¡Hola!, aprovechando la racha de buenas ideas les traigo otro capítulo, espero lo disfruten.
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Fiebre
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Sin duda la prueba máxima que le reconocía como el santo de acuario era seguir manteniéndose sereno estando al lado de ese guardián. Se podría decir que era una prueba a la que siempre se veía sometido y a la que — tenía que admitirlo— no deseaba separarse, aunque había momentos como el de ahora que consideraba la posibilidad de salir huyendo.
— ¡Ya déjenme en paz! –Escuchó la voz molesta de la persona que era la responsable de sus dolores de cabeza— Dije que estoy bien, son unos exagerados.
— Por cuarta vez, he dicho que no— Se cruzó de brazos manteniendo su semblante serio— Kardía no saldrás de aquí.
Tuvo que reprimir una sonrisa que amenazaba con formarse en sus labios al ver las muecas infantiles del guardián de escorpio. Kardía era sin duda un niño que odiaba no salirse con la suya; caprichoso, burlón, orgulloso como solo él sabía. Siempre buscaba llamar su atención y no se rendía hasta conseguirlo, pero también debía reconocer las cualidades que tenía, debajo de esa mascara que mostraba ante todos se encontraba una persona noble que se preocupa por los demás, atento, cariñoso, un estratega cuando se lo proponía
— Kardía o regresas a la cama o dormirás encerrado en un ataúd de hielo— Amenazó al ver que en un momento de descuido el peli azul se había escabullido intentando llegar a la puerta.
— ¡Dégel, estoy aburrido!— Exclamó regresando a su lecho, sabía que las amenazas del guardián de acuario no eran ninguna broma.
Un suspiro escapó de sus labios al seguir escuchando las quejas del otro. Había muchas cosas que el de escorpio odia pero la que se llevaba el trofeo era que –en palabras del otro— exageraran en sus cuidados cuando tenía un ataque de fiebre, odiaba estar encerrado.
— Tienes que descansar— Respondió intentando hacerle entender el por qué no podía salir— El frío que tuve que crear para controlar tu fiebre fue muy intenso.
Un bufido, un cruce de brazos y desvió de mirada fue la contestación que obtuvo. Por primera vez en todo el tiempo que llevaban ahí se alejó de la pared en la que se había recargado.
Kardía…— le llamó acercándose a la cama, sin duda era un niño haciendo un berrinche pero él sabía cómo quitárselo—
Lentamente giro el rostro del peli azul hasta ambas miradas se encontraron azul y violeta se miraron fijamente, fue el de acuario quien lentamente fue acercando su rostro al del escorpio hasta sellar sus labios con un beso.
Una sonrisa de victoria se dibujó en el rostro de Kardía, una vez más se había salido con la suya. Su intención nunca había sido salir de la habitación ¿para qué si tenía la completa atención de Dégel? Con el tiempo había aprendido a sacar ventaja de las fiebres y de los cuidados –exagerados— que el de acuario le daba. Y esa vez no sería la excepción.
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Deseo
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¿Qué es lo que deseas? Esa pregunta resonaba en su mente sin cesar. Desde el momento que acepto recorrer el mismo camino que su maestro supo que renunciaba a mucho. Tras la muerte del que consideraba su padre, comprendió y sintió el peso de la cruz que tenía que cargar solo.
Proteger la vida de sus compañeros de orden, personas inocentes que le rodeaban requerían de que el viviera en la soledad, aislado de todo y todos para asegurar su protección. En verdad creía que tendría que vivir en la más completa soledad sin su maestro… sin nadie…
El destino era algo extraño y caprichoso un día te lo entregaba todo y al siguiente sencillamente te lo arrebata sin decir nada. En su caso podría decirse que le quito todo, durante mucho tiempo se encontró sin nada a que aferrarse únicamente viviendo por el recuerdo de su maestro. Y ahora, no sabía si el destino se burlaba de su persona poniéndole al lado suyo a un ser tan extraordinario como irritante. Manigoldo era sin duda un ser único, no temía a la muerte es más se burlaba de ella siempre buscando maneras de retarla y salir victorioso.
Una sonrisa triste broto de sus labios al recordar las innumerables veces que se vio tentado a mandar todos sus preceptos muy lejos y dejar que sus verdaderos deseos fueran los que decidieran, pero no podía, no debía. Manigoldo era alguien importante para el que no podía ponerlo en riesgo, aunque sintiera que moría en cada rechazo, con cada palabra que le decía con tal de alejarlo, de mantenerlo con vida, sencillamente ese santo no comprendía, haciendo más difícil su tarea.
— Albafica— escuchó una voz tras sus espaldas, no se molestó en darse la vuelta, sabía que trataba—
— Márchate Manigoldo— respondió fríamente— Mi respuesta sigue y seguirá siendo la misma.
— También mi decisión –contestó acercándose al otro — No cuando he visto en tus ojos lo que te niegas a decir.
Lentamente se giró hasta quedar frente a frente al guardián del cuarto templo. Una lucha de miradas comenzaba, ambas decididas y sin indicio de dar su brazo a torcer. Lentamente Manigoldo término por acortar la distancia entre los dos en un momento de descuido del pisciano.
Estas muy cerca— advirtió mientras intentaba retroceder— Mani…
— ¿Esa es tu decisión?— Preguntó decidido sin dejar que el otro se alejara— Respóndeme, ¿es lo que deseas?
Esa pregunta le tomó por sorpresa, ¡por supuesto que no lo deseaba! Pero de nada servía que el deseara algo, la realidad era otra y debía aceptar lo que era.
— Eso no importa— expresó apartando la mirada — Lo que interesa es el bienestar de los demás.
— A mí me importa — mencionó rodeando con sus brazos la cintura del otro atrayéndolo a su persona— Y te diré una cosa, si tú no estás seguro del camino que has intentando continuar yo si estoy seguro del que he escogido.
Y sin decir nada más, apreso los labios del otro sin darle oportunidad de replicar. Un beso que expresaba la seguridad de las palabras que había dicho anteriormente, del amor que le profesaba, necesitaba que comprendiera que su sangre no era un problema. Fue el mismo Manigoldo que se separó dando media vuelta dispuesto a marcharse.
— Y por si no te quedo claro— sentenció sin mirar al de piscis emprendiendo el camino a la salida– Mi deseo eres tu Alba- chan.
Y sin más se retiró perdiéndose en la oscuridad del templo. Albafica lo miro hasta que su figura se disipó, sin duda el destino le había escogido para una nueva jugarreta. Conocía la terquedad del cuarto guardián sería una larga batalla entre el deber y el querer. Aunque muy en el fondo se sabía perdedor, su deseo era poder estar al lado del hombre que en algún momento de alguna forma había comenzado a amar.
Cortitos pero con mucho amor :3 trataré de estar actualizando los drabbles cada semana. Aun así debo advertir que serán pocos los capítulos, tengo en mente dos proyectos que necesitan mi atención y concentración uno será la secuela de incertidumbre donde justifico los eventos del finc mencionado XD desde la perspectiva de Mani y otro es un proyecto de Kardía x Dégel que a como lo vengo pensando será de 2-4 capítulos. Hasta la próxima
