Bajé corriendo las escaleras de las habitaciones. Draco venía detrás de mí. Ahora tenía la camisa abotonada y su nariz había dejado de sangrar. De repente me dio un enorme deseo de herirlo nuevamente. Así le podría cobrar el daño emocional que acababa de hacerme. Pero me contuve. En esos momentos lo que realmente necesitaba era estar sola para que nadie pudiera verme llorar, pues no podría contener las lágrimas mucho más tiempo.
—Pansy, detente —gritó Draco en forma de mandato. La furia estaba impregnada en su voz.
Me detuve al instante. Estaba demasiado indignada como para seguir moviéndome. ¿Cómo podía estar furioso conmigo? ¡El había provocado todo este asunto! ¡El me estaba siendo infiel!
—No vuelvas a hablarme así, maldito infeliz —le dije haciendo énfasis en las dos últimas palabra mientras apuntaba con mi dedo índice hacia su cara.
—¿Quién eres tú para darme órdenes? —respondió Draco agarrándome la mandíbula con fuerza. Me quedé inmóvil. Una lágrima se deslizó por mi mejilla y supe que no podría para de llorar. Él aflojó su agarre y luego apartó la mano.
—No quise hacer eso —dijo pasándose la mano por en cabello y recuperando la compostura.— Fue un impulso, lo siento.
—¿Entonces la chica en tu cama también se debe a un impulso? —le dije con ironía.
—Así es, Pansy. Ella no es nadie. Yo... —Draco dudo por un segundo y luego continuó: — te amo a ti.
—¡Ésto no es amor, Draco! —le grité perdiendo la paciencia. Las lágrimas salían una tras de otra. Quería correr y esconderme. Era muy humillante llorar en público. Eso te hace ver débil y vulnerable pero después de todo así era como me sentía.
—¡Ya te dije que lo siento! —ahora Draco también gritaba.— ¿Qué más quieres que haga?
Estaba harta de esta situación así que me volteé, bajé los últimos escalones y caminé hacia la puerta de salida.
—¡No me dejes hablando sólo, Pansy! —Draco me estaba siguiendo hacia la puerta. Todas las personas que estaban en la Sala Común nos estaban mirando.
—¿Quieres hablar? ¡Entonces hablemos! Pero dime, Draco. ¿Sobre qué quieres hablar? ¿Sobre lo imbécil que eres? Aunque también podríamos hablar de la idiota que estaba en tu habitación. Probablemente quede embarazada y obviamente no podrá contar con alguien tan poco hombre como tú.
Había gritado lo suficientemente alto como para que todos allí se enteraran. Eso era lo que quería, humillarlo públicamente. Draco se habia so rojado y miraba a su alrededor nerviosamente. Pero no me sentí mejor luego de esto. Nada me haría sentir mejor que estar sola. Así que aprovechando que Draco estaba distraído, salí de la Sala Común y comencé a correr hacia la puerta principal del castillo.
