Hola! esta es mi primera historia de DGMan y la primera que subo a fanfiction. net ;P

Estoy emocionada! y espero que tenga una buena venida con los lectores.

Como quiero pulir mis pobres intentos de redacción y ortografía, agradeceré criticas y sugerencias, siempre y cuando estén bien formuladas.

También quiero agregar que tengo escrito 7 capítulos y un omake cortito, así que si tengo unos cuantos review, podría apurar la actualización ;P, que en principio serían los viernes, excepto el segundo cap. que es para apurar un poquito.

Gracias a Marizu, que me envió mi primer review jijij.

Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, sólo los utilizo para evadir el ocio.

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Capítulo 2: Dolor

Habían pasado diez meses desde que habían implementado las nuevas medidas de seguridad y protocolos en las diferentes secciones de la orden oscura, así como las nuevas implementaciones militares y redes de contactos organizadas por Levellier; temido por todos, admirado por los dirigentes. Era un demonio dentro de la organización que, buscando enfrentar la guerra contra el conde, no tomaba consideraciones ni poseía escrúpulos. Pocos sabían de los experimentos en humanos y animales para la sincronización, pero los que sabían, temblaban. Actos como secuencias de electroshock, inyección de drogas y fármacos, experimentos de capacitación física y psicológica, como también el obligar a la inocencia a encontrar un controlador, originaban muchas veces fallecimientos y en una mínima cantidad, caídos.

Era quince de diciembre y Malcom estaba revisando el papeleo de la orden, cuando se encuentra con una carpeta negra. Por curiosos que suene, era la única carpeta negra en la orden oscura. Y estaba solo dedicada a la actividad académica de Allen.

No había visto a su hijo desde que le ingresaron al hospital, hace diez meses luego del enfrentamiento con el conde. No había querido verlo convaleciente en la cama de hospital, después de verlo, pequeño y vulnerable, en la camilla que se dirigía a la sala de cirugía. Le hacía sentirse peor por lo ocurrido. Así que tampoco estuvo ahí para despedirse, luego que su nuevo tutor se lo llevara al internado. No había querido preguntar nada ni inmiscuirse en el hacer del chico en el establecimiento; desligándose de toda responsabilidad o preocupación. Pero ese día veía la carpeta sobre la mesa; debía de haberse traspapelado entre otros informes del archivador y que su secretaria incompetente había tomado y puesto en la bandeja de documentos pendientes. O quizás era alguna cosa de la intuición femenina, para hacer a uno sentir culpable y melancólico; o quizás era que había ocurrido algo por lo que debía revisar sobre la educación de Allen. Aunque se decantaba más por la opción de la incompetencia, no sería la primera vez que la mujer cometía errores, importantes o no.

Meditando sobre su curiosidad, moviendo sus dedos sobre la madera, decide revisar la carpeta.

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Se demoró dos minutos en encontrar lo que leía, lógico. Los papeles de la carpeta eran los mismos de la última vez que había revisado la susodicha, no había más documentos ni boletas de notas de rendimiento nuevas. Pero sobre el conjunto de hojas, estaba la colilla donde titulaba "Sección de ciencias y experimentación", donde se aclaraba que el joven Allen Levellier no sería ingresado en el conjunto de pruebas de los nuevos protocolos de investigación de inocencia, debió a sus problemas de salud, a pesar de estar emparentado con la exorcista Hebrelaska Levellier, ya que su debilidad física podría llevarle al fallecimiento prematuro.

Lo raro era que ahí debía estar el papel original del permiso que daba a la institución educadora de permitir la matriculación de Allen Levellier en el programa en curso, para una mejor actividad formadora de su intelecto y carácter. También se pedía una estrecha vigilancia con su salud y sus problemas físicos, ya que podrían ser un inconveniente para algunas actividades físicas.

Dos preciosos minutos pasaron para que entendiera donde estaba su hijo adoptivo.

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Allen estaba recostado en una camilla, mientras veía la habitación blanca con un sentimiento de vacío. Le habían prometido la vez anterior, que sería la última que estaría ahí; pero lo mismo había ocurrido la vez anterior, y la anterior y la anterior.

Era uno de los pocos que seguía en el programa de sincronización de su grupo; le habían dicho que los demás no habían aguantado los experimentos y se habían ido. A él le gustaría irse, pero no podía, debía hacer orgulloso a su padre al convertirse en exorcista; por eso aguantaba el dolor, las noches de insomnio por los espasmo o los ahogos nocturnos; los vómitos de sangre y las fiebres que le acosaban casi todo el tiempo. Le habían dicho en el hospital que debía cuidarse, ya que era muy débil ahora, que cualquier cosa podría desencadenar en una enfermedad grave. Pero su padre le había enviado al doctor Welmish, para que aumentara su condición física, para que estudiara dentro del programa especial del protocolo de experimentación, donde no solo se hacían pruebas en los individuos sino que también se les daban clases teóricas para ser buenos elementos dentro de la organización. Se entrenó en lucha mano a mano en diferentes estilos, como el grecoromano, jujitsu, karate y judo; también en lucha con espadas largas, curvas, katanas y dagas; recibió educación política y leyes, matemática y física, diplomacia, dialéctica entre otros. Todo con la metodología de premio y castigo, donde el primero era una buena nota, una comida caliente o un cobertor abrigado para la unidad donde dormía, y el castigo eran palizas frente a todos los estudiantes.

La vida era dura y muchas veces quiso cerrar los ojos y dormir para no despertar. Su propio cuerpo a veces también se rendía, por ejemplo su corazón dejaba de latir en medio de los experimentos de drogas aceleradoras de sincronización, o un ataque de asma cuando obligaban a una inocencia a aceptarle.

El doctor Welmish, que estaba a cargo de sus experimentos, estaba encantado con su desempeño, decía que era el mejor de todos los individuos del programa y que haría orgullosa a la familia Levellier cuando terminara con éxito el protocolo.

Pero costaba tanto seguir adelante. El dolor y la soledad consumían poco a poco el alma y la mente de Allen; el cansancio se hacía cada vez mayor y las ganas de vivir disminuían. Quizás era hora de enfrentarse a la realidad, como decía su padre: quizás no estaba hecho para ser parte de la familia y debió quedarse en el orfanato o quizás morir al nacer, ya que ni siquiera su madre biológica lo había querido.

Miró hacia su mano derecha, deteniéndose en las marcas de agujas en el pliegue del brazo, que amorataban la zona; dirigió a continuación la mirada hacia la muñeca, que estaba amarrada con unas cadenas blancas y acolchadas, que se replicaban en su otra muñeca y en los tobillos para sostenerle en caso de convulsiones al repeler la inocencia. Un sonido se escuchó fuera de su campo de visión, para ver a continuación al doctor Welmish aparecer por encima de su cabeza.

"Bien Allen ¡Hoy es el día! Por fin podremos tener una sincronización perfecta, éstas listo. Tenemos cuatro inocencias con las que podrías tener compatibilidad, así que paciencia chico, que la actividad de hoy será larga."

Una enfermera se encargó de revisar las ataduras mientras otra colocaba una almohada bajo sus cabellos blancos.

Sus cabellos, producto del estrés y los fármacos, se habían ido decolorando hasta la raíz, al igual que sus iris grises con vetas azules, ahora tenían un color plateado; los vellos de su cuerpo se habían ido en su mayoría producto de los diferentes ungüentos destinados a curar las heridas producidas por la inocencia; también tenía problemas con el frío y el calor ya que su piel se había sensibilizado, pero los ejercicios físicos y de a climatización solo habían podido darle resistencia moderada al calor, dejándole una debilidad crónica a condiciones heladas.

Su mente se había puesto a vagar mientras preparaban todo para comenzar. El miedo atenazando su estómago. Aun no habían comenzado cuando comenzó a temblar

"Todo listo, comencemos"

Abuela. Ayúdame a ser fuerte. Tengo que ser un exorcista… para que papá… me quiera.

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Malcom estaba corriendo por los pasillos de la sede central, detrás de él le seguía el encargado de la rama Europea. Cuando descubrió el error, había llamado por teléfono para ver donde estaban los laboratorios experimentales y había tomado dos días saber la ubicación exacta, ya que se encontraban en otra rama de la orden oscura.

Se dirigía a los pabellones subterráneos para encontrar a su hijo, con el corazón en la mano, cuando un fuerte sismo movió hasta los cimientos de la edificación. A su término, el encargado suspiró y comentó que ese había sido el tercero en dos días; le habían informado que el equipo de investigación estaba llevando a cabo los últimos experimentos de sincronización con uno de los individuos y que tendrían los resultados al final de la semana.

Continuaron con la carrera.

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A solo metros de la sala de investigación, Malcom Levellier se hacia un mea culpa que había comenzado en el comando central. Recordaba al pequeño bebé que había sido puesto bajo su cargo; si bien no le gustaba su tarea, las risas del chiquillo le alegraban las tardes de trabajo; no había sido un niño revoltoso y una vez que se acostumbró a sus horas de sueño ya no tenía grandes incidentes de noche; al crecer, el niño molestaba aun menos y siempre estaba con un libro en el brazo, como él mismo había estado en su infancia, para paliar la soledad y el aburrimiento. Sus maestros y tutores siempre le daban elogios por lo buen estudiante que era y sobre la dedicación que aplicaba en sus actividades. Debió darse el permiso de sentirse orgulloso y felicitar a Allen, pero muchas veces argumentó a quien estuviese presente, que era sólo la obligación del niño por ser un Levellier y que no debía de ser menos. Era un digno heredero de la familia, mejor que cualquiera de sus pendencieros primos políticos.

Su madre se lo decía, el chico tenía potencial y debía darle más cariño; que las personas se nutrían tanto de lo que aprendían como del amor de sus seres queridos. Pero no le había hecho caso por siete años, casi ocho; lo había relegado priorizando el trabajo… aun cuando realmente era su hijo biológico.

Sí. El correcto Malcom C. Levellier había roto su juramento de celibato, al encamarse con una chiquilla de dieciocho años que había conocido en una fiesta. Era la amante de un rico comerciante cincuentón que le había hechizado con sus ojos azul-grisáceos y cabellos miel. Era su única acción contra la moral que había realizado en su vida, de la que nació Allen.

Su madre, astuta como zorro, había descubierto su desliz y le había encargado a su propio hijo. La información de la madre de la criatura estaba en la carpeta que le había entregado esa lejana mañana en su oficina, donde no podía hacer un escándalo por el descubrimiento. Lady Ellisabet le había acorralado.

Y ahora, su hijo estaba a solo pasos en frente, amarrado a una camilla cubierta de sangre con un brillo de una inocencia activada en su pecho. Y sus signos vitales en descenso.

"Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii …"

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El experimento fue un éxito, Allen fue aceptado por la inocencia. Pero su cuerpo no había podido resistir la presión que ejercía el poder del arma anti akuma. Sobre todo cuando fue aceptado tres veces por tres inocencias diferentes.

Ahora estaba en coma en el hospital de la orden oscura de la sede Europea, con un mal pronóstico de supervivencia y aun menor pronóstico de despertar.

Malcom estaba sentado al lado derecho de la camilla, viendo subir y bajar el pecho del joven peli blanco. Los pitidos de las maquinas que revisaban sus signos vitales eran casi una bendición. Casi.

El sonido ponía nervioso al hombre, pero mostraban que Allen estaba estable dentro de su gravedad.

Lo habían puesto en observación, mientras se hacían las muestras de sangre para saber el verdadero estado de su cuerpo; ya que las inocencias podrían haber dejado residuos en su sistema.

Era veinticinco de diciembre y un niño de ocho años estaba acostado en la camilla, sin mostrar cambios ni indicios de despertar.

Continuará...

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Es el capi más escrito que tengo escrito, sorry. pero no se me ocurrió como alargarlo más sin que parezca tedioso.

Nos leemos en el próximo...