¡Por fin pude continuar con esta actualización! Muchas gracias por los reviews, no creí que la historia en su primer capítulo superara los diez, en serio, ¡Gracias! Espero también este sea de su agrado y perdonen la espera.

Bleach y sus personajes no me pertenecen. Son propiedad de Tite Troll Kubo.


~ Capítulo II ~

Lluvia amarga en la tormenta.


Se incorporó pausadamente, recargando su espalda en la pared y frotando su tensa sien. No se escuchó en ningún momento el típico escándalo que hacía su primer oficial por las mañanas, ni tampoco el canto de las gaviotas que bailaban en torno a su navío, ni mucho menos sintió el calmado balanceo de las olas.

Vinieron a su mente al instante el recuerdo de la tarde anterior. ¡Claro! Él había regresado a su pueblo natal, y después del encuentro con la moja camas…

Un momento.

Hinamori.

Claramente pudo oír unas plácidas respiraciones en esa habitación. Y fue entonces cuando la observó, entre un nido de sábanas blancas, había un bulto que apostaría por su propia vida, era la mismísima Momo. Durmiendo apacible, como un bebé. Ignorando cualquier cosa que tuviera que ver con la realidad y, simplemente, hundiéndose en el mundo de los sueños y fantasía.

Cierto, la chica le había ofrecido que se hospedara en su casa, porque sabía de antemano que el albino no tenía dónde quedarse. Además, por el simple hecho de que ellos se habían criado juntos en esa morada, Hinamori aún creía que él tenía todo el derecho de alojarse ahí. Claro que él insistió en dormir en el suelo, su persona no procesaba la idea de que, después de tantos años navegando, pudiese descansar en un lecho como el de Hinamori. Y ésta no se lo había tomado bien, por supuesto. Pero se las arregló para salirse con la suya. Esa moja camas… Vaya inocencia que poseía.

La miró detenidamente, habituándose a la idea de que realmente… estaba en casa. Con ella. Era increíble de creer, y sin embargo era cierto.

Levantándose tratando de hacer el menor ruido, se acercó al lugar donde su amiga descansaba y se puso de cuclillas para observarle mejor. La chica dormía profundamente, de eso no había reparo. Su rostro fino, casi angelical no mostraba ningún sentimiento pero una leve sonrisa adornaba sus labios rosados aún en sueños. Una curva que le hizo creer al Capitán, la joven estaría soñando algo digno de tal muestra de felicidad. Y cuando su vista se topó con un objeto que la joven durazno aferraba en sus manos, una mueca parecida a la sonrisa se dibujó en su rostro insensible. ¿Hinamori dormiría todas las noches con el reloj que le dio hacía ya años, acaso?

Permaneció así, observando cada detalle del rostro marfil de ella dormida. No supo decir cuánto tiempo fue, pero tras un periodo aceptable de que Momo no despertaba, éste se levantó sin decir palabra y, tras tomar a Hyourinmaru, su espada que descansaba recargada en la pared, salió de la habitación ignorando el molesto palpitar de su corazón acelerado.

Minutos después, la fémina abrió los ojos ajena a todo lo anterior, sólo para encontrarse totalmente sola en su hogar como todas las mañanas anteriores a esa.

Por un milisegundo, su rostro siempre dulce y apacible se tornó gris y vacío.


-¡Hinamori-chan! Buenos días.

La castaña se dio la vuelta, con una sonrisa que no se le quitaba con nada adornando su fino rostro. Saludó a la bella joven que tenía frente a sí con una seña de mano, y con la otra le mostró una canastita que traía varios panes dentro de sí.

-Buenos días, Inoue-san. Me llevaré esto.

La chica de aspecto humilde, piel blanca, cuerpo bien formado y con una cabellera larga y naranjada le regresó la sonrisa.

-Te ves contenta hoy. – Notó. – Y no es necesario que me pagues, eres mi amiga.

-¡Por eso mismo! – Tomó uno de los panes de la canasta que colgaba en su brazo. – Están deliciosos, te esfuerzas mucho en ellos y quiero pagarte.

En otras circunstancias, le hubiera incomodado un poco que la dueña de aquella panadería y amiga le ofreciera darle esos panes gratuitos. Hay que recalcar que siempre lo hacía, y obviamente Hinamori se negaba. Entendía la amabilidad que poseía de manera innata la ojigris, pero a veces su conciencia le jugaba malas pasadas y trataba de convencerse a sí misma que lo hacía por mera pena. Porque Hinamori no era una noble, rebosante de dinero de pies a cabeza. Muchas veces llegaba a faltarle esta indispensable necesidad e Inoue le ayudaba con los alimentos, pero eran contadas las veces que se sentía en los extremos como para aceptarlos. Pese a todo, recordaba que no era la única que pasaba malos ratos económicamente o familiares, como era el caso de su amiga. Siendo sinceras, Momo admiraba a la pelinaranja como persona. Ella sola se había esforzado por levantar esa pequeña panadería tras la muerte de su único familiar, su hermano. Y vivía sola, como ella…

-Además hoy es un día especial. – Le depositó en sus manos unas monedas correspondientes a su compra. – Así que no tienes por qué preocuparte por mí.

-Bueno, entonces lo aceptaré. – Le contestó, guardando sus ganancias. Sus ojos grisáceos brillaron dulcemente al ver el jovial rostro de la chica melocotón. – Es por él, ¿cierto?

Hinamori quiso hacerse la desinteresada, como si no supiera de qué hablaba. Pero un leve suspiro de alegría la delató en seguida cuando el recuerdo de su mejor amigo de le vino a la mente. Inoue dejó escapar una risita y ella sonrió con torpeza, con un leve sonrojo adornando sus mejillas.

-Me alegro mucho por ti. Entonces realmente lo extrañabas.

Decidió omitir el hecho de que, su amiga estaba muy apagada los últimos meses. Ella no conoció en persona al pirata, ya que formó lazos de amistad con Momo después de que éste decidiera marcharse. Pero sí que sabía mucho de él por ella y los rumores, obviamente.

Sabía que todos en el pueblo –o la gran mayoría- lo detestaban. No sólo por ser un pirata, había una razón poderosa y era que por su ausencia, la chica que siempre se ofrecía ayudar a cada ciudadano, colocando el bienestar de los demás por delante de ella había sufrido como nadie más. Con eso se había ganado el desprecio de más de uno, y no los culpaba.

Pero si había algo que Orihime Inoue entendía con creces, era la fuerza del amor. Sí, siempre hay días que van a ser grises, días en los que te sientas abandonado y sin ningún tipo de apoyo. Días llenos de oscuridad. Sin embargo y por ese mismo detalle, va a llegar un momento en que algo o alguien esfume esa tristeza… Y ella pensaba de manera muy diferente al resto de los ciudadanos. Hitsugaya Toushiro no traería más desdicha a su amiga, como consideraba medio mundo. Sino todo lo contrario. Él había sido quien la había condenado sin quererlo, y sería él mismo quien la liberaría.

O eso le gustaría creer.

-Es mi imaginación o… ¿Hay más gente de lo habitual? – Se extrañó Hinamori al observar caras desconocidas caminando por la calle, sacando bruscamente de sus pensamientos a la ojigris.

-Ah. No es tu imaginación. ¿Recuerdas qué día es hoy?

-La verdad… - Se llevó una de sus manos al mentón, tratando de refrescar su memoria.

Orihime notó sus nulos esfuerzos y trató de reprimir una carcajada.

-Principio de año… Festival… Familia real… - Intentó ayudarle.

Entonces, la chica abrió sus ojos con sorpresa y golpeó la palma de su mano con un puño, recordando todo de una.

-¡Cómo es que lo olvidé!

Su amiga no contestó, se limitó a cerrar sus ojos dulcemente. Ella no estaba sorprendida en lo absoluto. ¿A quién le importaría eso cuando se rumoreaba que la persona más importante en tu vida regresaría?

-¡Tengo que invitar a Hitsugaya-kun! – Dijo alterada, tomando los panes que había comprado y dándole la espalda a la chica. - ¡Nos vemos Inoue-san!

-Claro. ¡También cuídate! – Alzó la voz la dueña de la panadería, en un intento de que su voz fuese escuchada.

Pero la chica melocotón ya se alejaba a pasos rápidos, y en pocos segundos desapareció de su vista. Sonrió. Esa energía y buena vibra que se le había devuelto no podría traer nada malo desde su perspectiva.

Eso era lo que ella no sabía. No se imaginaba siquiera que toda esa felicidad, que por escasos momentos se le otorgó a Momo Hinamori volvería a ser arrebatada con fervor. Que desde el momento en que el Capitán pisó tierra, después de cinco años de ausencia, desde ahí su destino ya había sido firmado con sangre. No sólo el de ella, pues el destino comenzaba a querer hacer de las suyas, uniendo el camino de personas que no deberían haberse visto nunca siquiera. Los caminos de todos que se encontrarían, y después… olvidarían cómo volver tras sus pasos.

Y la primera señal de la catástrofe que este encuentro traería, apareció junto a un acompañante con el ceño fruncido, observando cómo Momo corría con ese rostro de alegría y se perdía entre la gente.

-Es Momo… - Susurró el joven, cuyo cuerpo tatuado brillaba bajo el Sol de esa mañana.

Ella asintió.

-Se le ve feliz.

Un tono de preocupación salió de esa fuerte y femenina voz, y su amigo no pasó por alto esto. Mirándola por la rendija del ojo chasqueó la lengua.

-¿Y eso te preocupa? – Cuestionó cruzándose de brazos.

Ella se tardó un momento en responder. Segundos en los que pensaba qué decir. Sabía de antemano lo que le molestaba, no era un presentimiento: era una seguridad. Fue por eso que cuando abrió la boca para dar su respuesta, no pensó en las consecuencias que traerían esas pocas palabras ni que perjudicaría la felicidad de su amiga. No sabía que su odio sería contagiado poco a poco, hasta que se formara una epidemia que nunca aceptaría el amor que dos personas podían profanarse. Y esa es la peor enfermedad que existía.

-Me preocupa porque… - Giró su cabeza, haciendo que su cabello oscuro se balanceara con el viento y clavó sus orbes zafiro en los oscuros de él. – Porque esa felicidad se debe al pirata Hitsugaya. – Terminó con un deje de cólera.

Y con esa sentencia, el pelirrojo abrió sus ojos con leve sorpresa, para después fruncir el ceño comprendiendo el significado de sus palabras. Apretó sus puños con fuerza, sintiendo coraje e impotencia que rara vez le dominaba.

Mas una tercera persona detrás de ellos, escuchó su corta pero intensa conversación. Su mirada se tornó sombría y dándoles la espalda se alejó de ahí, teniendo muy en claro a dónde debía dirigirse. Y tenía que llegar antes que Hinamori lo hiciera.


Su pecho subía y bajaba por el cansancio. Su respiración entrecortada y finas gotas de sudor brillaban bajo el cielo que comenzaba a teñirse naranja. Tras unos últimos movimientos más de práctica, envainó su espada y antes de partir de regreso a casa, le echó una mirada al firmamento, alzando la vista, como si quisiera comprender algo fuera de su alcance, como si necesitara una respuesta a alguna pregunta que él mismo, siendo genio no era capaz de entender.

Al no recibir respuesta, suspiró con indiferencia y se encaminó a la morada donde Hinamori vivía, aunque sabía de antemano que la chica no estaba ahí. Simplemente lo sabía, así de sencillo. Y esto se confirmó cuando al entrar a la casa un aire de soledad le inundó. Quizá había ido al pueblo a hacer compras.

Pero ese talento innato de saber la ubicación de su amiga no se aplicaba con los demás. Por eso no pudo evitar sorprenderse un poco al sentir una presencia tras su espalda. Se dio al vuelta, y su mirada fría se topó con la de aquella persona que hubiera preferido no encontrarse nunca.

Se observaron, y ninguno de los dos mencionó palabra mientras lo hacía.

-Ah. Veo que los rumores eran ciertos. – Rompió ese tenso silencio el rubio, en un tono sarcástico que no pasó desapercibido para Hitsugaya, quien alzó una de sus blancas cejas. – Bienvenido de vuelta.

El albino le miró fijamente unos segundos, intentando descifrar la verdad tras sus palabras. No es que le diera mucha importancia, la verdad. Siempre tuvo en claro que el resto de las personas en el pueblo nunca le tuvieron mucha confianza. Por ello, sólo cerró sus ojos y decidió ignorarlo, pasando de lado y dirigiéndose nuevamente fuera de casa. Mas cuando estaba a punto de cruzar la puerta, Kira habló por segunda ocasión.

-¿Hasta cuándo seguirás con este juego?

Había hecho un esfuerzo sobrehumano para pronunciar esas palabras, mas no titubeó. A pesar de que su relación con el marinero no era de las mejores que tenía, nunca había optado por alzarle la voz o enfrentarse a él de esa manera tan directa y sin rodeos. Sin embargo, ya no eran unos infantes. Ambos habían madurado, cada quien por su lado y por diferentes circunstancias, claro está. Ahora era capaz de dar la cara como todo un hombre.

-No sé de qué me hablas. – Respondió, indiferente.

Kira apretó su mandíbula, tratando de no perder los estribos ante tal comentario por su parte. Cómo odiaba eso del joven…

-No has cambiado en lo absoluto. – Siseó. Se dio la vuelta para toparse con el cuerpo de él que le daba la espalda. - ¿Crees que puedes venir e irte cuando se te antoje?

Toushiro no se alteró en lo mas mínimo. Tan sólo rodó sus ojos con desinterés, pensando una buena manera de terminar con esa conversación carente de sentido.

-No tengo por qué darte explicaciones, Izuru. – Se llevó las manos a su cinturón, introduciendo sus dedos en él, como un típico vaquero en medio de una contienda. – Nos vemos.

A penas alejarse un par de pasos, Kira comenzó a mover los engranes de su cerebro. Esta vez no permitiría que el albino aquel se saliera con la suya. Como último movimiento, decidió sacar su naipe comodín, o bien mover a su reina. Sabía la debilidad del pirata.

-Bien. Haz lo que quieras. – Susurró con frialdad. – Al parecer, después de todo Hinamori-san no es tan importante para ti como alardeas.

Toucheé.

Él se quedó estático unos momentos. Ahí, parado. Sin mover un solo músculo, como si de pronto hubiese visto un espectro o se hubiera topado con una invisible pared que detuvo sus pasos de golpe.

Lentamente se dio la vuelta, con sus cejas curveadas perfectamente hacia abajo en muestra de claro coraje. Sus orbes trataban de permanecer como siempre, sin transmitir algún tipo de emoción, mas ahora… tenían un brillo retador en ellos.

-Izuru… - Escupió.

-He convivido contigo hasta el punto de poder decir que te conozco, o por lo menos lo más relevante de tu persona, Hitsugaya. – Su flequillo rubio ocultaba uno de sus ojos, dando un aire un tanto tétrico en su mirada. – Volverás a irte. ¿Cierto? Y dejarás a Hinamori-san aquí, como es usual. Y ella… ella seguirá esperando por tu regreso, por ti… Un hombre que sólo juega a las escondidas. – Hizo una pausa, inhalando y preparándose para decir lo que vendría a continuación. - ¿Hasta cuándo la dejarás libre de hacer?

En un precipitado movimiento, el albino se había acercado peligrosamente y ahora sostenía con rudeza el cuello de su camisa. Si hablábamos de estatura, el rubio se llevaba el premio. Pero de fuerza… sobraban las palabras. El joven de piel morena lo atrajo hacia sí con vigor, clavando con cólera sus orbes aguamarina en los ahora pavoridos de él. Aún así… No debía dejarse intimidar. No ahora que ya había echado la leña al fuego.

-Izuru… No metas tus narices donde nadie te llama. – Amenazó él, con sangre. Acto seguido lo soltó y su cuerpo se desplomó en el suelo.

El rubio se llevó su mano hasta su cuello, palpando la zona. Achinó sus ojos y observó la figura del pirata, que se alzaba frente así, con aires de grandeza y a la vez… le causaba un extraño sentimiento de terror imposible de describir.

Aún con este hecho claro, encontró fuerzas para seguir con su sermón.

-…Hitsugaya, si te vas nuevamente… Me veré obligado a decirle lo que siento a Hinamori-san. – Calló. – Sabes a lo que me refiero.

Toushiro le clavó su gélida mirada varios segundos. Claro que sabía a qué se refería. Ese mal nacido siempre había estado tras los pies de Hinamori, como su sombra, siguiendo cada uno de sus pasos… Si el rubio aún seguía con vida, era porque el albino sabía que su mejor amiga le estimaba. Solamente por respeto a ella. Si fuera por él, Izuru Kira ya estaría ahogándose en las frías aguas del océano en medio de una tormenta. Vaya que sí.

No sin antes dedicarle una última amenazadora mirada, le dio la espalda, y se encaminó nuevamente a la puerta.

-Haz lo que quieras. – Siseó con seguridad el albino.

Cuando ya iba a cruzar el umbral, mientras se alejaba con pasos decididos de la morada, escuchó clara y perfectamente una última amenaza. Una intimidación que para sus oídos fue a penas perceptible, tanto así que le hicieron dudar por momentos si realmente esas palabras habían salido de la boca del rubio, o en cambio lo había escuchado en algún rincón de su culpable alma…

-…Debería apreciar lo que tiene, Capitán Hitsugaya. Alguien podría arrebatarle lo que más le importa en un descuido suyo. Quizá no sea yo… Pero alguien. Alguien que realmente la merezca y no le haga sufrir.


La tarde pasó rápidamente. Hinamori invitó a su amigo al dichoso festival, y tras varios intentos logró convencerle con una amable sonrisa que lo dejó desarmado. Aunque no pasó por alto que el albino estaba más serio de lo normal, y desconocía la razón. Pero no le dio importancia, porque sabía que Toushiro tenía su vida propia que ella no conocería nunca, al parecer.

Así fue como, después de observar el ocaso como solían hacerlo cuando eran niños, recordando aquellos buenos momentos y aventuras, ambos se dirigieron hacia la calle principal de aquel medieval pueblo, donde se llevaría a cabo el recorrido de la familia real.

Y una escandalosa voz femenina se hizo notar, llamando la atención de Toushiro y Momo, quienes se encontraban de pie entre la multitud. El primero se cruzó de brazos y puso los ojos en blanco.

-¡Taichoooo! – Una mujer de apariencia voluptuosa se abría paso entre la masa de gente, hasta llegar al lugar donde estaba la pareja. - ¡Dónde se había metido!

-No te incumbe. – Le rodó la cara con fastidio.

-Oh, es tan cruel… - Se quejó ella, abriendo la boca nuevamente para soltar otra de sus charlatanerías, pero calló al ver a una joven al lado de su Capitán, que la miraba con sus orbes chocolate sorprendidos. - ¿Huh? ¿Quién es, Taicho?

Momo miró de reojo a Hitsugaya, como esperando que éste la presentara. Pero su única acción fue ignorar la pregunta de la mujer rubia, y bueno, ¿Qué iba a esperar de él? Decidió presentarse a sí misma.

-Mi nombre es Hinamori Momo. – Sonrió e hizo una reverencia. – Un placer.

Los ojos celestes de la fémina brillaron ante la buena impresión que se llevó de la jovencita, le parecía tan tierna e indefensa que no entendía por qué estaba al lado del amargado de su Capitán. Mientras, el albino soltó un suspiro de exasperación.

-Yo soy Rangiku Matsumoto, primer oficial y mano derecha de mi Taicho, ése que está al lado tuyo. – Le guiñó un ojo.

-Pudiste haberte ahorrado lo de mano derecha, Matsumoto. – Le espetó su superior con indiferencia.

-¿Acaso no lo soy?

-Pues no eres muy eficiente.

-¡Taicho, yo pongo toda mi alma y esfuerzo en cada cosa que hago!

-Querrás decir cuando emborrachas a toda la tripulación.

-¡Yo nunca les he obligado a nada, ellos lo hacen por cuenta propia!

Y la que se hacía llamar mano derecha de su mejor amigo seguía defendiendo su persona, alegando y fastidiando al joven Capitán. Pero Hinamori vivía ajena a todo esto, pues en cuanto la palabra "Primer oficial" llegó a sus oídos, se había desconectado de la realidad y el único patético pensamiento que podía procesar era que… Esa bella joven era un pirata. Como Toushiro.

Sintió una admiración profunda. Pensar que una mujer podía llegar a ser tanto, yendo en contra de las normalidades le parecía algo sumamente valiente. Se imaginó a la rubia navegando en un enorme barco, sintiendo la fresca brisa de mar y el balanceo de las olas, dando órdenes y…

En un instante su mirada se topó en un objeto que descansaba en la cadera femenina. Abrió con sorpresa sus ojos, y la admiración que sintió hace momentos se desvaneció para ser reemplazada con un extraño horror que se apreció claramente en su rostro… Al ver una espada envainada.

Era la primera vez que entendía lo que eso significaba. De hecho, era la primera vez que se ponía a pensar en lo más obvio. Ellos… ¿Mataban? ¿Su Hitsugaya-kun arrebataba vidas con esa arma? La joven con sólo imaginarse semejante acto sintió como las piernas le fallaban, y como sus manos comenzaron a temblar.

-¿Hinamori? – Una preocupada voz femenina habló.

-¿Eh? – Sus pensamientos se alejaron de golpe, y se dio cuenta cómo los piratas la miraban ante su silencio. Tragó saliva, alejando sus negativos pensamientos.– Disculpen, estaba pensando. – Sonrió.

El único que no estuvo del todo conforme con las palabras de la chica melocotón fue el mismísimo Hitsugaya. La conocía bastante bien, la castaña no solía perderse en sus pensamientos ni ignorar conversaciones ajenas. Siempre estaba al tanto de cada detalle, eso no era normal en ella. Posó sus orbes aguamarina en los de ella por segundos, intentando descifrar el secreto tras sus palabras. Pero ella desvió la vista rápidamente, rehusando la gélida mirada. Cosa que extrañó aún más al albino, dejándolo con una extraña preocupación en el pecho.

"¿En qué pensabas, Hinamori?"

-¡Hey! – A lo lejos se divisó un menudo cuerpo junto a un pelirrojo, alzando sus manos y meneándolas de un lado a otro para que la notaran entre la ola de gente. - ¡Momo!

-Rukia-san. – Olvidando lo que hasta hace momentos le mortificaba, recibió a su amiga de melena oscura con una sonrisa.

La ya mencionada llegó en compañía de aquel joven alto y de cabellos rojizos. La sonrisa que le dedicó a su amiga de cabellos castaños se borró al toparse cara a cara con el joven albino, y tanto ella como el tatuado le dedicaron una mirada de desprecio de duración casi nula, por lo que nadie ahí presente lo notó mas que el mismo Hitsugaya, quien consideró esto como algo normal y se limitó a ingnorar.

Y ahí iba otro error, esta vez por parte del chico. No sabía que acostumbrarse al odio de las personas no traería más que problemas consigo en un futuro cercano.

-¿Vienes a ver el festival? – Preguntó Rukia Kuchiki, dirigiéndose a su amiga.

-Así es. Pero no vengo sola, miren. – Se paró aún lado de su amigo de la infancia y le presentó. – Él es Hitsugaya-kun, y ella Rangiku-san. – Sonrió ampliamente al ver la expresión de su amigo, pero antes de que pudiera corregirle de que era "Capitán Hitsugaya y no Hitsugaya-kun" habló nuevamente:- Ellos son mis amigos Rukia-san y Abarai-kun.

La reacción de la rubia fue muy bromista y positiva, como era de esperarse. Sin embargo ya han de saber cómo fue la presentación del Capitán, y como los recién llegados lo tomaron. De cualquier manera, los últimos tres trataron de no relacionarse demasiado entre sí.

No es que fuese una grosería. Pero, hay veces en las que simplemente no hay que avivar la llama que ya está presente. Porque más de uno saldría quemado.

La calle principal comenzó a llenarse de más y más gente durante los últimos minutos si es que esto fuera posible. La luz de los faroles se prendió tenuemente tras pasada la tarde y cuando los rayos del Sol en el atardecer fueron desapareciendo. Se oían risas, pláticas y todos los ciudadanos esperaban con ansias la llegada de la familia real, pues cada que comenzaba el año nuevo, hacían un recorrido por todo el país para recibir de buena manera el siguiente año. Y por fin, después de varios días se acordó el día que estarían en el humilde pueblo. Y es que, ¡Todos amaban a su princesa! Más que el príncipe o el mismísimo rey, le tenían un gran respeto a la princesa. ¿Y por qué no habrían de tenerlo? Ella era hermosa en todo su esplendor, era la viva imagen de su difunta madre según los que recuerdan aquellos días.

Momo reía jovial ante las tontas discusiones que mantenían Kuchiki y Abarai, a las cuales más tarde Matsumoto se había unido sin reparo. Toushiro la miró de reojo, con el ceño fruncido. Pues aún no olvidaba su extraño comportamiento anterior, y es que nunca antes Hinamori había evadido su mirada de esa manera. Le hizo recordar a… todos los demás.

Entonces recordó otro punto, igual o aún más preocupante. Quizá no para la fémina, pero sí para él.

Desde que llegó, Momo no la había hecho esa pregunta.

Sabía que la chica era delicada y se tomaba su tiempo para decidir sus acciones, pero parecía como si no le importara. Él ya hasta había practicado mentalmente qué decirle, para que no se sintiera mal del todo.

Hinamori no le había preguntado cuánto tiempo él estaría en el pueblo.

De cierto modo presentía que no tardaría en hacerlo. Y también, quizá vendría con muchas más preguntas que el albino se vería obligado a callar y no responder. Aún con todo, no podía evitar sentir cierta inquietud respecto a eso.

-¡Hitsugaya-kun! – Escuchó la dulce voz de su amiga.

Cerró los ojos con frustración.

-Ahora es Capitán Hitsugaya, Hinamori…

Ella le ignoró por completo, y tomando sorpresivamente su brazo, lo llevó hasta delante, abriéndose paso entre la gente para después señalar con su blanquecino dedo un punto en la lejanía de esa calle medieval.

-¡Mira! – Y su voz se perdió cuando unos tambores y trompetas comenzaron a sonar.

Su vista de águila le permitió observar un grupo de guardias marchando. ¿Para qué? Pues como seguridad para la persona que se encontraba atrás, montada en un enorme caballo negro de sangre pura, que saludaba y dedicaba una amplia sonrisa a cada ciudadano presente.

Lo conocía, por obvias razones.

Aquel hombre de tez morena y mirada decidida, era el rey. El dueño de todo y a la vez de nada para él.

Rukia, Renji y Rangiku se acercaron también hasta el extremo, colocándose detrás de la pareja para observar con mayor detenimiento y recibir a sus superiores. Poco a poco, con lentitud, la familia real se acercó hasta donde ellos estaban parados, y un brillo apareció en los ojos azul profundo de Rukia al reconocer a su rey. El caballo negro trotaba con seguridad justo como su dueño era, y cuando pasó al lado de ellos sonrió como de costumbre. Tanto Momo, como la pelinegra y el tatuado hicieron una reverencia, a lo que los piratas no se sumaron. No, ellos no acostumbraban ese tipo de cosas ni tenían por qué hacerlo. Ellos vivían del viento, de las olas y de las aventuras, no de un sujeto con corona en la cabeza.

Detrás de él, montado en un corcel marrón con motas blancas, estaba el príncipe cuyos cabellos anaranjados como un cielo en atardecer se revolvían por el viento con grandeza. No sonreía como su padre, simplemente se mantenía sereno pero de vez en cuando una traviesa sonrisa se dibujaba en su rostro al ver el cariño que le entregaban los ciudadanos. Para él poder servir y ayudar a su gente era el mejor regalo que le había dado la vida, puesto que su alma era comparable a la de un héroe, sin miedo a atravesar grandes fronteras con tal de dar una mano a cualquiera que lo necesite.

Y por último, para finalizar con broche de oro lo que sería la respetable familia real, venía montada en un caballo blanco una joven de piel blanca como la nieve, y una cabellera negra como ala de cuervo que caía como cascada por su espalda. Su mirada sería indiferente y fría a primera vista, pero poseía un destello de dulzura, seguramente hereditario de su madre. Para la mayoría, la princesa Kurosaki Karin era la que traía dicha a su familia, como un amuleto de la suerte.

Momo abrió la boca con sorpresa y sus ojos chocolate centellaron. Desde niña había admirado a la princesa, le parecía una persona por demás interesante y fuerte tanto de alma como corazón. Fue por eso que cuando pasó al lado del grupo, montada en su corcel buscó con afán su mirada. Y por extraño que sonase, ella le miró, y sonrió.

Hinamori intentó contener un grito de emoción, y apretó el brazo que aún sostenía inconscientemente. Pues sabía que esa cálida sonrisa que se vio por segundos, había sido sólo para su persona.

El aburrimiento de Hitsugaya fue interrumpido bruscamente ante ese gesto. De pronto, una extraña electricidad recorrió cada fibra de su ser y tragó grueso. Ese sentimiento que provocaba en él su mejor amiga nunca lo había comprendido, y se sintió extraño. Demasiado para su gusto, en realidad.

Pero de pronto, el fuerte sonido de un balazo llegó hasta sus oídos y de todos los presentes. El blanco caballo relinchó como si no hubiera un mañana, a lo que su dueña intentó calmarlo alzando su voz y tratando de dominarlo. Pero ya era tarde, el animal estaba en un colapso nervioso y en un precipitado movimiento se había parado en sus dos patas traseras, y aunque la princesa intentó mantener el equilibrio se vio cayendo con estrépito hacia el suelo. Hubo gritos, gente corriendo de un lado a otro y de pronto, Hinamori se veía arrastrada por esa masa de gente alterada.

Toushiro maldijo por lo bajo y tomó con fuerza la mano de Hinamori, evitando así que la alejaran de su persona y saliera lastimada por ello. Pero las personas no se tranquilizaban, en cambio, corrían cada vez más rápido y el rostro marfil de su amiga parecía perderse entre los demás.

-¡Hinamori! – Murmuró con frustración.

Aún tenía su mano en la suya. Pero sería cuestión de tiempo para que se vieran separados, lo sabía. Quizá… si ponía un poco más de fuerza lograría retenerla.

Sin embargo, la pesadilla comenzó.

Una figura vestida de negro, apareció frente a la caída princesa. Por sus fachas y la decisión en sus ojos, que era lo único que se podía apreciar de su oculto rostro, estaba de más decir que sus intenciones no eran nada buenas. Llevó su mano hasta su espalda, desenvainando una filosa espada ante la pavorida mirada de Karin.

-Maldición… - Ichigo dio la vuelta a su corcel, con preocupación reflejada en su rostro. - ¡KARIN!

Quiso ir hasta ella. Pero otro grupo de personas vestidas de la misma manera le bloquearon el paso, y el príncipe frunció el ceño. Aunque no le gustara, desenvainó su espada y saltando de su caballo se enfrentó a esos sujetos. Tenía que hacer algo para ayudar a su hermana, ¡Y rápido!

La hábil mente de Toushiro procesó la situación en cuestión de segundos. Murmurando una nueva maldición, buscó con la mirada a su primer oficial y al encontrarla, ésta aún entre la masa de gente alterada, le regresó la mirada, decidida.

Sabían qué hacer.

Pero su mano aún aferraba la femenina. Y se topó con unos preocupados orbes chocolate que le desgarraron el alma.

-¡Busca un lugar seguro! – Ordenó, intentando que su voz llegara a oídos de ella.

Momo intentó negar con la cabeza. ¡Ella quería estar ahí, ayudar en lo que fuera posible! Por lo que intentó aferrarse más a la mano de él, pero sintió unos fuertes brazos que la tomaban de la cintura y ella se sorprendió.

Renji Abarai miró al Capitán con seriedad. Y con una mirada transmitieron todo lo necesario.

Y así fue que, aunque le pesara, Hitsugaya soltó la mano de su mejor amiga, dejándola en manos de aquellos dos jóvenes que si bien no le agradaban a su persona, con Hinamori eran diferentes. Ella estaría a salvo con ellos y lo sabía de antemano.

El pelirrojo la tomó con firmeza e intentó llevársela, ante la resistencia de ésta. Pero la diferencia de fuerza era notable y fue arrastrada por su amigo en compañía de la Kuchiki hacia cualquier lugar.

-¡Hitsugaya-kun! – Fue su último grito antes de perderse entre la gente.

No sin antes buscar por última vez esa mirada chocolate, Toushiro le dio la espalda y en un ágil movimiento se colocó frente a la joven de cabellos oscuros como la noche, justo a tiempo para detener una espada que chocó con la suya propia, con fervor, haciendo que la unión del sonido del metal resonara en la calle y ahogara los gritos de terror. Una espada que momentos antes intentaba robarle la vida a Karin Kurosaki.

Su primer oficial tomó a la chica en un parpadeo, pese a que la chica estaba aún pasmada, quiso pronunciar palabra, pero la pirata no se lo permitió. Al instante habían desaparecidp del campo de batalla. Donde aquella persona que ocultaba su identidad tras ese traje oscuro se estaba enfrentando al pirata Hitsugaya Toushiro.

Por un segundo, la mirada turquesa de él se topó con un simple y puro negro. Un negro profundo que le provocó un extraña opresión en su pecho, pero no se dio el lujo de titubear. Alejó su espada de la ajena, y tomando vuelo, dio una nueva estocada que fue admirablemente detenida.

Y los gritos de desesperación ambientaban el encuentro de ambos partícipes.


¡Chán chán chán! ¿Les gustó? Es la primera vez que trabajo con espadas y batallas, por eso me limité a hacer el encuentro corto pero sin duda irán aumentando, por lo que también espero mejorar.

Como ven, han aparecido más personajes y la familia Kurosaki, que será importante en toda la historia. ¡Cierto! En este fic solamente quiero concentrarme en el triángulo amoroso principal (MomoxHitsugayaxAizen aunque aún no sale) y quienes los rodean, pero si gustan también puedo agregar poquito, sólo poquito en algunas otras parejas que gustan. Hablando de lo obvio y siendo sinceras, se me haría más fácil colocar RenRuki, por la relación que llevan ambos. Pero si la mayoría prefiere puedo intentar meter IchiRuki, aunque me costará porque no tengo en mente un encuentro entre ellos dos, pero puedo pensar. Ustedes me dicen.

Qué más... ¡Ah! ¿Qué creen? Terminé la portada para este fic. Pero me di cuenta que tiene un súper-mega-ultra-gran sopiler, así que no lo subiré hasta que eso sea revelado XD Sí, perdonen... Igual esta página no es de arte, ¡No sé por qué me preocupo por eso! ò.ó

En el próximo capítulo: ¡La aparición oficial de Aizen! Y de ahí comenzará, ahora sí, lo que sería el tema principal de este fic.

Ahora sí, a contestar reviews y en serio, otra vez muchas gracias XD

Vicky-chan16: Como acabas de ver, el papel de príncipe ya se lo llevó el protagonista de Bleach. Pero no por ello Aizen es un "cualquiera". Y sí, Momo sufrió mucho con su ausencia, como se dan algunos detalles que mencionó Inoue. Y diste en el clavo, porque el siguiente tema a tratar entre estos dos será precisamente la duración de su estadía. ¡Oh, oh! Ya pelearon con espadas, sé que no fue la gran cosa pero escenas como estas habrá a montones. Así que espero mejorar, gracias por tu review!

LadyDy: ¡Tu grito me llegó hasta acá! XD Bueno, cuando lo publicaste e.e Oh, me partiste el corazón... Creí que sí te casarías con mi mente pero me traicionas lléndote con Karin-chan Q.Q Ok no. JAJAJA La forma de conocer al tipo de ojos avellanas! XD Ya quiero que salga Aizen! En este capítulo no salió y ya lo extraño (?) Y... ya sé... Y el punto no es sólo enamorarse de esos dos, ¡Sino que ellos también sienten algo por ti! ¿Te imaginas, tener tras de ti a dos bombones como éstos? (Aunque uno sea un antagonista despiadado y egoísta e.e) Y ni lo pienses, al frío capitán, ¡Lo acoso yo! (No le digas a Momo-chan, por favor!) ¡HINAMORIxHAREM! Lo entendí a la primera, y para serte sincera me medio llama la atención el IchiHina/HisaHina. Pero... ¡NUNCA ME IMAGINÉ LOS DOS ÚLTIMOS! XD Sin duda sería complicado, pero un reto siempre traerá beneficios, cuando estés aburrida escribe y ya ves si te gusta el resultado o no :3 No me molestas Lady-chan, me gusta que me escribas Q.Q Cuídate también, y gracias! PD1: Genial *w* PD2: Gracias! XD PD3: Lo verás en unos... dos o tres capítulos más! XD

Zedna-max: ¡Tu ánimo me gusta! Y sí, Shiro-chan sería guapo como cualquier cosa, vampiro, hombre lobo, pirata, brujo, hombre de las nieves o lo que sea... ¡Porque es Shiro-chan! (?) Y Aizen, uff! Ese hombre sí que es guapo, y tú no te preocupes, imagina que sí hay gel y su cabello es sexy :B Gracias por apoyarme, espero te haya gustado este segundo capítulo!

Lupita: XDDDDDD ¡HOLIS! No hemos platicado recientemente en facebook, deberíamos hacerlo... Por cierto, creo que ya te contagié mi amor por Bleach y el HitsuHina... ¡ME IRÉ AL CIELO POR ESTA BUENA OBRA! XD Te quiero más Lupita, ya quiero verte!

: Gracias! Me alegra que te guste.

HeladoDerretido: Siempre me encanta leer tus reviews, me suben el ánimo junto a los de Lady, Trina, Allison, Blackmoon y bueno, de todas las amantes del HH XD Volviendo. Así es, será un AiHitsuHina, como mencionó Lady-chan. Y no es que me guste, sino que... me llama la atención. Así de sencillo, mientras tengan a mis personajes preferidos (Shiro y Momo) les encuentro algo de interesante, y el AiHina me pareció buen material con el cual trabajar, ya que si me lo pienso estoy igual que tú, me gustaría esta pareja si él no fuera el antagonista principal tan cruel. Porque el "Aizen que nunca existió" osea, el que Hina admiraba, es casi perfecto. Una relación como la que tuvieron ellos (aunque todo fue una farsa por parte de él)sería muy romántico sin duda, por eso decidí escribir esto. ¡Pero no se compara con el HitsuHina! Ah, y gracias por comentar eso, hiciste que recordara algo que quería explicar, lo escribiré abajo. Escuché tu llamado, escribiré muuuchos one-shots XD

Trina: OWWW ¡Qué lindo/verguenza! Yo tambien admiro a las escritoras de este fandom, tienen mucho talento, creo que deberíamos hacer un grupo o algo así XD Pues... Momo siente algo que aún no sabe qué es por Hitsugaya. Y él de igual manera, de que lo quiere demasiado no hay duda, pero no sabe hasta qué punto es este cariño. Por eso, cuando Aizen aparezca y despierte en ella sentimientos comparables a los de Shiro comenzará a dudar, y pues así. ¡En el próximo capítulo veremos el encuentro AiHina! Disculpa la espera y espero te haya gustado Trina-chan!

Blackmoon9631: Mi mente se siente amada, como Lady la cambió por Karin-chan podrías casarte con ella, si gustas. XD Y pues... esa pregunta es complicada, supongo que fue algo así como, ¿Amor a primera vista? Nah, no tanto así pero pues sus ojos son bonitos, no se acercan ni de juego a los turquesa de Hitsugaya pero sí están "guapos" los ojos de Aizen XD Así es, Shiro la tiene muuuuy difícil, haber cómo se ponen las cosas. ¿Hi-hi-hijos? No lo creo... Toushiro sólo ama a Momo, creo, creo... o quién sabe, todo puede pasar :B ¡Saludos y gracias por tu review!

Allison95: ¡Bueno! ¿Por qué tanto amor hacia mi mente?XD Le podría hacer competencia a Shiro-chan! XD No te preocupes por la demora, ni se me hizo que te tardaste, en cambio yo soy la que debo de disculparme XD Lo sé, gracias, muchísimas gracias por leerme!QwQ

Tierna Orfelina: Oh, de nuevo me dan unos sustos cuando me dicen que no les gustó...Q.Q De acuerdo, no es miel, es romance, entiendo XD Así es, Aizen fue el dichoso hombre de los ojos avellana. Hablando sobre ese tema, tendrás que esperar querida Tierna-chan XD Además, debo aclarar que no la verás, o por lo menos no "como crees". Como te dije en el PM, es importante para la historia, pero a la vez no. Pero eso no significa que no leerás de ella. Es confuso, pero mejor espera!:B

Vegetable lov3r: JAJAJAJAJA ¡Ya sé! Yo pensé lo mismo... estaba babeando cuando me lo imaginé como un pirata, en serio. Entiendo cómo te sientes, a veces envidio a Momo pero no es una envidia mala, simplemente... ¡Hay, es que el capitán más guapo del Gotei babea por ella! En verdad quisiera ser Hina-chan! jajaja :) Eso, ¿En qué estás metido Shiro-chan? Habrá que esperar, las cosas se revelarán poco a poco. ¡Gracias por tu review!

¡Casi lo olvido! Nadie me preguntó directamente por la "personalidad" de Aizen en este fic. Pero HeladoDerretido se acercó mucho, así que explicaré: No sé si poner a Aizen como OoC en EPDA. ¿Por qué? Hasta yo estoy confusa. Verán, lo veremos en su mayoría como la persona que fue antes de su traición, osea, el sujeto amable y bondadoso que Hinamori admiraba. Pero como él mismo dice, ése Aizen nunca existió y por ello creo que es OoC. ¡PERO! También veremos su lado oscuro por así decirlo. No malvado, ojo, pero sí egoísta y calculador cuando esté con Hitsugaya. Más que nada eso, egoísta, creo que es la palabra que mejor describe a Aizen Sousuke. Por eso aún no sé si aquí será OoC o no. ¿Ustedes qué opinan?

Eso es todo, perdonen la espera, gracias por esperar, y... ¡Nos leemos!

*Editado* Tuve que borrar el capítulo y subirlo de nuevo porque no me llegó el correo cuando subí el capítulo, así que me medio preocupé XD