Comenzamos con algo leve, teníamos que recorrer ese gran patio a trote para después correr, siempre bien alineados siendo vigilados por esos ojos grises que penetraban hasta el rincón más escondido de mi mente. Después los obstáculos, grandes e imponentes por el campo de entrenamiento, un dolor punzante me hizo doblegarme, de nuevo estaba sangrando.
-"Hey tu, el nuevo, tienes 10 minutos para acabar el circuito. Al finalizar deberás bajar la bandera del asta"- Miré a mi teniente y posteriormente ese lugar lleno de pruebas contundentes, me mordí el labio inferior intentando soportar el dolor. Me acerqué a nuestra líder, una sonrisa se dibujó en mi rostro, no supe que me sucedía con ella, pero mirando sus ojos directamente le susurre acariciando cada palabra con la lengua:
-"Si, mi teniente".-
Para mi suerte tenía gran agilidad física, aunque pasaba los obstáculos con cierta dificultad ya que la herida iba sangrando cada vez más, pero no iba a rendirme, no sería débil, no quería defraudarla... ¿Defraudarla? ¿Qué rayos estaba pensando? Mis pensamientos acabaron con mi concentración, por lo que caí de bruces en el lodo, el enojo quemaba mis entrañas ante las risas de los demás y la mirada desaprobatoria de mi teniente. Me levanté al instante, corrí aún más rápido, subí al asta y ahí arriba tomé la bandera victorioso. Pero escuché algo, eran gritos de ella, no los comprendía, mi mente se nubló y perdí la consciencia cayendo al vacío, pero sin soltar la bandera ni por un instante.
Cuando abrí mis ojos estaba en la enfermería, escuchaba voces al otro lado de la cortina, el doctor explicaba que tenía una herida profunda y que, aunque no tenía daño en algún órgano, estaba aún abierta y podría haberme desangrado en ese momento. -"Maldita mi suerte", pensé. Estaba por incorporarme cuando dos manos delgadas pero fuertes me tomaron del torso haciéndome acostar nuevamente sin ninguna ceremonia, ahí estaba ella, mirándome con una mezcla de rabia y preocupación que no lograba comprender.
-"¿Que estaba pensando soldado? ¿Acaso está mal de la cabeza? ¡Debería haber avisado desde que llegó que estaba herido! ¡Y lo que más me molesta es que fue el único que logró tomar la bandera! ¿Quién rayos es usted?"-
Las palabras de mi teniente salían a borbotones de su boca, yo veía atento esos labios carnosos no por lo que decían sino por su movimiento, en un impulso la tomé por la nuca acercándola a mi haciéndola callar, ella se negó a acercarse a mi boca que exigía la suya, el calor recorría mi cuerpo de tenerla tan cerca... Entonces mi teniente levantó la mano y la golpeó contra mi rostro con tal fuerza que la solté, sus ojos estaban fijos en los míos mientras yo sonreía ampliamente, en ese momento me di cuenta que tenía dos tareas en ese cuartel, ser el mejor soldado para librar a mi patria de la guerra y lograr seducir a mi líder de ojos jades y cuerpo de ensueño enfundado en el uniforme de nuestro ejército.
Al verla salir enfurecida de la enfermería comencé a reír, me dolía demasiado aquella herida que no me dejaba olvidar de las armas, pero había sido un buen respiro para mis bríos de ayudar a las personas. Me mantuve ahí solo un día, después me reincorpore a mi pelotón para comenzar a escuchar las estrategias que se iban a realizar, pero ese día comenzarían las batallas sin ningún preámbulo, todos debimos tomar las armas, no hubo tiempo de entrenar mas.
Del cielo comenzó a caer una estela de misiles que bombardeaban el lugar, todos comenzamos a tomar las armas, uno tras otro se replegaba para defenderse del fuego que inundaba el lugar con sus lenguas llameantes, veía a mis compañeros caer, intentaba ayudar a quien pudiera pero no alcancé a librar a todos del sueño seductor de la muerte cuando la realidad se convierte en el infierno terrenal. "Mi teniente", fue lo único que pensé, mis ojos recorrieron el patio con gran velocidad, impulsado por la preocupación y un dolor en mi pecho que no me dejaba estar tranquilo. Entonces la vi, gritando instrucciones a los soldados más inexpertos, no se movía de ahí mientras no pusiera a todos a salvo, sonreí por el alivio de verla tan fuerte, tan intensa.
Después de unos minutos, todo se quedó en silencio, pero uno de vacío que hace arder el alma, ese que deja la violencia y la muerte, todos nos pusimos atentos, sabíamos que no terminaba ahí.
-"Primer defensa, en posición, vienen por la parte norte del cuartel, tiraron el muro, defiendan a la patria. Y soldados, no les doy permiso de abandonarnos aún".- Una pequeña sonrisa se vislumbró en el rostro de mi teniente, una que brindaba fuerza y esperanza, una de complicidad que lograba infundir el valor que necesitábamos, tomamos las armas, nos pusimos en posición, sólo escuchamos nuestras respiraciones mientras el tiempo transcurría lentamente burlándose de nosotros.
Y ahí estaban, al fin los vimos, una tropa enemiga de acercaba, comenzamos a disparar desde la barricada, nos protegíamos con los propios restos de nuestra sede, no podíamos dejarlos avanzar más o sería nuestro fin. Mis ojos miraron a un lado de donde estábamos, una granada de nuestras provisiones destruidas estaba ahí, esperando para ser activada, sonreí maliciosamente, debía llegar ahí.
-"Necesito que me cubras, tengo un plan para salir de aquí, es cuestión de segundos, confío en ti"- mi compañero Naruto Uzumaki, un rubio ojiazul demasiado hiperactivo a mi parecer, del cual me había hecho amigo, me miró incrédulo pero al instante asintió, la adrenalina se dispersó en mi como la lava de un volcán en plena erupción.
Iba protegiéndome de los ataque enemigos, con sigilo logré colarme al camino que me llevaba a esa granada, la tomé entre mis manos, mi sonrisa se ensanchó aún más y esperé el momento preciso para activarla y lanzarla.
-"¿Desde cuándo disfruto tener las armas en mis manos? Esta granada me infunde poder, siento que soy capaz de asesinar. Vengar a mi familia, a mi pueblo. Qué ridículo me siento, soy igual a mis verdugos, ¿qué me hace mejor? Ya no lo sé"- Todos esos pensamientos rondaban mi cabeza hasta que mis ojos vieron el momento. Salté al lado de nuestros opositores, me acerqué tanto a ellos que podía escuchar su respiración llena de rabia y sentir su alma marchita por la guerra, activé la granada, la aventé en su centro y salí corriendo a protegerme.
La explosión retumbó en mis oídos, los cuerpos en pedazos salieron expedidos al aire, el aroma del ambiente se enturbio con vísceras y olor a muerte, me dieron tantas nauseas que vomité a mi lado. Durante un tiempo pronunciado se escuchaba sólo los gemidos de dolor de los que habíamos sobrevivido, nadie se movía en ese momento, así que cerré mis ojos intentando borrar las huellas que habían quedado en mi memoria con ese enfrentamiento. Agudicé mi sentido del oído, para escuchar algún movimiento cerca, pero no había nada, en cambio, a lo lejos escuchaba ruido de pelea.
Abrí mis ojos de golpe, era ella, así que me abrí camino entre los cadáveres a mi alrededor para llegar a protegerla y, si era necesario, dar mi vida por la suya. Cuál fue mi sorpresa al llegar, Sakura tenía inmovilizado a quien parecía el líder de este ataque, el brazo de aquel hombre se torcía de forma inhumana detrás de su espalda mientras ella lo apretaba del cuello exigiéndole respuestas:
-"¿Cómo supieron la ubicación de mi gente? ¿Quién es ese maldito soplón?"- El cabello suelto de la mujer que me tenía loco le caía sobre el rostro enmarcando aún más su semblante de rabia, sus dientes estaban apretados ante el silencio de su prisionero, su pierna de encargo de tenerlo contra el piso en todo momento, era una escena fascinante, me envolvía con esa mezcla de violencia y sensualidad que sólo había visto en ella.
Al no obtener respuesta, mi teniente terminó por romperle el cuello a ese desafortunado que se encontró con la muerte a la cara por su bajeza humana. No podía dejar de ver esa escena, no podía moverme siquiera, sus ojos se cruzaron con los míos y su sonrisa se asomó de forma amarga susurrando por lo bajo:
-"No puedo evitarlo, tengo sed de venganza, hay un maldito traidor entre mi gente. ¿No serás tú verdad?"-
Mi teniente se acercaba a mí con una sensualidad rapaz que aún en ese momento, hacía que mi cuerpo sintiera deseo, un deseo profundo, animal.
-"Jamás la traicionaría, no sé quien nos hizo esto, pero créame que quiero asesinarlo igual que usted"-
Lo dije tan en serio que me sorprendí a mi mismo por tal resolución y ella sonrió aún más dándose la vuelta para volver con los demás y volvió la cabeza sólo para decirme:
-"Es usted muy interesante soldado, volvamos con los demás, hablaremos más tarde"-
Y volví con ella a ese cementerio que había dejado la batalla.
Fin del segundo capítulo, espero les guste.
Próximamente, un nuevo capítulo.
Un abrazo a todos.
