Primero que nada, gracias a Titxutemari y a Akkiotakugirl por sus reviews, francamente pensé que no recibiría siquiera uno por ser el NaruTema una pareja poco seguida xD

Segundo, quiero aclarar que esta historia no es un NaruTema cualquiera. Esta historia, es una verdadera novela con tramas complicadas y extensas, con múltiples personajes, parejas y experiencias que se mezclan entre sí... así que les voy a pedir mucha paciencia y que se tomen las cosas con calma, después de todo, esta es una de las historias más largas en las que estoy trabajando...

Ahora si, sin nada más que aclarar, les dejo con éste el verdadero primer capítulo de ésta, mi Obsesión.


Disclamer: Ninguno de los personajes usados para este fict me pertenecen, todos son de Masashi Kishimoto, y yo no tengo regalías por mis geniales historias (tengo ego, no me culpen xD)


Capítulo 1

El celular no paraba de timbrar, y sin embargo, nadie contestaba. El muchacho estaba desesperado, volteando a cada segundo hacia el reloj, esperaba que le contestaran.

-¿Nada aún?- cuestiono a su lado un joven de cabellos negro azulados, sus ojos eran de un azul oscuro, de mirada profunda y enigmática. Estaban en la estancia principal del departamento que compartían.

-Nada. ¿En que estaba pensando Naruto para irse así, sin decirnos nada?- se quejó dejando caer el teléfono sobre el sofá y llevándose ambas manos al rostro, sus cabellos y ojos eran de un negro absoluto, su piel era muy pálida. Su compañero tomó el teléfono y marcó de nuevo el número de Naruto…

-¿Si, que pasa…?

-¡Naruto, eres un imbécil!- dijo el muchacho entre aliviado y molesto poniéndose de pie de un salto, el pelinegro se quedó con la boca abierta al ver la suerte del otro para que le contestaran.- ¿Dónde rayos estas? ¡Sai y yo estábamos preocupados!- le reprendió comenzando a caminar por la estancia, tras de él, Sai lo seguía dispuesto a arrebatarle el teléfono.

-Ah, Sasuke eres tú, je je. No se preocupen por mi, yo estoy bien, tardaré un poco más en llegar así que no me esperen.

-¿Dónde estas?, Naruto contesta, ¡Naruto!

Pero ya era tarde, el rubio había cortado la comunicación dejando a sus compañeros de casa con la palabra en la boca, en ese momento todavía tenía asuntos que arreglar con su acompañante…

-¿En qué estábamos?- preguntó botando el teléfono y devorando con la mirada la silueta semioculta entre las sábanas. Temari sonrió ligeramente.

-Estábamos despidiéndonos- susurró recibiendo un suave beso sobre sus labios: Naruto había subido a la cama y gateado hasta ella.

-Es verdad… -suspiró sentándose a su lado,- aunque la verdad no quisiera separarme de ti…- le confesó mirándola con ternura, ella desvió la vista manteniendo su sonrisa.

-Seguramente eso le has dicho a todas…

-Claro que no, es la primera vez que se lo digo a alguien- respondió tomándola por el mentón y obligándola a verlo: en esos ojos azules, Temari vio sinceridad.- Quiero volver a verte Temari, pero no aquí y no de esta manera…

-Me está prohibido dar información personal a los clientes, el sólo hecho de decirte mi nombre traerá problemas- respondió con calma

-¿Y lo que sentimos el uno por el otro, acaso eso no vale?- respondió decepcionado el chico, Temari apartó la cara.

-Tú y yo apenas y nos conocemos Naruto, ¿Cómo puedes decir que sientes algo por mi?- cuestionó sintiéndose confundida, Naruto la obligo a mirarlo a los ojos nuevamente.

-Tú también sientes algo por mi Temari, no lo niegues… yo pude sentirlo…

-No puedo involucrarme emocionalmente con los clientes Naruto, fue sólo tu imaginación- respondió tajante y orgullosa levantándose de la cama y comenzando a vestirse, Naruto la observaba incrédulo.

-Estas bromeando.

-Al contrario, estoy hablando muy en serio. Lo de hoy fue sólo sexo, no hay nada más tras de eso, ningún sentimiento oculto – respondió con calma, Naruto se levantó y fue tras ella, plantándose frente a ella para mirarla a los ojos.

-Pues no te creo. No te creo que tú no hayas sentido lo mismo que sentí yo cuando estuvimos…

-La pasión nubla el juicio y los corazones, te hace ver cosas que no son. Gracias por solicitar mis servicios, ya conoces la salida.

Temari salió a toda prisa de aquella habitación, dejando a Naruto solo, todavía incrédulo a esas últimas palabras cruzadas. Se sintió un imbécil, un estúpido por pensar que ella, una prostituta, pudiera sentir algo por él cuando sólo cumplía con su trabajo.

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El día era más que perfecto, el ambiente en la mansión Hyuuga era de algarabía y gozo: la más joven de las herederas del más grande empresario de la ciudad, Hiashi Hyuuga, contraería matrimonio con un prometedor biólogo, hijo de los más afamados científicos dedicados al estudio de la naturaleza.

Encerrada en su habitación, la mayor de las hijas de Hiashi no dejaba de mirarse al espejo. Era el día más importante en la vida de su hermana menor, pero aquello no era lo que la tenía entusiasmada. En la mente de Hinata, había una perspectiva mucho más maravillosa que ver a su hermana casarse.

Terminando por fin de maquillarse, la mujer se levantó y fue a observarse en el espejo de cuerpo completo que tenía junto a su ventana. Conforme con el resultado, se permitió sonreír con dulzura.

Hinata consideraba a ella misma una mujer guapa, hermosa, pero nunca arrebatadora. Tenía un bien proporcionado cuerpo, pero su carácter era más bien reservado y a veces rayando en lo tímido. Observándose desde todos los perfiles posibles, alisó los pliegues de su ropa tratando de corregir cualquier desperfecto, haciendo todo lo posible por ignorar el que más le inquietaba: realmente no estaba del todo cómoda en aquel corto y escotado vestido lila decorado con grandes flores moradas.

Pero a su Naruto, le había gustado, y aunque no le había pedido que se lo probara, ella lo había visto observar ese provocador vestido la tarde en que la había acompañado a buscar la ropa para la boda de su hermana. Ella no lo había pensado dos veces y sin que su novio lo supiese, se había comprado el vestido para darle una muy agradable sorpresa.

El celular comenzó a sonar con insistencia, y apartando por fin la vista del espejo, la muchacha corrió a contestar: su rostro se iluminó al ver en la pantalla el nombre del hombre al que amaba.

-Buenos días amor- contestó con ternura en su voz, al otro lado de la línea una voz masculina respondió.

-Lo siento Hinata, soy yo, no Naruto…- el rubor invadió de inmediato las mejillas de la chica que se llevó avergonzada una de sus manos a la boca.

-¡Sasuke kun! Perdóname, pensé que se trataba de Naruto- susurró muy apenada, al otro lado de la línea telefónica, el muchacho de cabellera azul oscura sonrió con tristeza

-Está bien, no te preocupes… Sólo llamaba para avisar que Naruto ya va rumbo a tu casa, dejo el celular en su cuarto…

-Ah, arigato Sasuke kun, ya lo veo llegar, te veré en un par de horas- agradeció corriendo a ver a través de la ventana, desde donde se podía ver el auto de Naruto estacionarse en la entrada. Sasuke asintió levemente y se despidió de la chica que sin escucharlo ya había cortando la comunicación.

Él y Hinata era compañeros de clase, estudiaban juntos y hacían un buen trabajo en equipo. Además, Sasuke había sido quien le presentara a Naruto un par de años atrás, cosa de la que estaba muy arrepentido…

Desde el marco de la puerta, Sai lo miraba con atención. Los dos vivían en la misma casa junto a Naruto que era el dueño, y siempre había problemas entre ellos dos cuando el rubio no estaba. Además, estaba el hecho de que a Sasuke le molestaba lo entrometido que era Sai…

-Me das pena – dijo después de un rato Sai, Sasuke volteó a verlo de forma fría.

-¿Qué demonios haces ahí?- le preguntó dejando el teléfono sobre la mesa y encarándolo. El pelinegro sonreía con burla.

-Pobre Sasuke, enamorado de la novia de su mejor amigo… y todo por la cobardía de no habérselo dicho a ella nunca – continuó mofándose el muchacho, el ojiazul se cruzó de brazos.

-No te metas en lo que no te importa y sal de mi cuarto imbécil – le ordenó tratando de mantener la calma, aunque desde hacía bastante tiempo quería molerlo a golpes, siempre tenía que controlarse e ignorarlo.

-Si no fueras tan necio, a lo mejor yo podría ayudarte – le ofreció Sai mirándolo con los ojos brillantes, Sasuke hizo una mueca de completo fastidio.

-L A R G A T E – insistió con total claridad, Sai se encogió de hombros y aún con la sonrisa en los labios se dio media vuelta.

-Como desees, perdedor…- y acto seguido, Sasuke avanzó hasta la puerta para encerrarse sin ganas de ver a nadie…

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-Ah, Naruto, justo al hombre que deseaba ver- saludó Hiashi Hyuuga al aparecer al recibidor de su enorme casa, el joven rubio que apenas y había entrado se apresuró al encuentro de su anfitrión.

-Buen día, Hiashi donno- saludó haciendo una inclinación de respeto, el hombre soltó una carcajada y le estrechó la mano al joven.

-Siempre tan formal, Naruto, ya va siendo hora de que empecemos a tutearnos, después de todo, esta casa y todo lo que me pertenece algún día serán tuyos y de mi adorada Hinata…

-¡Padre!- interrumpió al instante la suave voz de la heredera del clan Hyuuga, la atención tanto del padre como del novio de la chica se centraron en la despampanante mujer que bajaba presurosa las escaleras.

-Te lo digo yo que soy su padre, Naruto, no encontraras mujer más hermosa e inteligente que mi hija – comentó con orgullo el hombre dándole un codazo a quien ya consideraba su yerno. Impresionado ante la hermosura de Hinata, Naruto no supo que responder: era la primera vez que la veía arreglada de aquella manera.

-Deberías ahorrar todos tus comentarios sobre los bienes y negocios este día padre, conoces perfectamente el carácter de Hanabi, y si sigues insistiendo en que no la dejaras encargarse del negocio es capaz de cancelar la boda- recomendó sintiéndose avergonzada la muchacha, quien al llegar hasta su padre, le dio un beso en la mejilla.

-De eso tienes toda la razón Hinata mía, tu hermana es tan terca como tu madre, que Dios la tenga en su gloria. Pero ya he tomado la decisión y nada me hará cambiarla. Además, el casarse con Shino Aburame es lo mejor que ha podido hacer por la familia- aseguró el hombre quien consideraba que su hija menor era incapaz de llevar sobre sus hombros el peso de una responsabilidad como la de su empresa. Para él, Hanabi era una chiquilla inmadura, demasiado irresponsable y que siempre deseaba ser el centro de atención; todo lo contrario a Hinata, quien desde pequeña se había mostrado reservada, responsable y apta para ocuparse de los negocios de la familia.

Para nadie era un secreto que el magnate Hiashi Hyuuga tenía claras preferencias sobre la mayor de sus hijas y que era el principal motivo de las peleas entre ambas jovencitas desde que eran unas niñas. El matrimonio de Hanabi traía a Hiashi la alegría de al fin poder deshacerse de ella.

-No quiero escuchar ni una palabra más- intervino Hinata antes de que ocurriese una desgracia, quería mucho a su papá, pero consideraba que a veces hablaba de más y eran esos comentarios extras los que siempre le traían problemas con su hermana, cosa que a Hinata no le agradaba. Simplemente, a ella no le gustaban las disputas.- Si no te importa padre, me iré adelantando con Naruto, iremos a almorzar antes de la ceremonia – dijo para despedirse, el millonario asintió con una enorme sonrisa, y tras estrecharle nuevamente la mano al rubio les deseó suerte y los dejó marcharse sin comentar nada más.

En cuanto subieron al auto de Naruto, un Ferrari negro del año, Hinata besó a su novio de manera fugaz.

-Perdona a mi padre, ya lo conoces como es. Desde que Hanabi anuncio su matrimonio, no ha dejado de insistir en que tu y yo deberíamos formalizar- susurró apenada, Naruto sonrió con tranquilidad.

-No debes preocuparte, él sólo quiere asegurarte un buen futuro- respondió acariciando el blanco rostro de la chica. – por cierto, estas hermosa. No pude decirlo frente a tu padre porque me dejaste sin palabras- concluyó el chico robándole un nuevo beso antes de poner en marcha el auto, la chica inevitablemente se sonrojó mientras sonreía con dulzura a su novio. Ella estaba segura de que Naruto era el hombre de su vida.

-¿Iremos a tu departamento?- preguntó la chica al percatarse del rumbo que tomaban, Naruto asintió mientras ponía un poco de música.

-Olvide el saco, no puedo pedirle a Sasuke y Sai que pasen por el y me lo lleven porque deben estar apenas despertando, anoche se fueron de fiesta - comenzó a contar el chico manteniendo la vista al frente, Hinata lo miró con interés.

-¿Significa eso que no los acompañaste a la despedida de Shino?- preguntó con curiosidad ella, que no se percató del gesto de amargura que durante breves instantes invadió el rostro del chico.

-Estuve un rato con ellos, pero me fui temprano, tenía trabajo que entregar esta mañana y me fui al departamento. Me quede dormido ahí hasta que Sasuke me llamó al celular, estaba enfadado porque lo dejé con Sai y los demás sin avisarle. Cuando llegue a casa, los dos estaban furiosos, tuve que decirles que me habías llamado y había ido a verte, espero no te importe ser mi cómplice- respondió volteando a verla con una pequeña sonrisa, Hinata también sonrió.

-Con gusto seré tu cómplice, - susurró ella volviendo la vista hacia el frente, estaban llegando ya a un edificio de 6 pisos, en donde Naruto había comprado el último departamento hacía muy poco tiempo.

A pesar de sus tan solo 26 años, Naruto era ya todo un inversionista con un futuro prometedor. Desde pequeño, había perdido a sus padres y sido educado por su abuela, una mujer de inquebrantable fortaleza que había enviudado muy joven y sacado adelante a su familia a base de esfuerzo y trabajo duro. Hacía unos 3 años, la anciana había fallecido y dejado a su nieto los bienes que poseía, el muchacho, que iba apenas a la mitad de su carrera universitaria en ese entonces, había decidido invertir su herencia en la bolsa de valores donde tenia poco tiempo prestando sus servicios, y rentado 2 de las habitaciones de la casa en que había vivido desde pequeño para mantenerse. Sin duda alguna, aquella había sido la mejor decisión que habría podido tomar, dado que al poco tiempo, sus acciones se habían triplicado y seguían subiendo.

Naruto entró al estacionamiento del edificio y apagó el auto. Siendo todo un caballero, corrió a abrir la puerta de Hinata a quien ayudó a bajar. El edificio parecía estar vacío a excepción del vigilante que encerrado en su cabina tomaba un abundante almuerzo. El corazón de Hinata se agitó en cuanto entraron al elevador, Naruto presionó el último botón y espero en silencio que las puertas se cerraran.

-Naruto… hay algo que quiero pedirte- susurró la chica, tomando la mano de su novio, que la miró fijamente a los ojos antes de tomarla por el mentón y darle un suave beso que duró el trayecto hasta el último piso.

-¿Qué cosa?- preguntó al salir del elevador aún tomando a Hinata de la mano, y encontrando divertido el sonrojo que siempre aparecía en aquellas mejillas.

-Yo… bueno… mi padre saldrá de viaje en cuanto termine la fiesta de esta noche, y yo quería saber… quería saber si te molestaría quedarte conmigo…- susurró muy nerviosa mientras Naruto abría la puerta de su departamento, el muchacho le sonrió invitándola a pasar.

-Estaré encantado de acompañarte en la primer noche sin Hanabi en casa – respondió guiñándole el ojo antes de ir directamente a su dormitorio por el saco, Hinata lo siguió deteniéndose en la puerta unos instantes.

-Aún es temprano, podemos hacer algo antes de irnos- sugirió al verlo tomar uno de sus sacos, el muchacho asintió cerrando el closet.

-Hai, tenemos todavía dos horas, - confirmó mirando su reloj, Hinata avanzó hasta detenerse frente a él, mirándolo a la cara con las mejillas tenuemente sonrojadas.- ¿Donde te gustaría que pasáramos a almorzar?- le preguntó acariciándole el rostro con ternura, Hinata sonrió y lo abrazó por el cuello dándole pequeños besos en los labios.

-¿Qué te parece en el club? Así ahorramos tiempo de traslado – sugirió ella, a lo cual Naruto asintió y tomándola de la mano, la llevó fuera del dormitorio manteniendo en su rostro una sonrisa.

Un poco sorprendida, Hinata lo siguió en silencio. Había algo extraño en el comportamiento de su novio: cada vez que los dos entraban a la recamara, Naruto no la dejaba salir de ahí sin antes haberla besado muy apasionadamente…

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-¡Sasuke sal ya de una buena vez! – ordenaba Sai aporreando la puerta con todas sus fuerzas mirando con insistencia el reloj de la puerta: la ceremonia de Hanabi y Shino empezaría en menos de 30 minutos, mismos que requerían para trasladarse hasta el Social Club en donde se llevaría a cabo, y para su desgracia, el único con auto en aquel momento era Sasuke…- Demonios, sabía que debía haberme ido con Naruto – se dijo a sí mismo antes de golpear nuevamente la puerta, en el interior, el ojiazul permanecía recostado en la cama, cubriéndose los ojos con el brazo. -¡Sasuke si no sales derribaré la maldita puerta!- gritó el muchacho de ojos negros tras la puerta. Suspirando, finalmente Sasuke se puso de pie, tomó el saco negro y abrió la puerta.

-Deja de hacer tanto escándalo, ¿por qué eres tan molesto?- le reprendió Sasuke mirándolo con superioridad, Sai le regresó una mirada cargada de odio.

-No tengo tiempo para discutir ahora contigo, ya vamos retrazados- dijo arrastrando las palabras, el ojiazul avanzó entonces hacia la salida con media sonrisa de victoria en su rostro, y Sai lo siguió haciendo una mueca de disgusto: odiaba profundamente tener que necesitar a Sasuke a veces…

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-Yo los declaro marido mujer, ya puede besar a la novia

Ante el aplauso de los invitados, los novios dieron por terminada la ceremonia religiosa con el ansiado beso. La pequeña orquesta comenzó a tocar una melodía y los invitados salieron del salón para ocupar las mesas asignadas en el jardín del club social donde se encontraban.

Naruto y Hinata salieron casi al final y tomados de la mano avanzaron hacia la mesa en donde sus amigos los esperaban: Sasuke y Sai se quedaron casi con la boca abierta al ver tan despampanante a la novia de su amigo.

-Ya cierren la boca que les van a entrar moscas – dijo un tanto molesta una chica de ojos verdes y cabellera rosa que estaba en la misma mesa: su nombre era Sakura Haruno, y era una estudiante de medicina de las más destacadas, además, era amiga de Hinata desde hacía varios años.

-Déjalos Sakura, que Hinata les da calabazas porque tiene sólo ojos para Naruto – respondió más animada una rubia de ojos azules: Ino Yamanaka, compañera de Sakura y también amiga de Hinata.

-Al menos ella se esmeró en su aspecto hoy – comentó Sai por lo bajo desviando la vista de la muchacha, fingiendo desinterés. De inmediato, el par de muchachas lo miraron queriendo matarlo, sin percatarse que la pareja ya había llegado hasta ellos.

-Me da gusto que hayan podido venir todos- dijo Hinata a los demás, haciendo una reverencia a modo de saludo. Sai que la miraba de reojo notó el pronunciado escote y pasó su vista hacia Sasuke que pasaba saliva con dificultad. Una sonrisa se dibujó en el rostro del pelinegro que sólo pensaba en divertirse a costas del ojiazul.

-Hinata, perdona que lo mencione, pero no he podido dejar de notar que tienes un maravilloso cuerpo…- le halagó Sai, la muchacha se sonrojó notablemente. – Si no te molesta, algún día me gustaría poder hacer un retrato tuyo en muy poca ropa, para Naruto claro…

-Yo… yo… arigato Sai kun... pero yo…- indudablemente, la muchacha estaba avergonzada, a tal grado que inconcientemente casi se ocultó tras de Naruto que sonrió abiertamente y abrazó a su novia.

-Tranquila linda, Sai sólo está bromeando respecto al retrato,- le dijo tratando de calmarla aunque sospechaba que Sai hablaba en serio: su compañero estudiaba Arte y su especialidad era la pintura.- Aunque Sai, si no te conociera tan bien como creo, pensaría que estás tratando de seducir a mi novia- dijo divertido Naruto, mirando afablemente a su amigo, que le sonrió abiertamente.

-Pues aunque me conozcas deberías tener cuidado Naruto, porque seguramente en esta fiesta hay muchos aparte de mí que intentarían seducir a tan hermosa mujer, ¿no crees Sasuke kun?- casi aseguró Sai volteando a ver al susodicho que le dirigió una mirada asesina.

-Cuida tus palabras Sai- le amenazó por lo bajo Sasuke.

-Bueno, bueno, dejen ya de pelear- intervino Sakura un poco cansada de ser ignorada por los muchachos, por lo que Naruto asintió mientras ayudaba a su novia a sentarse para después tomar su lugar quedando ambos entre la Haruno y el Uchiha.

-Suficiente tengo de ustedes en la casa, como para verlos discutir en pleno evento social- los regaño aunque en tono de broma el rubio, que comenzó a buscar algo con la mirada.- Me muero de sed, ¿dónde estarán los meseros?- preguntó a nadie en específico, y Hinata miró el reloj.

-El servicio de banquetes no tarda en comenzar, deben estar preparando todo para empezar a traerlo- le respondió la chica tomándolo de la mano, al instante Sai asintió.

-Sí, ya los veo salir, y justamente traen las bebidas- le dijo el muchacho señalando una carpa más al borde del jardín, desde donde un grupo de meseros cargaban charolas con vasos y botellas, Naruto besó fugazmente a Hinata antes de ponerse de pie.

-No tardo, ¿alguien quiere que le traiga algo?- ofreció el muchacho mirando a sus compañeros de mesa, que negaron con un movimiento de la cabeza, todos excepto Sai que también se puso de pie.

-Voy contigo- le dijo, y ambos emprendieron la marcha, los meseros habían dejado todo sobre una mesa y regresaban a la carpa por otras cosas.- Entonces, ¿vas a decirme donde estuviste anoche?- cuestionó mientras caminaba a su lado, Naruto saludaba a la distancia a algunos de los invitados que conocía.

-Ya les dije que estuve con Hinata- respondió sin darle mucha importancia, la sonrisa que Sai le dirigía a quienes los rodeaban era forzada.

-No me mientas Naruto, que yo se perfectamente que entre tu y ella nunca ha pasado nada…

-Pues pasó anoche, y no voy a darte detalles porque sé que no te gustará - aseguro el rubio llegando por fin a la mesa, Sai lo miró con sorpresa.

-Tú me dijiste…

-Que tarde o temprano iba a suceder Sai, así que deja de hacer preguntas- le sugirió mientras se servía refresco en un vaso, un grupo de meseros se acercaban a ellos con charolas llenas de bocadillos.

-¿Y nosotros?- preguntó haciendo caso omiso, con un tono de molestia en su voz, el rubio comenzó a servir el otro vaso.

-Nunca hubo un nosotros Sai, tú sabías perfectamente como era la situación- respondió con calma, aunque bajando un poco la voz para evitar que los escucharan.

-Es verdad… pero, ¿seguimos igual, cierto? Cuando ella no pueda o no quiera, yo…- insistió el pelinegro, volteando hacia la mesa en donde se sentaban: Hinata platicaba animadamente con Sasuke.

-Hablamos de eso después, ¿si?- interrumpió las insinuaciones Naruto dándole el vaso a Sai y dando media vuelta para regresar, el muchacho suspiró resignado al verlo alejarse hacia la mesa: si Sasuke no fuera tan cobarde y obstinado, desde hacía mucho tiempo sería pareja de Hinata, y Naruto estaría con Sai…

Tomando casi todo el contenido de su vaso, el muchacho volvió a servirse antes de regresar con los demás, llegando en el momento preciso en que el último invitado asignado a aquella mesa acababa de llegar, era un joven de cabellera negra atada en una coleta, piel bronceada y ojos negros.

-Ah, Shikamaru, tan puntual como siempre- dijo Ino con ironía, el recién llegado, sacó las manos de los bolsillos y manteniendo una expresión de aburrimiento en su cara, se sentó al lado de Sai dejando un lugar vacío al lado de la rubia que le sonreía.

-Deberías agradecer que llegué, aunque hubiera preferido quedarme en casa a ver tele – respondió con calma y hasta bostezando, los demás rieron ante tal sinceridad.

-¿No ibas a traer a tu novia?- preguntó cortésmente Hinata, ella había conocido al muchacho por su amiga Ino y poco después se había enterado que era gran amigo del ahora esposo de su hermana.

-Hai, pero tenía trabajo que hacer esta tarde, se las presentaré después – aseguró mientras comenzaba a buscar algo con la mirada, Naruto sonrió.

-La mesa con las bebidas está allá atrás, los meseros apenas están sacando las cosas- le dijo interpretando la mirada de su amigo, e indicándole con un movimiento de la cabeza el lugar que se ubicaba a su propia espalda, Shikamaru sonrió mientras sus ojos se clavaban en la dirección señalada.

-Justo lo que buscaba, veré si consigo algo más, los veo después- les anunció poniéndose de pie y rodeando la mesa, Naruto sonriente lo siguió con la mirada unos instantes.

-¿Ven? No soy el único que tiene hambre- comentó causándole risa a su novia, y las miradas de incomprensión de los demás.- ¿Crees que debería acompañarlo y traer algo?- preguntó a su novia volteando de nuevo, y sintió un vuelco en su corazón: frente a la mesa de bocadillos vio con total claridad a la rubia con quien había pasado la noche anterior…

-¡Ah, Ahí vienen los novios!- dijo entusiasmada Ino poniéndose de pie, los músicos comenzaron a tocar una melodía de bienvenida y todos los invitados se pusieron de pie, Naruto, con el corazón a punto de salírsele, también se puso de pie tratando de encontrar a la mujer, pero ella no estaba ahí, ni en ninguna otra mesa alrededor… ¿Acaso la había imaginado…?

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-¿Alguna vez te han dicho lo sexy que te ves con esa ropa?- escuchó a alguien susurrar, y acto seguido sintió una mano sobre su cintura. Dando un respingo, la rubia mujer levantó la vista molesta, pero al instante su semblante cambió por uno de sorpresa. La música había empezado a tocar y los invitados tenían la vista fija en los novios recién llegados.

-¡Shikamaru! Tú aquí…

-Ven, acompáñame- dijo el muchacho tomándola de la mano y aprovechando la distracción la llevo fuera del jardín y entraron al salón vacío a toda prisa cerrando la puerta.

-Shikamaru estoy trabajando, ¿qué haces aquí?- preguntó un tanto molesta la chica, sus ojos verdes estaban fijos en los negros de él.

-Tranquila, vengo como invitado… y tú deberías estar conmigo allá afuera, pero preferiste trabajar- le recordó acariciando su mejilla y acercando sus labios a los de ella, que se soltó y volteó hacia otro lado.

-Ya lo has dicho, preferí trabajar y te agradecería mucho que no interrumpieras mis actividades laborales- insistió la mujer cruzándose de brazos, el moreno sonrió y la abrazó por la cintura.

-No te enojes linda, pero no me pude resistir… de verdad te vez muy sexy con esta ropa – le susurró en el oído atrapando el lóbulo entre sus labios, pero la rubia lejos de caer en sus juegos se deshizo de él alejándose unos pasos.

-Shikamaru estoy trabajando, ahora no puedo estar perdiendo el tiempo- replicó ella mirándolo suplicante, el muchacho suspiró mientras metía las manos a las bolsas.

-Que problemático es todo esto… tan sólo quería estar un poco de tiempo contigo hoy, como anoche también tuviste que trabajar, te extrañé – le dijo él mirándola a los ojos, pero casi al instante ella desvió la mirada.

-Debo irme, si se dan cuenta que no estoy tendré problemas… necesito el dinero Shika, entiéndeme por favor- le pidió mirándolo de nuevo con tristeza, asintiendo, el muchacho acortó la distancia y la abrazó nuevamente, y esta vez ella no se separó.

-Lo sé, y te entiendo… pero yo podría darte el dinero y tú no tendrías que trabajar tanto…- y de nuevo, ella rechazó sus brazos, molesta otra vez.

-No, definitivamente no. ¿Cuántas veces te he dicho que no quiero tu dinero Shikamaru? ¿Cuántas?- le reprendió con la mirada, él se llevó una mano a la cabeza que comenzó a masajear.

-Muchas, cientos, tal vez miles, pero tan sólo quiero ayudarte…- insistió él, la muchacha se dejó caer sobre una de las sillas llevándose ambas manos a la cara.

-Tu familia ya piensa que estoy contigo sólo por el dinero Shika, así que deja de insistir ¿quieres?- le pidió evitando mirarlo, pero él avanzó de nuevo hasta ella y tomándola por el mentón la obligó a verlo a los ojos.

-No, no quiero. Estoy cansado de verte trabajar tan duro por tan sólo un poco dinero, si accedieras a casarte conmigo nada te faltaría Temari, absolutamente nada- le insistió de nuevo: Shikamaru Nara era el único heredero de una compañía de productos farmacéuticos de gran fama y que le habían otorgado la fortuna a su familia, además de ser un notable investigador que había ayudado a descubrir múltiples vacunas para algunas enfermedades. En cambio, su novia Temari Sabaku, no tenía dinero, ni era sobresaliente o importante; trabajaba en múltiples lugares para pagar su carrera de relaciones públicas, además de pagar la renta del lugar en que vivía y ayudar a sus dos hermanos menores que, igual que ella, trabajaban y estudiaban para mantenerse.

-Shikamaru no insistas con lo mismo- repitió ella molesta de la misma cantaleta, últimamente discutían mucho por ese motivo:- soy demasiado joven para casarme…

-¿Sabes que la chica que acaba de casarse es más joven que nosotros por al menos 3 años?- le interrumpió él perdiendo la paciencia, soltándola y dando unos pasos lejos de ella.- ¡Temari por Dios, inventa una mejor excusa!- gritó molesto, la rubia se puso de pie de inmediato, y apretando con fuerza los puños le respondió.

-¡Tú no entiendes para nada cómo me siento ni las cosas por las que estoy pasando! Mi vida es muy difícil Shikamaru, yo no puedo simplemente ir y casarme contigo… tengo que regresar al trabajo- y después, salió del lugar dejando al muchacho sólo y sin decirle una palabra más.

Frustrado, y sin siquiera tratar de detenerla, Shikamaru volcó la silla en que la chica había estado sentada. ¿Es que acaso ella no lo amaba tanto como para decidirse a unir para siembre sus vidas…?

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-¿Dónde está Shikamaru? El banquete está por comenzar- preguntó Ino, buscando a su amigo con la mirada, pero ella no era la única que buscaba algo. Naruto, todavía con el pulso acelerado, buscaba sin resultados a Temari entre el grupo de meseros que en ese momento se presentaban ante los invitados mostrando un pequeño espectáculo para abrirles el apetito…

-¿Todas las meseras son morenas?- preguntó a nadie en especial, Sai miró al grupo de hombres y mujeres que de pie frente a la mesa principal serían los encargados de cada mesa.

-Eso parece, ¿por qué preguntas?- quiso saber el artista, Naruto apartó la vista de las chicas decepcionado y sonrió a Sai.

-Creo que Hanabi se ha vuelto más racista al elegirlas todas morenas, me sorprende que no me haya pedido que me pintara el cabello de negro para su fiesta- bromeó el rubio, haciendo a su novia reír, y dándose cuenta de que había sido un estúpido al pensar que la rubia pudiera estar en aquella fiesta: después de todo, Temari era una prostituta, no una mesera, ¿verdad…?