Disclaimer: Desde lo más oscuro de nuestras mentes hemos traído a Ted Lupin, un metamorfago, porque él merece ser protagonista de su propia historia. El mundo de HP y los personajes pertenecen a JK Rowling.
¤°.¸¸.·´¯»«´¯·.¸¸ o .¸¸.·´¯»«´¯·.¸¸.°¤
LUPIN VS LUPIN
By
The Darkness Princess & Lady Muerte
*º*º*º
El primer día.
Un atractivo castaño ya se encontraba levantado, leyendo un libro en la biblioteca, con un té al lado. Realmente no había podido descansar como él hubiera querido, muchos eran los problemas que lo acechaban, pero el principal era Tonks que le robaba el sueño, que lo hacia sentir vivo, que podía hacer que su corazón latiera vertiginosamente, que lograba que su sangre corriera más rápido, que era capaz de hacerlo sentir mil cosas más. El problema era que ella era demasiado joven para él y que no tenía mucho que ofrecerle.
—Nymphadora, ¿por qué tuve qué fijarme en ti? —preguntó a la nada, sin escuchar respuesta. Clavó su vista en el libro que sostenía, observando simplemente las letras, sin realmente leerlas—. Cientas son las razones, pero esto no debería haber pasado nunca, nunca… yo… no puedo. —Cerró su libro de golpe.
Se levantó sirviéndose una copa, pensando en lo que había pasado el día anterior. —Esos chicos… lo mejor será averiguar más de ellos, por otra parte… ayer fue el primer día que no escuche llorar a Nymphadora. ¿Tendrá qué ver con ese chico?—Se quedó sumergido en ese pensamientos hasta que alguien arribo al lugar.
—Buenos días, Remus —saludó Arthur.
—Buenos días. —Devolvió el saludo estrechando su mano, ofreciéndole con una señal que tomara asiento.
—Te ves más recuperado, Remus —mencionó observando su apariencia, recordando que en el cumpleaños de Harry no lucia tan bien.
—Lo mejor que se puede estar, pero ¿qué te trae por aquí? —preguntó serio.
—Asuntos de la Orden… —contestó tomando asiento. Así comenzaron una charla sobre los ataques, mortifagos y demás problemas que existían en el momento y que demandaban una solución.
*º*º*º
Nymphadora ya se encontraba despierta, salía de la ducha envuelta en una bata. —¿Qué usare? —Observó por la ventana el sol y el cielo azul que se asomaba— Creo que será un buen día, quizás un falda… —Tomó una al azar, sin pensar lo mucho la aventó a la cama, tomando una playera con un estampado de The Weird Sisters, que le combinaba y una chamarra. Sus viejas botas harían que su atuendo estuviera completo.
—Me pregunto... ¿cómo estarán esos chicos?, quizás deba ir a verlos —mencionó con una pequeña sonrisa traviesa que se asomaba por su rosados labios— Además… no se por qué, pero quiero volver a verlos. —Se terminó de vestir y salió de su habitación, taradeando una canción.
Al pasar frente a la puerta del licántropo se acercó colocando su mano en la puerta, como si quisiera averiguar si él aún seguía ahí. Suspiró decepcionada de no escuchar ni un sólo ruido, retiró su mano y se dirigió a las escaleras, bajando perezosamente, mientras pensaba en el hombre de sus sueños, cuando escuchó unas voces que provenían de la biblioteca. Lentamente se acercó al lugar, reconociendo la voz de Remus, para después darse cuenta de que la otra voz le pertenecía al Señor Weasley.
Se retiró silenciosamente no tenía ganas de entrar y escuchar de asuntos que involucraban a la Orden y la muerte de su tío. Caminó hasta le comedor, pero al entrar a su mente volvió la imagen de Sirius a la cabeza de la mesa, sonriéndole ampliamente, incluso podía escuchar su voz. Se giró inmediatamente saliendo del lugar con unas gotas salinas naciendo en sus ojos, caminó hasta la puerta y sin dudarlo la abrió, escapando de los recuerdos que la atormentaban, las imágenes de la batalla de Departamento y la muerte de Sirius a manos de su tía.
Avanzó por las calles sin mucho sentido, simplemente recordando, hasta que se topó con alguien, al alzar la mirada se encontró con una sonrisa como ninguna.
*º*º*º
Lily sintiendo los rayos del astro rey sobre su cara, abrió lentamente sus parpados mostrando sus brillantes ojos miel, se los talló desesperezándose, observando el lugar. Todo volvió de golpe, no se encontraba en su casa. Suspiró tristemente, para después apartar las mantas de su delicada figura. Se levantó y fue hasta el baño, necesitaba asearse para comenzar ese día que no iba a ser el más sencillo. Dejó que el agua recorriera su cuerpo, mientras trataba de poner en orden sus recuerdos.
«Ni siquiera sabemos en que época estamos, ni cómo volver. ¿Mis padres estarán preocupados? Espero que sí, y que vengan por nosotros, porque no sé cuánto aguantare todo esto, estar con él...».
Un súbito sonrojo apareció en sus mejillas, mientras sonreía tímidamente. Se terminó de duchar y aún contra sus normas de higiene se colocó la ropa del día anterior.
Se cepilló el cabello, mirándose en un espejo del baño, se observó por un minuto más. No podía hacer mucho con su aspecto, dada las circunstancias. Salió del cuarto en busca de su compañero de destino. Dio un par de pasos hasta la puerta dudando en si tocar, finalmente se armó de valor, haciéndolo suavemente, pero no escuchó ningún sonido en respuesta. Creyendo que él no se molestaría, giró el picaporte, abriendo lentamente la puerta. Asomó su melena roja por el espació que se había hecho, notando que él seguía dormido.
Entró sigilosamente hasta llegar a la cama de Teddy, observándolo descansar plenamente. Sus cabellos dorados estaban alborotados por toda la almohada, lo admiró por unos segundos, quedándose estupefacta con tal imagen. Cuando por fin volvió a la realidad, se sentó en él lecho del metamorfago, alzó su mano, colocando una en el pecho del chico, moviéndolo ligeramente.
—Ted…Teddy, despierta —habló casi en un susurro, pareciera que en verdad no deseaba despertarlo.
Él se levantó poco después completamente descocnertado, observando a la pelirroja sentada en su cama, mirándolo con los ojos muy abiertos. —¡Por Merlín, Lily! ¿Qué pasa? —cuestionó pasando una mano por su ojos.
—Lo siento… yo… bueno… es que… —tartamudeó levantándose, caminando hacia atrás, como si quisiera huir.
—¿A dónde vas? Vuelve aquí, niña —pidió, dejándose caer nuevamente en su cama.
—¡No soy una niña! —replicó ofendida por ese adjetivo, parando en seco a mitad de la habitación.
—Lily, bueno... dime ya, ¿a qué venias?, ¿pasa algo? —cuestionó bostezando.
—No… nada. —Con eso se giró caminando con pasos firmes y furiosos hacia la puerta.
—"Triowe" —pronunció hacia la puerta, al instante volteó mirándolo con interrogación—. ¿A dónde crees qué vas? Entraste aquí, ahora te quedas. No quiero perderte de nuevo —explicó mirando la cara furiosa de la pequeña Potter, que estaba a punto de hacer berrinche.
Teddy no le dio importancia y se despojó de las cobijas, para después levantarse pasando a su lado.
—Me ducho y veremos qué hacer. —Entró al baño, del cual minutos después se escuchó correr el agua.
«¡Ah, cuidar a una niña me va a sacar canas verdes! Al menos ahora entiendo a mi abuela cuando decía eso de mi madre… mi madre… mi mamá. Se siente también poder pensar en ella, tener un recuerdo casi tangible de ella. Sentir que cada que respiro esta su perfume cítrico y dulce a la vez, lo tengo tan presente, tan penetrado en mis pulmones.»
Alzó su rostro permitiendo que el liquido incoloro le cayera directo.
«Me muero por poder abrazarla, sentir lo que es estar en sus brazos.»
—Mamá. —Sus labios se curvaron al escuchar en su voz esa palabra, sintiendo una agradable regocijo, como si por fin estuviera completo, por primera vez no sentía dolor, ni resentimiento por no tenerla, ahora todo era calidez.
—Pero mi padre… —No es que no sintiera la misma emoción al pronunciar esa palabra tan importante, pero aún no sabía cómo interpretar la mirada que le había lanzado anoche— Remus John Lupín, mi padre… mi papá, del que Harry me habla con tanto cariño, admiración y respeto. Es el hombre que murió peleando valientemente.
«Siento no poder conocerlo, pero él sabrá porque morí y espero que lo entienda. Intentaba que el mundo fuera uno en el que pudiera vivir una vida mejor.»
—Claro que lo entiendo… quizás hubo momentos en que no lo hice, en que deseaba que hubieran muerto otros en lugar de ellos, pero después de múltiples platicas con Harry, de mucho analizarlo, pensarlo… lo comprendí. Él me amaba tanto… y si creó un mundo mejor para mi, pero a qué precio —pronunció embargado por la tristeza.
—Pero ahora… ellos están aquí y no puedo abrazarlos, decirles todo lo que muchas veces pensé que les diría, si tuviera la oportunidad de hacerlo… y si lo hago… puede cambiar todo el presente como lo conozco, no sé qué consecuencias podría tener. Además, si es verdad que ellos aún no están juntos, no quiero provocar una desgracia, yo debo vivir… ellos deben estar unidos.
Comenzó a enjabonarse, cuando una idea cruzó su mente como una flecha a una manzana.
«Creo que tendré que darles un pequeño empujoncito… ya que no tengo la menor idea de cuanto tiempo vamos a estar aquí, pues mínimo debo aprovecharlo, conocerlos y hacer que estén juntos. Mi padre será difícil de hacer entrar en razón, él que siempre dudó de esto según sé.»
Miró el vendaje que tenía en su mano, sonriendo tiernamente al recordar las suaves manos de su madre, sus cuidados.
*º*º*º
Lily cerró sus puños, estaba furiosa. Una vez más la había tratado como si fuera una niña chiquita.
«¡Me choca que me trate de esa forma!… ¡Ya no soy una niña! ¿Qué no lo nota?».
Anduvo por toda la habitación, hasta que decidió sentarse en la cama, la cual tuvo que tender.
—¡Fantástico, hasta en su sirvienta me convertiré!
Esperó impaciente y frustrada hasta que el metamorfago salió dejando atrás una nube de vapor, secándose su cabello con la toalla en mano, ya vestido a excepción de que no llevaba su camisa abrochada, dejando ver su abdomen trabajado, no estaba tan marcado, pero no era nada desagradable a la vista.
Ted la observó sentada en la cama, con una expresión en el rostro que no sabía exactamente cómo describir. Estaba sonrojada o furiosa, quizás era por el berrinche que había hecho.
—¿Sigues molesta?
Lily estaba pasmada, incluso su mal genio se había desvanecido, todo debido a la aparición a su aparición. Tragó saliva observándolo fijamente, memorizando cada detalle de él, no era la primera vez que veía a un chico así —ya que tenía hermanos y primos—, pero si era la primera vez que lo veía a él. Su corazón palpitaba ferozmente en su pecho, el calor le corrió el cuerpo hasta poner aún más roja su cara.
—No… no… bueno… sí —balbuceó, girando su rostro, escondiéndolo de él.
«Merlín, ayúdame.»
—¿Qué? —preguntó sin entender lo que ella había pronunciado— ¿Qué dijiste?
—Nada —respondió aún sin observarlo, mientras movía su pie nerviosamente.
Ted la miró analizándola, mientras tomaba asiento al lado contrario de ella, para poder calzarse sus zapatos.
«¿Qué le pasara? Primero viene y me despierta. Luego se pone en un plan de digna y ahora esto. ¡Por todas las gargolas! Es ahora cuando me ayudaría tener a Victoire a mi lado, para que me explique qué le sucede.»
En ese momento a su mente volvió la imagen de su madre. Tal vez no estaba su novia, pero si ella y que mejor tema para acercarse. «Quizás ella pueda ayudarme, esto de entender a las niñas no es lo mío.»
Lily lo sintió sentarse en la cama, se mordió el labio inferior nerviosamente. «¡Por Gryffindor! Siento como si el aire me faltara y mi corazón late rápidamente…como si se fuera a salir de mi pecho. ¿Es esto a lo qué se refería Rose? ¿Es esto lo qué se…?».
Sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar nuevamente la voz ronca de Ted.
—Lily… mira se que es difícil esto, pero por favor trata de ayudarme, si no me dices lo que te pasa no te voy a entender —explicó levantándose, dejando la toalla sobre la cama y caminando hasta sentarse a su lado—. No quiero que te quedes aquí por gusto, pero entiende que tengo que cuidar de ti, así que esta vez hazme la tarea fácil, no quiero volver a perderte… ya tenemos suficiente con lo que pasó ayer —agregó ignorando las llamas que salían de la mirada de la pequeña Potter.
—O sea, ¿me estas echando la culpa de lo qué pasó? —preguntó indignada. Se incorporó de sopetón, para colocarse de frente a él— Yo no te dije que vinieras tras de mi.
La miró sorprendido por su reacción. —En primera, ¿cómo te voy a echar la culpa de lo qué pasó si no se lo qué pasó? Además entiende, tenía que venir tras de ti… estabas bajó mi cargo. ¿Qué crees qué le iba a decir a tus padres? Tenía que hacerlo, era mi obligación —alegó serio.
—¿Sólo viniste porque era tu obligación? —inquirió con un tono dolido, mientras unas gotas salinas se asomaban en sus ojos. Se giró y dando pasos rápidos se acercó a la puerta, sacó su varita deshaciendo el hechizo, se suponía que no debía hacer magia, pero vamos estaban en otro tiempo, dónde ella ni siquiera existía. Estaba a punto de abrirla cuando una mano de él en la puerta la hizo volver a cerrarse.
Al instante se volteó encontrándose con la barrera del cuerpo de Ted frente a ella, alzó sus pupilas observando sus tórax hasta llegar al mar dorado de sus ojos, cubiertos por algunos cabellos dorados ligeramente húmedos, que caían desordenadamente por su rostro.
—Lily, no estoy para tus berrinches —espetó firme, notando el liquido acumulado en sus hermosas pupilas.
—Y… y… yo tampoco estoy para tus reclamos, además no has contestado a mi pregunta —exclamó molesta, queriendo terminar de una buena vez con eso y salir hacia su cuarto, para poder desahogar todo lo que estaba sintiendo.
—Bueno yo… no… —Trataba de responder, pero la mirada de Lily le estaba propinando hacia que incluso se le olvidara el por qué de todo esta discusión.
—¿Ves? Tenía razón. Tú sólo viniste por temor a lo que mis padres pudieran decirte cuando se enteraran de lo que me había pasado —comentó con enojo, sintiendo una sutil punzada en su pecho. Contario a lo que deseaba, unas lagrimas furiosas escaparon de sus ojos.
—No, no tienes razón —replicó veloz, retirando la mano de la puerta, para deslizarla suavemente por la mejilla de Lily—. No me gusta verte llorar, además eso ya no importa. Debemos concentrarnos en pensar, cómo volver —musitó, tratando de abogar a lo que le dictaba la razón.
Lily bajó su rostro, sintiendo el cálido roce de su mano, la molestia que sentía fue extinguiéndose lentamente.
Teddy llevó sus dedos a la barbillade ella, alzando su rostro. —Mírame… ¿quieres contarme qué pasó en el sótano antes de que yo llegara?
—Eso... —No sabía ni qué decir. Todo había sido tan confuso, por otra parte... aún seguía choqueada por su alegato.
—Ven, siéntate y dime lo qué recuerdes —pidió comprensivo. Tomó su mano y llevándola de regreso a la cama. Esperó hasta que se sentó, para colocarse de cuclillas frente a ella—. ¿y bien? Lily, lo que menos quiero es que nos enojemos, así que por favor, ayúdame a entender.
Ella lo miró aún pasmada por todo lo ocurrido. Respiró he intentó ordenar sus pensamientos.
*º*º*º
En el 12 de Grimmauld Place, los dos hombres seguían hablando de los problemas actuales, finalmente con las conclusiones a las que habían llegado y las medidas que se iban a tomar, pudieron relajarse.
—Alastor me dijo que ayer aquí había dos chicos —comentó con simpleza Arthur, esperando escuchar su versión.
Remus enarcó su ceja suspicaz. —Ah sí, un joven como de veinte años y una chica que quizás no haya cumplido los quince —explicó el auror, tratando de sonar indiferente.
—Mmmm ya veo, ¿no se te hace raro? —preguntó notando una extraña reacción en su amigo.
—No tanto por el hecho de que él supuestamente este cuidando de esa pequeña, si no porque él tenía una herida, lo cual podría significar que fueron atacados o algo más.
—¿Acaso nadie sabe de dónde vinieron estos chicos? ¿Quiénes son sus padres? ¿Qué hacen aquí? —cuestionó Arthur, sobándo su mandíbula.
—Eso es lo que yo quisiera saber —musitó meditabundo.
—¿Y por qué no les preguntaste?
—Pues no tuve tiempo…—Se justificó el hombre.
—Tendremos que saber tarde o temprano de dónde provienen —aseveró a lo que el licántropo asintió, teniendo un interés especial en que eso sucediera— Creo que me encargaré de eso.
—Esta bien, sólo no dejes de avisarme si sabes algo —pidió Remus.
—Sabes que lo haré.
—¿Y cómo esta Harry? —preguntó interesado, ya que ahora que no estaba su amigo se sentía con la responsabilidad de cuidar aún más al chico.
—Pues… ya sabes, no muy bien —mencionó el pelirrojo con pesar.
—Lo iré a ver.
—Sabes que eres bien recibido, pero dime, ¿cómo esta Nymphadora? Tú sabes después de…—No terminó su frase, ya que creía que Remus ya había entendido a lo qué se refería.
—Pues trata de disimular, pero esta muy afectada.
—Ya veo, creo que tú deberías apoyarla —sugirió sabiamente.
Remus se quedó callado ante ese comentario, sin querer hondar más en el tema.
—Es mejor que me vaya, aún tengo trabajo en el Ministerio —anunció con un largo suspiro, interpretando el silencio de su amigo.
—Esta bien —replicó aún adentrado en sus cavilaciones. Se levantó y estrechó la mano de Arthur despidiéndolo.
Poco después observó su reloj, notando que ya era hora de desayunar, quizás Dora ya estaría en el comedor, salió en busca de ella, notando que no estaba ahí.
—Que raro —musitó, anduvo hasta las escaleras, mirándolas con duda.
«¿Debo subir a buscarla? Quizás ella quiera estar sola.» A su mente volvieron las palabras de Arthur, tomando valor, subió los escalones.
Al llegar a la habitación de la chica, respiró profundamente y tocó, pero nada ocurrió. Agudizó sus sentidos esperando escuchar al menos su respiración acompasada, pero no lo logró, fue entonces que se atrevió a abrir la puerta. La habitación estaba vacía, simplemente había desorden y el aroma del perfume cítrico y dulce. Entró observando al rededor, ni siqueira sabía qué esperaba hallar, se sintió ajeno y mal, no debía haber invadido su intimidad.
Salió del cuarto, recargándose en la pared. —¿A dónde fuiste Nymphadora? —preguntó a la nada, para después irse a ver a los demás miembros de la Orden. No había descansos con la tarea que tenían y era mejor que fuese así o de verdad se volvería loco.
*º*º*º
Lily habló de todo lo que recordaba, apenada de tener que confesar parte de sus sentimientos sobre lo que ocurría entre sus padres.
—Eso fue lo que pasó —Terminó mirándolo con confusión y pena—, yo… siento que hayas tenido que venir —agregó con los ojos clavados en el suelo, no tenía el corazón para verlo a la cara y escuchar de nuevo que estaba aquí sólo porque debía cuidarla.
—Yo no —replicó, no le gustaba verla así, incapaz de mirarlo a los ojos. Tomó su rostro entre sus manos, sonriéndole—, porque al menos no estas sola y recuerda que gracias a eso conocí a mis padres, así que yo debo decir que agradezco en parte que haya sucedido esto, sin importar si fue tú culpa o no.
Lily sonrió ligeramente y sin contenerse se lanzó a abrazarlo, haciendo que él cayera sentado, ya que estaba de cuclillas. Su sonrisa se volvió más amplia, la acogió entre sus brazos, dándole pequeñas palmadas en su espalda.
—Vamos, tengo que terminar de arreglarme e ir a buscar que comer —mencionó, separándola un poco. Observó su rostro notando las pequeñas pecas que lo salpicaban, las cuales la hacían ver muy linda, le daban un toque gracioso y coqueto.
—Sí, lo siento, creo que me deje llevar —dijo apenada, sus mejillas se tornron rosadas. Se separó rápido, pero notó que él aún la miraba y no de la forma común, era de forma distinta... tal vez con más detenimiento—. Eh, ¿pasa algo?
—No, nada —respondió incorporándose, ofreciéndole su mano para ayudarla—. ¿Sabes?, necesito buscar un trabajo, no podemos vivir de lo poco que tengo. No puedes andar siempre con el mismo vestido, ni yo con la misma ropa —razonó mientras caminaba en busca de sus zapatos.
Ella se miró a si misma, él tenía razón, observando su vestido recordó a su madre, cuando dedujo algo. —Teddy, si tus padres están vivos… los míos también deben estar aquí. Bueno, ayer tu mamá mencionó a mi abuela —evidenció entusiasmada.
Ted notó como la mirada de Lily brillaba al pensar en eso. —Sí… ellos deben estar aquí también, pero aún no son tus padres y quizás sean sólo un par de años mayor que tú —aseveró lógico.
—Pero están… me gustaría conocerlos —afirmó ilusionada.
—No sé si sea buena idea Lily… pero ya veremos. Recuerda que no puedes decirles quién eres —comentó serio.
—Bien —resopló visiblemente decepcionada.
—Ya no te pongas así, regalarme una sonrisa —pidió risueño.
Luna curvó sus labios rosados formando una sonrisa que iluminaba todo su rostro, él la miró admirándola, para después sacudir su cabeza y comenzar a abotonarse la camisa, bajó la atenta mirada de Lily, que aunque trataba de disimular, mantenía un ojo en él, sonrojándose.
—Teddy, ¿ya estas mejor? —preguntó al ver su vendaje.
—Sí, no fue más que un ligero golpe —respondió restándole importancia.
Se terminó de arreglar y ambos salieron de la habitación, en busca de un lugar económico donde pudieran comer. Caminaban por las calles, reconociendo lugares y algunas personas, cuando Teddy miró a lo lejos a una chica, quedándose parado en medio de la gente, simplemente admirando la figura de la mujer, como el viento movía sus mechones suavemente. Podía quedarse así todo la vida, simplemente recreándose con esa imagen tan perfecta, sintiendo una explosión de sentimientos nuevamente.
A su lado Lily observaba el lugar cuando sintió que caminaba sola, ya que no escuchaba la voz de su acompañante, volteó y lo vio parado a la mitad de la calzada, ahí sin más. Lentamente regresó sobre sus pasos.
—¿Teddy? —pronunció cuando lo vió caminar. Extrañada lo siguió notando hacia dónde iba, sonrió comprendiendo su extraño comportamiento siguiéndolo, simplemente dándole espacio.
Ted sin pensarlo caminó hacia la chica, esbozando una amplia sonrisa, su corazón también mostraba los estragos de su emoción, latía vertiginosamente conforme se acercaba, hasta que se detuvo frente a ella. Estaba a punto de hablarle, pero Nymphadora parecía estar en otro mundo, chocó contra él, alzando su vista, topándose con su hijo.
—Hola… —saludó nervioso.
Tonks se quedó en silencio por un minuto, observando al chico a la luz del día y disfrutando de esa sonrisa.
—Hola Ted —respondió observando detrás de él a la pequeña pelirroja—, hola Lily.
Al llegar Lily se paró detrás de la pareja, esperando su turno para saludar. —Hola —respondió brindándole una sonrisa.
—¿Cómo estas? —preguntó Teddy, notando un destello de tristeza en su mirada.
—Pues… bien —mencionó suspirando.
—¿En serio?
—Es una larga historia —replicó melancólica—, pero ¿cómo está tu herida? —cuestionó tomando la mano del chico, el cual se sonrojó ligeramente.
—Eh estoy mejor… gracias.
—Me alegro, pero ¿a dónde iban? —cuestionó soltando su mano, sintiendo una extraña sensación.
—Pues… buscamos un lugar económico para desayunar —divulgó mientras Teddy la miraba severamente. ¿Tenía qué decirle eso a su madre? Lo que menos quería era que su mamá sospechara de ellos.
—Sí… lo que pasa es que bueno… no tengo mucho dinero y necesito buscar un trabajo, así que trato de economizar lo más posible —explicó apenado.
—Ya veo —mencionó con una sonrisa, notando que el chico tenía unos gestos muy parecidos a Remus.
«No… no es posible. Estas mal Tonks, mira que pensar que el chico se parece a Remus, eso si que ya no esta bien… aunque su mirada es tan parecida a la de él y ese gesto cuando se apena… no. Debo estar alucinando.»
Sacudió su cabeza y sonrió ampliamente. —Yo conozco un lugar, si quieren podemos ir los tres…
—¿Tú tampoco has desayunado? —cuestionó Lily con curiosidad.
—No, yo tampoco, salí de la casa sin comer ni un bocado —respondió sonriendo.
—Nosotros no queremos darte molestias —espetó avergonzado.
—No va a ser molestia, además créeme… ese discurso guárdalo para la mujer que iremos a ver —sugirió enigmáticamente.
*º*º*º
En el futuro o más bien en el presente, exactamente a finales de agosto del 2024, la situación no era muy óptima, todo era confusión, preocupación y desesperación, ya habían pasado varias horas desde su desaparición.
—¿Quieres volvernos a decir lo qué pasó? —pidió desesperada Ginevra a su sobrina, mientras se paseaba por la sala.
—Ginny tranquilízate, Victoire, ya nos ha dicho todo lo que sabe —manifestó Harry, notando que la chica se encontraba igual de consternada, además de que nadie había dormido esa noche.
—Yo… no sé, ya les he dicho todo lo que vi.
—Esta bien —mencionó Fleur, abrazándola.
—¿Qué crees qué haya pasado? —preguntó Ron con un rictus de seriedad.
—No lo sé… eso es lo qué quisiera saber —musitó Harry, preocupado y meditabundo.
—Mmm por la descripción de los hechos que nos dio Victoire, quizás se trate de un viaje en el tiempo, pero no estoy segura —comentó Hermione, no queriendo asegurar nada, mientras le ofrecía una taza de té a su amiga.
—Puede ser —afirmó Bill—, creo que debemos ver ese espejo —agregó mientras pensaba en la idea de su cuñada.
—Tenemos que hablar con alguien que se especialice en el tiempo —sugirió Hermione—, en el Ministerio hay una persona que se encarga de eso, creo que podemos pedirle ayuda.
—Sí, puede ser —mencionó Potter, aún tratando de entender lo sucedido.
—¿Cómo qué puede ser? —preguntó Ginny desesperada—. Tienes que ir, buscar a Lily… y traerla de regreso con Teddy, de dónde sea que estén —exigió llorosa.
—Tranquilízate —pidió Hermione, notando la tensión que existía entre sus amigos.
De las llamas de la chimenea emergió Andrómeda Tonks, llena de preocupación.
—¿Dónde esta Teddy? —preguntó apresurada, clavando su vista en el auror.
—Mantén la calma, Dromeda —mencionó Billy, apaciguador.
—No sabemos dónde están, hasta ahora creemos que están perdidos en el tiempo —explicó Hermione, después de armarse de valor. Nunca era fácil dar esas noticias, pero tenía que hacerse.
—¡¿Qué?! —exclamó casi a punto del colapso, para después mirar a Harry— Tienes que encontrar la manera de encontrarlos, ya perdí a mi hija no quiero perder también a mi nieto —pidió afligida.
—Yo… —No sabía qué decir, él estaba en la misma posición, era su hija la que estaba con él.
—No te quedes ahí, ve al Ministerio y no vuelvas hasta encontrar respuestas —demandó su esposa.
Mientras los presentes se mantenían callados, sin decir más, Potter salió de su casa, en busca de esas respuestas.
*º*º*º
De vuelta al pasado en agosto de 1996. Arribaban tres personas a un lugar conocido, después de un corto viaje. Ted miró un con una sonrisa melancólica su hogar en el presente, con cada paso que daba su corazón latía fuertemente, ya que vería a su abuela. ¡Merlín, debía estar tan preocupada!
—Vengan —mencionó Tonks sonriendo. Abrió la puerta que daba acceso a su casa, dejó que ellos pasaran primero para después entrar—. Esperen aquí, buscare a mi madre. —Se movió por el lugar, llamando con sus gritos clásicos a la mujer, hasta ésta apareció, saliendo de la cocina con una gran sonrisa.
—Dora —saludó alegre la mujer de cabellos castaños, abrazando a su hija.
—Mamá —Se quejó la chica, ya que no quería que vieran esa embarazosa escena, aunque de verdad apreciaba que su madre se pusiera tan contenta por verla, ahora necesitaba apoyo y cariño, más después de los eventos trágicos.
—¿Cómo estas? —preguntó afectuosa.
—Ven, te quiero presentar a unos amigos —prorrumpió, haciendo que la siguiera hasta el vestíbulo.
—Teddy, ¿no es extraño estar aquí? —susurró Lils teniendo déjà vu.
—Sí, lo es —respondió con melancolía.
Al ver llegar a las mujeres, unas enormes ganas de abrazarlas lo invadieron, quería decirles tantas cosas, pero sólo pudo sonreír. Tenía ante él a dos de las mujeres más importantes en su vida.
«¡Por los fundadores! Esto es algo sorprendente. ¡Mi madre y mi abuela, juntas! ¡Necesito que alguien me ayude, a no cometer una locura y decirles quién soy! Estoy tan cerca de ellas… de mi mamá y ni siquiera puedo abrazarla.»
Cerró sus puños en un autoreflejo.
—Chicos… ella es Andrómeda, mi madre —presentó—. Ellos son Lily y Ted —señaló sonriéndoles.
—Mucho gusto —mencionó amablemente.
—El gusto es nuestro —aseguró Teddy, observando lo bella que era su abuela por esa época. Sus ojos sin duda eran los mismos, grandes y amables, tal y como los recordaba.
—Es un placer —afirmó Lily, notando la emoción que irradiaba Ted.
—¿No te parece una gran coincidencia de qué se llame Ted, como mi padre? —preguntó Tonks a su madre, la cual clavó su vista en el joven, sintiendo cierta familiaridad que no sabía cómo calificar.
—Sí, aunque hay muchas personas que tienen ese nombre.
—Bueno mamá, pues veníamos a desayunar —anunció sin tapujos, mientras los dos chicos intercambiaban, sintiendo que los colores se les subían de vergüenza—, ya que no conozco un lugar donde cocinen rico y que sea económico.
—¡Ay Dora! —murmuró con una suave risa—. Pasen, no se queden ahí... el comedor esta por acá —indicó amable.
—Vengan —mencionó Tonks caminando detrás de su progenitora. Ted seguía pasmado por tantas emociones. Lily lo notó y aunque ella también estaba emocionada y choqueada, comprendía que no vivía de la misma forma las cosas. Tomó su mano y lo jaló para entrar a la otra habitación.
*º*º*º
En el Ministerio, se encontraba Lupin hablando con los demás aurores sobre las cosas que estaban pasando.
—Tendremos que trabajar en algunas redadas… no podemos permitir más asesinatos.
—Es necesario, no podemos ver morir a más compañeros —afirmó Kingsley.
—Lo sé —concordó.
—Esperemos a ver lo que Dumbledore nos dice en la siguiente junta.
—Esto amerita medidas drásticas —afirmó Moody.
La plática siguió hasta que todos se fueron, dejando solos a Kingsley y a Remus.
—¿Cómo estas? —preguntó notando que su apariencia había mejorado, pero su animo parecía seguir por los suelos.
—Estoy bien —dijo con una sonrisa cortés.
—Vamos… no trates de fingir. Sé que te afectó demasiado perder a Sirius, ¿acaso me estoy equivocando al decirte eso?
—No, pero…
—Te entiendo, tranquilo, esto lo pagarán —manifestó Shacklebolt, colocando una mano en su hombro.
—Lo sé —afirmó decidido—. Me voy… quiero ir a ver a Harry —agregó levantándose y acomodándose su túnica.
—Que tengas suerte —deseó el hombre, con una sonrisa.
Así lentamente salió del Ministerio, sin mucho ánimo, desapareció, para aparecer en la casa de los Weasley. En donde notó rápidamente al chico en el patio bajo un árbol, ocultándose del sol y quizás de más cosas.
Al verlo Harry se incorporó y le sonrió secamente. —Remus.
Se acercó y lo abrazó sin más, compartía el sentimiento que lo embargaba, también estaba luchando con la soledad y el desasosiego.
—¿Cómo estas Harry? —preguntó al separarse.
—Bien, supongo, después de todo no estoy con los Dursley —aclaró con una media sonrisa, que no ocultaba del todo su sentir.
—Sabes a lo que me refiero.
—Creo que igual que tú —respondió, hundiendo sus hombros.
—Ya veo, sabes que puedes contar conmigo, yo…
—Lo sé y tú en mi —agregó melancólico—, pero dime... ¿qué esta pasando con la Orden?, ¿los mortifagos?, ¿saben algo de Bellatrix?
—Tranquilo Harry, todo esta bajo control y no, aún seguimos buscándola —manifestó notando la frustración que llevaba por dentro, al ver su expresión y sus puños cerrados.
Estuvieron hablando un rato más sobre lo que pasaba y otros sucesos, Remus no quería decirle cómo estaba todo en realidad, mientras que Harry también ocultaba lo que había visto con sus amigos en el Callejón, respecto a Malfoy.
Poco tiempo después Lupín se retiró, apareciendo en las calles de Callejón Diagón.
*º*º*º
Los tres chicos comían amenamente, mientras Andrómeda les contaba anécdotas de cuando Nymphadora era pequeña y se transformaba. Ted escuchaba divertido e identificado sintiéndose tan bien y es que él ya había escuchado todos esos relatos, su abuela siempre le contaba de su madre en las noches, para que él pudiera dormir.
Tonks trataba de que su madre aceptara cambiar el tema, ya que era vergonzoso que estuviese contando esas cosas.
—Eso fue gracioso —comentó Lily—, ¿a ti también te pasaba eso Teddy? —preguntó sin darse cuenta que las mujeres no sabían de su poder.
—¿Eres metamorfago? —cuestionó al instante Nymphadora, abriendo más sus ojos.
—Yo… bueno… sí, lo soy —contestó mirando a Lily con cierta reprobación.
—No lo puedo creer y supongo esa es tu apariencia normal —aseveró posando sus pupilas en él, poniéndolo un poco nervioso.
—Sí —respondió escuetamente.
—¿Ves Nymphadora?, deberías tomar el ejemplo de este joven y no utilizar colores tan brillantes —exclamó su madre posando sus ojos en el color de cabello de su hija.
—Mamá no empieces… quizás él es el que debería empezar a utilizar estos colores —respondió divertida.
—Quizás si —apoyó Lily, recordando que algunas veces los veía usarlos y le encantaba como lucia. Lo cierto es que no podía ser parcial, para ella él siempre se vería guapo, aunque usará un costal.
—Bueno chico, recuerda que no siempre puedes presentarte a los trabajos así, por cierto ¿qué estudias?, ¿o dónde trabajabas? —cuestionó su abuela.
Lily lo miró nerviosa, Ted tragó saliva compartiendo los nervios, mientras un sudor perlaba su frente. —Pues… espero encontrar un trabajo en el Ministerio, pero antes me gustaría hablar con el Director de Hogwarts, Lily tiene que volver a la escuela —divulgó sabiendo que se la había rifado con esa respuesta.
—Ya veo, pues deberías ir a verlo al colegio, yo creo que para estas fechas, él ya debe haber vuelto, además con lo de la Orden… —calló al darse cuenta de lo iba a decir.
—¿Qué Orden? —cuestionó curiosa la pequeña Potter, mientras Lupin comprendía a qué se refería su madre, sólo que no era bueno que se lo dijera.
—Ah nada olvídalo —espetó Tonks tratando de salir del apuro.
—¿Y pequeña dónde están tus padres? —preguntó la castaña.
—Pues —Tardó un minuto en saber que decir— yo… sólo tengo a Ted —respondió pensando que era lo mejor y que quizás así no harían tantas preguntas. Tampoco es como si fuera una mentira total, en ese tiempo sólo lo tenía a él.
—Yo… lo siento —profirió la mujer, mirándola con compasión y ternura.
—Debes cuidarla mucho chico —aseveró firme la mujer.
—Lo haré.
—Es hora de irme, aún tengo que ir a defender mi trabajo en el Ministerio —anunció Tonks levantándose.
Los otros dos la imitaron, Lily tomó los platos de los dos, para llevarlos a la cocina.
—Oh no pequeña, déjalos, yo me encargo —comentó Andrómeda con un movimiento de su mano.
—Esta bien… —respondió apenada, ya que su mamá siempre le decía que recogiera su plato.
Los cuatro salieron de la casa hasta el patio, donde se despidieron.
—Muchas gracias —murmuró clavando sus pupilas en la mujer, su abuela, a la cual le brindó una cálida sonrisa, sin evitar resistirse se inclinó y depositó un beso en su mejilla.
—No te preocupes, no ha sido nada —respondió, sintiendo un extraño calor al sentir el roce del chico, que a la vez se le hacia familiar.
—Muchas gracias —musitó Lunita, acercándose a la mujer, curvando sus labios, al ver como él se sentía feliz. Dromeda la miró y acarició su mejilla.
—Pórtate bien cariño, cuando quieran pueden venir —espetó amablemente la mujer.
—Mamá gracias y espero que en mi próxima visita pueda ver a mi papá —aseveró abrazando a su madre y depositando un beso en su mejilla, la mujer los vio alejarse y desaparecer.
—¿Qué pasa con esos chicos?... pero él, esa calidez es la misma que siento con Nymphadora, ¿por qué? —murmuró confundida, pensando en eso volvió a su hogar.
*º*º*º
Los chicos aparecían en una de las calles del Callejón Diagon, caminaron hasta un lugar más calmado, para dejar pasar la multitud.
—Bueno chicos yo tengo que ir a trabajar, me agrada estar con ustedes — comentó sonriéndoles.
—A nosotros también nos agrada estar contigo, de hecho no tengo como agradecerte que nos hayas llevado a la casa de tus padres, no sabes lo bien que se siente conocer personas como ustedes —expuso Ted, mostrando un expresión de total felicidad. Estar con su madre y su abuela, era toda una fantasía para él. Esperaba que se dierá la oportunidad de conocer a su abuelo.
Lily al no participar en la platica, vio una tienda, que mostraba en su escaparate un lindo vestido, así que se separó un poco de ellos. Pensando que estaría bien dejarlos hablar más.
Dora lo miró compartiendo esa extraña felicidad, sin si quiera saber por qué. —A mi también me agrado conocerte… bueno conocerlos —agregó con un ligero sonrojo, se sentía en confianza y a la vez tan extraña. ¡Vaya contradicción!
—Es algo mutuo —agregó risueño.
—Eh bueno me gustaría saber si tenemos algo más en común. Bueno yo… este… tengo dos boletos para el concierto de The Weird Sisters, yo... ¿quería saber si querías venir? —preguntó dudosa, moviendo ligeramente su píe. Teddy la miró sorprendido, no esperaba eso.
—Yo… —Estaba sin palabra, por una parte se sentía feliz, quería compartir todos los momentos posibles con ella y estaba el hecho de que era uno de sus grupos favoritos, ya que su abuela conservaba los discos de su madre en el futuro. Era toda una suerte poder verlos en compañía de ella.
—¿No quieres?, yo… debí supo… —espetó al notar su titubeo.
—¡No!... es decir, sí —exclamó apresurado.
—¿En serio? —preguntó esbozando una amplia sonrisa, que iluminó su rostro.
—Claro —afirmó deslumbrado por esa sonrisa.
*º*º*º
Remus caminaba por las calles, sin rumbo fijo, simplemente perdido en sus pensamientos, cuando a lo lejos distinguió a la pequeña pelirroja que tanto se parecía a la hija de sus amigos y a Lily, extrañado de verla sola se acercó.
—Hola pequeña, ¿estás sola? —cuestionó buscando alrededor al chico que debería estar con ella.
—Eh… hola, no… yo…—Pasamada apenas logró decir eso.
—Tranquila, no te voy a hacer nada —aseveró al ver su reacción, pero lo que no sabía él, es que no era porque le temiera, si no porque sabía que era el padre de su amigo.
—Ah lo sé, discúlpeme, solo me sorprendió.
—¿Estás sola? —Volvió a preguntar.
—No… estoy con Teddy y Nym —señaló a los chicos que reían, intercambiando comentarios sobre el famoso grupo.
Remus al verlos sintió un extraño estremecimiento, no sabía si esa sensación que lo recorría era por verlos así de felices. Era complicado explicar lo que sentía, ¿acaso eran celos?, pero algo tan cálido no podía explicarse con esa palabra. No sabía exactamente cómo actuar, si como el hombre racional que era o como la bestia, que defendía lo que era suyo.
La pequeña Potter al ver la expresión de Remus, se extraño y volteó a ver a la pareja, pero ella no veía nada raro, al contrarió, le provocaban mucha felicidad.
—Venga… vamos con ellos, para que nos cuenten de que ríen —comentó tomando la mano del hombre pensando en que a Ted le agradaría ver a su papi.
—Espera, no…—Alcanzó a decir, pero ella ya lo jalaba.
—¡Oigan! ¡Miren a quién encontré! —anunció haciendo que los metamorfagos la miraran sorprendidos.
—Remus —pronunció Tonks, clavando sus pupilas en él. Ted al verla notó el brillo que lucían sus ojos al ver a su padre, sonrió alegre. Mientras él sentía un aceleramiento en el palpitar de su corazón. Le daba gusto verlo, su padre era imponente, además de tener el porte de todo un caballero ingles. Las cicatrices sólo le daban más carácter.
—Yo… buenos días —saludó Remus, clavando su vista en su hijo, sintiendo un vació que no podía comprender.
—Buenos días —respondió Ted. Deseaba que hoy fuera distinto, que las segundas impresiones fueran mejor, para que su padre no estuviera tan alerta con ellos.
—Remus, ya que estas aquí, podrías llevar a los chicos a Hogwarts. Ted debe ver a Dumbledore —mencionó Tonks, pensando que sería una buena forma para que conociera a los chicos y sacará esas extrañas ideas que tenía de ellos.
—¿De verdad puede llevarnos? —preguntó Lily enarcando sus cejas, apoyando la idea de Dora.
—Lily, por favor —pidió Teddy, mirándola significativamente—. No es necesario, no queremos quitarle su tiempo.
—Yo… tenía que hacer algo —trató de negarse.
—Remus por favor. Lo haría yo, pero ya debo ir al Ministerio o perderé mi trabajo —comentó con una sonrisa. Remus al verla así de contenta, no pudo decir que no.
—Esta bien, yo los llevare —acordó.
—Gracias, sólo por eso te daré una caja de chocolates cuando cobre mi salario —agregó divertida, giñándole un ojo.
—Muchas gracias —espetó Teddy, divertido de ver como sus padres se miraban. Si seguían así, él ni siquiera tendría que darles un empujón.
—Bueno, los dejo. Espero verlos pronto. Después nos ponemos de acuerdo con la salida, Ted —manifestó agitando su mano. Se alejó dejando a Remus y Lily confundidos por ese comentario, mientras Teddy cerraba los ojos, su madre si que no sabía de sutilezas en algunos momentos.
—Vámonos —ordenó Lupin, sin siquiera mirarlo, iniciando la marcha. Teddy negó con la cabeza pocos pasos atrás.
Lily los miraba confundida por las raras reacciones que tenían.
*º*º*º
Continuará…
Muchas gracias a todos los que se dan el tiempo de leer la historia y nos tienen en favoritos, y alertas. Esperamos que se animen a comentar y hacer felices a estas dos locas escritoras.
(´¸.·*´¯`*»- - The darkness princess & Lady Muerte
