El ideal.
Ella era, para él, principalmente una mujer o al menos trataba de serlo, pues realmente era una niña, pero en su corazón de niña deseaba ser la mujer que Ciel necesitaba, aquella a la cuál el conde debía amar más que a nadie, más que a nada.
Debía verla como a una mujer y no como a una hermana protectora, por eso ella trataba de ser siempre frente a él, el ideal femenino de su época.
Cuando Ciel la veía, era torpe y débil, apenas de su estatura, sabía organizar fiestas y comprar vestidos adorables, era lo que importaba a las niñas de su edad y condición social.
Ella incluso dejó de ser ella frente a Ciel para ser su mujer ideal, porque lo amaba demasiado, con un apasionamiento adolescente, rebelde y romántico, casi con testarudez.
Lejos de él, ella era ella, mejor que los hombres a su alrededor, más fuerte que Ciel, capaz de ser despiadada y cruel.
Ella era el ideal. ¿El ideal de quién?, el de su madre, el de La Reina, el de su época. Mujer inútil ante la sociedad, pero guerrera innata bajo todos esos pesados encajes. Sumisa y valerosa. Ella era, simplemente, un producto ideal de su entorno.
