Dos años después

Segunda Parte

El nuevo hogar del señor y señora Potter era una típica casita de estilo inglés, con sus robustas paredes de ladrillos, tejado rojo y ventanas al estilo "Bay window" blancas.

Hermione la observaba maravillada mientras empujaba la pequeña puerta de la cerca y se adentraba en el jardín delantero, una mullida planicie verde surcada por un caminito de tierra que zigzagueaba hasta la puerta, donde finalmente se paró, golpeó y esperó ser atendida.

Un delicioso y conocido aroma dulzón llegó a su olfato, y se mostró complacida al advertir en la oscuridad el enorme cantero de rosas rojas que había a su izquierda. El clima templado de la primavera había logrado que florezcan explotando toda su belleza, y sus dedos estaban a punto de acariciar sus grandes pétalos cuando un cambio en la luz que provenía de la ventana a su derecha le llamó la atención. Logró vislumbrar unas manecitas que corrían las cortinas y una mata de cabello negro antes de escuchar desde adentro una vocecita infantil que gritó:

- ¡Papáaaaaaaa, es la tía Mione!

Unos segundos después, Harry abrió la puerta llevando una sonrisa jovial dibujada en su rostro y al pequeño James en hombros.

- Hermione, pasa- dijo, haciéndose a un lado- Bienvenida a la mansión Potter.

Harry hizo una reverencia burlona y bajó a su hijo, quien apenas puso los pies en el suelo corrió hacia ella y se abrazó fuertemente a sus piernas, mientras Hermione reía y saludaba a su viejo amigo.

- ¡Tía Mione!- exclamó la pulguita de cuatro años que tenía dificultades para pronunciar el intrincado nombre correctamente- Te extrañé.

- Yo también te he extrañado mucho- lo levantó en brazos y le dio un sonoro beso en la mejilla- Pero aquí estoy, y esta noche me tendrás sólo para ti.

James le contestó con una sonrisa de muela a muela, y prosiguió:

- Anoche hice volar mi plato con vegetales, Mione.

- ¿De verdad?

- Oh claro que sí – contestó la voz de Ginny, divertida, que apareció en el hall para recibirla- Parece ser que el nuestro pequeño rufián no tenía ganas de comer sano y lo siguiente que hizo fue levitar el plato hasta la pared del comedor y ¡plaf! Mamá Ginny estuvo practicando sus hechizos de limpieza un buen rato.

- ¡Qué niño tan, pero tan travieso! Me parece que esto merece un castigo- Hermione comenzó a hacerle cosquillas hasta que el niño logró suplicarle, entre risa y risa, que parase.

Ginny esperó a que James se recuperase para intervenir:

- Vamos James, que hay que darse un baño y luego a la cama. Ya es muy tarde.

El susodicho comenzó a protestar, cruzándose de brazos y haciendo pucheros hasta que Hermione le aseguró que luego iría a leerle una historia antes de dormir. Entonces se perdió escaleras arriba (no sin antes un poco de resistencia) acompañado por Ginny que, ya acostumbrada a los berrinches, tomó la situación con naturaleza.

Una vez que Harry y Hermione quedaron solos, él tomó su abrigo y la condujo a la sala de estar.

- Es maravilloso. Cada día nos sorprende con algo nuevo, Hermione. Todavía no logro acostumbrarme a la cantidad de magia que tiene acumulada.

- ¿Y qué esperabas? Después de todo, con semejantes padres… sería raro que todavía no haya demostrado nada.

- Pero es que es increíble, me cuesta creerlo.

- Es que es un niño increíble, Harry- lo miró a los ojos y le dirigió una sonrisa genuina, a la que él le respondió con otra y los ojos brillándole de puro orgullo paternal. Definitivamente era un hombre feliz.

- Lo sé, lo sé…

Hubo un momento de silencio, el crepitar del abundante fuego en la chimenea el único sonido en la habitación, hasta que Harry se levantó y acercó a una vitrina ubicada en una esquina.

- Vino, ¿verdad?- le preguntó a su invitada.

- ¿Perdón?- ensimismada, desvió la vista del fuego y la posó en él lentamente. A veces pasaba varios largos minutos en ese estado- Ah, sí. Vino está bien.

- Me alegro que hayas llegado sin inconvenientes, ya sabes, hasta que podamos unir las chimeneas a la red flú me temo que va a pasar un buen rato. Lewis me había prometido que lo iban a solucionar para el principio de la semana entrante, tienen no se cuantas personas en la lista de espera. ¿Lo puedes creer? Estamos hablando de magos, y no saben lidiar con unos cuantos papeles… Maldita burocracia.

Hermione no pudo reprimir una sonrisa.

- Es que todo el mundo, sean magos o muggles, odia el papeleo- le explicó con el mismo tono que utilizaría para decirle a un niño que el cielo no es celeste de verdad, sino que ese color es producto de la interacción de la luz solar con la atmósfera- Pero no te preocupes, el lunes veré que puedo hacer. Irving me debe una, así que seguramente hable con él…- Al proseguir, su voz sonó un poco estrangulada - Por cierto, ¿quiénes vienen esta noche? Sé de Ron porque me lo crucé hoy a la mañana en el Ministerio, pero…

- Los de siempre, ya sabes. Ron y Luna, Neville y Hannah y…

- Lo siento, Harry – interrumpió Ginny asomándose por la puerta- pero James te reclama, Hermione.


El niño sí que tenía energía de sobra, pensó Hermione una media hora después. Ya iba por la mitad del segundo cuento, todavía sin rastros aparentes de cansancio en el tierno rostro de James, y parecía que iba a resistir un buen rato más. Continuó leyendo en voz cada vez más baja hasta que se percató, no sin un poco de alivio, que su ahijado se había quedado profundamente dormido. La garganta le estaba comenzando a doler. Cerró el libro y con cuidado de no producir algún ruido que llegase a despertarlo, lo arropó, besó en la frente y finalmente salió de la habitación dejando la puerta entreabierta.

Ya desde el rellano de las escaleras había escuchado el sonido apagado de varias voces en lo que supuso sería el comedor. Y poco antes de cruzar el umbral de tal habitación, el mareo que había comenzado a sentir se tornó intolerable: la voz que se había destacado de inmediato entre las restantes y deseó con todas sus fuerzas no haber reconocido arrastraba las palabras y emanaba petulancia a borbotones. Como en un sueño –o pesadilla-, se detuvo en el lugar que se encontraba, de pronto incapaz de mover un sólo músculo; sus piernas parecían no responder al igual que sus ojos, fijos en la coronilla rubia, que no querían, no podían abandonar.

Después de dos años era la primera vez que la vida –o Harry, al caso- la hacía chocarse con Draco Malfoy, su equivalente tanto personal como emocional a la gran crisis de Wall Street.

Le pareció oír su nombre, a lo lejos, remotamente. Con algún esfuerzo logró despegar la vista del rubio, sólo para caer en la cuenta que era Harry quien la llamaba, mas no comprendía; como si estuviese hablando debajo del agua, sus palabras le llegaban turbias y distorsionadas. Un pitido agudo le estaba perforando los tímpanos.

- Ya… Ya vuelvo- logró murmurar con voz quebrada, antes de tambalearse al girar y dirigirse al baño con paso tan apresurado como torpe.

Un portazo y sentarse sobre el inodoro, hecha un manojo de nervios. Los codos apoyados en las piernas y la cara enterrada en las manos. Preguntarse: ¿Por qué?, ¿Por qué le afectaba tanto después de tanto tiempo…?

…Dos años?

- Merlín- suspiró, concentrándose en inhalar y exhalar correctamente, una y otra vez hasta que su respiración volvió a la normalidad.

Su andar recuperó algo de estabilidad al acercarse al lavabo, donde se mojó la cara para eliminar la fina capa de sudor frío que se había formado, y se acomodó frente al espejo algunos bucles rebeldes tan sólo por costumbre, ya que poco le importaba su aspecto en tal momento.

Finalmente volvió con los demás invitados, una sola pregunta rondando en su mente: cómo iba a hacer, Dios Mio, cómo diablos iba a hacer para sobrellevarlo.


- ¡Gorgonas galopantes, Hermione, estás tan blanca como Peeves…! ¿Te encuentras bien?

Seamus Finnigan aplastaba a Ron en cuanto a la cuestión de tacto; simplemente, a veces, parecía que le escaseaba bastante. Sin embargo, Hermione se las supo arreglar:

- Sí, Seamus- esbozó una breve sonrisa que pretendía reforzar su respuesta, pero que sólo logró contradecirla-, nada más estoy cansada. Ha sido un largo día.

- ¿No estarás embarazada querida?- se sumó Parvati Patil con una risita tonta. Seamus, comparado con la joven de origen hindú, podía ser fácilmente confundido por un miembro del servicio diplomático británico.

Hermione la miró, sintiendo como el color iba retornando a sus pálidas mejillas, y automáticamente sus ojos se desviaron hacia Malfoy, quien sentado al lado de la morocha, también le devolvía la mirada fijamente.

Aturdida, tuvo que mirar hacia otra parte.

Por suerte, existían los amigos como Harry que con voz muy serena intervino justo antes de que el silencio se volviese demasiado incómodo.

- Vino- dijo, levantando la botella- ¿Quién quiere?- Al parecer, servir tragos era lo único que se dedicaba a hacer últimamente. Además de encarcelar a mortífagos, por supuesto.

Varios aceptaron y la plática estalló nuevamente, dejando olvidada –tanto con o sin intención- la pregunta no respondida. Hermione suspiró de puro alivio, para luego recordarse que iba a ser una larga velada y que con toda seguridad lo peor estaba por llegar.


Había pensado que las cosas serían incómodas, quizás hasta sofocantes, pero nunca se le hubiese cruzado por la cabeza que resultarían así, tal como estaban sucediendo. Simplemente, Draco la ignoraba por completo. Desde el primer plato hasta ese momento, el famoso momento del famoso postre mousse made in Ginny (que como era de esperarse estaba exquisito, era sólo el nudo en el estómago que le impedía ingerir cualquier tipo de sustancia), habían cruzado no más de cinco palabras, entre las que se encontraban las típicas "¿Podrías alcanzarme el agua, por favor" y "Gracias". Está bien, habían sido más de cinco, pero ese no era el punto. El tema era que la estaba tratando como una completa extraña, alguien en quien no tenía el más mínimo interés, sea tanto positivo como negativo. Le daba igual, ella le era completamente indiferente. Ni una mirada. Nada. No sabía que había esperado de toda la situación, sólo estaba conciente que eso no era. Tal vez un poco más de trato, después de todo lo que habían pasado… cortesía acaso. O no, al contrario, podría haberse demostrado irritado de encontrarse en tal posición. Lo habría entendido, después de todo siempre había algo que le desagradaba. Pero no, aquél Draco Malfoy que se encontraba al otro lado de la mesa, sentado con la misma rectitud que un maldito árbol mientras saboreaba con elegancia el postre y escuchaba atentamente a Parvati con su incesante parloteo sobre algún tema que seguramente no le interesaría (apostaría un riñón a ello), hacía lo contrario. No obstante, a veces, él era todo lo que ella creía que no era. Sí señor, eso resumía a la perfección la persona de Draco Malfoy.

Quería llorar. Fuerte…y sola.

Así que de pronto, anunció su partida alegando alguna excusa sin sentido y rápidamente se despidió de todos por igual -no estaba de humor ni siquiera para aparentar algo de simpatía-; Harry la acompañó hasta la puerta dónde se despidieron con un abrazo que duró más de lo que esperaba:

- Cuídate ¿Quieres?- dijo él con un tono tan compasivo que casi le hace saltar las lágrimas firmemente retenidas.

- Tú también- respondió ella, sonriendo tristemente- Y dale un gran abrazo a James de mi parte.

- Lo haré, no te preocupes.

Hermione ya se había alejado unos metros de la casa cuando escuchó que la llamaban. Se detuvo y enfrentó a Harry que no se había movido de su lugar en la puerta.

- ¿Sí?- preguntó, algo extrañada.

- Saluda a Martyn de mi parte- se pasó la mano por el cabello, un tick que tenía cuando estaba nervioso, y agregó- Cuando vuelva de París, digo.

Por un segundo creyó que le iba a preguntar algo sobre Malfoy. Luego recordó que con su amigo, una mirada valía más que mil palabras. La conocía demasiado bien y era una persona intuitiva, por lo tanto, ya acertadamente supondría lo que le había sucedido esa noche.

Por supuesto, no te preocupes- le aseguró, siguiendo su paso.

Harry continuó observándola mientras avanzaba por el caminito zigzagueante hasta llegar al punto lo suficientemente lejos como para poder Aparecerse.

Acto seguido, volvió a sus invitados, rumiando sobre todo lo acontecido. La voz soñadora de Luna lo recibió, aparentemente estaban hablando de la desertora:

- …como los Liuyas, unas criaturas que te quitan la energía poco a poco. Son provenientes de Perú, pero…

La risotada incrédula de Parvati la interrumpió.

- Querida, por favor- exclamó, la burla asomándose en sus ojos oscuros- Sabemos muy bien porqué se encuentra así…-hizo una pausa para darle más dramatismo a su discurso- ¡Es tan obvio! Hace dos meses su prometido se fue a Francia ¡y todavía no sabe cuando va a regresar! Pobrecilla… ¡es que lo extraña tanto!

Con el correr de los años, Harry había aprendido dos cosas sobre la filosofía de vida de Parvati: primero y principal, TODOS los problemas de las mujeres giraban alrededor de los hombres; y segundo, pero por eso no menos importante, a pesar de tal suposición, eran un bien necesario e indispensable por lo cual nunca se encontraba sin compañía masculina. Evidencia empírica número uno: el miércoles anterior había terminado una breve e insignificante relación con un desgraciado sanador de San Mungo (palabras textuales de Parvati según Ginny; a él no le interesaban semejantes temas, no señor), y si se prestaba la suficiente atención, uno podría notar que disimulada pero certeramente estaba tratando de avanzar con Malfoy. Estaban a viernes. El constante batir de pestañas y las risitas daban prueba de ello. Se sorprendía que el rubio no hubiese tratado de zafar de sus garras, simplemente, no le había prestado demasiada atención, simulando oírla cuando en realidad estaba pendiente de Hermione. Las miradas de soslayo cuando ella hablaba con Seamus o rodaba los ojos con Ron o sonreía con Ginny lo decían todo. Él lo notaba, después de todo siempre le habían dicho que era una persona perceptiva. No por nada había llegado a sub-jefe de auror a sus 25 años. A diferencia de Luna, que hacía unas noches había detonado media cocina cuando trataba de cocinar la cena. Merlín protegiese a Ron.

Harry intercambió una mirada de complicidad con su esposa en cuanto Parvati terminó de chacharear sobre la relación Hermione-Martyn: ambos habían notado que Malfoy sujetaba con tanta fuerza su tenedor que amenazaba con romperlo, sus nudillos estaban blancos. Y la expresión de su cara, con su mandíbula fuertemente apretada y los ojos de pronto oscuros, revelaba su verdadero estado emocional.

Sin lugar a dudas, las aguas no estaban tan calmas debajo de la superficie.


Bueno, aquí esta el segundo capítulo, un poco antes de lo pensado pero, como ya lo había dicho, soy muy ansiosa. Desde ya muchas gracias a Vlakat, ZarethMalfoy, luna-maga y Moshina por sus reviews!! Uds fueron las que me incentivaron a terminar y subir esta parte.

Con respecto al contenido, es para ver un poco en qué condiciones se encuentra la vida de Hermione al momento de reencontrarse con Draco, aunque en el próximo se viene el verdadero reencuentro que todas estamos esperando ;) jaja Tengo que admitir que me divertí bastante escribiendo sobre Parvati aunque aquí sea una bruja chusma... En fin, espero que les haya gustado.

Ya saben, con un review me harían feliz :)

Nos vemos en la próxima!!