¡HOOOOLA! ¡Qué emoción, el segundo capítulo! Aquí es donde pruebo que no soy un one-hit wonder y que voy a continuar con esta historia hasta el final.

Muchísimas gracias a Shadwood y a YoyoBlack, que me dejaron reviews el capítulo pasado: definitivamente fueron las porras que necesitaba para postear este nuevo.

Les recuerdo que soy de México y aparte del norte, entonces si encuentran alguna expresión rara o muy regional, espero que no les moleste tanto. También les recuerdo que estoy buscando un Betaaaaaa...

TAMBIÉN, les recuerdo que este fic es una adaptación al Español del fic en Francés de Granaroma, Wedding Planner. Si alguien sabe Francés, vayan a darle amor a ella primero y luego vuelvan a mi por favor.

Bueno, ahora sí, veamos qué tiene que decirnos James respecto a todo esto:


Música Clásica, Rock Dinámico- JAMES

«Inmediatamente empezó a preguntarle, muy acelerado, por su salud, atribuyendo la visita a su deseo de saber que se encontraba mejor. Ella le contestó cortés pero fríamente…»

"¿Qué lees?" preguntó Elinor con curiosidad.

En realidad, la respuesta le interesaba poco. Ella solamente quería capturar la atención de su prometido al fingir interesarse en aquello que este consideraba más cautivante que su compañía. Cada tarde que pasaba en la casa de James, entre la comida y la hora del té, la joven se ahogaba en aburrimiento ya que James consagraba este tiempo exclusivamente a la lectura. Él podía pasar varias horas encerrado en su biblioteca, cuando todo lo que ella quería hacer era platicar, reír o salir.

Elinor se tomó un momento y se rehusó a quejarse; siempre le habían dicho que se debía adaptar lo más posible a los hábitos y preferencias de su futuro esposo. Aun así, era difícil: ella odiaba leer, además de que no estaba en su naturaleza el guardar silencio por más de veinte segundos seguidos.

Para el disgusto de su prometido.

Irritado, James ni siquiera despegó la vista de su libro para responderle: "Orgullo y Prejuicio." Esperaba que, contestándole monosilábicamente y con un tono seco, ella por fin captara el mensaje y le permitiera terminar la página que llevaba cinco minutos tratando de leer.

«Elizabeth estaba asombrada pero no dijo ni una palabra. Después de un silencio de varios minutos se acercó a ella y muy agitado declaró:

He luchado en vano. Ya no puedo más. Soy incapaz de contener mis sentimientos. Permítame…»

"¿Está bueno?" volvió a preguntar Elinor.

Se le acercó por la espalda, y trató de leer al mismo tiempo que James, posando su barbilla en su hombro.

"Sí, bastante," le respondió con voz ausente.

«Permítame que le diga que la admiro y la amo apasionadamente. El estupor de Elizabeth fue inexpresable. Enrojeció, se quedó mirándole fijamente, indecisa y muda.»

"Y ¿de qué se trata?"

James, que odiaba que lo interrumpieran, se abstuvo de contestarle con dureza y le explicó rápidamente: "Es la historia de un hombre súper orgulloso que se enamora de una mujer llena de prejuicios."

"Wow, ¡suena muy interesante! ¿Quién es el autor?"

"Jane Austen. Es una escritora Muggle."

No tuvo que voltearla a ver para saber que su expresión se transformó, con un ceño fruncido y los labios apretados.

Elinor no era verdaderamente racista, a pesar de la terrible familia en la que creció, pero a veces no podía evitar sentirse superior a los Muggles y menospreciar su cultura. Esto fastidiaba bastante a James.

"¿Una Muggle?"

"Sip, ellos saben leer y escribir como nosotros, querida," dijo él con un tono burlón.

"Sabes bien que no me refiero a eso," se defendió, mortificada por la insinuación. "Es solo que me sorprende que te intereses en su literatura. Pero si tú me dices que está bueno, te creo."

James no respondió nada.

«Él lo interpretó como un signo favorable y siguió manifestándole todo lo que sentía por ella desde hacía tiempo. Se… -»

"¿Y se terminan casando?"

James suspiró, aceptando su derrota; ella gana. A veces, Elinor cedía y aceptaba leer o dibujar hasta que él se dignaba a dejar a un lado a su libro. Otras veces, muchas veces, como hoy, era él quien cedía.

Puso a un lado la novela de pasta dura, préstamo de Remus, y se levantó. "Qué opinas, ¿quieres dar un paseo?"

"¡Sí!" exclamó encantada. "¡El día es tan bello!"

Lo tomó del brazo y lo guio hacia el parque adjunto a su casa por las puertas abiertas hacia la gran terraza.

Fue un paseo bastante agradable, y hasta James tuvo que admitir que un poco de aire fresco le hacía bien. Después de todo, después del largo invierno que habían pasado, estos eran los primeros días de buen tiempo y le haría bien aprovecharlos. Elinor y él se instalaron debajo del gran manzano frente al lago sobre una sábana blanca, y ella se acomodó para comenzar a platicar. Más bien, ella fue la que habló y él quien escuchó.

Decir que Elinor era platicadora era un eufemismo. Ella amaba platicar, y hablaba todo el tiempo. Sobre la lluvia, sobre el buen tiempo, las artes, el último chisme que había escuchado. Parecía no poder soportar el silencio. James trató de que no le molestara este pequeño defecto, ya que al pensarlo, los únicos momentos en los que no aguantaba su voz eran cuando él leía. De lo contrario, más que platicadora era entretenida e interesante.

Se llevaba muy bien con ella, a pesar de lo poco que tenían en común. Esto no le impidió pedir su mano en matrimonio, y tampoco le impidió a Elinor aceptar su propuesta. De todas formas, con los Sangre Pura, el amor y el matrimonio eran dos cosas distintas. Uno podía amar y desear a las mujeres que quisiera, pero el matrimonio era sólo para las brujas de linaje noble. Era algo que James jamás se cuestionó; simplemente las cosas eran así, y al momento de escoger a una Sangre Pura como esposa, decidió tomar a alguien que no constituiría una tortura cotidiana por el resto de su vida.

Elinor era una chica agradable que disfrutaba parecer más estúpida de lo que era en realidad, quien reía seguido, lo apoyaba en todo y mostraba una ternura infinita hacia James. Sus sonrisas eran cálidas, su conversación interesante, sus caricias agradables, y todas sus atenciones estaban enfocadas hacia el joven hombre. Ella era una nube de dulzura, y era exactamente eso lo que James quería. Aquellos que se rehusaban a tener una verdadera relación amorosa, pero que seguían deseando la ternura de un toque íntimo, encontraban en la compañía de su prometida un agradable compromiso. Ellie era relajante, a veces extenuante, pero jamás aburrida. Y como cereza en el pastel, era muy bonita y servicial. Dentro de lo que cabe, James se consideraba suertudo.

Elinor tampoco le ocultó su principal motivante para esta unión: era su única manera de salir de la casa de sus padres sin arriesgarse; físicamente, pero sobre todo materialmente. Uno de sus peores miedos siempre había sido verse en la necesidad de… trabajar. Trabajar. Tan solo pensarlo la llenaba de horror.

A las cinco, ellos tomaron el camino hacia la casa para acompañar a los padres de James a tomar el té. Justo antes de que la casa les fuera visible de nuevo, Elinor agarró su brazo para detenerlo; James la volteó a ver, inquisitivo. Ella se paró de puntitas para rozar sus labios contra su sien, causando una ligera sorpresa en el moreno. Ellie rara vez tomaba la iniciativa en sus muestras de afecto, pero él se recuperó con rapidez y la abrazó para besarla.

No fue nada desagradable. Bastante lejos de 'las mariposas en el estómago', 'escalofríos', 'fuegos artificiales', o cualesquier características de un beso que intoxica, pero no era desagradable.

Nunca lo era.

Cuando se separaron, ella estaba roja como un tomate, y su estado se acentuó al momento que James acomodó un mechón rubio detrás de su oreja. Sin soltarse la mano, recorrieron los últimos metros que les separaban de las puertas y se dirigieron hacia la sala del primer piso, en donde normalmente tomaban su merienda.

A James nunca le gustó el té verdaderamente, y en realidad bebía chocolate caliente en la vajilla antigua de su madre. No había mucho de qué hablar, como cada vez que Elinor pasaba a la mansión. Fue principalmente el Señor Potter, carismático como siempre, quien mantuvo la conversación. La Señora Potter intentaba conservar una expresión neutra, pero su mirada pasaba con regularidad de un prometido al otro y no podía evitar apretar los labios en algunas ocasiones.

No era que no apreciara a Elinor (a quien consideraba encantadora, más bien), pero no estaba del todo satisfecha con la elección de su hijo.

"¿Estás seguro de tu elección, Jamie?" le preguntó una vez que la joven se había retirado al tocador.

"¿No te gusta?" se sorprendió James.

Había sido su madre quien los había presentado durante un baile organizado en honor a sabrá Dios qué, seis meses antes. Ella le había dicho que había llegado el momento de seguir adelante, que ya había estado deprimido lo suficiente, que Elinor era una joven muy vivaz y agradable, y que le haría bien conocerla. Cosa que James hizo.

Tal vez demasiado, para el gusto de su madre.

"Es adorable," concedió con prudencia la Sra. Potter. "Y obviamente la prefiero a ella que a Emily. Pero no entiendo muy bien porque la quieres desposar; por qué tan impulsivo todo. Los he estado observando, y no creo que sea amor lo que los apresura."

"A los dos nos agrada esta unión," James admitió, alzando los hombros con indiferencia. "Creo que nos entendemos perfectamente."

"¿La amas?"

James esbozó una sonrisa triste. "El amor está muerto, mami."

El corazón de la Señora Potter se entristeció tras esa última afirmación, y vanamente ella siguió intentando razonar con su hijo, pero él se mantuvo firme ante su decisión. Se va a casar con Elinor Bell.


Una hora más tarde, James acompañaba a Elinor a su casa, en las afueras de Londres. Se besaron de nuevo en los escalones de la entrada, y al entrar ella a su casa el joven mago se Apareció en el Callejón Diagón. Se aflojó la corbata perfectamente anudada, se desabotonó la camisa y despeinó su cabello cuidadosamente aplacado. La música clásica en su cabeza se convirtió en un rock dinámico. Por fin, podía ser él mismo.

Recorrió las pequeñas calles que se empezaban a llenar de empleados buscando distraerse y hacer sus compras después del trabajo, hasta llegar a Garage, el nuevo bar de moda en donde había quedado de verse con sus amigos en la tarde.

Remus y Peter ya habían llegado y pudieron lograr encontrar una mesa en el fondo. James sonrió; nada más con verlos se sentía revigorizado. Solo se sentía como él mismo cuando estaba con sus amigos.

"¿Dónde está Sirius?" cuestionó, dejándose caer en una silla.

"En el bar, está ordenando las bebidas," le informó Peter. "Llegas tarde, ¿qué pasó?"

"Estaba con Ellie."

"¿Cómo van las cosas entre ustedes?" inquirió Remus. "¿Sigue en pie esa estupidez?"

La noticia del compromiso había aparecido de la nada para sus amigos, como si él hubiera dicho que había decidido dedicarse al sacerdocio, o que cambiaría de sexo. Sirius y Remus, notablemente, no perdían la esperanza de hacerlo cambiar de opinión antes de que fuera demasiado tarde.

"Siempre," dijo James en un suspiro. "Y para alguien que está a punto de casarse él mismo, me parece raro que tú pienses que el matrimonio es una estupidez."

"No es lo mismo y lo sabes," defendió Remus. "Aquí la estupidez no es el matrimonio, es Bell."

James frunció el ceño. "Ellie es una gran chica."

"Y nunca dije lo contrario, Prongs. Tampoco lo digo para molestarte, tu sabes que queremos lo mejor para ti. Es sólo que creo que podrías encontrar algo… mejor. Y ni siquiera sería difícil hacerlo."

"Es que ¿por qué la odias tanto?"

"Vamos, tú sabes por qué," Remus comenzó a impacientarse. "Pero lo que más me molesta -y que me hubiera molestado de cualquier otra muchacha, para tu mayor información- es que siento que estás con ella por default. Ella no es lo que necesitas."

"Si fueras honesto contigo mismo, admitirías que es perfecta."

"Puede ser perfecta, pero no para ti," insistió el castaño.

"Es bonita, divertida y amable, y más específicamente no está conmigo sólo por mi dinero o por mi popularidad," dijo James entre dientes. "Eso es todo lo que pido."

Bueno, ok, a decir verdad, eso era en gran parte la razón por la que Elinor estaba con él, pero Remus no necesitaba saber eso.

Nadie necesitaba saberlo.

"¡No todas las mujeres están contigo por tu dinero o tu popularidad, Prongs!"

"Muchas de ellas sí. Más bien, todas las que yo he conocido sí."

"Esto no es porque Emily…"

"¡A ver! No empiecen por favor, par de tontos," gimió Peter chasqueando los dedos para llamar su atención. Cuando el nombre de Emily surgía en una conversación, nada bueno podía pasar; él prefería evitar la controversia cuando aún se podía. "Vine a este bar a relajarme," siguió. "En todo caso, si quieren seguir con este tema, busquen nuevos argumentos; no podría soportar la misma conversación una vez más."

Se hizo un pequeño silencio. Remus terminó, como siempre, disculpándose por haber criticado a Elinor; James aceptó, y pasaron a otro asunto.

Discutieron sobre cada uno de sus empleos. Sirius seguía preparándose para ser Auror: había reprobado el examen los dos años pasados, y esperaba que este año fuera el bueno. Remus había logrado conseguir dos trabajos mal pagados para poder pagar las cuentas, y parecía estar a punto de colapsar por la fatiga cada fin de jornada. Peter tenía un pequeño puesto en el Ministerio, una cosa tan aburrida que en ese momento James fue incapaz de recordar en qué rama específica trabajaba. Peter estaba en medio de contarles acerca de la promoción que había conseguido, y James estaba tan aburrido que terminó cortando el soliloquio de golpe:

"Ya se tomó su tiempo Sirius," remarcó.

Ya habían pasado diez minutos desde que llegó y su amigo no había regresado. Prácticamente ya se habían terminado el bowl de botanas que venía en cada mesa.

Peter refunfuñó un poco tras la grosera interrupción, pero James ignoró su disgusto.

"Como siempre, está siendo un perro," dijo Remus con una sonrisa consternada. "Miren."

Todos voltearon hacia el bar. A través de la gente, en efecto observaron a Sirius mientras platicaba animadamente con una joven pelirroja, sus amigos aparentemente olvidados. James soltó un suspiro. Iba a pasar mucho tiempo antes de que Sirius volviera; tendría que ir por sus propias bebidas.

"Bueno, primero déjenme ir al baño. Espérenme," pidió James mientras se levantaba. "Tengo que lavarme las manos." Sus manos se sentían asquerosas gracias a la mesa pegajosa que aún mantenía vestigios de las bebidas derramadas anteriormente.

En ese mismo momento, la voz de Sirius se elevó sobre las conversaciones del lugar. "¡MUCHACHOS! ¡MIREN A QUIÉN ME ACABO DE TOPAR, NO ME LO VAN A CREER!"

Una vez más, todos voltearon a ver a Sirius, que estaba haciendo movimientos extravagantes con sus brazos, invitándolos a que se les unieran.

"¿Ahora qué?" suspiró Peter mientras se paraba.

"Vayan, yo los alcanzo," instruyó el pelinegro. "Y vayan pidiéndome un Whisky de Fuego."

Después de su pequeño viaje a los baños (jamás entendería por qué a los lugares de moda les gustaba poner lavabos casi imposibles de operar), se dispuso a unirse a sus amigos en el bar.

"Y ahora, ¿qué hacen acá?" preguntó metiendo su cabeza entre las de Sirius y Remus. "¿Me compraron algo?"

¡Estaba a punto de morir de sed, por el amor de Dios!

"Mira nada más a quien terminamos topándonos," dijo emocionado Remus. "¡Es Lily Evans!"

Intrigado, James volteó a ver a la mujer con la que Sirius había estado platicando. Tenía el cabello rojo casi café, ojos almendrados color verde, y un rostro espolvoreado con pecas.

"¿Quién?" dijo ausente.

"Ya sabes, ¡la novia de Marlene!" insistió Sirius. "Acuérdate, Peter estuvo enamorado de ella cuando estábamos en séptimo."

"Ah, ¡cómo olvidarlo!" Remus exclamó con una sonrisa. "Me acuerdo que ella te desechó como un calcetín viejo. Ese sí que es un recuerdo para toda la vida," se tocó el corazón con la mano, como si estuviera conmovido.

"¡Hey!" Peter se estaba ruborizando. "¡Eso fue hace mucho tiempo! ¡Pensé que habíamos acordado no hablar del tema nunca más!"

"Ciertamente fue una de tus mejores bateadas, Peter," dijo Sirius solemnemente.

Mientras que sus amigos amedrentaban al pobre Peter, quien parecía estar rogando al cielo que por fin terminara con su sufrimiento, James entrecerró los ojos y buscó en los recovecos más obscuros de su cerebro alguna memoria que le permitiera recordar a la joven frente a él. Lily Evans… Lily Evans…

De golpe, hizo click. Pudo ver a una pequeña Gryffindor, un poco regordeta y muy tímida, que seguía a la magnífica Marlene McKinnon a todas partes. No le sorprendía no haberla reconocido antes: había perdido toda esa grasa de la infancia, y parecía haber ganado una confianza que le hacía portarse a sí misma de una manera completamente diferente a ese entonces. El vestido que traía puesto le hacía lucir una figura muy agradable… ¡y su hermoso cabello rojo! Grueso, largo, enmarcando un rostro ligeramente molesto pero increíblemente bello. Definitivamente era su tipo de mujer. En automático, su sonrisa ganó un aire de encanto palpable.

"¡Ah sí, Evans!" dijo, muy orgulloso de sí mismo. "Por supuesto, ya me acuerdo."

Su sonrisa solo creció. Parecía que alguien la había mandado a hacer específicamente para él. Evans no había cambiado: estaba transformada. El patito feo se había vuelto en un hermoso cisne; no pudo evitar estudiarla de nuevo de pies a cabeza. Unos pechos deliciosos, cintura enmarcada, caderas generosas, piernas interminables. Cabello rojo oscuro y ojos verde esmeralda. Decir que estaba bonita era poco, se había puesto preciosa. Parecía que su belleza aumentaba cada segundo… de repente, sintió un calor impresionante.

"Vaya, nunca te hubiera reconocido. Te has convertido en una hermosa mujer," expresó. "Muy, muy bonita…"

A la pelirroja parecía haberle ofendido que él la haya admirado con tan poca discreción, y le lanzó una mirada asesina que no le afectó en absoluto. Esto no lo disuadió de volver a estudiar a la joven, y claramente le gustaba lo que veía.

"Hola, Potter," soltó con sequedad, sacándolo de sus fantasías. "Tú, al contrario, no has cambiado nada."

La sonrisa de James disminuyó un poco. Podría estar equivocado, pero tenía la impresión de que estaba siendo… hostil. Lily solo alzaba la vista, y no sonreía en absoluto al mirarlo.

Se detuvo a sí mismo. ¿Hostil? Eso era ridículo: muy apenas la recordaba, ¿por qué habría de tenerle rencor? Se acordaría si le hubiese hecho algo… ¿no? Aparte, todo el mundo lo quería. Era James Potter. Ni siquiera él podía evitar caerse bien a sí mismo.

"Ya van, cuantos, ¿cinco, seis años que no nos vemos?"

"Supongo que sí", le respondió con voz desinteresada. Esta vez, ya no fue una ligera sospecha: de verdad que le aborrecía. Su voz era glacial; sus ojos estaban llenos de aversión.

Pero James era conocido por su legendaria confianza. Lejos de dejarla en paz, se abrió un camino entre sus amigos para estar más cerca de ella. Si había dejado una mala impresión antes, solo tendría que corregirlo ahora.

"De cualquier manera, me alegra mucho haberte encontrado," dijo con sinceridad. "¿Vienes a tomarte un trago con nosotros?"

"Lo siento," dijo Lily levantándose bruscamente, casi sacándole un susto. "De hecho, necesito irme. Trabajo temprano mañana. ¿Verdad que sí, Nathan?" agregó dirigiéndose al hombre que estaba a su lado, y que James no había notado hasta ese momento.

"Tienes toda la razón," le contestó el supuesto Nathan. "Apenas te lo iba a decir. ¿Nos vamos?"

James escudriñó al pelmazo en lo que este le ayudaba a ponerse su abrigo con un aire protector y presuntuoso; como dando a entender a los presentes que la joven estaba fuera de límites. James lo odió automáticamente. Siempre había odiado a este tipo de hombre engreído, formado como estatua griega y que portaba constantemente ese aire altivo, creído y muy molesto.

Con un movimiento elegante Lily liberó su cabello atrapado debajo del cuello de su abrigo, y este gesto casual logró reenfocar la atención del joven con gafas.

"¿Es tu novio?" preguntó sin ceremonias.

Esperaba que no.

"¿Qué?" exclamó desprevenida. "¡No!"

Ante la vehemente negación de la pelirroja, la sonrisa de Nathan se borró, mostrándose herido. La cara de ella se enrojeció; James no ocultó su sonrisa satisfecha. Era todo muy interesante. Y una buena noticia, estaba soltera.

"Y no veo en qué te concierne a ti, de todas formas," agregó entre dientes, con aire disgustado.

Él se encogió de hombros, indiferente a su molestia. "Sólo quería saber," le contestó evasivamente. "De cualquier manera, me dio gusto encontrarte."

"Ahá," repuso ella, tomando su bolsa. "Bueno, hasta luego," lanzó hacia el grupo antes de salir.

James la siguió con la mirada hasta que desapareció por la entrada. Su mirada se mantuvo en ese punto momentos después de su salida, perdido en sus ideas. Le había dejado una sensación extraña, pero sobre todo, no descansaría hasta saber qué había hecho para merecerse tanta frialdad de su parte.

Finalmente, volteó a ver a sus amigos, que seguían emocionados por el encuentro.

"Es increíble lo mucho que cambió," dijo Peter admirándose. Terminaron sus bebidas y se regresaron a su mesa original.

"Lo que yo estoy pensando es que si Evans se convirtió en un bombón, ¡Marlene ha de parecer una modelo a estas alturas!" dijo Sirius con los ojos brillantes. "Vaya que en Hogwarts no estaba nada mal…"

"Esos eran los buenos viejos tiempos," James contestó con nostalgia. "Hacíamos pendejadas, con Hestia también, y Mary- casi la olvidaba-… y Caradoc…"

"Sigo en contacto con Dorcas, podría hablarle," dijo Remus pensante. "Podría ser divertido. Creo que le sigue hablando a todos, podemos intentar juntarnos una tarde…"

"En fin, sigue siendo una locura: ¡qué cosas!" Sirius continuó. "Evans, wow."

"¿Crees que le haya agradado vernos?" se preguntó James. "La noté un poco seca, eh."

Particularmente con él.

"Es obvio," Peter afirmó. "Si no fuera tan intimi dante, me volvería a enamorar de ella."

"Siempre había sido tímida," razonó Remus. "Estoy seguro de que le fascinó encontrarnos."

No podía ser nada más, todo el mundo los amaba, eran los Merodeadores.

Obviamente, estaba equivocado. Siempre hay una excepción a la regla.


Dun, dun, duuuuun... ¡Drama! Este asunto de la prometida definitivamente apagó todos nuestras esperanzas por un romance entre James y Lily. ¿O no?

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