London's marauders
Capítulo II: Secret
Por: Jesse L Black
Los fines de semana estaban hechos para eso, pasar el resto de la jornada con sus amigos mientras tomas algunas bebidas en la esquina, justo entre la cruzada de dos avenidas importantes del distrito londinense.
Esa mañana de sábado, Remus salió de su pequeña casa en los barrios bajos de la ciudad, traía una cajetilla de cigarros en la mano y su celular en el bolsillo izquierdo del pantalón, que ocasionalmente se encontraba tapado con una de sus playeras largas hasta los muslos. Caminó hasta las calles principales en las cuales se localizaba la casa de Sirius y poco antes la de James Potter. Sacó de la cajetilla un cigarro y se lo colocó en la boca, para luego, en un rápido movimiento, le prendió fuego la punta con su encendedor de metal y lo volvió a colocar en su bolsillo derecho.
Paso por la avenida Godric, pero estaba completamente desolada, lo que mostró que el único hijo de la familia no se encontraba allá, a lo que continuó su camino hasta Grimmauld place, donde tampoco encontró a los chicos. Sólo le quedaba un lugar, esa esquina donde se juntaban y fue allí donde los vio, tomando un yogurt, muy al contrario de lo que decía su apariencia, mientras miraba fijamente un descampado a pocos metros de allí. Sacó el cigarro de su boca para poder hablar:
–¡Chicos! –Remus los sacó de la ensoñación a ambos, que se encontraban completamente idos mientras yacían sentados en la vereda–. Pasé por sus casas y vi que no había nadie ¿y Pete?
–Llorando como nena, supongo –afirmó Sirius–. ¿Me das una calada? –Estiró su mano hacia donde estaba el castaño y éste le entregó el cigarrillo que llevaba en sus dedos.
–¿Llorando? ¿Por qué? ¿Qué le hicieron? –preguntó determinante, Sirius se reía mientras inhalaba hondo.
–Se hizo el tatuaje el muy imbécil –James sonreía mientras hablaba–. Obvio le dolió, es su primer tatuaje, pero le dije que el gancho de ropa que tiene en su boca duele más.
–Eso porque nunca te pusiste un fierro atravesado en la lengua, Potter –continuó Remus sentándose con ellos, al lado de Sirius quien le devolvió el cigarro.
–Es verdad, ¿cómo pudiste hablar luego de eso? A veces me pregunto si es fácil comer con una pelota en la boca.
–Es lo de menos a comparación de todo lo que me he llevado a la boca –Remus se ríe, eso hace que Sirius y James también lo haga por el comentario de éste.
–¡Ahí está el narigón! –Luego de unos minutos volvió a reinar el silencio y James Potter pudo hablar nuevamente, señalando a un muchacho vestido de oscuro con una caja en sus manos–. ¿Qué estará haciendo por acá?
Severus Snape era un escuálido chico de cabello negro, brillante y ojos café, no tenía una nariz muy grande pero era uno de los defectos del muchacho que al estar curvada hacia arriba lo pareciera cuando se lo miraba de costado. El vestía completamente de negro, tenía un tatuaje en su brazo derecho pero usualmente lo cubría con sus largas prendas oscuras. Llevaba botas de cuero y una chaqueta de igual tono con su remera y pantalón a juego, usualmente jeans algo desgastados.
–Seguro llevarle algo al jefe de su pandilla de serpientes –Sirius tomó nuevamente el cigarro que le pasaba Lupin–. Es lo único que sabe hacer, chuparle las bolas a su jefecito.
–¿Tom? –preguntó, Sirius negó.
–Lucius. Tom está demasiado arriba como para que se la chupen, a lo sumo es el rubiete ese el que hace el trabajo –caló un poco del humo y exhaló–. Aaaaw, me sorprende verlo por acá.
–Bueno, vive en ese barrio cerrado que queda justo a unas cuadras, es obvio que ande paseando por estos lares –James se levanta, sacudiendo sus pantalones–. Vamos a hablarle y darle la bienvenida.
–Chicos, no deberían molestarlo, tal vez esté repartiendo los pasteles que hace su madre –sonrió de costado, siempre a Remus le había resultado curioso que un chico como Severus pueda trabajar para su madre.
–Mejor, tal vez la vieja haga buenos postres –James ayudó a Sirius a levantarse y éste le pasó el cigarro a Remus, sin antes inhalar un poco de aquel tabaco–. Vamos.
Los dos muchachos se acercaron a Severus, quien se había detenido a hablar con una hermosa pelirroja. James la conocía, era compañera de su colegio e hija de muggles, la bella Lily Evans. Ella no era como él ni como sus amigos, era amable, dedicada, estudiosa y sobre todo, alejada de la vida de la calles de Londres, era una completa pueblerina, aun así, con toda la bondad y amabilidad que brotaban por sus poros, Lily sabía con quién juntarse y con quien no, tenía una remota idea de lo que hacía James and cia, además de ser una consejera con la mayoría de los de su curso.
–Hola narigón….veo que estas con bella compañía –habló Potter haciendo el elegante, Lily frunció el ceño al igual que su amigo.
–¿Qué diablos quieres, Potter? –preguntó Severus.
–Ay, ¡nada, nada! Solo quería saludar a un viejo amigo en la ciudad, hace tiempo que no te veía pasearte por acá.
–Yo en cambio, Potter, te veo siempre pavoneándote con tus amigos en esa esquina –murmuró la pelirroja y miró de solayo a Sirius y luego a Remus, quien se había quedado en la esquina fumando–. ¿Por qué no se van a asaltar un banco o algo por el estilo?
–¿Asaltar un banco? –cuestionó–. Lo siento cariño, eso es para la tarde, la mañana la tengo libre para hermosas pelirrojas –sonrió, esa sonrisa que valía un millón de dólares.
–Vamos Evans, dale una oportunidad a este idiota –James miró a Sirius con severidad–. Está loco por ti.
–Pues que vaya a un psiquiatra, vamos Snape –Lily tomó al muchacho del brazo y salió de allí con pasos elegantes. James se inclinó ligeramente al costado para observar el caminar de Lily y como su falda se movía.
–¡Eres un pervertido, James! –le golpeó suavemente la espalda.
–Claro, tú lo dices porque tienes novia, pero los que no la tenemos es difícil –cruzan la calle juntos hasta quedar a la altura de Remus–. ¿Verdad, Remus?
–¿Qué cosa?
–Que como Sirius tiene novia entonces es fácil decir que no le mire el culo a Evans –comentó, Remus comenzó a reír.
–¿Le miraste el trasero a Evans?
–¡No es esa la cuestión! –continuó, Remus se levantó–. Lunático me entiende porque estamos solteros.
–Bueno, estoy soltero, es verdad –se apoya en la persiana del negocio cerrado detrás de él–. Pero no significa que necesite mirar traseros.
–Bueno, es verdad, sólo te la jalas pensando en Brad Pitt y listo –susurró el joven de lentes y se los sacó para limpiarlo–. Pero aun así es divertido ponerla de vez en cuando –se coloca los lentes una vez limpios.
–¿Y quién dijo que no lo hago? –preguntó Remus, esa forma de ser les encantaba, siempre dejando abierta la curiosidad.
–¿Se la metiste a alguien, Lunático? –James no salía de su asombro–. Discúlpame que me asombre, pero siempre pensé que eras del que recibía.
–No te equivocas, James –colocó una mano en su propia barbilla mientras sostenía el codo con la otra mano–. Me encanta recibir, aunque últimamente no lo he hecho de ese modo.
–¿Entonces has tenido sexo con alguien? –cuestionó sorprendido.
–Así es.
–¿Y me lo dirás?
–No.
–¿Por qué no? –Esta vez James comenzaba a ponerse histérico, Sirius no emitía ningún sonido–. ¡Sirius! Dile algo, es nuestro amigo ¿o no?
–Yo no puedo hablar.
–¿Lo sabes acaso? –Sirius arqueó una ceja–. ¿Sabes quién se voltea a nuestro lunático?
–Obvio que sí.
–¡Bien guardado se lo tienen! ¿Por qué nunca me comentaste? –cuestionó a su mejor amigo, éste sonríe de costado.
–Claro, iba a decir: 'cambiando de tema, hablemos de con quien se la monta Lunático' –Remus comienza a reír–. Hermoso para un día de verano, es una conversación realmente calurosa –ironizó.
–Bueno, no tenía que ser así, pero…. ¿acaso soy el único idiota que no sabía que Remus tiene una aventura con un desconocido? –preguntó, Remus volvió a poner su expresión pensativa.
–Creo que Pete tampoco lo sabe.
–Eso me deja tantranquilo –ironizó–. ¿Y tú? ¿Cómo lo descubriste? –James, Sirius y Remus comenzaron a caminar hacia un parque que se encontraba a una corta distancia de allí.
–Pues como se enteran todos los amigos, abriendo la puerta del baño de hombres –James comenzó a reír a carcajadas, mientras Sirius y Remus se miraban.
–¡No! ¿En serio?
–Es un lugar cómodo y privado para tener sexo oral –respondió el castaño–. Y no sabes lo mucho que se disfruta con esta mierda que tengo en la lengua.
–No quiero tanto detalle, ya me lo imagine. Ahora cuando vayamos a la iglesia porque nuestra familia nos obligue, no podré verte rezar sin pensar que le haces una mamada a alguien.
–No es un pensamiento grato que se pueda tener en una iglesia, James –Sirius había hablado nuevamente, después de un rato en silencio.
–Ya, está bien –bufó y su teléfono celular comenzó a vibrar, lo sacó de su bolsillo delantero del pantalón y vio el nombre allí–. Es Pete.
–Atiéndelo, probablemente necesita hablar con alguien de su nuevo trauma a las agujas –Sirius sonrió mientras lo decía, y James simplemente apretó el botón para hablar y se acercó el auricular a la oreja.
–¿Qué onda, Pete? –Preguntó, del otro lado se escuchó un murmullo–. Ya deja de llorar y se un hombre, estamos en la plaza…..–se volvió a escuchar algo que logró hacer sonreír a su amigo–. ¡No puede ser!
–¿Qué pasa? –preguntó Remus.
–No, no, no…..eres el mejor Pete, ¡Te besaría, lo juro! –Sirius hace una mueca de desagrado–. Ahora les digo a esta bola de idiotas, nos vemos Pete.
–¿A quién llamas bola de idiotas? –preguntó Sirius mientras James colgaba.
–Whisky de fuego –eso alertó a Sirius y desapareció el enojo–. Cajas y cajas de Whisky de fuego, Peter recibió la información de un amigo que trabaja en una bodega, le llegó un montón de cajas por error y bueno, ya conocen a los amigos de Pete; las devolverán con rocas dentro pero hay que ayudar a cambiarlas.
–¿Y Cuál será la recompensa? –preguntó Sirius.
–¡Pues botellas de Whisky de fuego! Tengo que ir con Pete allá, y ayudarlos a descargar y desmontar las cajas. Pero debo ir yo solo, no quieren que haya multitud –suspiró–. Así que vayan a tomar un café y los llamo cuando esté todo listo.
–Ok, anteojudo, confió en ti –habló el mayor –. Iremos con Remus a tomar algo pero llámanos apenas puedas.
–¡Claro que lo haré! –James los abandona rápidamente mientras los otros dos chicos se dirigen al café que quedaba a mitad de cuadra.
Cuando llegó a la bodega, Peter ya estaba allí con su amigo, un gigantesco y obeso sujeto. James no le tenía ni un poco de confianza, pero mientras sea bebida gratis estaba más que dispuestos a ayudar a esos ladrones de guantes blancos en sus fechorías. Peter le explicó muy bien lo que debían hacer, tenían que remplazar las cajas de botellas con unas cajas con piedras, lo que les llevaría bastante tiempo, pero dado que James era brujo, podrían hacer flotar las cajas y no sería tanto el esfuerzo. James sacó la varita de entre sus ropas, varita que tuvo que ir a buscar, y usando el Wingardium leviosa hizo levitar las cajas de piedras que remplazarían las de Whisky.
–¡Tu amigo es increíble! –dijo el regordete, a lo que Pettigrew sonrió y le comentó sobre James. Por un lado, el muchacho de cabello oscuro amaba ser el centro de atención, pero sabía que si alguien se enteraba que estaba usando la magia fuera del colegio, recibiría un castigo astronómico, aunque el hechizo sea completamente inofensivo.
–James es uno de los mejores en la clase, junto a Sirius, pero él no está ahora ¿por qué no está ahora? –Peter miró a James quien hacía alguna tontería con las cajas mientras movía su varita.
–Ah, le dije que era mejor que se quedara, para no ser multitud. Yo puedo encargarme de ésto solo –giró su varita y dejó las cajas en el piso del camión–. ¿Cuántas cajas más son?
–Esas tres de allí –señaló el hombre–. ¿Y dónde dijiste que estudiaban?
–Hogwarts, colegio de magos –continuó Peter, el hombre se rascó la barbilla–. ¿Lo conoces?
–Claro, tengo un primo segundo o de tercera…. –rio ante su propio chiste que nadie más que él lo entendió–. Él es hechicero.
–¿También va a Hogwarts? –preguntó James, bastante sorprendido.
–No, no, él ya se graduó. Me ha comentado de un tal Albus Dumbledore.
–Claro, es el dire –habló con confianza James mientras terminaba de subir las cajas–. Es un genio, bueno, no en el sentido de genio de lámpara.
–Ya lo entendieron, James.
–Él es realmente popular entre el alumnado. Podemos meternos a internet porque la contraseña del colegio es muy fácil de adivinar, bueno en principio puso wifi en el colegio, lo cual es muy conveniente –James terminó de subir la última caja y se sentó en la vereda, ya exhausto–. Listo.
–¡Muchas gracias James! Como recompensa, puedes llevarte algunas botellas de Whisky de fuego.
–Esa es la parte del trabajo honesto que me gusta –abrió una de las cajas y tomó algunas botellas.
–¿Honesto? Técnicamente estamos robando también –continuó Peter, pero James no le puso atención.
Mientras ellos continuaban tomando algunas botellas de las cajas, Sirius y Remus se encontraban en el café donde dijeron que estarían, pero no precisamente en una de las mesas, sino en los baños.
Sirius estaba sentado en el inodoro con las tapas bajas, los pantalones hasta los talones y la cabeza tirada hacia atrás, mientras Remus estaba de rodillas frente a él; y aquella lengua con el arete deslizándose suavemente por toda su masculinidad. Prácticamente Remus y Sirius estaban en una especie de vínculo diferente al que tenían con el resto de sus compañeros, durante una fiesta del colegio, donde también había alcohol, ambos terminaron en los baños del tercer piso teniendo sexo en un cubículo. Aun el castaño lo recordaba, porque fue precisamente ese momento donde aceptó su homosexualidad, creo que tenía trece años o doce, no lo recordaba bien. Cualquiera pensaría que eran unos precoces en sus vidas, pero era de este modo como lo querían llevar y como mejor se entendían.
La espalda contra una de las paredes laterales, las piernas abiertas apoyadas fuertemente en las caderas de Sirius y el muchacho entrando en él con bestialidad inhumana, gimiendo, sudando, susurrando suavemente en el oído del otro. Pasó un tiempo antes que pudieran verse a la cara nuevamente, sabían que habían estado borrachos esa noche y no lo volverían a realizar, pero no pudieron evitarlo.
Cuando Sirius cumplió catorce años, Remus le declaró que le gustaba o al menos, le gustaba como habían tenido relaciones esa noche, a lo que Sirius no respondió nada más que juntándose con una o dos chicas, teniendo parejas ocasionales o simplemente dejar de lado a Remus continuamente. Así fue durante un año hasta que Remus se colocó aquel ansiado arete en la lengua, a partir de ahí la vida sexual de ambos se acrecentó. Sirius lo invitaba a dormir a su casa, pero siempre sexo oral, no habían vuelto a tener una inclinación por lo anal luego del suceso a los trece años, y eso comenzaba a enfadar a Lupin.
Sirius gimió y se vino en la boca del muchacho, quien con su mano retiró de su boca el líquido blanco que escurría de allí. Sirius, respiró agitadamente y se subió los pantalones mientras Remus continuaba de rodillas.
–Ya levántate, Lunático –habló–. No me da para una segunda tan rápido, tal vez a la noche.
–No quiero mamártela una segunda vez –suspiró, un tanto abochornado mientras se levantaba–. Quiero tener sexo anal.
–Estás bromeando ¿cierto? –preguntó, casi con duda.
–¿Y por qué te molesta tanto si soy yo el que te recibe en el culo? ¡Idiota! –abrió la puerta del cubículo y fue directamente a las canillas del lavamanos para enjuagarse la boca.
–Está bien que quieras eso, hace años que no…..bueno, ya sabes –Remus no entendía que mierda quería decir su amigo–. Yo tengo novia.
–No te importa tu novia mientras te la chupo, pero si te importa cuando me la metes, vaya que eres selectivo cuando se habla de infidelidad –volvió a tomar un poco de agua y enjuagarse la boca escupiendo el líquido.
–No digo eso….bueno, teníamos trece años cuando lo hicimos en la escuela, pero… ¡Estaba completamente hormonal! Lo hubiera hecho con una planta si la tenía en frente.
–¿Ósea que tengo tanta movilidad como una planta?, gracias Black –se gira para irse pero inmediatamente Sirius lo toma de la cintura y lo hace chocar contra su cuerpo.
–No te pongas así de histérico, Lunático –le besa el cuello suavemente–. No quise decir eso.
–¿Qué quisiste decir entonces? Que si yo no estaba ahí dispuesto a ceder mi culo, lo hubieras hecho con cualquier persona porque te vale una mierda si soy yo o la tortuga de James.
–Oye, no…tampoco la tortuga de James me excita –le da la vuelta–. Escucha, no es que no quiera hacerlo de esa manera, es sólo que….eres mi mejor amigo y no quiero que, bueno, que algo que haga en la cama arruine nuestra amistad.
–¿Y qué cosa arruinaría nuestra amistad? Te conozco desde los once años, y a mis doce años y trece tuyos me lo hiciste en el baño, luego me ignoraste un año y aun así seguías siendo mi amigo, luego me obligaste a chupártela en pleno recital de no sé qué mierda de banda…y aun así seguíamos siendo amigos.
–Bueno, si…. –sonrió de costado.
–Me pedías que te la chupe sabiendo que tu mamá estaba esperándote del otro lado de la puerta para que vayas a no sé qué lado y aun cuando tuviste ese estúpido accidente con tu moto, me pediste que te la jalara en…
–¡Si ya sé! ¡Eres un puto servicial! Pero….ésto es diferente…
–¿Diferente por qué?
–¡Yo no soy gay! –Gritó, Remus abrió los ojos y la boca, intentó decir algo pero no le salían las palabras–. Me gustan las mujeres ¿está bien?
–¿Entonces qué mierda haces conmigo? –Sirius relajó sus hombros y le volvió a abrazar, uniendo sus labios y abriendo su boca, cosa que Remus correspondió y las dos lenguas se juntaron en una danza por demás excitante, comenzó entonces a sentir una molestia en los pantalones de su amigo pelinegro ¿cómo podía un simple beso ponerlo así de duro?
–Me gusta lo que haces –susurró una vez se separaron, su respiración estaba agitada.
–Genial, eso me pone a nivel de tu zorra personal –el moreno río y subió una de sus manos desde el trasero ajeno hasta la mejilla para quitarle unos mechos de cabello.
–No mi zorra, eres mi amante…–nuevamente le volvió a besar, eso no le importaba a Remus mientras supiera que hacer, Sirius podía llegar a ser tan adictivo como el chocolate que lo enloquecía.
Le tiró contra la puerta del baño principal que comenzaba a ser golpeada por alguno de los clientes. "Ocupado" dijeron ambos al unísono y las insistencias claudicaron. Sirius comenzó a frotarse contra Remus para intentar calmar el dolor en su miembro duro, lo que le hacía gemir a su compañero cada vez más fuerte y en el oído. Podía volverse tranquilamente adicto a aquello, le encantaba el cuerpo de Remus, la pasión de Remus, aquella ropa remendada que solía usar, aquel cabello despeinado, aquellos hermosos ojos. Parecía una novela del rico y el pobre, personalmente, era algo que lo dejaba sin aliento.
Remus bajó sus manos mientras era besado con lengua, con humedad, con pasión, y sacó de entre los pantalones el miembro duro de Sirius para empezar a tocarlo.
–Aaaaah, ahí….ahí lunático –bufó, mientras mordía su labio inferior para evitar gemir fuertemente.
–¿Por qué me dices lunático? –susurró con picardía, Sirius sonrió de costado.
–Porque estás completamente loco –respuesta correcta, Remus estaba loco y bajó a la altura de su entrepierna para comenzar metiéndose el pene en la boca y succionando con violencia–. Aaaaah…mierda, Lunático, estás demente….
Se apartó un poco de la cabeza y desde abajo, mirando a Sirius comenzó a lamerle con la lengua el miembro duro, Sirius bajó la mirada para que los faroles grises se encontraran con los miel, tan prohibidos, satánicos, exquisitos, que no quería pensarlo, quería metérselo todo completo, no le importaba si era el culo, la boca, o lo que fuera, quería escucharlo gemir su nombre en el oído.
Entonces sonó esa horrible cancioncita en el pantalón del mayor, ¡era su puto teléfono celular!
–Mierda, Sirius, atiende –gruñó Remus, Sirius colocó su mano en el teléfono del bolsillo mientras la otra presionó la cabeza de Remus contra su miembro, chocando la mejilla del chico con la dureza.
–Cuidado –alertó el muchacho cuando se golpeó nuevamente contra las caderas, Sirius prendió el celular y lo colocó en su oído, haciendo callar a su amante.
–Cierra el pico, Remus –susurró y prestó atención a la voz del otro lado–. ¿Qué mierda quieres James? ¡Estoy ocupado!
–¿Qué estás haciendo? –preguntó curioso.
–Recibiendo una mamada de Lupin –ironizó, pero era cierto, gracias a dios James creyó que era una broma.
–Que buen uso le das a la lengua de Lunático, estaré allá en cinco minutos –dijo el muchacho mientras su voz sonaba agitada–. Iremos a casa a abrir un par de estos bebés.
–Deja algo para la previa, James –nuevamente con su mano golpeó a Remus contra sus caderas para que siguiera chupando, pero el muchacho estaba de costado y solo hacía que su mejilla lo rozara–. ¿Por eso me llamas?
–Estoy a cinco cuadras, sal del café, idiota.
–Ya, ahora salgo –cuelga–. Dale Lunático, está a cinco cuadras, ¿podrás hacerme la mamada más rápido?
–Vete a la mierda, Black –Remus metió nuevamente el gran pene de su amigo en su boca, casi ahogándose en el intento mientras se la chupaba. Sirius movía las caderas rápidamente, intentando llegar antes, entonces se apartó–. Agh, estas siendo muy agresivo, Sirius –se quejó.
–Ok, quédate ahí –esta vez el pelinegro tomó el control, comenzó a jalarse su miembro rápidamente mientras de él salía el pre-semen que terminó en la cara de Lupin. Siguió jalándola y gimiendo mientras con su mano apoyada en el hombro mantenía a Remus en su lugar hasta descargarse completamente en la cara y boca de su amigo, quien había sacado la lengua para lamer un poco más y terminó acabando en ella–. Mierda…–respiró y extendió su mano hacia donde estaban los papeles aprovechandolos para limpiarse.
–¿Cómo me veo? –preguntó al levantarse, le chorreaba semen de la boca, tenía un poco en las mejillas, en la nariz, en la frente y en el cabello.
–Como salido de una fiesta Hippie, sécate un poco –le pasó unos papeles y Remus sonrió.
–Tal vez le pregunte a James como me vea.
–Ni te atrevas –cuestionó, Remus comenzó a sacarse los rastros de semen de su cara y tiró el papel–. Enjuágate la boca.
–¿Por qué?
–Lo huelo hasta aquí, Lupin, ¡anda, enjuágatela! –Remus bufó y comenzó a lavarse la cara y enjuagarse la boca.
El castaño salió del baño y Sirius detrás, al final James tardó más tiempo en llegar dado que tenía que atarse los cordones para no tropezar como casi lo hizo en la esquina, lo que ocasionó un pre-infarto en Peter quien ya vio las botellas que tanto les costó conseguir tiradas en el piso, pero no, gracias a la habilidad innata de Potter, había conseguido no estrellarse contra el suelo.
–¡Les juro! –habló Peter una vez junto a sus amigos en la salida del café–. Si no me dio un infarto ésto, no me dará un infarto nada más.
–Jajajaja, si comes más de lo debido no solo te dará un infarto sino te tendrán que cortar una pierna, Pete –el gordito no respondió y continuó caminando mientras los otros dos tomaban las botellas que James traía en sus manos, por si las dudas.
Continuará.
No debería decir esto pero si quieren actualización dejen comentarios XD de esa manera yo me inspiro para seguir escribiendo, tengo que cursar mis últimas dos materias y mi cabeza vuelve al fin si me dicen que es lo que les gustaría ver o si les entusiasma, así que ¡Manos a la obra!
Como verán la primera pareja que apareció es Sirius x Remus, pero habrá más y de todos los colores.
Sirius x Remus / James x Severus / James x Tom / Lucius x Severus / Lucius x Remus / Sirius x Severus / James x Lily.
