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–¿Sabes que aceptar el cargo de comandante implica que todos podrán poner los ojos sobre ti, verdad?

Erwin se mantuvo callado sentado al otro lado de la mesa de su despacho, a la vez que observaba a su acompañante intentar mantenerse tan aparentemente frío como de costumbre y quien sin embargo no era capaz de sentarse, como si las ideas brotaran mejor del movimiento.

–Da igual lo que hagas por todos los de dentro del muro –insistió Levi cerrando los puños con fuerza y señalándole con el dedo índice–, ahora cada pequeño defecto será tu culpa.

–¿Y acaso no lo será?

Levi cruzó los brazos sobre su pecho. Sabía que no podía convencerle para echarse atrás en su elección, pero no soportaba no poder decir lo que pensaba.

–Veinte hombres... Se fueron cien y han vuelto algo menos de veinte hombres –explicó Levi haciendo referencia al escuadrón que acababa de volver de misión.

–No entiendo por qué no paras de repetirme algo que sé perfectamente –dijo Erwin mirándole con sus profundos ojos azules.

–¡El comandante no ha sabido hacer su trabajo! ¡Aunque tú estés al mando no servirá de nada si el número de hombres que salen y no regresan es inferior al de personas que entran a formar parte! ¡Necesitamos recursos!–Exclamó Levi golpeando con fuerza el puño sobre la mesa.

–Lo sé. Lo llevo sabiendo mucho antes de que tú formaras parte del Cuerpo de Exploración, incluso mucho antes de que yo también formara parte. Necesitamos dinero, necesitamos caballos, necesitamos armas y también hombres. El número de personas que se unen a nosotros cada vez es menor. Y no todos tienen las aptitudes que tienes tú.

–Fueron casi cien hombres y regresaron sólo veinte –insistió Levy. –Ha sido un pésimo comandante y ahora quiere que tú cargues con el problema.

–No todos los pelotones pueden estar formados por gente como tú Levi –señaló Erwin poniéndose de pie.
Ante aquel gesto Levi frunció los labios y se mantuvo en silencio. No sólo porque le imponía demostrando su superioridad y remarcando su diferencia de altura, si no porque sus palabras estaban llenas de razón. Su grupo era extremadamente fuerte: Contaban con Mike quien era capaz de oler a un titán mucho antes de que cualquiera pudiera verlo, también con la inteligencia de la rara de Hange aunque le costara admitirlo, y con él mismo.

–Levi, escúchame. ¿Crees que no sufro lo mismo que los demás al ver todos los caídos? Te prometo que mientras esté vivo haré todo lo posible para que la humanidad salga adelante.

–Ese es el problema, sigues sin darte cuenta.

–Si soy comandante estaré lo más cerca posible del peligro, por lo que actualmente soy el más propenso al ataque en cualquier momento para poder con ello defender a mis hombres. Además soy el máximo responsable de las tropas, si algo las sucediese la responsabilidad caería no sólo en mi conciencia si no también en los sueños de la humanidad de salir de entre estas paredes. ¿Te refieres a eso?

Aunque el ceño de Levi se mantenía fruncido y su boca formaba una delgada línea curvada ligeramente hacia abajo, en realidad estaba boquiabierto. Eso era exactamente a lo que se refería.

Se dejó caer sobre el sillón que había cerca de la puerta cerrada del despacho y suspiró levemente, el hecho de que le comprendiera era liberador, aunque faltaba lo más importante. Por un lado si Erwin estaba en ese puesto se expondría más al peligro, y había que tener en cuenta que el trabajo fuera del campo de batalla se multiplicaría, por lo que apenas podrían estar juntos. Tras varios años a su lado, de una manera u otra…

–…Ya te he perdido –susurró Levi haciendo accesibles sus pensamientos.

Sintió un fuerte pinchazo en el pecho, tan fuerte era el dolor que no fue capaz de ver cómo Erwin se inclinaba sobre él hasta que notó los labios de ambos juntarse.
Fue algo tan inesperado que aunque quiso levantarse, zafarse de él y marcharse de allí, no pudo.

Sus labios eran gruesos, un poco asperos y fríos. Levi sintió el deseo de pasarle la lengua, mordérselos y perderse entre ellos.

Sus sentidos estallaron, aunque nunca se lo había planteado aquella situación le pareció la más normal del mundo, como si su boca y la de Erwin estuvieran hechas la una para la otra. El fuerte daño de su corazón dio paso a una sensación mucho más cálida, acogedora. No sabía si aquello estaba bien, ni siquiera creía que fuese real, por lo que los besos largos y los cortos se intercalaron entre el suave bienestar y el deseo irrefrenable de que aquello no acabase.

De pronto se oyó ajetreo en el pasillo, aunque ninguno de los dos quiso darse cuenta de ello hasta que unos fuertes golpes sonaron contra la puerta. A pesar de que Levi se veía incapaz de volver a separarse de Erwin, el nuevo comandante se irguió justo en el momento en que Hange abría la puerta sin esperar que nadie le diera permiso para ello.

La joven que no pareció percatarse del acaloramiento de Levi quien aún seguía sobre el sillón, se giró hacia Erwin y con el saludo de honor colocando su puño derecho sobre el corazón gritó una noticia funesta.

-¡El muro María ha caído! ¡Un titán de más de cincuenta metros ha destruido la la puerta del distrito Shiganshina!

Mientras Erwin salía corriendo de allí pidiendo explicaciones y dando órdenes, Levi le siguió con paso apresurado.

Aquel beso que se había formado del deseo de ambos sería el último acercamiento romántico en demasiado tiempo. Para Erwin la humanidad era más importante que el amor.