Disclaimer: Harry Potter y sus personajes no me pertenece, créditos a su respectiva autora J. K. Rowling.
Historia reescrita con la finalidad de entretener y en que entretenerme en lo que mis historias favoritas actualizan.
Capitulo II: "Platicas"
Fleur Delacour agarró el brazo de su madre, pasó por los tornos de entrada y salida del zoo de Londres y caminó junto a sus padres hasta una pequeña calle alejada de las vías principales londinenses.
—¿Estás preparada, cariño? —le preguntó su padre. Fleur cerró los ojos y respiró hondo antes de afirmar con la cabeza.
Dominique y Apolline Delacour giraron sobre su eje y se desaparecieron hacia la terminal de viajes del Ministerio de Magia inglés. Fleur abrió los ojos y vio los negros muros de la terminal; la joven francesa odiaba la seriedad de este Ministerio. Todo allí era negro, gris y blanco. No tenía alma. Era un edificio frío y sin sentimientos.
Rápidamente se dirigieron hacia la zona de las enormes chimeneas que formaban parte de la Red Flu internacional.
—Papá, ¿cómo funcionan estas chimeneas? —preguntó—. No veo que haya ningún tarro con polvos flu.
—Estas chimeneas son diferentes a la de casa. La de casa se puede conectar a cualquier otra chimenea de Francia. Las de aquí sólo se conectan con las de los diferentes Ministerios de Magia alrededor del mundo —explicó Dominique a su hija—. Cada una de las chimeneas de aquí está conectada a un país diferente. ¿Ves aquellas dos chimeneas pintadas con los colores de la bandera francesa? —Fleur afirmó con la cabeza— Cada cinco minutos se programa un viaje entre los Ministerios francés e inglés—, un rugido indicó la llegada de uno de esos viajes en una de las chimeneas pintadas con los colores de la bandera alemana. Un mago rubio y alto salió de ella y, tras cruzar dando grandes zancadas por delante de la familia Delacour, se perdió por los pasillos del Ministerio.
—¿Y todo el mundo viaja así?
—No, Fleur. —respondió Apolline—. Estas chimeneas sólo las pueden usar los empleados de los diferentes Ministerios alrededor del mundo. El resto tienen que ir a alguna de las terminales internacionales de viaje. Además, allí no viajan mediante la red Flu si no mediante enormes trasladores. ¿Sabes lo que es un traslador, cariño?
—Claro que sí, mamá —dijo Fleur haciendo un mohín con la nariz—. La profesora Sartre nos lo ha explicado.
—Vamos queridas, que el siguiente viaje a Francia sale en tres minutos —avisó Dominique tras consultar unos grandes paneles que flotaban sobre un mostrador.
Fleur vio cómo su padre enseñaba su placa de auror y un par de tarjetas de color azul cielo al hombre moreno con pecas y cara de aburrimiento que estaba sentado tras el mostrador. Este, sin cambiar el gesto, cogió las tarjetas, les pasó su varita por encima y, tras ver el brillo amarillo que emitían estas, se las devolvió al auror francés.
—¿Estas cómodas? —preguntó Apolline a su hija cuando entraron en la chimenea.
—Si, mamá. Además... aquí cabemos todas mis amigas y aún sobra espacio —respondió Fleur, mientras pasaba sus manos por las llamas notando la calidez de las mismas. El fuego era una de las cosas que más la fascinaban.
—Tres, dos, uno. -se escuchó decir a Dominique antes de que una llamarada verde se alzara y Fleur notara el clásico tirón y movimiento giratorio de los viajes vía Red Flu.
Aunque había mantenido los ojos abiertos durante todo el viaje, Fleur no consiguió ver ninguna de las brevísimas imágenes de otras casas. Tras salir de la chimenea y ver la conocida terminal del Ministerio francés, Fleur preguntó por esto a su padre.
—Eso es porque sólo hay una entrada y una salida. No es como en la Red Flu normal que tiene conectadas cientos de casas. Aquí sólo existe la conexión entre ministerios.
—Cariño, tengo que pasar por el Departamento de Aurores. No sé cuánto tardaré. Podéis iros a casa si queréis —Fleur retiró la vista al ver a sus padres besarse. Era una imagen bonita a la vez que escalofriante.
—Vamos Fleur, esperaremos a papá en casa.
[•••]
Apolline Delacour salió de la habitación de su hija Gabrielle sonriendo al ver la tranquila respiración de esta. Había pasado una mala tarde por culpa de un resfriado bastante fuerte que las pociones habían tardado más de lo habitual en curar. Bajo al salón donde Fleur estaba sentada en una silla haciendo los deberes veraniegos de Beauxbatons. Sentándose en uno de los mullidos sillones, reflexionó sobre la amistad entre su hija y Harry.
Tal y como había supuesto, Fleur le confirmó que no había tenido que moderar su aura mientras estaba con el joven... ¿mago? ¿Sabría ya que era un mago? Por lo que había podido observar durante las pocas horas que habían estado en el zoo, no había nada que indicara que Harry conociera esta faceta de su vida. Si no hubiera sido por la inconfundible cicatriz de su frente, Apolline habría jurado que era un chico muggle como cualquier otro. Por si acaso, le había explicado a Fleur que no podía escribirle hasta mediados de agosto.
Los Potter eran una de las familias mágicas más antiguas de Inglaterra, pertenecientes a los sagrados veintiocho. Las veintiocho familias británicas que eran verdaderamente de sangre pura. A pesar del estatus de Harry al ser de sangre mestiza. Para el mundo mágico británico al ser el último descendiente de aquella familia. Aun se le consideraba un sangre pura. Pero para otros, no lo consideraban como tal. Ya que mancharon su estatus de sangre al casarse James Potter con una mujer nacida de muggles; pero no sería la primera vez que, de una familia que ha dado magos tan destacados, surgiera un squib.
Y luego estaba el detalle de su ropa... Estaba segura que su hija no se había dado cuenta, pero la comparación entre la ropa que llevaba Harry y la que llevaba el resto de su familia indicaba que, en aquella casa, no había un trato de igualdad entre ambos niños. Si a esto añadíamos la forma en los sus tíos le trataban, el cuadro completo no auguraba nada bueno. Además... esa reacción cuando Fleur le dijo en broma que era un chico "raro".
—Mamá, ¿sabes que Harry le tiene miedo a su tío? —preguntó de repente Fleur, interrumpiendo el hilo de pensamiento de su madre. Apolline se enderezó en el sillón y replanteó rápidamente su visión acerca de lo que sabía o no sabía su hija
—A lo mejor sí que dio cuenta de algo —reflexionó antes de contestar a su hija—. No, cariño. No lo sabía. ¿cómo lo sabes tú?
—Lo vi en sus ojos —respondió ella. Apolline no pudo evitar sonreír al comprobar como su hija empezaba a mostrar cada vez más detalles de su herencia veela.
Las veelas, como seres cuyos poderes están ligados más profundamente a los sentimientos, tenían la habilidad de leer estos con mayor facilidad en el lenguaje corporal de las personas. Como marcaba la tradición, Apolline aún no le había contado nada de esto a su hija mayor. Es algo que, al menos inicialmente, una veela debía de desarrollar sin la ayuda de nadie.
—¿Harry te contó algo?
—No, mamá —negó Fleur con la cabeza— No me dijo nada, pero... —Apolline arqueo una ceja al notar la duda de su hija.
—¿Pero…? ¿qué, cariño?
—No sé, mamá. No me parecía que Harry fuese feliz con su familia.
—¿Por qué dices eso?
Apolline escuchó con interés lo que había sucedido con el polo de limón, los gestos de Harry en según qué situaciones, la mirada perdida con la que observaba a la gran boa... Apolline comprobó que Fleur se había fijado y había entendido más cosas de las que ella creía y que sus capacidades como veela estaban más desarrolladas de lo que ella pensaba.
—Si, la verdad es que suena extraño —admitió Apolline en voz baja.
—Entonces, ¿puedo seguir siendo su amiga? —preguntó Fleur con miedo.
Apolline alzó la cabeza y vio el gesto de temor en el rostro de su hija. Se levantó del sillón y se sentó en la silla situada a la derecha de la que ocupaba su hija.
—Mi pequeña flor, ¿por qué me preguntas eso? ¿De qué tienes miedo? —preguntó acariciando su mejilla y entrelazando sus manos con las de ella.
—No sé —admitió—, ¿Y si por esto no me dejáis ser amiga de Harry? ¿Y si creéis qué puede ser peligroso para mí y me prohibís escribirle y verle? Es el primer chico del que puedo ser su amiga sin que eso implique algo más.
Apolline abrazó a su hija y se echó la bronca mentalmente. Fleur estaba más desarrollada de lo que pensaba. Tendría que hablar con ella inmediatamente de lo que implicaban ser una veela respecto a las relaciones con los hombres y acerca de sus poderes.
—No, cariño —respondió Apolline besándola en la frente— No te vamos a impedir que seas amiga de Harry. Puedes escribirle todas las cartas que quieras.
—¿Y verle? ¿Podríamos ir de nuevo a Inglaterra o que venga a casa? —preguntó ansiosamente.
—Tranquila, Fleur —dijo sonriendo al ver el entusiasmo de su pequeña—. Primero, habla con él por cartas; luego, ya veremos lo que sucede.
—Gracias, mamá —Apolline no pudo evitar soltar una lagrima cuando su hija la abrazo con todas sus fuerzas. Se sentía feliz por su niña; había encontrado un amigo.
[•••]
Apolline fue a la cocina a por una jarra de agua y un par de vasos. Podía haberlos convocado o habérselos pedido a su elfo doméstico, pero necesitaba ese tiempo para poder serenar sus emociones y encarar con tranquilidad la conversación con su hija. Tras unos minutos de recuperación y un par de vasos de agua, regresó al salón donde se encontró a Fleur inmersa de nuevo en sus deberes.
—Fleur, ¿podemos hablar o tienes muchos deberes? —preguntó sin querer molestar a su hija.
—No, mamá —respondió Fleur, notando inmediatamente que era algo importante—. He avanzado bastante. Puedo continuar más tarde o mañana con ellos.
Apolline vio cómo su hija se levantaba de la silla con un movimiento fluido y recorría los tres metros que les separaban en absoluto silencio. No pudo evitar admirar la belleza de su hija. Sería una absoluta mentira si negara que, a pesar de haber sobrepasado los cuarenta años, seguía atrayendo las miradas de los hombres allá por donde iba; pero, su pequeña empezaba a mostrar la belleza deslumbrante e incomparable de una veela que se acercaba a la plenitud de su juventud.
—Fleur… —dijo Apolline poniéndose seria—, he estado ciega durante estos últimos meses respecto a ti. Estás creciendo y madurando más rápido de lo que imaginaba. Ya eres casi una mujer, mi pequeña flor.
—Mamá, ¿ocurre algo malo? -preguntó Fleur sin saber a qué venía nada de lo que estaba contando.
—No, cariño —negó Apolline con la cabeza, sonriendo—. No pasa nada malo. Sólo que pensaba que iba a pasar más tiempo antes de que tuviera que hablar contigo sobre esto.
—¿Sobre qué, mamá?
—¿Recuerdas la conversación que tuvimos contigo la abuela y yo cuando cumpliste nueve años?
—Claro que sí —respondió—. Era imposible olvidarlo. Por fin entendió porque ella empezaba a desarrollarse y el resto de sus amigas no; porque sentía una extraña capa cubriéndola y porque muchos hombres se quedaban mirándola como idiotas. Descubrió que su herencia veela empezaba a manifestarse visiblemente.
—Pues es el momento de que tengamos, tu y yo, otra conversación.
—¿Tiene que ver con qué somos medio veelas? —preguntó.
—Si, cariño.
—¿Qué me va a pasar ahora? —Apolline leyó, como si fueran un libro abierto, los gestos inconscientes de su hija. Estos gritaban la desconfianza, el miedo y hasta el ligero tinte de odio que su Fleur sentía hacia lo que su parte veela podía hacer en ella.
—Físicamente no te va a pasar nada distinto al resto, cariño. Crecerás y te desarrollaras lo habitual para una chica de tu edad.
—¿Más aún?
—En altura sí. Lo que quede por desarrollar de tu "feminidad", será más lentamente que hasta ahora.
—Menos mal —suspiró aliviada.
—Pero no es por eso por lo que quiero hablarte, cariño.
—¿Entonces?
—Quiero que sepas lo que va a pasar con las habilidades que vas a desarrollar debido a tu parte veela.
—¿Habilidades? ¿Voy a transformarme en pájaro o algo así?
—No, cariño. Aún no —respondió Apolline, intentando tranquilizar a su hija—. Si llegaras a transformarte, suceso que no sabemos si te va a ocurrir, sería bastante más adelante.
—¿Adelante? ¿Cuándo?
—Normalmente sucede a los veinticinco años. O en sucesos puedes transformarte desde una edad mas temprana, solo si dicho evento puede afectar tu integridad o de otra persona.
—¿En su suceso? —Pregunto con curiosidad—, ¿Cómo es eso?
—Me temo que eso será platica para otro momento —dijo Apolline suavemente.
—Bueno —contesto—, y lo de transformarte, ¿A ti te paso?
—No, yo nunca he podido transformarme —Fleur no pudo decir si su madre estaba decepcionada o no, por no haber desarrollado esa habilidad—. Lo que quiero explicarte es que, a partir de ahora, tu aura veela se irá incrementando progresivamente hasta que llegue a un máximo y luego se estabilice. Además, cuando seas mayor de edad, empezaras a poder conjurar llamas.
—¿Cómo haces tú? —preguntó Fleur ilusionada. Siempre había admirado la habilidad de su madre para generar fuego de la nada. Uno de sus momentos favoritos del año era cuando su madre, para celebrar el año nuevo, lanzaba grandes bolas de fuego al aire que su padre hacia estallar en el aire, generando cientos de chispas de colores.
—Si, cariño. Igual que yo —respondió Apolline, abriendo su mano. Una redonda esfera llameante de color amarillo surgió de la palma y desapareció al volver a cerrarla— Hay otra cosa que quiero que tengas en cuenta, ahora que tienes un amigo.
—¿Pasa algo con Harry?
—Ahora mismo no, cariño —Apolline cogió de la mano a Fleur— Pero tienes que tener cuidado con tu aura cuando estés con él. No querrás que le domine y te haga daño sin querer, ¿verdad?
—Pero... sí cuando estuve con él en el zoo, no pasó nada —replicó Fleur que no entendía nada—. Aunque no estaba controlando mi aura, no pasó nada. A Harry no le afecta.
—No, pequeña. A Harry no le afecta ahora mismo.
—¿Cómo que ahora mismo? —preguntó Fleur.
—Fleur, ¿sabes por qué ninguno de los chicos se quedaba atontados mirándote durante tu primer año y, a partir de segundo, ya empezaron tus problemas?
Apolline vio claramente que su hija no había pensado en ello. Tampoco era algo demasiado sorprendente. A ella le ocurrió lo mismo el día que tuvo esta conversación con su madre.
—¿Por qué? ¿Por qué nos pasa esto?
—Es complicado de explicar, pero intentare que lo entiendas —suspiró Apolline. Ella había tardado bastante tiempo en comprender todo lo que le había dicho su madre en aquel momento—. En el cuerpo humano, hay una serie de sustancias que se llaman hormonas. Estas hormonas controlan muchos aspectos de nuestra vida. Por ejemplo, regulan el crecimiento y el desarrollo de nuestro cuerpo.
—¿Por eso me desarrollé antes? -preguntó Fleur, intentando captar lo que le explicaba su madre.
—Sí y no.
—No lo entiendo.
—Las hormonas provocan que te desarrolles, pero la magia veela en nosotras hace que estas hormonas actúen antes y más rápidamente. Por eso, tú te has desarrollado antes que tus amigas.
Fleur no sabía si reír o llorar. Por fin, una explicación; por fin, alguien le decía porque era diferente al resto más allá de: "Eres una veela". La joven se abrazó a su madre que la estrechó entre sus brazos.
—¿Quieres saber más? —susurró Apolline suavemente en el oído de su hija mayor. Esta rompió el abrazo y afirmó con la cabeza—. También las hormonas son las causantes de que los chicos pierdan el control. A ver... cómo te lo explico... -la cristalina risa de Fleur rompió la reflexión de Apolline.
—Mamá, no hace falta que te inventes una historia. La prima Anne nos lo ha contado todo.
Fleur se rio con más ganas al ver el gesto de sorpresa de su madre. Al igual que las madres de sus amigas, ella también creía que su hija seguía siendo totalmente inocente respecto al tema sexual. Una tradición no escrita entre las alumnas de Beauxbatons es que las mayores expliquen a las alumnas de tercero todo lo referente a las relaciones con los chicos, incluyendo el sexo. Su "profesora", por relación familiar, fue su prima Anne, que, en aquel momento, cursaba su último año en el instituto.
Una retahíla de insultos cortó la risa de Fleur. Nunca había visto a su madre usar tal lenguaje.
—Mamá, tranquilízate. Todo fue teórico —dijo Fleur.
—Ya hablare yo con Anne. Será... —Apolline se mordió la lengua para evitar soltar más exabruptos—. Bueno... pues como ya sabes lo necesario, te lo explicaré directamente. El aura veela tiene la capacidad de disparar la producción de la hormona masculina llamada testosterona...
—¿Se sabe hasta el nombre de la hormona? —preguntó Fleur anonadada.
—Si, cariño. Es verdaderamente sorprendente lo que descubren los muggles —Fleur afirmó con la cabeza, muy concentrada en todo lo que decía su madre —. Aunque no tenga nada que ver, recuerda atentamente este consejo: "Nunca desprecies el conocimiento que poseen los muggles. En muchos aspectos, es muy superior al del mundo mágico. "
—¿Pero qué relación tiene?
—El problema es que no sólo dispara la testosterona, que es la hormona que regula el deseo sexual en el hombre; si no que, y aún se desconoce el motivo, el aura veela también anula el autocontrol en algunos hombres. Los transforma en animales que únicamente siguen sus instintos. Cuando se unen las dos cosas, un nivel de deseo sexual elevado y la anulación del autocontrol, pasa... lo que pasa. -terminó de explicar Apolline acariciando el brazo de su hija.
Fleur no pudo evitar que un escalofrío subiera por su columna vertebral. Había sufrido en sus propias carnes lo que pasaba cuando se unían las dos cosas que acababa de explicarle su madre. La experiencia más terrorífica de su vida.
—¿Y todo lo que me va a pasar es malo? —preguntó Fleur, influida por las malas vibraciones del recuerdo—. Pues no quiero madurar, mamá.
—No, cariño —replicó Apolline, abrazando a su hija—. Se puede controlar, se puede dominar; nunca completamente, pero si lo suficiente como para que no sea una carga en tu vida.
—Pero, ¿no hay nada positivo? ¿Ser una veela sólo implica ser desgraciada?
Fleur rompió a llorar desconsoladamente. Apolline la apretó más fuertemente a su pecho y la acarició el pelo con delicadeza, pasando sus dedos entre los mechones de pelo casi plateado. Dejó que liberara toda su ansiedad, toda su tristeza a través de sus lágrimas.
—No, cariño. No todo es malo. Ser una veela también tiene sus cosas buenas —dijo Apolline cuando Fleur dejó de temblar y sollozar.
—¿Cómo que, mamá?
—Una habilidad que, inconscientemente, has usado con Harry.
—¿Qué use con Harry? —preguntó Fleur, cuya curiosidad empezaba a superar la tristeza que aún la inundaba.
» Las veelas somos capaces de saber lo que sienten y, a veces, lo que piensan los demás sólo por sus gestos. Otra de las muchas cosas interesantes y útiles que han estudiado los muggles es que los seres humanos expresan muchas cosas con lo que ellos llaman "lenguaje no verbal". Según esto, los movimientos que hace nuestro cuerpo sin que nosotros lo sepamos, algunas manías... le dicen a la gente que sabe entenderlos que es lo que está pensando o lo que siente la persona que está frente a ella —Apolline vio como los ojos enrojecidos de su hija se iluminaban. Eso significaba una cosa: se había dado cuenta de algo.
—Es verdad... la use con Harry —dijo con voz ahogada—. Vi el miedo que le tenía a su tío en sus ojos.
—Eso es. Según los muggles, cualquier persona mediante un entrenamiento concreto puede aprender a leer esos gestos. Las veelas tenemos esa habilidad de forma innata. Además, el aura veela no sólo nos trae inconvenientes.
—¿No?
—No, cariño. El aura veela puede ser útil a la hora de los duelos o si quieres tranquilizar a un hombre.
—No te entiendo, mamá.
—En un duelo, si liberas el aura veela de forma repentina y golpeas a un hombre con ella, puedes hacer que caiga rendido a tus pies como si fueras su diosa; y, si la liberas de forma leve, puedes hacer que un hombre se relaje.
—Entiendo.
—Eso sí, Fleur. Ten mucho cuidado cuando hagas esto. Usar en alguien el aura veela es una manipulación de los sentimientos de esa persona. Le haces sentir algo que no siente o, si lo siente, es en mucha menor medida. Es un ataque contra lo más íntimo de una persona. Además, cada hombre reacciona de forma distinta al aura veela y, a no ser que conozcas muy bien al objetivo, nunca sabrás cómo reaccionará. No es algo para tomarse a broma o hacerlo a ligera. Ten mucho cuidado, cariño.
—Gracias por todo, mamá —Apolline recibió en sus brazos a su hija y la abrazó todo lo fuerte que podía, orgullosa de lo que había visto en sus ojos mientras la explicaba lo que significaba ser una veela.
