NO AUTORIZO LA COPIA DE ÉSTE FIC. CUALQUIER DUPLICADO DE LA NOVELA ES UN PLAGIO.
Historia desde el punto de vista de Emmett.
Me encontraba en la habitación, una semana después de mi transformación en vampiro. ¿Vampiro? Aún no me lo creía, era como un sueño, aunque desde que ella se fue, parecía una pesadilla. Sí, Rosalie, el ángel que me salvó, se fue aquella tarde con Edward, quien sabe dónde. Simplemente se la llevó, y entre la sed que me atormentaba cada media hora, y las explicaciones eternas de Carlisle, nunca pude averiguar realmente si volvería a ver su rostro alguna vez. ¿Podría?
Todo parecía indicar que no.
No podía dormir, ni tener un estado de inconciencia que me permitiese olvidar el rostro del ángel, que parecía tan nítido en comparación con mis borrosos recuerdos humanos. Mi madre, mi padre, quienes vivían al otro lado de la ciudad, de donde yo mismo salí hace dos años al cumplir la mayoría de edad, buscando mi independencia. Intenté capturar en mi mente algún momento fresco de mis últimos días como humano, y siempre me encontraba con paradojas que hacían a mi mente trabajar más de lo que había hecho en dos décadas. Por ejemplo, cuando pensaba en comida, calculé cuánto tiempo desperdicié en tragar, trabajar para comprar el pan, nada asemejado al mínimo tiempo que me tardaba en saciar mi sed ahora como vampiro. ¡Eran tan absurdas las necesidades humanas! Y aunque en parte odiaba no poder dormir para tener un segundo de inconciencia, no podía negar que el hecho de tener las 24 horas del día a mi total disponibilidad era grato. Podía hacer lo que yo quisiera, hasta que la sed me limitaba, claro.
—¿Cuándo, Carlisle? ¿Cuándo podré visitar alguna ciudad, o ver más personas? —le preguntaba al doctor, mientras caminábamos hacia la alejada casa luego de saciar nuestra sed, otra vez.
—Falta mucho tiempo, Emmett, no te impacientes.
—¡No me impaciento! —alcé la voz, arrepintiéndome en el acto. No quería parecer rudo, pero mis emociones se alteraban con facilidad.
Carlisle me dio una mirada, repitiendo nuevamente que era todo cuestión de tiempo. Pero yo no quería más tiempo. No quería pasar más días intentado calmar una sed que jamás se iría, o comprendiendo este nuevo mundo que se presentaba ante mí, ni siquiera quería atenerme a las reglas. ¿Cuál era el punto de una eternidad si debía estar limitado? Y peor aún… ¿para qué vivir mil años, si el único recuerdo de una mujer que tenía, ni siquiera me pertenecía?
Podría escaparme, claro. Era fuerte, y lo deduje sin necesidad de que Carlisle me explicara. Probablemente era una información demasiado peligrosa para mí, y ahora entendía el por qué.
Tenía el mundo en mis manos.
Podía hacer y deshacer, adquirir riquezas, llenarme de poder, saciarme de cuanta sangre quisiera, y no animal; de verdad apagar el fuego. Claro que podía, y ni los Vulturis podrían pararme. ¿Un puñado de ancianos inmortales con aires de grandeza? No, ni de broma frenarían mi poder.
Sentí la adrenalina formándose poco a poco en mi ser, y cómo un nuevo futuro se abría paso ante mis ojos, y ¡al carajo Rosalie Hale! Podría tener miles como ella. Miles de ángeles a mi alrededor. No la necesitaba…
Esa misma noche empaqué en silencio, nada que fuese demasiado hostigoso para un viaje, ni que llamara la atención de Carlisle o Esme. Podría adquirir todo luego, en un continente diferente, lejos de ésta prisión. Pero ahora, ¿cómo podría escapar sin ser escuchado?
El cuarto que me habían asignado estaba a dos habitaciones del doctor y su esposa, pero aquello no era motivo para no escuchar cada movimiento mío. Me paseé de un lado a otro, aclarando mis ideas. Provocar algún ruido era lo más lógico en mi cabeza, pero ¿dónde?
El radio.
Bajé con premura las escaleras y encontré el aparato junto a la chimenea, y casi podía ver un aura iluminándolo, como mi única salvación. Reí ante aquel pensamiento. Sentí como Carlisle y Esme prestaban atención a mis movimientos desde su habitación.
—Sólo pondré un poco de música. —Hablé en tono normal, sabiendo que sería escuchado.
—Adelante, Emmett. —Esme respondió con suavidad.
En cuanto encendí el radio, una música alegre resonó en la casa, y con pasos ligeros me moví alrededor, sólo para ver si captaban mi intención; pero nada. Seguían en la habitación y supe que era el momento de escabullirme de allí, dando un paso a la vez desde mi posición hasta la puerta de salida. Allá afuera podía arreglármelas mejor.
Paso a paso me moví, atento al son de la música predecible, y sincronizándome con ella. Aún no había nada que pudiera detenerme, ni nadie. Concentrado en no hacer ningún movimiento sobre humano, llegué al picaporte de la puerta y lo giré levemente hasta que el seguro se corrió. Pero no contaba con lo que me encontraría del otro lado, ni de los sucesos poco favorables a continuación.
Una brisa nocturna empeoró el aroma de aquel hombre que iba a tocar la puerta, buscando quien sabe qué cosa, y maldita sea, se interpuso en mi conciencia. Lo próximo que sentí fue el ardor de mi garganta acrecentarse el doble, el triple… No tenía sentido nada, ni dominar el mundo, ni las riquezas, no podía enfrentarme a aquello solo, si tenía ésta delicia por probar.
Ni una palabra alcanzó a salir de la boca de aquel hombre, cuando mi puño lo tomó de la camisa, y acerqué su cuello a mi boca, ignorando sus gritos molestosos, y su fuerza ejercida sobre mi, inútilmente. No tuve la piedad de romper su cuello o partirle el cráneo, simplemente quería aquel flujo rojo en mi garganta… ¡Ya!
Mis dientes cruzaron la barrera de su piel como una nube, sin ningún obstáculo, sintiendo las primeras gotas derramarse entre mis labios… Quería más. Y lo obtuve. Fue mucho más sencillo que un venado, mil veces más satisfactorio que la sangre animal. Cuando el primer litro o dos, entró en mi cuerpo inmortal, no podía pensar en nada más, ni razonar. Quizás por eso apenas sentí los brazos de Carlisle y Esme soltándome de aquel hombre, pero lo apreté contra mí, sintiendo levemente como algunos de sus huesos se rompían en mi abrazo, y como la sangre terminaba de drenarse en mi boca. Nada más quedaba para succionar, pero mi boca seguía pidiendo por más.
Noté como su cuello estaba totalmente destrozado, y el cuerpo se deshizo entre mis brazos, cayendo sin forma, dislocado… Carlisle y Esme ya no me detenían. Miré mis manos empuñadas, y me odié, aunque parte de mí no se arrepentía, pues el ardor de mi garganta había desaparecido totalmente. ¿A cambio de qué? De la vida de éste hombre.
Alcé la vista para encontrarme con el ángel. Ella había vuelto.
Y tuve que comprender, bajo su mirada acusadora, con el cadáver en mis pies, y el remordimiento en mi pecho, que no podía conquistar el mundo, si apenas podía salir de casa sin perder el control. No podía liderar un mundo de hombres si ante el primero, perdía la conciencia, y me dejaba llevar por el instinto del vampiro que ahora era. Y sobre todo, no podía tener miles de ángeles más a mí alrededor, cuando Rosalie Hale podía proclamarse como la única con solo su presencia.
No tenía el mundo a mis pies. Yo estaba a su merced.
Respuestas a Reviews de Guest.
Aura: La reacción de Rosalie fue muy extraña ya que Emmett recién había despertado de su transformación, y la historia está narrada desde su punto.
Rosalie Hale: Así es. Rosalie está con Edward, lo cual hará más difícil a Emmett enamorarla.
ACTUALIZACIÓN CADA LUNES.
N/A: Respondo todos los reviews. Los Guests los respondo en el próximo capítulo.
No olviden entrar en mi perfil de fanfiction y así direccionarse a mi cuenta de Facebook, donde subiré fotos de la novela.
Gracias por leer.
