N/T: Hola estoy de vuelta trayéndoles el capítulo 2 de esta gran historia, primero quiero agradecerles a las personas que se tomaron su tiempo en dejar un review… y segundo, quiero decirles que debido al contenido de la historia – si no mal recuerdo la historia contiene lemon – y debido a esto, estoy publicando la historia en DeviantArt y … No vaya a ser que luego el fic sea eliminado por tener contenido para adultos, así que cuando se llegue a esas partes, las quitare en este sitio, pero en las páginas antes mencionadas permanecerán intactas… Eso es todo por el momento, así que los dejo con la historia ^.^


Tres días.

Tres días desde que él había matado a ese bastardo de Aizen.

Tres días desde que los gritos de victoria fueron escuchados en ambos mundos.

Tres días que había estado sentado en la misma habitación de hospital mirando su rostro inconsciente.

Ichigo volteó otra página de la revista que estaba sosteniendo. Ni siquiera mentiría y diría que estaba leyéndola; ya ni siquiera sabía el nombre del libro en su mano. No podía quitarse de la cabeza la batalla y ni la mujer en frente de él.

Cuando el escudo de Orihime cayó, corrió hacia Aizen a una velocidad que no sabía que poseía. Pelearon con furia, ningún hombre decía nada. Aizen se abstuvo de sus habituales discursos diseñados para bajar la guardia de sus oponentes y en su lugar respondía a cada golpe de la espada de Ichigo con la suya. Él había sido despojado de su poder y quería que ella pagara por ello. Ichigo había peleado con muchos oponentes antes, humanos, hollows, y shinigamis; pero sólo podía recordar una vez en la que había estado tan furioso en una batalla.

Su pelea con Gran Fisher.

Así como anhelo ver la sangre derramada de Fisher, quería que la de Aizen fluyera como una cascada. Se concentró en nada más que cortar la carne de los huesos del hombre. Ichigo no estaba seguro de quién eran esos pensamientos morbosos, suyos o de su hollow; pero no trató de detenerlos, ni cuestionó de dónde se originaban. Simplemente acepto su enferma necesidad de matar a Aizen de la manera más dolorosa posible.

Permitió que la batalla se extendiera. Ichigo se dio cuenta del hecho de que podía haber matado a Aizen al menos dos veces durante su batalla pero no lo hizo. Su hollow cacareó en el interior de su mente y sintió la felicidad de la oscura criatura por la larga batalla. Ichigo sabía que se reprendería a sí mismo más tarde por ceder a los deseos de su hollow. No… no sólo su hollow. Al menos admitiría a sí mismo que en un nivel mucho más primario que él también quería alargar el placer de matar a Aizen.

Se sintió horrible por ello.

Puede que no sea un hombre inocente pero estaba lejos… muy lejos de ser malvado. Ichigo sintió que había contaminado una parte de su alma por ceder a las oscuras emociones que tenía. Cada corte que aterrizó en Aizen después de la oportunidad inicial que había tenido para matarlo lo hizo estremecerse por dentro ahora. Brevemente se había convertido en el monstruo con el que había luchado para dominar en el área de entrenamiento subterrana de los vizards. Permitió que esos pensamientos derivaran a un rincón de su mente cuando abrió un senkaimon para llegar a su padre y Orihime. Las palabras que vagamente había escuchado durante su batalla estaban volviendo claramente a él. Tal vez habían sido el catalizado que lo lanzó en la rabia asesina que experimentó.

"Está en shock…"

"Está convulsionando…"

"¡…Abre el senkaimon ahora!"

A pesar de que sintió como si kami no podía escucharlo, en este momento rezó duro mientras buscaba su reiatsu. Finalmente lo localizo en el hospital de Ishida-san. Ignorando las miradas de sorpresa de los shinigamis alrededor de él, corrió pasándolos tratando de llegar a su habitación. Unas manos se estiraron para tratar de detenerlo y luchó contra ellas con desesperación. Urahara, a quien había fallado en reconocer había estado con él todo el tiempo, finalmente lo dejó inconsciente con un hechizo de kido cuando continuó resistiéndose.

Cuando despertó, se encontró yaciendo en una cama de hospital, el familiar juego de músculos le dijo que había sido colocado de vuelta en su cuerpo. Rukia, Renji y Sado estaban sentados en sillas a lo largo de la pared pero corrieron a su lado cuando vieron sus ojos abiertos.

"¿Ichigo, cómo te sientes?" preguntó Rukia con ojos preocupados.

Se esforzó por sentarse erguido y Sado se acercó para ayudarlo. Luchó contra una oleada de nauseas cuando su cabeza palpitó con dolor. "Me he sentido mejor."

Un resoplido que pudo haber sido una risa viniendo de Renji. "Baka. Al menos estás vivo. No puedo creer que estés en tan buenas condiciones… considerando quien era tu oponente."

Ichigo palideció cuando recordó por qué había corrido al hospital en primer lugar. "¡Inoue!" gritó y trató de levantarse de la cama. Dos pares de brazos fuertes lo sostuvieron en su lugar. "¡Déjenme ir chicos! ¡Tengo que ver si ella está bien!" gritó a Sado y Renji.

"¡Ichigo!" gritó Rukia justo en frente de su cara. Él detuvo su lucha ante su tono severo. "Calmate. Estoy segura de que tu padre apresiara si no abres las heridas que cerró hace unas horas. Inoue está viva, inconsciente, pero viva."

Ichigo cerró sus ojos y dijo una pequeña plegaria en agradecimiento, permitiendo que su cuerpo se relajara ahora. "Aun así quiero verla."

Los ojos de Rukia se suavizaron. "Por supuesto. Déjame buscar a tu padre para que te revise ya que acabas de despertar, luego todos iremos a verla."

Ella regresó con su padre unos minutos más tarde y por una vez su viejo no lo golpeó en saludo. Cuando Ichigo se volvió para encontrarse con la mirada de su padre cuando la puerta se abrió, vio una amena sonrisa en el rostro del mayor. Estaba seguro que lo había imaginado, pero podía jurar que vio lágrimas en los ojos de su padre. El momento pasó rápidamente cuando Isshin cerró sus ojos y sacudió su cabeza ligeramente.

"Acabas de despertar y ya quieres salir corriendo de aquí. Me alegro de que tus amigos decidieran quedarse contigo." Bromeó mientras se acercaba a la cama de su hijo.

"No voy a dejar el hospital viejo, pero voy a la habitación de Inoue." Isshin se encontró con la mirada determinada de su hijo y suspiró en derrota.

"Sabía que lo harias tan pronto como despertaras. Hazme un favor y tómalo con calma. No todos nosotros tenemos tan asombrosas habilidades como ella. Romperas todos los puntos de sutura en tu costado y no tendras el beneficio de que sean rechazadas. Terminaré cosiendo tu culo escualido de nuevo."

"¿A quién llamas escualido, viejo?" dijo Ichigo cuando se levantó y enfrentó a su padre. Los dos hombres se sostuvieron la mirada por un momento antes de que Isshin pusiera su mano detrás del cuello de su hijo y juntara sus frentes. Ichigo observó a su padre cerrar los ojos y dejar salir un profundo suspiro. Sintió los dedos curvearse en su cuello y pudo ver la tensión prácticamente desvanecerse de su padre. Esto sorprendió a Ichigo más que nada. No tenía idea de que su padre había estado tan preocupado.

Siempre le había dado tanta libertad y su padre pudo haberlo molestado sobre dónde estaba, pero cuando él no respondía, sólo peleaban por el momento y el asunto era olvidado. Cuando su padre apareció como un shinigami, Ichigo se dio cuenta de que él siempre había sabido dónde estaba, de dónde venían sus heridas, y no hizo tantas preguntas dejándolo solo con una advertencia de los peligros que podría enfrentar. Ver que su padre mostró tanta emoción por su bienestar humilló a Ichigo. Levantó su propia mano al cuello de su padre y lo apretó igualmente. No había palabras que necesitaran ser expresadas entre los dos. No importa los problemas que tenían o que enfrentarían pronto, simplemente abrazaron el hecho de que ambos estaban vivos y bien. Su ligeramente rota familia todavía estaba intacta.

El momento pasó e Isshin, una vez más actuaba como su viejo yo, y llevó al grupo a la habitación en la que Ichigo ahora estaba. Ella lucía igual que cuando abrió la puerta ese día. Con los ojos cerrados, las largas pestañas negras yacían contra sus palidas mejillas, con los labios entreabiertos mientras respiraba profundamente en su sueño.

No… eso sólo era la impresión que daba. Parecia como si estuviera dormida. En cualquier momento él esperaba que ella rodara sobre su costado murmurando algo sobre aliens o pequeños hombres azules en sus sueños extraños; pero eso no iba a pasar. Su padre le explicó que ella estaba en un coma.

Su brazo estaba vendado y yacía encima de dos almohadas. Todo desde su hombro hasta la punta de sus dedos estaba cubierto. Él se sentó pesadamente en la silla junto a su cama y trató de escuchar mientras su padre explicó lo que habían hecho para salvarla. Sólo pudo captar piezas de la explicación mientras su cerebro estaba tratando de procesar la vista de ella yaciendo allí, pareciendo rota. Ella había dado tanto para garantizar que la guerra fuera ganada, para asegurarse de que todos estuvieran seguros. ¡No era justo que ella estuviera acostada en esa cama y no él!

"Controla tu reiatsu o tendrás que dejar esta habitación."

Ichigo giró su cabeza bruscamente para mirar a quien había hablado, pero estaba sorprendido de ver al padre de Ishida en la puerta. Caminó hacia la cama y revisó alguno de los monitores conectados a Orihime.

"Agotó completamente su reiatsu sin mencionar las graves lesiones que sufrió en su brazo. Su cuerpo entró en shock ante la perida de sangre y sufrió algunas convulsiones a causa de ello. Está en coma ahora pero espero que salga de el." Ichigo escuchó la explicació del estoico doctor y estaba a punto de agradecerle cuando el hombre comenzó a hablar con su padre en su lugar. "Así es como deberías haber calmado al chico. Es asombroso cuán idiotas son nuestros hijos."

"¿Y a quién crees que te refieres cuando dices eso Ryuken?" Ichigo giró su cabeza para ver a Ishida de pie en la esquina. No lo había visto cuando entró en la habitación.

"Deberia haber dicho irrespetuoso también. Y sólo pruebas mi punto por hacer una pregunta tan rídicula." Dijo Ryuken sin molestarse en mirar a su hijo.

Ishida se tensó ligeramente y respondió a su padre. "Si no fueras…" su sentencia se apagó y desvió sus ojos esperando que su declaración fuera ignorada. Desafortunadamente para él, no fue así.

"¿Si no fuera qué, Uryu?" preguntó su padre, una ceja arqueada como un desafio silencioso. "¿Un médico muy competente? Sin mencionar el único de los dos médicos capaz de tratar la condición de Inoue Orihime. Por esa razón fue difícil para nosotros operar a tu amiga para salvar su vida. ¿Estaba eso entre las líneas de lo que ibas a decir?"

Ishida no respondió ni miró en la dirección de su padre. Mantuvo su mirada desviada y cruzó sus brazos sobre su pecho.

"Sigues siendo un cobarde." Ryuken comenzó a caminar fuera de la habitación pero habló a Isshin sin darse vuelta. "Kurosaki, tu hijo puede quedarse pero asegúrate de que mantenga su rídiculo reiatsu bajo. No necesito nada interfiriendo con la recuperación de mis pacientes."

"En serio, ¿qué hay con este asunto de 'Kurosaki'? ¡Y ella también es mi paciente!" Isshin gritó al hombre de cabello plateado aunque él ya había dejado la habitación. Todos estaban en silencio mientras pensaban en la información que Ryuken había compartido con ellos.

"¿Por cuánto tiempo va a estar en coma, papá?" preguntó Ichigo.

"Desearía poder decirlo." Suspiró Isshin. "El tiempo que sea necesario es la única respuesta que puedo darte." Le dio una palmadita en el hombro a su hijo. "Trata de tener fé Ichigo. Quédate con ella por ahora, pero tus hermanas estarán aquí pronto. Te extrañan."

Eso fue hace tres días. Él fue liberado del hospital a la mañana siguiente pero volvió a su habitación cada día y se quedaba por horas. Sus otros amigos venían también. Los shinigamis sólo pasaron unos pocos momentos, debido a que tenían a muchos de los suyos todavía heridos y un montón que reparar en la estela de la derrota de Aizen. Ishida y Sado traerían comida a la habitación, siempre trayendo otro bento con ellos. De alguna manera sabían que él ya estaría allí. La mayoría de las veces simplemente se sentaban en silencio alrededor de su cama. Cualquier conversación que comenzaran inevitablemente terminaría en las cosas que era mejor dejar a discusión para otro día.

Tal vez el más sorprendente visitante para Ichigo fue Urahara. El hombre siempre sabía lo que pasaba, pero le gustaba quedarse en las sombras. Sin embargo, cada día Urahara aparecia con su sonrisa picara, agitando su abanico. Aunque, cuando miraba a Orihime, su sonrisa se desvanecia y una mirada sombria de culpa llenaba sus ojos. Tessai lo acompañaría pero todo lo que podía hacer era llorar silenciosamente al fondo de la habitación.

Flores de cada forma y color llenaban la habitación. Escandalosos ramos de los vizards en una esquina, la mayoría firmados con la rídicula escritura al revés de Shinji, aunque uno era de Hiyori con una nota agradeciéndole por su ayuda. Un gran ramo de orquídeas estaba junto a la ventana, de Tessai y Urahara. Otros arreglos más pequeños de varios shinigamis cubrían la habitación. También había un jarrón de tulipanes de su hermana Yuzu puesto junto a su cama. Él había estado sorprendido cuando su padre llevó a sus hermanas el día anterior. Yuzu ya estaba llorando cuando entró. Puso las flores junto a la mesa antes de apretar suavemente la mano libre de la sanadora y hablarle suavemente.

En cambio Karin llegó para quedarse junto a él. Después de unos momentos de silencio ella finalmente le habló.

"¿Ella va a estar bien, verdad?"

"Si." Fue su respuesta fuerte y segura.

Ella lo miró por un momento con ojos que parecían desmentir su edad. "¿Lo atrapaste, Ichi-nii?"

Ichigo sólo se detuvo un momento antes de responderle. "Si." Ella asintió con su cabeza y le sonrió tranquilizadoramente. Ichigo sabía que pronto tendría que hablar con su padre sobre la habilidad de Karin de ver a los hollows y shinigamis. Le preocupaba el peligro en el que estaba siendo colocada por su reiatsu en crecimiento. Fue sacado de sus pensamientos por Yuzu lanzándose contra él y abrazandolo fuertemente.

"No te preocupes, onii-chan. Estoy segura de que ella se mojorara." Su voz fue rota por sus sollozos.

Ichigo casi se rió. Ella estaba tratando de animarlo pero ella era la que estaba llorando. "¿El viejo te dijo que ella estaba aquí?"

"No, vimos a Tatsuki-chan antes. Nos dijo cómo Orihime fue golpeada por un auto." Karin respondió asintiendo con su cabeza rápidamente hacia la dirección de Yuzu cuando ella no estaba mirando.

Tatsuki. Su amiga de la infancia y ahora la mejor amiga de Orihime. Tenía miendo de llamarla. Por un lado quería decirle que la trajo de vuelta. Ella estaba viva, herida, pero estaría bien. Por otro lado, estaba preocupado por la reacción de Tatsuki ante la condición de Orihime. Ella era muy protectora con la amable sanadora y verla así… bueno, no quería saber cómo reaccionaria Tatsuki. Lo que sea que pasara, él tendría que hacer la llamada telefónica.

Dudó cuando ella respondió, incapaz de hacer que su boca dijiera las palabras que necesitaba decir. Aunque de alguna manera, ella sabía que era él.

"¿Ichigo?"

Su grito de sorpresa fue suficiente respuesta para ella. "Lo sé. Ya he estado allí."

"¿Eh? ¿Cuándo?" fue su respuesta inteligente.

"Sentí su precensia en el momento que volvió. He estado allí todo el día. Acabo de volver a casa para comer y regresare. Fui a verte también baka, pero todavía estabas inconciente."

"Oh." Tragó pesadamente, nervioso todavía por alguna razón.

Su voz salió tranquila desde el teléfono. "Ichigo, gracias."

Una vez más, sólo pudo darle su silencio atonito.

"Gracias por tráela de vuelta. Ella estará…" Tatsuki hizo una pausa cuando su voz se volvió espesa por las lágrimas e Ichigo apretó el teléfono tan fuerte que podría haberlo roto. "Ella estará bien. Sé que lo estará. Gracias." Ella colgó, pero no antes de que Ichigo la escuchara comenzar a llorar.

Él podría habela traido de vuelta pero no la salvó. Ella los salvó a todos. Él había fallado en protegerla de nuevo. La culpa cayó sobre él con pesadez y se reclinó en la silla para observar su figura en silencio.

Tenía un montón de tiempo libre en sus manos y desafortunadamente para él, aunque había mucho en lo que podía pensar, una cosa en particular seguía viniendo.

"Te amo Ichigo."

Sintió su rostro calentarse al recordar su confesión y su beso. Desde ese momento su mente había estado en crisis. Todavía no podía creer que alguien tan dulce, tan cariñosa, pudiera estar enamorada de él… y él nunca había tenido idea. Ahora, conociendo sus sentimientos, buscó de atrás en sus recuerdos de cualquier momento que pasaron juntos y podía admitir que algunas veces su comportamiento había sido un poco… diferente. Tal vez recordó un sonrojo en su rostro cuando no había sabido la razón de por qué o verla mirándolo, pero en ese momento sólo había pensado que ella tenía algo que decir.

Se sintió como un idiota.

Tal vez no era la primera persona en entender las sutiles señales de las personas, pero ¿perderse algo como esto? Suspiró pesadamente y miró su forma durmiente. De acuerdo, así que él era un idiota, pero no era completamente ciego. Él era un adolescente normal, bueno algo normal, y saludable. Si, sabía que ella era hermosa. Increíblemente hermosa, pero lo que sea… él no era una persona superficial. Inoue era una de sus más queridos amigos. Ella era alguien a quien juró proteger, alguien con quien podía hablar abiertamente, tanto como su personalidad se lo permitiera de todas maneras.

Se preocupaba por ella, como hacia con todos sus amigos, ¿pero amor…?

Eso era algo en lo que nunca había pensado. Amaba a su familia y amigos, había amado a su madre profundamente, pero nunca había tenido sentimientos de esa naturaleza por alguien. No sabía qué hacer.

No quería lastimarla. Esa era la última cosa que quería hacer, pero…

Lanzó la revista a un lado con enojo y cruzó sus brazos sobre su pecho. Estaba cansado de pensar en esto. Decidiría que necesitaba hacer cuando ella despertara. Él era un hombre de acción y nunca fue bueno haciendo un plan. Eso era más el estilo de Ishida, pero él estaría condenado si pedía ayuda a ese bastardo con esto de todas las cosas.


Realmente era un sueño hermoso.

Estaba sentada en el almuerzo con su amado Kurosaki-kun disfrutando la comida que ella hizo para los dos. Atún y ramen con pasta de frijol rojo. Así es como ella sabía que era un sueño. Ichigo nunca comería uno de sus dulces favoritos, nadie lo haría, además de Rangiku-san. Sin embargo, a pesar de que reconoció que era un sueño, esperaba nunca despertar.

¿Almuerzo… a solas… con Kurosaki-kun?

Definitivamente un sueño en el que no le importaría quedarse.

El dolor no se registro en ella al principio. Vagamente frotó su brazo cuando comenzó a hormiguear. No paso mucho tiempo antes de que sintiera como si su brazo estuviera en fuego. La cara del Ichigo del sueño nunca cambió aun cuando ella comenzó a llorar y a apretar su brazo en su pecho. Su rostro se desvaneció hasta que todo lo que vio fue la densa oscuridad y sintió el dolor ardiente. La oscuridad dio paso a la realidad y ahora estaba agradecida de poder escuchar las voces de sus poderes en su mente.

"¿Orihime-san?"

"Despierta Orihime-san."

"¡Oi! ¿Puedes escucharnos mujer?"

La voz chillona de Tsubaki penetró en su mente y encontró la energía para responder.

"¿Chicos, qué pasó? ¿Por qué duele tanto?" les preguntó con un sollozo dentro de su mente.

"¡Olvida eso Orihime-san, necesitas sanarte!" dijo Shun'o.

"Por favor Orihime-san, danos la orden." Dijo Ayame.

"¿Si me lesione así, que hay de ustedes chicos? ¿Siquiera tienen la fuerza para sanarme? Incluso tengo problemas en decir cuánto reiatsu tengo." Respondió Orihime.

"¡Deja de hacer preguntas sin sentido y sanate ya!" le gritó Tsubaki.

Ella podía escuchar el pánico oculto en su voz y eso la preocupo más que nada. El dolor era tan intenso ahora. Ondas de fuego viajaban de arriba y abajo en su brazo y se extendía por su cuerpo. Todavía estaba en la oscuridad, sus ojos se sentían tan pesados que ni siquiera trató de abrirlos. A pesar de querer ver desesperadamente dónde estaba, sabía que era incapaz de hacer nada más que lo que sus poderes le instaban a hacer.


Él estaba cansado del maldito silencio en este punto.

¿Cuántas veces en los últimos tres días simplemente había anhelado escuchar su dulce voz? De buena gana se sentaría y escucharía uno de sus locos sueños que involucraban robots, o aliens, o wasabi que cubría comida que cobraba vida y trataban de matar a todos. Si ella quería divagar sobre como las nubes le recordaban a lindos animales de peluche, él escucharía encantado. Lo que sea… lo que sea estaría bien siempre y cuando ella despertara.

También necesitaba disculparse con ella. Aunque él le había jurado que la protegería, permitió que la secuestraran y que saliera herida. El remordimiento inhundó su cuerpo. Entrenó con los vizards para controlar a su hollow y aprender a usar su poder en batalla, pero no había sido suficiente para mantenerla segura. Al final, ella había estado dispuesta a sacrificarse por la vida de sus amigos. Eso nunca habría pasado si sólo tuviera el poder para derrotar a Aizen y los Espada por su cuenta.

Una vez más entró en un delirio interno sobre la injusticia de que ella estuviera en la cama de hospital.

Un destello…

Se sentó erguido y miró su forma tranquila intensamente.

Por un momento estaba seguro de que sintió su reiatsu crecer. No era particulamente bueno en sentir el reiatsu, pero había estado tan concentrado en el de ella últimamente que estaba seguro que lo sintió crecer.

Observó su forma por varios minutos antes de recostarse de nuevo en su silla en derrota. ¿Ahora estaba alucinando? ¿Estaba tan desesperado porque despertara que estaba imaginando cosas? No es que había decidido algo sobre eso, ahora simplemente estaba refiriéndose a su confesión en su mente; sólo quería ver sus ojos, escuchar su voz, asegurarse por sí mismo de que ella estaba viva y él la había traído de vuelta de ese infierno y lo que sea que le paso allí no la había dañado. Las palabras de Grimmjow resonaban ominosamente en su cabeza cuando pensaba en eso.

Sin advertencia, su cúpula dorada apareció sobre su cuerpo y él sólo pudo observar con asombro. Se levantó de la silla y se acercó para colocar sus manos sobre ella. Pasó sus dedos sobre la superficie lisa y se bañó en su tranquilo reiatsu antes de que una gran sonrisa, que ninguno de sus amigos había visto, cubrió su rostro. Sin apartar la mirada de su Soten Kisshun, fue hacia la puerta abriéndola y gritar por su padre. Gritar en el hospital probablemente era una manera garantizada de conseguir que lo echaran por el estoico padre de Ishida, pero eso no importaba…

Ella estaba despierta.