Disclaimer o descarga de responsabilidad: Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, solo me divierto con ellos.
Nota de autor: Esto fue rápido porque el capítulo estaba preparado con antelación, no creo que vuela a suceder en un futuro lejano nuevamente, por mucho que me gustaría. Soñar todavía es gratis, por lo que me gusta aprovechar el beneficio mientras lo tenga.
Hablando de todo un poco, los Black son una de las familias mágicas que más me fascinan, principalmente porque están relacionados con prácticamente todos en el mundo mágico y su dinámica me resultó muy divertida de imaginar.
Wait, it's just about to break, it's more than I can take
Everything's about to change
I feel it in my veins, it's not going away
Everything's about to change
War of change – Thousand Foot Krutch
Ron presenció un tanto adormilado como el espejo intentó infructuosamente de aconsejar a Percy sobre su aparente "formalidad". Él seriamente dudaba de su victoria, años habían tratado con Ginny que su hermano abandonara el hábito de abotonar el primer botón de la camisa, o esos estúpidos zapatos de gala que se había comprado con las ganancias de un juego de feria, o los ridículos sweaters rayados que había desafortunadamente encontrado en el ático durante la limpieza anual. Ron estaba más que seguro que alguna vez pertenecieron a Septimus, y que Cedrella los había escondido ahí por la terquedad de su esposo en usarlos, a pesar de que dañaban los ojos. Y por supuesto que Percy los encontró.
Ron suspiró, mirando a su madre de reojo. Seguía tratando de convencer a los gemelos de dejar de bromear. Como siempre, no estaba funcionando.
Sonrió levemente, aunque estaba cansado de la rutina, sus hermanos sí que sabían sacar de quicio a su madre sin esforzarse demasiado. Charlie los estaría golpeando si los viera, honestamente, era la cuarta vez en el día. Reprimió una mueca, Charlie ya estaba en su tercer año en Hogwarts y pronto sería el turno de Perce de asistir, y era en parte la razón de todo el alboroto.
Molly Weasley decidió que era un buen día para ir de compras. Habían estado ahorrando durante unos meses para permitirse hacer una visita al Callejón Diagon. Al parecer se estaba haciendo una firma de libros en Flourish y Blotts, y su madre quería ver al autor, quien ya había sido entrevistado por la revista "Corazón de Bruja", además de comprar algunos de los elementos necesarios para Percy.
Ron se había sumado a la visita. Sería la primera vez que le permitirían ver el Callejón y no podía esperar. Sus hermanos siempre lo molestaban con las cosas que traían de las diversas tiendas que hasta el momento no le habían permitido ver, mientras lo asustaban de los peligros de perderse en el Callejón Knockturn si se desviaba del camino. No creía que lo fueran a comer si entraba, pensó con una mueca de disgusto. Los gemelos le dijeron que podría salir oliendo y viéndose como la tía abuela Tessi.
Y nadie, incluido Ron, quiere parecerse a esa mujer. Siempre molestaba al hijo del tío abuelo Lancelot, Gwaine, por ser contador. Él todavía no podía encontrar la falla en el trabajo, y Tessi nunca había trabajado en su vida por lo que él cuestionaba su opinión, de por sí. Cedrella decía que esa mujer y Muriel eran de la misma calaña, pero se había negado a seguir hablando al respecto diciendo que esparcir rumores no era algo digno de una dama.
Se distrajo mientras su madre trataba de que todos se vean decentes. Personalmente, Ron creía que era inútil, iban a pasar por la chimenea, siempre terminaban llenos de cenizas. Fred y George seguían intercambiando nombres mientras Molly los llamaba y en dentro de poco, Ron sabía que su madre explotaría y él tendría que vivir con dos hermanos menos. Bueno, tenía primos de sobra.
Ginny seguía jugueteando con su vestido enfurruñada. Su madre no le había permitido ir con pantalones y Ron creía que era una pérdida. Él estaba más que seguro que su hermana sería capaz de ensuciar el vestido lo más posible solo para que le permitan dejar de usarlo. Nunca romperlo, ninguno de ellos rompía sus cosas, sus padres no podían permitirse mucho y los seis eran conscientes de hasta qué punto podían o no, ir.
Eso no quitaba que su hermana menor se veía adorable ataviada con algo tan poco característico de sus gustos, siendo un antiguo vestido que antes le pertenecía a Molly, de un amarillo suave con bordes de encaje blanco. No importa que el ceño que portaba arruinara la imagen. Su madre parecía pensar exactamente lo mismo que él, pues miraba a su hija con resignación.
Desde que Bill había comenzado a trabajar para Gringotts, un peso se había levantado de los hombros de sus padres. Molly no podía dejarlos solos, en especial a los gemelos, y la paga de Arthur por su trabajo en el Ministerio apenas si les alcanzaba. No ayudaba que se negaran a aceptar la ayuda económica que podría proporcionar la abuela Cedrella. No era caridad, ella era familia y solo quería dar una mano, pero sus padres se negaron rotundamente a aceptar nada de su parte. El orgullo era un rasgo demasiado fuerte en ese lado de la línea familiar, pero era lo que obtenías si mezclabas familias como los Weasley, los Prewett y los Black, de todas las casas para fusionar.
Ron lo comprendía, realmente lo hacía. Aceptar galeones que no habían ganado, cuestionaba toda la ética en la cual su familia se basaba, ponía en jaque la capacidad de sus padres para proporcionarles un ambiente cómodo y seguro. E incluso a él le resultaba muy incómoda la idea de aceptar algo por lo que no había trabajado, pero por Merlín había cosas en las que no se debía ahorrar. Como las varitas.
"La varita elige al mago, no el mago a la varita, señor Weasley"
Y siete galeones era un precio un poco excesivo para los estándares Weasley, a pesar de que los acompañaría el resto de su vida y su mal funcionamiento podría costarles su vida o una extremidad. Ron frunció el ceño ante el pensamiento, con las varitas no se jugaba. Tenía la sensación de que iba a terminar muy mal si usaba la vieja varita de Charlie, como sus padres deseaban. Solo una sensación.
Molly trató de arreglar su pelo, pero no había mucho más que hacer con los mechones rebeldes que tapaban sus ojos. Después de un rato se rindió y le dijo que lo atara en una coleta baja, lo que la molestaba. Por lo general, solo los niños que pertenecían a clanes nobles usaban el pelo largo, siempre bien arreglado. A Cedrella le encantaba que lo usara de esa manera, pero Molly lo desaprobaba. Para ser honesto, él simplemente lo tenía largo porque Bill no había vuelto para Navidad y Charlie había decidido quedarse en el Castillo. Ron no permitiría que Arthur o Molly se acercaran a su cabeza, el primero porque cortaría el pelo estilo años cincuenta y su madre porque usaría un tazón como medida. Cuando alguno de ellos volviera, lo cortaría.
Ginny le prestó burlonamente uno de sus lazos más prácticos, uno negro de cuero simple. Y ahí estaba otra de las razones para mantenerlo corto, el pelo largo era una desventaja en las luchas contra sus hermanos. Ginny tironeaba con ferocidad si eso implicaba ganar. Tomó el lazo sin dirigirle a su hermana ni una segunda mirada, él estaba más concentrado en la bolsa de polvos flu, que se balanceaba en las manos de los gemelos.
Él conocía el proceso de memoria: se encienden las llamas, se tiran los polvos y luego se anuncia el destino. Pero nunca antes los había usado, lo que lo intimidaba un poco. Lo peor que podría ocurrir es que pronunciara mal el destino y terminara en otro lugar, lo que era fácilmente arreglado; no era como la aparición, Ron no corría el riesgo de "desparticionarse" a sí mismo, lo que le habían informado era muy doloroso. Bill había perdido un pie en una de sus clases de aparición, y aunque es muy sencillo reparar una herida que proviene de un accidente de aparición, sigue siendo sumamente doloroso hasta que se recupere la parte que se perdió. Su hermano jura que si se esfuerzan pueden ver una pequeña línea dorada que marca la sanación, pero por mucho que Ron entrecerrara los ojos, su pie se veía perfectamente normal. El transporte flu, en todo caso, mantendría su cuerpo completo.
Pero, por Nimue, ¿Era realmente necesario meterse en medio de llamas ardientes?
Suspirando, ingresó a regañadientes en la chimenea luego de que Fred y George desaparecieran entre las llamaradas verdes cacareando. Circe, algún día los mataría y luego cumpliría satisfactoriamente una pena en Azkaban si Ginny se negaba a ayudarlo a esconder los cuerpos. Y viendo la misma expresión de furia en el rostro de su hermana, no creía que no lo haría. Le gesticuló a su hermana entre susurros sus pensamientos y ella sonrió cómplice.
- Está bien, cariño, va a ser un poco movido.
La voz de su madre se perdió en un túnel de colores y sonidos, a la vez que sentía que su cuerpo era exprimido en todas direcciones de forma muy incómoda. Antes de que siquiera se percatara, fue expulsado groseramente hacía un piso de madera que lo recibió dificultosamente. Sus oídos resonaban y podría jurar que había quedado medio bizco en el proceso, por suerte las tablas en las que cayó estaban bien pulidas y no había astillas o raspaduras de las cuales preocuparse.
- Por las tetas de Circe, odio el flu - murmuró Ron por lo bajo, revisando si de hecho seguía intacto. Exhaló un soplo de aire aliviado, todo seguía en su lugar, tal vez un poco sucio.
- Sí, yo también, trae invitados no bienvenidos de tanto en tanto.
Y Ron levantó bruscamente la vista de los oscuros tablones de madera. Eso no era el Callejón Diagon. Internamente deseó golpear su cabeza contra el suelo, su madre lo iba a matar cuando lo encontrara y Ginny se iba a reír, lo gemelos también. Merlín, ¿Cómo se las arregló para decir mal la dirección? A menos que haya tomado sus últimas palabras a su hermana como nueva dirección. Frunció el ceño, chimenea estúpida.
Había un hombre sentado elegantemente no muy lejos de él, sosteniendo un libro abierto. Definitivamente no el callejón Diagon entonces, si la oscuridad de lo que parecía ser una tienda decía algo. Él se levantó lentamente del piso, midiendo la reacción del hombre, quien supuso era el dueño de la tienda. No había signos de enojo, en realidad, él parecía muy divertido por Ron. Sus mejillas se encendieron.
- Yo… lo siento, por caer accidentalmente en su chimenea. Creo que tomó un comentario como un cambio de dirección- Miró nerviosamente alrededor - ¿Dónde estoy exactamente?
El hombre se rió suavemente y Ron se permitió verlo mejor. Era pálido, enfermizamente pálido en su opinión, con el pelo de una tonalidad tan roja que lo confundiría con un Weasley si no conociera tan bien su árbol familiar. Lo que llamó su atención inmediatamente fue que compartía el color con sus ojos y si no estuviera tan distraído por la extraña apariencia, probablemente se hubiera asustado. Él hombre sufría de una enfermedad terrible o era un vampiro, y si esos colmillos que se asomaban por el rizo de su sonrisa eran una indicación, era la última suposición.
- En la tienda de Moribundo, niño, en el callejón Knockturn- La sonrisa se amplió y lo miró como si esperara una reacción - Lo que me hace pensar qué estabas diciendo para terminar en mi tienda, de todos los lugares.
- Ah, le dije a mi hermana que iba matar a mis hermanos mayores - Respondió Ron distraídamente, pensando en cómo demonios funcionaba la chimenea. Él había susurrado, no verbalizó fuertemente y aun así lo tomó como una dirección. - Creo que mi chimenea necesita reparación, eso fue murmurado, ni siquiera debería de haberlo captado.
El hombre lo miró curioso, probablemente esperando que se asuste por haber terminado en el Callejón Knockturn. Y Ron lo habría estado, si no estuviera tan molesto consigo mismo y con los polvos flu. Además, había pasado demasiado tiempo con la abuela Cedrella como para que sus estándares de "miedo" se hubieran adaptado en consecuencia.
El vampiro cerró el libro que sostenía, llamando nuevamente la atención de Ron.
- En realidad, funciona perfectamente. La idea del uso del polvo flu en las chimeneas fue con la de proporcionar a cada casa perteneciente a un mago o criatura mágica un escape seguro y rápido, lo que era lógico teniendo en cuenta que su creación fue entre finales del siglo XII y comienzos del siglo XIII, por Ignatia Wildsmith, cuando se inició con la caza de brujas en Europa, muy convenientes si ya estabas en la hoguera. - dijo con sarcasmo - No muchas personas podían escapar intactas ante los representantes de la inquisición o los mismos vecinos que los hayan denunciado, por lo que los hogares, fogones o chimeneas de la época deberían ser lo suficientemente sensibles como para captar las palabras incluso si al hablante se le dificultara modular por alguna herida que tuviera. Los diseños modernos aún poseen estas características por cuestiones de seguridad debido a las dos últimas guerras mágicas de este siglo, y para ser honestos, holgazanería por parte del Departamento de Regulación de Transportes mágicos de realizar un nuevo modelo de encantamientos.
Ron frunció el ceño ante el hombre. Ese argumento no lo dejaba quejarse de su chimenea sin parecer un idiota descuidado. Claramente había razones para el funcionamiento actual de la red flu en su casa. Ron se mordió la lengua, seguía siendo una chimenea estúpida.
- Eso suena lógico - Aceptó renuentemente - Sigue sin gustarme.
El hombre sonrió.
- Sigue sin gustarle a todo el mundo, debido a eso los accidentes cómo estos pasan todo el tiempo, pero usualmente cuando la gente se da cuenta de que terminaron en el Callejón Knockturn tratan inmediatamente de volver al fuego y dirigirse a su dirección original- Dijo el vampiro, quien aún parecía entretenido por la situación - Lo que me preocupa, es que un niño pequeño, a diferencia de hombre mayores, aun no haya reaccionado de tal manera.
Ron lo miró, suspiró y llevando una mano al pecho, dijo desapasionadamente.
- ¡Oh, por Morgana, creo que he caído en el Callejón Knockturn! ¿Cómo puede sucederme tal tragedia? ¿Acaso estoy maldito por lo antiguos dioses? ¿Acaso Mórrigan me persigue deseando mi alma? ¿¡Qué voy a hacer, dime, posiblemente malvado vampiro que a pesar de estar conmigo hace casi quince minutos no me ha hecho nada!? - Ron decidió que eso era suficiente - ¿Mejor? Estoy un poco oxidado y claramente en shock.
El vampiro lo observó poco impresionado.
- No seas impertinente, me estoy cuestionando el darte un poco de polvo flu gratis para irte.
Ron sonrió.
- No creo que me quieras más tiempo aquí de lo que debes- Dijo un poco más tranquilo de lo que estaba al llegar, si no lo habían atacado apenas salió de la chimenea dudaba que lo hiciera ahora - Además, solo tiene que guiarme fuera de Knockturn, a dónde quería ir era al Callejón Diagon ¿Qué le parece, ah… señor Moribundo?
- Trocar Corneille, estoy cuidándole la tienda temporalmente al idiota del dueño - Dijo negando levemente con la cabeza - Aunque no voy a negar que el nombre es una broma sobre mí, no su apellido.
Él asintió. El dueño era, de hecho, un idiota si se atrevió a jugar con un vampiro de esa manera. Una cosa eran las burlas ligeras de Ron, otra era poner el nombre de tu tienda como una broma privada sobre un conocido, clasificado como criatura oscura por el Ministerio. Bueno, lo último era cuestionable, por lo que Cedrella le había enseñado, el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas tenía un serio problema de clasificación basado en prejuicios y no en información fiable, y su abuela le había dicho que estaba lleno de inadaptados e imbéciles. Pero, para el caso, Cedrella pensaba que todo el mundo mágico estaba compuesto por imbéciles, así que Ron no sabía si su opinión era relevante.
Lo que pensaba debió haber estado escrito en toda su cara, porque Trocar se rió.
- Sí, bueno, a los amigos hay que aceptarlos como son - Luego se paró y dejó su libro detrás del mostrador. - Vamos, niño, puedo dejar la librería cerrada por un rato.
Y Ron se percató, tarde tal vez, de que las paredes estaban cubiertas de estanterías con libros de todos los colores y formas, había incluso algunos volando aleatoriamente alrededor de una sección en la parte trasera del lugar. En su defensa, la iluminación con velas le parecía una opción pobre. Había encantos para esas cosas, por Morgana. Ya existían librerías en el Callejón Diagon, así como su intersección en el Horizontal, y si su ubicación era algo que decir, lo que el amigo del vampiro vendía, no debió ser aprobado por el Ministerio.
Típico, Bagnold no se atrevía a meterse con el Callejón Knockturn, los sangre pura la comerían viva por siquiera atreverse a mandar al Departamento de Seguridad Mágica a requisar. Trató de resoplar en descontento, admitiría que Cedrella también se enojaría mucho si eso sucediera.
- Señor Trocar, ¿Puedo preguntarle algo? - Dijo siguiendo al hombre mayor que ya se estaba colocando un abrigo marrón oscuro para salir.
- Puedes preguntar todo lo que quieras, lo que debes cuestionarte es si voy a responder.
Ron lo miró molesto. Trocar se rió de su expresión, y él pensaría que era una risa muy agradable si no fuera la causa.
- Vamos, al menos inténtalo, niño.
- Ron Weasley.
El vampiro se quedó quieto y giro el rostro para mirar a Ron mejor. Escaneó su rostro como buscando algo.
- Weasley, ¿Cómo los traidores a la sangre, Weasley?
La expresión de Ron vaciló. Él debería decir que no y fingir que se había confundido, especialmente en un lugar como el que estaba, pero una parte muy ofendida de él no quería más que hinchar el pecho decir obstinadamente que sí. A veces, su parte lógica estaba muy cansada y perdía la batalla con lo que Ron había denominado su "lado temerario y estúpido". Tal vez era una condición mental, tendría que preguntar.
- Sí ¿Tienes algún problema?
El vampiro parecía nostálgico mientras agitaba la mano en negación.
- No, no, lo siento por la expresión. Los modismos viejos son difíciles de quitar - Sus ojos parecían lejanos - Es que el último Weasley que me encontré se llamaba Septimus ¿Lo conoces? Han pasado muchos años, debes ser alguno de sus hijos ¿O nietos?
Ron se movió un poco incómodo al responder.
- Nieto - Dudó pero finalmente dijo - Falleció hace unos cinco años.
El vampiro retrocedió.
- Murió ¿Ya? Pero no pasó tanto tiempo, o creo que no pasó tanto tiempo - Murmuró por lo bajo, y dándole una mirada a Ron, suspiró - Lo siento, cuando pasas los trescientos es un poco difícil seguirle el paso al resto del mundo.
Ron asintió dudoso.
- Está bien, creo - Dijo Ron, pensando que tendría que aprender a callarse - Lo que quería preguntar era ¿Qué es lo que vende su amigo aquí?
Trocar suspiró y lo miró.
- Definitivamente nada que puedas comprar.- Arqueó una ceja y agregó - Y necesitas más sensibilidad.
Ron se exaltó ofendido. Su familia era pobre, pero tampoco para refregárselo en la cara, y él estaba perfectamente al tanto de que no le afectaría su comentario. El vampiro parecía contrariado.
- Hablaba de tu edad, niño tonto - Se pasó una mano por la cara - Las Artes Oscuras son complejas, en especial si no estás predispuesto a ellas, y requieren de un muy cuidadoso manejo de las emociones, como son principalmente con intención ofensiva. Tu núcleo mágico no lo soportaría, en especial en este momento de tu desarrollo ¿Cuánto tienes, cinco?
- ¡Siete! - Exclamó. Vampiro o no, si seguía molestando a Ron, lo iba a patear en los tobillos.
- Bueno, con mayor razón no debes estar ni cerca de este tipo de hechizos. Por supuesto, hay algunos tipos específicos de barreras y encantamientos que están clasificados como oscuros por el Ministerio y no lo son, así como hechizos oscuros menores que debido a que no hacen daño no se los clasifica de tal manera. Detalles, y nada que un niño de siete años deba saber - Dijo moviendo la mano con desdén - Vamos, Weasley, hora de salir del Callejón Malo, no toques nada, no hables con nadie y por el amor de Drakul, mantente pegado a mi ¿De acuerdo?
Ron miró al irritado vampiro y asintió sin hablar.
Cuando finalmente salieron, Ron vislumbró el Callejón del que tanto le advirtieron sus hermanos. Pero parecía relativamente normal, claro, había muchas personas sospechosas caminando de un lado a otro y los nombres de las tiendas eran francamente repugnantes, pero no creía que iba a salir pareciendo la tía abuela Tessi. Con toda la gracia que le había enseñado su abuela, ignoró las pequeñas cabezas cortadas que se exhibían en una de las vidrieras. Mejor no saber, y todo eso.
Trocar los maniobró a ambos rápidamente fuera de Knockturn, siempre manteniendo a Ron a no más de unos centímetros de distancia. Cuando una bruja con aspecto ruinoso falló en tratar de agarrar su ropa, Ron dejó la timidez de lado y se aferró a la mano del vampiro, que antes estaba floja al costado del hombre. Era fría y suave, reconfortante en la seguridad que prometía. Ayudaba a su comodidad que Trocar no dijera nada al respecto, limitándose a apretar su mano con suavidad.
Ron lo miró de reojo. Él admitiría que si el hombre no hablara y usara un glamour en sus ojos, nadie lo reconocería como un vampiro. Usaba ropas adecuadas a la época y si bien tenía un acento extranjero, estaba lo suficientemente fusionado en su inglés como para ser pasado por alto. Los vampiros no eran ilegales exactamente, pero nadie los contrataría para un trabajo normal, al igual que a los hombres lobo. Mucho de eso tenía raíz en la creencia general de los estereotipos, pero también en ese miedo de "¿Qué pasa si pierde el control?". Ron pensaba que no tenía sentido, si estaba bien al momento de una entrevista de trabajo, ¿por qué no lo estaría al momento de ejecutarlo?
Eso era si dejaba de lado que los hombres lobo solo podrían llegar a alterarse cerca de la luna llena, y eso no ocurría si el susodicho estaba en paz con su contraparte lupina. Tenía que estar muy reprimido o desequilibrado mentalmente para que la parte del lobo se refleje físicamente sin que el hombre lobo lo desee.
Ron estaba tan concentrado en el vampiro que se perdió el último trecho del Callejón. Parpadeó en estupor cuando notó que las sobrias tonalidades de grises y negro habían sido reemplazadas por chillones verdes, violetas y rojos, y las personas sospechosas por bulliciosos magos y brujas. Era muchísima gente, y todos estaban hablando, riendo o pegados a las vidrieras. Eso… eso era un cambio muy drástico, solo una diferencia de unos metros ¿Qué demonios?
Miró a Trocar, en busca de respuestas. El vampiro palmeo su cabeza, despeinándolo.
- Ojos que no ven, corazón que no siente. Los magos prefieren ignorar que están a un par de pasos de la zona "sombría" del mundo mágico - Dijo Trocar, sonando muy divertido al respecto - A menos que se topen con la entrada, es muy fácil fingir que no existe. Bueno, buena suerte con lo que sea que ibas a hacer.
El vampiro se dio la vuelta, dirigiéndose nuevamente al Callejón y Ron en lugar de dejar ir su mano, la apretó.
- ¿Qué pasa? - preguntó Trocar, más curioso que irritado.
Ron mordisqueó nerviosamente su labio, antes de decidirse. Sus instintos no le habían dicho nada sobre el vampiro, pero era obviamente conocedor y trabajaba, aunque sea temporalmente en una librería. Había sido incluso guiado fuera de Knockturn por él.
"El conocimiento es poder, cariño, tiene que ser atesorado"
La voz de Cedrella resonaba en su cabeza, incitadora.
- ¿Puedo… puedo volver a la tienda, a verte? - Agregó luego de que el vampiro no contestara - ¡No voy a tocar nada, lo prometo! Además la abuela me dijo que había algunos libros oscuros que si no eran abiertos por las personas indicadas, maldicen al ofensor. Y no quiero que perder mi piel, muchas gracias, así que si no…
El vampiro tocó su mejilla para llamar su atención. Ron paró de hablar de inmediato.
- Te pareces mucho a Septimus, él me hizo la misma petición - Los ojos del vampiro se habían suavizado - En su momento le dije que no, su familia no veía con buenos ojos a las criaturas oscuras, pero tu… tu eres nieto también de Cedrella Black ¿no?
Ron se sobresaltó. Trocar se rió.
- Tienes sus ojos, además incluso en esa época Septimus siempre se quejaba de esa niña 'Cedrella hizo esto, no puedo creer que me dijera eso, la va a pagar. Cedrella, Cedrella, Cedrella' Nunca se dio cuenta que ella era de lo único que hablaba- El vampiro se burló - Buena niña… supongo que buena mujer ahora, una cabeza bien puesta sobre sus hombros. Jamás se dejó llevar por los prejuicios de sus padres. Extraños, los Black, pero siempre tuvieron trato con los del otro lado ¿Por qué no también con los que estamos en este?
Ron no entendía de qué hablaba, pero escuchó de igual manera.
- Vaya, estoy divagando - Se interrumpió el vampiro - Está bien, puedes venir a la tienda. Voy a estar a cargo de la misma por un par de años, mi amigo se fue de viaje hace unos meses y no va a volver hasta que haya terminado de conocer el mundo o lo que sea. Evita los lunes, son unos días muy tediosos y dedicados a reponer lo vendido.
Él asintió con entusiasmo, hacer amigos era más fácil de lo que había pensado. ¡Cedrella estaría tan orgullosa!
- Sí, sí, bueno, no te emociones demasiado. No soy tan interesante.
Ron negó con la cabeza, sonriendo de oreja a oreja mientras el vampiro se soltaba de su mano y se introducía nuevamente al Callejón. ¡Un vampiro, había conocido a un vampiro!
No había entendido lo que Trocar había dicho de los Black. Tal vez le preguntaría a Cedrella más tarde. Miró a la multitud y se dijo a sí mismo que era mejor concentrarse en encontrar a su madre. Con los hombros caídos se introdujo entre los cuerpos en movimiento. Molly lo iba a matar, probablemente no iba a volver al Callejón Diagon por un tiempo.
- Desagradable mujer, esa Muriel, no puedo creer que Callidora la siga invitando a nuestras tardes de té en el jardín.
Ron asintió a las palabras de su abuela, mientras intentaba y fallaba en practicar su caligrafía con la pluma formal que se le había entregado. Por lo general, en el mundo mágico eran los padres quienes se encargaban de la escolarización de sus hijos o por medio de tutores; pero Cedrella había pedido específicamente poder enseñarle a Ron. Por supuesto, también lo había hecho con el resto de sus hermanos, pero ellos se habían negado rotundamente. Normalmente, Ron habría dicho lo mismo porque no quería ser el único que era dejado fuera de la enseñanza de sus padres, pero la abuela Cedrella se veía cada vez menos como la imponente mujer que era y más frágil cada día que pasaba.
Había una opresión en el pecho de Ron que le advertía que era probable que estuviera transcurriendo por sus últimos años. Su abuela se estaba desvaneciendo en una sombra de lo que era desde la muerte de Septimus. Ron apenas si recordaba al hombre, pues había fallecido cuando él tenía tres años.
Por lo que sí, su abuela le estaba enseñando. Lo que era muy aburrido en ocasiones, como cuando lo hacía memorizar los nombres las casas nobles y antiguas, o sus historias familiares. Que, de paso, también eran su historia familiar. Realmente, las familias del mundo mágico estaban tan intrínsecamente relacionadas entre sí que Ron empezaba a dudar sobre su meta de conocer todos los nombres y simplemente comenzar a llamar a todos sus "primos". Siempre estaría en lo correcto, de todos modos, sea lejano o no.
- Sigue tratando de insinuársele a Pollux, que sigue de luto por la muerte de Irma no importa cuántos años pasen, insistente víbora - Cedrella murmura por lo bajo - Es uno de los pocos matrimonios Black que terminaron en un buen amor, junto al de la pobre Melania, descanse en paz. Al menos no se le acerca a Arcturus, ahí sabría lo que es una buena maldición en sus posteriores, estoy segura que Cassiopea misma lo ayudaría a esconder las evidencias del prior incantato.
Ron levantó la cabeza de lo que estaba escribiendo. Su abuela lo confundía con sus historias, él no entendía por qué hablaba de tantas personas Black ¿Acaso no la habían repudiado?
Cedrella lo miró agudamente, reprendiéndolo por haberse distraído. Ron enfrentó su mirada, ella sabía perfectamente lo que su nieto le quería preguntar por lo que no se iba a molestar en verbalizarlo.
Su abuela suspiró en resignación y abandonó su postura erguida, para reclinarse en el cómodo sillón de su casa. Parecía muy cansada.
- Ron, eres más inteligente de lo que muchos te dan crédito, y sé que has notado que me queda poco tiempo de este lado del velo, los Black… somos muy tercos y aunque no lo parezca, amamos ferozmente a nuestra familia. Callidora y Charis jamás aceptaron mi repudio por parte de tu bisabuelo Arcturus II, por lo que nos mantuvimos en contacto por medio de cartas. Desde que él falleció en 1959, hemos podido reunirnos a tomar juntas el té, pero luego de la muerte Charis, tu tía abuela pensó que era buena idea reunir lo poco que queda de la familia - Un destello de amargura cruzó su mirada - Ya no quedamos muchos vivos, y de los sobrevivientes… bueno, como verás, los años nos pesan a la mayoría.
- Así que… te reúnes con los Black restantes porque cualquier resentimiento que quedaba no importa ya debido a que… ¿Ah, van a morir pronto?
Su abuela soltó una carcajada que sonaba un tanto impropia de ella.
- Bueno, es una forma de decirlo - Su abuela le sonrió - Ya estamos viejos y bastante cansados. No es toda la familia, por supuesto, Walburga se volvió definitivamente loca y no hay quien la controle desde que murió Orion, y Druella nunca ha escondido su descontento con respecto a su matrimonio con Cygnus, incluso si tuvo tres hijas con él. Ellas nunca vienen, ya no son las niñas que eran.
- Pero ellos no…- Ron dudó, porque incluso ahora era un tema doloroso para cualquiera, pero finalmente lo dijo - ¿Pero ellos siguen creyendo que eres una traidora a la sangre?
Cedrella lo estudió por unos minutos y dejó escapar un suspiro.
- Circe, te gusta abrir las viejas heridas, ¿Verdad, cariño? - Su abuela movió la cabeza levemente - Lo hacen. Para ellos sigo siendo la misma traidora que eligió casarse con un Weasley, hace ya tantos años. Solo que… ya no importa, cuando no te queda mucho tiempo, dejan de importarte tanto las antiguas elecciones, comienzas a arrepentirte de lo que hiciste y anhelas lo que pudiste haber hecho. Pollux jamás se perdonó la expulsión de Marius de la familia solo por ser un squib, él todavía… todavía está tratando de buscarlo en el mundo muggle. Cygnus, por otro lado, bueno, sigue intentando encontrar que hizo mal en su crianza para que una de sus hijas terminara siguiendo a un megalómano purista y ahora esté en Azkaban. Personalmente, creo que fue la influencia de Druella en ella. Andrómeda no quiere hablar con él desde que la repudiaron y Narcissa… digamos, que tu tío odia a Lucius Malfoy más que a su propia esposa y eso es decir mucho.
- Arcturus fue el más difícil, él realmente odia a los hijos de muggles y todo lo que representan, nosotros los traidores somos como una ofensa personal, pero… no pudo contra el último pedido de Melania - Los ojos de Cedrella se nublaron - Ella era una mujer muy dulce, los Mcmillan siempre fueron más relajados que los Black con respecto a las emociones, muy cálidos. Melania le pidió que tratara de acercarse a la poca familia que le quedaba, y él aceptó.
- Él no suena muy amable si no se trata de su esposa - Ron hizo una mueca ante su propio comentario.
- Eso es porque no lo es.- Cedrella se rió suavemente - Todavía no entiendo cómo funcionaban, esos dos. Pero al menos hace el intento, viene siempre a refunfuñar un rato y mostrar su desdén hacia todo, se queja de la porcelana o de la temperatura del té y luego se va, apenas termina la hora programada.
Ron la miró cuestionablemente. Eso no sonaba como "intentar".
- Mi primo siempre tuvo un carácter especial. Melania lo ablandó bastante - Cedrella le susurró como si de un secreto se tratase - En sus días particularmente malos, él viene a disculparse y charlar un rato conmigo. Merlín, aparece en la puerta como un cachorro al cual echaron de casa… siempre que viene, toca algo para mí con su violín. Para alguien que dice odiar tanto a los muggles, tiene un gran aprecio por sus instrumentos y su música.
Él simplemente dejó a su abuela burlarse un poco de sus parientes, parecía calmar el dolor de su alma. Ron se preguntaba cómo eran, tan excéntricos como su abuela los describía o simplemente ancianos frágiles que no hacían más que quejarse. Suspiró, apenas si soportaban la presencia de una "traidora", dudaba que apreciaran a Ron entre ellos. Conocerlos no sería muy agradable para ninguna de las dos partes.
Cedrella sintió su curiosidad y lo midió cuidadosamente.
- Podría llevarte a la próxima reunión si completas tus tareas asignadas.
Ron miró descontento su pergamino entintado. No le gustaba su próximo reto.
"Niños… la abuela Cedrella murió la noche anterior, los aurores dicen que… dicen que estaba durmiendo y que… que no sufrió" Los ojos de su padre eran brillantes y su voz era quebradiza "La encontró Callidora. Iba tarde a una de sus reuniones semanales, por lo que la tía se acercó a su casa pero…"
Espero que hayan disfrutado de leerlo tanto como yo escribiéndolo.
Saludos, los reviews son amor.
