Estatua (Creek) (Clybe)

En un mundo antiguo, lejano y desconocido; un rey de mirada fría y oscura como el más verdoso y profundo bosque que cualquiera pudiera contemplar, atento miraba y se encaminaba por cada avenida de su hermosa ciudadela. Impávido y sin ninguna emoción observaba a cada rostro mirando directo a los ojos buscando por algo que jamás llegó a conocer, pero a su vez, congelando y encantando con su varonil presencia a toda persona que lo llegase a ver.

Por detrás venían dos de sus mejores súbditos, expectantes ante cualquier reacción de su rey. Esperanzados de que esa inexpresiva boca se curveara al menos un poco en cuanto viera a esa persona indicada que lo alcanzase a cautivar. Sin embargo, no había tal que consiguiera atraer al joven soberano ni siquiera un poco.

- ¡Muy bien! ya fue suficiente de toda esta mierda – Con voz dura pronunció su hastío encarándolos – Se los he dicho ¿O no? No hay, ni habrá en este reino a quien pueda cortejar ¡Entiendan!

Las palabras del rey abrasaron con los nervios de ambos jóvenes y de los que estaban alrededor. Aun siendo sus más entrañables amigos temieron ante su gobernante, pero eso no significaba que dejaran de insistir por su felicidad.

- Craig, te rindes demasiado fácil – Su amigo de piel oscura y ojos amatista lo enfrentó con la preocupación en su voz – Si no le das una oportunidad a tu corazón, por supuesto que jamás llegaras a estar echo para el amor ¿Cuándo será el día en que nuestro rey goce de la pasión y la ternura?

- Si amigo, no quieras esconder tu desdicha detrás de ese aspecto duro y desinteresado, seremos solo dos de tus vasallos, pero entre nosotros existe una inquebrantable hermandad y sabemos bien lo que has estado sintiendo. Jamás muestras una sola sonrisa y lloras en silencio por tu soledad ¡No te engañes mi rey! Déjanos ayudarte – Le siguió su afligido amigo de orbes grises y cabello castaño.

El rey de pelo azabache no contradijo a ninguno de los dos, no necesitaba recordarles lo que tanto les había dicho hasta el cansancio.

"No necesito de alguien para ser feliz. Con ver nuestro pueblo estable es más que suficiente para mí"

No obstante, es solo una frase para autoconvencerse de que esa era la verdad irrefutable, enfrentarse al amor creyendo que no había nadie que cupiera en su pecho.

¿Por qué? ¿No permitía abrir su corazón o simplemente no existía tal derecho para el rey?

Aunque no lo admitiera y ni siquiera para él mismo, esa idea le quebraba su interior.

Sin esperar por sus jóvenes acompañantes se retiró con los ojos ensombrecidos, los dejó a ambos con los semblantes afligidos y a su palacio se encaminó hasta encerrarse a sus aposentos privados.

-Soy un rey sin amor…- Susurró entre lágrimas – El monarca quien gobierna en soledad ¿Acaso los dioses me han condenado en añoranza por algo que jamás llegaré a conocer?

Siendo un rey justo y honesto, queriendo lo mejor para su pueblo ¿Por qué habría de soportar esa agonía? Se sentía sólo, no había familia que lo apoyara y su pueblo o sus dos amigos no llenaban ese desgarrador vacío.

Los dioses no se apiadaban de él, les arrebatan a sus seres mas amados y no lo dejan encontrar eso que tanto la gente llega a presumir ante sus ojos; un alma gemela.

Cerró los puños con fuerza y la tristeza se fue convirtiendo en ira. Ese despreciable sentimiento lo invadió por completo y sus movimientos lo forzaron a tirar y destrozar hasta la más invaluable posesión de la habitación. Gruñendo y queriendo aligerar su dolor sin ningún éxito.

¿Qué debía hacer para encontrar el amor, cómo debía ser esa persona? La soledad le carcomía.

Buscando un consuelo desesperado, corrió persiguiendo aquello que le recordaba lo que fue sentirse realmente amado, huyendo lejos del desastre que había causado.

En un espacio privado y sereno. Las manos tambaleantes y añoradas de Craig se posaron sobre una frágil estatua hecha de bronce, y sus lágrimas en ningún momento cesaron pues lo que había enfrente representaban lo que quizá no volvería a tener jamás.

Las figuras de un hombre y una mujer sosteniendo la mano de una pequeña niña plasmaban a la familia que tanto llegó a extrañar.

-Mamá, papá…Tricia ¿Estaré pagando el precio en dolor por algún error del pasado? O ¿Simplemente las divinidades del amor escribieron las letras de mi destino aislados de la ternura de un amante?

No había existencia que Craig pudiera amar y, sin embargo, le necesitaba más que a nada en el mundo.

-Le necesito conmigo…

Deseaba con todas sus fuerzas que donde fuera que estuvieran sus padres y su querida hermanita; no lo vieran en tan lamentable situación, demostrándoles ser el inquebrantable rey que siempre debió ser; pero no podía, sintiéndose pequeño siempre buscaría el consuelo en las estatuas de sus difuntos padres aun sintiéndolos como simples figuras de bronce.

A la distancia, Token y Clyde presenciaban al deplorable rey con suma tristeza, lo acompañaban con su sentir.

-Discúlpenos por nuestros inútiles esfuerzos. Ayúdenos a encontrar la prosperidad en su alma y no dejaremos de buscar – Con la rodilla al suelo y el puño en el pecho, Token oró en susurro a sus difuntos reyes y a su inolvidable princesa.

Observó con los apacibles rostros, y en ellos sentía la melancolía que tanto atormentaba a su querido Craig ¿Qué más podían hacer? Mas que poner todas sus esperanzas en que alguna mano divina moviera los hilos del joven.

Clyde a su lado miraba el cielo con creencia, pidiendo con el corazón en mano a cierta divinidad de hebras doradas que les ayudase en su larga travesía de encontrar eso que su rey tanto necesitaba.

-Querida mía, por favor escúchanos…

0O0O0

Las estaciones pasaban y el rey mostraba un carácter más amargo, cada vez era más callado y se alejaba de los demás ¿Qué debía hacer su pueblo para ver a su amado gobernante feliz? Tan solo podían confiar en sus más cercanos; Token y Clyde, quienes buscaban una manera de hallar algo o alguien para verlo al menos un poco más optimista con la vida.

-Craig – Tocó la puerta su amigo Clyde esperando por su permiso.

- ¿Qué quieres, Clyde? – Una voz más apagada a la acostumbrada se escuchó.

-Pues veras, hace un hermoso día y no aprovecharlo sería un desperdicio. Justo iba a dar un paseo a la ciudadela y… pensaba en invitarte. Los artesanos ofrecen hermosas piezas esta época del año y Token esta más que entusiasmado porque veamos sus trabajos – Aunque no lo quería, esperaba una rotunda negativa de su parte como estuvo haciéndolo todos los días – ¿Qué dices? – Varios segundos esperó y afligido estuvo a punto de retirarse hasta que fue respondió.

-Está bien…

Detuvo su andar y volteó encontrándose con Craig en el umbral de la puerta abriéndose; más pálido de lo normal con notables ojeras.

Los jóvenes salieron de la oscuridad del palacio y el azabache sintió la vista cegarle, pero el cálido toque del sol en su piel calmó sus malos ánimos y no objetó al respecto.

Se le notaba más animado ese día y el castaño se alegraba de ver que accediera en escoltarlo por esa vez a la ciudadela.

¿Habrán sido escuchadas sus oraciones?

-Clyde ¿Recuerdas a esa chica rubia de la que tanto nos hablabas? – Soltó Craig de la nada desconcertando al castaño – ¿Cómo te enamoraste de ella? ¿Qué le sucedió, ya la olvidaste?

Clyde esperaría otra cosa, mas no esa clase de pregunta. Puso atención al rostro ajeno si había algún cambio en él, pero éste seguía áspero y con la mirada helada hacia adelante.

No tenía intenciones de debatir del porqué de esa cuestión, así que solo respondió.

-Pues, bueno, cómo olvidaría a Bebe – Pasó su mano al cuello ruborizado por recordar los más bellos suspiros que hizo por esa hermosa mujer – No fue algo que planeara. Un día solo la vi a los alrededores del reino, tranquila en el campo, y desde ese instante supe que sería el amor de mi vida. Estuvimos juntos por mucho tiempo, los mejores momentos de mi existencia se los llevó ella…

Craig observó a Clyde y notó que había un brillo en sus ojos, uno que pocas veces llegó a ver. Solo las veces en que era mencionada aquella rubia, pero poco se apagó ese destello cuando el castaño prosiguió con su pequeño relato.

-Pero un día ella tuvo que irse. Era muy diferente a las demás y sabía que no era de este mundo. No quería, pero tuvo que dejarme, aunque ¿sabes? a pesar de todo eso; Bebe correspondió mi amor con la misma intensidad y aun si pasaron milenios nos juramos amarnos para la eternidad porque sé que habrá un día en que no volvamos a ver.

Una lagrima se asomaba con timidez en uno de los ojos de Clyde y una sonrisa llena esperanza lo adornaba.

Con extrañeza el azabache examinaba esa cara, una aspiración que él no comprendía.

- ¿Por qué estas tan seguro de que volverás a verla? – Como un espinazo al corazón, Clyde lo observó con los ojos bien abiertos – Ella se fue, y cabe la posibilidad de que jamás vuelva o que tu no puedas encontrarla de lo que te queda de vida ¿Por qué sigues creyendo en ella?

- No es simplemente la idea o la sencilla promesa que ella me hizo, Craig – No hubo resentimiento por su duro cuestionar, pero quería dejarle algo en claro – Aunque no la vea o la conciba viva entre mis brazos, la siento velando por mi cuales rayos de sol sobre mi cuerpo, y eso me asegura que en algún momento de mi realidad; ya sea en vida o muerte, ella volverá por mí.

Las palabras de Clyde llegaban pesadas para Craig. No llegaba a entender a lo que tanto fervor creía su amigo. La seguridad que tenía el castaño por su amada le hacía sentirse como una estatua, pero no como esas figuras hechas en recuerdo a sus reyes o en representación a alguien importante; sino como a un retrato sin intención o sentido. Frío sin la sensibilidad del amor o de algo que fue albergado con cariño.

Para el joven rey no había manera de experimentar de ese bello pesar, pero quería por palabras de su amigo conocer una parte de lo que era el amor verdadero y ahora se arrepentía de haber indagado sobre su experiencia.

Clyde se había dado cuenta de lo que había dicho y se sintió estúpido ahora viendo el semblante de su amigo y rey. Darle a conocer sobre su impenetrable amor fue un grave error.

-Craig, yo lo siento, no quise…

El otro levantó la palma callándolo.

-No, Discúlpame a mí. No fue mi intención objetar sobre tus sentimientos. Solo quería saber, lo que siente uno de mis amigos lo que es el amor de alguien ajeno a tu sangre.

Melancólico Clyde siguió golpeándose mentalmente por hacer sentir mal a su rey.

-Recuerda Craig; el amor adopta en varias formas y tamaños. No desesperes.

Y sin nada que pudiera decir, ambos siguieron el camino dejando el tema atrás, pero al de mirada verdosa pensaba con la tristeza atorada en la garganta.

¿Qué debería hacer el soberano Craig? No llegaba una muy buena motivación para hacer algo.

- ¡Craig! Si viniste – La alegre voz de Token llamó su atención dejando un poco la melancolía por la sorpresa recordando de nuevo a lo que había venido.

-Por supuesto, como rey tengo la obligación de ver en lo que tanto trabaja mi gente.

-Claro, claro – No le importaba mucho la razón, se encontentaba con ver a su amigo salir del castillo un poco más animado – Me da gusto verte, mi rey.

- ¡Hey! También estoy aquí – Con diversión se hizo notar Clyde sintiéndose ignorado por Token.

- ¡Oh! Buen día, Clyde.

- ¿Qué? Solo un ¿"¡Oh! Buen día, Clyde"? Fui yo quien sacó al rey del catillo y, además, también vine a ver tus obras ¿No estas feliz de verme?

-Te veo todos los días con tu regocijante sonrisa y apenas y te das el tiempo de pasearte a ver en lo que trabajo día a día. No digas que ahora estas interesado en ver el resultado de mí esfuerzo.

- ¡En efecto! Son el resultado de tu esfuerzo, osease ya finalizados. No vendría a verte solo laborando la piedra, que aburrido.

- ¡Vaya! Ahora veo porque eres malísimo en el arte.

- ¡Oye! Mis retratos no son tan malos.

- ¿Bromeas? El retrato de Bebe es indecente y su cuerpo antiestético.

- La belleza de Bebe supera cualquier pintura, imbécil.

Ambos jóvenes siguieron con la jocosa disputa, duraría para largo y Craig se dispuso a observar en lo que tanto intentaba presumir su amigo de amatistas.

La atención del joven rey se pasó entre las bien trabajadas obras de Token y su padre, casi todas mujeres.

-Buen día, mi rey – La añeja voz de un hombre de piel oscura lo sobresaltó – Disculpa a mi hijo Token, el joven Clyde suele distraerlo con facilidad, pero puede pasearse entre las humildes estatuas. Seria un honor ver que tanto son de su agrado.

-No se disculpe y el honor es mío.

El mayor asintió y siguió en la tarea de esculpir en la fresca madera sin dar aún el volumen deseado.

El soberano solo miraba sin parar las detalladas esculturas, cada una hermosa al punto de ver del creador. Pocos hombres y más mujeres de distintos materiales se moldeaban entre las suaves sabanas cubriéndolos.

¡Que visualidad tan más extraña! Se sentía como uno de ellos, queriendo formar parte de esa singular dureza, sintiéndose como uno más; sin sentir ese sentimiento que las personas llegan a profesar.

-Soy como una estatua. Alguien sin sentimiento o color, de fría y dura imagen.

-Las estatuas no son una imagen fría y sin color, joven rey.

Craig volteó a sus espaldas encontrándose con el viejo escultor.

- ¿Qué dice?

- Son el reflejo de un sentimiento o tal vez el recuerdo de alguien quien alguna vez llegó a este mundo en carne y hueso. El significado nace de nosotros sus creadores, el color y la estética se las damos en sus rostros y en sus movimientos – Y en eso, el hombre descubrió la detallada silueta de una mujer madura – Pero el afecto, la vida y el recuerdo, ellos la mantienen.

El joven mostró admiración por tan hermosa persona en piedra, sintiendo la vida y la emoción en su rostro.

-La madre de Token y mi adorada esposa; la conservamos en esta dura piedra gris y, sin embargo, la mantenemos cerca con esta figura, recordándonos que está en nuestra cercanía en donde quiera que su alma descanse – El hombre posó su mano sobre el hombro de Craig y éste sentía el contenido llanto desmoronándolo por dentro – No es una fría estatua como dice, su majestad. Solo es el artista que no se ha atrevido a maniobrar la piedra.

Craig no se sentía capaz de controlarse y en lo dicho del mayor se dejó manifestar como el niño incomprendido como se sentía.

-Soy un rey, que no ha sabido amar a nadie ¡Es una maldición! No veo mi corazón el solo rastro de esa emoción en ninguna persona. ¡No figuro ni siquiera una idealización!

El escultor se acercó a Craig cual pequeño y le extendió los cinceles.

-Alguna vez se ha sabido preguntar ¿Cómo seria esa persona que tanto anhela? – El de mirada verde miró las herramientas sin saber la intención del otro – Se ha encerrado tanto en las pulcras paredes de su palacio viviendo entre las figuras inmortales de su familia, que no ha encarnado ni siquiera el amor hacia algo que no sea su obligación al pueblo.

El azabache tomó los utensilios de metal y vio en ellos una esperanza.

- ¿Encarnar el amor…?

0O0O0

El reino se caracterizaba por el hermoso arte de sus habitantes, y ahora el monarca Craig le hacia honor a su nombre.

¿Qué pasaba con el rey? Pocos años pasaron y ahora vivía más entre estatuas que con seres vivientes. Palmas y dedos desgastados, restos de un material blanco cubría al azabache. Cabello enmarañado y sucio, pero con los ojos gozosos de determinación y sentimiento.

¿Se habrá vuelto loco?

- ¿Craig? – Sus dos confidentes no cabían en su asombro. Los privados del rey acaparado de extraños bloques de piedra blanca, cada una destrozada y trabajada de distinta manera. Una mejor que la otra, tratando de imitar el cuerpo de un ser humano.

- ¿Sí? – Con las herramientas de diamante entre sus manos descubrieron al azabache.

- ¿Q-Qué es todo esto? – Asustado, Token examinó los trabajos de su rey y el rostro que notablemente no había dormido en días.

-No es algo que les importe, soy un rey ocupado.

-Amigo, ¿Qué intentas hacer? Todos estamos preocupados y cada año que pasa tú…

– ¿A quién buscas rememorar? – Preguntó Clyde desviando un poco a los otros, pues se encontraba anonadado por la belleza que veía ahora olvidándose por un segundo del estado de Craig – Jamás había visto tal encanto de alguien como él.

La escultura de un esbelto joven de rostro aniñado y de fina expresión se hallaba frente a ellos. Completamente desnudo, teñido de misterio y con los parpados cerrados.

La pregunta hizo que le doliera el estomago al azabache y el intenso calor en sus mejillas asombraron a ambos súbditos.

¿De dónde había visto a ese ser para recrearlo en esa fina dureza? Los orbes de Craig mostraron el hermoso fulgor de alguien enamorado.

-No es alguien que se haya visto vivo sobre esta tierra de mortales. Es la imagen misma del amante que jamás pude tener, hecha en la silueta de una hermosa criatura de ojos irreales cubiertos de pulcra piedra.

Los amigos de Craig apenas y pudieron comprender a lo que había dicho.

¿Qué contestación era esa?

El azabache de ojos verdes había decidido ya no buscar a través de mortales lo que tanto quiso sentir y osó en dedicar su tiempo en engendrar con sus manos al individuo del que se enamoraría.

Ahora veían en lo que tanto hacia su amigo el soberano.

– ¡Craig se volvió loco! – Exaltado exclamó Clyde y Token estaba en verdad consternado no creyendo lo que había escuchado.

-No espero que entiendan y tampoco busco la aprobación de mis vasallos hacia él.

- ¡No digas estupideces, Craig! – Discutió Token con la preocupación mortificándole – ¿Dices que amarás a esta cosa? No es una persona, no hay calor ni vida dentro de la escultura y menos es el recuerdo de alguien a quien se amó ¡Solo es piedra labrada!

- ¡Guarda silencio! No permito que hables así de Tweek ¡Maldita sea!

Los rostros de Token y Clyde descompusieron ¿Tweek? Un nombre ahora poseía la inerte figura.

¿Cómo acabaría Craig después de esto? Ambos amigos tuvieron que dejar al rey a solas con su maniático amor.

-No dejaremos que nuestro rey llegue más lejos o caerá en la profunda locura – Declaró Token con un angustiado castaño.

-Pero Token ¿Lo viste? La felicidad no cabía en su mirada y arrebatarle al joven de piedra le causaría un gran dolor.

- ¡No Clyde! Eso no es amor, es la mera esencia de la locura y no podemos permitir que Craig vaya a la paranoia de creer que esa cosa le profese amor eterno. ¡Nos desharemos de la estatua aun ruegue por él!

Clyde lo vio alejarse con una fuerte opresión en el pecho.

- ¡Amada mía! ayúdanos a librar este duro acontecimiento, tengo un mal presentimiento – A sus adentros pedía con ímpetu a la deidad que tanto adoraba, que todo lo que llegase a ocurrir a su amigo no alcance la desgracia - ¡Espera, Token!

0O0O0

Ya no había rastros de bloques tallados sin trabajar, ahora sólo destacaba una sola silueta en luceros enamorados de Craig. Cuidaba con recelo al joven que había nombrado como Tweek y cada día se encendía de amor por él. Por fin estaba sintiendo eso que tanto necesitaba.

Cariño, obsesión y deseo se dirigían a la estatua de hermosas ondulaciones y no cabía vergüenza alguna para Craig, pues no se limitaba en demostrarle todo eso que sentía por Tweek. Besos y caricias asignaba en cada parte de él y la excitación de tener su cuerpo caliente debajo del suyo lo expresaba llorando.

-Daria lo que fuera por ver el color de tu iris y ver en ellos que correspondes mi amor – Dijo posicionando las manos en el rostro del menor. Querer encontrar sobre sus parpados los místicos ojos que tanto soñó ver.

El reino seguía su curso, pero por dentro temían por su monarca ¿Dejar al rey con su extraño amor hacia la bella estatua o hacer que se olvide de él? No había votación al respecto, pero confiarían el destino del que le llaman Tweek a manos de sus dos más queridos plebeyos.

Una complicada noche se acercaba y la gente de dicho pueblo atendieron el llamado de los mas destacables siervos del rey.

- ¡No desaten la aflicción hacia su majestad, amado pueblo! ¡Nos desharemos de esa peligrosa obsesión de aquel que denomina como Tweek, y el verdadero afecto de algún poseedor de corazón vivo llegará a su vida! – Declaró Token con decisión a los habitantes de miradas inquietas – Por culpa de mi padre que ahora descansa en la mano apacible de la muerte, en palabras llenas de insensatez no supo aconsejar a nuestro soberano y ahora a mí, como su único hijo y amigo del rey Craig me corresponde remediar este daño ¡No duden de mi palabra! – La mirada dura de Token se convirtió en remordimiento luego de dar su última confesión y los gritos de aliento del pueblo no se hicieron esperar.

El de piel oscura desde un principio mostraba una negativa y por ningún motivo dejaría la escultura refugiarse dentro de la adoración de Craig.

Por parte del castaño, había un gran conflicto en su propio dictamen. No estaba del todo de acuerdo con la sentencia del de mirada amatista que había puesto sobre el desafortunado Tweek. Con ver las sonrisas de Craig dedicadas al menor le recordaba a él mismo en los ayeres de contento cuando podía suspirar por su tan recordada amada de cabellos dorados. No se atrevía en quitarle esa dicha a su amigo.

En soledad dejó a Token con la multitud y se encaminó a un lugar que él consideraba especial.

En medio de la hierba Clyde desató en desespero.

- ¿Qué clase de movimiento debería de realizar para el bienestar de mi mejor amigo? – Al aire nocturno pidió desconsolado – Amada mía, con tu amorosa mano ayuda a Craig. No me siento capaz de romper su ilusión hacia al ente de piedra y ahora mismo te siento como única fe – Rezó con toda el alma encomendada y en su empapado rostro sintió las tenues cálidas brisas retirando sus gruesas lágrimas – Bebe...

Si había esperanza después de todo.

0O0O0

Las horas pasaron y la noche ya era mas oscura, anunciando su pronta consumación.

-Token, si tan solo esperáramos un poco más.

- ¡No más tiempo, Clyde! Un segundo más dejamos pasar y más difícil será el regreso del cuerdo Craig.

Ambos amigos y un guardia del reino se preparaban para el rapto y destrucción de Tweek.

-Pero…

- ¡Ya basta! Nuestro amigo y rey nos necesita. Qué tu pena hacia su soledad no te engañe, esa estatua maldita solo le hace daño.

La oscuridad de los pasillos apenas y eran visibles a sus ojos, pero no necesitaban de ellos para guiarse, conocían a la perfección los caminos hacia los privados del azabache.

En sigilo se abrieron hacia el mundo de ensueño de Craig, quien dormía plácidamente con la mano extendida hacia su bella obsesión apenas tocándolo.

-Sigo sin poder creerlo – Susurró el escolta.

Tan hermoso era el joven de blanca piedra, que pareciera que cobrara vida por si sola.

-Es solo una vil estatua ¡Llévensela!

En silencio retiraron al menor de los aposentos del durmiente, aun con la confianza de que su amado se encontraba a su lado.

El castaño y el guardia cargaron con Tweek atándolo a las lastimeras cuerdas sobre el pequeño carruaje de carga. El caballo que le cargaba lo hacia sin esfuerzo alguno, pues era una pieza muy ligera. Ver todo el escenario el remordimiento ya empezaba a clavarse en Clyde.

A pie los hombres llevaban la escultura hacia el barranco más cercano; lugar perfecto para dar sepultura al deseado objeto para que no quede rastro de desmembramiento dentro del reino, con la gente reunida esperando la oportunidad de poder al fin apreciar la famosa figura de Tweek, antes de que ésta se convirtiera en mísero polvo blanco.

-Amigo, deberíamos de reconsiderar el mal que podríamos estar haciéndole a Craig. Quizás no sea la forma correcta en la que podemos ayudar a nuestra majestad.

La arisca mirada de Token se fue hacia el castaño, ya estaba harto de su irritante compasión al enfermizo amor del rey.

- ¿No estás de acuerdo con llevar acabo esta obligación? – El de amatistas empujó al otro llevándolo hasta el suelo – ¡Bien, lárgate de aquí! No estamos ni a mitad del camino y los martillos esperan por esta piedra maldita. No se puede perder más tiempo.

Y antes de que fueran capaces de dar un paso más, Clyde tomó de vuelta posición y de sus botas de piel sacó dos ligeras dagas. Esperaba que sin violencia pudiera hacerlo retroceder de lo que tal vez pueda arrepentirse, pero Token no era quien deje su brazo a torcer tan fácilmente.

-No Token, no podemos hacerle esto a Craig – Se puso en defensa con Tweek a sus espaldas apuntando hacia el guardia y a Token.

-Clyde, baja esas dagas…

- ¡No, escúchame! Sé cómo es el amor y lo reconozco cuando veo a Craig cerca de Tweek ¡Lo siento resplandecer también en este joven de piedra!

- ¡Estas delirando! No hay nadie que exista con el nombre de Tweek, es solo la paranoia del rey ¡Ahora déjame terminar con lo que mi padre empezó!

- ¡No!

- ¡Guardia! Apártalo – Duda hubo opinión en el humilde escolta y no pudo hacer más que obedecer.

El castaño no se apartaba de Tweek no queriendo atacar. En sus pensamientos rogaba a su amada deidad.

"Bebe, ayúdanos por favor ¡Te necesito!" pidió esperanzado.

No muy lejos de esa controversia, los sueños de Craig lo agitaban.

-Craig.

La dulce voz de una mujer resonaba en su cabeza.

-Craig, despierta.

En su mente había sombras que aparecían familiares, pero que eran poco visibles.

-Despierta, despierta.

Y entre ellas poco a poco salió a relucir una hermosa deidad de ondulaciones doradas hasta la cintura.

-Tweek te necesita, despierta Craig.

- ¿Tweek? – Abrió los ojos asustado y con la mirada buscaba a su amado por todo el aposento – No…

Rápidamente salió de la habitación yendo en su búsqueda.

- ¡Guardias! ¡Guardias! – Llamó a sus escoltas, pero nadie atendió. Estaba completamente solo – ¿Por qué…?

Como pudo salió del castillo a caballo pidiendo a los dioses y a su difunta familia que no fuera demasiado tarde. El corazón le latía con fuerza y un terrible presentimiento lo mataba.

Cerca del risco, Clyde atado suplicaba a gritos.

- ¡No lo hagas Token! ¡Matarás a Craig de la tristeza, la amargura lo acabará!

La gente del reino escuchaba con melancolía los ruegos del castaño. Todo estaba listo, la estatua de Tweek descansaba sobre la tierra y los martillos solo esperaban con pesar la señal de Token.

Se sentía casi como un funeral.

-Es por el bien de nuestro rey ¡No lamentará la perdida de este pedazo de piedra!

El de piel oscura daría la señal con la aprobación o no de los demás, se sentía seguro de sus acciones y no se arrepentiría de nada. Una responsabilidad lo aprisionaba y la culpa lo enfermaba.

- ¡No sientas culpa por los consejos mal atinados de tu padre, él fue el único en poder darle una esperanza a nuestro querido monarca!

- ¡No necesito más de tu palabrería!

Y sin más, un asentimiento de cabeza hacia los martillos fue suficiente para que se dignaran en destruir al hermoso niño.

- ¡Tweek! – La desesperada voz de Craig se escuchó.

Agitado y con los latidos saliéndose del pecho bajó de su caballo corriendo hacia el joven que yacía cerca del final del barranco.

- ¡Craig, no! – Iba directo al primer martillo que golpearía a su amado, ya era demasiado tarde.

Los oídos de todos percibieron ese temible crujir proveniente del martillo contra Tweek y ese sonido lo palpó el corazón de Craig.

- No, por favor.

El bello rostro mostraba duras grietas y el azabache no pudo más que en ir a abrazarlo con lágrimas expresando su dolor.

Token sentía la profunda tristeza del rey y el peso del mundo lo sintió en sus hombros. Un gran pecado había cometido y la sentía acuchillarle por todos lados.

-Craig…

¿Qué había hecho?

Clyde que había visto la desgarradora escena, su silencioso sollozo tampoco tardó en salir, al igual que la pesadumbre de las personas que los acompañaban.

-Bebe… ¿Dónde estás? – La sintió cerca, pero ahora ya no sabía en qué creer.

- ¡Tweek, perdóname! ¡Todo esto es culpa mía! Yo te llevé a esto, te necesité tanto hasta arrojarte a tu ruina – Tomó entre sus manos el fracturado rostro y con sus labios rozó los de piedra quebrada, pero ¿Qué pasaba? La sensación de un aliento ajeno lo había sentido en su beso.

- Pero ¿qué…? – Exclamó uno de los martilladores sin dar crédito a lo que veía - ¡Su majestad, mire!

Mientras sostenía al joven, varios pedazos se removieron de la escultura enseñando la suave textura de una piel humana.

Craig y todos los presentes observaron la piedra agrietarse y cada pedazo se caía como si fuesen parte de un cascaron.

La noche había acabado y el sol comenzaba a salir junto con la viva piel de Tweek que aún permanecía con los parpados cerrados.

- ¿T-Tweek?

Sostuvo el desnudo cuerpo de tez pálida y cabellos rubios. La dulce respiración acompasada del joven indicaba que había un corazón latiendo dentro de él.

Tweek abrió los ojos con lentitud y el color de su iris impactó los sentidos de Craig. Un color en verdad hermoso; Un azul impregnado de dorado y verde, algo de otro mundo heredando el color de alguna bella deidad.

- ¿Craig…? - El delicado sonido salió de sus rosados labios llamándolo – ¿Eres tú, Craig?

- ¡Si, Tweek! ¡Soy yo y estas vivo! – Los necesitados besos del azabache tomaron al rubio con efusividad y el menor no hizo más que corresponder como podía.

El rey se separó del rubio queriéndolo apreciar y éste a su vez también lo hacía, mirándose a sí mismo.

-Estoy… ¿Puedo moverme? – Movió los dedos y posó su mano al pecho sintiendo el latir que no creía tener. Aun en brazos de Craig cambió de lugar su palma donde el corazón de su amante se encontraba, que lo miraba totalmente hipnotizado, tocando el calor que éste emanaba – Una gran sombra me había golpeado y estuve a punto de morir y-y…

Pequeños temblores poco alteraron a Tweek y Craig lo calmó con un rápido beso.

-Eso ya no importa, estas vivo y en mis brazos. Nada malo te pasará si estas bajo el regazo de mi amor – El rubio sonrió y una pregunta no se hizo esperar para Craig – Tweek… ¿Tú me amas? Quiero decir, ¿Cabe la posibilidad de que un hermoso joven como tú reine junto a mí?

El otro lo miró sorprendido mientras el azabache analizaba su sorprendida expresión impacientándose. El pequeño solo rio por saber la desesperación de su amado rey.

-Fui hecho con el amor necesitado de un solitario rey, amo a mi creador y no deseo más que tenerlo a mi lado. ¡Nací para amarte, Craig!

Ya estaba dicho y un beso selló el anuncio de su pronto casamiento.

El asombro había en cada súbdito, pero todo eso se esfumó dando paso a gritos de alegría aplaudiendo a la reciente pareja.

-Craig… Tweek – Junto a los jóvenes llegó el incrédulo y arrepentido hombre de piel oscura – No sé qué decir, lo siento.

-Token … - La voz del azabache cambió drásticamente a una dura asustando a Tweek y a Token – Busca una manta, Tweek esta desnudo y con eso queda enmendado tu error – No hubo resentimiento o un doloroso exilio, solo una sonrisa hubo en las comisuras de Craig. De alguna manera, Token fue parte fundamental para que ese bello sueño se volviera realidad - ¡Vamos! No te sientas mal mi fiel siervo, anda y busca algo para cubrir a tu joven gobernante.

- ¡En seguida! – Con alegría buscó entre los pueblerinos la mas adecuada manta para su nuevo soberano.

Clyde en su sitio ya había cesado el llanto y el alivio en su pecho se mezclaba con suma alegría.

-Bebe ¿Acaso tú lo hiciste?

Las cuerdas aflojaron al cuerpo del castaño y una fémina voz que encantaría a cualquiera le habló a sus espaldas.

- ¡Por supuesto! Soy la diosa del amor ¿Quién más podría hacerlo? – El de ojos grises volteó no creyéndolo, estaba seguro de que no era uno de sus tantos sueños; la hermosa rubia de ojos verdes azulados le sonreía emocionada después de no verse en tanto tiempo y un abrazo acompañado de un sorpresivo beso por parte de Clyde no se hizo esperar – Tranquilo, amor mío. Estoy aquí.

- ¡Bebe, sabía que nos ayudarías! Jamás dejé de creer en ti.

-Es mi trabajo ayudar al amor, Clyde. Además, imposible no escucharte, mi corazón se partía por cada uno de tus ruegos.

-Disculpa a este hombre llorón, pero no sabía qué más hacer más que orar a la deidad del amor… y a mí amada.

Juntaron los labios sin saber cuanto tiempo se perderían, pero la diosa tuvo que pararlo, pues aun no era el día.

-Jamás dejes de creer, mi niño llorón.

-Jamás lo haría – Feliz observó a los enamorados que se admiraban cerca del barranco - ¡Bebe…! – Clyde quiso regresar la vista a su amada, pero la hermosa diosa se esfumó no dejando rastro. Suspiró sin quitar la sonrisa, no era el momento aun para ellos – Siempre esperaré por ti…

0O0O0

Aplausos y vientos de felicidad inundaban al reino. Tweek quien vestía finas ropas de un característico príncipe saludaba ahora su amado pueblo, tomado de la mano de Craig que éste presentaba al nuevo gobernante de herencia divina.

- ¡Su majestad Tweek! – Llegó Clyde abrazando a su nuevo amigo – ¡Que dicha, que felicidad!

- ¡Hola Clyde! ¡ngh!

-Clyde, déjalo – Gruñendo Craig lo jaló.

- ¡Oye! No sea celoso, mi rey. Solo felicitaba a nuestro nuevo soberano y amigo.

-No, lo estabas asfixiando – Apareció Token con burla.

- ¡Anda Tweek, diles que no es verdad!

-Tranquilo Clyde, no pasa nada. Te perdono.

- ¿Qué? ¡Oye!

Todos mostraron sus risas ante la cara del castaño.

Las brisas cálidas mecieron los cabellos de Craig parando en su diversión y estos lo llevaron a las espaldas de Tweek y Clyde; la misma mujer que antes llegó a ver en ese extraño sueño que pedía auxilio para el joven rubio. Bebe cuidaba de ellos y el azabache no hizo más que agradecer a la diosa que ésta le sonreía advirtiendo de cuidar y amar por siempre a su amado de ojos magníficos.

- Craig, ¿qué pasa? – Los ojos verdes se fueron con amor hacia al pequeño rubio que lo veía con dulzura.

-No es nada, Tweek– Los labios del menor se vieron apresados por los del rey y no pudieron estar más contentos – Te amo, mi bella estatua.

Por fin el solitario rey que vivía entre esbeltas esculturas encarnó su amor en un hermoso joven de orbes divinos, dándole color y ternura a sus vidas.

Un amor que se labró en piedra.


Holi! Espero les haya gustado :D aquí la segunda historia y pues espero que no les haya molestado el Clybe, salio sin querer queriendo xd

Esta basada en el mito griego de Pigmalion y Galatea, muy bonita :3

La próxima historia tal vez seria Bunny o Tyde... idon't know, tengo ambas ya empezadas.

P.D. Como sieeeempre digo, si ven horrores de ortografia pido mil disculpas, estoy bien meca a veces para escribir.

Agradezco sus reviews :3 y espero hayan disfrutado en verdad de esta historia. Un beso, hasta lueguito n.n