Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, son propiedad de Hidekaz Himaruya. La historia tampoco me pertenece, es la adaptación de un doujinshi.

Pairing: Canadá/England, Estados Unidos/Inglaterra(unilateral).

Advertencias: ¿Drama? (Espero que se depriman mucho :D) y nada más, esto es tan inocente como Jack Sparrow (ignoren la referencia tonta. ¡Johnny te amo! –asdfgasdf-)

NdA: ¡Lamento la demora! Es que este capítulo no me salía por nada del mundo. No volveré a pensar "Meh, es una adaptación, no es tan difícil" porque sí lo es -llora- ... Y aún no estoy muy segura de cómo me quedó, pero pidiéndole una opinión a una amiga, se deprimió así que creo que basta :D

¡Gracias por sus reviews! ¡Sus follows! ¡Y sus favoritos! –lanza besos y canadienses de chocolate-
Y de nuevo perdón por hacerlas esperar. Ya estoy escribiendo el otro… espero no demorarme tanto e.e

Espero disfruten de su lectura~


Only I Can See It

— ¿Qué…?— sus dedos soltaron la hamburguesa, grasienta, dejándola caer sobre la bandeja de color rojo.

McDonalds se encontraba abarrotado ese día. La fila en los mostradores era enorme y tardaron una eternidad en pedir su orden. Pasó lo mismo al buscar un lugar donde sentarse. El ver a Estados Unidos casi irse de los golpes con una mujer obesa tampoco ayudó. Sumándole los gritos de los niños y el olor a fritura, que lo tenían asqueado desde el momento en el que entró, se convertía en el perfecto infierno para Inglaterra, que se mantuvo entretenido reclamando, con indignación nada disimulada, la falta de consideración que se había tenido para con él.

Hasta ese momento.

Tal vez el ruido lo estaba volviendo loco.

— ¿Qué acabas de decir?— Estados Unidos arqueó una ceja, mientras le daba un largo sorbo a su Coca-Cola.

— Dije, que tú le regalaste el oso a Canadá—agarro una patata untada de kétchup y se la llevó a la boca

— ¡M-mentiroso! ¡Eres un mentiroso!— empezó a golpear repetidamente la mesa con el puño, chillando alterado— ¡No hay manera de que yo…!

— ¿Por qué iba a mentir sobre algo tan aburrido?—le dio un mordisco a su quinta hamburguesa del día— Canadá se la pasa hablando de ese oso todo el tiempo. A veces me cansa un poco— siguió hablando, ajeno a la expresión espantada de Inglaterra, que empalidecía a cada segundo— Pero como soy un héroe no puedo decirle nada. Ya sabes, yo he tengo muchas más cosas que él después de todo— apoyó el codo sobre la mesa, descansando la mejilla en su mano. Dio otro sorbo a la bebida antes de reparar en el mayor— ¿Qué rayos te pasa?

— ¡Lo olvidé por completo!— Sus ojos verdes, abiertos a más no poder, contrastaban con el sonrojo que se había apoderado de su rostro. Apoyó ambos codos sobre la mesa, sujetando su cabeza con ambas manos. Desesperado.

¿Qué voy a hacer?

Poco a poco fue cayendo sobre la mesa, pegando la mejilla a la superficie fría, que contrastó con el calor de sus mejillas. Cerró los ojos. Sus manos fueron deslizándose, quedando aferradas del borde de la mesa. Presionó los dedos con poca fuerza, intentando disimular el temblor de sus manos.

¿Qué voy a hacer?

— ¿Qué cosa?—ladeó la cabeza, inocentemente— ¡Ah! ¡Si no vas a comerte esa hamburguesa, dámela!

La voz de Estados Unidos fue un simple murmullo, opacado por el chillido que llenó la cabeza de Inglaterra de manera insoportable.

¿Qué voy a hacer?


Otro receso para una reunión que no llevará a ninguna solución. Suspiró. Todos, menos Alemania, parecían entenderlo, pero por alguna razón seguían reuniéndose cada cierto tiempo para tratar temas de "importancia mundial" que terminaban siendo desplazados por las peleas todos contra todos.

Al menos esta vez nadie se había sentado sobre él.

Sonrió a Kumajirou, que empezaba a refunfuñar de aburrimiento, antes de girar en una esquina. Aprovecharía el descanso para comer algo.

— ¡Hey, Mattie!— giró hacia dónde provenía la voz, encontrándose con un sonriente Estados Unidos. Se acercaba a paso rápido, llevando un folder repleto de papeles en la mano que agitaba como saludo.

— Hola, Alfred—saludó con una sonrisa.

— ¡Yo! ¿Estás libre ahora?— se balanceó sobre sus talones, metiendo la mano libre en el bolsillo de su pantalón— Quiero que me hagas un favor— canturreó apoyando la carpeta sobre su hombro

— De acuerdo— suspiró, acostumbrado al poco tacto de su hermano del sur— ¿Qué es?

— ¿Puedes llevarle esto a Inglaterra?— le extendió el folder— Necesita estos archivos.

— ¿Eh?— detuvo su mano a milímetros del objeto— ¿A-a Inglaterra?

— Sí. Creo que se quedó en la sala de reunión— le entregó los papeles al chico que los aceptó renuente— Por cierto, ya le pregunte a Inglaterra pero, ¿Es cierto que estás enamorado?

Sintió esas palabras cómo un puñetazo en el estómago.

— ¡¿Po-po-po-por qué dices eso?!— maldijo a su lengua enredosa, sintiendo a su pesar como la sangre se le subía al rostro.

— Lo escuché cuando hablabas con Inglaterra— se encogió de hombros, sonriente. El otro lo miró horrorizado.

— ¡¿Qué más te dijo?!—chilló inconscientemente. El otro arqueó una ceja, interrogante.

— ¿Hm? Sólo eso. Pero qué tipo para más grosero, ¿verdad?—levantó el índice, girándolo antes de señalar al menor— Olvidó por completo el haberte regalado ese juguete— la mueca de horror de Canadá se agrandaba a cada segundo— ¡Y es por eso que yo, el héroe, se lo recordé!— Estados Unidos sonrió radiante. Canadá sintió como su algo en su interior se rompía, siendo ensordecido por el estallido durante unos momentos.

— E-eh…—logró balbucear

— ¡No necesitas agradecerme!—palmeó el hombro del menor

— Pero yo…

— ¡Rayos! Obama me mata si no termino con esos papeles— se despidió con una sonrisa nerviosa antes de dar media vuelta

— Esta- —alargó torpemente el brazo intentando, inútilmente, alcanzarlo— O-oye, espera…

— ¡Te dejo el resto a ti!—sacudió el brazo, alejándose rápidamente— ¡Nos vemos!

— ¡¿Qué rayos has hecho?!—levantó el brazo, dispuesto a lanzar con furia los papeles al piso y mandar todo al demonio.

Pero no pudo.

Suspiró pesadamente, entrecortándose a causa del nerviosismo que lo invadió. Torpemente sujetó a Kumajirou junto con la carpeta y emprendió el paso.

No.

El choque entre la suela de sus zapatos y el piso de cerámica provocó un eco que resonó fuertemente en su cabeza.

¿No es esto algo bueno?

Saludó instintivamente a las demás naciones que pasaban a su lado en sentido contrario. Japón le miró de reojo al pasar a su lado.

No.

No.

No.

No.

No hay problema—caviló intentando calmarse, cosa que no funcionó al verse parado frente a la puerta del salón donde se encontraba Inglaterra— Él tal vez no se ha dado cuenta. O tal vez lo tome con una broma— Inhaló y exhaló profundamente un par de veces. Agarró la manija de la puerta— Está bien. No pasa nada. No pasa nada. Sólo actúa como siempre lo haces.

Sin haberlo previsto, ya había abierto la puerta de par en par, haciéndola chocar contra la pared estruendosamente.

— ¡Buenas tardes!—saludó, impropia y ruidosamente— ¡Buena forma de actuar natural!

Inglaterra había despegado su atención de los documentos sobre la mesa y lo miraba con una mueca que se asemejaba una sonrisa.

— A-ah—se levantó rápidamente y rodeó la mesa, apoyándose en ella— Buenas… tardes—Balbuceó. El menor le correspondió.

Lo sabía…No puedo hacerlo—cerró la puerta tras de sí y avanzó lentamente en tanto Arthur hizo lo mismo— Estados Unidos me pidió que te entregara esto— extendió la carpeta que el otro tomó con suavidad

— Ah, ese idiota. Se atrasó con su trabajo, ¿cierto?—dejó los documentos sobre la mesa y le sonrió, esta vez con normalidad. Viendo eso, a Canadá se le vino una idea.

¡Evadiré cualquier cosa que tenga que ver con osos!—sonrió, acercándose un poco más al inglés—Eh… ¿Puedes prestarme un pañuelo por favor?

— Claro…—con elegancia buscó en el bolsillo interior de su chaleco y le extendió un pañuelo de tela, blanco perfectamente doblado— No te preocupes por devolvérmelo

Canadá entró en pánico cuando vio el bordado de ositos en las esquinas del pañuelo.

— Ah, ahahaha…—rió suavemente, retrocediendo un paso— Amm… ¿Tra-trajiste algunos bocadillos para hoy?

— ¿Huh? No me digas que no has comido—regañó, antes de ir hacia la mesa de buffet y regresar con un plato de galletas.

La crisis de pánico empeoró cuando vio que las galletas tenían forma de oso.

— A-ah…—Torpemente, escondió a Kumajirou tras su espalda y empezó a retroceder lentamente— Entonces, creo que solo me i-

Chocó contra la mesa, causando que varios vasos y platos, apilados en una esquina, cayeran ante el movimiento. Las jarras con agua caliente derramaron gran parte de su contenido sobre el mantel y la alfombra.

— ¡Ah!—Inglaterra se apresuró a acercarse a limpiar, haciendo que el americano se alejara en un movimiento rápido que lo hizo caer aparatosamente al piso— ¡Mira todo esto!

¡¿Por qué tengo que ser tan torpe?!—Apoyado sobre sus puños en el suelo, sentía como lágrimas de frustración empezaban a escapar de sus ojos— ¡Así no voy a lograr nada!

— Oye…—la voz de Arthur lo hizo sobresaltar. Levantó la mirada violácea, haciendo que el europeo se acercara rápidamente hacia él con preocupación al verlo llorar— ¡¿Estás bien?!

— ¡Estoy bien!—alargó el brazo, haciéndolo detenerse abruptamente frente a él. Kumajirou, sentado a su lado, ladeó la cabeza, sin entender nada. Inglaterra lo miró unos instantes antes de bajar la vista al suelo.

— Lo siento…—rompió el silencio, golpeando su pierna suavemente con el puño. Canadá apretó los labios.

— ¿De qué hablas?—preguntó, sin atreverse a mirarlo.

— P-pues… Lo siento—empezó a frotar su brazo, incómodo— T-tus sentimientos…—se sonrojó levemente—… m-me halagan, pero…

— ¿Por qué?—susurró quedamente, intentando controlar el ardor en su pecho.

— ¿P-por qué?—llevó una mano hacia su cabello, despeinando las hebras rubias con nerviosismo— Me preguntas porque… E-es que…

— Lo sabía…—cortó. Inglaterra suspiró y empezó a acercarse poco a poco.

— Somos hermanos—Matthew frunció el ceño, mordiéndose el labio inferior con fuerza.

— Pero tú amas a Alfred.

Arthur se quedó congelado, mirándolo estupefacto, con los ojos verdes abiertos a más no poder. Sintió como su rostro se calentaba, avergonzado.

— ¡C-cómo si a mi pudiera gustarme!—chilló, intentando, fallidamente, parecer indignado.

Mentira.

— ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué habría de gustarme ese niñato impertinente?!

Es demasiado obvio.

— ¡Yo odio todo lo que tenga que ver con él! A-además…

— A él nunca lo has rechazado por ser tu hermano—levantó la firme mirada azulada, encontrándose con las sorprendidas esmeraldas del mayor. Mordió su labio inferior, crispando las cejas— Lo siento—desvió la mirada— Fue una broma.

— Matthew—el mayor se acercó, quedando frente a él. Se agachó levemente. El joven lo miró con ojos apagados y un nudo en la garganta.

— Arthur— sollozó bajando la mirada, incapaz de seguir. Las lágrimas bajaron furiosamente, mojando sus mejillas. Cerró los ojos, apretando los párpados con fuerza antes de volver a encararlo— ¿Puedo pedirte un favor?—inquirió tímidamente, haciendo que el corazón del europeo se encogiera

— ¿Qué sucede?— colocó una mano en el hombro del joven, suavemente. Matthew se irguió levemente, quedando casi a la misma altura.

— Por favor…—los ojos malvas brillaron suplicantes—… Bésame, como lo hacías antes.

Los orbes esmeraldas se abrieron con sorpresa, mirando sin pestañear al muchacho frente a él. Arthur contuvo la respiración, antes de exhalar lentamente y sonreír con dulce nerviosismo. Se arrodilló frente a él y con suavidad quitó los anteojos para secar, tiernamente, las lágrimas con sus dedos. Apartó las hebras rubias de la frente de Matthew y la besó delicadamente, bajando hasta la húmeda mejilla y repitiendo la acción, acariciándole el cabello rubio con ternura en todo momento.

Canadá suspiró quedamente y cerró los ojos, dejando escapar más lágrimas con amargura.

— No llores, Mattie…—susurró alejándose lentamente. Matthew abrió los ojos, afilados—… Mi amado hermano— le sonrió dulcemente y acarició sus cabellos una última vez, antes de apoyarse en el suelo para levantarse— ¿Eh?— Su muñeca fue tomada firmemente por la mano de Canadá, sorprendiéndolo. Antes de que pudiera decir algo, su boca fue atrapada por la contraria.

Se abalanzó sobre Inglaterra besándolo con ansias. Lo atrajo de la nuca, impidiéndole el separarse, empezando a mover sus labios furiosamente.

— Ca- —sus labios fueron lamidos con suavidad antes de ser atrapados nuevamente por los del americano. Apoyó sus manos en los anchos hombros de Matthew, intentando alejarse pero, este lo estrechó contra su cuerpo, rodeándolo con sus brazos— O-oye

Canadá aprovechó para introducir su lengua, intensificando el beso, explorando y disfrutando el amargo dulzor de aquel contacto. Más lágrimas cayeron, empapando su rostro.

Quedándose sin aire, Inglaterra empezó a golpear y empujar sus hombros con fuerza sin lograr detenerlo. Dio un último empujón, impulsándose hacia atrás al mismo tiempo, logrando terminar con el beso, pero no soltarse.

— ¡D-detente!—respirando agitadamente, ordenó al chico que volvía a lanzarse contra sus labios— ¡Matthew!

— ¿Qué están haciendo ustedes dos?

Ambos rubios se congelaron al escuchar la voz de Alfred, que los observaba detenidamente desde el marco de la puerta.

— Ah…— se apresuró explicar mientras sonreía—… es que te di los documentos que no eran— levantó el brazo, mostrándoles un folder color crema— No tenía idea. Perdón por interrumpir— sacudió su mano levemente— Pero…— ladeó la cabeza y la comisura de su labio crispó antes de hablar— ¡Vaya que eres curioso, Canadá!— arqueó una ceja, sonriendo ladino— ¿Qué tiene de bueno Inglaterra? Él es tan… fastidioso—rió secamente, ante la mirada atónita del más joven— ¡Bueno! —dio media vuelta, dispuesto a salir— Tómate tu tiempo. ¡Te estaré animando desde afuera!— y salió, cerrando de un portazo.

Se quedaron en silencio, mirando hacia el lugar por el cual había salido el americano. Canadá frunció las cejas conforme sus ojos se abrían a más no poder, comprendiendo.

Él…

Un puñetazo en su mejilla lo agarró por sorpresa, haciéndolo caer de costado sobre el alfombrado. Inglaterra se lanzó sobre él, golpeándolo con sus puños fuertemente.

— ¡Ah! ¡Inglaterra!—se cubrió torpemente la cabeza con ambas manos— ¡Duele! ¡Duele! ¡Duele! Por favor, detente— los golpes fueron perdiendo fuerza poco a poco hasta detenerse— Inglate- —levantó la mirada, horrorizándose al verlo.

Arthur lloraba en silencio, angustiosamente, con los puños en alto. Su cuerpo temblaba en tanto sus ojos se mantenían perdidos, fijos en algún punto inexistente del suelo, soltando lágrimas sin control. Canadá lo rodeó con sus brazos desesperadamente, estrechándolo contra su pecho. Inglaterra se aferró al cuerpo del más joven y comenzó a llorar sin control.

Lo siento

Se deslizó lentamente, dejando al cuerpo más pequeño acomodado entre sus piernas y lo estrechó aún con más fuerza. Los sollozos empezaron a llenar la habitación.

Lo siento.

Inglaterra se aferró aún más, estrechando entre sus dedos la tela del traje de Canadá. Este escondió el rostro en la cabellera más clara, sintiendo como su pecho iba humedeciéndose poco a poco.

Lo siento.


Gotas de agua caían de las hebras rubias golpeando sus hombros, deslizándose por todo su cuerpo, sobre su pecho y la curvatura de su espalda, recorriéndolo completamente hasta chocar estruendosamente con la cerámica bajo sus pies.

Cerró los ojos violáceos, apoyando la frente contra la pared de azulejos verdes. Gotas de agua caían de sus largas pestañas, sobre sus mejillas, pálidas por el frío. Crispó las cejas y los labios, morados, temblaron al igual que sus manos arrugadas antes de cerrarlas en puños y golpear la pared. Suspiró lleno de frustración, antes de deslizarse lentamente hasta quedar hincado en el suelo, cubriendo su rostro con ambas manos.

Al agua siguió corriendo, enmudeciendo los lamentos y llevándose las lágrimas de arrepentimiento.


._. Hola de nuevo

Quería que la última escena me quedara sexy, pero no me salió… creo. ¡Pero pueden usar la imaginación! Mattie bajo la regadera, cubierto de agua. Las gotas bajando por su cabello rubio, cayendo sobre sus hombros, deslizándose por su espalda hasta su... -muerde su labio-

Lo mismo con el beso –smuack- creo que no sirvo para este tipo de cosas -.-

En fin, los que dejen un review pueden elegir entre un canadiense hermoso, un inglés sensual o un estadounidense sexy cubierto de chocolate y crema batida para llevarse a sus casas. Promoción válida hasta agotar existencias.

¡Así que háganlo rápido! D:

Nos leemos~