Capítulo 1: Youkai High School

El camino estaba lleno de adolescentes de edades comprendidas entre 16 y 18 años, los cuales algunos se dedicaban a conversar entre ellos, otros por su parte andaban con caras de fastidio y aburrimiento total hacia un lugar, como prisioneros resignados a la cárcel. Y es que de esa forma, algunos lo denominaban de esa manera, ya que un internado con solo pocos meses de permiso para volver a casa¿no era acaso una prisión?

Para los medios de transporte había un camino compuesto por un carril para cada sentido, por lo que para aquellos jóvenes les resultaba tranquilizador sin la necesidad de tener que vigilar sus espaldas constantemente para que ningún vehículo les atropellara como ocurría en otros institutos.

El camino por donde andaban los adolescentes estaba limpio y no había rastro de suciedad ni objetos tirados por el suelo. El olor a hierba fresca impregnaba en las narices de los alumnos. A ambos lados, había vegetación donde la estación de primavera se hacía presente en aquellas flores de distintos tipos y colores que dejaban a más de alguna joven asombrada por el buen cuidado que se encontraba cerca de un prestigioso instituto privado de gran categoría donde se decía que de ahí salían las mayores y mejores figuras tanto del deporte como de las distintas profesiones laborales.

Ese era el instituto conocido como Youkai High School.

El edificio residencial estaba conectado a través de un pasillo con el instituto que constaba de cinco pisos y un enorme portalón de cuatro puertas. La fachada era de color azul plateado, mientras que el tejado era rojo carmesí donde en el centro había un gran reloj.

La residencia para los estudiantes era de piedra ambarina. Estaba distribuida en cuatro bloques a simple vista cada una con pequeñas ventanas, a excepción de la planta baja que era reservada como el lugar del ocio para pasar el tiempo con otros compañeros, ver la televisión entre otras actividades. En la planta superior se encontraba la ubicación de las habitaciones de los profesores los cuales sus ventanales grandes destacaban entre los pequeños cuadros y que algunos eran tapados por el frondoso árbol de sakura.

Atrás de la escuela se encontraba otro edificio color jade donde en lo alto de todo habían tres pequeñas ventanas. Al lado de aquel edificio había una enorme reja donde de frente no se podía distinguir el impresionante campo de deportes y que había sido construido con la intención de que los balones no rompieran alguna ventana ya fuera del colegio o de la residencia.

Los coches, la mayoría de tipo BMW o Mercedes, circulaban hacia un garaje de dos plantas situado a unos metros del edificio escolar donde al lado había una cuadra de caballos y su lugar para poder practicar la hípica o el váter polo sin mayor problema.

Era demasiado lujoso aquel instituto. Solo alumnos de familia adinerada o destacados en el deporte podían acceder a semejante lugar, incluso jóvenes pertenecientes a la clase baja. Hasta alumnos influenciados por los directores de otros centros escolares de secundaria.

-Sango, Sango-chan, mira que flores más bonitas. –dijo una de las jóvenes completamente entusiasmada acercándose a uno de los arbustos y oliendo su delicioso aroma.

-vamos Kagome-chan, no podemos entretenernos. Ya disfrutaremos del paisaje cuando estemos acomodadas.

Kagome sonrió. Su mejor amiga estaba en lo cierto. Tenían tres largos años para disfrutar de aquel lugar. Tres interminables años donde tendría que esforzarse más de la cuenta. Su familia había trabajado mucho para poder pagarle la estancia en aquel instituto.

La verdad es que a la chica llamada Kagome no le agradaba para nada la idea de ir a un instituto de semejante prestigio, pero no le había quedado otra opción cuando su mejor amiga desde secundaria, Sango, había dicho que iría al mismo instituto que su hermano mayor, Kohaku.

Al contrario que ella, su familia era una de las más ricas de la región por la profesión de su padre en ventas de objetos antiguos muy valiosos como espadas, armaduras entre otras.

Eso le había sorprendido cuando se lo había confesado hace años. Aunque su mayor asombro era que una chica como ella, atractiva y rica asistiera a una escuela secundaria pública, en vez de a una privada. Pero eso la aliviaba porque de lo contrario no la habría conocido. Además con su belleza y carácter atraía a decenas de chicos. También era una chica muy segura de sí misma que provocaba la admiración entre las chicas.

No quería decírselo, y mucho menos reconocerlo, pero sentía envidia de su mejor amiga. Mientras que Sango era el centro de atención de todos, ella se sentía en ocasiones excluida por su apariencia de preadolescente, la imagen que se veía frente al espejo. El reflejo de su persona tanto en físico como en carácter.

-¿Kagome? –llamándola confundida viendo tristeza y una extraña sonrisa adornada en su expresión.

-¡Oh sí¡En marcha! –dijo enérgicamente pero con un matiz de despiste.

Emprendió nuevamente el camino, pero algo la detuvo en seco. Un perfume muy agradable y embriagante. Era el mismo olor que desprendía los jazmines. Era extraño, ya que solo en el norte se cultivaba aquella flor. Curiosa se volteó hacia el lugar donde había observado antes y al otro lado de aquellos arbustos a una corta distancia, vio a una mujer muy elegante de cabello como la noche que le llegaba hasta el suelo, ojos dulces, ataviada con un precioso kimono rosa y tonos amarillos dándole un aire de princesa.

Kagome quedó hipnotizada por la belleza de aquella mujer que recogía distintas flores al mismo tiempo que tarareaba una preciosa melodía al son del cantar de los pequeños pajarillos blancos que volaban alrededor de ella.

Algo la dejó boquiabierta, ya que no sabía si eran alucinaciones suyas, el que viera de pronto el baile de los pétalos de sakura alrededor de ella, dejándolo como un cuadro precioso. Como la típica imagen de una preciosa mujer y darle ese fondo tan deslumbrante que solo la pintura lograba plasmar. Parecía que aquella escena estuviera preparada de antemano para que la joven pudiera contemplarla en el momento y lugar adecuado.

-¿Kagome? –volvió a llamar Sango, cerca de ella ya un poco preocupada por su actitud.

-Sango-chan, -mirándola como si hubiese visto a un fantasma- ¿has visto a esa...? –señalando al espacio donde había visto a la dama, pero se desconcertó al no ver nada- pero...

-¿qué pasa?

-no. Nada. –suspirando con fuerza y caminando hacia su nuevo instituto "¿habrá sido una ilusión?" pensó confusa.

---

-¡no quiero! –gritaron a coro las voces de un adolescente y un hombre casi idénticos en el físico frente a otro hombre que con la ayuda de otro de constitución baja le ayudaba a ponerse la vestimenta para la ocasión.

El joven y el hombre se miraron sorprendidos de contestar los dos igual y al mismo tiempo. Enfuruñados giraron sus rostros como dos niños pequeños ante la risa divertida del tercer hombre.

-como se nota que os parecéis. –dijo el hombre con la sonrisa aún en su cara. Estaba con los brazos en cruz para que el cuarto hombre que debido a su corta estatura estaba subido a un taburete para ponerle el obi correctamente- mis queridos retoños. –agregó sonriendo más ampliamente- ¿no opinas lo mismo Jaken? –mirándolo.

El pequeño hombre lo miró con espanto, luego a sus hijos donde uno especialmente tenía una mirada fría y calculadora sobre su figura.

-ah señor. –con un nerviosismo delatador. Sabía como eran ambos hijos si se ponía de parte de uno o del otro y tendían a tomarla con él más tarde, por lo no le quedaba otra solución que ser imparcial- disculpe, no estaba atendiendo a la conversación. Este obi estaba descosido y ya sabe. –riendo como un idiota al haber dicho una excusa tan patética.

-vamos amigo. El grito de mis dos preciosos hijos se ha escuchado hasta fuera del instituto. Tan tercos, tan parecidos a su señor padre, tan... –suspirando burlonamente.

-padre, no haga bromas pesadas. No tienen ninguna gracia. –cortó harto el hombre mayor. Al igual que él, vestía un yukata blanco pero con flores rosas en el lado derecho de su hombro- además¿qué me voy parecer a este inmaduro? –señalando al chico que tenía a su lado.

-¡¿a quién llamas inmaduro¡¿Tú amargado de la vida?! –le atacó verbalmente el adolescente. A diferencia de ellos, vestía el uniforme del instituto que consistía en un pantalón gris, camisa blanca, corbata floja azul oscura y chaqueta celeste.

-que poco me importa ser aburrido, tengo 34 años. No soy un idiota que anda saltando como una mona de allá para acá como cierto 'medio' hermano que tengo al lado. –mirándole fijamente con una sonrisa llena de superioridad.

-¡¿acaso me estás insultando?! –poniéndose en posición de ataque, el otro cerró los ojos sonriendo todavía más, provocando que el menor se sintiera más ofendido- ¡papá! Dile algo a Sesshomaru. Se está metiendo conmigo –dijo con el mismo tono que un niño mimado.

-ay Inuyasha que infantil llegas a ser a veces. –dijo Sesshomaru con gracia.

-¡¿quieres que te deje sin dientes?! –preguntó volviendo a ponerse en posición de ataque con el puño preparado para cumplir con su palabra.

-¿quieres que se te abra un expediente por atacar a tu tutor? –le dijo con inocencia.

-¡papá! –llamó a su padre desesperado en busca de ayuda.

Una pequeña risa se escuchó en el lugar, y a aquel despacho, apareció la mujer que Kagome había visto cargando un ramo de flores silvestres.

Sesshomaru al verla, frunció el cejo y miró al frente con los ojos cerrados.

-a eso se le llama cariño fraternal. –dijo la mujer colocando aquel ramo en un jarrón de porcelana vacío que había en una mesita.

-¿cariño? –repitió Sesshomaru con sarcasmo- Izayoi será una broma ¿no? Yo no le tengo cariño a nadie. –dijo fríamente- solo sales lastimado y con ello pierdes un tiempo precioso.

-eso lo dices ahora hijo. –dijo su padre ya alistado y encarándose manteniendo todavía esa sonrisa- ya verás como alguien derretirá ese bloque de hielo que pretendes dar a todos sin excepción. Estoy convencido de que aparecerá una adorable jovencita que entrará a tu vida y pasarás de un 'Bulldog' a un cachorrillo domesticado.

Esas palabras hicieron enfurecer más a al mayor que lo miró desafiante, jurándose a sí mismo que eso jamás ocurriría por su orgullo y para no darle la razón.

-vamos papá, es inútil. Sesshomaru ya ha pasado la flor de la juventud. No está para vivir el amor a sus '34 años'. –insultándole con demasiado descaro- y si llegase a enamorarse, cosa que dudo, -dejando muy claro aquel hecho como imposible- ninguna chica conseguiría durar más de tres meses con él por su carácter insoportable. –finalizó Inuyasha con burla.

-¿y qué hay de ti? Con tu carácter inmaduro¿cuántas chicas te han dado ya calabazas¿Quince, veinte? –sacándole un gruñido ante tal verdad- Querido hermanito, como sigas así, acabarás solterón y sin vivir ninguna experiencia amorosa. Yo aunque no haya durado 'más de tres meses' por lo menos sé lo que es estar con una mujer.

-¡maldito prepotente!

Y antes de que una nueva discusión comenzara entre los dos hermanos como era el pan del día, alguien tocó a la puerta, entrando un hombre de avanzada edad, medio calvo y con una barba larga blanca vestido con un pantalón turquesa y camisa blanca.

-Inutaisho-sama, los alumnos han llegado y les están esperando en el auditorio para que dé la típica charla. Ya sabe, esa aburrida que da todos los santos años. –dijo despreocupadamente.

-gracias Saya-dono, -contestó amigablemente- ahora mismo vamos. Reúne a todo el claustro de profesores y que se dirijan allí de inmediato.

-entendido señor. –abandonando el despacho.

-y ahora vosotros dos, –dirigiéndose a sus dos hijos cambiando su aire bonachón a otra amenazante- por vuestro propio bien, espero que os portéis bien frente a los demás y eso incluye los tres años de curso que compartiréis como profesor y alumno¿me he expresado con suficiente claridad?

-sí, padre. –contestaron al unísono ya resignados.

-no hay duda de que siendo hijos de distinta madre se parecen mucho. –dijo Izayoi para sí misma y oliendo el aroma de una de las flores que había recogido.

---

El auditorio estaba lleno y eso intimidaba a una jovencita de baja estatura donde según ella, se veía fuera de lugar tanto por su aspecto como por las ropas que llevaba. Algo muy simple como unos vaqueros, una camiseta verde y un paliacate a cuadros color naranja y amarillo. Observaba al resto de las chicas las cuales, las veía más maduras de lo que ella era, vestidas todas ellas con faldas dejando ver sus largas y torneadas piernas. Su apariencia inocente y su corta estatura la hacía verse como una niña que ingresaba más bien al ciclo de secundaria. Nerviosa comenzó a jugar con un mechón de su cabello castaño que estaba sujeto en lo alto del lado izquierdo y caía sobre sus hombros llegando hasta el antebrazo. Esa costumbre la tenía desde que recordaba y lo hacía cada vez que se encontraba inquieta como en esos momentos.

Como lamentaba el hecho de haberse inscrito en aquel instituto privado. Pero era lo que le quedaba. Sus padres y su hermano mayor habían fallecido hacía unos meses, quedando bajo la custodia de su tía Sara, su única familia. Y lo que menos quería era ser un estorbo para ella, así que usando la herencia que le habían dejado, aprovechó para inscribirse en aquel internado, con el único objetivo de estudiar y cumplir la última voluntad de su padre, ser una prestigiosa abogada.

Suspiró con tristeza.

La profesión que había deseado para ella no estaba mal, pero ese no era su verdadero sueño.

Desde que tenía uso de razón adoraba a los animales, especialmente los canes y los caballos. Recordaba que de pequeña cuando iba a la casa de sus abuelos, quienes tenían tres perros, siempre se veía rodeada de ellos, disfrutando con toda libertad, jugando con ellos, alimentándoles, cuidándoles, dándoles de su cariño, sacándoles a pasear donde estaba con ellos en plena naturaleza. Pero los años pasan para cualquier ser vivo, muchas cosas suceden. Uno de los animales había cogido una extraña enfermedad contagiando a los otros dos animales, y poco después habían muerto. Las visitas a casa de sus abuelos habían sido solamente recuerdos, pero también el deseo de querer llegar a ser veterinaria y evitar aquello.

Sin embargo, con aquel terrible accidente, donde su madre y hermano murieron en el acto, y la promesa que le había hecho a su padre en su lecho de muerte dos días después, no tuvo más que renunciar y cumplir en un futuro lo que su progenitor había deseado para ella.

Salió de su ensoñación al ver como varios profesores, la mayoría de ellos vestidos con los trajes tradicionales japoneses, hacían acto de presencia por lo que puso especial atención. Estaba completamente sola y debía ser espabilada en saber como desenvolverse en aquel mundillo. Un mundo que nunca antes había pisado, la riqueza.

Antes de poner sus cinco sentidos, se tomó la libertad de inspeccionar uno por uno a cada profesor y tener una primera impresión sobre ellos. Había de todo, desde el profesor tipo cascarrabias, la que no muestra sentimientos, la amargada, la que nos haría la vida imposible, el despreocupado, el alegre, la encantadora.

-"¿un alumno?" –se preguntó extrañada viendo a Inuyasha quién tenía cara de fastidio.

Después de él vio al último de los profesores que la dejó sin palabras y la impresión marcada de forma notable.

-"¿quién... quién es él¿por qué me llama tanto la atención?" –llevándose una mano al corazón y agachando la mirada cohibida como si aquel profesor la estuviera mirando fijamente.

En ese momento, la joven no se daba cuenta que su corazón latía con fuerza, para cuando lo supo no pudo más que sorprenderse. ¿Qué le estaba ocurriendo¿Acaso sería su atractivo que la empujaba a mirarle y después a agachar la cabeza como una estúpida? No, ella no era superficial.

Puede que fuesen esos ojos ambarinos donde leía la soledad y eso le producía pena y compasión. Pero no por ello tenía que ponerse roja.

-oye¿estás bien? –escuchó una voz masculina tras ella.

La joven se volteó encontrándose con un muchacho que parecía un poco más mayor que ella, de ojos y cabellos oscuros el cual era recogido en una pequeña coleta alta, tenía pecas sobre su nariz y vestía el uniforme del instituto.

-eh sí. –contestó tímidamente mirando el frente, pero accidentalmente su mirada volvió a cruzarse con la de aquel hombre que la dejaba sin habla.

-eres nueva¿verdad? –preguntó el mismo muchacho interesado.

-eh sí. –contestó nuevamente mirándole momentáneamente solo para no ser descortés.

-verás que en poco tiempo te adaptas. –con una sonrisa tranquilizadora- si quieres puedo ayudarte.

-no, te lo agradezco eh...

-Kohaku Senshu. De 3º grupo D –se presentó el muchacho- ¿cómo te llamas tú?

-Rin, Rin Amai. Un gusto en conocerte Kohaku-san.

El chico sonrió ampliamente y se acomodó en la silla a la espera de que el director del instituto iniciara la misma charla de todos los años.

-

Kagome estaba sorprendida al ver nuevamente a aquella mujer en la parte donde estaban los profesores, concretamente al lado de un adolescente que debía tener su misma edad, preguntándose que hacía en aquel lugar reservado para los profesores. Fijó su vista viendo que al lado del joven, había un hombre de aspecto casi idéntico, excepto su mirada. La del chico era rebelde y la del hombre frío como el acero.

Después se fijó en el tercer hombre casi igual a ellos que se trataba del director del instituto que se acercaba para iniciar el discurso.

El director era un hombre de aspecto jovial de tez morena, ojos ambarinos como el adolescente y el hombre. Cabello platinado recogido en una coleta alta y que vestía un yukata blanco de flores azules en el lado izquierdo y un enorme cinto rojo atado delante.

-"entonces, esa mujer debe ser una de las profesoras y no una fantasma. Y el hombre de cabello largo tiene toda la pinta de ser el hijo del director igual que ese chico. Pero es imposible. Ese hombre" –refiriéndose a Sesshomaru- "tiene la pinta de doblarle la edad y son muy parecidos. ¿Serán hermanos o primos?" –ante el pensamiento de tener a tres miembros de la misma familia en el lugar, arrugó la frente frustrada- "como si esto no estuviera infectado de niños pijos, resulta que también estarán los típicos hijos de papá." –pensó con toda la amargura posible.

La realidad volvió a Kagome cuando se escuchó la voz firme y grave pero agradable del director.

-'Quiero dar la bienvenida a todos aquellos alumnos que ingresan en este año y a los de segundo y tercero que ya están familiarizados con el centro. A los nuevos les deseo que su estancia les sea agradable. El lema de nuestro instituto es la confianza y la armonía. Nuestro objetivo es convertiros en los más grandes prodigios del país. Para ello, estudiareis durante tres años donde en el último trimestre se os exigirá más para poder prepararos en la profesión elegida. Todos los maestros han sido seleccionados rigurosamente para las diversas asignaturas, donde en este año, tendremos la incorporación oficial de mi hijo mayor Sesshomaru Youkai como profesor de ciencias y adicionalmente de educación física. También se contará como nuevo alumno a mi hijo pequeño Inuyasha Youkai. A continuación, nombraré a vuestros profesores y su asignatura correspondiente: el señor Jaken Kaeru, profesor de física y química; la nueva profesora en lenguas, la señorita Kagura Kaze; la señorita Kanna Shiroi, profesora de música; el señor Myoga Nomi profesor de historia; el señor Totosai Katana, profesor de dibujo; y otra de las nuevas incorporaciones, el señor Naraku Kumo, como profesor de matemáticas. Espero que todos los alumnos muestren el respeto que les deben, pues serán sus profesores quiénes les conducirán a ser las personas futuras que desean ser. Por supuesto como en cualquier instituto público, habrán diversas y muy variadas actividades extraescolares, donde se les obliga a cada alumno participar en una como mínimo para fomentar, su espíritu, su cuerpo y su arte. El uso de cafetería será libre. Cada mes se les dará un vale con una cuenta determinada a gastar. Úsenlos como ustedes quieran pero haciendo buen provecho. Al cabo de otro mes, se les dará uno nuevo con la misma cantidad. Por último, referente al reparto de habitaciones lo encontrarán en un listado colocado en la entrada principal del edificio de al lado donde allí hallarán sus habitaciones con sus uniformes, material escolar y una hoja informativa. El responsable de las habitaciones estará en manos de Hakudoshi Akusei. Si alguno de ustedes tiene alguna duda sobre las normas del instituto, pueden consultarlo con el secretario Saya-dono o si quieren consultar conmigo directamente, el director de este instituto Inutaisho. Hoy al ser su primer día, aplazaremos las clases de los de primer curso para mañana donde en sus respetivas habitaciones habrá un manual y una guía sobre su grupo, lista de compañeros y demás información. Para el resto de los alumnos de segundo y tercero, como ya saben, sus clases comenzaran dentro de una hora. Buenos días.' –y con esas palabras el hombre se retiró en compañía de su esposa y sus dos hijos. Donde detrás de ellos, el resto de profesores le seguían como si ya hubiesen cumplido con su misión.

-

Tras el discurso, los alumnos comenzaron a hablar algunos sentados en sus asientos y otros emprendiendo el camino a cualquier parte.

-¡Uff! -sopló con fastidio un chico de cabello azabache largo recogido en una coleta alta y ojos azules como el cielo - Que asco de discurso. Siempre el mismo todos los años. Debe recitarlo de memoria y lo que es más, tendremos al pequeño hijo de papá entre nosotros. Y eso no es todo, sino que ahora ya no tendremos de sustituto sino de profesor oficial al profesor 'no me mate' Seguro que ese pequeño chucho será igual de perro rabioso que el hermano mayor, ese insoportable profesor asqueroso que casi me suspende esas ciencias malditas. –apretando el puño- ese miserable que me hizo la vida imposible, que sino fuera por la llegada de nuestro verdadero profesor de ciencias habría suspendido y seguramente expulsado por la tentación de darle unos buenos golpes. Y ahora lo vamos a tener a diario. –dramatizándose con las manos sobre la cabeza.

Eso escuchaba una jovencita que estaba tras suya y no pudo evitar reírse por sus palabras y sus gestos. Desde el inicio del discurso ya llevaba un buen rato observando las tonterías que hacía con dos chicos que se encontraban sentados a ambos lados y que trataban de hacerlo callar con siseos.

Le atraía, eso sin duda, pero debía estar en segundo o en tercero, por lo que las posibilidades de acercarse a él o conocerle eran mínimas. Ella era tímida, especialmente con aquellos chicos que le gustaban.

Soltó un suspiro de derrota. Debía recordar que asistía a ese instituto gracias a las influencias del director donde destacaba en educación física, clase que daría con el profesor, como aquel chico había denominado, 'no me mate'.

-"bueno Ayame, vamos allá..." –dijo la jovencita dándose ánimos a sí misma.

---

-¿no lo encuentras, Sango-chan? –preguntó Kagome con los codos apoyados en sus rodillas y la cabeza entre sus manos.

-no. Y es extraño. Ya sabes que Kohaku es un chico muy alto para sus 18 años. –mirando por todos los sitios tratando de encontrar a su hermano.

De tratar de buscar a su hermano, no se dio cuenta que alguien acabó tropezando con ella haciendo que casi cayera al suelo.

-oh, lo siento. –dijo un muchacho de cabello negro y ojos azul marino.

-no te preocupes.

La chica volvió a su labor pero algo le llamó la atención y es que algo o alguien le estaba tocando el trasero.

En un gesto casi involuntario giró la mano donde se escuchó una sonora bofetada.

Kagome estaba con los ojos abiertos de par en par al ver en aquel chico que había tropezado con su mejor amiga la mano estampada de forma notoria en su mejilla derecha.

-¡Sa... Sa... Sango-chan! –exclamó escandalizada. Sabía que su amiga tenía genio, pero nunca la había visto golpear a nadie.

-oye eso ha dolido. –se quejó el chico con la mano en la mejilla roja.

-me has tocado¿verdad? –exigió saber colorada y furiosa.

-no, en absoluto. Fue una equivocación. Mi mano pasó por ahí y...

-¡me has tocado! –volvió a repetir más enfadada- ¡¿con qué derecho te atreves?!

-oye, mira, –cambiando su rostro a uno más serio y cogiéndole por sorpresa de las manos- después de todo eso lo hacen las parejas, así que¿qué te parece si salimos juntos y nos vemos en mi cuarto esta noche?

-¡Wow! –fue lo único que dijo Kagome impresionada por la actitud tan lanzada de aquel chico.

-¡¿estás de broma?! –apartando sus manos y poniéndose más roja que un tomate por lo que se giró nerviosa- ni siquiera nos conocemos.

-eso tiene fácil arreglo. Mi nombre es Miroku Bonzo, puedes llamarme Miroku o Miroku-kun. Tengo 16 años, por lo tanto soy de primer año. Mi familia pertenece a un linaje de monjes famosos en la historia.

-entonces¿es que acabarás siendo un monje como tus antepasados? –preguntó Kagome levantándose e interesada en el asunto.

-en absoluto. –contestó como si dijera la mayor tontería- eso quedó excluido hace unas décadas. Pero la fama de lo que mis ancestros hicieron nos da mucha ganancia. –dijo Miroku sonriente provocando que Sango le mirara desconfiada- y bueno preciosa¿qué me dices? –volteándose nuevamente a ella- ¿nos vemos más tarde? –a medida que le tocaba el trasero.

Otra sonora bofetada y la mano estampada en la otra mejilla del chico.

-vamos Kagome-chan. Ya veré a mi hermano en otra ocasión. –dijo Sango molesta y tomando de la mano a su amiga para sacarla de allí.

-encantada de conocerte Miroku-san. –dijo Kagome siendo arrastrada.

Miroku comenzó a sobarse la otra zona de su rostro mirando como aquella chica preciosa, ante sus ojos, se marchaba con la furia encendida.

-no está mal, pero tiene demasiado carácter y eso no me gusta. –murmuró.

---

Mientras todo eso había sucedido, por el corredor de un pasillo donde la familia Youkai caminaban en un ambiente completamente extraño lleno de preocupación y amargura.

El director, Inutaisho, era el único que se mantenía despreocupado, silbaba alegremente como si algo bueno le hubiera pasado. La mujer por su parte miraba a su hijo de sangre quién tenía una expresión que por minutos cambiaba de la decisión a la melancolía, hasta pasar por la felicidad hasta la tristeza. Sesshomaru, al contrario que su padre, se encontraba molesto a más no poder. Ya le fastidiaba ser profesor de su medio hermano, sino que además tendría como colegas a su senpai Naraku donde años atrás había tenido problemas cuando eran adolescentes por culpa de una mujer, curiosamente colega de la profesión, Kagura Kaze. Sin ser consciente, se había creado una especie de triángulo amoroso. Naraku estaba embobado en Kagura, la quería para él. Pero la ahora mujer, había estado enamorada de él desde siempre, más bien por su posición social y su dinero. Claro que tampoco podía mentir que no se aprovechase de ella y pasara unas noches entretenidas. En sí, aquella mujer era hermosa. Su largo cabello como el ébano recogido en un moño japonés, ojos grandes y rojos como la sangre, cuerpo perfecto la hacían enloquecer a cualquier hombre... menos a él.

Y ahora actualmente, aquellas dos personas habían entrado a trabajar en la empresa de su padre, Kagura seguramente persiguiéndole a él y Naraku a ella. Las muestras seductoras de la mujer hacia su persona eran evidentes, especialmente cuando sacaba su típico abanico mirándole de forma conquistadora y a Naraku lleno de rencor e ira.

-"amor... ¡Chit¡Ridículo!"

Inuyasha tenía la mente en otra parte, ni siquiera era consciente del cambio de expresiones que estaba haciendo. En su cabeza, la imagen de aquella joven le dejaba hechizado. La recordaba todo hasta el mínimo detalle. Cabello largo negro como la noche un poco más abajo de su cintura, sujeto en una cinta blanca. Sus ojos castaños reflejando la madurez en una adolescente como ella. Su tez blanca como la leche. Un kimono donde se apreciaba una cintura estrecha, piernas y brazos largos. Físicamente le atraía, era su tipo y no podía esperar en conocerla.

-"pero... ¿y si no le llego a gustar?" –pensó preocupado- "¡Ahrg! Espero que mi papá haya distribuido bien los grupos y esté en el de esa chica" –cambiando su expresión a una llena de ilusión haciendo que su madre se asustara más de la actitud loca de su hijo.

-"solo espero que no suceda muy a menudo." –pensó Izayoi preocupada.

-"Sakura el inicio del curso siempre hace que te recuerde. Aunque hayas abandonado este mundo, si cierro los ojos sé que estás ahí. Cuidando del bloque de hielo de nuestro hijo. ¿Verdad?" –pensó divertido Inutaisho.

---

Cuatro escenas en un mismo lugar.

Cuatro estaciones distintas con un solo destino, el amor.

CONTINUARÁ...

--------------------------------------------------

Notas de la autora:

Sé que no tengo perdón por haber tardado tanto en publicar este capítulo y más cuando no quedó como yo esperaba. Prometo esforzarme en el siguiente, aunque pido comprensión ya que tengo la mente en otra parte por culpa del trabajo. Espero que haya sido de vuestro agrado y no os haya desilusionado.

Bien, aclaro antes de nada que este fic no será sesshkag. Yo soy fiel 100 a las parejas sesshrin y inukag. También aclaro que primavera o Haru es Sango; Otoño o Aki es Ayame; Verano o Natsu es Kagome; y por último, Invierno o Fuyu es Rin.

Lo siguiente que quiero comentar es sobre los apellidos donde me basé en lo que son o como son caracterizados en el manga/anime. La traducción de ellos se verá en mi pág de "Basho no Aotsuki" (junto a las respuestas de vuestros reviews) que mañana publicaré. El enlace está en mi profile.

Y por último agradecer de todo corazón a quiénes me dejaron reviews, la mayoría hermosos: KS, Citus, La Hanyou de Inuyasha, Alma-del-Alma, Sesshy Kachy, Senfhi, Dj-Chiyako, MarisolBlack, tsuki kuroi, wa tsuki kenketsu-san, LihoShido, Selene, naoko fujisawa, Brenda jet aime y a los que los leyeron y no me dejaron review también muchas gracias.

Espero que me dejéis vuestras opiniones sobre este cap.

'Atori'