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Yuxtaposición© -historia- Copyright Wild Arianne.

/!\Alternative Universe.

/!\Puede haber OoC.

Extensión: 2.139 palabras.


Me pregunto cuál será el sitio para todos aquellos que no queremos ser nada, que no aspiramos a nada, que simplemente nos queremos quitar de en medio de la masa, que abrimos la boca lo menos posible y que de vez en cuando escupimos al papel toda la mierda que llevamos dentro. ¿Dónde estará ese sitio? —Charles Bukowski


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Capítulo primero:

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Había caminado dentro de la estancia, la música sonaba retumbante, pues hasta los vidrios retumbaban por las vibraciones feroces de la música, pasó su vista desde Roderich hasta la puerta por la que vio entrar al rubio, se pudo imaginar cuán enojado estaría, es decir, sabía de antemano que todo lo que tenía que ver con Roderich, lo ponía indiscutiblemente exaltado, sin embargo, no se imaginó nunca que la presencia de ambos los pondría de esa forma, lo anotó mental: tenía que hacer eso muchas más veces. Roderich era un tema tabú para ambos, sabía de la boca del castaño que él y Vash habían sido los mejores amigos de niños, pero nunca supo la verdadera razón por la que ambos estaban distanciados. Esa curiosidad le picaba las entrañas, siempre intentaba preguntarle al castaño, sin embargo, éste siempre le cambiaba el tema.

No es que tuviese algo en particular con él, eso no. Más bien tenía que ver en mayor parte por el castaño a su costado. Cada vez que Vash le hacía un desaire, como no mirarlo en el pasillo, ignorar cuando este le hablaba, aunque pasaba muy pocas veces, Roderich se sentía mal, bajaba la cabeza y se aguantaba la pena. Esto le molestaba bastante, ya que no le llamaba particularmente la atención ver al castaño deprimido y menos por un bastardo. El lado bueno, cada vez que aquello pasaba, el castaño le buscaba y le contaba lo sucedido, terminaban pasando todo el día juntos y eso le gustaba, pero no podía evitar sentir que él era el refugio que tenía el castaño nada más, quizás era ese piano que no tenía a la mano en esos días malos, que sólo lo usaba para sentirse mejor y eso lo hacía sentir bastante mal, descartó inmediatamente ese pensamiento, Roderich no era así.

El plan era bastante simple esta vez, se vengaría de Vash por todas las cosas que le hizo a Roderich y si podía usar toda la popularidad que tenía, no dudaría en usarla ni un solo minuto. No se detendría por nada. Sólo faltaba tener un motivo, no podía empezar una infantil guerra con el rubio sin un motivo aparente. Tenía que encontrar algo, para que incluso el castaño lo apoyara con la idea, se rió mentalmente, Roderich jamás le permitiría ser un cabrón sin razón. Se acomodó el jeans negro un tanto ajustado que estaba usando y se desabrochó uno de los primeros botones de su camisa blanca.

Miró al castaño quien se sentía a gusto ahí o al parecer no estaba incómodo. Estaba vestido como de costumbre, con unos pantalones de tela negros ajustados, una camisa café claro que había logrado, gracias a Gilbert estar fuera de su pantalón y una chaqueta café un poco más oscura.

—¿Qué sucede Gil?— Preguntó al sentir la pesada mirada del albino sobre sí mismo, no le molestaba ese gesto en lo absoluto, sólo lo extrañaba puesto que ya lo había descubierto muchas veces mirándolo de la misma forma.

—¿Recuerdas que te odiaba?— Habló con la voz queda, sabía que ese tema le molestaba un poco al castaño, sobretodo porque el mismo le había hecho muchísimo daño al otro y sin embargo, ahora eran amigos, aunque eso era lo que menos quería Gilbert.

—Sí, pero eso está en el pasado ¿Sabes? No pienses en eso—. Su sonrisa apareció suave entre sus labios, esa sonrisa que al albino le derretía el alma estaba ahí presente y le gustaba. De pronto, a su espalda vio al sujeto-en-cuestión caminar hacia el radio. Se disculpó con el castaño un momento y se dio una vuelta larga para encontrarse con el otro, sin que el castaño lo notara.

Apresuró su paso y se posicionó detrás del rubio quien estaba, al parecer, entretenido conectando su teléfono al aparato. Puso una mano en su hombro, para llamar la atención del otro. Vash se volteó a mirarlo.

—¿Qué quieres?— Preguntó mientras movía con brusquedad su hombro para no sentir la piel del otro en su cuerpo, ese actuar le había parecido de lo más repugnante.

—Oye, vengo en paz. Relájate hombre—.Subió ambas manos en sinónimo de que venía con buenas atenciones, el rubio por otra parte sólo afiló la vista. —¿Viniste solo?

No sabía si responder, no había venido sólo había venido con Lovino. Pero, no se sentía seguro de darle aquella información a ese sujeto, no le daba buena espina en lo absoluto. Su aire de superioridad siempre lo había incordiado.

—Vamos hombre ¿No responderás?— Su voz era tranquila, pero su rostro estaba saliendo de quicio, necesitaba saber si había traído su auto.

—No te importa— habló con suma tranquilidad mientras se encaminaba hacia el exterior. Buscaba a Lovino. Se paró bajo el marco de la puerta que daba hacia la piscina en el patio trasero, y sentado en una banca encontró a quien buscaba hablando con su hermano gemelo. Hizo una seña para llamar su atención.

—¿Qué sucede Vashie?—Arrastraba cada una de las letras y eso sólo podía significar que estaba bebido.

—¿Estuviste bebiendo?— Su cara era de incomprensión, era quien manejaba y no estaba en las condiciones optimas para manejar en estos momentos. —Préstame las llaves de tu auto, te las devuelvo mañana.

El de pelo castaño oscuro sólo asintió con la cabeza y buscó entre sus ropas las llaves. Había balbuceado algo que sonó como un "mi hermano me llevará a casa", pero no estaba seguro de aquello. Tomó las filillas metálicas en su mano y se dispuso a salir de esa fiesta. De camino a la salida de la casa sintió una mano tomar su brazo, se volteó para encontrarse con unos ojos violáceos tras unas gafas, lo reconoció de inmediato.

—¿Roderich? ¿Qué quieres?— No era su intención ser tosco con él, pero la verdad ya no sabía cómo comportarse frente a él y eso le molestaba. Habían sido los mejores amigos, muchos años atrás, sin embargo, ahora no podían ni siquiera entablar una conversación los dos.

—¿Estás molesto?— Esa pregunta descolocó al rubio, ¿Desde cuándo le importaba al otro si estaba molesto o no? Se fijó bien en el rostro del moreno y pudo notar un tenue sonrojo, al parecer también estaba bebido.

—¿Y qué si lo estoy?— Preguntó soez, sabía de ante mano que ese tono era el único de auto defensa que poseía, sobre todo con el castaño. No vio venir un golpe directo en la mandíbula que lo dejó apoyado en la pared. Se llevó una mano al mentón mientras juntaba saliva para escupirla. Roderich vio la sangre y se apresuró a acercarse, pero el albino le sujetó del hombro y lo tiró hacia atrás con cuidado para que no se entrometiera. Gilbert quería una razón para destruir al rubio, ya la tenía.

El albino se tocó los nudillos con los que había golpeado a aquel sujeto, y lo miró detenidamente. Se acercó a él para darle un golpe certero en el estómago y cuando lo dejó de rodillas en el piso se agachó para hablarle: —Que me entere yo de que le vuelves a hablar así… y te prometo que esto que acabo de hacer, no será más que una mínima cuota de dolor—. Susurró lo último para que sólo Vash lo escuchara. Metió con disimulo la mano al bolsillo del otro y sacó las llaves del auto, si quería irse tendría que venir por ellas.

Caminó en dirección contraria y fue seguido de inmediato por Roderich, quien entre tonos un poco más duros le pedía una explicación, se sentó en una silla frente a la piscina y jugó con las llaves que había obtenido. Roderich se dio por vencido en cuanto a la explicación sólo le mencionó que ya se quería ir, que estaba incómodo. West había llegado a su mesa riendo aún por lo que acababa de hacerle al rubio. —Estás demente Gil, ahora ¿Por qué fue?

—Nadie toca lo que es mío West, nadie—. Habló mientras sonreía ampliamente, el castaño calló en cuenta de lo que el otro había dicho y se sonrojó. Bajó un poco la cabeza y desvió la mirada hacia la piscina.

La gente comenzaba a salir de la casa en dirección al patio trasero, algunos se correteaban por el borde de la piscina y otros simplemente bebían. De un momento a otro Vash se abrió paso entre la gente buscando a Gilbert, sabía que tenía sus llaves y lo único que quería realmente era irse de ahí. Se acercó a paso brusco a la mesa.

—¿Dónde mierda están mis llaves?— Exigió mientras miraba con ira a los tres en la mesa, bueno, a dos. Al castaño no lo miraba en lo absoluto.

Gilbert alzó sus ojos lentamente del castaño. No era mucho más alto que Vash, por lo que no sentía cómo si se cerniera sobre él. West tampoco lo intimidaba, sólo le molestaba precisamente por su historia con Liech. Ambos estaban trabajando duro para hacer del rubio un completo estúpido.

—Están… —West lanzó el juego de llaves a la piscina y para la mala suerte del castaño, todo parecía indicar que el otro rubio ahí, tenía una puntería excepcional, las llaves habían quedado justo en el centro de la piscina, casi a la misma distancia desde todas las esquinas. —Están unos dos metros bajo el agua Vashie ¿Tienes ánimo para un baño?— Sonrió ampliamente, mostrando todos sus dientes. El albino rió sonoramente mientras miraba divertido la escena, el castaño que estaba en la mesa se había puesto de pie y cambiado de lugar, puesto que se sentía demasiado incómodo ahí para seguir estando en pleno campo de guerra.

—Eres un hijo de puta—. Espetó entre dientes, su rostro se mantenía completamente calmo, sin embargo sus ojos ardían por la ira, estaba realmente furioso.

Se volteó sin mirarlos ni un poco más, el clima estaba bien como para darse un baño en la piscina, es decir, no era molesto en lo absoluto para sumergirse, claro está que sea el caso en el que se meta uno por voluntad propia y no por medio descaro de otros sujetos. Bastantes personas se habían metido a la piscina, por lo que el rubio buscó el brillo del metal entre los cuerpos.

Gilbert había caminado buscando a Roderich, estaban ambos conversando y la frustración se abrió paso por el estómago del rubio, trató de parecer inmune a ello mientras desviaba la mirada para seguir con su búsqueda. Cuando las encontró buscó con la vista algún palo para poder tomarlas, sin embargo no encontró nada. Llamó la atención de una bañista que estaba de espaldas a él, se maldijo internamente al ver quién era.

—¿Te importaría tomar las llaves que están allá abajo?— Preguntando de frente, no quería su ayuda, le molestaba la presencia de Elizabeta, sin embargo, necesitaba ayuda. La chica volvió los ojos hacia Gilbert, quien estaba atento mirando la escena. Negó suavemente con la cabeza y se alejó de la orilla donde estaba el rubio.

—Ludwig, tú tiraste las llaves ahí ¿Las podrías sacar?— Se escuchó la voz de Liech que resaltaba de entre todas las voces. El rubio carcajeó y negó con la cabeza. La rubia suspiró cancinamente —yo lo haré Vash, no te preocupes.

—No.— El rubio se descalzó las zapatillas con pesadez, se quitó la sudadera y la camiseta al mismo tiempo y las dejó en el suelo. De sus pantalones sacó su teléfono y su billetera, tiró ambas cosas sobre su ropa en el suelo. El silencio se hizo presente entre todos los asistentes a la fiesta. Tomó un largo respiro, no había molestia en ello mojó sus manos primero y se relajó al sentir el agua fría refrescando su piel, saboreó la tranquilidad que sentía. Se sumergió en el agua con un piquero y siguió hacia abajo. Dos metros eran absolutamente nada, llegó a sus llaves en cuestión de segundos. Las sostuvo con una mano y sacó la cabeza primero soltando el aire que había retenido en sus pulmones.

Eso había sido fácil, fue la parte fácil.

Una serie de aplausos sonaron entre las personas, sin embargo, ninguna de ellas estaba apoyando realmente. Tenía que salir de la piscina, frente a todos ellos, estando completamente empapado. Se burlarían, eso seguro. Con lentitud fue hacia el borde de la piscina subió y se revolvió el cabello para reducir el exceso de agua. Se calzó las zapatillas y pasó sólo la sudadera sobre su cabeza. Mantuvo su teléfono y su billetera en una mano, las llaves mojadas en la otra.

No miró la mesa en la que se encontraban los tres, porque había visto al castaño volver a sentarse con los hermanos, caminó erguido hasta la puerta para poder salir de ahí, las llaves de su apartamento seguían en su pantalón. Abrió el auto, se subió y puso en marcha el vehículo.


Muchas gracias a las personas que leyeron el prologo y gracias Jer por comentar, fue lindo.

Se agradecen los reviews.

Wild Arianne.