Título: La Primavera Prometida(IzuJirou)
Autor: Misato Mitarashi
Valoración: Adolescente. Lectura recomendada para un público de quince años en adelante
Resumen: De las costas de Japón, más de un muchacho ha partido para aprender a ser un héroe. Sea que busque aventura o un ideal superior. De entre ellos, se dice que el más grande fue Izuku, cuya vida ha sido narrada El legado de All Might y numerosos documentales, pero este es un relato de un tiempo anterior, cuando aún no era famoso.
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La primavera prometida
2
Juicios erróneos
Nemuri se sentó más erguida. Soltó un eructo. Le repitió el sabor de la cerveza en el estómago. Sus ojos volvieron a centrarse en la página. Sobre el suave papel había algo escrito con letra clara y mayúscula.
NO CONFÍES EN NADIE
HAY UN TRAIDOR EN U.A
No pudo evitar una punzada de pánico. Alguien había entrado en su oficina, forzado el cajón con llave de su escritorio y abierto el fondo falso de éste. Todo para tomar su cuaderno fiscal y escribir tal letanía de paranoia.
O lo era cuando Yamada lo había propuesto el jueves, durante la reunión de emergencia efectuada por el personal docente, luego del asalto al USJ. Pero en aquellos momentos con el cuaderno delante de ella, a Nemuri le parecía una posibilidad muy real.
Por un instante casi la dominó un ataque de histeria. Habían rebasado la seguridad de la escuela en tres ocasiones en menos de una semana. Y el responsable podía seguir merodeando en cualquier rincón.
Se acurrucó en el asiento, ligeramente avergonzada de si misma y dejó el cuaderno sobre el escritorio. Justo después dio un violento respingo. Habían llamado a la puerta.
El corazón le latía como un tambor, aunque su rostro probablemente siguiera travieso por fuerza de la costumbre. Se levantó y dirigió lentamente a la puerta.
Contuvo el aliento y la abrió. Al instante la recorrió una fresca brisa de alivió. Fuera había un hombre bien parecido de tez almendrada, con una sonrisa coqueta enmarcada en el rostro.
−¡Dulce Nemuri, hermosa y adorable! –dijo el hombre con esa voz ronca y rasposa que en los momentos adecuados le ponía de punta los vellitos en la nuca.
Nemuri sonrío sin proponérselo, sintiendo que la tensión se resbalaba lentamente de su cuerpo. Era Rick Howard, tutor del curso 3-B. Mejor conocido para el público como el héroe del medio oeste: Snipe. El hombre tendría unos treinta y tantos, pero parecía mucho menor. Daba la impresión que su sonrisa traviesa pertenecía a un chicuelo enamoradizo y no a un hombre de amplia experiencia.
–Tienes mal hecha la corbata galán –regañó con un tono de voz que transmitía cierta ternura tan propia de las madres. Y luego de acomodarle el cuello de la camisa, añadió–. Y mírate esos pelos de vagabundo, ¿te mataría afeitarte antes de venir al trabajo, por una vez?
Un instante después, sin que fuese fácil decir quien de los dos hizo el primer movimiento, ambos estaban envueltos en apasionado beso. Howard le había rodeado la cintura con los brazos y le estaba llamando cariño, miel, amor. La tumbó sobre el escritorio sin encontrar resistencia, podía hacer con ella lo que quisiera. Sin embargo entre los movimientos bruscos, Nemuri reparó en que había dejado el diario abierto sobre el escritorio con "No confíes en nadie hay un traidor en U.A"
–¡Hijo de puta! –Se le escapó, cuando Howard liberó sus labios y los deslizó sobre su cuello. Ella apartó su rostro y se incorporó de forma tan brusca que por poco tiro al hombre al suelo– ¡Fuera! –Nemuri no le dio tiempo a Howard ni de reaccionar cuando lo sacó a empujones de su oficina.
Casi resbalando se abalanzó sobre el cuaderno fiscal y lo metió en el fondo falso de su cajón con cerradura. Le pasó la llave, abstrayéndose un momento, recordando que alguien había estado ahí no hace mucho. Traspasando la seguridad de su oficina y perturbando su tranquilidad.
Se apresuró a salir, para encontrar a Howard todavía plantado frente a su puerta, con una mirada de perplejidad en la cara.
–Perdóname, estaba a punto de vomitar –se explicó.
La sonrisa de Howard se aligeró visiblemente.
–Bueno, ese definitivamente es un bálsamo a mi virilidad.
–¡Aw! No seas un bebé.
–Tus labios no parecían encontrarlo tan repugnante –susurró Howard inclinando la cabeza hacia ella. Nemuri lo interrumpió acariciándole los labios con un dedo.
–A mis labios les encantó, pero mi estomago solo tiene un litro de cerveza dentro y no ayuda que me estampes de esa forma.
El hombre hizo una mueca.
–Lo siento no intentaba ser tan rudo, dulzura. Es que no pude contenerme. Me mata estar tanto tiempo sin ti.
–Sólo fueron dos semanas, Howard.
–Si, una eternidad de tormento.
Nemuri puso los ojos en blancos y se recargó contra la puerta.
–¿Necesitabas algo o solo viniste a ser un pervertido?
–Ahora que lo mencionas –Levantó dos dedos de forma dramática–. Vine por algo personal y por algo laboral.
Nemuri asintió.
–En ese caso, lo laboral primero.
–Bien. Mira, escuché a Nedzu hablando con Toshinori sobre una psicóloga, para que mire a los chicos del 1-A…
–De hecho, una recién egresada. Nos estará apoyando para asegurarnos que los chicos no estén demasiado afectados por lo del USJ –Nemuri cerro los ojos, inhalo profundo y exhaló un suspiro que parecía arrastrar un profundo cansancio–. Fue una experiencia terrible, realmente no me puedo imaginar el terror que debieron haber sentido.
–Si –dijo Howard con su habitual jovialidad esfumada–. Son chicos fuertes, en cualquier otro año hubiéramos tenido un río de deserciones.
–Hubo uno de hecho, por eso vine hoy, para hablar con la madre.
–¿Quién?
–Koji Koda.
–No me extraña, es un chico muy cohibido. Honestamente no creo que esté hecho para este trabajo.
–Si, me lo puedo imaginar, aunque no tuve la oportunidad de conocerlo.
–Pensé que le dabas literatura al 1-A.
Nemuri negó con la cabeza
–Shouta me pidió prestada mi hora del lunes para hacerles una prueba con sus peculiaridades y yo le dije que si para que me dejara de fastidiar, y el jueves, bueno el jueves ya sabes que pasó. Así que no, no les he dado clase. Mañana a las siete será la primera… pero estoy desvariando, ¿me estabas preguntando por la psicóloga?
–Si –constato Howard–. Necesito que hable con uno de mis alumnos: Tamaki.
Nemuri apretó los ojos, como solía hacerlo cada que intentaba recordar algo.
–No me digas, no me digas –chasqueo varias veces los dedos–. Es el muchacho flaquito que siempre está siguiendo a Togata ¿verdad?
–El mismo… Él siempre ha sido distante, pero desde que comenzó el nuevo curso, me da la impresión de que me está evitando. Me preocupa que cometiera alguna tontería y esté tratando de ocultarla con peores tonterías.
–¿Crees que esté metido en drogas?
–Tal vez. Tal vez embarazó a alguna chica, no lo sé. Por eso quiero que alguien hable con él, alguien con quien pueda sentirse a gusto y no sienta que va a meterse en problemas.
–Tengo entendido que la están contratando exclusivamente por lo del USJ, pero voy a hablar con ella al respecto, no puedo prometerte nada pero lo voy a intentar.
–Eso es todo lo que necesito. Y bien dejando eso de lado, ¿te apetece acompañarme por algo de almorzar?
–Será a comer –respondió Nemuri–, ya son más de la una.
–Honestamente pensé que era más temprano –Howard sonrío con cansancio–. Seriamente un día de estos este trabajo será mi muerte.
–¿Tan alérgicos son los vaqueros a las oficinas?
–Nuestro hábitat natural son los pórticos de los pueblecitos con una cerveza en la mano y un rifle en la cintura.
–¿Y los caballos? ¿Qué hay de los caballos? ¿Qué es un vaquero sin un caballo al cual montar?
–Pues se me da mejor montar otras cosas.
–¡Howard!
–Estoy hablando de mi motocicleta, mujer. No sé que te estés imaginando.
–Aja, como no.
Nemuri lo siguió por el pasillo. A esas alturas sus escapaditas con Howard ya eran algo común. Un pequeño placer que había aprendido a disfrutar rápidamente y si tuviera que ser franca consigo misma, había ocasiones en que era el único buen momento de su día.
Disfrutaba su trabajo como profesora. Había encontrado una vocación que jamás sospechó tener; pero tomar un puesto de planta fija tal vez no fue la mejor decisión que pudo tomar.
Extrañaba aquellos años, no hace muchos, en que se dedicaba al trabajo de campo: las redadas y las investigaciones policiales. En que no tenía que sentarse detrás de un escritorio a lidiar con un montón de tedio burocrático y en los que no tenía que darle la misma clase a cuatro grupos distintos.
–¿Quieres el negro o prefieres el rojo? –preguntó Howard sosteniendo un casco de motocicleta en cada mano. Ella tomó el rojo porque combina con sus zapatos y el marco de sus lentes.
Nemuri siempre había preferido los automóviles a las motocicletas. Pero encontraba la máquina de Howard muy atractiva. Grande y pesada, con un motor que ronroneaba sin ser estridente y que aceleraba como el demonio. Eso le encantaba, que fuera tan rápido que sintiera que el corazón se le salía por la boca. Por eso detestaba los coches lentos y amaba tanto su viejo Renault Alpine.
Lentamente la motocicleta fue desacelerando hasta detenerse. El semáforo de la avenida Kanzaki brillaba en rojo y el traqueteo ensordecedor del tren elevado pasando sobre ella le hizo levantar la cabeza casi en un reflejo. Los rayos del Sol aparecían y desaparecían como el armatoste de metal se abría paso a través de los rieles.
Howard puso de nuevo en marcha el vehículo, conforme se alejaron del tren, Nemuri era capaz de escuchar de nuevo la música del estéreo de la moto: pop ruso. Una elección perfecta para un americano conservador. Era un motivo de bromas muy extendido entre todo el profesorado, pero al vaquero no parecía importarle demasiado.
Giraron a la izquierda antes de llegar al Lo-Jun. Una tienda china de ropa barata muy popular en esa parte de Ciudad Musutafu. Playa de Dagobah estando tan cerca de los muelles, estaba infestada de inmigrantes chinos y sus calles llena de sus negocios, fueran legales o no tanto. La inmediata cercanía con la escuela de heroísmo más importante del país no parecía afectar tal disposición.
Nemuri se bajo de la motocicleta de un brinco y se arranco el casco disfrutando de la corriente de aire frio, refrescando la cabeza que le había empezado a sudar. Delante de ella, de una de sus hojas se abría un zaguán negro oxidado que daba lugar a un patiecito donde crecían mechones desiguales de hierba seca, y se extendían una multitud de mesas y sillas de un plástico rojo chillón.
–Hola bonita, ¿cómo estás? –Nemuri se giró al escuchar la voz de Howard y lo encontró acariciando la cabeza de una perrita sin pedigrí que se le subía de manos como si lo estuviera abrazando. Howard le habló de la misma forma en que las solteronas les hablan a los bebés y la perrita agitó el rabo y las orejas como si fuera el día más feliz de su vida.
–Ande sáquese de aquí –Un hombre redondo y calvo espantó al animal al sacudir un trapo de forma brusca. Era Yang, el dueño de aquel lugar–. Vamos pasen, sentarse donde gusten.
El restaurante se encontraba bastante lleno y los clientes hacían bastante escándalo. La televisión al fondo transmitía un partido de futbol. Un amistoso entre Japón y Argentina, sobre el que había escuchado a Cementos hablar durante la semana. Los únicos que no parecían prestar especial atención al juego eran un par de chicos sentados en una mesa cercana a la de ellos y a los que Howard parecía estar mirando.
–¿Los conoces?
–Si, y tú también lo harás mañana a primera hora.
Nemuri frunció el ceño en desconcierto, hasta que de repente pareció entender.
–¿Esos dos son de 1-A?
Howard asiente y señala cabeceando hacia la mesa de los chicos
–Mira, la chica está toreando al niño para que beba de la cerveza.
Nemuri torció el cuello para encontrar al par de niños montando una escenita. Claramente la muchacha llevaba el sartén por el mango.
–Cien yenes a que el chico no bebe.
–Tan poca confianza tienes en el pobre muchacho.
–Te lo digo esos niños afeminados son los peores: cobardes y débiles. No tiene las agallas para hacerlo.
–Mielecilla, claramente no viste lo que hizo en el examen de admisión. Lo subo a doscientos si estás tan segura.
–Hecho.
Japón metió un segundo gol y Nemuri había terminado su tazón, dejando un residuo de caldo en su tazón por ser demasiado picoso. Sintiendo los labios hinchados se volvió un poco en la silla para beberse la lata de Yebisu. En la mesa de la izquierda, alzando un poco más la voz, la chica retomó sus aguijonazos con más fuerza.
–La cerveza es igual que una meada. No te va a emborrachar sólo por beberte una lata. No tienes de que preocuparte, hombrecito –la chica cruzó las piernas y le regaló al chico una sonrisa maliciosa–. Aunque, si eres un cagado que me tiene miedo no voy a obligarte a nada ¡Jujuju! Quizás debería ponerte una faldita, un bonito lazo en el pelo y llevarte de fiesta…
El muchacho se levantó de golpe, derribando la sillita de plástico en la que estaba sentado.
–¡Que te sepas que no soy el tipo de persona al que le interesen estas estupideces!, pero ya me tienes hasta la punta de las narices –Arrebató la lata de las manos de la muchacha, y para la incredulidad de esta y de Nemuri, la abrió y bebió hasta dejarla seca–. Sudé sangre por un año entero para presentar el examen de admisión. Me gané mi lugar y no pienso dejar que te sigas burlando de mí.
La chica entrecerró los ojos y masculló:
–Imbécil.
El chico sólo le respondió con una sonrisa arrogante, que francamente Nemuri no le creía capaz de producir. La chica no se lo tomó bien, pues bruscamente se puso de pie y encaró al niño que le sacaba al menos diez centímetros.
–¡Una botella de Bacardi! Tú contra mi, hombrecito. A ver si muerdes como ladras. Aunque claro si es que tienes miedo…
–¡Ey camarero! –gritó el chico–. Dos botellas de eso que dijo ella.
–Madre mía –murmuró Howard con diversión–. Parece que me debes doscientos yenes.
–Si –reconoció Nemuri–. Lo juzgue mal.
–No te preocupes, todo el mundo lo hizo –Howard soltó una risita–. Izuku Midoriya parece toda una cajita de sorpresas, ¿no crees?
Nemuri no respondió, encontrando demasiado refrescante aquel chispazo de juventud. Y con la cabeza más ligera decidió olvidarse de lo que había pasado con su cuaderno. No valía la pena alterarse los nervios por algo a lo que no tenía una respuesta. Mucho menos con esa mano callosa acariciándole la pierna.
AN: El arco del USJ es por mucho el que más conflicto me causa, especialmente lo que respecta a sus consecuencias. Quiero decir que jamás entendí porque los padres no sacaron a sus hijos de ahí luego de que aconteciera un ataque terrorista en la primera semana de clase.
O a esos niños no los quieren sus padres, o el arco no estuvo planeado a futuro. Por ello terminé por sacar a uno de los chicos, para que al menos haya una consecuencia palpable.
Elegí a Koda por ser el más sensible de la clase. Creo que es verosímil que el chico tomé una decisión así, especialmente si no desea causar preocupaciones a su familia.
Imagino que la suposición obvia sería que Shinsou ocupara esa plaza, pero lamento decirles que no. El estará en el 1-A, se los garantizó, pero será más adelante. Digamos que, habrá otra deserción conforme avance la historia.
En cuanto a quien tomará el lugar de Koda, solo diré: Mischievous Whisper, te tengo una sorpresa.
