Huele a amor adolescente


Disclaimer: Bueno, me compré un ventilador pero Jotaká debe tener frío ahora.

[Todo (excepto Claire Nott) le pertenece a Joanne Kathleen Rowling. Yo utilizo sus personajes sin fines de lucro.]

Este fic participa del reto "Olores de Amortentia" del foro "Amor de Tercera Generación".


II: Tarta de melaza


De llegadas tarde, tarta de melaza y hermanas suspicaces


Por aquel entonces, Hugo tenía trece años. Era —y sigue siendo— un niño decididamente muy alegre y hablador. E inquieto. Oh, increíblemente inquieto. Uno hubiera pensado que el chico tenía hiperactividad. Pero no.

Sólo le gustaba moverse y correr de aquí para allá, parloteando con cualquier persona que se cruzara en su camino; haciendo amigos nuevos a cada paso y haciendo que le restaran puntos a Gryffindor por chocarse con los profesores en sus locas carreras a ningún lado.

Había sólo pocas cosas que lo tranquilizaban. Y una de ellas era la comida. Oh, Hugo era Weasley en toda regla y la comida —y el estudio— era primordial en su vida. Por eso casi siempre llegaba primero a desayunar en las mañanas y era el último en irse en las cenas.

Pero la comida que Hugo amaba más que nada, más que nada en el mundo, era la tarta de melaza. Amor heredado de su padre, tal vez, Hugo adoraba comer tarta de melaza. Y no tenía miramientos en comerse cualquiera que se atravesara en su camino.

Además de la comida, había sólo otra cosa que lo hacía detener sus veloces movimientos. Y tenía nombre y apellido. Claire Nott.

Sí, ella podía lograr que Hugo se detuviera, se quedara mudo, se sonrojara… Podía lograr cosas que nadie podía. Y lo conseguía sin siquiera abrir la boca.

Oh, Claire…

Para Hugo, Claire era como una… una… como una tarta de melaza caída del cielo. Sí, esa era la perfecta descripción. La tarta de melaza era perfecta, igual que ella. Sin objeciones.


Esa mañana, Hugo se despertó más tarde de lo común. Desperezándose, miró su reloj y se alarmó terriblemente al notar que faltaban veinticinco minutos para que empezara su clase de Encantamientos. Pero eso no podía ser porque Hugo siempre se levantaba tres horas antes del comienzo de las clases. No, el reloj tenía que estar mal. ¿Cómo podían faltar veinticinco minutos?

Pero así era. Y Hugo no llegaría jamás —JAMÁS— tarde a una clase. Que por algo era hijo de Hermione Granger. Así que se levantó apresuradamente y, sin siquiera pasar por el baño a bañarse o, al menos, lavarse la cara, se vistió y salió disparado al Gran Comedor para desayunar lo más rápido posible y volar hasta la clase.

Bajó las escaleras de la forma más veloz que pudo y se dirigió al Gran Comedor a tomar y comer algo antes de ir a Encantamientos.

Para cuando llegó, el recinto estaba casi desierto; sólo unos pocos estudiantes de su edad seguían sentados en las mesas y los demás eran alumnos mayores que tenía ese tiempo libre. «Malditos suertudos», pensó Hugo, corriendo hacia la mesa de Gryffindor.

En su mesa se encontró con su prima Molly, que lo miró severamente, como reprobando el estado en el que Hugo había llegado.

Pero a él no le importó. Tenía que comer e irse directamente al aula de Encantamientos sin interrupciones de por medio. Nada de hacer enojar a Peeves o distraerse con los cuadros. Eso sólo lo podía hacer cuando sabía que llegaría con tiempo a las clases y no en un día como éste.

Se sentó en su lugar favorito de la mesa, porque Hugo era raro y tenía un lugar favorito en la mesa, allí, cerca de la puerta, y se sirvió un vaso de jugo de naranja, mirando la comida que había quedado en la mesa. Buscó con insistencia un poco de tarta de melaza, su comida favorita y vio con desesperación que ya no había.

Merlín, se habían comido toda la tarta de melaza de la mesa de Gryffindor. ¿Ahora qué diablos iba a comer? Bueno, quedaban un par de tostadas y un poco de tocino. No. Hugo Weasley quería tarta de melaza e iba a conseguir tarta de melaza.

Giró la cabeza y comenzó a buscar con la mirada a su hermana, Rose. Quizás en la mesa de Ravenclaw no se habían acabado toda la tarta de melaza, pensó. Y podría pedirle un poco a ella. Tuvo suerte. Vislumbró su cabello rojo —idéntico al de él, por supuesto— y vio con alegría que, frente a ella, una chica de cabello moreno, que identificó como la mejor amiga de Rose, Melissa Lowney, tenía en sus manos el último pedazo de tarta de melaza de la mesa.

Se levantó torpemente de su mesa y, tropezando con su túnica al correr se dirigió a la mesa de Ravenclaw, rezando para poder llegar a tiempo a Encantamientos, aunque se tuviera que comer ese pedazo de tarta por el camino.

Cuando llegó, saludó con un movimiento a su hermana, quien le devolvió el saludo de forma vaga, dado que estaba leyendo un enorme libro de Transformaciones. Hugo le restó importancia —después de todo, él era igual— y le tocó la espalda a Melissa para llamar su atención. Sin esperar a que ella se diera vuelta, exclamó:

—Hey, Melissa, ¿podrías darme tu tarta de mel…?

Pero Hugo no pudo terminar su pregunta porque la joven se había dado vuelta y notó con sorpresa que esa chica no era Melissa Lowney, la simpática de su hermana y la futura novia de su primo Fred —porque eso era algo que se susurraba por todo Hogwarts—. Esa chica no era ni por asomo Melissa. Era Claire Nott.

Y ella lo miraba sonriendo. ¡Qué espanto, Merlín! ¿Por qué se tenía que encontrar con ella? ¿Y por qué justo se la tenía que encontrar cuando él estaba en ese estado zaparrastroso con esa cara de dormido, el pelo completamente despeinado y la túnica desarreglada?

—Disculpa, pero no soy Melissa —dijo ella, manteniendo su sonrisa. Hugo la miraba fijamente, intentando tranquilizarse para no echarse a correr.

—Ah… eh… —tartamudeó—. Perdón, eh…

—Pero no importa —continuó ella, ignorando que estaba causando que Hugo estuviera teniendo algo similar a un ataque de taquicardia—, puedes quedarte con este pedazo de tarta de melaza, si quieres. Yo ya estaba terminando.

Y le entregó el último pedazo de tarta que tenía en la mano, antes de agarrar su mochila y salir caminando tranquilamente del Gran Salón hacia algún lugar que Hugo desconocía, mientras él se quedaba ahí, parado en medio del Gran Salón, con un pedazo de tarta de melaza en la mano. Ah, y con su hermana mirándolo suspicazmente. Como si no hubiera tenido suficiente con ese momento, que probablemente jamás abandonaría su memoria.

Y de repente, como accionado por alguna máquina, como si se le hubiera encendido el despertador interno que tenía, reaccionó, salió de su mutismo y se echó a correr fuera del Gran Salón.

¡Estaba llegando tarde a Encantamientos!

Y todo por culpa de un pedazo de tarta de melaza. Y por culpa de Claire Nott, por supuesto.


¡Hola! Acá yo, escuchando "Shenanigans", mi última adquisición en materia de discos; lo encontré de casualidad y no resistí comprarlo, así que I want to be on T.V! (?). Nah, mentira. Bueno, esto fue "Tarta de melaza".

Cositas aparte: yo me imagino a Hugo como una mezcla de Ron y Hermione, así que creo que esto me quedó bastante bien. La vagancia estaba ganando pero no la dejé y terminé.

Otras cosas aparte: yo tengo la idea de que Hugo se "enamoró" (o como le quieran decir) de Claire a la edad de once años. No sé, bueno, si enamorar pero sí sintió algo que fue creciendo con los años. Y esto fue uno de los momentos de esta pequeña parejita.

En fin, nos vemos en el último capítulo... "Bacon" :D

Chica Nirvana.