Las reacciones al ofrecimiento del director fueron las mismas en casi todos los presentes, suspiros frustrados y miradas fulminantes. "¿Es que nunca va cansarse de los malditos dulces? ¿Cómo puede vivir tanto comiendo tantas porquerías?" era el pensamiento que casi todos compartían. Salvo cierto ojigris que se lanzó feliz hacia la caramelera tomando unos cuantos con una gran sonrisa y provocando que el director sonriera aun más. El resto de los presentes lo miraron sorprendidos.
-¿Qué? ¡Se me antojaba un dulce!- se excusó el moreno. Pero justo en ese momento un sobre dorado apareció flotando de la nada en medio del escritorio del director y se mantuvo así durante escasos segundos antes de emitir un fuerte resplandor dorado y comenzar a hablar con una suave y masculina voz.
-¿Buenas noches a todos! Si están escuchándome es porque todos los que debían estar aquí están presentes. Bienvenidos: Alice, Frank, Regulus, Severus, Hagrid, Molly, Arthur, Profesora McGonagall, Profesor Dumbledore, Lily, Moony, Padfoot, Prongs...
Se que deben preguntarse quien soy y porque los traje a todos a este lugar a estas horas. Quien soy yo no puedo decírselos ya que eso provocaría una paradoja temporal, pero si puedo decirles porque están ahora aquí. El horario fue elegido para que nadie se percatase de su falta y la segunda razón es algo más difícil de creer. Este Howler proviene del futuro, un futuro que seguramente les parecerá muy lejano en este momento. Pero puedo probarles que soy una persona de confianza para ustedes porque se cosas que nadie fuera de esta habitación conoce.
Conozco el pequeño problema peludo que trajo tantos problemas como aventuras...
Tanto los merodeadores como Lily se miraron entre si sorprendidos, solo ellos y los profesores lo sabían, y solo ellos lo llamaban así.
Conozco el dolor de sentir a tu propia sangre rechazarte...
Severus y Regulus se miraron, esta vez el primero preocupado, el segundo comprensivo.
Y conozco las debilidades del Profesor Dumbledore, una que daría todo por no haber conocido jamás y otra por la que no habría nada que no daría por volver a tener.
Esta vez fue Dumbledore el que se enderezó en su asiento poniéndose serio. Pasaron unos segundos en silencio hasta que los que habían sido nombrados asintieron a la muda pregunta del resto de las personas en la habitación.
-Creo que si esta persona conoce secretos tan profundos nuestros debe ser sin dudas alguien de confianza...- razonó el director y los demás asintieron en silencio aun sorprendidos e incluso algo asustados. Como si la carta hubiese estado esperando justamente eso continúo hablando.
-La guerra en el mundo mágico tuvo finalmente en su desenlace como triunfador al bando de la luz...
Todos en el salón soltaron en ese momento un suspiro de alivio que habían estado conteniendo desde que escucharon la palabra guerra.
-Voldemort finalmente fue muerto el 3 de Mayo de 1998...
Pero ahora el sonido que invadió la habitación fue uno desazón, sorpresa y desesperación... la guerra había durado demasiados años... la voz hablaba lentamente haciendo ciertas pausas como para darles tiempo a asimilar cierta información.
- Sin embargo, la guerra cobró demasiadas victimas, demasiadas personas inocentes cayeron en las garras de esa terrible oscuridad en el camino, familias enteras quedaron destrozadas y si bien ahora la paz reina en la comunidad mágica, los oscuros momentos vividos quedaron grabados a fuego en nuestra mente, listos para acudir a ella en cuanto cerramos los ojos en forma de las mas terribles pesadillas que puedan imaginarse... pesadillas de las que no tenemos el consuelo cuando despertamos de que solo fue un sueño porque en ellas revivimos aquellas cosas que mas nos dolieron una y otra vez, sin tener jamás la posibilidad de cambiarlas..
Las mujeres en la sala se encontraban derramando lágrimas silenciosas, Remus tenía los ojos brillosos y apretaba fuertemente los puños, y para sorpresa de todos, Sirius también derramaba algunas silenciosas lágrimas preguntándose internamente porque esa triste voz le hacia sentir esa inmensa angustia en el pecho.
-Y es por eso mismo que están aquí... de los presentes en esta sala, sólo 6 sobrevivirán para ver el final de la guerra... y 2 de ellos sufrirán un destino peor que la muerte...
Los merodeadores se abrazaron entre si apretujando a la ojiverde que para ese entonces sollozaba entre ellos, algo les decía que ellos no serian parte de los sobrevivientes, las misiones eran cada día mas peligrosas… Ellos eran miembros del círculo interno de la orden y estaban al tanto de todo lo ocurrido… Trataban de continuar con su vida, sus bromas, y tomar las misiones como nuevas aventuras para poder seguir adelante sin derrumbarse... Pero todos habían debido enfrentarse a Voldemort en algún momento, y aunque habían logrado escapar, jamás podrían olvidar el aura de oscuridad y muerte que desprendía ese repugnante ser.
Los Longbottom y los Weasley se abrazaban mutuamente buscando consuelo. Severus y Regulus se habían tomado las manos con fuerza y cerrado los ojos, sabían que por su papel en la guerra seria demasiado difícil que ellos se encontraran entre esos escasos sobrevivientes. Hagrid se sonaba la nariz con un enorme pañuelo que bien podría haber pasado por una carpa. Y los profesores Dumbledore y McGonagall, se miraron entre si con las preocupación y la tristeza patente en sus facciones, ensombreciendo sus miradas.
- Cada una de las personas presentes en esta sala tuvo un papel fundamental en esta guerra, ya sea por si mismos o por sus descendientes... Quienes en nuestro tiempo llevan el titulo de héroes de guerra...
-¿Nuestros descendientes..?- preguntó con una mezcla de sorpresa, dolor y dulzura la pelirroja menor.
¿Héroes de guerra…? No quiero ni pensar en las cosas que esos pobres chicos habrán debido de hacer para obtener ese título...-susurró con pesar el licano.
-Creemos que ya que la mayoría en esta sala no va a poder ver el final de la guerra por la que entregaron sus vidas, lo menos que podíamos hacer era mostrárselos. Con ese motivo plasmamos en un libro mediante un hechizo el último año de la guerra desde el punto de vista de uno de los personajes principales.
-¿Quien será?- preguntó curioso James.
-Solo tenemos un pedido para ustedes que esperamos acepten...
Los presentes en la sala se miraron sorprendidos. ¿Un pedido del futuro?
-Enviamos esto también con la esperanza de que la información vital para destruir a Voldemort que logramos conseguir en el futuro con tanto esfuerzo, pueda servirles a ustedes para acortar esta terrible guerra y así evitar algunos de los momentos mas dolorosos que a todos nos tocó vivir en nuestro tiempo.
Si aceptan, el libro aparecerá sobre el escritorio del profesor Dumbledore y los capítulos irán apareciendo a medida que los lean para evitar que quieran adelantarse. En cuanto este aparezca el tiempo dentro del despacho dejara de correr, por tanto cuando terminen y vuelvan a sus actividades normales volverán a la misma hora en que fueron substraídos de ellas, en el pasadizo que hay detrás de la biblioteca encontraran habitaciones que les proveerán un sitio para dormir a cada pareja o personas en la habitación, y un salón comedor. De ser necesaria alguna aclaración durante lo que dure la lectura una nueva nota aparecerá. Sólo les pedimos que no juzguen nada hasta llegar al final del libro.
De no aceptar, esta carta desaparecerá y podrán volver a sus hogares, únicamente les pedimos por obvias razones que jamás comenten lo sucedido en esta habitación.
Esperamos sinceramente puedan ayudarnos. Nos despedimos deseándoles los mejor.
La carta se esfumó en el aire de la misma forma en que había aparecido, dejando a los presentes en un silencio sepulcral. Observándose entre si e intentando procesar lo que acababa de suceder.
-Yo me quedo, yo quiero saber... Quiero ayudarlo... Algo me dice que debo hacerlo...- para sorpresa de todos el primero que interrumpió ese silencio fue Sirius, el resto de los merodeadores y la pelirroja lo observaron por un momento sorprendidos.
-Si Sirius se queda yo también.- repuso segundos después el de anteojos mirando a su pareja.
-También yo.- aseguraron Remus y Lily al unísono, para terminar sonriéndose los cuatro. Esta sería una nueva aventura que vivirían juntos, así como todas lo habían sido desde sus 15 años.
***/***Flash Back***/***
Todos estaban en su quinto año y el curso en pleno de Gryffindor se había fugado a Hogsmade para festejar que habían terminado de rendir los TIMOS. Los merodeadores habían decidido que seria muy divertido hacerle una broma a la pelirroja que estaba quejándose de que ya era muy tarde y deberían volver y la habían dejado encerrada sin su varita en unos de los baños de Las Tres Escobas. Lo cual había resultado ser, como la mayoría de las cosas que hacían, una inconsciencia total.
A mitad del festejo, en el pequeño pueblo mágico habían comenzado a escucharse explosiones y gritos, y antes de que la mayoría de los presentes pudiera ser consiente de lo que pasaba los mortífagos con sus largas capas negras como la noche y sus aterradoras mascaras blancas fantasmales empezaron a invadir los locales. Los chicos habían corrido de inmediato al baño desde donde se escuchaban desgarradores gritos y habían encontrado a Lily en el piso retorciéndose bajo los efectos de un Cruciatus aplicado por Bellatrix Lestrange que reía cruelmente de su suerte. La reacción fue inmediata. Remus había cubierto con su cuerpo el de la pelirroja recibiendo de pleno el impacto de la maldición mientras que Sirius y James se abalanzaban contra la mortífago varitas en alto.
El duelo había iniciado en el baño con una asombrosa fuerza para ser librado por dos jóvenes de solo 15 años contra una de las mas crueles mortífagos que les llevaba 9 años de ventaja, el lugar donde estaban quedo prácticamente reducido a ruinas mientras los 4 jóvenes, con la pelirroja medianamente recuperada, intentaban defenderse cuando sintieron por primera vez esa increíblemente oscura y asfixiante presencia. Un hombre de escalofriantes ojos rojos se planto enfrente suyo haciendo que un escalofrío recorriese la columna vertebral de los chicos. James y Sirius se interpusieron prontamente, como si de un acto reflejo se tratase, entre su presencia y el cuerpo de Lily y Remus.
-Potter, Black... No sean tontos... No me interesa derramar sangre pura... Eso no es bueno para mis ideales ¿saben?- siseó la peligrosa voz.- Así que si se corren de mi camino consideraré el sólo eliminar al asqueroso licántropo y la mugrosa sangre sucia…
-Nunca..- respondieron ambos chicos con mas valor del que sentían en realidad. Pero entonces escucharon el grito en voz de la pelirroja.
-¡Lumus máxima!- e inmediatamente fueron cegados por la potente luz reflejada en todas las piezas de espejos que habían quedado regadas por el baño.- ¡Denme la mano! ¡Rápido!
Los chicos se sujetaron como pudieron a la pelirroja en medio del caos sin poder ver e inmediatamente sintieron un poderoso jalón tirando de sus cuerpos y que el aire escapaba de sus pulmones mientras recorrían lo que parecía ser un apretado tubo de goma. Segundos después los cuatro aparecían en mitad de un desolado bosque en medio de la noche. Se miraron durante un largo momento sin saber que decir ni que hacer, perdidos a mitad de la noche, en un oscuro bosque que ni siquiera sabían donde se encontraba y acabando de escapar por muy poco del mago mas oscuro de los últimos tiempos, asique hicieron lo único que podían hacer en ese momento. Los cuatro jóvenes se echaron a reír, asustados, nerviosos, perdidos, aliviados.
Hay algunas cosas que no pueden compartirse sin terminar unidos, y al parecer escapar de Lord Voldemort era una de ellas, desde ese momento Lily Evans paso a ser una merodeadora mas.
***/***End Flash Back***/***
-Nosotros también nos quedaremos.- habló la chica morena mirando momentáneamente a su marido que también asintió.- Si esto puede tratarse de nuestros descendientes y podemos hacer lago para que no sufran una guerra tan terrible, así será…- se dio la vuelta y sonrío mirando al grupo de merodeadores.- Lily, chicos, iba a contárselos mañana en la cena... Frank y yo estamos esperando un bebe…
-¡Oh Ali! Frank! ¡Felicitaciones!- fue el murmullo general en la sala mientras felicitaban a los nuevos padres.
-También nosotros nos quedaremos.- habló Arthur mirando el abultado vientre de su esposa.
-Si, como alguien se haya atrevido a ponerle la mano encima a uno de mis hijos se las va a ver negras...- susurró peligrosamente la pelirroja mayor, haciendo que todos supieran en ese instante que era una persona con la que había que tener cuidado, al parecer todas las pelirrojas tenían un carácter de temer.
-Si yo puedo ayudar en algo me quedare.- aseveró el gigante tomando asiento en una de las sillas que habían aparecido y la cual crujió peligrosamente bajo su peso antes de reforzarse sola mediante magia haciendose mas grande, al parecer el que los había llevado allí conocía a Hagrid también.
-Si mi hermano se queda yo me quedo.- dijo entonces Regulus mirando a su hermano que le sonrío agradecido.
-Y si el se queda, yo también.- afirmó simplemente Severus sentándose aun tomado de la mano del Black menor.
-¿Minerva tu que dices?- cuestionó el profesor Dumbledore mirando a la única mujer en la habitación que no había hablado aún.
-No se Albus... Podría ser peligroso... Cambiar el futuro...- expresó entonces su preocupación.
-Lo se... Todo esto es muy extraño...- comentó el director mientras todos lo miraban.- pero no hay dudas de que la persona que envío esto nos conoce, ni tampoco que sea del futuro por la clase de magia..- analizó mientras acariciaba su barba.- Y supongo que si es lo suficientemente poderoso como para haber logrado esta comunicación y todos los hechizos de los que nos proveyó es porque tiene la sabiduría suficiente para acceder a ellos...
-¿Crees entonces que sea prudente?- cuestionó la mujer.
-A veces no siempre lo prudente es lo mas correcto Minerva..- respondió simplemente el director, afirmando así su presencia en el lugar también. La mujer suspiró resignada y se sentó; cuando todos se hubieron decidido, con otro potente estallido dorado apareció sobre la mesa un grueso volumen.
El director lo tomó mientras todos los demás se sentaban ansiosos en los sillones que habían aparecido formando una ronda en el despacho. El hombre miró el libro observándolo sorprendido por unos segundos antes de sonreír misteriosamente.
-Harry Potter y las reliquias de la muerte- leyó entonces el titulo a todos los presentes que voltearon de inmediato hacia James que se había quedado boquiabierto.
-¡Tienes un hijo Prongs!- exclamó entre sorprendido y contento Sirius.
-Tenemos Pad..-contestó sonriente el moreno una vez que reaccionó por fin ocasionando una nueva sonrisa en el otro, que parecía radiante.
-¿Pero que tiene que ver mi ahijado en todo esto?- cuestionó la pelirroja preocupada, todos voltearon a mirarla confundidos.-¡¿Qué? ¡Es obvio que si tienen un hijo Remus y yo seremos sus padrinos! ¡Es lo menos que pueden hacer por nosotros después de haberlos tenido que soportar durante todo este tiempo!- el joven rubio asintió de acuerdo mientras ambos morenos reían.- Lo que me preocupa es porque está en el título de un libro que habla de la guerra…
-Lily tiene razón.. Espero que nadie le toque un pelo a Harry porque sino..- todos se estremecieron ligeramente al ver como los ojos de Remus se volvían mas dorados aun brillando peligrosa y salvajemente como cada vez que alguien amenazaba a algunos de ellos.
-Tal vez si leemos lo sepamos..- interrumpió entonces el director divertido. Los demás se callaron asintiendo algo avergonzados. Dumbledore abrió el libro y comenzó a leer.- Capitulo uno: El asenso del Señor Tenebroso.
-¿El asenso? ¿Cómo puede ser el asenso si dijo que era el último año de la guerra?- cuestionó enseguida Sirius sin poder aguantar mucho tiempo callado.
-Si se mantiene en silencio pronto lo vera señor Black…- lo regañó la profesora McGonagall logrando que el ojigirs se callara.
En un estrecho sendero bañado por la luna, dos hombres aparecieron de la nada a escasos metros de distancia. Permanecieron inmóviles un instante apuntándose mutuamente al pecho con sus respectivas varitas mágicas, hasta reconocerse. Entonces las guardaron bajo sus capas y comenzaron a caminar con paso enérgico en la misma dirección.
- ¿buenas noticias?-preguntó el de mayor estatura.
-Excelentes.-replicó Severus Snape.
El lado izquierdo del sendero estaba bordeado por unas zarzas silvestres no muy crecidas y el derecho, por un seto alto y muy cuidado. Al caminar, los dos hombres hacían ondear las largas capas alrededor de los tobillos.
-Temía llegar tarde -dijo Yaxley, cuyas burdas facciones dejaban de verse a intervalos cuando las ramas de los árboles tapaban la luz de la luna-. Resultó un poco más complicado de lo que esperaba, pero confío en él, estará satisfecho . ¿Pareces convencido de que te recibirá bien ¿no?
Snape asintió, pero no dio explicación. Giraron a la derecha, y tomaron un amplio camino que partía del sendero. El alto seto describía también una curva y se prolongaba al otro lado de la impresionante verja de hierro forjado que cerraba el paso. Ninguno de los individuos se detuvo; sin mediar palabra, ambos levantaron el brazo izquierdo, como si saludaran, y atravesaron la verja igual que si las oscuras barras metálicas fueran de humo.
-Mortífagos…- escupió con furia James, la pelirroja simplemente bajó la mirada angustiada, no podía creer que su amigo de la infancia verdaderamente se convirtiera en un asesino... Que luchara para el bando de las personas que la querían muerta. Regulus sin embargo miró a Severus algo aliviado, eso quería decir que su novio aun seguía vivo en el futuro.
El seto de tejo amortiguaba el sonido de los pasos. De pronto, se oyó un susurro a la derecha; Yaxley volvió a sacar la varita mágica y apuntó hacia allí por encima de la cabeza de su acompañante, pero el origen del ruido no era nada más que un pavo real blanco que se paseaba ufano por encima del seto.
-Lucius siempre ah sido un engreído. ¡Bah pavos reales! -Yaxley guardó la varita bajo la capa y soltó un resoplido de desdén.
-¡Maldito mortífago! ¡Lo sabia!- exclamó entonces Sirius.- ¡Lo sabia! No entiendo como Narcisa pudo casarse con el ¡Ella no es como Bellatrix!
Una magnifica mansión surgió de la oscuridad al final del camino; había luz en las ventanas de vidrio romboidales de la planta baja. En algún punto del oscuro jardín que se extendía más allá del seto borboteaba una fuente. Snape y Yaxley, cuyos pasos hacían crujir la grava, se acercaron presurosos a la puerta de entrada, que se desplazo hacia adentro, aunque no se vio que nadie la abriera.
El amplio vestíbulo, débilmente iluminado, estaba decorado con suntuosidad y una espléndida alfombra cubría la mayor parte del piso de piedra. La mirada de los pálidos personajes de los retratos que colgaban en las paredes siguió a los dos hombres, que avanzaban a grandes zancadas. Por fin, se detuvieron ante una maciza puerta de madera, titubearon un instante y, acto seguido, Snape hizo girar la manija de bronce.
El Snape de carne y hueso en la habitación se removió incomodo, sabia lo que de seguro encontraría tras esa puerta y aun después de tanto tiempo seguía sin gustarle. Odiaba su papel en esta horrible guerra aunque supiese que era necesario.
La sala se hallaba repleta de gente sentada alrededor de una larga y ornamentada mesa. Todos guardaban silencio. Los muebles de la habitación estabas arrinconados de cualquier manera contra las paredes y la única fuente de luz era el gran fuego que ardía en la chimenea, bajo una elegante repisa de mármol coronada con un espejo de marco dorado. Snape y Yaxley vacilaron un momento en el umbral. Cuando sus ojos se acostumbraron a la penumbra alzaron la vista para observar el elemento mas extraño de la escena: una figura humana, al parecer inconsciente, colgaba cabeza abajo sobre la mesa y giraba despacio, como si pendiera de una cuerda invisible, reflejándose en el espejo y en la desnuda y pulida superficie de la mesa. Ninguna de las personas sentadas bajo la singular figura le prestaban atención, excepto un joven pálido, situado casi debajo de ella, que parecía incapaz de dejar de mirarla cada tanto.
-Yaxley, Snape- dijo una voz potente y clara desde la cabecera de la mesa.-, casi llegan tarde.
Quien había hablado estaba sentado justo enfrente de la chimenea, de modo que al principio los recién llegados solo apreciaron su silueta. Sin embargo, al acercarse un poco mas distinguieron su rostro en la penumbra, un rostro liso y sin una pizca de bello, viperino, dos rendijas a modo de orificios nasales y con ojos rojos y refulgentes de pupilas verticales; su palidez era tan marcada que parecía emitir un resplandor nacarado.
-Ugh... Parece ponerse cada vez peor con el tiempo…- comentó con cara de asco Sirius que parecía tener un serio problema para permanecer más de unos segundos callado. Alice, Frank y el resto de los merodeadores que también habían tenido la "grata" experiencia de conocerlo asintieron con semejantes expresiones.
-El uso excesivo de magia negra muy poderosa provoca la degeneración del cuerpo...- comentó pensativamente el director.
-Podríamos seguir por favor.- se quejó McGonagall.
-aquí, Severus- dijo Voldemort, señalando el asiento que tenía a su derecha.- Yaxley al lado de Dolohov.
-¿A su derecha?- interrumpió sorprendido nuevamente el ojigris.- ¡Lo que habrás tenido que hacer serpiente asquerosa para ocupar ese lugar!
-¡Cállate pulgoso!- respondió simplemente con tono fastidiado el aludido aunque miraba a Dumbledore con cierto nerviosismo, ¿que habría tenido que hacer verdaderamente para ocupar ese sitio?... Aquello no le estaba gustando nada.
Los aludidos ocuparon los asientos asignados. La mayoría de los presentes siguió con la mirada a Snape, y Voldemort se dirigió a él en primer lugar.
-¿Y bien?
-Mi señor, la Orden del Fénix planea sacar a Harry Potter de su actual refugio el próximo sábado al anochecer.
-¡Maldito hijo de perra!- fue el rugido que se escuchó a continuación en la habitación seguido de un fuerte golpe que se produjo cuando Snape cayó al piso derribado por Sirius mientras este lo ahorcaba.- ¡Mortífago asqueroso! ¡¿Cómo te atreves a entregar a mi hijo? ¡Maldita cobra!
-¡Sirius! ¡Cálmate!- decía James mientras intentaba junto con Remus separarlo de Snape antes de que solo quedara el recuerdo del hombre que se había visto sorprendido por el movimiento y no había podido hacer nada para evitarlo.
-¿Que me calme?-rugió molesto hacia James una vez que lograron separarlo.- ¡Esta maldita lagartija esta entregándole a mi hijo a Voldemort!
-Recuerda Sirius... No debemos juzgar hasta el final...- le recordó Remus aunque miraba a Snape con una mirada increíblemente salvaje que parecía prometer increíbles y dolorosas torturas hasta el borde de la muerte por el resto de la eternidad si lo que Sirius decía era cierto.
Volvieron a ocupar sus lugares mientras Dumbledore los miraba entre la reprobación y la diversión. Y retomaron la lectura.
El interés de los presentes se incrementó notoriamente: algunos se tensaron, otros se estremecieron inquietos en el asiento, y todos miraron alternadamente a Snape y Voldemort.
-Con que el sábado… al anochecer- repitió Voldemort. Sus ojos rojos se clavaron en los de Snape, negros, con tal vehemencia que algunos de los presentes desviaron la vista, tal vez temiendo que también a ellos los abrazara su ferocidad.
No obstante, Snape le sostuvo la mirada sin perder la calma y, pasados unos instantes, la boca sin labios de Voldemort esbozó algo parecido a una sonrisa.
Todos en la sala, sin excepción, se estremecieron y miraron con cierta admiración al pocionista, todos sabían muy bien lo que eso significaba y era una muestra de un gran valor (o gran estupidez) mantenerle así la mirada a Lord Voldemort.
-Bien. Muy bien. Y esa información procede...
-de esa fuente de la que ya hemos hablado.- respondió Snape.
-mi señor...-Yaxley, sentado al otro extremo de la mesa, se inclinó un poco para mirar a Voldemort y a Snape, todas las caras se volvieron hacia él.- Mi señor, yo he oído otra cosa- dijo, y calló, pero al ver que Voldemort no respondía, añadió:- A Dawlish, el Auror, se le escapó que Potter no será trasladado hasta el día 30, es decir la noche antes de que el chico cumpla 17 años.
-¿Cómo a un Auror puede escapársele algo así!- interrumpió una voz indignada que para sorpresa de todos resultó ser la de McGonagall. La mujer pareció luego darse cuenta de lo que había echo porque guardó silencio inmediatamente ruborizándose ligeramente.
Snape sonrió y comentó.
-mi fuente ya me advirtió que planeaban dar una pista falsa; debe ser esa. No cabe duda de que a Dawlish le han hecho un encantamiento confundus. No sería la primera vez; todos sabemos que es muy vulnerable.
-Le aseguro, mi señor, que Dawlish parecía muy convencido- insistió Yaxley.
-Y ahí vemos el porque.-comentó tranquilamente Regulus en tono burlón, pero se calló inmediatamente al verla mirada severa de McGonagall.
-Si le han hecho un encantamiento confundus, es lógico que así sea- razonó Snape-. Yo te aseguro, Yaxley, que la oficina de Aurores no volverá a participar en la protección de Harry Potter. La Orden cree que nos hemos infiltrado en el Ministerio.
-En eso la Orden no se equivoca ¿no?- intervino un individuo rechoncho sentado a escaza distancia de Yaxley; soltó una risita espasmódica y algunos lo imitaron.
-¿Se han infiltrado en el Ministerio? Las cosas parecen estar muy mal en el futuro...- comentó con preocupación Arthur siendo secundado por un asentimiento silencioso de los demás presentes.
Pero Voldemort no rió, dejaba vagar la mirada por el cuerpo que giraba lentamente suspendido encima de la mesa, al parecer absorto en sus pensamientos.
-mi señor- continuó Yaxley-, Dawlish cree que utilizarán un destacamento completo de Aurores para trasladar al chico.
El señor de las tinieblas levantó una mano grande y blanca; el hombre enmudeció al instante y lo miró con resentimiento, mientras escuchaba como le dirigía de nuevo la palabra a Snape.
-¿dónde piensan esconder al chico?.
-En la casa de un miembro de la Orden- contestó Snape-. Según nuestra fuente, le han dado a ese lugar toda la protección que la Orden y el Ministerio pueden proporcionar. Creo que una vez que lo lleven allí habrá pocas posibilidades de atraparlo, mi señor; a menos, por supuesto, que el Ministerio haya caído antes del próximo sábado, lo cual nos permitiría descubrir y deshacer suficientes encantamientos para burlar las protecciones que resten.
-¡Maldito malnacido!- volvió a gritar Sirius intentando abalanzarse de nuevo contra Snape pero nuevamente fue sujetado por James, a quien fulminó con la mirada.- ¿¡Cómo puedes defenderlo! ¡Esta entregando a tu hijo!
-¿Y quien dijo que yo quería defenderlo?- le espetó con la mirada encendida empujándolo contra el asiento y levantándose él.- ¡Lo que yo quiero es matar a esta desgraciada serpiente con mis propias manos!- gritó siendo él quien que se abalanzaba ahora contra el hombre.
Pero un hechizo producido justo a tiempo por el profesor Dumbledore regresó a un James furioso y pataleando a su asiento. Tanto alboroto habían provocado los dos nombrados que nadie había prestado atención a los demás hasta que se escuchó un grito de dolor y todos voltearon para ver a Snape envuelto íntegramente en una llamas purpuras que hacían aparecer dolorosas llagas en su piel. Todos parecían buscar la fuente de aquel maleficio mientras que los tres merodeadores se giraron de inmediato hacia cierta pelirroja que aún tenía la varita levantada.
-Gracias Lils..- sonrió ya mas tranquilo el chico de gafas.
-Por nada...- comentó sonriéndole también amorosamente para luego voltearse y fulminar con la mirada a Snape (que había sido recién liberado del maleficio por el director y cubierto con otro que lo sanaría en pocos minutos) que bien podría haber echo que el mas valiente Gryffindor saliera corriendo.
-¡Y por eso es que te adoro pelirroja!- comentó mas contento Sirius atrayendo a la chica en un abrazo al que se amoldo fácilmente intentando tranquilizar su animo.
-Voy a tener que pedirte que te controles Lily...- le pidió amablemente el director a la pelirroja como si temiera exaltar aun mas su ya de por si peligroso humor.
-Lo intentaré profesor...- le contesto amablemente para luego voltearse y enfrentar con una dura mirada a Snape.-Pero si algo le pasa a mi ahijado por tu culpa.. Créeme Severus… Desearas no haber nacido…
El resto de los presentes en la sala guardaron silencio intimidados por la pelirroja, era increíble como una joven muchacha podía imponer ese respeto. Y el aludido se hundió ligeramente en su asiento. Después de eso la lectura continuó.
-¿Qué opinas, Yaxley?- preguntó Voldemort mientras el fuego de la chimenea se reflejaba de una forma extraña en sus ojos rojos- ¿abra caído el Ministerio antes del próximo sábado?
Una vez más todas las cabezas se volvieron hacia Yaxley, quien se enderezó y replicó:
-mi señor, tengo buenas noticias a ese respecto. Con grandes dificultades y tras ímprobos esfuerzos, eh conseguido hacerle un maleficio Imperius a Pius Thicknesse.
Los que hablaban cerca de Yaxley se mostraron impresionados, y su vecino, Dolohov-un hombre de cara alargada y deforme-, le dió una palmada en la espalda.
-algo es algo- concedió Voldemort-. Pero no podemos basar todos nuestros planes en una sola persona, Scrimegeour debe estar rodeado por los nuestros antes que yo entre en acción. Si fracasara en mi intento de acabar con la vida del ministro, me retrasaría mucho.
-si, mi señor, tiene razón. Pero Thicknesse, como jefe del departamento de operaciones mágicas especiales mantiene contactos regulares no solo con el ministro, sino también con los jefes de todos los departamentos del Ministerio. Ahora que tenemos controlado a un funcionario de tan alta jerarquía, creo que será fácil someter a los demás, y entonces trabajaron todos juntos para acabar con Scrimegeour.
-Tiene razón...- comento Frank preocupado.- Si tomaron control de alguien con un alto rango en el Mministerio es solo cuestión de tiempo para que los demás caigan…
-Roguemos porque alguien los descubra antes..- fue lo único que pudo responder Arthur que tenia a su esposa fuertemente abrazada contra su pecho.
-siempre que no descubran a nuestro amigo Thicknesse antes de que el haya convertido a los restantes- puntualizo Voldemort-. En todo caso, sigue siendo poco probable que haya conquistado el Ministerio el próximo sábado. Si no es posible capturar al chico una vez que haya llegado a su destino, tendremos que hacerlo durante su traslado.
-en ese jugamos con ventaja, mi señor- afirmo Yaxley, que parecía decidido a obtener cierta aprobación por parte de Voldemort-, puesto que tenemos algunos hombres infiltrados en el departamento de transportes mágicos. Si Potter se aparece o utiliza la Red Flu, lo sabremos de inmediato.
-no hará ninguna de esas cosas- terció Snape-. La Orden evita cualquier forma de transporte controlada o regulada por el Ministerio, desconfían de todo lo que tenga que ver con la institución.
-Naturalmente no utilizaría ninguno de esos medios para trasladar al pequeño si desconfiara del Ministerio- repuso Dumbledore tranquilamente.
-No...- gimió Remus, sus amigos lo miraron en busca de una respuesta.- Si no puede usar ninguno de esos medios tendrán que salir a campo abierto para trasladarlo... Eso es muy peligroso... -se explicó.
-mucho mejor- repuso Voldemort- porque tendrá que salir a campo abierto, y aquí será más fácil atraparlo.-miró otra vez el cuerpo que giraba con lentitud y continúo:- me ocuparé personalmente del chico. Ya se han cometido demasiados errores en lo que se refiere a Harry Potter y algunos han sido míos. El hecho de que Potter siga con vida se debe más a mis fallas que a sus aciertos.
-Me ah parecido a mi... ¿O hablaba como si él y Harry se hubiesen enfrentado ya mas de una vez?- preguntó algo receloso Regulus quien ya se había encariñado con la idea de un pequeño sobrinito. Pero nadie se animó a responder a esa pregunta y la lectura continuó.
Todos lo miraron con aprensión a juzgar por la expresión de sus rostros, temían que se los pudiera culpar de que Harry Potter siguiera existiendo. Sin embargo, Voldemort parecía hablar con sigo mismo, sin recriminar nada a nadie, mientras continuaba contemplando el cuerpo inconsciente que colgaba sobre la mesa.
-Eh sido poco cuidadoso, y por eso la suerte y el azar ha frustrado mis excelentes planes. Pero ahora ya se que debo hacer; ahora entiendo cosas que antes no entendía. Debo ser yo quien mate a Harry Potter, y lo haré.
-¿Por qué querría matar a un chico de solo 16 años?- se indignó James, todos en la sala parecían compartir su opinión y Sirius se había puesto blanco como la cera. Sin embargo Dumbledore había permanecido callado y pensativo.¿ Acaso podía ser que esto tuviera algo que ver con lo que había tenido que escuchar aquella noche?
-Es Voldemort... Nunca le importo la edad...- respondió Snape a la retorica pregunta.
-Tú cállate y agradece que todavía respiras.- cortó fríamente la conversación para sorpresa de todos el siempre tranquilo y amable Remus Lupin.
En cuanto pronunció estas palabras y como en respuesta a ellas se hoyó un gemido desgarrador, un terrible alarido de angustia y dolor. Asustados muchos de los presentes miraron al piso, porque el sonido parecía provenir de debajo de sus pies.
-Colagusano- dijo Voldemort sin cambiar el tono serio y sereno y sin apartar la vista del cuerpo que giraba-, ¿no te pedí que mantuvieras callado a nuestro prisionero?
Los merodeadores se miraron preocupados entre si.- ¡Voldemort ah atrapado a Peter!..- expreso con preocupación Remus olvidando por un momento su enojo. El resto en la sala miró con compasión al grupo, sabían lo unidos que esos chicos eran, eso debía de ser un fuerte golpe para ellos.
-si, m… mi señor- respondió jadeando un individuo bajito situado hacia la mitad de la mesa, estaba tan hundido en su silla, que a primera vista esta parecía desocupada. Se levantó del asiento y salió a toda prisa de la sala, dejando tras de si un extraño resplandor plateado.
-No... No puede ser...- expresó con un tartamudeo la pelirroja lo que todos pensaban.
-Siempre dije que esa rata no era de confianza..- comentó Regulus mirando a su hermano quien lo fulminó con la mirada mientras intentaba calmar a Lily y hacerse a la idea de que su amigo los había traicionado.
-Creí... Que era nuestro amigo...- susurró apesadumbrado James.
-Todos los creímos Prongs...- contesto con voz de ultratumba el licántropo sentándose nuevamente en su sillón abatido mientras acariciaba con una mano el cabello de la pelirroja.
-como iba diciendo-prosiguió el señor de la tinieblas, y escudriño los tensos semblantes de sus seguidores-, ahora lo entiendo todo mucho mejor. Ahora se, por ejemplo, que para matar a Potter necesitaré que alguno de ustedes me preste su varita mágica.
Lucius Malfoy levantó al cabeza. Tenía los ojos hundidos y con ojeras, el resplandor de la chimenea daba un tono amarillento y aspecto céreo de su cutis. Cuando habló lo hizo con voz ronca.
-¡mi señor!
-La varita, Lucius. Quiero tu varita.
-yo…
Malfoy miró de soslayo a su esposa. Ella casi tan pálida como él y con una larga melena rubia que le llegaba hasta la cintura, miraba al frente, pero debajo de la mesa sus delgados dedos ciñeron ligeramente la muñeca de su esposo. A esa señal Malfoy metió una mano bajo la túnica, tocó su varita mágica, y se la entregó a Voldemort, que la sostuvo ante sus ojos para examinar con detenimiento
. -dime, Lucius ¿de que es?
-de olmo, mi señor- susurró Malfoy.
-¿y el núcleo central?
-de dragón mi señor. De fibras de corazón de dragón mi señor.
-¡Fantástico!-exclamó Voldemort. Sacó su varita y comparó la longitud de ambas.
Lucius Malfoy hizo un fugas movimiento involuntario con el que dio la impresión que esperaba recibir la varita de su Amo a cambio de la suya.
-Eso va a costarle caro...- susurró Snape, pero esta vez todos estuvieron de acuerdo con él.
Voldemort percibió el gesto; abrió los ojos con malévola desmesura y cuestionó:
-¿darte mi varita, Lucius? Mi varita, ¿precisamente?- algunos rieron por lo bajo.- te eh regalado la libertad, Lucius ¿acaso no tienes suficiente con eso? Si… es cierto, me eh dado cuenta de que últimamente ni tu ni tu familia parecen felices... Tal vez les desagrada mi presencia en su casa, ¿Lucius?
-¡no mi señor! ¡en absoluto!
-Maldita serpiente arrastrada...- insultó Sirius como para no perder la costumbre ganándose de nueva cuenta una mirada severa de Minerva.
-mientes, Lucius…
La voz de Voldemort siguió emitiendo un suave silbido incluso después de que su cruel boca hubiera terminado de mover los labios. Pero el sonido fue intensificándose poco a poco, y uno o dos magos apenas lograron reprimir un escalofrió al notar que una criatura corpulenta se deslizaba por el suelo, bajo la mesa.
Una enorme serpiente apareció y trepo con lentitud por la silla de Voldemort; continuó subiendo (parecía interminable) acomodándose sobre sus hombros. El cuello del reptil era tan grueso como el muslo de un hombre, y los ojos, cuyas pupilas semejaban dos rendijas verticales, miraban fijo, sin parpadear. El señor de las tinieblas la acarició distraídamente con sus largos y delgados dedos, mientras observaba con persistencia a Lucius Malfoy.
-¿porque será que los Malfoy se muestran tan descontentos con su suerte? ¿Acaso durante años no presumieron, precisamente, de desear mi regreso y mi ascenso al poder?
-por supuesto, mi señor- afirmó Lucius y, con la mano temblorosa, se enjuagó el sudor del labio superior-. Lo deseábamos... Y lo deseamos.
La esposa de Malfoy, sentada a la izquierda de su marido, asintió con un extraño y rígido movimiento de cabeza, pero evitando mirar a Voldemort o la serpiente. Su hijo, Draco, que se hallaba a la derecha de su padre observando el cuerpo inerte que tenían sobre ellos, echó un vistazo fugas a Voldemort y volvió a desviar la mirada, temeroso de establecer contacto visual con él.
-mi señor-dijo con voz emocionada una mujer morena situada hacia la mitad de la mesa.-, es un honor alojarlo aquí, en la casa de nuestra familia. Nada podría complacernos más.
-¡Esa maldita arrastrada!- pero para sorpresa de todos esta vez la del comentario había sido Lily- ¡Cuanto te apuesto a que esta enamorada de ese maldito engendro!
-Es una maldita serpiente rastrera... Pero no creo que llegue tan lejos...- le contestó Sirius, ya que entre los merodeadores estaban mas acostumbrados a los estallidos de la chica que ante los ojos de todos era la alumna perfecta y compañera inseparable de los merodeadores aunque no parecía encajar mucho en ese grupo... Aunque para ser sinceros ya no estaban tan seguros de ese concepto.
-¿Quieres apostar?- sonrió la pelirroja.
-¡Claro!- sonrió en respuesta el ojigris.- ¡pero que sepas que vas a perder Evans!
-Ya lo veremos...- amenazó estrechando su mano para después volver a acomodarse contra el pecho de este.
Se sentaba al lado de su hermana, pero su aspecto físico-cabello oscuro y ojos de parpados gruesos- era tan diferente del de aquella como su porte y su conducta: Narcisa adoptaba una actitud tensa e impasible, en tanto que Bellatrix se inclinaba hacia Voldemort, ya que las palabras no le bastaban para expresar sus ansias de proximidad.
-¡Ja! ¡Te lo dije!- exclamó contenta extendiendo su mano hacia el chico.
-Maldita perra- protestó tendiéndole 2 galeones.- tendría que haber sabido quenada sería demasiado para ella.
-"nada podría complacernos mas" –repitió Voldemort ladeando un poco al cabeza mientras la miraba- eso significa mucho viniendo de ti, Bellatrix.- la mujer se ruborizó y sus ojos se anegaron de lágrimas de gratitud.
-mi señor sabe que digo la pura verdad
-"nada podría complacernos mas…" ¿ni siquiera lo compararías con el feliz acontecimiento, que según tengo entendido, se ah producido esta semana en el seno de su familia? Bellatrix lo miro con los labios entreabiertos y evidente desconcierto.
-no se a que se refiere, mi señor.
-me refiero a su sobrina, Bellatrix. Y también de ustedes, Lucius y Narcisa. Acaba de casarse con Remus Lupin, el hombre lobo. Y deben de estar muy orgullosos.
Todos en la sala se quedaron en un silencio sepulcral intentando procesar la información recientemente recibida, los que no sabían la condición del pelidorado lo miraron con sorpresa durante un momento mientras el se encogía en su asiento, pero apenas escasos segundos después todos llegaron a la misma conclusión, seguía siendo la misma persona, el comprensivo, dulce, leal y siempre dispuesto a ayudar Remus y le sonrieron provocando cierto alivio en le chico que concentró ahora si toda su atención en la información sobre su futuro que acababa de recibir.
Sirius apretó mas su abrazo alrededor de la pelirroja, que se había quedado muda y sus ojos se habían llenado de lágrimas; le lanzó una mirada enojada a Remus que no podía salir de su sorpresa. Todos en la sala miraron a los chicos esperando a que el desastre estallara. Era bien sabido por todos que si bien Remus y Lily no eran pareja ambos estaban enamorados desde hacia años... la excusa oficial para que el noviazgo no se concretara era que se querían demasiado y tenían miedo de que si no funcionaba su amistad se arruinase, la razón real que solo algunos pocos conocían era que Remus no quería que Lily se atase a alguien como él, la pelirroja igualmente no desistía en su intento de hacerle entender que eso a ella no le importaba, y todos estaban seguros de que ese par terminarían juntos, ¡no había otra manera! ¡Eran tal para cual! O al menos lo estaban hasta ese momento.
-Lily... Yo...- intentó hablar un confundido Remus sin saber que decir mirando a la acongojada pelirroja. No entendía nada, simplemente no había forma de que el se casara con la sobrina de Sirius. El estaba enamorado de Lily, ¡desde hacia años! Jamás le haría algo así a la pelirroja
-Me… me alegro por ti Remus..- dijo con dificultad la pelirroja levantándose y depositando un suave beso en la mejilla del nombrado que aun no salía de su sorpresa para volver rápidamente al protector abrazo de Sirius que la estrechó contra su pecho cubriendo su rostro para que nadie pudiese ver que una lágrima solitaria lo recorría en ese momento.
-Pero Lily... Yo no...- el licántropo no sabía como explicarse.
-Albus, seria mejor que siguieras leyendo.. Nos vamos a retrasar y es un libro muy largo por lo que veo...- interrumpió Alice recibiendo una mirada agradecida por parte de su amiga pelirroja, necesitaba algo de tiempo para recuperarse de esa noticia. El director asintió mirándolos algo triste y continuó la lectura.
Hubo un estallido de risas burlonas. Los seguidores de Voldemort intercambiaban miradas de júbilo, e incluso algunos golpearon la mesa con el puño. La enorme serpiente, molesta por tanto alboroto, abrió las fauces y silbo furiosa; pero los mortífagos no la oyeron porque se regocijaban con las humillaciones de Bellatrix y los Malfoy. El rostro de Bellatrix, que hasta ese momento había mostrado un leve rubor de felicidad, se cubrió de feas manchas rojas.
-no es nuestra sobrina, mi señor -gritó para hacerse oír por encima de las risas-. Nosotras, Narcisa y yo, no hemos vuelto a ver a nuestra hermana desde que se caso con el sangre impura. Esa mocosa no tiene nada que ver con nosotras, ni tampoco la bestia con que se ah casado.
-¡Remus no es ninguna bestia!- reclamaron enojados todos los presentes en la sala haciendo que el licano les sonriera agradecido. Era realmente un alivio saber que no perdería a nadie mas, que lo aceptarían aun como era.
-¿que dices tú, Draco?-preguntó Voldemort, y aunque no subió la voz, se le hoyo con claridad a pesar de las burlas y los abucheos-. ¿Te ocuparas de los cachorritos?
La hilaridad iba en aumento. Aterrado Draco Malfoy, miro a su padre que tenia la mirada clavada en el regazo, y luego buscó la de su madre, ella negó con la cabeza de manera casi imperceptible y siguió contemplando de forma inexpresiva la pared que tenía en frente.
-¡basta!-exclamó Voldemort acariciando a la enojada serpiente- Basta, eh dicho-las risas se apagaron al instante.- muchos de los más antiguos arboles genealógicos enferman un poco con el tiempo-añadió mientras Bellatrix lo miraba implorante y ansiosa-. Ustedes tienen que podar el suyo para que siga sano, contra esas partes que amenazan la salud de las demás, ¿entendido?
-si, mi señor- susurró Bellatrix y los ojos volvieron a anegársele en lágrimas de gratitud- en cuanto se presente la oportunidad
-¡Eso será sobre mi cadáver maldita perra!- escupió enojado Sirius y Remus lo miró sintiéndose algo mas seguro, era un alivio saber que al menos el chico no estaba demasiado enojado con él como para dejarlo morir, era un alivio saber que no lo quería muerto dada la situación. Sabía que era muy protector con Lily, todos lo eran ya que era la única chica del grupo, y aunque muchas veces hasta a ellos les daba miedo la pelirroja enojada también sabían que podía ser una persona extremadamente frágil.
Pero Sirius se había vuelto especialmente protector con ella después de la situación que la pelirroja había tenido que atravesar con su familia. Todos sabían las cosas que Sirius había tenido que pasar gracias a su propia familia y cuando la pelirroja empezó a sufrir el desprecio de su hermana se había vuelto extremadamente sobre protector con ella. Parecía completamente decido a proteger a la joven para que no le pasase lo mismo, desde ese momento esos dos habían desarrollado una relación muy especial volviéndose inseparables.
-la tendrás- aseguró el señor de las tinieblas-. Y lo mismo haremos con las restantes familias: cortaremos el cáncer que nos infecta hasta que solo quedemos los de sangre verdadera..
Acto seguido levantó la varita mágica de Lucius Malfoy, y apuntando a la varita que giraba lentamente sobre la mesa, le dio una leve sacudida. Entonces la figura cobro vida, emitió un quejido y forcejeo como si intentara liberarse de una invisibles ataduras.
-¿reconoces a nuestra invitada Severus?- preguntó Voldemort.
Snape dirigió la vista hacia la cautiva colgada cabeza abajo. Los demás mortífagos lo imitaron, como si les hubieran dado permiso para expresar curiosidad. Cuando la mujer quedo de cara a la chimenea, gritó con una voz cascada por el terror:
-¡Severus! ¡Ayúdame!
-ah, si- replicó Snape mientras la prisionera seguía girando despacio.
Los presentes en la sala miraron con desprecio al pocionista que no cambió en un ápice su expresión. Todos salvo unos ojos azules que lo miraban con ligera preocupación, y los ojos de su amante que intentaban transmitirle algo de tranquilidad.
Si bien Severus mantuvo intacta su típica mascara de frialdad, por dentro sintió un horrible pesar en su pecho, sabía que fuera quien fuera esa mujer, aunque quisiera ayudarla no podría, su destino estaba sellado desde el momento en que Lord Voldemort la había capturado y ya no había nada que él pudiera hacer. No quería cargar con más muertes en su conciencia "por el bien de la guerra", entendía que su papel era importante para el bando de la luz… Pero no sabía cuanto tiempo más conseguiría seguir de esa manera, cargando tantas muertes en su conciencia... Además, había algo en su actuar que no el convencía ¿Y si finalmente el poder de la oscuridad había conseguido seducirlo otra vez? ¡No! Eso no podía ser... Él ya no volvería a ser así nunca mas, Regulus se encargaría de ello, Se lo había prometido…
-¿y tu Draco sabes quien es?-inquirió Voldemort acariciándole el morro a la serpiente con la mano libre. Draco negó enérgicamente con la cabeza. Ahora que la mujer había despertado el joven se sentía incapaz de seguir mirándola-. Claro, tú no asistías a sus clases. Para los que no lo saben, les comunico que esta noche nos acompaña Charity Burbage, quien hasta hace poco enseñaba en el colegio Hogwarts de magia y hechicería.
-Pobre mi sobrino... – se lamentó Sirius.- apuesto a que siquiera le dieron jamás la posibilidad de elegir...
Se oyeron murmullos de comprensión. Una mujer encorvada y corpulenta, de dientes puntiagudos, soltó una risa socarrona y comentó:
-si la profesora Burbage enseña a los hijos de los magos y las brujas todo sobre los muggles, y les explicaba que estos no son tan diferentes de nosotros…
Un mortífago escupió en el suelo. Charity Burbage volvió a quedar de cara a Snape.
-Severus, por favor... Por favor...
-¡silencio!-ordenó Voldemort y volvió a girar la varita de Malfoy. Charity calló de golpe como si la hubiesen amordazado.- no satisfecha con corromper y contaminar las mentes de los hijos de los magos, la semana pasada la profesora Burbage escribió una apasionada defensa de los sangre impura en El Profeta. Según ella, los magos debemos aceptar a los ladrones de nuestros conocimientos y nuestra magia, y sostiene que la progresiva desaparición de los sangre pura es una circunstancia deseable. Si por ella fuera, nos emparejaríamos todos con muggles, o porque no, con hombres lobo.
-¡Maldito psicópata con aires de grandeza! Lo que dice esa mujer no es mas que la pura verdad- gruñó James por lo bajo, ganándose miradas reprobatorias de todos por interrumpir la lectura.-¡ Juro que lo odio!- aunque nadie pudo estar en desacuerdo con su comentario.
Esta vez nadie rio: la rabia y el desprecio en la voz de Voldemort imponía silencio. Por tercera vez Charity Bubage volvió a quedar de cara a Snape, mientras las lagrimas se le escurrían entre los cabellos, Snape la miro de nuevo impertérrito, mientras ella giraba.
-avada kedrabra!- un destello de luz verde iluminó hasta el último rincón de la sala y Charity se derrumbó con un resonante estrepito sobre la mesa que tembló y crujió. Algunos mortífagos se echaron hacia atrás en los asientos y Draco se calló de la silla.
-a cenar, Nagini- dijo Voldemort en voz baja.
La gran serpiente se meció un poco, y abandonando su posición sobre los hombros del señor de las tinieblas se deslizó hasta el pulido piso de madera.
-Así concluye el primer capítulo.- sentenció Dumbledore cerrando momentáneamente el libro.
-Pobre mujer…- se lamentó entre sollozos la señora Weasley.
-Si todo el libro va a ser así, no se si podre soportarlo- se expresó de acuerdo Alice quien estaba fuertemente apretujada entre los brazos de su esposo.
El resto de las personas en la habitación permanecían aun en silencio intentando asimilar toda la información que acaban de recibir. Al parecer ese futuro totalmente desconocido y lejano para ellos era terriblemente oscuro e impredecible...
