Disclaimer: Los personajes de The rise of the guardians (El origen de los guardianes) pertenece rigurosamente a Dreamworks. Película basada en la serie de libros de William Joyce, 'The Guardians of Childhood' (Los Guardianes de la Infancia). Este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.
Personajes: Bunnymund, Jack Frost, Toothiana, North, Sandman.
Aclaraciones y Advertencia: Este fic contiene YAOI, humor, Lemon, fantasía y lo que se me vaya ocurriendo, kesesesese.
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El origen de los guardianes: Las crónicas de la muerte
El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados.
Jean Paul (1763-1825) Escritor y humorista alemán.
Capítulo 2.- Problemas
—Jack, ven conmigo, hay algo que me gustaría mostrarte —el guardián de la diversión asintió dejándose llevar por Muerte quien lo condujo fuera del salón; caminaron entre pasillos oscuros y aterradores hasta que se detuvieron frente a una gran puerta blanca que contrastaba con las demás.
Jack paso saliva, temeroso de lo que hubiese dentro.
—Espero te guste —dijo Muerte y abrió la puerta, la luz que salió de dentro cegó a Jack por unos momentos antes de que pudiera ver el interior.
—¡Es hermoso! —exclamó Jack entrando a la habitación.
Jack estaba asombrado; se encontraban en un paisaje nevado, los árboles eran de hielo y la luz que se reflejaba entre ellos se rompía en toda clase formas y colores. A lo lejos parecía haber un pequeño poblado habitado por muñecos de nueve vivientes.
—Este es mi gran tesoro —dijo Muerte. Jack lo miró dándose cuenta que la oscura figura había sido reemplazada por un joven de piel grisácea, largos cabellos oscuros y ojos violeta.
—Muerte… —el aludido sonrió ocasionando un sonrojo en el guardián de la diversión. Y es que aquel hombre era hermoso con ese rostro perfecto enmarcando unos ojos violetas y ese cuerpo bien formado oculto bajo un traje oscuro que lo hacía lucir como a un ejecutivo de alto nivel.
—Tú eres el primero que ha visto este lugar y a mí de esta manera, Jack —dijo Muerte mirándolo de frente.
—¿Por qué? —preguntó Frost confundido. Muerte dio un suspiro, se sentó en la nieve y le indicó a Jack que hiciera lo mismo, el joven obedeció.
El paisaje nevado cambio por uno otoñal; frente a la pareja apareció un joven con la apariencia de Muerte, se encontraba en el suelo, su tobillo atrapado en una trampa pero aun así no parecía dolerle, más bien estaba enojado consigo mismo por haber caído en esa ridícula trampa humana. Un niño se acercó él, tenía apenas ocho años.
—Muerte… —dijo Jack, el infante se le hacía conocido. El aludido sólo le hizo una señal para que continuara observando. El guardián de la diversión, regresó nuevamente la mirada.
El niño le quitó la trampa al joven que lo miraba con odio, casi como si estuviera a punto de matarlo; pero el infante, lejos de asustarse, le sonrió y ayudó.
—En aquel tiempo, yo odiaba a los humanos —admitió Muerte —, siempre acabando con la vida ajena, denigrando a sus iguales. Creía que los mortales sólo se preocupaban por ellos mismo, pero, ahí estabas tú, un infante, tendiéndole la mano a alguien que lucía tan… amenazador como yo… —Jack lo miró confundido, él no recordaba haber conocido a Muerte.
—Yo, no recuerdo… lo siento.
Muerte le sonrió antes de besarlo en la frente, ocasionando un fuerte sonrojo en Jack.
—Está bien. Los mortales sólo pueden verme en los últimos momentos de su vida, que alguien, cuyo reloj aún este casi completo, por eso debí borrarte la memoria, Jack.
Muerte se puso de pie, le ofreció su mano al guardián de la diversión para que se incorporara.
—Es hora de regresar, no me gustaría que mi hermana entrara y descubriera lo que guardo en este lugar; es mi tesoro, sólo puede ser visto por ti, Jack —sonrojarse se estaba volviendo costumbre estando al lado de Muerte.
Regresaron a la fiesta; Bunnymund y la marmota estaban completamente ebrios y discutían por cosas sin importancia, North, Tooth y Meme se encontraban junto a Vida y a un hombre anciano, degustando algunos bocadillos. Cuando los segadores se percataron del regreso de su señor, subieron a una tarima que acababan de crear y llamaron la atención de los presentes.
—¡Hola gente! —dijo una niña de aproximadamente diez años; sus ojos eran blancos al igual que sus cabellos, usaba un vestido victoriano de color negro. —Primero que nada, queremos agradecerles, en nombre de nuestro señor, el haber asistido a esta fiesta, a pesar de haber recibido la invitación, a penas ayer.
—¡Así que disfruten del espectáculo! —agregó Andras.
Un tercer segador hizo una reverencia, tenía la apariencia de una adolecente. Una orquesta de esqueletos apareció al tiempo que los dos primeros segadores se iban a sentar junto con sus amigos.
—Espero les agrade mi humilde canción —dijo la segadora, hizo un señal y la banda comenzó a tocar.
Débil mortal no te asuste
mi oscuridad ni mi nombre;
en mi seno encuentra el hombre
un término a su pesar.
Yo, compasiva, te ofrezco
lejos del mundo un asilo,
donde a mi sombra tranquilo
para siempre duerma en paz.
La voz del segador era sombría pero al mismo tiempo dulce. Jack cerró los ojos para poder concentrarse más en la canción pero tiene que abrirlos de nuevo al sentir la mano de Muerte apretando la suya. Sonrió; siente que su corazón se acelera y una sensación cálida se apodera de su pecho, por alguna extraña razón, le ha estado sucediendo demasiado últimamente, ¿acaso tendrá alguna enfermedad?
Aplausos, Jack se sobresaltó, al parecer la canción a terminado y la joven segadora esta agradeciendo las alabanzas de su público. El guardián de la diversión imita a los demás, pues aunque sólo fue capaz de escuchar la primera parte, le parecía muy hermosa y de alguna forma supo que la canción era en honor a Muerte.
El Hada Madrina tomó el lugar de la segadora. Jack la contempló, era muy distinta a Toothiana, usaba un largo vestido azul y sus alas eran más parecidas a las de una mariposa, aunque semi trasparentes, sostenía una barita de cristal que al moverla, dejaba escapar una estela de luz.
—Bueno, primero que nada; Muerte, querido, me alegra que este año decidieras salir de tu depresión habitual de esta época —Jack observó a su amigo, no era la primera vez que escuchaba que Muerte se deprimía en estas fechas, ¿pero porque? —… Espero les guste mi regalo.
El hada agitó su varita, preparada para lanzar un hechizo, pero justo en el momento en que iba a hacerlo, un objeto desconocido impactó contra ella; un conjuro escapó de la varita revotando contra las paredes, el piso, las mesas. Los invitados se habían resguardado lo mejor que pudieron.
Muerte se encontraba encima de Jack para protegerlo del hechizo; agradecía internamente ser tan grande, pues de esta forma podía cubrir completamente al guardián de la diversión.
Un gritó ahogado y otro de exclamación. Silencio.
Todos levantaron la mirada; todos se encontraban en shock, de repente, los gritos de parte de las féminas del lugar. Muerte cubrió los ojos de Jack y los segadores varones hicieron lo mismo con sus compañeras y con los más jóvenes.
Un hombre alto y musculoso se encontraba de pie junto a una aterrada marmota. Tenía los cabellos grises amarrados en una coleta baja que le llegaba casi a la cadera, sus brazos y frente estaban marcados con extraños tatuajes, iguales a los de….
—¿Aster? —exclamó North mirando al hombre que estaba completamente desnudo. El aludido parecía estar en shock, pues no se había movido ni un milímetro, ni siquiera parpadeaba.
—¡Oh, cariño! —dijo el Hada Madrina cubriéndose la boca con ambas manos, se sentía tan culpable de lo sucedido.
Muerte se acercó al ex conejo y lo cubrió con uno de los manteles, lo guio fuera del salón y ordenó a sus segadores que hicieran lo posible por recuperar el ambiente alegre, pero no se esperaba que el resto de los guardianes y la misma Hada Madrina los siguieran. El dueño del castillo los condujo hasta una de las habitaciones, en ella se encontraba una mujer con rasgos de araña que estaba tejiendo.
—Mi señor —dijo la fémina dejando su trabajo casi compulsivo para presentar sus respetos a Muerte, después se fijó en Jack y sonrió —. Te ha sentado justo como me imagine.
—Aracne, necesito que le des algo de ropa —dijo Muerte empujando ligeramente a Aster para que fuera con la mujer. —Necesitamos una explicación —agregó mirando al Hada Madrina quien bajó la mirada y negó con la cabeza.
—¿Puede regresar al canguro a la normalidad? —preguntó Jack, preocupado.
—En verdad quisiera cariño, pero no puedo —el Hada mostró su varita, ahora rota por la mitad.
—¿No tienes otra? —el hada madrina miró a Jack ofendida.
—¿Tú tienes otro cayado? —preguntó alzando la nariz. —Mi varita es única, no puede ser reemplazada.
—¿Cuánto tiempo demoraras en repararla? —preguntó Muerte para evitar que siguiera reprendiendo a Jack.
El Hada se cruzó de brazos; como si reparar su varita fuese tan fácil, hacía falta un montón de ingredientes y la intervención de Hombre de la luna.
Bunnymund regresó ya vestido; el conejo estaba hecho una feria, gritaba que mataría a la comadreja pues él había tenido la culpa de lo sucedido.
Resultó que Aster y la comadreja habían comenzado una pelea, primero verbal a causa de lo borrachos que estaban, pero que en algún momento terminaron por lanzarse cosas y uno de esos objetos había impactado en el Hada Madrina, rompiendo su varita y causando todo ese desastre.
Jack observó al ex conejo, lucia tan bien con ese pantalón gris ajustado, su pecho estaba desnudo, un grueso trozo de cuero pasaba de su hombro derecho a su costado izquierdo por donde se sujetaban sus armas. Lo único que aún conservaba de su aspecto anterior eran sus largas orejas, que por alguna razón lo hacían ver adorable y masculino al mismo tiempo.
Los pensamientos de Jack fueron interrumpidos bruscamente; Aster había tomado al Hada Madrina y la agitaba violentamente, exigiéndole regresarlo a la normalidad, pero por suerte Muerte y North lograron separarlo de la pobre mujer.
—Es suficiente, Wanda no tiene la culpa de tu estado, Aster —dijo Muerte en tono serio, lo que ocasionó que luciera más aterrador de lo normal. —Arman y tú son los únicos respóndales, fueron sus acciones las que te metieron en el lio en el que te encuentras ahora.
—Escucha compañero, esto no es tu problema —siseo Aster —, ¿Por qué no te quedas encerrado en una de tus lúgubres habitaciones a lamentarte por perder contra Moony? —eso era el colmo, Muerte estuvo a punto de mandarlo al peor de los infiernos, pero Jack se interpuso entre ambos.
—No es el momento para pelear, debemos encontrar alguna forma para que Aster recupere su verdadera forma.
Muerte dio un largo suspiro, de no ser por Jack, estaba seguro que dejaría que el conejo sufriera, al fin y al cabo no era su problema.
—¿Qué necesitas para reparar tu varita, Wanda? —le preguntó al hada. La aludida hizo una lista y se la entregó a Muerte. —Bien, pondré a mis mejores segadores a tu disposición, mientras tanto, sería conveniente que el conejo regrese a su casa.
—Ni quien quiera permanecer en este lugar —dijo Aster en tono burlón.
Muerte estuvo a punto de contestarle, pero no lo hizo, después de todo no quería rebajarse al mismo nivel que Bunny, al menos no frente a Jack.
—Bueno… —dijo North rompiendo la tensión que se había formado —creo que es mejor que nos vayamos.
—Sí, tienes razón —agregó Tooth.
Muerte asintió con la cabeza, triste por no poder pasar más tiempo con Jack, pero ya se las arreglaría para ir a verlo.
Continuará…
