La caléndula

Todos los dioses disfrutaban de aquella velada, esperando con ansias conocer a quien gobernaría la Tierra de los Recordados.

Uno de ellos no disfrutaba tanto el motivo de la celebración, aquel dios que gobernaba la Tierra de los Olvidados solamente se paseaba por todo el salón mostrando desinterés ante todo.

-Oye Xibalba, ¿Por qué la cara larga? Deberías alegrarte en este día de celebración-

-Detesto todo esto y te culpo a ti Hombre de Cera por hacer que fueran dos reinos- refunfuño Xibalba.

-La culpa no es mía, todo se creó para llevar un perfecto equilibrio en la vida después de la muerte-

Xibalba rodó los ojos ante sus palabras y se alejó de él. Caminando por el salón se tropieza con una joven diosa de cabello oscuro adornado con plumas y piedras preciosas, piel blanca, con un rostro decorado con maquillaje oscuro y plateado. Su vestido color azul marino era tan largo que le tapaba las piernas decorada con algunas calaveras, lucia una capa oscura que le salía pequeños resplandores de plata. Xibalba al verla no dejaba de sorprenderle la belleza que esta emanaba.

-Mil disculpas.

-No hay problema, aunque me agrada haberlo hecho- expresó Xibalba

Aquella diosa lo miraba de una manera tierna y apasionada. Xibalba estaba encantado con aquella mirada, no podía dejar de quitarle los ojos de encima, jamás la había visto en su vida ya que no visitaba los otros reinos y ella parecía ser muy joven, no tenía el aspecto de los otros dioses, como si fuera una recién llegada a ese mundo de seres poderosos.

-Mi nombre es Xibalba- se presentó el dios hecho de alquitrán extendiendo su mano.

-Soy La Noche- respondió ella estrechando su mano- Sabes, eres el primero con quien entablo conversación, no conozco a ninguno de los dioses. Las ocupaciones de mi reino son más importantes para mí que estas formalidades-

-Pienso igual que tu.

Durante la velada, Xibalba y La Noche fueron conversando hasta lograrse conocer, tenían algunas cosas en común, además, disfrutaban de la compañía del otro, eran como si fueran dos gotas de agua en algunos aspectos de su personalidad. Hubo un momento en que ella solo se reía y no le traía importancia a lo que Xibalba decía, incluso decía que le simpatizaba mucho pero que ya se aburría de la conversación.

-Discúlpame unos momentos- murmuró Xibalba en un tono de cortesía.

Xibalba se separó de La Noche. Era la primera vez para Xibalba que entablaba conversación con una mujer y no sabía que más hacer, le agradaba su compañía pero deseaba agradarle aún mas y a este paso parecía que la atención de La Noche hacia él no llevaría a mas allá de la reunión, que solo fuera de una sola vez en la vida, por eso fue pensando en que hacer, no simplemente estar con ella como si estuviera en una tertulia. Así que se paseo por todo el salón en busca de que hacer con La Noche desesperado por ella. Estaba por darse por vencido, hasta que de repente, se le ocurrió una idea. Fue a ver a Xochiquétzal a decirle, o más bien, suplicarle algún consejo para tratar a la diosa que tanto añoraba.

-Las flores es una de las cosas que adoramos las mujeres incluso las diosas. Hay algunas afuera-

Sin decir gracias, Xibalba se fue hacia afuera donde había un hermoso jardín con varios arbustos y árboles alrededor que flotaban en pequeñas plataformas hasta juntarse formando un hermoso suelo. Varias flores podían verse alrededor, y Xibalba noto una en particular que sería la ideal: una caléndula amarilla. Era perfecta, pensaba Xibalba, se agacho para recogerla.

Al arrancar la flor no se percato si no hasta minutos después que había una pequeña mano sosteniendo aquella caléndula casi entrelazando su mano contra la suya. Él se quedó con la boca abierta al ver a la dueña de esa mano: una mujer de piel blanca, con cabello negro, maquillaje de varios colores decorando su rostro con detalles en sus ojos de color azul y amarillo, tenía unos ojos amarillos que brillaban intensamente. Llevaba puesto un largo vestido rojo decorado con flores y calaveras. Lo que más le asombraba era el parecido familiar que tenía con La Noche.

-Lo siento- la diosa soltó la caléndula muy apenada por lo sucedido- No me di cuenta que la tenías-.

Su voz sonaba tan dulce y cálida, algo distinta a La Noche, esa voz hizo sentir extrañas sensaciones en Xibalba dentro de su ser. Mientras tanto, la diosa se agachaba al suelo tomando otra caléndula.

-Las caléndulas son mis flores favoritas- comento la diosa colocándosela en su hermoso cabello negro.

Xibalba aún impactado, extendió su mano con la caléndula que tenia hacia la diosa.

-Para ti.

-¿Estas seguro? ¿No ibas a dárselo a una dama en especial?-

-Yo puedo arrancar otra.

La diosa tomo la caléndula rozando sus dedos con los de Xibalba, causándole un escalofrío por todo el brazo. Esa sonrisa que le propino hicieron brillar los ojos del gobernante de la Tierra de los Olvidados, nunca antes en su vida había visto una sonrisa como esa en su vida, llena de calidez, ternura y dulzura mezcladas todas juntas; entonces, ella se coloco la caléndula del otro lado de su cabello dejándola aún mas hermosa de lo que era, al menos así lo pensaba Xibalba que no podía dejar de mirar aquel rostro blanco.

-Soy La Catrina- dijo ella extendiendo su mano hacia Xibalba.

Xibalba reacciono rápidamente ante la acción dándole un apretón de mano a La Catrina- Xibalba-

-Un placer conocerte Xibalba.

Los minutos en silencio parecían eternos, hasta que La Catrina escuchó su nombre adentro del palacio, se excusó con Xibalba y se fue. Cuando ella se marchó, Xibalba aludió al motivo de su estadía en el jardín, así que tomo rápidamente la primera flor que encontró en un arbusto y volvió a entrar. Por la prisa y la distracción en su mente, no se fijo en que flor había arrancado.

Caminó por todo el salón hasta volver a encontrarse con La Noche la cual se hallaba en la esquina inferior del salón charlando con otros dioses.

-Creí que te habrías ido sin despedirte-

-Solo fui a buscarte esto- y extendió su mano mostrándole a La Noche una rosa roja.

La Noche quedó tan encantada por la rosa que le ofreció Xibalba que le dio un beso en la mejilla dejándolo paralizado del asombro.

-Oh mira- soltó La Noche- Hay viene mi hermana-.

Hacia ellos se iba acercando La Catrina, cuando estuvo cerca de ambos, abrazo a La Noche tiernamente. Justamente cuando ella comenzó a hablar Xibalba salió de su trance, desconcertado por la circunstancia reveladora.

«Hermanas, eso explica el parecido» pensó Xibalba observando a La Catrina y La Noche.

-Hermana, te presento a Xibalba.

-Ya habíamos tenido el gusto de conocernos- afirmó La Catrina.

De repente, aparece el Hombre de Cera felizmente haciendo reír a las diosas y a Xibalba lo hacía molestar.

-La Catrina, allí estas, ya es hora-

-Ahí voy. Si me disculpan-

Y se fue alejando de ellos siguiendo al Hombre de Cera. Xibalba no comprendía que estaba pasando, y cuando le preguntó a La Noche ella simplemente le dijo que no debía decir palabra alguna.

Un pequeño ruido llamó la atención de todos los dioses, el Hombre de Cera estaba encima de un podio flotando en medio del salón junto a su Libro de la Vida.

-Muy bien, todos pongan atención, finalmente ha llegado el momento de anunciarles quien reinara la Tierra de los Recordados. Saluden todos a La Catrina-

El gobernante de la Tierra de los Olvidados estaba tan sorprendido que se quedó con la boca bien abierta. No podía creerlo ¿Aquella mujer gobernaría la Tierra de los Recordados?

-¿No es sorprendente? Ella visitaba en secreto el mundo de los mortales y no paraba de hablarme de lo interesantes que eran- comentó La Noche- Y ahora la eligieron para gobernar la Tierra de los Recordados, está tan encantada con la idea-

Xibalba estaba como estatua, se hubiera quedado así de no ser por que una voz masculina lo saco del trance dándole una fuerte palmada por la espalda.

-Vaya hermanito, seguro la eligieron por su belleza-

Era el hermano de Xibalba, de la misma altura que él, rasgos faciales similares a Xibalba, con traje rojo y unos cuernos que sobresalían de su cabeza.

«Como odio a el Chamuco» pensaba Xibalba ignorando por completo todos los comentarios que hacia sobre la Catrina.

-Deberías conocerla, podría ser tu cuñada- dijo el Chamuco antes de alejarse de su hermano.