de Capítulo 2
Se despertó y abrió poco a poco los ojos, sintiéndose todavía somnoliento y con una calidez en su pecho desconocida. Movió el brazo para restregarse los ojos mientras bostezaba cuando se dio cuenta de que lo tenía envuelto en algo, o, mejor dicho, alguien. Abrió los ojos sobresaltado y se dio cuenta de que su pequeño amigo, Guang-Hong, dormía encima de su pecho, abrazándole y él mismo tenía un brazo rodeando la fina cintura del asiático. Su rostro se volvió rojo automáticamente mientras su mente trabajaba a mil para recordar cómo narices había acabado así. Recordó entonces que habían ido de fiesta, bebieron un poco y acompaño a Emil, Micky y Guan-Hong al hotel, pues los dos últimos habían bebido. Le había llevado a su cuarto y el pequeño le había pedido dormir con él… Se pasó su mano libre por la cara, incrédulo, mientras intentaba serenarse pues su corazón latía desbocado y podría despertar a su compañero con esos latidos tan fuertes.
Pasaron unos minutos, o segundos, no lo sabía, pero se había conseguido tranquilizar y ahora se debatía entre qué debía hacer. ¿Se acordaría Guang-Hong de lo había pasado la noche anterior? ¿O se despertaría y se pensaría lo que no es? ¿Debía simplemente irse? ¿¡Qué hacer!? Se volvió a intentar serenar pues lo que sí que no quería era despertarle así que respiró profundamente y se centró en el ahora, en lo que sentía. Cerró los ojos y sintió cómo el calor que desprendía el pequeño cuerpo de Guang-Hong le envolvía, cómo estaba cómodamente tumbado en su pecho y le rodeaba cual peluche achuchable. Pero, en serio, ¿cómo había podido dormir con él encima suyo? ¡Si además estaba medio desnudo! Volvió a inspirar con fuerza y se dio cuenta de que, en realidad, no pesaba tanto y era hasta reconfortante tenerlo así de cerca. Se sonrojó al notar que había tenido su brazo en la cintura del menor todo el tiempo y le acarició cariñosamente. Guang-Hong era el chico más adorable y dulce que había conocido en su vida, además de ser un excelente patinador, y se sentía demasiado bien tenerle ahí, junto a él, para él solito. Casi tenía la certeza de que solo él, Leo de la Iglesia, había sido el único (¿y quizás el primero?) en tenerle bajo sus brazos, acariciándole como si fuesen novios, o amantes. Aquel pensamiento le hizo ruborizarse de nuevo y suspiró, acariciando su revoltoso pelo.
Se quedó un buen rato así, aspirando su aroma, y sintiéndose embriagado con su compañía y el silencio de la habitación, sintiendo su pequeño pero fuerte cuerpo pegado al suyo mientras le acariciaba con ternura, como si estuviese hecho de porcelana o temiese despertarlo y romper el hechizo.
Finalmente, sin embargo, sintió como el agarre se hacía más fuerte y Guang-Hong se movía, despertándose. El pánico se hizo con el pobre Leo que no sabía qué hacer. Guang-Hong, enterró su cara en el pecho del mayor y la sacudió, complicando las cosas para el mayor, que volvía a estar rojo a más no poder. Bostezó y le agarro más fuerte, mientras el otro sentía que su corazón se le salía del pecho. El menor suspiró contra su piel desnuda, enviándole escalofríos por todo su cuerpo. Ahora sí que estaba en apuros. El asiático movió las piernas para encontrar una mejor postura, topándose con las de su sonrojado (y excitado) amigo. Notó como todos los músculos del pequeño se tensaban a la vez al detectar unos pies intrusos. Abrió los ojos de golpe y palpó con sus manos qué era lo que estaba abrazando. Leo pudo presenciar el momento exacto en que sus ojos se abrieron aún más por el pánico y su cara y orejas se tornaban rojo carmesí. Se incorporó bruscamente separándose de él y le miró a los ojos, comprobando que, efectivamente el mayor estaba despierto y a saber desde cuanto tiempo.
—Oh, dios…— Murmuró tapándose la cara roja de vergüenza.
Leo tan solo rio ante la reacción.
—No te preocupes. —Dijo girándose para verle mejor e incorporándose también. —Me acabo de despertar. —Mintió para tranquilizar a Guang-Hong, que parecía que explotaría de la vergüenza.
—Pe-pero, hemos dormido juntos…
—¿Y?
—Y estaba encima de ti…Oh dios—Dijo volviendo a esconder su rostro.
Leo volvió a reír.
—No te preocupes, no eres incómodo ni pesado, además, yo tampoco era consciente de… nuestra postura…—Dijo sonrojándose también.
—¿Que-qué paso anoche? —Pregunto con un hilillo de voz, incapaz de alzar la mirada.
—¿No te acuerdas?
Guang-hong negó con la cabeza, más que no acordarse no quería recordar.
—Pues… Salimos y bebimos un poco, te sentó un poco mal y volvimos al hotel, te acompañé y ayudé pero cuando me iba a ir me pediste que me quedara…
El menor asintió casi imperceptiblemente.
—Lo siento…—Murmuró al cabo de un rato, un poco más sereno.
—No tienes nada de que disculparte –Le tranquilizo el mayor—No sabía que a vosotros se os subía tanto y tan pronto el alcohol…
Guang-hong calló.
—Lo decía por lo de ahora…—Dijo sin dejar de taparse la cara.
—Oh. —Leo se volvió a sonrojar—No te preocupes. Tampoco se sentía tan mal…—Confesó mirando a otro lado.
Se quedaron otro rato más callados, intentando asimilar lo que había sucedido. Pero al no haber ningún tipo de respuesta por parte de Guang-Hong, que seguía en la misma postura, Leo habló:
—Siento si te he incomodado… no era mi intención… yo…em… no quisiera que ahora las cosas estuviesen raras entre nosotros… debía haberme ido… de veras que lo siento.
Guang-hong por fin retiro las manos de la cara, aun roja. La sacudió
—No, yo… en fin... ha sido un poco shock… no te preocupes por nada…
—Oh… está bien…
Otro silencio en el que evitaba sus miradas.
—Pues… debería ir yéndome, entonces, tienes que prepararte y... ya te encuentras bien, no?
El más joven asintió.
—Vale, pues… se levantó y salió de la cama para dirigirse a su ropa. —Esto… es tarde y creo que ya han cerrado el desayuno pero la cafetería sigue abierta, si quieres podemos intentar tomar algo allí en… ¿un cuarto de hora?
Otro asentimiento.
—Em… bien. Pues… oh, el pijama. Te-te lo devuelvo ahora.
Guang-hong volvió a sonrojarse
—¡No es necesario! Quiero decir, no me corre prisa, cámbiate en tu habitación si quieres y luego ya me lo devolverás…
—Está bien….
El asiático salió finalmente de la cama para despedir al americano.
—Pues… No vemos ahora.
—…—Guang-hong tuvo que luchar con las ganas de decirle que no, que se quedase con él de nuevo, que quería abrazarle y tenerle cerca, pero se mordió la lengua, no podía decirle eso, no ahora. Suspiró, los efectos del alcohol habían pasado y su falta de confianza volvía…—Claro. Y gracias por todo. —Le dijo abriéndole la puerta.
Subía las escaleras cuando se encontró a Leo despidiéndose en la puerta de la habitación de Guang-Hong con el pelo revuelto, sin camiseta, unos pantalones de pijama y su ropa de anoche arrugada bajo su brazo. Sonrió pícaramente y sacó una foto. El joven Guang-Hong estaba al otro lado de la puerta y a ambos se les veía felices y sonrojados. Esto no lo subiría a Instagram pero sí que se lo contaría a los demás. Pensó Phichit, bajando de nuevo las escaleras con una sonrisa malévola y triunfante.
Micky se despertó con una terrible resaca. Gruñó y se revolvió entre las sábanas. Maldita sea, ¿qué había pasado ayer? ¿Cuánto había bebido? Resopló y, tras una lucha interna, se levantó de su cama. Al dirigir su mirada a la habitación, sintió como se le caía el alma. La cama de al lado estaba vacía. Genial, ya sabía por qué había bebido tanto. "Maldita sea" Se dijo mientras iba dando torpes pasos hacia el baño. Se duchó y preparó con parsimonia, estaba cansado, su cuerpo estaba pesado y le dolía la cabeza. No quería enfrentar el mundo exterior, pero sabía que tenía que salir de la habitación, se sentiría demasiado solitaria y debía tomar algo, quizás no comida pero sí algún brebaje que le rebajase la resaca. Arrastró los pies por el pasillo y maldijo cuando vio la puerta del comedor cerrada, había dormido demasiado. Se encaminó de mala gana a la cafetería y se fue directo a la barra. Pidió una mezcla que ya sabía por propia experiencia que le venía bien con la resaca y recorrió el lugar con la mirada, estaba casi desierto. Fuera había más gente pero dentro solo había una pareja de ancianos, Guang-hong y Leo que desayunaban y… Emil, en una mesita ¿con un té?, ¿café? Qué más daba, y leyendo el periódico. Se dirigió a su mesa por costumbre y se dejó caer con pesadez en la silla de enfrente, dejando su bebida.
Emil levantó un segundo la mirada del periódico para luego devolverla al noticiario.
—Buenos días.
—Hmprf, —gruñó el italiano. — Ni bueno ni hostias, menuda resaca tengo hoy.
—No me extraña, ayer te pasaste. — Le recriminó Emil con un tono de voz extraño.
Micky frunció el ceño y se encogió de hombros. Se bebió de un trago el contenido del vaso y volvió a mirar a su alrededor, una persona más acababa de entrar, Guan-Hong y Leo seguían hablando en voz baja, como si fuesen niños pequeños enamorados contándose secretitos, la pareja seguía en su sitio y Emil seguía escondido bajo el periódico.
—Eh. —Le llamó bajándolo para poder verle la cara. Emil le miro un poco molesto. "Extraño" Pensó Micly, pero no le dio importancia. —¿Me acompañarás a ver a Sara hoy? — Preguntó, el campeonato femenino era ese mismo día por la tarde y, como buen hermano, no se perdería la competición de su querida Sara, tuviese resaca o no.
Emil asintió lentamente.
—Pero porque es mi amiga, y nada más.
Micky frunció el ceño y ladeó la cabeza
—¿Qué?
Emil hizo una mueca
—No te acuerdas de absolutamente nada de lo que paso ayer, ¿verdad?
El italiano lo pensó un momento, pero luego negó con la cabeza.
—Bebí para olvidarme de mis problemas y supongo que me llevaste a mi habitación.
Emil asintió
—Me dijiste algunas cosas un poco desagradables.
Micky se le quedó mirando sorprendido. La verdad es que no le solía tratar demasiado bien pues era un plasta pero no sabía qué le había podido llegar a decir para que el otro todavía siguiese enfadado, pues Emil enseguida se olvidaba de las cosas malas y lo borraba todo con su eterna sonrisa. Ugh, esa sonrisa que siempre le molestaba.
—Lo-lo siento —se oyó hablar—No… no me acuerdo pero supongo que el alcohol se me subió demasiado y empecé a decir cosas sin sentido.
—Ya. ¿Pues sabes lo que dicen? Que los niños y los borrachos son las personas más honestas y las cosas que dijiste no eran tan disparatas.
—¿Cómo?
—Aunque claro, eres muy tonto y todo lo tergiversas. Sabes, a veces eres demasiado egocentrista y victimista.
—¿Perdona?
—Lo siento Micky, pero me he cansado un poco y me apena que pienses cosas tan malas de mí.
—¿Como qué? ¿Qué dije?
—Que solo paso tiempo contigo porque me gusta tu hermana, que voy tras ella y lo único que quiero de ti es tu aprobación. —Le soltó Emil enfadado.
Micky se quedó muy sorprendido. ¿En serio le dijo eso? ¿Se lo soltó así, sin más? Debía confesar que eso había pensado en más de una ocasión pero tampoco le había dado más vueltas, sobre todo ahora que Sara quería alejarse un poco de su hermano…
—¿Ni siquiera lo vas a negar? —Emil le devolvió a la realidad— ¿De verdad piensas eso? ¿De verdad me odias?
El italiano seguía mirándole ojoplático, sin comprender. ¿Dónde estaba el risueño Emil? ¿Qué carajo hizo o dijo anoche?
—No-no te odio. Eres muy plasta pero…
—Quiero dejarte una cosa clara, Michele Crispino. —Soltó el menor poniéndose de pie y mirándole fijamente—Yo no soy como tú ni otros, no soy un retorcido que tiene segundas intenciones y cuando comprendas que soy tal y como me muestro, que no tengo ningún interés en tu hermana más que ser su amigo y apoyarla como tal, me avisas.
Y acto seguido se fue. Se marchó. Dejando a Micky más confuso y perdido que antes.
Cuando la información empezó a calar, frunció el ceño. Pero, bueno, ¿¡quién se había creído que era hablándole así?! ¿Cómo le podían afectar tanto unas tonterías que dijo borracho como una cuba? ¡Eso de que los borrachos son honestos no eran más que mentiras! Se iba a enterar ese capullo, no le iba a hablar en su vida. Si él se enfadaba, Micky también podía hacerlo. Se levantó malhumorado y salió de allí a grandes zancadas.
Leo esperaba impaciente en la cafetería, sin saber muy bien por qué estaba tan nervioso. Oh, sí, espera, esa mañana había sido muy vergonzoso y aun no se podía creer lo que había hecho. Nada más recordarlo su cabeza volvía a hervir y su corazón a trotar. Y Guang-Hog llegaba tarde. Tampoco es como si fuese terrible, habían pasado tan solo 18 minutos y allí estaba, los nervios comiéndole vivo porque había quedado con su amigo para desayunar. ¿Qué clase de tontería era esa? Hasta se había puesto más elegante. Por dios, que solo habían dormido juntos una noche, que no habían hecho nada, que eran amigos. Se intentó serenar por enésima vez en la mañana cuando una voz que conocía (y amaba) le llamo
—¡Leo! ¡Siento hacerte esperar!
El susodicho se giró y se le corto la respiración. Allí esta su "amigo", levemente sonrojado, como siempre, con el pelo un poco revuelto y muy bien vestido, como siempre.
No pudo evitar sonrojarse y que una sonrisa cruzase su cara.
—No te preocupes. ¿Qué quieres tomar? Todavía no he pedido nada aunque hay poco donde elegir.
Después de pedir se sentaron en una mesa a comer y pronto se hizo el silencio. Todavía seguía muy presente lo de esta mañana, Guang-Hong había tardado en bajar pues se había pasado cinco minutos dando vueltas por su habitación repasando los hechos y saliendo humo de sus orejas.
—Esto… ¿al final has recordado lo que paso ayer?
—Oh, sí, sí. Creo, al menos.
—Bien. —Silencio—A-aunque tampoco es que pasara nada que mereciese la pena—dijo para que el otro no se pensara que había pasado algo raro.
—Ya, bueno… aunque se me fue la lengua un poco…—Dijo Guang-Hong, avergonzado.
—Oh, bueno… no te preocupes…—Respondió Leo, recordando lo que dijo el menor cuando iban por los pasillos:
[—Sabes, me gustan tus cejas, hay gente que nooo porque son grandes y espesas y te hacen parecer mayor y serioo.
—M-¿gracias?
—Pero en realidad eres muy alegre y guapo y me encanta pasar tiempo contigo. Jijiji. ¿Oyes lo que estoy diciendo?
—Em, sí… —Respondió sonrojado.
—Patinas muy bien pero eres más alto que yo… No me gusta ser tan bajito… Quiero ser alto y fuerte, como tú.]
—Son cosas que pasan, pero no debes darle importancia—Dijo Leo intentando no sonrojarse ante el recuerdo.
—E-está bien— El pobre intentaba pensar en otra cosa que no fuese el avergonzarse a sí mismo—Hoy patinan las chicas, ¿no?
—¡Oh, es verdad! ¿Quieres ir?
—Sí, ¡me gustaría mucho! —dijo aliviado de cambiar el tema. — Creo que empieza a las 5. La hermana de Micky participará, ¿no?
Leo asintió y se fijó en que el susodicho estaba, de hecho, también en la cafetería.
A la hora de la comida Phichit les convenció para que saliesen con algunos patinadores más pero, aunque fue agradable y lo pasaron bien, les dio la sensación de que todos les observaban y analizaban atentamente, sobre todo cuando decidieron compartir el postre ya que habían desayudado tarde.
Fue Chris el que se decidió a preguntar lo que todos estaban pensando.
—Bueeno… ¿y qué tal anoche?
No pudieron evitar sonrojarse.
—Bebimos un poco… y tuve que acompañar a Guan-Hong, ¡pero no fue nada grave! —se dispuso a explicar Leo.
—Ya, lo que nos interesa es saber qué pasó después. —Insistió esbozando una sonrisa maliciosa.
—¿Después? —preguntó el menor.
Viktor aclaró
—Phichit vio a un Leo sonriente y sonrojado salir medio desnudo de tu habitación, querido.
Ambos se pusieron completamente rojos.
—¡¿Cómo?! Pero, ¡no es lo que parece! ¡De verdad!
Todos rieron
—¿Y qué es lo que pasó? —Inquirió el tailandés.
—Como cuelgues eso en Internet te juro que te rompo las piernas—Amenazó el americano.
—Uhh, relax.
—No pasó nada, tan solo dormimos ambos en mi cuarto—Explicó tímidamente Guang-hong
—Ya, claro, "dormir" —Dijo Chris guiñándoles un ojo.
Los pobres chicos estaban que no podían más y Yuuri se apiadó
—Anda, dejadles en paz, ¿no veis que no les podéis sacar más colores? Ambos son pequeños, seguro que no hicieron nada más.
—Bueno, yo a su edad…—Empezó a contar Chris.
—¡Chris! Creo que no les interesa. —Le reprendió Viktor.
Después de aquella comida, los más jóvenes no quisieron saber nada más del resto y salieron a dar un paseo antes de la competición. Y, a pesar de que seguían avergonzados, de vez en cuando sus manos se rozaban. ¿Casualidad? Bueno, a ambos les había gustado la sensación de estar juntos y quizás no les molestaría tanto volver a repetir.
