Título: Cinco veces que Garrus abrazó a Shepard (y una que no lo consiguió).
Fandom: Mass Effect.
Personajes: Garrus/Shepard.
Palabras: 920.
Advertencias: spoilers del DLC La Llegada.
Notas:para la petición de Amanda Beicker en el fandomfest. Éste está situado después de La Llegada y ME2.


II. Pequeños gestos.

La visita del almirante Hackett a la Normandía SR-2 no había pasado desapercibida para nadie. Después de lo sucedido con la doctora Kenson y el Proyecto, por escasos que hubiesen sido los detalles de Shepard, a Garrus había algo que le daba mala espina en todo ese asunto. Un sistema entero había sido destruido, llevándose con él miles de vidas de las colonias batarianas. Garrus no quería ni imaginarse lo que tuvo que pasar por la mente de Shepard después de todo lo sucedido: la inminente invasión segadora, el secuestro de la doctora, y luego tener que elegir el destino de aquellas colonias.

En esos momentos, Garrus quería darle una patada en la entrepierna a todo el maldito universo. Esa mujer se había sacrificado por toda la galaxia, y no sólo metafóricamente; había estado al lado de cada uno de los hombres y mujeres bajo su mando; había estado con él hasta el final cuando la vida de Sidonis pendía de un hilo, y le había ayudado. No conocía a nadie que hubiese actuado como ella a cambio de nada. Y a pesar de eso había tenido que verse ante la tesitura de elegir entre la vida y la muerte de otros más de una vez, como lo sucedido en Virmire, y ahora la historia se repetía a escala mayor. El destino parecía disfrutar poniéndola en situaciones límite. Sobre su espalda pesaban las vidas de sus compañeros de Omega; no quería imaginar cómo era tener el peso de la muerte de miles de vidas, aunque todo el mundo reiterase que no era su culpa y que fue la decisión correcta.

Shepard no le había llamado por el comunicador en ningún momento; pero Garrus tuvo la valentía suficiente como para presentarse en su camarote. Cuando EDI verificó que Shepard le concecía permiso, Garrus entró en la habitación y la buscó con la mirada. Apoyada contra el escritorio y cruzada de brazos, Shepard le recibió con gesto serio y adusto.

—Me he enterado de lo del almirante. Shepard, sólo quería saber cómo… —titubeó; no sabía cómo terminar la oración. No creía que nada de lo que pudiese decir fuera de mucha ayuda.

—Todavía no sé cuándo, pero habrá un juicio en la Tierra y tendré que presentarme llegado el momento. Eso es todo —dijo, encogiéndose de hombros. Bajó la mirada, cansada—. Ahora no debemos preocuparnos por eso. Con la nave recolectora fuera y habiendo retrasado a los segadores, aún podemos prepararnos para lo peor. No debemos desperdiciar todas esas vidas por nada.

—Shepard, no tienes que darme el discurso que soltarías delante de la tripulación —atajó Garrus, con mayor seguridad que antes—. He venido porque estaba preocupado por ti. —Hizo una pausa breve en la que sus ojos se movieron inquietos por la habitación—. Estoy aquí para lo que necesites, Shepard —finalizó, aproximándose hacia al escritorio.

Ella alzó la vista. Un esbozo de sonrisa apareció en sus labios.

—Lo sé, Garrus. —Se revolvió, extrañamente indecisa; como si quisiera por una vez expresar lo que sentía, sin éxito. Shepard tenía una personalidad fuerte, una coraza indestructible alrededor de ella. No lloraba porque había aprendido tan bien a controlarlo que simplemente había dejado de hacerlo; y sin embargo, Garrus vio el cansancio y el destello en las pupilas esa vez como no lo había visto antes.

Se mordió el labio, un gesto que Garrus no sabía bien cómo interpretar pero que creyó entender. Acortó la distancia que les separaba y agachó la cabeza hasta quedar cerca del rostro de Shepard, manteniendo una distancia prudencial.

—No tienes que hacerte la dura ahora, ¿vale? —Le rozó la mejilla con una de sus manos—. Prometo no decírselo a nadie.

Shepard escondió el rostro detrás de una de sus palmas y le propinó un golpe cariñoso en el pecho.

—No seas bobo —añadió, con el leve sonido de una risa cortada.

—Lo siento, Shepard, no soy muy bueno en esto. —Dejó escapar un suspiro mientras se masajeaba el cuello, la mirada algo cabizbaja—. Sólo quiero ayudarte.

Ninguno dijo nada; el silencio hizo que Garrus se sintiera más incómodo todavía. Quería aliviarle el daño de cualquier forma, pero era incapaz de hacerlo. Nunca había sido especialmente bueno con las mujeres, ni demasiado acertado en los momentos difíciles. No tenía palabras reconfortantes por mucho que lo intentase.

—Un abrazo será suficiente. —Finalmente, Shepard rompió el hielo. Apartó la mano de su rostro y le lanzó una sonrisa leve. Le estaba llamando con la mirada.

—Oh, claro. —Garrus tampoco reaccionaba tan deprisa en ciertas situaciones fuera del combate, así que el mensaje de Shepard tuvo que pasar por su mente varias veces antes de que por fin su cuerpo empezara a moverse. Un abrazo, claro. Tendría que haberse dado cuenta antes de algo tan simple.

Le rodeó la cintura con los brazos delgados, dejando que el calor de su cuerpo suave le llenase. Ella subió los suyos hasta acomodarlos en sus hombros estrechos; los dedos se deslizaron por su nuca; hundió el rostro entre el cuello y la coraza natural que le rodeaba, acomodando sus anatomías tan distintas pero que parecían completarse a la perfección. Shepard aspiró profundamente y dejó escapar todo el aire con tranquilidad; sus músculos se relajaron y la tensión comenzó a desaparecer poco a poco.

En ese instante, Garrus pensó que no siempre era necesario frustrarse por no encontrar palabras de consuelo que no parecieran vacías; a veces, en los peores momentos, todo se reducía a los pequeños gestos como aquél.

-fin-