Capitulo 2.
Tras varios años totalmente aislado en máxima seguridad, Matsumura fue trasladado a otro pabellón. "Ahora te codearás con otros presos" le habían dicho. Pero a Dayu no parecía afectarle aquel cambio, nunca mostraba ningún tipo de emoción, pues ya no tenía aquello que había dado sentido a su vida. Ahora seguía otro tipo de condena.
Entre dos guardias le llevaban por un pasillo, esposado por manos e incluso los tobillos. Dayu llevaba un mono de color gris con su número de preso. Su pelo seguía siendo largo hasta la cintura, solo por eso y por su altura de casi dos metros llamaba la atención. Le acompañaron hasta su nueva celda, la cual era compartida con otro preso, pero en aquel momento estaba vacía.
- Deja ahí tus cosas, es la hora de la comida. –indicó uno de los guardias.
Todos los reclusos se encontraban en aquel momento en el comedor. Cuando Dayu entró en el mismo acompañado por los guardias, se hizo el más absoluto de los silencios. Este fue roto por las llaves que dieron libertad a las manos y tobillos de Dayu al liberarle de sus esposas. Uno de los guardias increpó a los presos para que continuasen comiendo y de nuevo hubo bullicio. Matsumura cogió su bandeja y buscó un asiento, al final del todo observó una mesa estaba libre, no tenía ganas de hacer nuevas amistades. Sin embargo, se detuvo al oír el comentario en voz alta de uno de los presos al pasar por su lado.
- Mirad chicos, un culo nuevo –rió – pero enseguida su compañero le dio un codazo de advertencia.
- Idiota… ¿no sabes quién es? –susurró para que Dayu no pudiese oírle- Viene de máxima seguridad, es aquel asesino en serie, Matsumura se llama, se cargó a más de sesenta personas y nadie sabe como lo hizo, le llaman el Ángel de la Oscuridad, o de la muerte, algo así.
- Gracias por la presentación –indicó Dayu que evidentemente había oído todo- Tranquilamente dejó la bandeja y apoyó las manos sobre la mesa. Todos se quedaron expectantes y el que había dicho aquella grosería comenzó a sudar frío cuando observó aquellos ojos cristalinos clavarse en los suyos. No podía sostener aquella mirada, era totalmente inhumana.– Solo tengo que concentrarme, contar hasta tres, y tu cabeza descansará sobre estas asquerosas judías que estás a punto de comer. -Dicho esto cogió su bandeja y se marchó al fondo de la sala, sin que el preso pudiese replicar, ya que este no pudo hacerlo, un nudo se había formado en su garganta, había visto al mismísimo demonio.
Cuando se aseguraron que Matsumura se había marchado lo suficientemente lejos, los mismos presos continuaron hablando.
- Hay algo que no entiendo, si tan peligroso es… ¿porqué le han trasladado?
- Él no negó que fue el causante de esas muertes, sin embargo, no existen pruebas. No existe un arma homicida ni señales de haberlo hecho con sus propias manos, ni mediante sustancias como veneno, drogas o similar… nada. Dicen que puede matar, solo con desearlo.- dijo esto último en un imperceptible susurro- El Ángel de la Oscuridad.
- Y como pasa el tiempo y no pueden probarlo, aquí le han metido, perfecto.
- ¿Sabéis ya quién es su compañero de celda? –susurró otro que se acababa de unir a la conversación. –Acabo de ver donde le han hecho dejar sus cosas, es la celda 069. Está claro que los guardias esperan "eso" de él.
- ¿Le han puesto directamente con Pet? Qué cabrón con suerte…
Dayu se dispuso a comer en silencio, no pasó un minuto cuando otro preso se sentó a su lado.
- ¿Eres el Ángel no?
Pero Dayu no respondió, lo único que quería hacer era comer tranquilo y le dejasen en paz. No obstante miró a su interlocutor y accidentalmente se le cayó la cuchara en la bandeja. A su lado se había sentado un chico bastante joven, de pelo negro y corto, pero con un gran flequillo que llevaba de medio lado. Sus ojos eran oscuros y de mirada fría. Su cuerpo era menudo y su piel muy pálida, tenía los labios amoratados. Aunque diferente, su aspecto le recordaba sin duda a Seiya. El chico observó un momento a los guardias y se sentó más cerca, de forma que su cuerpo estaba casi pegado al de Matsumura, a pesar de que en la mesa había bastante espacio. Este, sin decir nada, se levantó y se sentó en otro sitio.
- Ellos nos están viendo –dijo el muchacho que ahora se sentó enfrente, por primera vez Dayu le miró a los ojos, durante largo rato. Pero aquel muchacho tenía una mirada parecida a la suya y no la apartaba, como solía hacer el resto.
- ¿Acaso tú no tienes miedo? –indicó Dayu volviendo a su plato.
- ¿Debería? –respondió en tono desafiante. Aquel chico desde luego era extraño, y muy valiente. Entonces sin decir nada se desabrochó un poco la camiseta gris para que Dayu pudiese observar su blanca piel, estaba llena de moratones.- Yo ya desconozco lo que es el miedo.
Dayu abrió mucho los ojos, pero no dijo nada. El maltrato que recibía era evidente.
- ¿Cómo te llamas?
- ¿Qué importa como me llamo en un lugar así?
No se esperaba aquella respuesta, sin duda aquel chico contenía un gran odio. Físicamente le recordaba mucho a Seiya pero sin duda aquel carácter unido al maltrato recibido le recordaba a él mismo cuando era la mascota de los Yakuzas.
- Bueno, de alguna forma tendré que llamarte.
El chico torció la boca en un gesto irónico, como si no pudiese creer lo que estaba escuchando. Y no era de extrañar, nunca nadie le había preguntado por su verdadero nombre.
- Está bien –se rindió al ver los ojos interesados de Matsumura- Me llamo Kyrian, pero por aquí me llaman de otra forma… ¿y tú? No creo que te llames "El Ángel de la Oscuridad" o "El Ángel de la Muerte".
- Dayu Matsumura. Dime Kyrian… ¿por qué estás metido en este agujero?
- Asesiné a mi amante, ¿y tú? –respondió directa y tranquilamente.
- Asesiné a mi amante, y a algunos más. –rectificó en el último momento mientras sonreía maliciosamente. Kyrian también sonrió de la misma forma.
- Y… ¿puedo preguntar cómo lo hiciste? –dijo bajando el tono de voz mientras se echaba hacia delante. Dayu le imitó y ambos quedaron cara a cara. Entrelazó las manos y observó detenidamente el rostro del muchacho.
- Solo tengo que pensarlo y… -en ese momento Dayu chascó los dedos.
- Entonces, ¿por qué no matas a los guardias y escapas?
- Porque si lo hago tendré que pagar un precio, no quiero sufrir más esas malditas "condenas".
- Estás loco, ¿lo sabes? Deberías de estar en un psiquiátrico para dementes. No me harás tragar una historia como esa, Ángel de la Oscuridad –terminó diciendo Kyrian con sorna.
Al ir de nuevo a sus celdas, Dayu pudo escuchar como murmuraban el resto de presos alrededor suyo. Todos hablaban de ese tal Pet.
Pudo también comprobar con estupor que dirigían tanto a él como a Kyrian a la misma celda, la 069. Antes de cerrar la puerta, el guardia se dirigió a Matsumura para susurrarle: "Que disfrutes de tu mascota".
Mascota. Pet.
Ahora comenzaba a entender por qué Kyrian tenía esos moratones en su piel, probablemente no eran solo a causa de golpes.
- Vaya… deben de tener mucho interés en ti para que te hayan puesto conmigo.
- ¿Cómo puedes soportarlo?
Dayu ya se había sentado en la litera de abajo mientras hacía esa pregunta. Pero Kyrian no contestó a la misma.
- Esa es mi litera, tú tendrás que dormir arriba.
No le cabía la menor duda, eso explicaba su comportamiento. En aquella cárcel estaba claro quién abusaba de quién. Kyrian era muy joven, de cuerpo pequeño pero bien formado, y no le habían puesto aquel mote por su físico, sino porque realmente era el bocado más exquisito y tentador de aquel infierno. Sin poder evitarlo, Dayu se vio reflejado en él, recordando aquel oscuro pasado. El abuso es dolor, y el dolor se convierte en odio, y el odio alimenta la guerra. Aquella noche Matsumura apenas podía conciliar el sueño. Pero la última pregunta enseguida obtuvo su respuesta al oír sollozar al muchacho bajo él. "Claro que no lo soporta, nadie puede", pensó justo antes de caer dormido en un profundo sueño.
A la mañana siguiente, despertaron debido a los fuertes golpes que los guardias provocaban con sus porras en los barrotes de las celdas. Enseguida las puertas se abrieron para dirigir a los presos hacia las duchas. Mientras salían, Kyrian susurró por lo bajo a su compañero de celda.
- Ellos están esperando que lo hagas, y si no lo haces, tendremos problemas.
- ¿Hacer qué? –preguntó molesto Matsumura.
- Lo sabes de sobra, por eso me han puesto contigo. Deben de tenerte bastante miedo.
- ¿Por qué dices eso?
- Es una forma de calmar los nervios de los presos, solo me utilizan con los más peligrosos.
- Pero tú no me tienes miedo.
- Anoche te oí… hablabas en sueños. Seiya era tu amante, ¿no es cierto?
Entonces Matsumura le paró cogiéndole del brazo, para mirarle directamente a los ojos. Su gesto era temible.
- No vuelvas a pronunciar ese nombre, ¿está claro? –dijo sin apenas mover los labios, como conteniendo una gran furia.
- Tú realmente le querías, es por eso que no te tengo miedo.
Dicho esto Dayu le soltó y le observó boquiabierto. Sintió una punzada en el corazón. Cuando llegaron a las duchas, todos miraban de reojo e inevitablemente el cuerpo, ahora desnudo, de Dayu Matsumura. No era atrayente únicamente por su altura, sino porque ahora eran visibles sus grandes tatuajes que cubrían torso y brazos, unas llamas de color negro que parecía devorar su carne. Pero él hacía caso omiso a pesar de saber que le observaban. Igualmente, Kyrian le observaba discretamente, pero su rostro no mostraba emoción alguna.
Cuando se quiso dar cuenta, Matsumura cayó en la cuenta de que ya todos habían abandonado las duchas y solo quedaban él y su compañero. Fue hacia la puerta pero la misma se encontraba cerrada por el otro lado.
- ¿Pero qué demonios…?
- Ya te lo dije. Ellos están esperando para que me utilices. –indicó Kyrian mientras con su cabeza señalaba una cámara de vigilancia que había en una esquina. Dayu se dio la vuelta para observarla y luego se dirigió al muchacho. Observó como este se daba media vuelta y apoyaba las manos contra la pared. Sus piernas temblaban ligeramente.- Por favor, qué sea rápido.- terminó diciendo a la vez que cerraba sus ojos con fuerza.
Sin embargo pasaron los segundos y Dayu no se acercó a él sino a la cámara de vigilancia, sabía que al otro lado los guardias aguardaban impacientes en primera fila para ver el espectáculo. Pero quedaron desconcertados al ver como Matsumura les dedicaba una mirada fría, llena de odio. Este levantó un brazo lentamente y extendió el dedo medio. El pase había terminado. Kyrian se asustó y abrió los ojos cuando escuchó la puerta abrirse con un fuerte golpe. Observó como Dayu se marchaba tranquilamente por la misma después de haberle propinado una fuerte patada.
Pasaron varias horas, pero Kyrian no volvió a la celda. Dayu comió solo y posteriormente en la celda seguía pasando el tiempo. Casi al final del día, llegó Kyrian acompañado por uno de los guardias. Dayu se levantó bruscamente de la cama al observar el lamentable aspecto que traía el muchacho. Llevaba vendas por casi todo su cuerpo, incluida la cabeza, con un parche en un ojo y el brazo derecho en cabestrillo.
- Por favor, no digas nada –indicó casi imperceptiblemente, sus labios estaban hinchados.
Matsumura no sabía qué decir o como reaccionar, pero finalmente no hizo caso de sus palabras.
- ¿Ha sido por mi culpa?
- Eres el primero que se niega a hacerlo… ¿por qué? Tenías que haberme hecho caso.
Entonces Matsumura se carcajeó de forma irónica.
- ¿¡Qué dices!? ¿¡Hubieses preferido que te violara!? ¿¡Acaso tengo pinta de ser un degenerado como ellos!? –a continuación habló en un susurro- Mira chaval, soy un asesino, y no por gusto. Pero yo prefiero mil veces los golpes antes de que me violen, ¿está claro?
- Se mucho de ti. Cuando eras joven también abusaban de ti, por eso eres lo que eres. El no querer hacerlo conmigo te honra, pero mírame… haga lo que haga da igual… yo…
Entonces, por primera vez, las emociones de Kyrian afloraron, hecho que no extrañó a Matsumura. "Nadie puede soportarlo". El chico gimoteó, pero intentaba contenerse.
- No lo hagas, no te contengas, sino será peor.
Dicho esto, el muchacho le observó, incrédulo, al borde del llanto. Vio como Matsumura se ponía en pie y acercaba una mano a su rostro, acariciándolo. Le atrajo hacia sí y le abrazó, poniendo una mano en su cabeza. Finalmente Kyrian rompió a llorar contra su pecho.
- No permitas que el odio te consuma, como hizo conmigo –susurró Dayu en tono grave. Había pronunciado las mismas palabras que en su día le dijo Seiya.
Pasaron varios días en los cuales Dayu realizó las oportunas averiguaciones. No le costó mucho saber quién había sido el principal causante de la paliza que le dieron a su compañero. De nuevo, se encontraban en las duchas cuando Matsumura dijo en voz alta, mientras miraba fijamente a su objetivo.
- Salid, todos.
No lo tuvo que decir dos veces, todos salieron y observaron a la única persona que se había quedado con él. Sabían que algo así iba a ocurrir. Ahora Dayu ofrecería otra clase de espectáculo a los guardias que sin duda estarían contemplando la escena a través de la cámara. El preso al que se dirigió también era alto y corpulento, este no parecía mostrar miedo. Dayu se dirigió a él y sin mediar palabra le cogió bruscamente el brazo derecho haciéndole una especie de llave. Un crujir de huesos y un grito desgarrador llenaron el pequeño habitáculo de las duchas. Matsumura le había partido el brazo con sus propias manos. A continuación sin decir nada, cogió la cabeza del preso con una mano y se la estampó contra la pared. Los azulejos, ahora cubiertos de sangre, se rompieron. El preso se tambaleó hacia atrás, pero Dayu no le dio respiro. Le agarró con fuerza y mantuvo el puño en alto para golpearle a continuación en la cara, varias veces.
- Ojo por ojo… -susurró en tono grave mientras le tiraba al suelo. Luego sin más, se marchó.
Desde aquel día, un nuevo sobrenombre se añadió a los anteriores: "El Ángel vengador". Kyrian ya se había recuperado de sus heridas, pero insistía en que debían de hacer algo, o si no de nuevo tomarían represalias. Los guardias podían enviar de nuevo a más presos para las palizas, no estarían contentos hasta que Matsumura hiciese lo que tenía que hacer.
- No voy a tomarte por la fuerza, ni mucho menos voy a violarte, ¿puedes entender eso?
- Pues no lo hagas –susurró Kyrian mirando hacia otro lado, por primera vez no pudo sostener la fría mirada de Matsumura. Pero este creyó estar leyendo entre líneas, es posible que este chico…
No podía saberlo con certeza, pero no tenía otra opción. De nuevo en las duchas, supo lo que tenía que hacer. Les dejaron a solas y Dayu comprobó que habían cerrado la puerta, escuchó que ponían cadenas con candados al otro lado. Ni la más fuerte de sus patadas podría ahora derribarla.
- "Les daré lo que quieren, pero no en la forma que ellos esperan"
Observó como de nuevo Kyrian adoptaba la misma posición que semanas atrás. Se apoyó contra la pared, separó un poco las piernas y cerró los ojos, agachando la cabeza. Pero Dayu Matsumura no se movió del sitio.
- No me gusta que me den la espalda –dijo en tono cortante.
Entonces Kyrian ladeó la cabeza para poder verle, extrañado.
- Será mejor que no me tomes por uno de esos –indicó mientras señalaba la puerta.- Ven aquí, Pet.
Era la primera vez que le llamaba así. Muy confundido, Kyrian se dirigió hacia él, por primera vez temía a su compañero de celda. Quedaron los dos frente a frente.
- Mírame –ordenó Dayu.
Muy despacio, Kyrian levantó su rostro para observar a su alto compañero.
- Eso está mejor, me gusta observar el rostro de la persona a la que voy a hacer el amor.
Y dicho esto le besó en los labios mientras ponía sus manos a ambos lados de la cara del ahora sorprendido muchacho. Lo hizo con dulzura e increíblemente bien. Los guardias, que observaban la escena, se quedaron atónitos. Aquel tipo que había dado una brutal paliza a uno de los presos, también era capaz de realizar un acto semejante como lo que estaban viendo.
Después de besarle despacio, pero de forma apasionada, Dayu habló antes de que Kyrian pudiese reaccionar.
- Espero que no te enamores de mi, solo te traerá complicaciones.
- ¿Por qué me tratas así? Yo pensaba que…
- Yo hago las cosas a mi manera, Kyrian. Ahora, vamos a complacer a nuestro público.
