Hola de nuevo! Aquí trayendo el segundo capítulo. Pues no sé sí la persona a quien se lo dediqué lo haya visto pero conseguí un seguidor y por el momento eso es más que suficiente para continuar la historia :D ahora he hecho el capítulo más largo y con más explicaciones, pero como casi todo está siendo visto desde el punto de vista de Kagami no hay mucho que decir.

Aclaraciones (Por segunda vez): Este fic lo inspiré de la película My Sassy Girl, la versión americana; no es 100% fiel, simplemente me he basado en varias escenas, diálogos y demás pero casi todo es invención mia. Como ya saben, los personajes son del manga de Kuroko no Basket y esto está creado sin ningun fin lucrativo. Puede que los personajes estén un poco Oc's pero ya que sólo los hemos visto ser ellos en el mundo del básquetbol entonces es difícil darles una personalidad muy fiel en situaciones como las que aquí vienen.
Por último, uso mucho lenguaje coloquial (soy de México) y abuso un poco de frases de los memes de internet para divertirme. Ojalá los haga reír o llorar, llamese que lo disfruten mucho.


–Sabes, pudiste simplemente hablarle, no creo que seas tan feo como para que tengas que dejarlo inconsciente y secuestrarlo

–Muy gracioso–Kagami se encontraba en la entrada del gimnasio, cargando con el cuerpo desmayado del tipo al que le había salvado de una posible violación en su hombro derecho, como si de un costal se tratara–te llamé para que fueras buscando en la fiesta si había alguien que conociera a un sujeto rubio, alto y de ojos dorados rasgados, no para que salieras a burlarte

–Pero tenía que verlo con mis propios ojos ¿Quién fue el que dijo que hoy se iba a dormir temprano?

–¡Quieres dejar de bromear! El tipo esta ebrio hasta las orejas, el sujeto que se lo llevó en la fiesta trató de forzarlo a tener sexo, así que lo golpeé. No podía dejarlos a los dos ahí inconscientes, así que tome a este–señalando al rubio con la mirada–y al otro lo encerré en el salón más cercano y no sé cuánto tarde en despertar para venir a cobrar venganza

–Bien, no es bueno tener a un sujeto furioso detrás de ti, iré a preguntar. Quédate aquí y trata de no terminar el trabajo del otro–el pelinegro cerró la puerta y lo dejó con el cuerpo. Kagami estaba avergonzado, sobre todo por tener a una persona tan bonita con él, pero a diferencia de lo que pensara su hermano, él sólo quería regresar a su casa a descansar, lo último que le faltaba para coronar su "perfecta" noche era tener a un pervertido enojado detrás de él por robarle a su presa. El hombro le pesaba y ahora apestaba a varios licores por culpa del chico que descansaba tranquilamente a su costa.
La puerta se abrió y con su amigo pelinegro venía todo el equipo de básquetbol de Teiko, la novia de Kuroko y el mismo Kuroko.

–Adivina quienes resultaron conocerlo– Tatsuya parecía estar divirtiéndose con esa situación.

–No otra vez…–suspiró el peliverde–por eso les dije que no debíamos invitarlo

–Creí que así se distraería un poco, Ki-chan ha tenido mucho trabajo últimamente–la pelirosa, que debería odiar pero no podía, se le acercó para mover un poco el cuerpo del rubio–¡Ki-chan! ¡Ki-chan!

–Déjalo Satsuki, si lo despertamos ahora tendremos que lidiar con su irritación post-resaca–Akashi habló y le hizo una señal al pelimorado de que le quitara el cuerpo a Kagami. Al fin este pudo descansar–muchas gracias por cuidar de Ryouta, habrás notado que no se le da bien la bebida

–Sí, de nada…–miró al chico dormido en los brazos de Murasakibara, hubiera sonreído por la expresión tan linda que tenía el rubio al dormir pero se contuvo–no sabía que fuera conocido suyo

–Estaba con nosotros en la universidad, pero se graduó antes que nosotros. También estaba en nuestro equipo de básquet

–Ya veo–no recordaba si Kuroko le había hablado de él, aunque tampoco era que se aprendiera el nombre de todas las personas de las que le hablaba, y si el tipo se graduó antes de que volvieran a ser amigos entonces no lo hubiera conocido en la cancha; recordaría haber visto a alguien tan llamativo como aquel rubio–un tipo trato de aprovecharse de él

–Claro, por supuesto. Una cosa siempre tiene que acompañar a la otra–nuevamente el peliverde habló sólo para quejarse–Pero para rectificar ¿Tenía ojos grises y cabello negro con cara de delincuente?

–… si

–Qué problema–el de lentes le empezó a picar la mejilla al inconsciente–si ya sabes cómo te pones ¿Para qué te emborrachas?

–Midorima-kun, no es culpa de Kise-kun, mejor échale la culpa a sus padres por hacerlo bonito–habló el peliazul–Kagami-kun

–¡¿He?!–se sobresaltó al escuchar que lo llamaba Kuroko–dime

–Gracias por salvar a Kise-kun. Debimos haberlo tenido más vigilado, lamento que tú hayas tenido que involucrarte por nuestro descuido

–N-no, no hay problema… soy bombero, no puedo ignorar estas cosas–el peliazul le sonrió y eso hizo saltar su corazón pero el anillo en el dedo de Momoi le recordó la cruda verdad–bueno, yo ya me iba así que…

–¿Ya? Pero la chica del vestido gris tiene una amiga que puede presentarte–lo sabía, Tatsuya y sus ideas para reconfortarlo.

–Dile que será para otra ocasión, estoy cansado–suspiró y miró de nuevo al rubio, no parecía que despertaría pronto. Vio que se removió en los brazos del pelimorado y balbuceó algo como "cebolla". Kagami sonrió ahora sin poder evitarlo–se los dejo, adiós–hizo una señal con la mano de despedida y reanudó sus pasos a la salida.


Kagami se había unido al cuerpo de rescate para salvar vidas, pero había veces en que deseaba que pasara alguna catástrofe para tener algo que hacer.

Había abandonado la universidad, o mejor dicho le botaron de ella. Tras el repentino rompimiento con Kuroko comenzó a faltar a las clases y en una de esas un profesor le descubrió en los pasillos con una pizza, lo golpeó y quedó sin oportunidades de continuar sus estudios. Para distraerse se le ocurrió ingresar a cursos de primero auxilios y terminó uniéndose al cuerpo de bomberos de Meguro para no ser un parásito de su amigo/hermano, quién lo acogió en su casa para cuidarlo. Al final resultó ser la mejor idea de todas ya que la paga era buena, tenía bastante tiempo libre por la tranquilidad de la ciudad y gracias al equipo de básquetbol que tenían sus compañeros del trabajo, logró volver al deporte que tanto amaba y que había dejado por estar pensando en Kuroko. Sin embargo casi todos los días eran muy aburridos, por la falta de emergencias. Los que decían que ser bombero era muy emocionante estaban muy equivocados, la verdad es que eso sólo ocurría en las películas, incluso eso de tener mujeres a montones era una farsa, lo más cercano que tenían era a su supervisora, Aida Riko, pero debido a los traumas sufridos por su manera de entrenarlos no podía verla como una opción, ni siquiera podía verla como mujer o salir con personas castañas.

–¡Kagami!–le llamó su compañero Kiyoshi–te buscan en la entrada

–¿Me buscan?–miró a los otros confundido y luego hacia atrás. Casi se cae del camión al ver a aquel rubio de la noche pasada ahí parado, mirándolo con una sonrisa neutral y portando un abrigo fino marrón ¿Qué hacía ahí?
Sus compañeros, que también ayudaban a limpiar el camión, voltearon a ver y todos tuvieron la misma reacción que el resto del mundo tendría si un chico más bueno que el pan integral llegara a buscar a su amigo/compañero de cejas raras y apetito feroz. El pelirrojo prefirió bajar del camión antes de que hicieran preguntas y caminó a paso lento hasta llegar frente a él, quien le sonrió nuevamente de manera hermosa, aunque no tanto como la que le dio la otra noche.

–Buenos días Kagami Taiga

–B-buenos días–estaba sonrojado, confundido y sorprendido–tú eres…

–Kise Ryouta, géminis, ex-estudiante de la universidad de Teiko, modelo, jugador de básquetbol, degustador de agua mineral y amigo de Kurokocchi–de acuerdo, esa era una forma bastante particular de presentarse con alguien para la primera vez ¿Y qué era eso de cchi?–he venido a compensarte por lo de la otra noche

–¿Compensarme?

–Kurokocchi y Momocchi me dijeron que tú me salvaste de aquel sujeto detestable. No recuerdo muy bien que ocurrió para que las cosas acabaran así pero dejémoslo en que me pasé de copas ayer… aunque no eran copas, sino vasos desechables, pero suena mejor copas–y ahora el tipo divagaba de otro tema, pero a lo que entendía era que no recordaba bien lo que pasó así que tampoco recordaría el beso–en todo caso les pedí la dirección de tu trabajo y he venido a compensarte por lo ocurrido

–No tienes que hacerlo, simplemente hice lo que cualquier persona haría

–No, definitivamente eres alguien amable. La última vez que alguien trató de ayudarme a salir de un acosador, terminó por querer unirse también pero por suerte los golpeé con una botella–¿Pero qué demonios? ¿Y lo decía así de simple? Oyéndolo hablar ahora, el sujeto que radiaba belleza no parecía nada normal–así que te compensaré como agradecimiento ¿Qué te gusta comer?

–¿He? ¿Comer?... muchas cosas, hamburguesas, arroz…

–Hay un Maji Burger aquí a unas cuadras

–Sí, lo conozco pero…

–Te veo ahí a las 2:00 pm en punto

–¡¿Qué?! Oye pero…

–Esa es la hora general del almuerzo de los trabajadores así que no tendrás problemas con el trabajo

–¡Pero si aún no he dicho que sí!

–¿Tienes algo que hacer o ya quedaste con alguien más?

–No, pero…

–Entonces a las 2:00–sacó de su bolso una gorra negra y unos lentes sin prescripción médica, se los colocó y se dio la vuelta caminando rápido, casi dando saltitos. Kagami, en otra situación, hubiera ido detrás suyo para dejarle en claro que no podía citarlo a un lugar sin su aprobación pero estaba tan desconcertado entre su manera de "compensarlo" y esa confianza de ordenarle algo sin siquiera conocerlo. Seguro era de esas personas que se sentían con la autoridad de hacer lo que quisieran sólo porque eran atractivas y difícilmente alguien les decía que no.


Cuando el pelirrojo llegó al Maji Burger, trató de convencerse de que era porque le invitarían hamburguesas gratis y no porque él fuera uno más de esa lista de personas débiles frente a un rostro bonito. El tal Kise Ryouta se encontraba viendo el menú moviéndose de un lado al otro, no lo hubiera reconocido de no haber visto que se puso al irse ese gorro y esos lentes. Cuando reparó en la presencia de Kagami se dirigió a él.

–Kagami Taiga

–No me llames por todo mi nombre, es raro

–Hasta que no decida cómo llamarte tendré que hacerlo–esta vez puso una sonrisa pícara que hizo que el pelirrojo tragara saliva nervioso–puedes pedir todo lo que quieras, yo te lo invito–se volteó y se dirigió al mostrador–unas papas chicas y una botella de agua para mi–Kagami lo siguió y pidió una enorme cantidad de hamburguesas por costumbre olvidando que el tipo lo estaba invitando, pero al querer corregirlo el rubio sacó un billete grande para pagar. Cuando les entregaron las órdenes eligieron un asiento cerca de la ventana–entonces ¿Qué ocurrió?

–¿A qué te refieres?

–Ayer en la noche, dame una versión rápida y concreta para esclarecer lo que se ve nubloso en mi mente–aclaró comiéndose una papa.

–Bueno… al irme de la fiesta me encontré con un sujeto que trataba de meterte mano, los separé, dijo cosas que me molestaron, le golpeé, te alteraste, traté de calmarte…–decidió no decirle lo del beso–balbuceaste algo y luego te desmayaste. De alguna manera me dejaste responsable de ti así que encerré al otro sujeto en un salón y te cargue de vuelta a la fiesta donde te recogieron Kuroko y sus amigos–se lo dijo de manera rápida para comerse una de las hamburguesas.

–¿Qué balbuceé?–le dio un trago a su agua y Kagami tuvo que pasarse rápido lo que mordió para poder contestarle.

–Necchi o algo así

–… no lo recuerdo–pero eso era obvio, por eso le estaba preguntando ¿No?–pero creo recordar a Shougo-kun diciéndome vulgaridad y media en la fiesta y mucha cerveza y… ¿Qué más había de bebidas?

–Tequila y ginebra, sólo eran esos dos más la cerveza lo que expedía tu cuerpo

–¡Cierto!–se rio inocentemente–aún no sé bien la diferencia, los tres son amargos, fuertes y llenos de alcohol. Debes ser muy listo para diferenciar los tres con solo olerlos de mi cuerpo–Kagami se sonrojó, eso había sonado muy mal.

–N-no realmente–ahora se encontraba más confundido con ese tipo. Ayer le dejaron implícito que Kise solía embriagarse pero que no reconociera los licores daba señal de todo lo contrario.

–Entonces, Kagami Taiga ¿Qué hacías rondando por esos lugares? Qué yo recuerde no estudiaste en Teiko. ¿Estabas buscando también un lugar tranquilo para estar con alguien?–el cambio de tema le sorprendió pero le siguió la corriente.

–¡¿Qué?! No, Kuroko me invito a la fiesta pero me retiré temprano tras su propuesta–la hamburguesa en su boca le supo amarga al recordar la propuesta de matrimonio, ahora entendía por qué lo había invitado con tanta insistencia.

–Cierto, ayer se le iba a proponer a Momocchi ¡Y me lo perdí! Debió de estar muy sonrojado en ese momento ¡Yo quería una foto de eso!–Kagami, molesto, se tragó toda la hamburguesa en ese momento enojado, lo que menos ocupaba era que se lo recordaran.

–Entonces no debiste ponerte como una cuba ayer–el otro no le respondió–y no lo hizo, estuvo neutral igual que siempre

–Ya veo, que desperdicio, era para que se sonrojara lo más posible… gracias por no dejarme abandonado a merced de un pervertido con herpes–volvió a cambiarle el tema.

–De nada, yo… ¡¿Con Herpes?!

–Algo así me dijo una ex-novia suya… o era su prima, no lo recuerdo–parecía ser que ese no era el primer incidente que tenía con ese sujeto–¿Tú tienes herpes?

–¡Claro qué no!–¡¿Por qué le preguntaba algo así?!

–¿Ni ninguna otra enfermedad de transmisión sexual?

–No, ninguna–ahora estaba más confundido aún–¿Por qué preguntas…?

–Bueno, entonces si decidieras violarme estando yo ebrio entonces no serían TAN desagradable como con Shougo-kun

–¡Yo nunca haría eso! ¡¿Por quién me tomas?!–miró a su alrededor, había gritado mucho y todos les miraban raro. El chico pasó de ser un rarito a ser un descarado–si esto te pasa a menudo entonces deberías dejar de tomar–quería irse, la situación estaba poniéndose muy incómoda y no sabía que podía preguntarle el sujeto ahora, además, si Kise decía esas cosas tan espantosas ¿Sería que en realidad quería eso? ¿Se le estaba insinuando?

–Sí, debería, Akashicchi me lo dice también mucho–no supo cuándo pero el rubio se acabó sus papas–¿Tienes novia?

–No–al menos esa era una pregunta normal.

–Qué extraño, a las chicas les atraen los bomberos

–No quiero salir con alguien sólo porque le atrae mi profesión

–Entonces eres de los tradicionales, que dulce–el pelirrojo se sonrojó (de nuevo) por ese comentario–¿Regalas flores y chocolates en los aniversarios?

–No me malinterpretes antes de conocerme

–Entonces déjame conocerte más, te vez interesante–el pelirrojo abrió otra hamburguesa y la mordió. El tipo parecía querer ligárselo pero le sería extraño considerando que era demasiado atractivo y él no tenía cara de verse amable–ven conmigo a una exhibición de arte este miércoles–Kagami, si hubiera estado bebiendo o todavía con la hamburguesa en la boca, se hubiera atragantado, por suerte sólo dejó caer su tercera hamburguesa al plato de nuevo–inicia a las 6:00pm, así que llega como a las 7:30pm

–he… no

–¿Por qué no?

–La pregunta sería más bien ¿Por qué tengo que ir contigo a una exhibición de arte?

–Porque el arte es bonito, porque tengo dos boletos y porque si me acosan de nuevo podrías golpearlos y encerrarlos en un salón de clases otra vez

–¡¿Pero qué demo…?!–antes de que pudiera completar su frase, el rubio le lanzó un boleto negro que atrapó por inercia.

–La dirección está en el boleto, 7:30pm, te estaré esperando Kagami Taiga–Kise se paró de su asiento y caminó rápido a la salida antes de que, nuevamente, Kagami pudiera refutar.

–Oficialmente… este tipo es un descarado–miró el boleto entre sus manos, su mente aún no procesaba como es que los acontecimientos se dieron así; de haberlo sabido hubiera dejado inconsciente en el callejón al rubio ¿En serio ese tipo era amigo de los imponentes y serios miembros del equipo de básquetbol de la universidad de Teiko? Peor aún ¿Ese extraño y descarado tipo era amigo de Kuroko?
Regresó a la central y lo único que recibió además de solicitudes que rellenar, fueron preguntas sobre el despampanante chico que había venido buscándole, las cuales ignoró olímpicamente y se sentó en una silla mirando el boleto. No, no iría, Tatsuya le diría que era la oportunidad de sacarse de la cabeza a su ex con una noche de sexo con un chico súper sexy, pero ese chico definitivamente anunciaba problemas y él ya tenía suficientes. Incluso si se acostaba con él, algo le decía que no saldría nada bueno de ello.


–Llegas tarde–frente a él estaba Kise vestido con un traje que ni ahorrando su suelo durante seis meses podría darse el lujo de comprar. Ahora se arrepentía de haber corrido de la estación de bomberos, de no haber arreglado su cabello ni un poco y traer un pantalón deportivo y una camisa blanca de ofertas–pero bueno, las pinturas no se iban a ir a ningún lado, cierran hasta las doce

–¿Por qué querías que viniera aquí contigo?

–Ya te dije en el restaurante

–Esa no era una respuesta convincente

–Da igual, viniste–le jaló del brazo y lo arrastró frente a una pintura de varios tonos azulados sin una forma reconocible a primera vista.

Suspiró tras oír algunos murmullos sobre su vestidura ¿Qué había pasado con su resolución de no ir? Si bien antes pudo haber aceptado porque era un chico atractivo, su manera de ser tan extraña ya había matado su belleza. De hecho, ni siquiera lo pensó. Cuando terminó su turno vio el boleto en su mochila, luego vio el reloj de la estación que marcaba las 7:30 y sin pensarlo salió corriendo; posiblemente, de no haber tenido el boleto, de igual manera llegando a su casa, lo hubiera visto y habría hecho lo mismo, y todo porque desde ese día en el Maji Burger no se animó a tirar el boleto a la basura como debió. Odiaba ser tan impulsivo.

–¿Desean vino rojo o blanco?–un mesero se les acercó y Kise tomó dos copas del vino rojo y se lo extendió a Kagami–buena elección–y se fue.

–Yo no bebo vino… y tú no deberías beber–le dijo a Kise, pero aun así este le dio un trago grande a su copa mirándole a los ojos como si le retara.

–La gente elegante bebe vino, en estas cosas hay que actuar como si fuéramos gente elegante–siguió tomando.

–En esas debiste haberme dicho que me pusiera un traje más adecuado

–Estaba implícito cuando te dije que era una exhibición de arte a la que se ingresa por invitación–ahí sí no le podía refutar nada–además, para mí los que usan ropa deportiva se ven sexys–le guiño el ojo y nuevamente el pelirrojo se sonrojó; Kise le estaba coqueteando, no había duda de ello ahora ¿Pero por qué a él? ¿Y por qué de esa manera?–pasemos a ver a los paisajistas, estas artes post-modernas son demasiado complejas para mí–le siguió tirando de la mano como si necesitara que lo llevaran. Cuando llegaron Kise se acercó a uno de un bosque del norte de Francia; parecía un niño en una juguetería–¿No son hermosos?

–Supongo–fue sincero. No le gustaba el arte en particular, de hecho apenas y tenía conocimiento de este y fue por las clases en la secundaria–¿Tú pintas?–le preguntó por reflejo.

–No realmente, creo que podría hacerlo si lo intentará pero no sería lo mismo. ¿Sabes que cada tono está hecho con una combinación perfecta de dos colores, o hasta tres colores? Podrán comprar todo tipo de tonos distintos de verde pero de todos modos tienen que combinarlos para conseguir el tono perfecto para asemejar al paisaje–Kise siguió mirándolos emocionado y, sin que Kagami lo notara, ya se estaba bebiendo la copa que él había rechazado–y la madera ¿Cómo logran crear un tronco de árbol tan real? En mi trabajo sólo me han presentado cuatro tipos distintos de tonos de café para ropa sin contar los tonos de beige, pero estos pintores sacan casi 300 tonos usando ¿Qué? ¿Siete tubos de pintura? Algo así–Kagami no respondió, todo eso le parecía tan surreal. Ya no sabía que pensar de ese tipo. En sólo tres encuentros con el rubio, ya había visto una faceta completamente distinta a la otra, aunque al ritmo que iba su segunda copa presentía que volvería a ver la de borracho–yo no tengo mucha imaginación o ingenio para lograr algo así aún viéndolos, se me dan mejor los deportes por lo mismo

–Jugaste básquetbol con Kuroko y el resto de sus compañeros en la universidad, eso dijiste cuando nos conocimos–en esa conversación si podía seguirle el paso.

–Qué bueno que lo recuerdas. Me gusta el básquetbol, creo que es el único deporte que no odio

–Pero si acabas de decir…

–Dije que se me dan bien pero no significa que me gusten. Todos se me dan tan bien que me aburren, llego a un punto donde no hay ya nada a que avanzar y lo empiezo a repudiar

–Entonces te gustan las artes porque no se te dan bien pero no te gustan los deportes porque se te dan bien. La gente normal piensa al revés–aunque Kagami pensaba de la misma manera

–Porque les gusta lo fácil, yo odio lo fácil, es más divertido todo cuando haces cosas complicadas ¿No te ha pasado?–el pelirrojo asintió–no hay nada más triste que quien se conforma con poca cosa, digo, no es que desprecie a quienes se dedican a algo porque se les da bien si les apasiona aquello, pero quienes se encierran en sólo una cosa y no buscan nuevos retos si los desprecio un poco, desperdician su vida–bien, el tipo era raro, demasiado raro, pero esa rareza lo invitaba a descubrir más y no sabía si sentirse perturbado por él o más intrigado–espero que no seas de esos

–Je–rio un poco, parecía que no eran tan diferentes en realidad–para nada, en realidad yo desprecio también a ese tipo de personas. La idea de vivir es buscar más y más retos, por eso comencé a jugar básquetbol… siempre he pensado que es mejor si no puedes ganar, me hace feliz cuando sé que tengo que esforzarme en lograr algo–Kise sonrió satisfecho por esa respuesta.

–Qué bueno, entonces eres un buen ser humano–el pelirrojo sonrió por ese halago sin poder evitarlo, tal vez sentirse intrigado por ese chico no estaba mal. Kise, al ver que las dos copas estaban vacías llamó al mesero–deme la botella

–¿He?–aunque por otra parte, lo correcto debería ser sentirse perturbado–pero joven, no puedo…

–Claro que puede, tienen un montón en la bodega, es más, se la pagaré–sacó un billete grande, se lo dejó en una copa medio vacía , le arrebató la botella y la bebió directo de ahí; el mesero se alejó ofendido.

–Oye, eso…–Kagami se acercó a quitársela pero el chico le empujó un poco para seguirle bebiendo. Cuando la dejó a casi tres cuartos comenzó a reírse. Kagami suspiró frustrado–eso fue muy grosero de tu parte

–¿Por qué? Dije que se la pagaría y es verdad que tienen muchas en la bodega–sus mejillas rápidamente se tornaron rojas. Ese tipo no sabía beber pero parecía insistir con desesperación hacerlo.

–¿Por qué insistes en beber si te estás poniendo así de mal y dices que te acosan? La otra noche también se quejaron de ello tus amigos

–Porque se me duerme el cerebro y las personas me dicen que no lo haga

–Eso no tiene ningún sentido

–¿Y a ti que te importa?–le dio otro trago–yo hago lo que quiero–el pelirrojo miro de nuevo a su alrededor, tenía suerte que nadie viera esa escena tan extraña ¿Sería el momento de huir de ahí? Tendía una excusa ahora que el tipo le había dicho que no era su asunto–sabes Kagamicchi

–¿Kagamicchi?

–Mi novio, con el que estuve por 5 años, me dejó–esa confesión no se la esperaba para nada, ni mucho menos ver que el resplandeciente rubio ahora cambiaba su expresión a una de tristeza –desde entonces he decidido ser egoísta y hacer lo que quiero, cuando quiero. Si yo quiero esta botella y sé que no voy a perjudicar a nadie, además de que tengo el dinero para pagarla, entonces tomaré la botella–y volvió a darle varios tragos al vino.
Kagami, al ver esa escena y con esas palabras del inicio, se vio a sí mismo en su periodo de luto tras el rompimiento con Kuroko. Podría ser que se equivocara pero lo más probable es que su intento de estar ebrio se debiera a su propia manera de pasar por el luto del corazón roto–¿Qué?–el pelirrojo no se había dado cuenta que lo estuvo mirando–¿Te parece raro que sea gay? En su mayoría los modelos son gays del closet

–No, no era eso–aunque el escuchar "novio" era raro en un hombre en Japón, él estaba más concentrado en la parte de cinco años. Él duro dos años y medio con Kuroko de pareja y se puso muy mal, no podía imaginarse como estaría ese chico luego de cinco años–yo soy bisexual

–Lo sé, Kurokocchi me lo dijo–se recargo en una pared y se limpió un poco los ojos. Kagami, volteó a ver a todos lados sin saber que hacer o qué decir, sólo atinó a acercarse con cuidado para quitarle la botella antes de que se le cayera de las manos.

–¿Por qué terminó contigo?–el rubio se removió incómodo y se rio burlonamente. Le miró directamente a los ojos. Aquellos ojos dorados le ponían nervioso, eran demasiado abrasadores.

–… me gustan los perritos

–… ¿Qué?–el rubio se desmayó y Kagami tuvo que sostenerlo para que no se cayera. Nuevamente todas las miradas estaba puestas en él y nuevamente se encontraba responsable de la seguridad de ese rubio tan extraño. Se volvió a preguntar a sí mismo como es que había terminado yendo si de alguna forma ya se esperaba que nada bueno iba a pasar.
Se colocó al tipo como pudo de nuevo en su hombro y lo dejó en unos asientos que estaban ahí en la galería cerca del baño de hombres. Luego sacó su teléfono y pidió asistencia para ver si alguien podía darle información de donde vivía el Kise.

–Sí, Kise Ryouta… con el kanji de amarillo*, sí… ¿Qué? ¡No, no soy ningún acosador! Estoy con él y… ¡¿Cómo que una broma?! Les digo la verdad, sólo dígame sí… ¡Que no soy un acosador!... ¿Sabe qué? ¡Váyase al demonio!–colgó. Muy bien, plan B. Buscó entre sus contactos, el primer número no le contestó, el segundo tampoco, el tercero…

–¿Diga?

–Hola Midorima

–¿Kagami? ¿Por qué me hablas a estas horas de la noche?

–Apenas son las 8:30… verás, necesito un favor

–Me niego

–¡Aún no he dicho nada!–demonios, si tan sólo Kuroko le hubiera contestado antes, pero sin duda el peliverde era mejor que hablarle a Akashi–es sobre tu amigo, Kise Ryouta

–… Kagami, sé que Kise es muy atractivo físicamente y tu índice de compatibilidad con géminis es muy alta pero…

–¡No es eso!–su cabeza iba a explotar, enserio, comenzaría a salirle humo y luego tronaría–no preguntes porqué pero de nuevo lo tengo conmigo, ebrio, inconsciente, y necesito saber dónde vive para dejarlo en casa

–… que problema, eso explica porqué Leo estaba en penúltimo lugar en el ranking de la suerte del día–escuchó un suspiró muy largo–muy bien, te mandaré la dirección por mensaje pero no vuelvas a llamarme

–Te recuerdo que tú me diste el número de tu celular el mismo día que nos conocimos–y el peliverde le colgó. Volvió a colocarse a Kise con mucha dificultad en su hombro como costal y se dirigió a la salida para pedir un taxi. Fue cuando le llegó el mensaje de Midorima con la dirección–¡¿KANAGAWA?!


–¿Kagami Taiga?

–Si… ¿Señor?–tras muchos inconvenientes en la calle, gente que le miraba mal por tener a alguien inconsciente, problemas para poder ingresar al metro y resignación de gastarse una fortuna en un taxi, al fin dio con un edificio lujoso en la prefectura de Kanagawa. Cuando se encontró con el portero del edificio antes de sacar al rubio del taxi para saber el piso, este le miro con compasión y le pidió que esperara un momento, llamó por un teléfono y entonces apareció aquel sujeto de cabellos negros y ojos azules; se veía joven y más bajo que él, pero tenía un aura muy formal e imponente que de alguna manera le hizo sentir más pequeño que él.

–¿Dónde está Kise?–el pelirrojo lo guío afuera hasta el auto y sacó a duras penas al rubio. El pelinegro se acercó para poder cargarlo él ahora y este inmediatamente se le abrazó al cuello–este niño no aprende, será desgraciado–con todo y el rubio abrazado como coala en su cuello, saco unos billetes y se los dio al conductor–quédese con el cambio

–No era necesario que…

–Sí lo era, además aun tienes que volver a tu casa. No te preocupes, es dinero de Kise. Gracias por traerlo, la mayoría prefiere intentar llevárselo a un motel–Kagami ya se estaba preocupando de la situación del rubio–en todo caso, sería bueno que no volvieras a ver a este chico

–… ¿Perdón?

–Te vez como una buena persona y no quisiera tener que hacer esto pero es mejor para él e incluso para ti que no estén en contacto, además, y perdona que lo diga de esta manera: se verá mal para su carrera si es visto en público con un sujeto cargándolo en sus brazos

–N-no, si... lo entiendo–tal parecía que ese tipo realmente era un verdadero problema–se lo encargo entonces

–Gracias de nuevo–le extendió la mano y Taiga le dio un apretón. Los vio adentrarse en ese edificio lujoso, el pelinegro caminado como si nada dejando que se arrastrasen los pies del rubio que seguía aferrado a su cuello, parecía estar tan acostumbrado a eso que ya ni le importaba. Subió al taxi para irse a casa.

Kagami había tenido citas, había conocido a muchas personas extrañas en Estados Unidos antes de conocer a Kuroko, y por supuesto también gente muy particular en las calles de Tokio, pero aquel rubio se llevaba la corona como el ser más desequilibrado de todos.


El pelirrojo llegó al departamento como a eso de las 11:00 pm y se encontró a su amigo pelinegro mirando la tele en su sala.

–Sabes, me arrepiento mucho de darte la llave de mi casa

–Dile eso a los que me cortaron el cable–el pelirrojo suspiró y fue a la cocina a servirse un vaso de jugo–¿Qué tal el ángel borracho?

–Extraño, infantil, borracho… ¡¿Cómo rayos sabes que estuve con él?!

–Kiyoshi se lo dijo a Atsushi y Atsushi me lo dijo a mí

–Sabía que no debí haber confiado en Kiyoshi, ni llevarlo nunca a jugar con Murasakibara–bebió su jugo–como sea, ese "ángel rubio" como le llamas, tiene problemas muy serios

–¿No te gusta ni un poquito? Al menos para acostarse y ya pasar de él ¿Tan mal estuvo la cita?

–No fue una cita, ni siquiera duro una hora. Hablamos un rato de distintos tonos de verde y marrón, de deportes, complicaciones… ex-novios de cinco años–sacudió la cabeza–le quitó la botella de vino a un mesero y se desmayó diciendo que le gustan los perros. Tuve que llevarlo hasta su casa ¡En Kanagawa!–el pelinegro ahora se veía sorprendido y confundido. Luego cambió su cara a una de risa.

–Supongo entonces que con los perros ya perdió muchos puntos contigo–el pelirrojo le miró enojado por recordarle eso–pero no contestaste mi primera pregunta ¿No te gusta ni un poquito como para que desfogues lo que has guardado desde que reanudaste tu amistad con tu ex?

–A ti te gusta lanzarle sal a las heridas ¿Verdad?–el pelinegro no le contestó–será endemoniadamente precioso pero se nota desde lejos que no se encuentra en sus cinco sentidos; posiblemente es bipolar, además de descortés, descarado… y bastante apasionado –eso último lo susurró pero no pasó desapercibido por el pelinegro. La conversación se detuvo por el sonido del celular de Kagami–¿Diga?

–Buenas noches, Kagami-kun

–¡Kuroko!–se sobresaltó al escuchar la voz del tipo que le cortaba la respiración–buenas noches

–No te desperté ¿Verdad?

–No, para nada ¿Sucede algo?

–Verás, el lunes al fin comenzaré a trabajar como maestro oficial y no sólo como sustituto, por lo mismo quisiera llevarles a mis nuevos alumnos una sorpresa para comenzar bien ¿Podrías venir a ayudarme a llevarla y cargarla el viernes? Para que ya esté lista para el lunes. Momoi-san tiene que ir a visitar a su mamá y tú no estrás a turno hasta las 10:00 am

–Claro que sí, déjamelo a mí–Himuro le hizo desde donde estaba una cara de decepción–entonces ¿Cómo a qué horas llego?

Por eso de las a las 8:00 am. Gracias Kagami-kun–y colgó.

–¿Y tú dignidad Taiga? Hace unos segundos estaba contigo

–Cállate, tampoco es que fuera a hacer algo tan denigrante y en las mañanas tengo tiempo libre

–Sí, lo que tú digas–regresó su mirada a la tele–dicen que los bipolares suelen ser muy buenos en la cama

–¡Tatsuya!

–Sólo digo que lo intentes, no suena a que será una buena pareja pero al menos logró que desviaras tu atención de Kuroko por unos segundos–eso no podía negarlo. Cada vez que conocía a alguien con esas intenciones la imagen de Kuroko aparecía en su cabeza evitando cualquier atracción o deseo, pero cuando vio a Kise, aun estando enojado y borracho, pudo sentir eso hasta que vio físicamente a Kuroko en la fiesta. Sin embargo las cosas eran distintas ahora que conocía al tipo, quién sabe qué clase de persona fuera y eso le daba miedo incluso para tener sexo–acuéstate con él y sigue adelante

–No creo que esa sea la solución para todo–fue lo que dijo para zanjar el tema y ambos se quedaron viendo la tele hasta que fue hora de dormir. Su hermano se quedó dormido en el sofá y Kagami se recostó en su cama pero no podía dormir, tenía muchas cosas en la cabeza de lo que había ocurrido en la galería.

Kise Ryouta… problemas, eso era definitivamente pero a la vez había algo que le despertó en su interior al estar con él, no era atracción porque como ya había dicho, su belleza se esfumó en el momento en que comenzó a hablar en el Maji Burger, pero al escucharlo nuevamente hablar en la exhibición, algo se le removió, tal vez por el mismo parecido que tenían con respecto a ver el básquetbol, tal vez por encontrarse en el mismo estado en que él estuvo cuando Kuroko lo botó, o quizás simplemente estaba intrigado por haber conocido a una persona tan extraña en su vida. Fuera cual fuese la razón, sólo de algo podía estar seguro: era un descarado.


Cuando llegó al departamento de Kuroko, tenía los ojos rojos y unas ojeras tremendas. No había podido dormir en la noche de tanto pensar. Diría que había sido la emoción de pasar el rato con el peliazul, pero no podía mentir, fue por tratar de encontrarle alguna explicación a la extraña forma de ser de aquel rubio, que al final no encontró ninguna. Tal vez debería preguntarle a Kuroko sobre eso, para calmar un poco su mente.

Tocó el timbre esperando a que le abrieran y unos segundos después aquel peliazul le abrió tranquilamente. Kagami lo observó: ropa sencilla y cómoda, mirada relajada, ojos serenos, pasos silenciosos, sonrisa ligera pero bonita, estructura pequeña; su primer amor y la pareja con la que más duró en su tiempo, Kuroko Tetsuya.

–Buenos días Kagami-kun-saludó con aquella tranquila voz… definitivamente era todo lo contrario a Kise, no entendía como podrían ser amigos esos dos.

–Buenos días Kuroko–entró al departamento y lo primero que vio fueron varias cajas de pastelillos y una botarga de rana–realmente quieres caerles bien aunque ya te conocen ¿Verdad? –sin esperar más ambos comenzaron a subir todo al auto del peliazul, lo complicado fue que cupiera la botarga pero con mucho esfuerzo lograron que entrara. Luego Kagami y Kuroko viajaron hasta el jardín de niños.

–¿No es mejor que hagas esto el sábado?

–La escuela está cerrada y aún no me dan la llave de confianza. No seas idiota Kagami-kun–al pelirrojo le salió una vena de enojo, a veces Kuroko lo podía hacer enojar, pero siempre era algo leve. Muchos le dirían, como Tatsuya, que había perdido su dignidad al haber aceptado volver a ser amigo de él siendo que lo terminó abruptamente con una excusa muy triste y que le hirió mucho: deseo vivir una vida normal, casarme y formar una familia, la vida con una persona de mí mismo sexo no le puedo ver futuro… Pues sí, la verdad es que había sido bastante tonto de su parte… por otra parte no se arrepentía.

Kuroko y él eran muy buenos amigos desde antes, tanto que en los partidos de básquet de la preparatoria Seirin les llamaban la luz y la sombra, porque ambos se volvían más fuertes estando juntos en la cancha, y gracias a su trabajo en equipo ganaron muchos partidos. Cuando se hicieron pareja literalmente siguieron siendo los mismos, sólo había cambiado el tipo de contacto físico y las citas planeadas (que solían terminar en básquetbol). Terminar fue horrible porque habían quedado en universidades diferentes y todo fue tan desastrozo que durante casi tres años no se vieron y al reunirse, aunque sí fue muy incómodo, aquel sentimiento de aprecio y preocupación por el otro seguía ahí y no hubo tiempo de pensar en las heridas causadas ya que Kuroko acababa de perder a alguien muy importante, por lo mismo les fue muy natural volver a ser amigos. Kagami tuvo el tiempo necesario para entender los motivos de Kuroko, siendo algo muy común en las parejas homosexuales en Japón por la represión que tenían en aquella sociedad y las tradiciones que se inculcaban desde niños; él no las comprendía del todo porque vivió gran parte en Estados Unidos y su mente estaba más abierta a otras opciones sobre estilos de vida, aunque no negaba que aquello que Kuroko deseaba era muy atrayente. Él también, de seguir con Kuroko, en su momento hubiera pensado en aquello que podría perderse, pero no tendría problema en renunciar a ello si significaba estar con la persona que amaba.

–Pareces muy cansado, tienes los mismos ojos de cuando te desvelabas por la emoción de un partido– Kuroko lo despertó de sus pensamientos.

–Cállate, esos desvelos tenían un buen motivo, esta vez es todo lo contrario

–¿Tienes alguna preocupación?–Kagami sonrió internamente al oír la preocupación de Kuroko por él.

–No exactamente. El otro día tu amigo me abordó, el que rescaté de ese sujeto… Kise–el peliazul le miró sorprendido–llegó a mi trabajo diciendo que quería compensarme por haberle salvando de aquel sujeto con apariencia de delincuente, me invitó hamburguesas en el Maji burguer y luego ayer me invitó a una exhibición de arte. Es un sujeto muy… peculiar–evitó decir raro, después de todo era su amigo.

–Kise-kun siempre ha sido muy idiota y algo frio con quien no tiene su confianza, pero no es un mal chico. El problema es que está pasando por un momento demasiado difícil

–¿El rompimiento con su novio?

–¿Rompimiento?

–Sí. En la galería se embriagó, de nuevo, y me dijo que su novio con el que estuvo por cinco años lo dejó. Parecía muy abatido diciéndolo pero no me dio más explicaciones porque se desmayó por tanto alcohol

–Ya veo…–el peliazul volteó la mirada–podría decirse que a todos nos terminó–el pelirrojo le volteó a ver confundido–Kise quedó muy devastado, lo amaba mucho, hasta llegaron a vivir juntos y por eso ha tenido problemas para aceptarlo, se comporta contradictorio y tiene muchos cambios emocionales. El psicólogo que lo checó durante un tiempo nos dijo que Kise está mentalmente inestable

–¿Mentalmente inestable?

–Así es pero no es grave, nada que lo haga ser un loco enfermo, lo máximo que le ocurre puede ser un arrebato depresivo, pero hace mucho que no tiene uno. Hasta ahora sólo tiene ciertas actitudes extrañas, como emborracharse, cambiar de tema y de emoción consecutivamente e incluso portarse más caprichoso de lo que siempre ha sido

–Sí, creo que eso último me ha quedado bastante claro–se rascó la nuca nervioso.

–En todo caso, es un buen amigo cuando logras ganarte su confianza y/o respeto pero no te lo recomiendo si quisieras salir con él formalmente, puede ser algo manipulador también

–¿He? No, él no es mi tipo. Además no puedo decir que hayamos tenido citas, sólo nos hemos visto dos veces, tres si contamos cuando lo salvé–llegaron al kínder donde Kuroko trabaja y el pelirrojo le ayudo de nuevo a bajar la enorme botarga de rana y las cajas con los pastelillos–además me dijeron que era mejor que me mantuviera alejado de él

–¿Quién?

–Un sujeto que lo recogió cuando fui a dejarlo a su departamento. De cabello negro, ojos azules, más bajito que yo y Kise–bajaron todo y lo dejaron en los salones–espero poder haberte ayudado

–Gracias Kagami-kun, es bueno saber que puedo contar contigo y si Kise te sigue molestando dime y hablaré con él

–No es nada, y no te preocupes, no creo que lo vuelva a ver

–Ya veo, entonces ¿Quieres que te deje en tu trabajo? –Kagami, algo sonrojado le agradeció la oferta y la aceptó. En el camino el pelirrojo volvió a observar al peliazul. Fue muy natural volver a ser su amigo, el rencor y la tristeza se esfumaron rápidamente… hasta que un día el peliazul le presentó a sus amigos de la universidad y con ellos a su novia, y fue ahí cuando todo se derrumbó y cayó en cuenta de que en realidad nunca había dejado de querer a Kuroko.

Llegaron a la estación de bomberos y se despidieron bien, quedando que luego se reunirían a tomar algo o jugar básquet. Kagami ingresó y saludó a sus compañeros, pero no pudo evitar sentir mucha molestia en su interior


Tras su larga jornada de trabajo, donde un sujeto les llamó diciendo que se habían quedado atrapadas varias personas en un elevador luego de que se rompiera el cable y tuvieron que actuar, regresó a su casa temprano. Por fortuna el cable se rompió apenas subía del sótano y sólo hubo unos heridos. Se dio una ducha y se recostó en el sofá de nuevo pensando en el peliazul que vio esa mañana.

Kuroko no era un ser especialmente maravilloso, a decir verdad no resaltaba nada; podías estar con él en la misma habitación y no te darías cuenta de su presencia hasta que hablara, razón que podría usarse de explicación si un día le daba un infarto. Aun así, el tiempo que pasaron juntos y su manera de hacerle sentir que era la luz del mundo hicieron que poco a poco comenzara a fijarse en él de una manera no amistosa. ¿A quién no se le removería el corazón que, teniendo toda la pinta de ser un delincuente, alguien te diga que eres su luz y razón para esforzarte todos los días? Además Kuroko era muy lindo, inteligente, amable y poseía un aura de tranquilidad que te daban ganas de abrazarlo todo el tiempo. Aquellos dos años y medio no fueron precisamente emocionantes pero era feliz. Sin embargo, Kuroko lo botó seis meses después de que ingresaran a la universidad.

Pasó su mano por su cabellera mojada y suspiró pesadamente. No podía negar su frustración pero tampoco quería aceptarla del todo. Deseaba que sus sentimientos por el peliazul se esfumaran, que pudiera un día estar sentado conversando con Kuroko sin sentir algo más que cariño y aprecio como lo hacen dos buenos amigos pero no pasaba. Le frustraba mucho porque Kuroko iba a casarse con lo que parecía ser la mujer de su vida y él seguía pensando en él, aun estando con alguien más en la cama. Si Kuroko no era la persona de su vida y el peliazul ya tenía a la suya ¿Por qué no llegaba la de él? ¿Por qué no llegaba alguien que lograra cautivarlo igual o más que su ex?

Sus pensamientos se vieron interrumpidos, gracias a Dios, por el sonido de su teléfono de casa. Le pareció raro, usualmente nadie le llamaba a su departamento. Dejó su toalla en el sofá y caminó hasta la mesa para cogerlo.

–¿Diga?

–¡Hola, Kagamicchi!–una voz aguda pero masculina sonó en la otra línea.

–¿Kagamicchi?... ¡¿Kise?!

–¡El mismo! Ha pasado un tiempo

–¡¿Cómo conseguiste mi número?!

–Se lo pedí a Momocchi, también conseguí tu número de celular, tu email y tu WhatsApp

–Estás comenzando a parecer un acosador–suspiró nuevamente pero no de pesadez, después de todo de alguna forma escuchar la voz del rubio tras su momento de frustración con Kuroko le hizo sentirse mejor–¿Para qué quieres todo eso?

–Eres bombero, tal vez un día me quedo atrapado en un incendio y necesite contactarte

–Para eso puede llamar directamente a la central de bomberos

–Minucias–rio inocente–en fin, el domingo tengo una sesión de fotos temprano, después quiero salir a jugar contigo

–¿A… jugar?

–Sí, ya sabes a lo que me refiero–el otro trago en seco nervioso–básquetbol

–… ¿Ah?

–Momocchi y todos los demás ex–alumnos de Teiko dicen que eres un oponente digno y los domingos son tus días libres. Después podemos hacer más cosas divertidas

–¿Y no has pensado que tengo ya un compromiso ese día? ¡¿Y cómo sabes que es mi día libre?! ¿Momoi también te lo dijo?

–No, llamé a tu central–el otro recordó lo que le había dicho el sujeto de antes, de huir si Kise lo volvía a contactar, podría ser que el rubio fuera un acosador de verdad, pero si ese era el caso Kuroko se lo hubiera dicho cuando le preguntó por él y Momoi no le hubiera dado así de fácil sus datos– ven por mí el domingo a las 11:00am a la sede de Zunon Boy en Shibuya, lleva una maleta con ropa deportiva, una pelota de básquet y agua mineral

–¡Pero si aún no he dicho que…!–pero le cortaron. Ahora sí suspiró de pesadez, aunque siempre era bienvenida una buena partida de básquetbol, seguir involucrándose con ese sujeto, del que lo único que sabía era que era modelo, jugador de básquetbol, descarado, ebrio, caprichoso y extraño, no parecía la mejor manera de calmar su frustración.

Continuará…


Pues me puse mucho esfuerzo en escribir esto (que bueno que estoy de vacaciones). La verdad es que me gustaría mucho tratar de hacer al Kise del manga y no al Kise del anime, pero la verdad no se me da nada bien hacer personajes malvados o frios. El punto perfecto al que quiero llegar es el de mostrar a una persona que no es "linda" por así decirlo pero que de alguna manera te conquista (algo así como Shizuku con Haru y Yamaken, del anime de "my little monster").

*Todos los miembros de la generación de los milagros tiene de apellido un color, en el caso de Kise es el amarillo: Kise, Ki=Kiiro, o eso dice wikipedia.

P.D: Hoy estrené los diálogos de llamadas (no se nota ¿Verdad)

Cualquier consejo, queja, crítica constructiva y demás es bienvenido a un review. Quiero mejorar mi escritura y darme cuenta de los errores que podría tener si no lo corrijo, así que adelante, no se contengan. Gracias por leer!