Bueno, he aquí la continuación :3

Inspirado en: Just Another Girl - The Killers ( /3BwzP1laWkQ)


"–Vamos chico, todo está bien.– dice el hombre de traje negro y le da unas palmadas en la espalda.

Le destroza ver al joven así, sentado en la barra con un vaso de whisky en las rocas, el octavo para ser precisos, han pasado casi dos años desde que se encuentra en ese estado.

El chico llega a su casa cada cierto tiempo, pasa días o semanas, "trabajando" y tratando de hacerse el fuerte, y cuando no logra soportarlo más, acude con él.

Llega, bebe, le platica de cosas banales, sus misiones, sus amoríos de carretera, incluso de sus asesinatos, y cuando está lo suficientemente borracho, hace siempre la misma petición: «Bobby, por favor, tienes que decirme en dónde está.»

«No sé de que me hablas, hijo.» había sido siempre su respuesta, y siempre le había matado un poco ver la mirada derrotada de Dean después de esas palabras.

Por supuesto que sabía a que se refería, a quien. El conocía perfectamente a la familia Winchester, conoció a Dean con escasos meses de edad y sostuvo a Sam en sus brazos con horas de nacido, lloró con ellos abrazados a su pecho el día que Mary Winchester se marchó de esta vida y los acompañó desde entonces a dejar flores a su tumba en cada fecha de su cumpleaños. Amaba a aquellos hermanos tanto como su padre y puede que incluso más, por eso no pudo evitar odiar a John en el justo momento que decidió introducirlos a la asquerosa vida que conllevaba el oficio que ambos (John y Bobby) compartían desde que tiene memoria.

Conocía tan bien a los hermanos que le sorprendió que el mayor de los Winchester no hubiera notado antes el tipo de cariño que sus hijos se profesaban.

Él había escuchado la primera palabra salir de los labios de un Sam de apenas 9 meses y la cara de emoción que vio en el ojiverde de 4 años al escuchar su nombre, no tenía comparación.

Había visto al mayor defender a su pequeño hermano innumerables veces, había estado presente cuando el castaño era víctima de algún temor y se refugiaba en los brazos de Dean, los había visto pelear como cualquier par de hermanos pero con la diferencia de que estos dos no podían pasar más de dos horas en ese estado y terminaban siempre abrazados y pidiéndose disculpas.

Les vio compartir su infancia y su adolescencia hasta convertirse en dos jóvenes adultos. Fue entonces que accidentalmente, a mitad de una noche que ellos se habían quedado a su cargo mientras su padre estaba fuera, los vio en medio de un beso, no dijo nada, ellos no lo vieron así que simplemente regresó a su cuarto y recostado evaluó lo sucedido, llegando a la conclusión de que si analizaban la vida de los pequeños, lo que hacían era todo lo contrario a estar «incorrecto».

El cariño que los menores Winchester se tenían había propasado las barreras de lo fraternal, y eso...eso estaba correcto.

Johnn les había arrebatado su vida, lo mínimo que podía darles a cambio era lo único bueno que tenían, amarse.

Por eso le dolía de tantas maneras ver a el rubio en ese estado, tan acabado, apartado de todo (y lo único) que de verdad amaba.

Bobby le había jurado a Johnn no develar la ubicación del menor de los Winchester, y había cumplido bien ese juramento, dos largos años, y le costó toda la fuerza de voluntad que tenía.

Pero hoy...hoy no pudo más.

Esta vez fue diferente, cuando el rubio tocó a su puerta, ya estaba ebrio, afuera llovía horrores y toda la ropa de Dean estaba empapada mientras él temblaba con vehemencia, recuerda que vio el Impala estacionado en frente de su casa, lo que quería decir que el ojiverde llevaba rato afuera bajo la lluvia.

–No Bobby, nada está bien.– dice el rubio dando otro sorbo a su vaso –Nada en mi jodida vida está bien.–

–Bueno, todo tiene solución.– trata de alentarle.

–Hoy me puse el cañón de mi pistola en la garganta– el de traje abrió los ojos con sorpresa ¿de que incoherencias estaba hablando aquel muchacho? –ni siquiera de eso tuve el valor.–

–Dean– dice Bobby con represión y un deje de tristeza.

–No tuve el valor de detener a mi padre de apartarlo de mi lado.–

–Dean– intenta llamar su atención pero parece que el menor no es capaz de escucharle.

–No tuve el valor de enfrentarlo y exigirle que me dijere en donde estaba «él»–

–Escucha, hijo– zarandea un poco el brazo del rubio pero este sigue observando el vaso entre sus manos.

–Y tampoco tuve el valor de acabar con mi miserable vida– y es entonces que rompe en llanto.

Bobby no puede más que abrazarlo sabiendo que eso no va a calmar sus penas, le está destrozando presenciar de esa manera a aquel chico que solía bromear y reír todo el tiempo.

–Bobby, no puedo más– dice Dean entre sollozos –por favor, te lo ruego– se sostiene del cuello de la camisa del otro hombre para buscar apoyo –dime en donde está Sam– y después de eso se pega al pecho del mayor con una letanía de «por favor» entre lastimeros lamentos que terminan por derribar el muro de aquel juramento que Bobby hizo.

–Stanford, hijo– dice el hombre de canas mientras siente lágrimas desbordándose de sus ojos –tu hermano está en Stanford.–"


El teléfono de Dean suena a las 5 de la mañana y él sabe exactamente de quien se trata, así que lo toma y se sale de la cama en rápidos pero silenciosos movimientos para no despertar a su hermano que duerme plácidamente del otro lado del colchón, camina hasta el baño y se encierra dentro, entonces contesta.

–Hey Bobby– saluda todo sonrisas.

–¿Cómo ha salido todo?– se escucha del otro lado de la bocina –¿Cómo está Sam?–

–Todo está de puta madre Bobby– Dean escucha como su amigo se ríe –falta que arreglemos muchas cosas, pero no podría estar más feliz–

–Manténme informado ¿de acuerdo?– pide –sabes que les quiero, salúdame a tu hermano.–

–De tu parte Bobby–

–Hasta pronto– se despide.

–¡Oye! Oye...– interrumpe Dean.

–¿Qué pasa?–

–Gracias...– es lo único que dice antes de colgar.

Bobby sabe perfectamente bien todo lo que esa simple palabra encierra, es por eso que se queda viendo dos segundos la pantalla de su celular y sonríe complacido mientras sirve un poco más de Ron en su vaso.

Él, el hombre más comprometido con su palabra, rompió un juramento, y no podría estar más satisfecho con ello.