Hola! Una vez más vuelvo a estar aquí con el segundo capitulo! weee ~~

Siento haber tardado un poquitin xD Espero que os guste! =)

Disclaimer: Todos los personajes que aparecerán a lo largo del fic no me pertencen. Pertenecen a la fabulosa mangaka Rumiko Takahashi.


una semana después*,

Sentada en lo alto de una pequeña colina que estaba un poco más allá de la aldea y sus campos de cultivo la joven contempló con un aire tranquilo y con una pequeña sonrisa, como el sol se iba ocultado tras las montañas que se podían ver a lo lejos.

La oscuridad de la noche empezaba a ganar cada vez más terreno mientras que los tonos rojizos del ocaso se intensificaban en un último intento de iluminar el mundo conforme el gran astro se iba ocultando.

Los pocos rayos rojizos que aún permanecían, iluminaban el paisaje de su alrededor con tonos anaranjados. Las siluetas de los arboles eran altas, esbeltas y tan negras que le imponían respeto a pesar de que sabía que no le harían ningún mal. La hierva de los montes y los campos de cultivo cogían un color anaranjado que le encantaba y las pocas nubes teñidas de rosa que flotaban pasivamente por el cielo parecían tener por si mismas una luz clara. Entonces, mientras observaba aquel majestuoso paisaje, la joven supo de ante mano que algo malo le ocurriría; se sentiría mal.

Y en efecto así fue.

Un sentimiento nostálgico y melancólico le oprimió el pecho tan fuerte que era como si le hubiesen dado buen golpe. No intentó alejar aquel sentimiento de si misma pensando en cosas agradables no. Más bien lo contrario. Sin saber muy bien el porque, lo recibió con los brazos abiertos.

Su sonrisa fue substituida por una mueca que se debatía entre tristeza y decepción y sus ojos, grandes y claros ya no contemplaban las vistas si no que observaban fijamente su kimono ya que, todo aquello; los paisajes, los colores y etc.. le hacía recordar con demasiada precisión imágenes vividas junto a él.

Pero aún así, a pesar de la tristeza, la nostalgia y el dolor que corrompía su corazón, la joven se mantuvo erguida como si de una autentica dama se tratase puesto que, en cuanto él llegase, quería estar perfecta para darle una bienvenida digna de su rango. Al fin y al cabo, ya había madurado. Ya no era aquella niña que estaba en peligro constantemente. Ahora era mayor y por lo tanto, sabía como comportarse y también, lo más importante, sabía como defenderse a si misma para no causarle más problemas. Sin duda alguna, ese día era muy especial; él, tarde o temprano, la vendría a buscar y volvería vivir todo aquello una vez más.

Por otra parte ese día no era sólo especial porque vendría a buscarla si no que también, aquel día ya se hacía mayor literalmente. La joven cumplía ni más ni menos que sus 16 años, la edad en la que una joven pasaba a ser una adulta. Y justamente como se trataba de aquella ocasión, se visitó con el último regalo que él le dio estando completamente segura de que le agradaría; un Tsukesage blanco.

El Tsukesage, estaba echo a partir de un suave y delicado algodón que le abrigaba lo suficiente para estar ahí sentada esperándole mientras anochecía. Estaba adornado con flores de un rosa pálido y un rojos intenso junto con algunas ramitas de cerezo bordadas en el hombro derecho y al final de las mangas.

Sin duda alguna, como aquel día era tan especial vendría a por ella, la vería adulta y preciosa y, sin dudarlo, se la llevaría junto a él como en los viejos tiempos.

O al menos... Eso es lo que quería pensar.

El sol se había ocultado por completo hacía ya varios minutos. Ya no había rastro alguno de aquella luz anaranjada del ocaso que iluminaba los pastos y los cultivos, ni tampoco estaban aquellas nubes rosas con luz propia. Sólo oscuridad.

Se quedó ahí, quieta y recta como una estatua sin ningún rayo que le proporcionara un poco de esperanza. Sola. Sola entre la fría oscuridad de una noche de invierno.

Detrás suyo oyó como unos pasos tranquilos y despreocupados subían la colina en dirección suya. Cogió unas cuantas bocanadas de aire para calmarse y para empujar toda aquella melancolía y tristeza hasta lo más fondo de su ser y esperó a que aquellos pasos llegaran junto a ella.

– Hola.

– Hola Kagome-san – le respondió la joven mientras le sonreía a modo de saludo.

– Ya es tarde para estar aquí arriba y sola ¿no crees Rin-chan?... Vamos, – dijo mientras se agachaba para estar a la par de ella – todos te estamos esperando.

– Me gustaría esperarle un poco más... - respondió la joven con una sonrisa mientras miraba a lo lejos - A lo mejor habrá tenido algún contratiem...

– Me temo que él no va a venir – Le interrumpió apenada por ser ella quien tuviese que abrirle los ojos a la joven de una vez por todas. – No responde tus cartas ni tampoco te ha venido a ver desde hace años. Rin-chan por favor... No me gusta verte así, sé que te debe doler pero tienes que hacerte la idea de que él no va a volver nunca más.

– Pero Kagome-san, hoy cumplo 16 años, ¡ya soy una mujer! No veo por que no puede estar aquí. – Dijo la joven mientras unas lágrimas empezaban a amenazar con salir. – Ya soy una mujer... -volvió a repetir - Puedo defenderme yo misma y puedo viajar libremente donde me plazca ya que no tengo a nadie que me espere en algún lugar en concreto. Sesshomaru-sama me dejó aquí para estar con los humanos. Bien, ¡lo he estado haciendo durante 8 años.! Y ahora que ha pasado todo este tiempo estoy segura de que Sesshomaru-sama va a venir para llevarme junto a él y junto a Jaken-sama. – Mientras Rin hablaba no pudo retener más aquellas amargas lágrimas.- Estoy segura de que lo hará...

Cuando el Daiyoukai la había dejado en la aldea junto con la anciana Kaede, la guerra contra Naraku había terminado ya y Rin tan sólo tenía 8 años. Ella no estaba de acuerdo en querer quedarse pero tras la promesa que le había echo de ir a visitarla de vez en cuando, no le quedó otro remedio que aceptar quedarse. Vivir en la aldea no estaba tan mal como la joven creía. La gente, a diferencia de los hombres del pueblo donde nació, la trataban como a una más. Tenía muchos amigos con los que jugar y también tenía a la anciana Kaede, a Kagome y la exterminadora Sango que le enseñaron todo tipo de cosas como a luchar tanto con arco como con katana y ha reconocer plantas venenosas o curativas. Los días los pasaba de forma tranquila y rutinaria estudiando y entrenando pero aún así era feliz junto con sus nuevos amigos. Y lo era más aún cuando Sesshomaru y Jaken la visitaban y le traían regalos.

Pero aquellas visitas que tanto le encantaban sólo duraron 3 años.

En cuanto la joven cumplió sus 11 años Sesshomaru le hizo una visita muy extraña, para empezar el Daiyoukai estuvo mucho más frío que de costumbre y Jaken por su parte mucho más nervioso y, en segundo lugar, le trajo un montón de regalos que sólo le servirían para más adelante, como su actual Tsukesage. La joven no supo interpretar el profundo significado que tuvo aquella visita hasta que pasaron dos largos años sin saber nada de él. Desde aquel día, no lo volvió a ver nunca más.

Pero eso no la desanimó, seguramente el Daiyoukai tendría algún motivo para ausentarse durante tanto tiempo. Así pues, convencida de aquello, cada mes se dedicaba a escribirle una larga carta contandole todo lo que hacía o había aprendido y también, le suplicaba, por así decirlo, que viniera a visitarla. Pero nunca hubo respuesta.

– Rin chan... No llores por favor. – Dijo la joven mientras la acunaba entre sus brazos y a la vez maldecía mentalmente a su "cuñado". – Sesshomaru no merece tus lágrimas. Ven... Tu misma lo has dicho, ya eres toda una mujer ¿y sabes? Nos tienes a nosotros; Inuyasha, Sango, Miroku, las pequeña gemelas que te adoran, Satsuki, Yusei, Shippo, Kohaku... ¿No eres feliz con todos nosotros?

– Ya sabes que si... Os quiero mucho a todos pero yo...Siento que me falta algo.

– Olvidate de él Rin-chan y llena ese vacío con algo que tengas a tu alcance. Aprende a conservar su recuerdo como una época de tu vida pasada en la que fuiste muy feliz. No en una amarga nostalgia. Ven, hoy estás realmente preciosa – Dijo mientras ayudaba a Rin a levantar la del suelo y cambiaba de tema radicalmente para no herir más a la pequeña. – Secate esas lágrimas y vamos a impresionar a todos con tu hermoso aspecto ¿Si?

La joven asintió avergonzada por su actuación hacía la miko. Miró una vez más hacía el oscuro bosque que estaba a los pies de la colina y con una sensación que le oprimía el pecho bajó la colina junto con su amiga a paso tranquilo sin decirse nada más.

A esas horas los caminos principales de la aldea estaban completamente desiertos puesto que todos los agricultores habían vuelto ya a sus hogares junto a su familia y el fuego que les proporcionaba un método para resguardarse de aquel frío invernal.

A pocos pasos de llegar frente la cabaña de la anciana Kaede, Rin oyó unas animadas voces que discutían dentro de la cabaña.

En cuanto logró distinguir las voces de Inuyasha y de Shippo esbozó una gran sonrisa que remplazó e hizo olvidar aquella tristeza. Aquellos dos, a pesar de los años que habían pasado juntos seguían peleándose como de costumbre.

Kagome tenía razón. Si que tenía a alguien.

Tenía unas grandes amistades que siempre estarían ahí para protegerla, animarla, apoyarla y cualquier otra cosa en cualquier momento. ¿Por qué se ponía en aquel lamentable estado por un frío youkai que tan siquiera la venía a visitar desde hacía ya cinco años? Ahora si que tenía vergüenza.

Tendré que seguir el consejo de Kagome-san, pensó mientras caminaban hasta llegar delante de la puerta. Le recordaría como parte de su infancia y viviría el presente siendo feliz junto con sus amigos.

Una vez más, o al menos eso pensaba.

La cortina de la cabaña se levantó y bajo ella estaba un hombre que le trajo a la cabeza un montón de recuerdos que minutos atrás se prometió a si misma que sólo serían simples recuerdos.

Su pelo plateado y la mirada ambarina le recordó tanto a su...

Él bufó exasperado.

- Te confundes una vez más Rin - le dijo el joven de pelo plateado.

Y por arte de magia Rin pareció despertar del encantamiento que había creado su propia mente. Él no era él. Era Inuyasha

- ¡Oh! ¡Lo siento mucho Inuyasha-san! - exclamó como pudo muerta de vergüenza. - Que tonta soy... - Esto lo dijo a modo de susurro como si se lo dijese a ella misma, pero tanto Inuyasha como Kagome lo escucharon.

- Tranquilizate Rin. No pasa nada - Dijo el hanyou con una sonrisa.

Pero ambas mujeres sabían que aquella sonrisa no era ni más ni menos que una apariencia puesto que en el fondo el hanyou odiaba a su medio hermano hasta la propia muerte. Estuviese presente o no aquel desgraciado siempre tenía que provocar problemas alrededor suyo. En cuanto lo viese le pegaría una buena paliza de parte de aquella disgustada joven.

- Venga Rin-chan, vamos a dentro con todos o aquí nos helaremos. -le animó Kagome.

Rin asintió y entró en la cabaña seguida solamente por Kagome.

Inuyasha por su parte no entró a la cabaña si no que se fue corriendo hasta el bosque de las afueras de la aldea y no volvió hasta al cabo de una hora y con un puño ensangrentado.

En cuanto ella entró, siete pares de ojos se posaron inmediatamente en ella. Entonces tras un pequeño silencio todos empezaron a gritar animados y muy descoordinados "felicidades Rin-chan" y la fiesta empezó sin más.

Ella por su parte esbozó una de sus mejores sonrisas y, dejando atrás aquel delicado tema acerca de Sesshomaru que tanto la apenaba, se sentó entre Miroku y Kohaku y se unió a la fiesta con los demás.

Todos reunidos apretujados en aquella diminuta cabaña, pasaron la noche comiendo y hablando animadamente. Inuyasha y Shippo siguieron discutiendo el tema que habían tenido que dejar a medias. Kohaku y Miroku hablaban entre ellos como si la joven no estuviese entre ellos dos y como si fuesen ajenos también, a los gritos de Inuyasha y el joven Kitsune. Kaede, a pesar del cansancio que ya llevaba encima, jugaba con los hijos de del hoshi y la taijiya y Rin por su parte escuchaba las historias que contaba Kagome acerca de su mundo o escuchaba a su amiga Sango que le contaba aventuras de cuando era pequeña. Kohaku, si las recordaba, afirmaba o le daba más detalles al relato que contaba su hermana.

En realidad no fue una noche muy especial si no más bien una noche normal en la que todos se reunían para pasar una agradable noche en compañía, para comer y compartir experiencias y aventuras.

Finalmente, cuando la luna alcanzó su punto culminante en el oscuro cielo Kagome fue junto a la joven Rin y, mientras le daba un fuerte brazo, le deseó un feliz cumpleaños. Todos los demás siguieron el ejemplo de la Miko así que Rin recibió abrazos por parte de todos, desde la más anciana; Kaede, hasta la más joven; la pequeña Satsuki, hija de Kagome e Inuyasha.

¡Incluso el propio Inuyasha accedió a darle una abrazó a la joven! Se hizo mucho de rogar por todos sus compañeros y su mujer pero finalmente, el hanyou, mientras murmuraba algo así como un; "con un felicidades es más que suficiente" le dio un delicado pero a su vez fuerte y cálido abrazo acompañado con una tímida sonrisa que poco después fue el motivo principal para todas las bromas que vinieron a continuación.

Mientras lo hombres se peleaban por aquella muestra de delicados sentimientos femeninos. La mujeres cogieron a Rin y la llevaron a un rincón de la cabaña junto a la anciana y a los niños.

- ¿Qué te gustaría tener como regalo Rin-chan?-preguntó Kagome mientras acunaba a su princesa entre sus brazos.

- Pues no sé... La verdad es que ya tengo de todo... Y creo que lo que deseaba lo pedí en los anteriores años así que ahora no tengo nada para pedir.

- ¡Oh, vamos Rin-chan! seguro que algo querrás. - le dijo Sango con una sonrisa - Seguro que anhelas algo, por más tonto o insignificante que sea.

- Puede ser cualquier cosa, un kimono nuevo con la mejor tela y los adornos más bellos del mundo, un espejito adornado también, una peineta. Sea lo que sea lo conseguiremos Rin. - dijo el monje que prestó atención a la conversación de las mujeres.

- ¿Y de donde lo sacas si se puede saber? - Le preguntó Inuyasha con sarcasmo puesto que ninguno de ellos era extremadamente rico como para comprar tales objetos preciosos. - ¿Acaso tienes dinero para permitirte esos lujos ahora que tienes 3 hijos?

- Supongo que por aquí cerca habrá algún palacio encantado por algún espíritu maligno - respondió el monje con una sonrisa.

Todos, excepto Sango, rieron por aquella broma. Hacía años que aquel grupo podía comer y descansar tranquilamente en grandes palacios o en casas ricas gracias a los trucos del monje. Obviamente aquella broma había traído a los mayores un agradable recuerdo en su largo viaje.

- Muchas gracias a todos de verdad. - Dijo Rin, en cuanto los demás dejaron de reir - Pero lo cierto es que ya tengo de todo.

- ¿Seguro que no quieres nada? - le preguntó esta vez Inuyasha quien, aunque no lo admitiera, se ocupaba de ella como un hermano mayor. Ella negó con la cabeza.

- ¡Haremos una cosa! - exclamó Kagome. - Guardaremos tu deseo, y cuando quieras algo solo hará falta que vengas a decírnoslo y nosotros lo cumpliremos.

Rin sólo pudo sonreír con verdadera alegría. Estaba realmente feliz por contar con aquellos amigos que la cuidaban y la mimaban tanto.

.-.-.-.-.

Al cabo de un par de semanas después de su cumpleaños, la joven bajó desde la colina y atravesó toda la aldea corriendo a más no poder, como si su vida dependiera de ello, hasta que finalmente llegó delante de la cabaña de Kagome e Inuyasha con el aire entrecortado y toda la cara teñida de rojo por el esfuerzo que acaba de hacer. En ella se debatían el miedo y la esperanza pero aún así, a pesar de como se sentía física y moralmente entró en la cabaña a duras penas.

En la cabaña de la pareja se encontró a Inuyasha afilando su espada y a Kagome jugando con su pequeña sentadas alrededor del fuego, ambos, la estaban observando atentamente, como si la esperasen. Y en cierto modo se trataba de eso puesto que la habían oído acercarse corriendo y la esperaban por si ocurría algún problema.

- ¿Ocurre algo Rin-chan? - preguntó Kagome preocupada por ver a la joven en aquel estado.

La pareja aguardó en silencio a que la joven recuperara un poco de aliento y que pudiese hablar sin interrumpirse por culpa de la falta de aire. Tras coger una gran bocanada de aire la joven exclamó con un extraño brillo en su mirada que sorprendió a ambos:

- ¡Ya sé que deseo para mi cumpleaños! Si es que aún puedo pedir claro...

Ellos sólo pudieron mirarse el uno al otro extrañados por el comportamiento de la joven. ¿Tanto escándalo por un deseo de cumpleaños? Rin solía ser una chica tímida y educada, nunca se comportaría de tal modo por un simple deseo de cumpleaños.

- ¿Y bien? - preguntó Kagome quien fue la primera de salir del asombro.

En ese momento Rin agachó la cabeza, junto sus manos por delante como si eso le diera el valor suficiente y, con una voz que casi parecía ser un susurro dijo:

- Quiero que me llevéis de nuevo con Sesshomaru-sama. Es... lo que más anhela mi corazón en estos momentos y no lo puedo ignorar más.


Buenoooo y aquí se acaba el capitulo de hoy xD Espero que os haya gustado y que no os haya aburrido mucho ~

Creo que me ha salido más bien raro y muy descriptivo... no sé, no me acaba de gustar mucho! xD pero supongo que será pork aún no llega la acción y que yo misma me aburro.. enfaint ~~

El proximo capitulo ya saldrá nuestro Sesshomaru! (yayyy! ~~ )

Aclaraciones:

- Una semana después* : Cuando digo esto me refiero a que este capitulo ocurre una semana después de lo que ocurrió en el PROLOGO xDDD Es decir que si el prologo ocurrió un jueves, pues el cumpleaños de Rin es una semana después de ese día =D

- Aclaraciones de los años que Rin pasa en la aldea: (lo he intentado explicar en el capitulo pero por si no queda claro lo explicaré aquí) A ver, Rin llega a la Aldea después de la derrota de Naraku (según el manga) así que Rin tendría los 8 años. Sesshomaru va a visitarla siempre que puede es decir: los 3 primeros años hasta que Rin cumple los 11 años. Desde ese punto Sesshomaru deja de visitarla. Y desde ese día hasta el día de hoy, que es cuando Rin cumple 16 han pasado 5 años sin que Sesshomaru la visitara. De ahí viene mi descripción..

Buah... creo que me he liado yo misma e_e no sé si lo vais a entender xD ... Da igual!

Gracias por leer! Nya Nya ~~