jelou otrda bez jemte caguai de hel famdom (?)

No me demoré nada en actualizar... POD KE IMGLATEDA NO ME HAMA ;-;

EZ TAM DIFISIL BIBYR HASI, NADIEN ME JEMTIEMDE

En realidad, no hice nada en todo el día más que ver Shingeki no Kyojin (llegué hasta el cap. 13.5 y empecé hoy a verlo), pero llegó la noche y me dije: Maggie, si no actualizas el fanfic hard que son adolescentes te vas a pudrir en la pudrición putrefacta y te convertirás en un titan feo, te matarán, violaran y... bueno eso no, solo me interiormente: PUBLICA DE UNA FUKIN VEZ :'D Y HENOS AQUÍ (?)

yeeehy, siguiendo con este jardsote, vengo a postear el capitulo dos, quedan advertidos TIENE HARD.

y Harmin hez hun yorom. 3


¿Cómo encubrir un romance?

Con amistad. Frente a los padres y familiares, a veces lo mejor es encubrir un romance con amistad, como es el caso de dos chicos, que tras haber pasado una tarde solos en la casa del que vivía más cerca de la escuela, tendrán que encubrir su romance a sus familias, ya que de lo contrario, cosas malas podrían ocurrir, por suerte, existe la amistad.

-¡Alfred despierta- el inglés sacudió levemente a su compañero, mientras este abría lentamente y con pereza sus ojos- ¡creo que vienen mis padres!

Las palabras del chico hicieron que el americano reaccione, levantándose rápidamente y ordenando la cama mientras que Arthur recolectaba su ropa y se vestía, aun se sentía adolorido, pero de todos modos, prefería soportar el dolor de su trasero antes de que sus padres se den cuenta de lo que estaba haciendo. En un dos por tres, ambos estaban vestidos, con la cama ordenada y arreglaban sus cabellos, cuando sintieron la puerta principal abrirse, unos pequeños pasos correr al interior, seguido de murmures de adultos.

-Hijo, ya llegamos- decía su madre desde el primer piso- Baja un momento, que te trajimos algo.

El inglés, le pidió a su amigo que le acompañe. Ambos bajaron lentamente y en silencio las escaleras, Arthur por el dolor y Alfred porque era primera vez que estaría con la familia de Arthur, y debía causar una buena impresión de sí mismo a los padres de Arthur si quería pedirles permiso para ser su novio. Ambos jóvenes llegaron a la sala de estar, donde su madre acomodaba unas cuantas cosas y mientras que su padre y su hermano mayor, un pelirrojo con cara de pocos amigos, bajaban cajas pesadas de la camioneta y las acomodaban en los espacios que la madre estaba designando.

-¿Me llamabas?- preguntó Arthur, viendo como su madre acomodaba las cosas para hacerle espacio a las cajas.

-Si hijo, te traje los libros que me encargaste y un nuevo set de bordado.

-Ah mamá- el inglés caminó hasta donde se encontraba su madre, siendo seguido por el de ojos azules- Quiero presentarte a Alfred, un amigo. Es de mi salón y vino hoy por la tarde a casa a terminar una tarea.

Alfred se impresionó lo bien que se le daba mentir al inglés. Puso su mejor sonrisa y le tendió la mano a la madre de Arthur, su futura suegra, si es que las cosas resultaban como el héroe las estaba planeando.

-Mucho gusto, Alfred- dijo la mujer abrazando al chico y dándome un beso en la mejilla izquierda- ¿Eres el hijo de la señora Jones, la dueña de la cafetería de la cuidad?

-Así es, soy su hijo… ¿conoce a mi mamá?

-Pues claro, Emily y yo estudiamos juntas en la Universidad. Fuimos grandes amigas, hasta que de pronto, ambas nos casamos con nuestros respectivos esposos y pues, dejé los estudios cuando quedé esperando a Scott.

-¡Ah! Usted es la señora Alice, la que aparece en el álbum de fotos de mi madre...

Arthur, sintiéndose excluido de la conversación, fue a ver que hacía su hermano menor, Peter. El pequeño, de unos doce años aproximadamente, estaba metiéndole el dedo a un pastel que estaba sobre la mesa de la cocina, mientras estaba apoyado de rodillas sobre una silla de madera que había colocado para alcanzar el pastel que estaba en lo alto de una repisa, antes de que fuese hallado por el menor.

-¿Qué estás haciendo?- preguntó Arthur a su hermano menor, al verlo con las manos y las majillas untadas con la crema del pastel de prueba que había horneado la tarde anterior.

-Ah, pero si es el tonto de Arthur. Yo solo estaba probando el pastel, pero está todo quemado, solo está buena la crema, el resto hay que botarlo.

Arthur se dio media vuelta, y comenzó a buscar las cosas para la cena. Era consciente de que sus padres y hermanos estaban cansados y hambrientos por aquel largo viaje, pero antes que nada, fue a lavar sus manos, y no pudo evitar sonrojarse al recordar las cosas que había hecho con Alfred hace unas cuantas horas. Esto le dio una idea, pedirle a su madre permiso para que Alfred se quede en la casa a pasar la noche, y como ambos eran chicos, nadie sospecharía nada y tendría toda la noche a Alfred a su lado. ¡Era el plan perfecto!

Ya tenía la mesa casi lista y tan solo faltaba servir la cena, cuando Arthur fue a preguntarle a su madre si Alfred podía quedarse a cenar. La mujer aceptó encantada, y como al americano no hay para que preguntar si quiere, ya que ama quedarse a comer en lugares, no dudó un instante en acompañar a Arthur y su familia a cenar aquella tarde. Cuando la madre de Arthur les dijo a todos que la cena estaba servida, Arthur tomó de una manga de la chaqueta a Alfred conduciéndole rápidamente al baño que se encontraba en el primer piso bajo la escalera. En el pasillo, se topó con su padre, y le dio una rápida disculpa diciendo que irían a "lavarse las manos antes de cenar" el hombre, sin dejar su semblante serio, se retiró dirigiéndose al comedor, dejando solos a los dos adolescentes, quienes entraron al baño y Arthur cerró la puerta con pestillo.

-Arthur, ¿por qué me traes al baño?- preguntó Alfred sin comprender el por qué el otro chico lo había, prácticamente, arrastrado hasta aquel lugar.

-Alfred… verás yo… tengo que decirte algo, es más, una idea… b-bueno yo…

Sus ojos, verdes lagunas que danzaban con un brillo único. Su sonrisa en cortos momentos, su piel tan suave como algodón, aquellos hermosos cabellos rubios que cuando se reflejaban al sol, pareciera que pertenecen a un ángel, su voz suave y gangosa, acompañada de su exquisito acento británico, su inteligencia y habilidad para la literatura, sus ágiles dedos para hacer manualidades, su frágil y armoniosa figura. Cada vez que estaba cerca de él, sentía deseos de abrazarlo, besarlo, protegerlo y jamás dejarlo ir, podría hacerlo suyo mil veces, o podría simplemente consentirlo cuanto pudiese. Daría lo que fuera por él, y eso que Alfred toda su vida ha sido un egocéntrico. Estaba cada vez más seguro, de que se estaba enamorando de Arthur Kirkland.

No alcanzó a terminar la frase, pues sus labios se vieron atrapados y poseídos por los de Alfred, quien suavemente se deleitaba del aquella suave miel que emanaban los labios del inglés. Fue un beso largo, entreabriendo y entrecerrando sus labios, disfrutando del roce mientras que se aferraban al cuerpo del otro, Una vez que se separaron, Arthur rodeó el cuello de Alfred con sus brazos, mientras que este se afirmaba de la cintura del inglés, para así poder tener mayor comodidad al lamer y morder su labio inferior. Aquella adicción a los besos de Arthur, a sentir el aroma de su cabello tan cerca, el roce de su lengua, sus dientes chocando torpemente producto de la desesperación por sentir los labios del británico.

Alfred bajaba su mano, hasta llegar a las caderas de Arthur, quiso bajar sus pantalones, pero en lugar de eso, metió sus manos entre la ropa y la piel del inglés, legando hasta su vientre y subiendo, acariciando suavemente, sintiendo la suave piel de Arthur, quien sentía como su piel ardía con cada toque que Alfred le brindaba. Separaron sus labios, y Alfred se agachó, sentando bruscamente a Arthur en el escusado, teniendo este, ambas tapas abajo, y se colocó de rodillas, para lamer el vientre y ombligo de Arthur, su punto sensible del cuerpo.

Arthur estaba sonrojado, sintiendo como el americano lamia y jugueteaba con su ombligo, aunque no tardó mucho en descubrir su miembro erecto y duro. Una vez fuera de sus pantalones, Alfred comenzó a manosearle el miembro a Arthur, mientras este cerraba fuertemente los ojos e intentaba reprimir los gemidos que amenazaban por salir. Alfred a su vez, tomaba con cuidado el miembro de Arthur, como si fuese algo extremadamente delicado, deslizaba su mano derecha desde la base hasta la punta, mientras que con la izquierda apretaba y sujetaba los testículos.

Luego de un par de minutos, Alfred besó la punta de la erección del inglés, para luego bajar lentamente con su lengua hasta la base, regresar a la punta y pegar un pequeño y travieso mordisco, el cual además de sacarle un grito a Arthur, le hizo derramar un poco de aquel espeso y tibio liquido blanco. Arthur se cubrió la boca tras gritar, justo cuando Alfred subió la mirada, sonrojándose al ver el rostro de su amante completamente rojo con un par de lágrimas y sus cejas arqueadas, todo un pasivo. Alfred sonrió y se llevó el miembro de Arthur a la boca, chupando y soltando levemente mientras el inglés se aferraba, como podía, de los cabellos de Alfred.

Sentía que en cualquier minuto, se vendría en la boca de Alfred, y no tardo mucho para que eso sucediera, Alfred, en lugar de escupir en el lavamanos, se tragó las semilla del ojiverde, quien luego de haber visto todo eso, se subió la ropa y abrazó dulcemente a Alfred, recibiendo un beso en el cabello parte de este. Una vez que ambos regresaron en sí, se mojaron bien la cara, para disminuir su sonrojo, se lavaron las manos con abundante jabón, ordenaron un poco sus cabellos con la peineta de Arthur, que estaba dentro del botiquín, y en el caso de Alfred, este utilizó un poco de enjuague bucal, para que los padres de Arthur no sospecharan nada de lo ocurrido.

Una vez listos, salieron del baño y fueron a sentarse a la mesa. La familia ya estaba a la mitad de la cena, y los adolescentes se disculparon, diciendo que Alfred se había sentido levemente mareado, pero que con una aspirina del botiquín del baño y con qué repose un minuto sentado, se había sentido mejor.

-¿Y por qué gritaste tan fuerte, conejo?- preguntó el pelirrojo mayor, apuntándole a su hermano con el tenedor lleno de comida, mientras que este tomaba asiento en su lugar, junto a Alfred, por supuesto.

-Ah, es que me apreté los dedos con la puerta del botiquín cuando intenté cerrarlo- Scott no le creyó, pero por suerte salió su padre a opinar.

-Sí, la semana pasada me apreté los dedos con esa puerta cuando fui a sacar la navaja para afeitarme.

Arthur y Alfred, quienes estaban tomados de las manos por debajo de la mesa, suspiraron de alivio y comenzaron a comer con la mano que tenían libre, y aunque Scott no les creyó mucho, y sospechaba lo que posiblemente estaban haciendo los dos encerrados en el baño, lo pasó por alto, ya que no quería involucrarse con ese conejo enano, y mucho menos con su noviecito gordo, que a simple vista, se notaba que le faltaba más de la mitad de las neuronas, y que tan solo funcionaban las que producían impulso nervioso, no las que servían para el desarrollo del pensamiento humano.

Una vez que terminaron de cenar, Arthur y su madre lavaban los platos, mientras que el padre de Arthur conversaba de deportes con el chico americano. Arthur no podía creer que su padre se llevase tan bien con Alfred. Las veces que había salido con un chico francés, su padre lo había amenazado de muerte. Cuando madre e hijo del medio terminaron de lavar los platos, avisaron a la casa de Alfred que este se quedaría a pasar la noche en la casa de su compañero, Arthur. Por suerte contestó la madre del americano, y luego de más de media hora de hablar acerca de los maridos, la universidad y cosas de mujeres, ambas madres de los chicos quedaron de acuerdo en que Alfred se quedara en casa de Arthur a pasar la noche, siempre y cuando terminaran toda la tardea pendiente.

Lo gracioso era, que las mujeres pensaban que tan solo les faltaba terminarla, ya que no sabían que sus hijos por la tarde, en lugar de avanzar en su tarea, se quedaron "haciendo cosas de grandes"

¿Qué otras situaciones para adultos tendrán esta noche?


kill me please, nadie me hama y no me dejan reviews ;-; voy a shorar'... nos olemos luego!