Capítulo dedicado a Holly90. Quién sagradamente me dejaba reviews wn mi primer Dramione, y sus comentarios elaborados me han hecho sacar sonrisas. Con cariño.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. JK Rowling es la dueña y señora del Universo.
Capítulo 2: "Cruzando la línea"
Aunque era primavera, el frío se sentía tan fuerte como lo hacían las noches de invierno. La mayoría de los pasillos del castillo helaban hasta los huesos, incluso al respirar se notaba enormemente el vapor que emanaba de su boca y su nariz, pero ella era una mujer bastante precavida, se abrigó con aquellos guantes de lana que le regaló la madre de Ron, la chaqueta que sus padres le regalaron para Navidad, y su característica bufanda de Gryffindor que ondeaba al compás de sus pasos por el pasillo del tercer piso. Refunfuñaba por lo bajo, recién comenzaba su turno de la noche, que por cierto era obligado e inesperado, y ella lo único que quería era estudiar en la cálida sala común acompañada de un rico chocolate caliente. El pensamiento le dio una efímera sensación de comodidad, sin embargo el frío no tardó en helar sus esperanzas.
Varita en mano, con un tenue lumos en su punta, siguió su ronda bajando por las escaleras. Sólo restaba bajar hasta el vestíbulo y hacer la ronda de forma ascendente para poder regresar a la comodidad de la sala común, pero esa noche algo era diferente, todo estaba demasiado silencioso para su gusto, ni siquiera Peeves el poltergeist, ni ningún fantasma rondaba por ahí. Su intuición le decía que algo estaría por pasar, que por allí podría haber algunos pilluelos tratando de escabullirse a las cocinas, al bosque prohibido, o a cualquier otro lugar que les traería serios problemas. Sonrió al recordarse a ella misma los años anteriores, saliendo por allí con Harry y Ron para vivir una de las tantas aventuras que guardaría siempre en su memoria. Bajó la escalera de mármol que conducía hacia el vestíbulo con especial atención, poniendo en alto su varita para mejorar la visibilidad.
Por un segundo creyó haber visto algo, se disponía a atrapar a quien fuera para mandarlo a dormir, pero quedó a medio camino al ver de quien se trataba. La luz del lumos comenzó por alumbrar las alargadas piernas del extraño, su torso, su cuello cubierto por una bufanda de colores plata y esmeralda, y un fino y pálido rostro, de facciones afiladas que la miraba inquisidoramente desde la penumbra. Debido al encantamiento para iluminar, brilló también la insignia de prefecto que poseía el rubio en su pecho, seguramente él estaba de turno también. Se giró sobre sus talones para subir la escalera, supuso que Malfoy se encargaría de revisar el vestíbulo, y a decir verdad no quería cruzar palabra alguna con ese idiota.
-¿No saludas, Granger? – escuchó la castaña, con la voz del Slytherin retumbando en el vestíbulo vacío. Ella se detuvo en el segundo escalón, sin voltearse – No sabía que los muggles tenían tan poca educación.
-¿Tú me hablas de educación, Malfoy? – ella rió, irónica – Por favor, los cerdos nunca la han tenido.
El rostro del rubio se ensombreció. Ella siguió subiendo la escalera con una mueca de victoria. De repente, sintió como su enemigo subía a zancadas la escalera, para quedar a su lado y subir junto a ella. Hermione se detuvo en seco.
-¿Qué diablos quieres? – Preguntó ella, ceñuda.
-Hacer mi ronda – dijo él, encogiéndose de hombros – No se si lo has notado, pero no eres la única prefecta ni persona calificada en este castillo.
-¿Tú, persona calificada? – Hermione habría soltado una carcajada, si no fuera por que se escucharía el retumbe en todo el castillo – Créeme que dudo seriamente en la capacidad de "calificación y evaluación" de tu casa, Malfoy. No sé cuál de todos los Slytherin es peor.
Draco la miró con el ceño fruncido y abriendo la boca para destilarle veneno, como siempre lo hacía. Sin embargo, un ruido proveniente de las mazmorras los alertó, y ambos prefectos bajaron rápida y sigilosamente la escalera de mármol e ingresaron a las mazmorras para cumplir con su labor. Caminaron por el aún más frío pasillo, que además era bastante húmedo, tratando de volver a oír algo que delatara a quien fuera que estuviera levantado a esas horas de la noche.
-Tal vez fue la señora Norris – dijo Hermione al cabo de un rato, no habían vuelto a oír nada más.
-Eso me quieres hacer creer, Granger – atacó el Slytherin – Pero encontraré a quien sea que esté fuera de la cama y lo castigaré.
-¿A eso le llamas ser prefecto? No es solo castigar, Malfoy. La labor de nosotros es resguardar…
-Shhhh – Acalló el rubio, volviendo escuchar un sonido. Ese gesto hubiera sido normal en cualquier persona, incluso en Malfoy, si la onomatopeya no estuviera acompañada de los fríos y alargados dedos de Draco sobre sus labios. Los labios de Hermione Granger.
Ella llegó a pensar que solo fue un gesto reflejo de Malfoy, porque no se veía asqueado, ni siquiera parecía haberse percatado de que su dedo índice estaba tocando los labios de una despreciable sangre sucia. De repente sintió como la sangre se agolpaba en sus mejillas y su corazón comenzaba a latir desbocadamente, Draco no parecía siquiera reparar en lo que estaba haciendo, él nunca la había tocado tan abiertamente, ni siquiera de manera accidental. De hecho, solo parecía tener su atención en el sonido que se oía al interior de un aula a lo lejos. Draco retiró delicadamente su dedo de la boca de la chica y comenzó a caminar haciendo el menor ruido posible.
De repente Hermione se sintió estúpida. Si era un jodido acto reflejo de Malfoy ¿Por qué se sentía tan avergonzada de eso? No significaba nada, absolutamente nada. Tratando de convencerse a si misma que lo que acababa de ocurrir era mero descuido del rubio, lo siguió en puntillas para pillar in fraganti al que estuviera dentro del aula. Draco se situó a un lado de la enorme puerta doble y posó su oreja en la madera de roble. Hermione lo imitó y se colocó en la segunda puerta, tratando de oír algo.
Se escuchaba entrecortado, o más bien a ratos. Era el crujir de una madera, un sonido casi imperceptible que se acentuaba y disminuía en un vaivén de tonos. La castaña pensó por un momento que se trataría de Peeves, tramando alguna de sus travesuras en el aula de pociones, pero su deber de prefectos era averiguarlo. Miró a Malfoy, quien ya tenía su mano en el enorme pomo de la segunda puerta, ella hizo lo mismo, y a una imaginaria cuenta de tres, abrieron la puerta del aula de golpe.
Hermione había sentido vergüenza una infinidad de veces, tantas que no podría contarlas con seguridad, pero sentía vergüenzas la mayoría del tiempo. A veces era por su torpeza casi inusual, por su timidez repentina o simplemente por vergüenza ajena. Sin embargo, el tipo de vergüenza que estaba experimentando en ese momento, era una mezcla de esas tres elevado a la quinta. ¿Quién diría que sería tan, pero tan embarazoso presenciar una escena de sexo? Y no cualquier escena, puesto que Hermione había visto una vez ese tipo de películas muggles por error, al encender la televisión de su tío Jim. El simple hecho de que la escena fuera en vivo y en directo, con estudiantes que veía todos los días (Un Slytherin de quinto y una Ravenclaw del mismo curso) la hacía enrojecer casi al estilo Weasley. Además, Hermione estaba segura, el presenciar una escena tan íntima, vergonzosa y ajena con Draco Malfoy, el enemigo de toda su infancia tenía un valor agregado, daba una cuota adicional de embarazosa a la situación.
Los chicos se dieron cuenta de inmediato, por lo que, gracias a Merlín según Hermione, no alcanzaron a ser presenciados mucho tiempo en su ritual de apareamiento. El chico se abrochó sus pantalones a la velocidad del rayo y la chica se bajó del pupitre arreglando sus ya maltrechas ropas y buscando su olvidada ropa interior.
-70 puntos menos para Slytherin y Ravenclaw – Logró pronunciar, luego de haber recuperado la voz – Y por Cirse, agradezcan que no los denuncio a sus jefes de casa…
-Estás siendo injusta Granger – Había sonado la voz del rubio.
-¿Es que no puedes ser imparcial de una vez por todas, Malfoy? Se que se trata de tu casa, pero este acto es verdaderamente…
-Al hablar de injusticia, no digo que la condena debería ser menor, todo lo contrario. Me sorprende tu falta de criterio.
Hermione abrió la boca para replicar, pero inmediatamente la cerró al no encontrar palabras. ¿Malfoy hablando de justicia?
-Les descontaré 100 puntos a cada uno y quiero que me sigan, ahora ya, al despacho de sus jefes de casas.
La chica miró con horror a Hermione, se notaba a leguas que estaba a punto de echarse a llorar.
-Malfoy, por favor, reconsidéralo…
El rubio la miró unos instantes, con un brillo en la mirada que Hermione no supo identificar del todo. La chica temblaba de arriba abajo como gelatina, y el joven se veía serio y sin saber dónde poner las manos. La castaña sabía que el castigo que imponía Malfoy era el más acatado a las reglas, de hecho, le extrañó profundamente que así fuera, sin embargo, no consideraba que el castigo fuera para tanto. Con sólo descontar varios puntos a sus casas y ser pillados, tendrían con qué escarmentar.
-Lamento tener más sentido del deber qur tú, Granger. Pero tendrán que ser informados al profesor Snape y al profesor Flitwick.
-Malfoy – el tono de voz de Hermione sonó más suplicante de lo que hubiera querido. Ella sabía que el rubio se estaría riendo a carcajadas por dentro, pero no podía simplemente mandar a esos dos jóvenes a la expulsión segura por un acto de necesidad al que recurren casi todos los adolescentes.
Casi todos, menos ella claro estaba.
-Por favor, Malfoy. Nadie tiene por qué enterarse
El rubio la miró unos instantes, directamente a los ojos. Hermione creía en un comienzo que se estaba riendo internamente de ella, pero el semblante tan mortalmente serio que tenía Malfoy en esos momentos la hacía descartar esa posibilidad instantáneamente. Al cabo de unos cuantos segundos la castaña hubiera dado lo que fuera por que Draco dejara de mirarla, nunca había sentido los ojos del heredero de los Malfoy tanto tiempo sobre ella… no sabía por qué, pero esa mirada la estaba incomodando muchísimo.
-Está bien, pueden volver a su sala común – Sentenció él, sin dejar de mirar a la castaña.
Los jóvenes, evidentemente avergonzados, salieron lo más rápido que sus pies le permitieron del aula, antes de que los prefectos cambiaran de opinión. La que no se movió ni un ápice fue Hermione… ¿Desde cuando Malfoy la tomaba en consideración para algo? Es más ¿Desde cuando Malfoy la escuchaba atentamente y no hacía todo lo contrario para fastidiarla? Todo estaba demasiado raro…
-¿Qué pretendes? – Preguntó ella así, sin más. Malfoy no daba puntada sin hilo - ¿Desde cuando te volviste tan bondadoso?
-No es bondad, Granger. Es interés.
Ahora si, Hermione abrió la boca sorprendida.
-¿I-interés?
-Así es, de alguna u otra forma tendrás que devolverme el favor.
-¡No me hiciste favor alguno! – Dijo, al borde del escándalo.
-Muy bien, saldré ahora mismo a informar a Snape y a Flitwick que un par de alumnillos suyos no saben controlar las hormonas.
-¡No! – Hermione se adelantó unos cuantos pasos y le bloqueó la salida – No serías capaz, ya los dejaste ir…
-Se nota que seis años cerca de mí no te han dejado claro que soy capaz de todo…
De repente sintió que el aire no era suficiente para llenar sus pulmones, la cercanía de Malfoy y ese tono de voz que ocupó para decir "que era capaz de todo", la desarmó inesperadamente. Más aún, sentía que Malfoy la miraba así a propósito…
-¿Qué pretendes? – Preguntó ella nuevamente, pero ahora con mucho menos convicción y con un temblor en la voz que la hizo reprenderse mentalmente.
-Por ahora nada – Dijo, encogiéndose de hombros.
-¿Por ahora? – Hermione recuperó algo de compostura - ¿Qué significa eso?
-Merlín, Granger. Algún día tendrás que devolverme el favor, sólo eso.
Y lo vio irse, como si la confusión e incertidumbre de la chica no lo afectara en lo más mínimo.
¿Qué rayos había sido todo eso? ¿Ningún insulto, ninguna mala palabra, alguna humillación? Malfoy se estaba comportando repentinamente de manera inquietante, y ella no sabía como clasificarlo.
-Tal vez no significa nada – dijo en un murmullo, tratando de convencerse a si misma.
Pero muy en su interior, Hermione Granger sabía que "devolverle el favor algún día", significaría un dolor de cabeza mucho más grande del que se estaba apoderando ahora de la suya.
OoOoO
La luz del alba se asomaba lentamente por el horizonte, y así el sol con sus amplios y abrigadores rayos iluminaba los terrenos de Hogwarts de a poco. Esa mañana, Luna Lovegood se había levantado temprano, seguramente más que cualquier persona en todo el colegio, después de todo era una fecha muy especial. Se vistió sin olvidar sus preciados aretes de rábanos, los cuales la protegían de los snibbuls, unas maléficas criaturas que disfrutaban hacer cosquillas en la nariz de la gente en los momentos más inoportunos, y su collar de corchos de cerveza de mantequilla.
Luna se alegró de ver la sala común completamente vacía, porque aunque a ella realmente le importaba un knut, no quería que le echaran a perder su día especial con las típicas burlas hacia su persona. Salió de la torre, impecablemente vestida de blanco y al llegar al vestíbulo corrió raudamente hacia el lago negro, sin embargo, antes de que Luna siquiera alcanzara a visualizar parte del lago, una silueta de un hombre la alarmó. Estaba de espaldas, tenía los brazos cruzados, y la luz del amanecer lo hacía ver como un verdadero ser de luz, además que vestía completamente de blanco, como ella. Los cabellos negros de aquel extraño se mecían al compás de la suave brisa primaveral, y la naturaleza parecía estar en completa armonía para con él.
La rubia caminó lenta y sigilosamente hacia el extraño, no por que tuviera miedo, más bien para no interrumpir la meditación de aquel hombre. Al llegar a su lado, Luna volteó para ver su rostro: Lo había visto antes, si. Era un Slytherin cuyo apellido no recordaba, pero siempre la miraba con ojos de comprensión. A pesar de juntarse con Malfoy, Parkinson y Zabini, él irradiaba un aura diferente.
Lista para comenzar lo que había venido a hacer, la chica de porcelánica piel se desprendió de su bata blanca y quedó solo con un ligero vestido del mismo color. Se sumergió hasta las rodillas, empapando el vestido, y esperó…
Lentamente del lago comenzaron a brotar unas lucecillas similares a las luciérnagas, pero de tonalidades blancas invierno y un celeste zafiro muy cautivador. Las pequeñas criaturas comenzaron a danzar iluminando el lago negro con destellos que, sin duda, podían apreciarse de una manera más majestuosa en la plenitud de la noche. Luna, fascinada con lo que las gráciles luces le mostraban, se sumergió en el lago para divisarlas mejor. De cerca parecían hadas, pero no lo eran, su madre se lo había explicado bien. Probablemente eran parientes lejanas de las hadas, pero su función en la tierra era completamente distinta.
Luna sabía que el espectáculo duraba poco, además debía volver a su sala común. Salió del lago y secó sus ropas lentamente, y al girar su rostro, se dio cuenta que el Slytherin que estaba parado hace un instante tras ella, se había ido.
OoOoO
Era el décimo quinto intento de la castaña para levantar a esa pelirroja vaga si no quería perderse el desayuno. Siempre era lo mismo a esas alturas del año, Ginny solía estudiar hasta altas horas de la madrugada y luego se quedaba dormida en los exámenes.
-Ginny, con el estómago vacío rendirás la mitad en el examen de transformaciones…
A toda respuesta, la pelirroja emitió una especie de bufido y se enrolló aún más en sus sábanas. Hermione suspiró y usando acopio de toda su fuerza la despojó de toda la ropa de cama, dejando al descubierto a una Ginny con un pijama negro, bastante sugerente.
-Maldita sea, solo quiero cinco minutos más…
-En cinco minutos es tu examen, ya te perdiste el desayuno irremediablemente.
Y ese fue el detonante para que la chica Weasley brincara de la cama directo al baño. Merlín sabe cómo se demoró tan poco en vestirse, pero era un hecho. Sin embargo, quedaba más de media hora para el dichoso examen, Hermione supuso que una mentira piadosa en pro de su amiga no era penada por las leyes celestiales, así que antes de que a la pelirroja se le ocurriera mirar el reloj, ella ya estaba bastante lejos de la habitación de las Gryffindor de sexto.
Cuando cruzó la sala común, divisó a Ron tragándose prácticamente un libro de Adivinación, y a Harry muy concentrado en su tarea de mirar la nada misma.
-¿No van a desayunar? – preguntó ella, sonriente.
-Vamos en diez minutos – respondió Harry, casi murmurando – Espero a que Ron termine ese enorme libro para el examen de las cinco. Puedes adelantarte.
Hermione miró aprensivamente a Ron y salió de la sala común. Le gustaría haberlo ayudado, pero ella no tenía esa asignatura desde hace mucho tiempo, pero supuso que, como la profesora y la "exacta ciencia" de la adivinación eran las mismas hace siglos, no había que realizar una tarea más grande que inventar, viendo una cruz torcida y un grim en las estrellas.
Al llegar al gran comedor chocó de frente con una chica, casi se estrellan a no ser por los reflejos que sabe Merlín de dónde sacó en ese momento. Al alejarse de la chica, vio a la ruborizada joven de ravenclaw que, la noche anterior, había pillado en el aula de pociones en medio de sus actos reproductivos.
-Yo… - la chica titubeó, y agachó levemente la cabeza – Prefecta… yo…
-Hey, no tienes que decir nada – dijo la castaña poniendo una de sus manos en el hombro de la chica – Está todo bien, solo quiero que no se vuelva a repetir.
-Es que… de verdad lo siento. Y gracias.
Hermione le dedicó una leve sonrisa a la muchacha y se dirigió a la mesa. Su estómago ya clamaba por atención. Cuando se sentó en la mesa las lechuzas comenzaron a volar y traer la correspondencia. Ella, tan ensimismada estaba, que no notó que una lechuza parda lanzaba una carta hacia ella y casi caía en su tazón con avena. Extrañada, tomó la carta dirigida hacia ella y una incontenible sonrisa brotó en sus labios al reconocer la tosca caligrafía, la guardó para leerla tranquilamente en algún lugar seguro, y continuó desayunando con una imborrable mueca de alegría pura.
En la mesa de Slytherin, unos ojos grises la miraban con un brillo especial, cargado de malicia.
OoOoO
Pansy prácticamente se desplomó sobre la cama jadeando y sudando inconteniblemente. A pesar de ya haber terminado, las ávidas manos de su amante la recorrían de pies a cabezas sin ninguna vergüenza, y ella se dejaba hacer. Después de todo, ¿Quién se podía resistir a las caricias de él?
-Draco… - la morena se mordió el labio inferior mientras él la besaba, no precisamente en los labios – Por favor no pares…
Pero el rubio, con una sonrisa de medio lado imborrable se incorporó y comenzó a vestirse lenta y tortuosamente. Pansy lo miró boquiabierta unos segundos y luego se incorporó lanzando un molesto bufido.
-¡No me puedes hacer esto, justo cuando todo comenzaba a ponerse divertido!
-Tengo asuntos que atender.
-¡Pero los exámenes de hoy ya terminaron! – Pansy se cruzó de brazos – Eres muy cruel…
-Y tú muy caprichosa. Sabes que no soy tuyo, así que ni yo ni mis acciones te pertenecemos.
Pansy desvió la mirada. Era cierto, pero solo Morgana sabía cuanto le molestaba esa verdad. Aunque claro, ella estaba completamente segura que Draco no le pertenecía a nadie, al menos no de corazón. Sabía que ella no era la única en su cama, pero al menos tenía la certeza que era ella la única a quien siempre volvía a recurrir.
Al menos en eso tenía ventaja por sobre todas las demás.
-¿Volverás temprano? – Preguntó, resignada.
-Es probable. Como también es probable de que no – Con esto, el rubio le guiñó un ojo y salió de la habitación, despeinado y con la camisa a medio abrochar. Pansy contuvo su rabia apretando las sábanas entre sus manos.
OoOoO
Harry y Ron caminaban discutiendo acaloradamente sobre quidditch por el pasillo del tercer piso. No lograban llegar a un consenso sobre cuál sería la mejor estrategia para vencer a los Slytherins en el partido de la semana entrante, y ese partido costaba la copa.
-¡Te lo digo en serio! – Habló Ron, estrepitosamente – Si hacemos esa jugada, ten por seguro que la tropa de Malfoy quedará doblegada ante nosotros.
-Es muy arriesgada Ron, no confío en que todos los chicos logren captar las señales a tiempo. Y sólo tenemos una semana para ensayar…
-¡Pero los cannons ganaron las nacionales con esa jugada tres veces consecutivas! – A Ron pareció brillarle la mirada – Fueron las mejores finales que Inglaterra ha presenciado en la historia del quidditch.
Harry estaba a punto de rebatir cuando su nombre en los labios de una mujer se hizo escuchar en la soledad del pasillo. Ambos amigos se voltearon, y pudieron distinguir entre el resplandor del fuego de las antorchas la esbelta figura de Cho Chang, quien ruborizada y casi agazapada tras una armadura los saludaba tímidamente.
-Hola Cho – Anunció Harry dando un profundo suspiro.
-Es mejor que los deje solos – Anunció el pelirrojo, y antes de que Harry pudiera siquiera replicar, había salido raudo hacia la torre de Gryffindor.
El niño que vivió suspiró cansadamente y se volteó hacia la oriental quien a paso tímido caminó hacia él. Con nerviosismo, el moreno de rascó la nuca sin saber qué decir exactamente.
-Sé que es extraño que me acerque a hablar contigo, más aún a finales de año… - empezó la Ravenclaw, retorciendo un mechón de su largo cabello negro con sus dedos – Pero es mi último año, y hay muchas cosas que quisiera decirte y aclarar antes de irme y, quizás, no vernos más…
Harry tragó saliva, era cierto que Cho había dejado de gustarle hace tiempo, pero no podía evitar cierto nerviosismo al estar cerca de ella, y recordar los besos que se dieron y lo que compartieron juntos.
-Vamos a las cocinas – Invitó Cho, viendo la contradicción en el joven – Va para largo, pero juro que luego de esto no te molestaré más… si no quieres.
Harry accedió. Bajó con Cho hasta las cocinas no muy seguro de sus acciones y dudando nuevamente de sus sentimientos.
OoOoO
-Estoy muy orgullosa de ti – Hermione le sonrió a su torpe aprendiz, mientras él guardaba su caldero y sus materiales nerviosamente.
-E-en verdad Hermione, no sé como pagarte – Neville estaba sonrojado.
-Oh, no te preocupes. Enseñarte me hace estudiar y repasar, así que es un beneficio para los dos.
Neville asintió más confiado, después de todo, gracias a las clases adicionales que Hermione ofreció darle, le estaba costando mucho menos rendir sus exámenes.
-¿Repetimos la misma clase mañana? – Preguntó Hermione.
-Lo siento, Hermione – dijo, bajando la cabeza – Es que… mañana quedé con Hannah, me pidió que la ayudara a cargar unas cosas que comprará en Honeydunkes.
-No hay problema – Hermione le besó la mejilla – Nos vemos en la sala común.
La castaña iba saliendo del aula directamente a la biblioteca a por sus cosas. Había decidido dejarle su mochila encargada a la señora Pince antes de la lección de Dudley en la clase contigua. Cuando entró a la biblioteca la envolvió un silencio sepulcral, no había absolutamente nadie, ni siquiera la señora Pince. Eso era muy extraño, dado que los estudiantes en esa época del año estudiaban como maníacos y no eran siquiera las ocho de la noche (hora en que la biblioteca solía estar casi vacía).
Encogiéndose de hombros y suponiendo que todos debían estar en la cena, se acercó al pupitre de la bibliotecaria y sacó su morral y unos libros que había pedido esa misma tarde. Se cruzó el bolso, colocó los libros en sus brazos y se dispuso a salir de la biblioteca cuando un ruido la alertó. Se volteó cuidadosamente hacia la dirección de la que parecía haberse producido el ruido, pero era difícil determinarlo puesto que el eco del vacío recinto difuminaba los sonidos.
Otro sonido, como el de un libro golpeando contra la mesa. Agudizando su percepción, la castaña se dirigió hacia la última mesa, casi llegando a la sección prohibida, y vio que sobre ella se encontraban apilados un montón de libros. Sin poder aguantar su curiosidad, se acercó a los tomos y leyó algunos títulos. Filosofía. Pasando por Platón hasta Nietzsche, los polvorientos libros de autores muggles – y otros no tanto – se lucían sobre la mesa de roble. Hermione tomó un libro de filosofía del siglo XIX entre sus manos y acarició la portada, era un hermoso ejemplar de filosofía moderna.
-Vaya, Granger. No sabía que vivías en la biblioteca.
Ni siquiera necesitó voltearse para saber quién era. Suspiró cansadamente.
-Y yo no tenía idea que sabías leer.
El rubio se acercó hacia ella y le quitó cuidadosamente el libro de tapa verde en las manos de la chica. Ella no pudo contenerse a hablar.
-¿Filosofía muggle? Que… contradictorio en ti.
-Debo admitir que me sorprenden algunos, Granger. No soy tan orgulloso como para no reconocer que los muggles tienen prospectos admirables.
Ella no supo si Malfoy lo hizo deliberadamente, pero sintió y vio como los ojos grises de Draco la recorrieron de pies a cabeza. No pudo evitar ruborizarse un poco, pero siguió hablando tratando de no dejar en evidencia lo que había notado.
-Ciertamente, no creí vivir demasiado como para escucharte decir eso.
Y Draco soltó una risa. No cómo las despectivas carcajadas que solía soltar. Más bien fue algo sincero, que si no hubiera salido precisamente de él, Hermione juraría que fue real y verdadera.
Ok, esto estaba demasiado raro.
Sin decir nada más, Hermione se dio vuelta dispuesta a salir de la biblioteca. Pero la voz del condenado Slytherin la hizo voltear nuevamente, con la boca abierta.
-Si, Granger. Tú también caes en la categoría de "prospecto admirable".
-¿Estás drogado?
Malfoy bufó como respuesta.
-¿O te has golpeado en la cabeza últimamente? Porque lo que yo estoy viendo es al príncipe de los déspotas Slytherins alabando a una sangre sucia despreciable.
Y no lo negó.
-Seriamente, te desconozco.
-No puedo creer que te pongas así solo por recibir un halago – dijo, poniendo el libro sobre los demás y acercándose peligrosamente a ella.
-No es el halago lo que me preocupa Malfoy. Es tu salud mental.
-¿Tan difícil de creer es que yo me haya redimido de mis conductas despectivas y discriminatorias, y pretenda llevar una conversación casual y civilizada con la bruja más inteligente del colegio?
Eso ya era demasiado.
-¿Qué pretendes? – Preguntó, recelosa.
-Es la segunda vez que me lo preguntas en menos de veinticuatro horas – Draco torció los labios, ella no se percataba aún que él estaba casi dos metros más cerca. A toda respuesta, Hermione resopló.
-Es que no puedo pensar que simplemente hayas cambiado tus ideales de un día para otro para rebajarte a hablar con alguien que detestaste desde la cuna.
Draco se encogió de hombros.
-Soy flexible.
-Eso es lo más absurdo que he escuchado en mucho tiempo…
-¿Qué quieres que haga para que me creas?
Una sonrisa brotó en los labios de la castaña. Más de incredulidad que de otra cosa.
-Comportarte como un Malfoy, y no pretender acercarte a mí. Hemos sido enemigos durante seis años y eso no cambiará por un halago.
-Está bien – Draco se llevó la mano a la barbilla – Si crees que no puedo cambiar, que soy inflexible y que no podemos hablarnos de forma civilizada, te haré cambiar de opinión.
Hermione arqueó una ceja.
-¿Qué piensas hacer?
Draco redujo la distancia entre ellos y la apegó contra la pared de la biblioteca. La castaña estaba tan shockeada que abrió la boca con sorpresa y tardó unos segundos en reaccionar, mientras que sigilosamente la mano del rubio se deslizaba por el bolsillo de su túnica y, sin que ella lo notara, sacaba la carta que estaba en su interior y la escondía en su propia túnica rápidamente.
-Esto…
Y con suavidad, el rubio besó la mejilla de la chica. El tacto fue tibio, suave y si bien el beso era inocente, ambos sabían que habían cruzado una línea puesta entre ellos desde que nacieron. Él se apartó, cogiendo los libros sobre la mesa y alejándose un poco.
-Buenas noches, Granger.
Salió de la biblioteca rápidamente mientras la castaña, aún pegada contra la pared, se tocaba el lugar besado por Malfoy cerca del pómulo. ¿Qué rayos había sido eso? No lo sabía… Y tampoco estaba segura de querer averiguarlo…
-.-
Como lo prometí, seguiré con éste fic luego de haber finalizado el anterior. Me alegro de saber que cuento con ustedes :). Besos desde Chile!
Y atentas al especial de Halloween!
