Disclaimer: Bleach pertenece a Tite Kubo.

Deidara Kamiruzu: Desde ya, ¡gracias por leer!, y me alegra que te haya gustado el primer capitulo.


Si tenía que recapitular las circunstancias, en las que se hallaba actualmente, Luders Friegen debía de acotar que remotamente se esperaba, que la serie de eventos que desencadenaría su regreso triunfal al Wandenreich le fueran tan perjudiciales. Razonó que, tras la exitosa asignación, en la Sociedad de Almas, sería agasajado por Yhwach. El tan ansiado ascenso en los rangos Quincy al alcance de su palma. Veía un futuro próspero para su persona, lejos de la acosadora sombra de la muerte que acechaba a los de su raza.

Todo lo contrario.

Al ingresar en la recámara de Su Majestad, se encontró con su par Arrancar. El desagrado que sostenía hacia Ebern, era devuelto con la misma vehemencia por el otro, hasta llegar al punto que procuraba rehuir de la presencia de aquel que era de su especie, durante sus estadías en el Wandenreich.

Al verlo en su agraviado estado, no pudo evitar mofarse, y para colmo de males estaba postrado en su presencia. Se odiaban, no había propósito en esconderlo. La situación pudo haber escalado a un enfrentamiento, ya que Ebern no se contuvo en responderle, pero la intervención de Yhwach le puso fin, a cualquier posible hostilidad, de la forma más concluyente.

Su Majestad, desaprobaba los pleitos entre sus soldados de manera categórica, ya sea la más mínima insinuación de uno, el Emperador Quincy lo reprimiría de la manera más brutal. Un método de proceder barbárico, pero eficaz a la hora de mantener el orden dentro de sus fuerzas, que contaban con un temperamento complejo, por decirlo a la ligera. Nadie deseaba ser un ejemplo de este tipo de situaciones.

Pues Luders se había convertido en uno, hace meros instantes. Prueba de eso, la "remodelación" sufrida en el sector derecho de su cuerpo, causada por Yhwach.

Jadeó entrecortada mente, echó un vistazo hacia donde solía estar derecho, la sangre abandonaba su cuerpo a borbotones, manchando la fría superficie en la que yacía. A este paso moriría desangrado, si no trataba pronto la herida. El dolor disparándose a través de su sistema nervioso, hacía que la simple tarea de mantenerse de arrodillado, sea considerada una proeza cuando luchaba con cada fibra de su ser, por mantenerse lúcido, para seguir el hilo de lo que sea que Yhwach le dijera. No quería agregar más calamidades a su estado actual, si el Emperador Quincy percibía la más mínima falta de respeto, perdería algo más que uno de sus brazos.

La situación continuó agravándose, para el Arrancar, cuando Yhwach rompió el silencio formado en la recámara.

—Cinco días…

—¡Sí, señor!, —Comenzó, exaltado Luders, para luego continuar. —es el tiempo necesario, para que la Sociedad de Almas y nosotros nos preparemos para la batalla…

—Es el futuro.

Se sintió desconcertado por las palabras de Su Majestad, y el cauce que este tomaría.

—Hace dos días, cuando fuiste a inspeccionar el ángulo a ser usado para traspasar la frontera, dijiste que, a este ritmo en un futuro cercano, la Sociedad de Almas perdería el balance de almas con el Mundo de los Vivos.

Luders no se atrevió a responder. El silencio parecía ser su mejor carta, en este momento.

—¿Verdad? —Yhwach preguntó, para luego escrutar al Arrancar con una inquisitiva mirada. —Luders Friegen, ¿Quizás eres un profeta?

Vaciló en responder, lo único que escapó sus labios fue un tenue: —¿Qué…?

—Responde, solo te he preguntado… Si eres un profeta o no.

—...No… No lo soy —Respondió demasiado asustado, para hilvanar una respuesta apropiada.

—¿Entonces por qué hablas del futuro? Quiero escuchar sobre el presente.

La recamara se vio brevemente iluminada, cuando un destello de energía salido de palma de Yhwach, impactó contra Luders, provocando que este cayera hacia atrás, sin la mitad superior de su torso. La sangre roció a Ebern, puesto que se encontraba próximo, al ahora fallecido Arrancar, causando que este temblara y un aterrorizado gemido abandonara su boca, por la reciente demostración de poderío del Emperador.

—Ebern —Habló Yhwach, dirigiendo su atención al Arrancar restante, en la habitación.

—¡Sí, señor!

—No tengo motivos, para elogiarte o para culparte. Hiciste suficiente para retrasar a Ichigo Kurosaki.

—¡Gracias, señor!

—Y por eso puedes convertirte en la primera piedra para "construir" la paz.

Un resplandor lleno el campo de visión de Ebern.


—Vaya, eso ha sido intenso.

Ya alejados, de la recámara del líder del Wandenreich. Askin Nakk Le Vaar, profirió, con sobreactuado cansado tono de voz; tras atestiguar lo aterrador que su líder, podía ser, cuando se lo proponía. Si bien estaba al tanto, de cómo se manejaban los hilos de poder, en el imperio, lo seguía hallando como un asunto muy escabroso, para su gusto.

Había sido, uno de los cinco Stern Ritter, seleccionado para enviar la declaración de guerra. Aunque su rol, solo se vio limitado a actuar como guardaespaldas de aquel Arrancar.

A decir la verdad, no albergaba ningún recelo, hacia los Hollows como el resto de sus compatriotas. Si Su Majestad, consideraba digno de ser la voz del Wandenreich ¡Excelente! Menos trabajo de su parte. Tampoco le concernía lo que les sucedieran, a fin de cuentas, las decisiones de Yhwach y su forma de proceder, solo le concernía a él. No es como si fuera a interponerse en la línea de fuego, por algún Arrancar cualquiera.

Debía confiar en el juicio de Su Majestad ¿Verdad?

—Cierto. Y después de semejante tarea, debo decir que estoy satisfecha con el resultado —A la izquierda de Askin, Bambietta Basterbine agregó con una sonrisa y un asentamiento de cabeza.

Tras marcharse de la cámara del Emperador, los Quincy sobrantes se diseminaron, para retirarse a sus habitaciones privadas en Silbern. Dejando tanto a "The Explode" como a Nakk Le Vaar, en soledad dentro de los vastos corredores del castillo imperial.

Los individuos que componían, los rangos de los Stern Ritter, se intercalaban entre; dementes, espeluznantes y un selecto grupo que parecían comportarse, como personas normales. Claro que, dada las circunstancias, en las que vivían, la definición de "normal" fluctuaba considerablemente. Para Bambietta, Askin se hallaba en lo que consideraba "ordinario". Aunque el temperamento, de este último solía variar entre extravagante, engorroso y apático. Si bien, sus interacciones dentro de los rangos Quincy, se limitaban a un grupo de mujeres de misma jerarquía. Para ella Nakk Le Vaar calificaba, lo suficientemente tolerable para mantener una charla apropiada.

Claro, debía aclarar que ella no era un arquetipo de camaradería entre sus compatriotas… La forma de proceder cuando se hallaba agobiada, podría encasillarse como algo neurótico, por ojos ajenos.

—Espero que esto, libre a los pobres Soldats de pasar tiempo de calidad contigo —Comentó sardónicamente Askin. —Imagínate si los rumores llegaran a oído de los civiles. Nadie se uniría a un ejército, donde es más probable ser asesinado por un aliado que un enemigo…

Eran esa clase de acotaciones, que le provocaban un gran de deseo, de hacer uso de su Schrift, sobre el rostro de Nakk Le Vaar.

Su rostro se contrajo a una mueca de enfado.

—No creo que sea de tu incumbencia. Lo que haga o deje de hacer —Respondió Basterbine, dejando de entrever el fastidio que aquel comentario le provocó.

—Es por tu bien. Sabes cómo lidia Su Majestad, con esa clase de comportamiento. Pero si no te importa… Valió la pena el intento —Habló Askin encogiéndose de hombros.

"The Explode", se limitó a no replicar, puesto que carecía de sentido. Había llegado hace algún tiempo, a la conclusión, que la mejor forma de evitarse jaquecas, debido a la extravagante conducta del otro Stern Ritter era eludir aquellos comentarios mordaces.

O al menos intentarlo...

—He escuchado que pronto, tendremos a un nuevo miembro entre nosotros— Retomo el hilo de conversación Askin.

Basterbine lo observó, como si le crecieran dos cabezas. Las noticias de esa índole, en el Wandenreich volaban a decir la verdad, eran un ejército, al fin y al cabo, después de estar varados dentro del Schatten Bereich, por tan largo periodo de tiempo... La acción escaseaba a decir la verdad. No era como si pudieran, dar a comenzar una guerra entre ellos, solo para matar al ocio.

Así que rastrear esta clase de rumores, siempre servían para amenizar los días de aburrimiento, dentro del Imperio Quincy.

—¿Qué?, ¿Quién es, y quién te lo dijo?

—Al parecer es un Quincy, del Mundo de los Vivos —Respondió Nakk Le Vaar, observándola de reojo, intentando descifrar, cómo le había caído el rumor. —No sé qué posición le otorgará Su Majestad. Pero al parecer ya se ha reunido con él, varias veces. Es sólo cuestión de tiempo, para que sea introducido. Sabes que siempre estoy informado. —Hizo una leve pausa, para darle tiempo, para que sus palabras se asentarán en Bambietta y la implicancia que llevaban. Para luego retomar. —Procura que esta información no llegue a ese círculo de mujeres con las que te reúnes ¿Sí?

Nuevas preguntas afloraron en ella. Siendo la principal; ¿Quién exactamente era?, ¿Que lo hacía, merecedor de reunirse con su líder en reiteradas ocasiones? Su expresión denotaba confusión.

Si bien no había ojeado el Daten en un tiempo, recordaba que la información conferida por la inteligencia Quincy, hablaba de los Ishida, una de las pocas familias remanentes en aquella dimensión, y los únicos Echt Quincy fuera del Wandenreich. Aunque no evocaba en su memoria, los rasgos físicos pertinentes, o cuantos componían aquella familia.

Debía de ser uno de ellos.

Arribaron a una separación del corredor que transitaban. Por aquel camino se encontraba la habitación del Stern Ritter "D"

—Aquí nos separamos Bambietta. Será mejor descansar, una vez que comencemos a movilizarnos, será un lujo poder hacerlo —Habló "The Death Dealing", haciendo énfasis en sus palabras con un sobre dramático bostezo.

Askin desapareció de su visión prontamente. La última oración del otro Stern Ritter, hizo virar sus ansiedades al conflicto, que se avecinaba. La guerra contra el Gotei Trece, era inminente, así que la última sentencia de aquel con el que compartía rango, tenía su cuota de razón. Tal vez descansar un poco no le haría daño...

Bambietta emprendió marcha hacia sus aposentos, sumergida en sus reflexiones internas, consecuencia por la última revelación.


Se había esfumado.

Las circunstancias, que rodeaban a la aparición de aquel Arrancar, las encontraba desconcertantes. Había llegado a cavilar, que el único motivo que justificara dicha aparición, era para vengar a Aizen en una misión suicida, a decir la verdad. Ninguna de las técnicas que utilizó correspondían a un Hollow, sumado a aquel portal de Reishi oscuro, que se asimilaba a una sombra en apariencia, no guardaba ningún parecido con una Garganta; técnica empleada por el antiguo ejército de Aizen, para viajar entre dimensiones.

No soy un Arrancar, niño…

Al regresar a su hogar, después del combate, prosiguió a relatar lo que había sucedido a sus amigos, desde el extraño comportamiento exhibido por el Arrancar, al intento de usurparle su Bankai y el arco Quincy que utilizo para enfrentarlo.

—…Y después se desvaneció utilizando una especie de sombra hecha de Reishi.

El tono conversacional era casual, como si hablaran de tareas del instituto, en vez de seres que sobrepasan la barrera de lo sobrenatural. No existía preocupación en la voz, de sus compañeros, dado el oponente que enfrentó; lo creían capaz de poder manejar la situación. Lo que era bueno si se ponía a divagar.

Orihime actuó típicamente, preguntando:" ¿Te hirieron?", Chad se limitó a emitir un casi desinteresado "Huh". Ishida fue el único, que se aventuró a interpelar, acerca de aquel singular sujeto, y los misterios que lo envolvían.

—Dijiste que utilizó una cruz Quincy… —Habló pensativo. Sentado a los pies de la cama, de su anfitrión, Uryū viró sus ojos con interés hacia Ichigo. —¿Sabes de dónde vino?

—No, pensé que de Hueco Mundo. —Respondió Kurosaki, negando con la cabeza. —Pero no estoy seguro. No dijo nada importante, excepto las provocaciones estándar de combate.

Los ojos de Ishida centellearon imperceptiblemente. La información conferida por Kurosaki, había causado en él una deducción, sobre bajo qué motivos operó aquel Arrancar. No creía en las coincidencias, podía percibir que el Wandenreich tenía relación con los eventos transcurridos.

—Lo investigare…

Aunque lo dejó intrigado la última respuesta de Uryū, Ichigo decidió no presionar sobre el asunto. Antes de poder proceder con su historia, el sonido de lo que parecía ser un celular, cortó su línea de diálogo. Observó hacia Yuki uno de los dos Shinigami rescatados varias noches atrás, ya que el extraño sonido que rayaba una grabación de mala calidad, provenía de él.

El joven sacó el Denreishinki, un aparato de comunicación, hecho con la finalidad de contactar con los Shinigamis, estacionados en el Mundo de los Vivos, y tomó la llamada. A medida que conversaba con su interlocutor en la otra línea, su rostro se convirtió en una expresión de sobresalto.

—L-Lo siento Kurosaki, pero nos han ordenado regresar urgentemente… Para un funeral.


Haschwalth levantó el medallón; ahora en el suelo después de la muerte de su antiguo propietario. Varios Soldats, se ocupaban de la tarea, de limpiar el enchastre causado, por los dos cadáveres en la recámara.

—¿Qué sucede? —Preguntó Yhwach. Sentado a algunos metros en su trono.

—El medallón de Ebern, —Respondió indiferente. —parece que ha sido utilizado, pero… Fue incapaz de robar el Bankai de Kurosaki.

—Ya veo. Tendremos que utilizar algo diferente.

—Sabíamos que sucedería, pero siento que hay un gran valor en tenerlo probado.

—Incluso los idiotas de sangre caliente pueden ser útiles, a veces. —Añadió el Emperador reflexionando. —Contacta a la Jagdarmee y diles que traigan algunos idiotas sin matarlos. Comienza con los preparativos para la invasión Jugram.

—Así será, Su Majestad.


Byakuya Kuchiki, no era un hombre que se sintiera enajenado a las guerras y lo que derivaban de ellas: muerte. Era parte del oficio como Shinigami, aprender a acarrear la pérdida de aquellos a los que queremos y tenemos en estima. Claro, decirlo era fácil, llevarlo a cabo era otra cosa distinta. No existen palabras, demasiado elocuentes, para erguir el espíritu, de la persona que sufrió dicha pérdida. Lo único que se puede hacer, es acompañar a los camaradas y familia del difunto. La muerte de Chojiro Sasakibe fue algo súbito, si bien en su línea de deber, uno debería esperar hallar cosas de esta índole, nunca se está lo suficiente resguardado para el momento.

De pie junto a su teniente, observó a una distancia corta de ambos, al capitán Yamamoto con la cabeza inclinada, en señal de respeto y duelo. En frente suyo, había una pira destinada a cremar el cuerpo del antiguo Oficial de la Primera División, ahora en mejor estado después de ser limpiado para la ceremonia crematoria.

—Sasakibe Chojiro fue un hombre que juró ser teniente por el resto de su vida a Yamamoto Genryusai. Este hombre usó su Bankai por primera vez en batalla, y falleció. Subalternos como nosotros no podemos entender el dolor del Capitán Comandante.

Concluido el discurso del capitán de la Sexta División, Yamamoto dio la orden para el comienzo de la cremación. El fuego comenzó sosegado, pero con paso firme a quemar la estructura, hasta que el cuerpo del hombre fue consumido enteramente por las llamas.

Unos minutos transcurrieron, y el Capitán Comandante se alejó en soledad, de la ahora pila de cenizas.

"No diré adiós Chojiro… No hasta que tu asesino, muera por mi espada."


—Jagdarmee uno, nos ha contactado. El "Poder Especial de Guerra", Kurosaki Ichigo, ha sido avistado en Hueco Mundo. Actualmente se encuentra peleando con el Capitán Ejecutivo de Caza, Quilge Opie.

Yhwach escuchó el informe con una sonrisa socarrona. El destino tenía insólitas formas de sorprenderlo, aún con su más de 1000 años de sabiduría a cuestas. Que humoristico resultaba, que el momento más aguardado por su imperio, fuera desencadenado por las acciones, del salvador de la Sociedad de Almas ni más, ni menos. La noción rayaba lo irónico, si también se tenía en cuenta que Kurosaki era uno de sus descendientes.

Se erigió de su trono, este entonces comenzó a evaporarse en el aire.

—¿Vamos entonces? —El Emperador observó al hombre que le confirió la información.

—Señor, ¿A dónde?

Este era el momento ansiado, la orden que aguardaban, desde la recuperación de su conciencia y poderes. Nadie esperaría que fuera dicho de forma tan casual, así que la expresión del hombre era algo a contemplar.

—¿No es obvio? A la Sociedad de Almas.

Observó a los numerosos Quincy, que componían a la unidad del Daten. Estos permanecían en un silencio expectante; buscando el menor indicio, en sus palabras, de lo que serían las órdenes de movilización.

—No sé porque ha entrado a Hueco Mundo, pero si está peleando con Quilge, no podrá moverse por un rato.

Se mantuvieron en silencio, y luego de que se pronunció, salieron disparados en todas las direcciones, al oír la ansiada orden.

—Avísenles a los Stern Ritter. El Wandenreich invadirá la Sociedad de Almas.


¡Gracias por leer!