltratadas –y volvió a tomarlas–. ¿No podrías conseguir otro empleo menos… rudo?
-Mucho me temo que no –rió feliz al constatar que no había hecho mal a corresponderle el beso–. Aparte de que soy menor de edad y no puedo trabajar demasiadas horas, no tengo los estudios suficientes para aspirar a ser nada más que un obrero.
-¿Y por qué tienes que trabajar? ¿Acaso tus padres no te mantienen? –preguntó con el ceño fruncido.
-No, no lo hacen –se encogió de hombros con indiferencia–. Mi padre desapareció hace mucho tiempo y no hemos vuelto a saber de él. Mi mamá volvió a casarse y consideró que mi hermana y yo le estorbaríamos en su nuevo matrimonio. Se marchó al extranjero con su esposo y nos manda una mensualidad, pero nos alcanza sólo para comida y tenemos otros gastos –acabó diciendo mientras recordaba la operación que debían hacerle a Serenity.
-Déjame ayudarte –ofreció Seto sorprendiéndolo hasta a él mismo.
Todo lo que le había dicho Joey no lo sabía a pesar de que lo había investigado. Tenía conocimiento de la operación de su hermana porque Yugi la financió con el dinero que ganó en el torneo que organizó Pegasus, pero si las cosas marchaban como quería, el muchacho bajito jamás participaría en ese torneo y por lo tanto no obtendría ese dinero y tampoco se llevaría a cabo esa operación. Los aborrecía a todos, pero eso no quería decir que fuera un desalmado sin conciencia y esa chica no tenía la culpa de ser la hermana del muchacho al que despreciaba profundamente.
-¡Por supuesto que no! –Joey rescató sus manos de un tirón.
-¿Por qué no? –preguntó alucinado porque pensó que el rubio aceptaría gustoso su oferta.
-En primer lugar porque acabamos de conocernos y segundo porque no acostumbro a aceptar limosnas –levantó la barbilla con orgullo–. Hasta este momento mi hermana y yo hemos salido adelante sin ayuda y así seguiremos.
-No seas tonto, Joey –lo miró enojado–. Lo que te estoy ofreciendo no es una limosna. Será muy difícil que logres reunir todo ese dinero para la operación de tu hermana y sabes que es importante que se la hagas lo más pronto posible. Además, podrías considerarlo un…
Seto calló porque en ese momento Joey se levantó de un salto y se le quedó mirando con los ojos encendidos.
-¿Cómo sabes que mi hermana necesita operarse? –preguntó con sumo recelo.
El muchacho de ojos azules se pateó mentalmente porque había cometido un error infantil. Se suponía que acababa de conocer a Joey y al mencionar la operación de su hermana, había echado todo a perder. Pensó con rapidez como enmendar su terrible equivocación.
-Está bien, lo acepto. Ya me descubriste –suspiró exageradamente–. Siéntate y te lo explicaré todo –le pidió con calma, pero el otro continuó de pie–. Siéntate, por favor –suplicó y al fin el rubio lo obedeció–. Hoy no fue la primera vez que te vi –comenzó a inventar–. Hace tiempo que te conozco, pero no me había atrevido a abordarte sino hasta ahora. Me gustaste desde el mismo instante en que te conocí, pero como comprenderás debo tener mucho cuidado con las personas con las que me relaciono. Tuve que investigarte antes de acercarme a ti, sólo para asegurarme que no eras un delincuente. Mi padre jamás me perdonaría que me involucrara con alguien de mala reputación –buscó las manos del otro, pero esta vez no le fue posible capturarlas–. Debes creerme, Joey –suplicó tratando de poner en su expresión una profunda sinceridad.
Joey se quedó callado sopesando las palabras del millonario. Obviamente no estaba seguro de lo que decía, pero finalmente capituló ante la expresión de Seto. No creía que estuviera fingiendo su interés por él y al final y al cabo era comprensible que lo hubiera investigado. Era de conocimiento público que la fortuna de los Kaiba era inmensa y seguramente eso era lo que siempre hacían cuando decidían involucrarse con alguien.
-¿Desde cuándo me conoces? –preguntó Joey un poco más tranquilo.
-Desde hace una semana –le contestó Seto sin titubear–. Acerté a pasar por aquí cuando salías a tomar tu descanso y te juro que me quedé prendado de ti –esta vez sí pudo capturar las blancas manos–. Te juro que me pareciste un ángel rubio caído del cielo.
-Exageras –musitó sonrojándose porque ya sus defensas había caído nuevamente.
-Por supuesto que no –sonrió con complacencia pues sabía que otra vez tenía al rubio donde quería–. Sé que sabes que eres extraordinariamente atractivo y… deseable –otro beso volvió a posarse en las temblorosas manos de Joey.
Joey Wheeler volvió a volar ante las palabras cariñosas de Seto y también por los continuos besos que depositaba en su piel. Esos labios eran extraordinariamente suaves y para cuando salieron del café ya se estaba muriendo de ganas porque lo besara. Como había sucedido con anterioridad, no opuso ninguna resistencia a que Seto lo tomara de la mano y lo condujera de nuevo hasta el parque. El rubio estaba consciente de que su descanso había terminado desde hacía mucho tiempo, pero simplemente no quería separarse del millonario.
-Ya… ya… tengo que irme –musitó Joey después de haberse contemplado en las profundidades azules de Seto una eternidad.
-Cuídate, Joey –le dijo Seto al tiempo que deslizaba el dedo índice por la sonrojada mejilla.
-Adiós –le contestó desilusionado porque el otro no hizo el menor intento por besarlo.
Joey se separó de Seto a regañadientes y comenzó a caminar. Se había alejado apenas unos cuantos metros cuando se giró bruscamente. Repentinamente supo que no podía marcharse sin conocer el sabor de los labios de Seto, pero se desconcertó al ya no verlo. Miró hacia todos lados, pero el muchacho de ojos azules ya no estaba a la vista. Suspiró derrotado y regresó a la panadería arrastrando los pies. Lo que le había pasado jamás lo habría imaginado, pero lo peor o mejor de todo es que algo había pasado en su corazón. Le parecía totalmente estúpido sentir que se había enamorado de ese niño rico tras apenas haberlo conocido, pero estúpido o no, era la verdad. Su corazón latía como nunca de sólo recordar su imagen y sus manos se humedecían de nervios la recordar sus palabras. Aún no estaba totalmente seguro de si habían sido sinceras, pero no importaba. Lo importante es que a él así le parecieron y estaba dispuesto a arriesgarse a tener algo con ese muchacho. Su mente, que aún trataba de razonar, le decía que no fuera tonto y que entendiera por completo esa situación antes de aventarse de cabeza en una relación que lo único que lograría sería romperle el corazón. Seto Kaiba nadaba en dinero y conocía muchísima gente más atractiva e interesante que él. Obviamente no se le acercó para tener una relación duradera. Lo había visto, lo deseó, lo investigó y lo abordó para pasar un buen rato con él y ésa era la única realidad. Debía estar completamente consciente de todo esto si no quería terminar llorando.
'¡No me importa! ¡No me importa!' –se dijo Joey con seguridad una vez que estaba nuevamente haciendo su trabajo–. '¡Cualquier riesgo vale la pena si al menos consigo que me bese una vez!'
Y ya con la decisión tomada, siguió trabajando con una sonrisa en los labios hasta que dio la hora de salir.
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Continuará….
