Aclaración: personajes de la fabulosa J.K.Rowling.


Snape les llevó a una habitación en una de las torres prohibidas y los situó frente a una puerta.

- La contraseña de ahora es "Melcior". Cuando entren se les pedirá que la cambiéis y a partir de entonces la puerta sólo se abrirá cuando sus voces digan la contraseña que hayan elegido – les explicó.

Después desapareció.

Dijeron la contraseña y entraron. Cambiaron la contraseña a "Howarts". Se encontraban en una habitación bastante amplia con baño. En cada lado había dos grandes camas, una con sábanas rojas y la otra con sabanas verdes. En el centro había una mesa y al lado de la ventana un escritorio dividido en dos. Sus maletas ya estaban en sus respectivos sitios y sus ropas en los armarios situados al los lados de las camas.

Durante una semana entera Hermione no pronunció palabra. Draco iba y venía de clase pero ella se dedicaba a estar tumbada en la cama o mirando por la ventana.

- ¿De verdad piensas estarte el mes o lo que estemos aquí callada? – le preguntó Draco un Sábado que no tenían nada que hacer.

Hermione le miró desde su cama.

- No, pero si no tengo con quien hablar… para que molestarme en hacerlo ¿eh? – repuso.

- ¡Ah! Perdón por haber pensado que yo era alguien – anunció Draco.

- Contigo no tengo de que hablar así que… estoy igual. Si tengo a alguien pero no el tema difícilmente podremos hablar – contrarrestó Hermione.

- ¿Por qué no me dices que sientes estando obligada a estar con un hombre sola en una habitación? – le preguntó Draco seriamente.

Hermione se quedó petrificada, sin saber que decir.

- Recuerdo que cuando iba a despertar a mi hermana me decía que le daba asco estar en la misma habitación que un hombre, aunque fuese yo – recordó el rubio – también me decía que no la tocase para nada, aunque viese que se estaba muriendo – añadió retorciéndose las manos.

Hermione se había acercado y se sentó en la cama del rubio, al lado de él.

- Pues… yo siento más o menos lo mismo. Pero me reprimo porqué sé que todo esto lo ha armado McGonagall y sé que ella no haría nada que perjudicase a ninguno de sus alumnos… - reconoció la castaña a pesar de parecer un poco pelota.

El rubio se la miró con una mueca un tanto graciosa en la boca.

- ¿Qué miras? – intervino Hermione.

- Porqué a pesar de todo sigues siendo tan boba como siempre – respondió el rubio maliciosamente aunque sin pretender herir.

Hermione abrió los ojos como platos y sin saber como cogió un cojín y se lo lanzó a la cara a Draco. Éste la miró muy sorprendido por lo que acababa de hacer, aunque al ver que la castaña había comenzado a dormir contraatacó. La pelea de cojines duró horas. Lo malo es que al acabar tuvieron que recoger todas las plumitos y arreglar los cojines descosidos. Aquella noche Hermione durmió por primera vez sin pesadillas. Estaba tan cansada que se tumbó en la cama y se quedó completamente dormida.

- Hermione, me voy a clase – escuchó que Draco le susurraba.

La castaña se despertó a la hora de la comida.

- ¡Hey! Dormilona, es la hora de comer – le dijo el rubio.

Los días pasaron y ellos cada vez se hacían más y más amigos. Cada vez se confiaban más cosas el uno al otro.

Llegó un Sábado de excursión y ellos dos fueron los únicos que se quedaron. Draco bajó a por el desayuno y la comida porque, a pesar de que los de su curso no estaban, ella no se atrevía.

Aquella tarde se la pasaron hablando de gilipolleces. En realidad Hermione había conocido durante aquellos días a un nuevo Draco Malfoy, al que le cansaba que todo el rato la gente le estuviera adulando por ser un Malfoy, un chico que estaba hastiado de la gente superficial que le rodeaba.

- ¿Y por qué no te muestras tal como eres? – le preguntó Hermione.

- ¿Te crees que me respetarían si fuera por ahí hablando con todos? Me han educado a odiar a unos y juntarme con otros… Eso no lo puedo cambiar – se quejó el rubio.

- Bueno… yo soy una de las que debes odiar y bien que estamos hablando aquí tan tranquilamente – afirmó Hermione.

Draco la miró un poco confuso. Era verdad, ahora se sentía mucho mejor que con los que habitualmente le rodeaban. Ahora estaba realmente a gusto y no tenía que fingir. Sin querer se había quedado mirando a Hermione medio embobado. Salió de su trance cuando vio que la chica se sonrojaba después de varios intentos fallidos de despertarlo.

- Me voy a dar una vuelta – dijo saliendo de la habitación.

Paseó largo rato por los terrenos. Entonces se puso a llover y a tronar. El rubio se resguardó en uno de los grandes árboles para ver si la tormenta amainaba pero a la media hora de no hacerlo decidió volver.

Hermione había estado todo el rato estudiando pero en cuanto comenzó la tormenta y se vio sola todas sus pesadillas volvieron al ataque. Se veía cogida por los tres mortífagos y en su cabeza se repetían cada dos por tres los instantes que pasó. Se agachó al lado de la pared, tapándose las orejas con las manos y apoyando la cabeza en las rodillas. Comenzó a temblar y a llorar y con cada trueno se agachaba aun más.

Draco la encontró en ese estado lamentable y corrió hacia ella. Pero no sabía si cogerla o no. Aunque no tuvo que pensar mucho puesto que Hermione se tiró a su brazos. El rubio la alzó y la llevó a la cama. Hermione le pidió que durmiera con ella mientras duraba la tormenta aunque cuando despertaron seguían tan abrazados como cuando se durmieron.

Aquel Domingo se dedicaron a pasear por los terrenos. Hermione fue un momento a la sala de Griffindor y como esperaba, Ron y Harry le habían dejado los deberes detrás de una de las plantas que por allí había.

- ¿Te piensas pasar todo el día haciendo deberes? – le preguntó Draco cuando volvió.

- Sí, no quiero ir atrasada – respondió la castaña.

El rubio se levantó y ágilmente le quitó el libro a la chica. Ésta se levantó y comenzó a saltar para cogerlo, lo malo es que no alcanzaba. Decidió tirarse encima para poder llegar a él pero sólo consiguió que el rubio cayera y ella quedara encima. Un agradable olor a menta procedente del cuello del chico le llegó a la nariz. Ambos se quedaron quietos. Hermione notó como las piernas del chico temblaban ligeramente y comenzó a respirar un poco más deprisa cuando el rubio colocó sus manos en su espalda, acercándola a él.

- Dra… co - intentó decir, pero se calló al ver la cercanía de los labios del muchacho.

Draco había parado porque notaba demasiado tensa a la castaña. No sabía si seguir o no pero la chica siguió por él. Sus labios se rozaron durante un rato y luego el beso se intensificó. El rubio se levantó, alzó en volandas a la castaña y la estiró en la cama.

Estuvieron besándose toda la tarde sin llegar a más, tan sólo algún pequeño roce leve pero nada más. Hermione no sabía si quería dar el paso después de lo pasado o no y Draco quería que fuese Hermione la que decidiera, no quería que pareciese como si él la estuviese forzando. Los días pasaban de esa forma. Los dos pasaban horas besándose, acariciándose, sintiéndose el uno al otro sin llegar a más.

Llevaban ya un mes y medio allí y McGonagall pensó que ya era hora de que volviesen a "la vida normal" y así se les anunció. Aquel Lunes era la última noche que pasaban allí.

Eran las nueve ya, ambos estaban cenando, aunque en completo silencio. Sabían lo que significaba aquello. Se habían acabado sus tardes de pasión, sus charlas sobre tonterías. Tendrían que volver a ser completos desconocidos, enemigos.

Aquella noche Hermione se desveló a las dos de la madrugada. Durante todos los días había estado pensando en lo ocurrido, en como Draco se retenía para no obligarla a nada. Se levantó poco a poco y se dirigió firmemente a la cama de Draco.

- Draco… despierta – le dijo.

El chico, que no estaba casi dormido se dio la vuelta. No entendía que hacía Hermione pero algo le hizo cogerla y colocarla debajo de él. Su mano bajó hasta el muslo de la chica y su boca se centró en su cuello. Iba a hacerlo lo mejor posible, suave, con ternura y cariño. Hermione también puso de todo su ser. Ayudó a Draco en todo lo que pudo. Cuando el entraba ella lo cogía de los hombros y se apegaba más aun.

Aquella noche se hizo su mujer… La mujer del enemigo, aunque para ellos, esos días serían los mejores de su vida.

Al día siguiente McGonagall advirtió el cambio en Hermione.

- Veo que has hecho muy buenas migas con Draco, Hermione – le dijo.

La castaña enrojeció como un tomate y la profesora se rio.

- La habitación estará disponible mientras alguien vaya a ella. La tenéis disponible pero… cuidado con lo que hacéis – le susurró a Hermione.

A la chica se le iluminaron los ojos y como no tenía nada que hacer y sus compañeros estaban entrenando se fue corriendo a la habitación. Allí la esperaba Draco, tumbado en la cama con la camiseta abierta.

- ¿Cómo es que no estás entrenando? – le preguntó la castaña.

- ¿Cómo es que no aprovechas el entreno de tus amigos para estudiar? – le devolvió el rubio.

Ambos sonrieron.

- He dicho que estaba malo – dijo Draco.

-He dicho que estaba mala – dijo Hermione.

Hermione se tiró en brazos de su amado pero éste la apartó y la miró francamente a los ojos.

-Hermione... Todo lo ocurrido es culpa mía... - le dijo.

-¿Qué estás diciendo Draco? - preguntó la castaña confusa.

-Me refiero a que Pansy se enterara de lo que te pasó. No te veía con Ron y Harry y tampoco venías a las clases así que cuando McGonagall hizo que tus amigos fuesen a la enfermería cogí una de las orejas escuchalotodo de los hermanos Weasley... Escuché todo, lamentablemente no me había dado cuenta que Pansy se había escondido en mi armario... Njo sé como se lo armó para entrar en la habitación pero lo hizo... Y entonces dijo que lo diría a todo el mundo... - explicó el rubio sin mirar a Hermione, pues temía que reciviera una mirada de odio profundo.

Pero entonces sintió unos brazos alrededor de su cuello. Hermione le abrazaba dulcemente.

-No pasa nada, tú No eres el culpable de lo que hizo Pansy... además... si ella no lo hubiera hecho no te habría conocido tal como eres y no habría tendo oportunidad de vivir contigo y divertirme tanto – le dijo.

Draco la cogió como había hecho el primer día y la estiró sobre el lecho.

Se abrazaron y pasaron allí horas enteras de pasión, como habían hecho hasta aquel día, como harían a partir de entonces.


FIN

Espero que os haya gustado, a mi al menos me ha encantado escribirla .