SCC no me pertenece, le pertenece a las Clamp.

Esto es un fic de fan's para fan's.

Fic creado para intercambio White Elephant (Febrero) y es para Genee.

Advertencia: Ninguna.

Nota: AU (Alternate Universe). Se encuentran tiempo después de Sakura ser juzgada como la maestra de las cartas, pero sin haberlas convertido aún.

Aclaraciones:

—.— = cambio de momento, misma escena

—.—.— = cambio de escena

—.—.—.— = cambio brusco de escena


Sólo se trataba de un deseo…

-.-.-

Capítulo II

—¡Atrás! —Una luz centelló y entonces Sakura alzó el báculo logrando por fin atrapar la carta. Estuvo peleando durante algunos segundos más hasta que por fin logró que ésta se transformara—. ¡Li! , ¿te encuentras bien? —Saltó desde la cima de la casa y terminó por correr los últimos pasos, el joven chino se encontraba recargado sobre una pileta de piedras que a lo largo formaban un círculo concluyendo en la base de una fuente en la cual a su centro, se alzaban dos niños jugando y lanzándose agua.

—Estoy bien —aseguró, aunque la profunda herida en la pierna derecha, no parecía decir lo mismo. Cuando peleaba contra la carta para distraerla mientras Sakura se recuperaba un poco, se había distraído con otra energía, una que la sintió demasiado amenazante al lanzarse contra su compañera. Recordaba haber actuado rápido, saltado al frente con su espada como escudo, algo que lanzándole hacia una reja en donde se clavó parte de ésta sobre el muslo y terminar rebotando sobre el pavimento y rodando justo donde ahora se encontraba.

En aquel momento Sakura quiso ayudarlo, pero la carta contra la que combatía se atravesó para intentar derrotarla y desaparecer, quizás para seguir jugando, pero la maestra fue más astuta y con un rápido movimiento la inmovilizó.

—Tienes demasiada sangre, ¡debemos llevarte a una enfermería! —volvió la vista a los lados en busca de alguien, mas sólo había un panorama oscuro y un gato callejero que saltaba sobre una barda y se perdía—. Lla-¡Llamaré a Tomoyo! —sacó presurosa su celular deseando su amiga fuera a contestarle, aquella vez por un compromiso familiar no había podido acompañarles.

—Espera Sakura…

—¿Qué? ¡PERO…

Li negó, arrancándose un pedazo de tela y enredándoselo sobre la herida, apretando lo mejor que pudo. Entonces, ya un poco pálido no seguro si por la pérdida de sangre o el dolor, apoyó un codo sobre la barda para empujarse hacia arriba y luego usar su propia espada como bastón.

—He mandado un mensaje a Wei, así que no hay problema —Apretó los dientes cuando al pisar con el pie, el dolor le sacudió toda la espina dorsal, mas fuera de un minúsculo ruidito, no dijo nada más y se sentó sobre la piedra—. ¿Qué ha sido eso? ¿Fue una habilidad de la carta?

Keruberosu flotó hasta el hombro de su ama, traía una pata adolorida y algo golpeada la cabeza. Tras aquella batalla había recibido un buen golpe y no sólo físico, también a su orgullo. —Esa energía no fue la misma que esa carta, de eso estoy seguro.

Sakura le miró. —¿Se trata de alguna otra?

La criatura mágica que parecía más bien un peluche, cruzó los brazos. —¿Se ha escapado alguna otra mientras intentabas transformarla? —pero al observar la negativa siguió pensativo y deslizó la mirada sobre Li. Internamente seguía agradecido que hubiera salvado a la castaña, aquel golpe indudablemente le hubiera lastimado gravemente—. No lo sé…, pero ciertamente es poderosa —Y no sólo pensaba eso, sino que "peligrosa" era parte del mismo enunciado. Cruzó una mirada preocupada con Li, y giró la vista a un lado, un auto se aproximaba. Frunció el ceño. No conocía el Clan Li, pero para que un mayordomo poseyera algunos conocimientos en magia, simbolizaba que a esa familia no debía de subestimársele.

Un hombre alto y canoso se bajo, observó a su protegido e inmediatamente abrió la puerta trasera. —Permítame joven Li —Pero se quedó a medio camino ya que el castaño negó, haciendo alusión que podía moverse por él sólo. Algo bastante respetable en el Clan Li, era su resistencia. Li Meilin con su manera de combate cuerpo a cuerpo era una prueba viviente, y eso que ella pertenecía a una rama no tan directa.

—Sakura, vamos —él se detuvo a la puerta y le ofreció el paso primero—. Los llevaré, es tarde ya.

Ella se sonrojó un poco y asintiendo, se subió. Pensó en negarse, ¡le avergonzaba mucho molestar! Pero el hacerlo sólo retardaría que Li se revisara esa pierna, y ella realmente se encontraba preocupada.

—¡Gracias! —Ambos, ama y guardián, se despidieron animadamente en bajito y, hasta cuando con la carta vuelo ella subió a su habitación, el auto despareció.

—¿Él va a encontrarse bien? —miró a Kero, quien se había quedado observando a lo lejos por la ventana—. ¿Kero?

Hizo una pausa antes de decidirse. Shaoran Li era fuerte, sin embargo había mucha de esa energía que seguía sintiendo en el chiquillo y no se encontraba seguro si era por culpa de aquel ataque. Al final asintió decidiendo por no preocupar de más a su dueña, primero necesitaría hablarlo con Yue. —Lo estará, es descendiente de Clow.

–.–.–

—¿Joven Li?

Pero Li no respondió, a minutos de llegar a su apartamento, había resbalado por el asiento. Su frente estaba perlada de sudor y la respiración parecía habérsele puesto tan pesada que apenas podía inflar un poco el pecho.

Entre sus intervalos de inconciencia, sintió ser jalado por el brazo, haber tropezado algunos escalones y después la cabeza tan pesada hundirse por completo en una mullida almohada. También una compresa fría que aliviaba su calor y un punzante dolor que la abrazaba desde el fémur, como si por dentro se carcomiese el hueso.

¡Sakuraaaaa!

Se lanzó por ella entre toda esa oscuridad pero al agarrar su mano, ésta la traspasó como fantasma. Sin dejarse vencer, siguió avanzando tras ella en esa caída infinita.

Olvídala.

Apretó los dientes, estaba muy cerca. Sólo… Sólo tenía que estirar un poco más el brazo y…

¡Olvídala!

Una figura apareció golpeando su mente con el pensamiento y entonces, la castaña se fue de su alcance.

Parpadeó, estaba confundido y todo parecía borroso.

—¿Joven Li?

Esperó unos segundos más hasta que el manchón azul del techo, tomó sentido. Se sentía mareado. Movió los labios sintiendo un sabor amargo en la garganta y eso le produjo toser y doblarse con el cuerpo dolorido, pero una mano se posó en su nuca y le instó para doblarse sólo un poco más aprovechando su despertar, y beber del vaso que le tendían.

El agua le pasó como cuchillos, incluso la sentía quemarle el pecho. No se dio cuenta hasta después, que se trataba de una infusión, y no por el sabor, sino por el olor que terminó llegándole.

—¿Se siente mejor?

Se volvió a dejar caer sobre la cama y pasó un brazo tapando sus ojos, todo le dolía.

—¿Q-… ¿Qué sucedió? —No se esperaba ese tono de voz, incluso le pareció desconocido.

—Ha tenido una severa fiebre, pero ya pasó. Por ahora lo que necesita es descansar.

—¿Cuánto…

El hombre suspiró. —Toda la noche. Por ahora no debe apresurarse, ya me he encargado para avisar que no irá a la escuela el día de hoy.

Li se imaginó decir algo, quizás una queja y el intento de una intención perdida de levantarse, mas todo lo que sucedió es que se quedó ahí, dormido, sin haberse dado cuenta.

Wei le miró esperando algo más, y al ver que la infusión había funcionado, volvió a colocar la alarma para la siguiente taza. Aquella noche había valorado mucho el haber sido instruido entre las medicinas y la herbolaria.

—Le comunicaré a la señorita Li Meilin, que se encuentra mejor.

Ella había llamado esa noche pero al serle negada la comunicación, no hubo nada que pudiese evitar que lograra saber la verdad. Wei sospechaba que ella poseía alguna clase de conexión especial con su primo.

–.–.–.–

¡Kinomoto!

Sakura extendió la mano para no caer, Shaoran apenas podía agarrarse del filo de aquella torre. Él se estiró un poco más alcanzando a rozarle los dedos.

Shaoran…

Pudo apreciar que los dedos del castaño que se apretaba contra uno de los fierros rotos, sangraban. Pero era lo único del que sostenerse para no caer.

Kinomoto, ¡dame tu mano!

Pero pese a que su vida pendía de aquel intento, no era eso lo que le preocupada.

Alzó al vista, sus ojos castaños redondo estaban algo cristalizados, como si aquello le doliera mucho.

¡No hay tiempo! ¡Kino—

¡Llámame Sakura! —soltó fuerte, sus mejillas hinchadas por el enojo—. ¡Llámame…! ¡Llámame Sakura…!

Y entonces resbalaba.

–.–

—¡Ahhh!

Ésta despertó de golpe y junto a ella, Keruberosu, que alterado, había volado asustado hasta ella.

—Sakura, ¿te encuentras bien?

Ella le miró por segundos más, y después se talló los ojos con pesadez. Sentía todo su entorno lleno de brumas del sueño.

—¿Qué sucedió?

—Estabas gritando. ¿Has tenido una pesadilla?

Sakura lo meditó durante algunos minutos y entonces recordó eso, ese "Kinomoto" y no pudo evitar llevarse una mano al pecho. Algo se sentía raro.

—Yo… —miró a su guardián—. No estoy segura —Y no lo estaba. No podía siquiera ella misma describirse eso que sentía—. Creo que…

La alarma sonó y al mirarla ella la tomó y gritó asustada. ¡Había dejado el horario del sábado! Saltó inmediatamente empujando de paso a Kero sin querer a un lado, y comenzó a lanzar su ropa a diestra y siniestra mientras se arreglaba. ¡Ya no tenía tiempo para desayunar!

–.–.–

—¿Shaoran no vino?

—Así es —Rika miró el lugar desalojado mientras contestaba a Sakura—. Por lo que me dijo la secretaría, creo que se encuentra enfermo —Como ella era presidente de salón, la secretaría había aprovechado en entregarle el mensaje para que se lo hiciese llegar al profesor.

Eriol, quien escuchaba calladamente a su lado, la miró. — Quizás sería bueno visitarle —y sonrió, una de esas sonrisas que le daba a toda la gente ya de manera automática—. Oh, pero me temo que hoy me toca la limpieza de salón junto con Yamazaki.

—Y yo tengo ballet —la morena pareció afligida—. Bien podrías ir tú, Sakura y saludarlo también de nuestra parte.

Ella la miró, después a Eriol y por final a Tomoyo. La última, que era su esperanza, negó algo triste. —Mi madre me ha solicitado que le acompañe el día de hoy, lo siento mucho Sakura. Pero estoy segura que con tu presencia será más que suficiente —y sonrió, tras lanzar una mirada cómplice a sus otros dos compañeros.

La castaña dudó pero enseguida asintió contenta, después de todo deseaba saber cómo seguía su compañero.

—¡Ya sé! —Tomoyo juntó sus manos ilusionada—. Hoy tenemos cocina, ¿por qué no preparamos unas galletas para él? —Rika y Sakura asintieron ilusionadas—. También podríamos escribirle algo para que se mejore pronto.

Mientras planeaban el tipo de galletas que harían, Sakura, sintiéndose observada, pilló que Eriol le veía. Al quererle preguntar si algo sucedía, Takashi se atravesó casi pegándole un durazno en la cara y contándole sobre las galletas sagradas de los Egipcios.

–.–.–

Estando a la entrada y sintiéndose repentinamente nerviosa, se observó tras el cristal de la puerta dándose cuenta que su cabello estaba algo desarreglado. Se peinó un poco, se ajustó el saco y alisó la falda de manera presurosa antes que Wei, al abrir, le provocara un susto que casi hace que se le cayera la bolsa que llevaba.

—Jovencita Sakura —él pareció complacido al verla y, con una leve inclinación que la otra imitó, le indicó que pasase—. El joven Li la espera —Le guió hacía la sala, una habitación amplia forrada de una alfombra café pálido que contenía un sofá en forma de L y una mesita central de vidrio que tenía encima una figurita de un hombre que cincelaba sobre una piedra. A la izquierda estaba una mesa alta cuadrada con cuatro sillas, ésta era de madera oscura con grabados al borde de los filos, Li le observaba desde ahí. Atrás y a lo largo de las paredes, se dispersaban cinco cuadros con caracteres chinos.

Wei se adelantó a una de las sillas y la retiró. Cuando Sakura tomó asiento, él recogió parte de los libros en los que Li parecía haber estado centrado. —Me encuentro preparando té, enseguida lo traeré.

—Gracias, Wei.

Sakura, quien seguía impresionada por la decoración, continuó paseando la vista por los recuadros. Pero hubo algo que le llamó la atención más que todo lo demás. En una mesita por el pasillo de la entrada y debajo de un espejo oval, se encontraba la foto de una mujer muy bella.

—Es mi madre —aclaró el castaño.

—Es hermosa —quiso preguntar algo sobre su demás familia, pero se limitó—. Su expresión me recuerda a ti —Pasaron algunos segundos más que le dedicó a la imagen antes de por fin centrar su atención en el otro, cuando se dio cuenta de algo importante—. ¡Ahhh! —Se paró repentinamente e inclinándose alzó la bolsa que llevaba—. ¡Lo siento mucho! ¡Shaoran, todos esperamos que te recuperes pronto!

Éste parpadeó y después soltó una sonrisa. —No es necesaria tanta formalidad —Y no lo era, no con ella.

Asintiendo, Sakura volvió a su lugar, seguía algo apenada pero francamente se sentía tan cómoda con su presencia, que había olvidado dónde y a qué iba.

Era verdad… Deslizó la mirada por sobre las vendas en su muñeca izquierda, desconocía que también se la hubiese lastimado. —¿Has faltado por la herida? ¿Te encuentras mejor, Sha-…—Antes de terminar la oración, le brilló el recuerdo de su anterior sueño, entristeciéndola—… -oran? —Dudó al final, sintiéndose casi sin derecho de aquella confianza.

El nombrado, mientras terminaba de leer la tarjeta firmada por todos, alzó la vista y asintió seguro. —Wei me ha cuidado bien, no te preocupes —Igual aún sentía el cuerpo agotado, sin embargo nada comparado como horas antes.

Sakura no contestó, seguía inquieta, y él lo notó.

—¿Te encuentras bien? ¿Han vuelto a atacarte?

Negó. —No, yo…

El mayordomo apareció y dejó unas tazas. —¿Se les ofrece algo más a los jóvenes?

Li la aguardó, pero la otra seguía sumergida en su cavilar. —¿Sakura?

Ella le dirigió una profunda mirada y, como si su nombre le despertara un sentimiento cálido en el pecho, por fin sonrió y negó agradeciendo con que aquello era suficiente.

—¿Realmente te encuentras bien?

Asintió, feliz. La incertidumbre se había alejado.

—Bien —Shaoran no se mostró del todo convencido, pero decidió dejarlo pasar—. ¿Keruberosu ha encontrado algo sobre esa presencia?

—Me dijo que lo investigaría con Yue —alzó un dedo apuntando arriba, nada en particular—, justamente debe estar ahora con él.

–.–.–

—¿No has podido reconocer esa energía? —Yue estaba cruzado de brazos, se recargaba al lado de la ventana que daba hacia el patio y por la cual observaba un pequeño lago con un par de peces y un bambú que al rellenarse de agua, golpeaba inclinándose y vaciando su contenido.

Keruberosu gruñó, detestaba ese tono estoico que el otro se cargaba. No le había reprochado nada, sin embargo podía interpretar esa molestia al saber que su ama hubo necesitado de alguien más para estar a salvo.

—Fue algo breve. Además, Sakura ha contado todas las cartas, no falta ninguna como para haberse escapado —y alzó la voz—. Incluso si fuera una carta Clow, no hubiese intentado lastimar de esa manera a su dueña.

Yue le miró, serio. —Recuerda que las cartas sólo respetan a su original dueño. Mientras Sakura no la convierta con su propia magia, ellas no cederán —he hizo una pausa como esperando algo—. ¿Qué es lo que me escondes?

El otro dudó, gruñó un poco, desvió la mirada al lado contrario y se tiró después en el piso cruzando las patas. —Es ese chiquillo —confesó—. Creí haber sentido esa energía en él días antes, incluso ahora después de la batalla.

—¿Será debido al ataque?

—Pienso que no es así.

Silencio.

—Puede que sea descendiente de Clow y tenga derecho a las cartas, sin embargo no creo que sea capaz de hacerle daño a Sakura —El amarillo chascó la lengua al saberse descubierto en pensamientos, estaba seguro que su compañero a veces leía la mente—. Pero aún así, no habrá que bajar la guardia, Keruberosu.

El tigre desvió la mirada a la ventana, sobre el vasto cielo. Cerca pasaba una mariposa amarilla con manchitas negras que revoloteaba junto a otra que le dio alcance; más atrás un ave cuya cual no lograba distinguir bien, planeaba alejándose.

—Su presencia me recordó a Clow cuando creó las cartas. ¿Lo recuerdas?

El de cabello plateado cerró los ojos y caminó a la puerta dando por finalizado el tema. —Investigaré. Mientras tanto, cuida de Sakura.

Keruberosu gruñó levantándose de golpe y lanzando un rugido. —¡Eso ya lo sé! ¡No necesitas decirlo!

–.–.–.–

—Tomoyo, hija, ¿estás segura que no te importa acompañarme?

Ella asintió tomando su bolso y caminando justo a su lado.

—Vaya, ¡llevamos tanto tiempo sin salir juntas!

La madre de la morena sonrió complacida. No le disgustaba en lo absoluto que su hija se la pasase junto a Sakura, la hija de su preciada Nadeshiko, pero admitía un poquito tras esos días, que era agradable haberla encontrado tan accesible.

—¡Oh, mira! ¡Una estrella fugaz! —Sonomi apuntó al cielo, contenta, aunque le pareció extraño que a plena luz del día pudiese visualizarla—. Doble deseo —pensó.

–.–.–.–

—¡Buenas noches!

Shaoran cerró no sintiéndose tan contento. Sakura había sido tan insistente en que no necesitaba acompañarle que le había ganado la batalla. Sin embargo Wei, con palabras sabías, logró que ésta accediera a que le llevase.

—Por lo menos sé que estará segura.

Lo sabía porque confiaba en su mayordomo. Wei le cuidaba desde niño y jamás le hizo dudar.

Suspiró cansinamente y cojeando se encaminó a la mesa moviendo el paquete de galletas que la castaña hubiera traído, volvió a acercarse otro par de libros y les abrió donde antes se quedara mientras se sentaba y seguía leyendo. Si hubiera observado un poco mejor, se hubiese dado cuenta que un papel dentro de una envoltura azul, se deshacía en una llamarada minúscula de fuego verde.

–.–.–.–

Continuará…


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Fin de la transmisión...