Su padre era un borracho que murió atropellado después de haber bebido de más y cruzar la calle sin ver, su madre era una prostituta que murió de sífilis cuando tenía cinco años, Haru había tenido una vida realmente miserable, pero fue realmente feliz cuando llegó al orfanato y encontró a sus amigos, ahora se alejaba de ellos en un carruaje; vestido con las mejores ropas, que nunca soñó tener, del príncipe heredero de Iwatobi.

—Estás hermoso —dijo el consejero sentado frente suyo, sacó la mano y la posó sobre su pierna, la acarició despacio haciendo que el joven le diera una mirada distante y fría —. Cuida tus morales —sonrió con malicia como retiraba la mano —. Recuerda, eres un "príncipe".

Haru lo único que deseaba era llegar al dichoso reino de Samezuka y que el monstruo Rin le hiciera el favor de matarlo. Suspiró hondo y miró por la ventana.

Asia era grande y Rin Matsuoka ya había extendido gran parte de su reino por todo el continente, le faltaba algunos reinos, pero se había interesado mucho en Iwatobi. Por eso alzó su cuartel no muy lejos del reino. Haru no sabía a dónde lo llevaban aunque, nunca había salido del pueblo, apenas salía del orfanato. Incluso el desierto que tenía ante los ojos, le era asombroso, pero lo que más soñaba con ver era un gran océano.

Desde niño le había gustado mucho el agua, siempre jugaba con sus amigos/hermanos en el patio trasero donde había un fuente, pero ahora todo se alejaba más y más.

—Ya llegamos —dijo la molesta y pervertida voz del mayor.

El cochero bajó y abrió la puerta, el primero al bajar era el consejero, arrastró con cuidado la cola de su larga túnica, después, el cochero extendió la mano para ayudar al príncipe. Lo hizo con todo el cuidado del mundo, sólo el rey, el consejero, el director y Nagisa, Makoto, Rei sabían del falso príncipe (era bueno que el verdadero casi no se dejaba ver de los demás, así nadie sospecharía que Haru era un reemplazo)

Haru miró sin expresión alguna el lugar ante él. En el fondo estaba sorprendido. Aquello se veía más grande que Iwatobi. Había murallas y ruinas, había cientos de soldados en cada arco con forma ojival, la entrada principal se abrió para ellos. El consejero fue por la alfombra cubierta de pétalos de rosas primero, Haru lo siguió y los guardias fueron detrás.

Todo el pueblo había salido de sus casas y había dejado de hacer sus quehaceres para recibir al príncipe del reino vecino. Todos miraban y cuchicheaban después de ver a Haru. Sabían que un príncipe era hermoso y atractivo, pero éste sobrepasaba las expectativas, nunca habían recibido a alguien tan hermoso de cara, tan sensual de cuerpo, unos músculos de infarto… Haru se sintió extraño e incómodo, nunca tanta gente lo había visto tan insistentemente.

Llegaron al final del camino, había un palacio gigante que se alzaba en el centro. Los escalones eran grandes y de marfil, Haru siguió al consejero hasta la entrada. Había varias mujeres en diminutos trajes y de cabellera cubierta de joyas y el cuello cubierto de collares, colgaban piercings de la nariz y aros gigantes de las orejas, parecían doncellas y abrieron las puertas lentamente.

El camino suntuoso y opulento parecía interminable, había varios corredores rodeado de arcos ojivales y jardines, por fin llegaron a la corte una hora después (hubiera sido más rápido si no fuera por todos los sirvientes que se pusieron en el camino para saludar a los invitados reales)

...

La corte estaba en un salón grande y había gente por doquier. Rin había llevado las costumbres romanas hasta ese lugar, había varias jovencitas tomando vino con hombres obesos en los rincones y habías chicos jóvenes y bellos jugando entre ellos en el centro, había hombres y mujeres con máscaras que comían y hablaban, a veces miraban a los extranjeros con curiosidad, se reían tontamente. Con tanta gente era difícil saber quién era Rin, ni el consejero sabía, Haru estaba ansioso, a pesar de que estaba dispuesto morir, después de todo nunca tuvo una vida maravillosa, tenía miedo, había escuchado tantos rumores sobre la bestia, Demonio, asesino, torturador… que cada vez que pensaba en Rin, pensaba en un hombre grande, fornido, harapiento con arrugas y cicatrices como los vikingos o bárbaros que atacaban las villas.

—Sal de aquí —dijo una voz femenina detrás de una cortina que estaba en el fondo del salón.

Todos los presentes se apuraron a obedecerla y se fueron dejando las copas de vino a medio tomar y la comida regada en el piso. El consejero frunció el ceño.

—¿Rin es una mujer? —inquirió confundido como una esclava apartó la cortina y apareció una chica con una cola de caballo de color magenta y grandes ojos del mismo color, llevaba un sari de color rojo con bordes rosado.

—El príncipe de Iwatobi —murmuró ella caminando hacia Haru y lo observó detenidamente.

—Así es mi señora —dijo el consejero, tomó la mano de Rin y la besó —. Mi querido rey le ofrece a su hijo para que haya paz —sacó el pergamino bajo la manga y la ofreció a la peli magenta.

—No firmaré nada —dijo ella ignorando el papel —. En ningún momento he pedido un tratado de paz.

—Pero el príncipe está aquí.

—El ningún momento he dicho que me interesa, aunque es un regalo precioso —dijo ella con el corazón latiéndole rápidamente, Haru era demasiado atractivo, ahí de pie en silencio, parcia una hermosa estatua.

—Pero…

—Déjame pensarlo —sonrió con malicia Rin e hizo señas a los guardias que entraron al lugar, se pusieron a los lados del consejero —. Ellos lo escoltarán de regreso a Iwatobi.

—¿Qué?

—Cuando diga si me gustó el regalo —sonrió con lascivia como posó unos dedos sobre el pecho de Haru, se exaltó al sentir su cálida piel y sus duros músculos.

—Entiendo… Entiendo… —dijo el hombre —. ¿Puedo hablar con mi señor antes de marcharme?

—Claro —dijo Rin y les señaló una cabina tras una cortina para que hablaran en privado.

Una vez a solas, el consejero sudó frío.

—Escucha muy bien, niñato, es mejor que contentes a esa bruja y que firme el maldito tratado.

Haru asintió con la cabeza levemente.

—No te hagas el listo, si ella ataca el reino, tus amiguitos también morirán, serán los primeros —el hombre finalizó la amenaza y salió de la cortina y se acercó a Rin —. Mi señora, espero que disfrute del regalo y verá que sólo queremos paz —hizo una reverencia, volvió a besarle la mano y fue escoltado por los guardias hacia la salida.

Haru Salió tras las cortinas, miró a la chica y ella le sonreía.

—Eres un príncipe guapísimo, a mi hermano le va a encantar, ¿cierto Rin?

Confundido Haru arrugó el semblante, ¿ella no era Rin? ¿Qué Demonios estaba pasando?

—Lamento el show, pero no me gusta socializar —dijo una voz masculina, suave, pero autoritaria.

Haru sintió su corazón parar ahí mismo, no sabía qué hacer, cómo reaccionar. La hermosa chica de cabellos magenta y grandes ojos no era Rin. Al principio, pensó, era fácil tratar con una chica, de por naturaleza eran amables y tiernas, pero un hombre… Rin Matsuoka era un hombre después de todo. Incluso si el peliazul quería salir corriendo, no podía, tenía miedo y curiosidad por conocer a ese hombre bestia.

—Gou, vete —dijo la voz y ella se fue, Haru no sabía si ésta le sonrió con picardía o con pena.

...

Haru estaba solo en el salón, la voz seguía escondida tras de la cortina. Sintió que Rin lo miraba tras la tela. Unos meros segundos, duraron una eternidad. Una mano salió por la cortina, unos dedos largos apartaron la tela abruptamente, aquello le quitó el respiro al ojiazul, sus ojos se ensancharon y entreabrió la boca. ¿Aquél chico era el temible monstruo que tenía el poder de un Dios? Tenía la misma edad que Haru, incluso casi la misma estatura y, por último, éste Rin no tenía cicatrices ni barba ni músculos sobre exagerados, se veía como un joven príncipe de alguna familia poderosa.

Mientras que Haru miraba a Rin, éste lo miraba a él, más bien lo estudiaba, paseaba alrededor suyo, mirándole de arriba abajo sin perder detalle.

De repente, el menor tuvo ganas de llevar más ropa, ya que el otro podía escudriñar su cuerpo a placer. Haru sólo vestía un top corto que apenas le cubría el pecho, su torso y vientre marcado estaba a la vista. Llevaba un kufiyya de color blanco en la cabeza, con un velo azul y bordes dorados, que le cubría parte del rostro y hombros, y caía como una capa. Llevaba unos pantalones holgados de color negro con un gran cinturón de oro en cuál enfundaba una espada, e iba descalzo.

Rin parecía un niño curioso, no provocaba miedo, no por el momento, Haru sonrió ante los rumores y aquello no pasó por desapercibido para el mayor que le quitó el velo para admirar su sonrisa, como un reflejo él también sonrió mostrando sus dientes, que parecían colmillos, un tiburón salvaje que podía nadar incluso en el desierto, en la arena, Haru se sobresaltó, no de terror sino de curiosidad, observó con ojos grandes y azules al otro.

—Eres mío —dijo el mayor demandante, llevó la mano por sus cabellos oscuros y lo hizo acercarse —. Puedo hacerte lo que quiera, mi príncipe.

El corazón de Haru casi le salía por el pecho, nunca nadie le había dicho "eres mío", ni sus padres que le dieron la vida. Él nunca había sido de nadie, era un ser solitario y abandonado, ahora Rin le tomaba como si fuera su dueño, por alguna razón, a Haru le gustó, la idea de pertenecer a alguien y deseó que éste le hiciera lo que quería.

—Me dijeron que eres virgen —susurró a su oído haciéndolo estremecerse.

—Puede hacerme lo que quiera… para eso estoy aquí —dijo secamente.

El mayor lo tomó de la barbilla y lo hizo mirarlo, Haru admiró sus orbes rojos fuego.

—No sería divertido si simplemente te dejas hacer como si fueras un muñeco, entrégate a mí —abrió la boca contra su lóbulo y le dio un leve mordisco.

...

Haru llevaba una semana en el palacio y Rin no había hecho ningún acercamiento. Tal vez no le gustaban los chicos MENTIRA Haruka lo había visto con varios chicos en las fiestas que se hacía en la corte por las noches, Rin siempre estaba rodeado de chicos atractivos y y los besaban y los tocaba y al mismo tiempo, estos lo besaban y lo tocaban, aquello enojaba al peliazul, parecía una orgia con ropa.

Esos chicos rodeaban a Rin, que siempre estaba tendido sobre unos cojines persa, se encaramaban sobre él, lo devoraban a besos, a Rin parecía gustarle y estos paseaban sus manos por el pecho del peli magenta, trazaban con la punta de los dedos cada músculos. Haru estaba en una esquina mirando, se enojaba más y más al ver cómo restregaban sus cuerpos sobre el de Rin, lo peor era que Haru empezaba a sentir calor y hormigueos en la entrepierna, incluso si llevaba pantalones holgados e interiores no muy apretados, sentía un dolor que lo presionaba, su miembro crecía y apartaba la vista para no ver cómo Rin metía la mano dentro del pantalón de uno de los esclavos, pero seguía escuchando, el esclavo gemía entrecortadamente como Rin lo masturbaba… Haru se mordió el labio inferior, esa noche, como todas, no soportaba más, dejó el salón y paseó por los jardines.

La noche fresca siempre lo relajaba, pero esa noche estaba más caliente que nunca. Era el colmo cuando Rin masturbaba a ese chico, lo hacía al mismo tiempo que lo miraba a los ojos. Haru sintió tanto desconcierto, era como si el otro se burlara de él, como si supiera lo que le causaba, se tocó el pecho, su corazón latía fuertemente. Se dirigió hacia la cascada que estaba al fondo de los jardines estilo Mongolia.

Cuando encontró la cascada siempre iba ahí, era como el patio trasero del orfanato, pero mil veces más grande y el agua no tenía límite. El agua resbalaba por las rocas, que estaban en la cima, y llenaban el suelo a sus pies, amaba el sonido de cada gota que chorreaba contra las piedras, amaba el olor del agua que cubría las plantas.

Haru sonrió y se quitó las prendas que llevaba, era incómodo tener que llevar velos y kufiyya hasta en los salones internos, pero ahora se sentía libre al despojarse de todo, estar simplemente desnudo, disfrutó el cálido viento nocturno y la brisa de la cascada antes de echarse dentro del agua.

El chapuzón irrumpió en la solitaria noche. No había nadie excepto él y el agua. Nadó en ella libremente sin preocuparse, se olvidó que era huérfano, se olvidó que extrañaba a sus amigos, se olvidó que estaba en un palacio con desconocidos, se olvidó que Rin lo ignoraba y besaba y tocaba a esos chicos ante él.

Pero la alegría no duró mucho, Haru aún sentía las venas palpitarle fuertemente por el cuerpo, de repente empezó a pensar en Rin y en la forma lasciva como éste lo miraba mientras subía y bajaba la mano por el pene del esclavo.

Haru salió del agua, se sentó cansado y aturdido en el borde, su miembro era erecto, no perdió tiempo y empezó a masturbarse a gran velocidad, sin embargo, se detuvo al ver unos orbes rojos entre las sombras, también reconoció la sonrisa sardónica de Rin. Avergonzado, el peliazul apartó la mano y buscó levantarse para recoger la ropa y huir, pero Rin rápido lo alcanzó y se puso ante él antes de que se moviera siquiera.

—Yo me preguntaba qué tanto hacías aquí, solo —dijo Rin con media sonrisa como Haru evadió verlo —. Quiero ver… —aproximó el rostro, uniendo su nariz con el del menor, causándole escalofríos con su cálido aliento, Haru podía oler su aliento a vino y perfume de rosas.

Haru negó con la cabeza, a Rin le gustaba y lo tomó por la nuca y lo forzó a mirar a su propia erección.

—Te duele…

Haru asintió débilmente, Rin agarró de la muñeca, la misma mano que usaba para tocarse antes de que llegara. Rin llevó la mano hacia el miembro y Haru gimió al tocarse la punta, estaban húmeda y caliente, por inercia movió sus dedos por la longitud olvidándose de la presencia de Rin y se puso a tocarse, subió y bajó la mano con desespero en busca de liberarse, nunca había estado tan excitado, pero al ser visto por el de cabello magenta, sólo hizo que se excitara más.

Haru se dejó caer de espaldas contra el frío suelo, aceleró la mano por su miembro, se mordió los dedos para evitar gritar, su cuerpo se estremecía y se sacudía, sentía que pronto iba a llegar. Rin sonreía como lo observaba, observaba su cuerpo retorcerse de placer, el peliazul no pudo más y se vino bañando su propia mano con su semilla.

Se mordió más fuerte los dedos, ahogó el grito final como la ola de placer lo invadía de pies a cabeza, sus mejillas estaban rojas, respiraba exhausto, una vez que se le fue la excitación, sintió morir de vergüenza con el mayor mirándolo fijamente. Haru iba a cubrirse la entrepierna con las manos, pero el otro lo interrumpió.

—Quédate quieto.

Rin lo dijo suavemente, pero en tono demandante, Haru no sabía porqué tenía que obedecerlo, pero lo hizo. Se quedó inmóvil, con los brazos a los costados, Rin tomó su miembro semi erecto, aquello hizo que el menor se sonrojara más.

Rin empezó a jugar con la base, movió de un lado a otro despacio y apretujó los testículos, la parte sensible y a veces olvidada, aquello causó una sensación de placer intenso por todo el cuerpo del peliazul y antes de que pudiera reaccionar, su miembro ya estaba duro otra vez.

Rin sonrió al sentir la dureza contra la mano, acarició la tersa piel de la delicada hombría, la apartó para alcanzar la punta y lo próximo que sabía Haru era que éste lo estaba succionando con sonidos eróticos, los labios del pelo magenta envolvían la punta y succionaba, luego lamía las gotas presemen que brotaban, entonces introducía todo el miembro y chupaba despacio, aquello alargaba el placer, alargaba la tortura, Haru se removía incómodo, sentía que iba a venirse por segunda vez, era tanto el placer que el otro le daba con la lengua y los dientes que no se dio cuenta cuando Rin llevó la mano bajo su trasero, lo hizo alzarse de caderas y acarició el anillo que rodeaba la entrada virgen.

El de ojos rojos sonrió al darse cuenta que era realmente virgen, Haru se había encogido de dolor con sólo sentir el dedo jugar alrededor de la entrada.

—No quiero hacerte daño, mi príncipe —Rin retiró el miembro de la boca, se limpió con el dorso de la mano —. ¿Quieres que siga? Porque si lo hago no pararé aunque llores y supliques… ¿Quieres que yo sea el hombre que te tome?

Haru tenía miles de emociones en la cabeza, pero la excitación le ganaba, asintió con la cabeza enérgicamente.

—Dilo.

—Quiero que seas el hombre que me tome… Quiero que seas mi primera vez, Rin… —dijo Haru decidido, sus ojos azules brillaban fieramente y en un acto inesperado, se echó sobre Rin y lo besó.

El mayor rió ante la boca inexperta, Haru empujaba torpemente la lengua dentro de él, lo rodeó con los brazos para calmarlo, Rin tomó el control para enseñarle cómo besar, lo palmeó suavemente por la mejilla, lo cogió de la barbilla para hace que se relajara, él no iba a huir, Haru cerró los ojos y dejó que Rin llevara el beso, éste le dio un masaje con la lengua y luego exploró su cavidad, lo saboreó, Haru gimió entrecortadamente, buscaba abrazar a Rin, restregaba su cuerpo y su miembro erguido contra la entrepierna de éste, que aún llevaba los pantalones.

—Acuéstate —pidió amablemente el mayor y Haru hizo una mueca, no quería apartarse de él, aquello hizo que el otro se riera —. Seré tuyo pronto, mi príncipe, y tú serás mío.

Haru asintió efusivamente con la cabeza. Rin se quitó la ropa ante él, llevaba un chaleco con el pecho cubierto de collares, los despojó todas. Luego siguió con el pantalón blanco y los briefs. Su cuerpo era atlético, musculado y fornido, Haru admiró todo el bello ser, pero le daba pena mirar hacia la entrepierna de éste.

—Cuando te haga el amor, no quiero que ahogues los gemidos, quiero que digas mi nombre, ¿de acuerdo?

—Sí… Rin… —replicó Haru y esperó que el otro se posara entre sus piernas. Rin lo agarró por los tobillos y los recostó sobre los hombros, luego, se inclinó y rozó su dureza contra sus glúteos, presionó abriendo paso hasta la entrada.

Rin estaba extasiado, Haru era tan bello y estaba igual de caliente por él, lo aferró firmemente y entró la punta del miembro, Haru se mordió el labio inferior tan fuerte que sangró, no había sido preparado demasiado, pero no había una forma de prepararse de verdad, simplemente tenía que confiar en Rin, en ese maldito monstruo que lo había provocado tanto y que por fin consiguió hacer que suplicara por él.

Con cuidado Rin se movió adelante, empujó el pelvis introduciendo más el miembro hasta la mitad, Haru se retorció adolorido, el acto hizo que el miembro lo dañara más, sintió frío como si sangrara.

—Creo que lo dejamos para otro día —dijo Rin mordisqueando el labio inferior, le dolía ver al menor sufrir, incluso si él disfrutaba tener su miembro dentro.

—… Rin, por favor… Siga… llevo esperando… días… —confesó Haru sorprendiéndolo.

—¿D-días?

Haru asintió, cada vez que veía a Rin jugar con los esclavos, él envidiaba a esos chicos y deseaba que Rin lo tocara sólo a él.

—De acuerdo… No quiero lastimarte… —dijo Rin y finalizó de entrar su miembro, el interior era tan estrecho y Haru estaba tan tensionado que apretó los músculos aprisionando más el miembro.

Rin se inclinó para besarlo, a pesar de la molestia que causaba, mientras lo besaba esperó que el menor se relajara y así proseguir a moverse. Haru lanzó un gemido en medio del beso, Rin lo mantuvo quieto contra el suelo y empezó a entrar y salir de su entrada virgen, desvirgándolo con cada estocada, Haru gimoteaba, su expresión estoica se llenaba de placer gracias al tirano que golpeaba el miembro dentro hasta el fondo en cuál tocaba su próstata. Haru había encontrado el placer mientras más duro lo penetraba, sentía que el otro abría paso en su interior y lo chiflaba con el placer que le daba.

—Ya… no puedo más… —exclamó Haru gimiendo a alto volumen —. Rin… aaah… ahí por fa… vor… aah… —empezó a mover la cintura por inercia para seguirle los pasos del mayor.

Rin alentado por la voz que gemía de placer, se movió de prisa, enterraba el miembro contra el punto sin compasión. Haru pronto se vino por tercera vez esa noche sin siquiera tocarse, el miembro en su interior enviaba azotes de placer por todo su cuerpo. Rin tampoco podía más, hacía tiempo que no tenía un virgen, Haru apretaba tanto que lo hizo venirse sin problemas, sacó el miembro antes de venirse, el peliazul se alzó confundido, pero entonces un brote de líquido caliente y blanquecino se echó del miembro de Rin y cayó sobre su propio miembro y muslos.

Haru lanzó varios gemidos y se contornó al sentir la esencia del otro cubrirlo, luego Rin lo agarró de los cabellos para besarlo.

—Eres oficialmente mío, mi príncipe.

—Aaaah —jadeó exhausto —. Y tú eres mío, de nadie más… No quiero verte con los esclavos… —murmuró Haru en tono posesivo como lo agarraba del collar con dije de cruz que usaba.

Rin frunció el ceño, arrugó el semblante, entonces sonrió.

—Lo que digas, me gustas, Haru —a Rin le gustaba demasiado su regalo, así que podía abandonar su jugueteo con los demás y dedicarse solamente a él —. ¿Yo también te gusto?

—Sí, Rin… —dijo Haru con una sonrisa, pocas veces lo hacía, pero estaba con el chico que amaba, cuando le hizo el amor sintió que ya no estaba solo sino que era un solo ser con el otro.

no es la historia más wow, pero no podía sacarme de la cabeza en hacer algo estilo las mil y una noches por el ending y los fanarts de rinharu vestidos de esa forma, las imágenes las ves en mi twitter que está en desorden o en amor yaoi