Capitulo 2
- Esto es enorme. - Elena entreabrió los labios. El departamento de Damon era realmente inmenso. Podían entrar cincuenta sin ningún problema.
- Eso dicen.
- ¿Quiénes?
- Los casos que he tenido me han dicho lo mismo.
- ¿Todos tus casos han sido mujeres? – preguntó ella, completamente inocente. Damon aún podía recordar el último que había tenido. Sandra. De veintitrés. La americana más puta que conocía, pero que lo había hecho gozar muchísimo en esas semanas. La había salvado de ser asesinada por su propia madrastra, después de eso no supo nada más de ella, simplemente porque se aburrió.
- Sí, todos. – respondió orgulloso. Y no podía sentirse de otra forma después de a ver follado con todas.
- Vaya.
- Soy bueno en esto.
- ¿En qué?
- Cuidar mujeres. – volvió a sonreír. Dejó las llaves de BMW sobre la próxima encimera. El comentario hizo que Elena se ruborizara. No había dejado de hacerlo desde que lo había conocido. – pero eso aún tú no lo puedes comprobar.
- Y créeme que tampoco quiero.
- Eso dices ahora.
- No cambiaré de opinión.
- Mnh… - Damon caminó lentamente en dirección a Elena. Ambos cuerpos se encontraron a escasos centímetros. Ella movió la cabeza, un pequeño calor había llegado a invadir su cuerpo completamente. Tenía a Damon demasiado cerca. Entonces, este bajó la mirada. Uh, de nuevo el escote que le ponía. - ¿por qué eres tan terca?
- Te han contratado para cuidarme, no para follarme. – se defendió ella.
- Pero podríamos hacer las dos cosas… - una mano intercedió en la cintura de Elena. La piel de esta se erizó por completo, estaba caliente, él la ponía caliente. Subió la mirada, encontrándose con sus ojos azules que brillaban en busca de los suyos.
La presionó. Los pies de Elena se movieron avanzando hacia el cuerpo de Damon, chocando con sus piernas, cintura y su grandísima erección. Ella cerró los ojos al sentirla.
- No tienes que resistirte… - sus labios le hablaron al oído. Mientras ella cerraba con aún más fuerza sus ojos. Se mojó los labios. – sé que lo quieres tanto como yo.
- No, yo…
- No hables. – la interrumpió. Ella entreabrió los ojos. – nadie va a enterarse de esto, ¿vale? Será nuestro secreto. – susurró. Elena lo miró esta vez. Sentía su dulce aliento pegado a sus labios. Le provocó besarlo. Comer esa jodida boca de una vez. Tumbarlo. Besarlo desde la punta de los pies hasta la frente. Estaba mojada. Lo sentía. Y jamás se había sentido así. – te sorprenderías de las cosas que puedo hacerte.
- No puedo…
- Sí, sí puedes. - la cogió de la cintura e hizo que sus piernas enredaran su espalda. El escote bajó y la falda subió por completo. Y él, que explotaría en cualquier momento. Tenía tanto acumulado dentro de él. Deseaba follar con todas sus malditas fuerzas. Meter su dura polla en su dulce coño. En su dulce y virgen coño… dio varios pasos, Elena le apretó el cuello, ambos chocaron contra una pared. – Relájate…
- Ah… - un gemido se escapó de la boca de Elena. ¿Qué demonios hacía Damon? Le había abierto la blusa completamente, era ahora donde sentía que se encontraba besando sus senos. De pronto, era su lengua la que disfrutaba del sabor de su piel. – oh, Dios…
- Eso es muñeca… te va a gustar más cuando haga esto haya abajo… - sintió las piernas de Elena apretarle las caderas. Sintió su húmedo sexo rozarle la cremallera del pantalón. Y dentro de él, el pene. Entonces la apretó más. Haciéndola gritar. – sigue, vamos… grita más preciosa… - volvió a introducir su cabeza entre los senos de Elena. Su lengua mojada la calentaba muchísimo más. - ¿sabes? Cuando vi tu caso, me detuve a pensar que estaríamos haciendo esto… - bajó la mirada. El bulto entre sus pantalones crecía. Moría por tener sexo esa jodida noche. Estaba muy necesitado. Tendría a Elena cabalgando sobre su pene esa misma noche y ella no se arrepentiría. – me gusta la idea de que tengas diecisiete, es la edad perfecta… - de pronto, una mordida en uno de los pezones. Ella soltó un grito desesperado. – pero yo voy a enseñarte que es lo que hace un hombre de veinticuatro.
- Estás loco… - susurró ella. Completamente extasiada. Tenía la cabeza de Damon en su pecho, tenía su lengua sobándole los senos y sus dientes mordiéndole los pezones. No podía reaccionar, era un jodido encantamiento.
- Quiero hacértelo. – le dijo él. – si después de eso no quieres más… lo voy a aceptar…
De pronto, las puertas del departamento resonaron. Elena abrió y cerró los ojos. Todo el mundo había desaparecido mientras Damon había estado junto a ella. Él soltó sus piernas, dejándolas caer contra el suelo, se acomodó la ropa… joder, nadie podía interrumpirlo en un momento peor. Nadie, nadie, nadie. Cabreado, se acomodó el cabello, tratando de hacer que la erección se le bajara. Abrió la puerta.
- Coño, ¿Por qué no contestas el teléfono? – Alaric, el jefe de Damon entró al departamento. Sentía el ambiente demasiado caliente, es que no tenía idea de lo que había estado a punto de suceder ahí. – te he estado llamando todo el maldito día.
- Perdone señor. – se disculpó Damon. Cerró las puertas una vez que Alaric entró al departamento.
- Alaric Saltzman. – saludó a Elena, estirando su mano, cuando ella hizo lo mismo para estrecharlas… este le dio un gran beso en la mano. – encantado de conocerla, señorita Gilbert. – ella sonrió, sin saber de decirle, mientras Damon observaba todo desde atrás. Y pensar que podría estar follándola justo ahora.
Elena reconoció de inmediato a ese hombre. Lo había visto antes, pero no tenía idea de dónde.
- Soy uno de los mejores amigos de su padre. – entonces todo recobraba sentido. Sí, lo había visto antes. Lo único era que no veía a su padre desde hace mucho y por lo tanto tampoco a sus amistades. – él se ha enterado de lo que está pasando con usted y su familia y me ha pedido que…
- ¿Qué? - Elena frunció el ceño. Esto no empezaba a gustarle para nada. - ¿es él quien ha hecho todo esto?
- Él solo quiere protegerla.
- Perfecto. – caminó rápidamente hasta la puerta, pero el cuerpo de Damon le impidió el paso.
- ¿Por qué eres tan terca? Te vendría muy bien si escucharas un poco. – le dijo Damon. Se había dado cuenta del bonito y especial carácter que tenía. Joder, se parecía mucho a él.
- No quiero escuchar ¿vale? Yo no quiero nada de mi padre, que se ocupe de él mismo y de su putísima vida.
- Elena. – Alaric se paseó por el departamento. No quería en lo absoluto asustarla, pero era lo que ella necesitaba para quedarse callada. – voy a ser claro con usted. – trató de encontrar su mirada. – usted no tiene de donde elegir. Está sola. Tiene a penas diecisiete años y no tiene a absolutamente nadie. – después de unos segundos, pudo encontrarla. Sus miradas se cruzaron. Y todo… todo volvió a lo de antes. – sus familiares están muertos.
Un nudo se formó en la garganta de Elena. Había sido el golpe más bajo que le habían podido dar.
- El asesino está suelto y amenaza con matar a alguien de su familia cada 24 horas y usted… - Elena agachó la mirada. El cuerpo se le volvió débil. No había fuerzas. No había nada que la mantuviera en pie. – no tiene de donde escoger.
Otro golpe más. Solo uno último y ella se tiraría a llorar, aunque ya lo estaba haciendo silenciosamente. La realidad era la peor. Su vida corría peligro.
- Puedes ser la próxima. – le advirtió Damon, que la veía llorar desde atrás. Algo en él le hacía sentir cierto tipo de culpa al verla así. No sabía por qué, era un sentimiento que había surgido de la nada y que ahora se convertía en un inmenso impulso por abrazarla.
De pronto, una lágrima. Dos, tres y más…
- Pero no lo serás. – Le prometió Alaric.- este gilipollas. – señaló a Damon. – te cuidará como nunca lo ha hecho en su vida.
