Los personajes no son de mi propiedad, pertenecen a Rumiko Takahashi.
Hago esto sin fines de lucro, solamente con el fin de entretenerme.
Notas;
Conversación telefónica: —, *—
Diálogos: —/—
Salto de escena: -0-
El siempre había una persona un poco arrogante, ególatra y hasta cierto punto, presuntuoso, pero nunca había sido una mala persona, aunque a veces se sentía mal por las mujeres que dejaba a su paso, por no atender las súplicas de las locas mujeres que le rogaban por sexo, a pesar de ser joven, a sus 26 años todavía no tenía bien definido el rumbo de su vida, hacía pocos años que se había graduado de la Universidad y todavía no tenía claro que hacer para tener una vista estable en un futuro, pues su padre lo ocupaba en distintas labores en sus empresas ya que era dueño de una, o quizás, la más grande corporación de la región. Tal vez ese era uno de los motivos por el cual Inuyasha no se lograba decidir, pues las empresas de su padre eran diversas y en varios ámbitos, sabía que tarde o temprano debía de hacerse cargo del negocio de la familia, para no dejarle a su odioso hermano que el solo manejara el patrimonio familiar a su antojo. Su amigo Miroku no le ayudaba mucho que digamos, pues el solo pensaba, en esos momentos, en acostarse con el mayor número de mujeres posibles y sin la menor preocupación de sus actos pues a la igual que el, también su familia era de un alto nivel económico solo que ellos se dedicaban a la construcción, tenían una muy productiva constructora, y por ello Miroku había estudiado Ingeniería civil para continuar con el negocio de su familia.
Ese día por la tarde Miroku hablo al teléfono de su amigo para invitarlo a uno de los mejores centros nocturnos de la ciudad, con el pretexto de apreciar la estructura interior del edificio.
Inuyasha vamos, acompáñame, necesito de tu opinión.— Era la tercera vez que se lo pedía pero Inuyasha no la había pasado muy bien la última vez que salieron juntos a "ver el diseño del edificio".
—Feh!, si como no, tú lo que quieres es ir a ver quién será tu próxima víctima!*. Y es que esa vez su libidinoso amigo lo dejó solo en el antro sin siquiera despedirse.
Tal ves tengas razón, pero esta ves creo que sería diferente, no sé igual y encuentro al amor de mi vida— Decía con una voz un tanto melosa.
—Miroku… eso dijiste la última vez y terminaste con dos zorras en un motel!!!*
Amigo, es que no puedo negrales que disfruten de cuerpo perfecto que me tocó, sería muy injusto para ellas—
Inuyasha rodó sus ojos en señal de cansancio, pero la verdad es que el también tenía ganas de salir y distraerse un poco pues su padre y su hermano lo tenían estresado con sus encargos.
—Está bien, pero esta vez iremos en mi auto, no quiero tener que pedir que vallan por mi a media noche como la otra vez*. Argumentó mientras se recostaba sobre su cama con su brazo libre debajo de su cabeza.
Excelente amigo, dime en donde te veo o pasas por mi?— Se notaba el entusiasmo en su voz.
—Paso por ti, te llamo en cuanto valla para allá*.
Entonces te veo más al rato, adiós— Pensó qué tal vez pudiera pasar una buena noche pues había escuchado que habría un evento en aquel lugar y podría aprovechar para ver si todavía tenía algo de su vieja fama con las mujeres, pues ya no hacía tantas cosas como cuando era estudiante, pero tal vez todavía le quede algo, como dice el dicho, hazte fama y échate a dormir.
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El día había sido excelente, las dos acababan de recibir los resultados de su penúltimo examen y las dos habían salido muy bien aunque Kagome había obtenido ligeramente mejor calificación que su amiga, pero eso no les importó en lo más mínimo por que ellas siempre habían sido las mejores de la clase desde la secundaria, Kagome 1er lugar y Sango 2º o viceversa, aunque los diferencias eran mínimas.
Las dos se dirigían hacia los baños de mujeres que quedaban más cerca del lugar donde se encontraban. Ya dentro la dos estaban retocando su maquillaje y acomodando su cabello, Kagome cepillaba con sus finos dedos su larga y bien cuidada cabellera azabache, pues a ella le gustaba cuando sus suaves ondas caían sobre sus hombros y resbalaban por su espalda, por su lado Sango volvía a hacer su coleta alta para realzar más su lacio y lago cabello castaño sin dejar ningún cabello suelto.
En ese momento entraron dos chicas que parecían estar muy alegres, lo que no pasó desapercibido por ellas, por lo que escucharon atentas lo que las jóvenes decían mientras fingían seguir embelleciendo sus cabelleras. Las jóvenes hablaban de un centro nocturno al que iban los mejores prospectos de hombres, al parecer había un evento especial en el lugar por lo que las jóvenes aseguraban que iba a estar abarrotado.
Kagome y Sango esperaron a que aquellas jóvenes salieran del lugar para voltear a verse sorprendidas;
—Escuchaste lo que dijeron?—, decía Sango con un tono de voz muy animado, le parecía una perfecta idea ir también a ese lugar para divertirse y despejarse un poco de sus deberes estudiantiles.
—Si, claro que las escuché, te gustaría ir?, Al fin de cuántas no nos hemos distraído mucho últimamente—. Al parecer Kagome tenía la misma idea que su amiga.
—Si, claro, además no quiero terminar el semestre tan estresada—. Decía mientras se observaba minuciosamente frente al espejo.
Dicho esto ambas salieron del baño para dar un último paseo ese día por los jardines del campus. Caminando ya rumbo al estacionamiento del lugar Sango recuerda lo que esas chicas dijeron, " al parecer a ese lugar acuden personas de un nivel económico más alto que el de ellas" por lo que se le viene a la mente llamar a su amiga Rin.
—Oye Kag, y si invitamos a Rin a ir con nosotras al antro?—, pregunta Sango a su emocionada amiga, que estaba un poco distraída.
—Eh?, Si estaría bien, hace mucho que no la vemos, a ver qué te dice—. Precisamente ella también había pensado en eso porque sabía que Rin estaba acostumbrada a socializar con ese tipo de personas.
Sango saca el teléfono de su bolso para llamar a su amiga. Hacia ya algo de tiempo que no la veían pues ella cursaba la carrera en un instituto privado y muy costoso, por lo que casi no se veían además que ella era un año menor que ellas. Marcó rápidamente el número telefónico de la susodicha y al tercer timbre ella contestó;
Hola Rin hermosa, cómo has estado?— habló ella primero con mucha alegría.
—Hola Sango, que milagro que me llamas, yo estoy muy bien, acabo de terminar mis clases y la verdad me sorprende tu llamada, ustedes ya terminaron sus clases?* La voz de Rin era muy dulce y hasta un poco aniñada, pero la verdad es que era bastante madura para su edad.
Si, pero ya solo nos falta un examen para finalizar y seremos libres!!!— decía mientras hacía un movimiento con su mano como si despejara algo.
—Y cuéntame, no piensan celebrar, ya casi se gradúan?*
Si por eso mismo te llamamos, Kag y yo queremos que nos acompañes a un antro para celebrar, que dices?—. Afirmó a la vez que abría su vehículo para que ella y su amiga entrarán en este, acomodándose en sus respectivos asientos.
—Ah muy bien, perfecto, y van a ir acompañadas, ya saben con hombres?*. Eso desconcertó un poco a Sango, ella nunca había visto a Rin que saliera con algún chico, tal vez lo hacía pero ella nunca la había visto.
No solo iremos Kag, tú y yo—
—A muy bien, entonces nos vemos en tu casa?*
Si ahí nos vemos, te vemos por la noche, adiós!— Finalizó Sango la llamada con un sonoro beso en despedida de su amiga, estaba muy contenta y agradecida de que accediera a acompañarlas, y también de que fueran más para poder mezclarse mejor con la gente del mencionado lugar.
Llegaron al pequeño departamento de Kagome después de haber pasado por un restaurante de comida vegetariana, pues de ves en cuando les gustaba salir de lo cotidiano y de paso cuidar un poco de su envidiable figura.
Ya en el departamento se dedicaron a buscar algún atuendo para la tan esperada noche. Kagome ya tenía en mente que ponerse; un sexy y diminuto vestido negro, en la parte superior un escote de corazón que cubría lo necesario, pues con sus grandes y redondos senos dejaba mucho al descubierto, quedaba ceñido a su diminuta cintura con un cinturón dorado dónde daba inicio a una falda con un un ligero vuelo que caía acariciando sus anchas caderas hasta unos cuantos dedos por encima de su medio muslo, dejando ver sus torneadas y bien trabajadas piernas que eran realzadas por unos vertiginosos tacones del mismo color del vestido, ese color hacían que resaltara su blanca y suave piel, haciendo que pareciera una muñeca de porcelana fina. No agregaría alhajas ostentosas solo una delicada cadena con un dije en forma de estrella de cinco puntas haciendo juego con unos discretos aretes. También había decidido alaciar su cabello y sujetarlo con una elegante y bien peinada coleta alta para realzar el diseño del vestido, del mismo modo que usaría maquillaje sencillo que dejara ver su belleza natural. Por su parte su amiga Sango usaría un ajustado y corto vestido color magenta que le quedaba como dibujado al cuerpo relatando sus deliciosas curvas y sus exuberantes senos, su vestido tenía un escote cuadrado y era de tirantes anchos lo que enmarcaba perfectamente esos apetecibles montes, ella también usaría unos altísimos tacones de color negro, su maquillaje era un poco más notorio que la hacía lucir un poco más madura.
Amabas se miraban al espejo satisfechas de su trabajo, pues las dos se veían realmente hermosas y ellas lo sabian, pues en su rostro se alojaba un malévola sonrisa.
Eran alrededor de las 9 de la noche cuando sonó el timbre del departamento; la inquilina del lugar se encaminó para abrir la puerta y ver que era su pequeña pero muy alta amiga Rin.
—Hola Rin, qué bueno que ya llegaste, cómo has estado?—, la saludo y depósito un suave beso en su mejilla muy emocionada de verla pues no habían hablado ya hacia algún tiempo, pero no por eso su amistad se había enfriado.
—Hola, yo muy bien, pero no tengo que preguntar lo que veo, tú has estado de más de bien, estás muy guapa!— aseguró detallándola con la mirada sorprendida de piezas a cabeza, causando un ligero sonrojo en la azabache.
—Muchas gracias!, Haces que me sonroje, pero tú no te quedas nada atrás—, del mismo modo ella también hizo un escrutinio en la chica que entraba a la casa, pues llevaba un entallado vestido blanco que llegaba a medio muslo, este era de cuello redondo y con mangas , era un poco más recatado que el de sus amigas pero no por eso dejaba de ser sensual, pues dejaba ver claramente el curvilíneo cuerpo de la joven ojimarrón que calzaba tacones de una altura moderada en color nude, ella no usaba zapatillas tan altas pues por su estatura no las necesitaba.
Sango hizo su entrada a la sala donde se encontraban las dos chicas elogiando se mutuamente, —Bien muñequitas vamos que se nos hace tarde—.
Las tres abordaron el vehículo de Sango pues a Rin la había llevado su chofer, que pasaría a recogerla a donde ella le indicara.
Llegaron al dicho lugar, observaron por la ventana que efectivamente había mucha asistencia, por lo que se emocionaron y no dudaron en descender del vehículo para entregarle las llaves al joven encargado de acomodar los vehículos de los asistentes. Al estar frente a la entrada Kagome no pudo evitar ver una larga cabellera platinada dentro del lugar, lo que llamó mucho su atención.
Continuará…
HalethN.
