El short de su pijama estaba ligeramente alzado, permitiendo que Adrien y a Plagg vieran el corte de su pierna.

—Plagg —Llamó el rubio la atención de su pequeño amigo —¿Cómo voy a transformarme ahora?

Preguntó con genuino temor. Pensando en las clases de esgrima, el basketball, el modelaje y todo lo demás. Actividades que eran parte de su día a día y que ya no podría realizar.

Un par de golpes fueron dados en la puerta, asunto que molesto al rubio que había pedido no ser molestado.

—¿Quién es? —Quiso saber antes de permitir el acceso a la habitación.

—¿Adrien? —La suave voz de la chica fue reconocible a pesar de lo bajo que había hablado. Alterandolo ligeramente.

Realizó un movimiento de cabeza para que Plagg volviera a esconderse en el tapanco, cubriendo su pierna de nueva cuenta, incómodo.

—Pasa Marinete.

La chica entró con una pequeña cesta entre sus manos, la cual extendió al varón cuando se encontró a su lado.

—Tu padre me dijo que ya habías despertado. Te preparé un quiché.

La cesta de mimbre temblaba entre las manos de la fémina, Adrien la tomó para dejarla sobre la cama antes de extender los brazos a la chica que se veía genuinamente alterada, igual que él.

La chica gimió en medio del llanto antes de abrazarlo con fuerza, él afianzó su agarré en el cuerpo contrario, sintiendo que se ahogaba.

—No sabes lo feliz que estoy de que estés aquí —Dijo Marinette al ser incapaz de decir sus verdaderos sentimientos.

—Yo también lo estoy, Marinette.


La rehabilitación había sido dura, pero no imposible de sobrellevar. La esperanza de que podría llegar a caminar de nueva cuenta con ayuda de una prótesis hacía que todo el dolor valiera la pena.

Aún así era difícil.

Las clases habían continuado en casa durante esa temporada, pues su padre estaba negado a dejarlo salir de nueva cuenta hasta que se encontrara fuerte.

Si por él fuera Adrien no volvería a salir de casa, dado el temor a que pasara algo que lo alejara de él para siempre.

Pero iba a tener que aceptar que regresara a la escuela. Después de todo los doctores sugerían el regreso a una vida normal tan pronto como fuera posible después de una situación así para mantener el estado anímico saludable.

Por fin llegó el día en el que se le permitiría usar una sofisticada prótesis para moverse por la casa, la mejor que el dinero podíacomprar.

Aquella era su mejor opción si quería mostrarle al maestro Fu que todavía podía defender París.

Nino estuvo toda esa tarde con él, sosteniéndolo cada vez que estaba a punto de perder el equilibrio.

—No te sobre esfuerces, viejo —Le decia el moreno, sin saber que tenía que hacerlo.

Hawk Moth se había mantenido inactivo pero no iba a ser así por mucho tiempo.


—No tienes que dejar de ser Chat Noir si estás dispuesto a continuar —Le había dicho Fu cuando por fin se conocieron —Pero sería importante que se lo digas a Ladybug, es tu compañera. Tu dependes tanto de ella como ella depende de ti.

—Pero nosotros...

—Estoy al tanto de que sus identidades aún son secretas, no estoy diciendo que faltes a ese acuerdo. Sólo que, has pasado por algo difícil y es normal que algo así te deje secuelas.

—¿Usted cree que es sensato que continúe?

—El único que define tus límites eres tu, hijo.

—Gracias, maestro Fu.


Adrien pasó aquella tarde pensando en cómo decirle a Ladybug lo que había pasado, pero cada idea que cruzaba su cabeza era peor que la anterior.

Quizás era su culpa, no se le ocurría decirlo de una manera que no fuera una broma.

—¿Por qué tanto embrollo con esto? —Quiso saber Plagg, que se mostraba más tranquilo al saber que Adrien seguiría siendo su portador.

—Tengo miedo —Aceptó cabizbajo y en un tono bajo de voz.

—¿A qué?

—¿Y si ella piensa que ya no valgo para ser su compañero?

Plagg se acercó a él, restregando su mejilla contra la suya.

—No creo que ella piense que eres menos por esto, pero si creo que se preocupara por tu bienestar.

—Viste esos vídeos conmigo, Plagg —Se apresuró a debatir.

—Sí, la tecnología humana a avanzado mucho Adrien. Pero esas personas corren y saltan. Tu lucharías por tu vida.

—¿Tu tampoco quieres que siga con esto?

—Lo que digo es que no quiero perderte, chico.

La programación habitual cambio abruptamente, las noticias mostraron lo que Adrien tanto había estado esperando.

Alerta akuma.

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