¿Deseo?

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– Arroja la moneda.

Sus cejas temblaron apenas un poco, mientras miraba en su teléfono móvil el mapa de la ciudad, estaba buscando la ruta perfecta para el tour de ese día.

– ¡Anda!

– No.

Kiba hizo un mohín y golpeó el suelo con un pie. – Flaca, es parte de la magia del recorrido.

El tono de voz de niño mimado logró fastidiarla, aún más. – No me importa.

Kiba hizo un sonido extraño con la boca, como si estuviera agonizando, y la tomó por los hombros, empujando y tirando de su cuerpo lentamente, como si intentara sacudirla para hacerla entrar en razón pero no tuviera fuerzas… o quizá era pereza.

– ¡Flacaaaaa!

Se olvidó de su móvil unos momentos y levantó la mirada, sus ojos blancos se clavaron en los negros, que le miraban suplicantes. – ¿¡Qué quieres, Kiba!?

– ¡Que lances la puta moneda! – Respondió, aun con esa voz de niño mimado.

– ¿Y entonces me dejarás en paz? – Preguntó, dudando de él. Kiba asintió, con una sonrisa de oreja a oreja y se alejó de ella. Rodó la mirada y observó la fuente, se giró y miró al muchacho con ojos asesinos. – Sabes que no creo en esas cosas…

Arrojó la moneda de mala gana y comenzó a caminar, sin esperar a escuchar que la moneda hubiese caído en el agua; los pasos de Kiba se escucharon rápidos hasta que estuvieron a la par que los suyos, Akamaru jadeaba, contento.

– ¿Pediste un deseo?

– Si, si… – Murmuró, para que la dejara en paz.

Observó la guía turística que les habían dado en la agencia y luego miró su móvil de nuevo, una extraña sensación la hizo parpadear y bajar la mirada, topándose con unas manos que apretaban suavemente sus pechos. Enarcó una ceja, separó los labios y se mordió la punta de la lengua. Giró el cuello un poco, el mentón de Kiba descansaba sobre su hombro, así que no necesito de mucho para poder mirarlo. La sonrisa desapareció de los labios en cuanto los ojos blancos le miraron, intimidantes.

– ¿Qué? – Preguntó, confundido. – ¿Esto no es lo que deseaste?

Ligeramente sonrojada, y agradecida de que no hubiera transeúntes que pudieran mirarles, se sacudió las manos del muchacho de encima y le asestó un fuerte golpe en la cabeza, con el bolso en el que guardaban sus compras y refrigerios; caminó con cara de pocos amigos, dejando al muchacho detrás, sobándose la cabeza y recogiendo las cosas que se habían salido del bolso.

Akamaru correteaba alrededor de ella, indolente, meneando la cola.


¡Hola!

Jajajaja, me los imagino taaaaanto en situaciones de este tipo xD

Lunes, 30 de Marzo de 2015